jueves, 8 de noviembre de 2018

El éxito de las bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha


El éxito de las bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha


            ¡Lo han vuelto a hacer! ¡Han vuelto a obrar el milagro! Las bibliotecas públicas municipales de Castilla-La Mancha han demostrado estar a la cabeza del país. Pero no ha sido por el  apoyo del Gobierno regional, demasiado tímido y lleno de incumplimientos, sino sobre todo por la fuerza, la imaginación, la profesionalidad y la entrega de los bibliotecarios que cada día se dejan la piel trabajando en coalición con la sociedad en sus localidades.
Las bibliotecas son hoy mucho más que libros. Son espacios para el encuentro, la convivencia, la creatividad, las propuestas ciudadanas, el debate…y cada vez  incrementan más su vertiente social y trabajan con todo tipo de colectivos y entidades. Un dato en este sentido son las actividades culturales de las bibliotecas. En las estadísticas de 2016, el indicador “Actividades organizadas por las bibliotecas por 1.000 habitantes”, ofrece una media nacional de 4,85 actividades.  Y en el puesto más alto están las bibliotecas de Castilla-La Mancha (18,68). Con la mitad de actividades está una región que aspira a ser nación: Cataluña (8,55). Y luego Aragón (7,71), Asturias (5,12), Extremadura (4,86), Castilla y León (4,12) y La Rioja (4,11), frente a Canarias (con 1,68), País Vasco (1,71), Murcia (2,38),  Galicia (2,41), Madrid (2,48), Navarra (2,97), Cantabria (3,24), Baleares (3,43) y  Comunidad Valenciana (3,56). Castilla-La Mancha, con unos espacios pequeños, se sitúa a la cabeza de España en el número de actividades organizadas por 1.000 habitantes. Indudablemente, junto al factor del espacio o de las colecciones, hay otros ingredientes que tienen que ver en un mejor y más eficaz servicio bibliotecario. Y ahí sin duda está la cuestión del personal bibliotecario: a pesar de políticos que se empeñan en no apoyar nítidamente las políticas bibliotecarias en los presupuestos públicos, la calidad y la entrega de los profesionales que trabajan en las bibliotecas obra este gran milagro. Hay que recordar que el Gobierno de CLM, a pesar de las promesas del presidente García-Page, no ha convocado las ayudas para ayuntamientos destinadas a actividades de animación a la lectura. ¡Es la lección de los bibliotecarios! Lo hacen con su esfuerzo generoso y, en muchos casos, contando con el apoyo entusiasta de las corporaciones locales. ¡Hay alcaldes y alcaldesas, y responsables de Cultura en los ayuntamientos, que se merecen público reconocimiento por apostar por las bibliotecas públicas!
A estos datos espectaculares, se une el resultado de un concurso que confirma esta situación: se ha resuelto  la XIX Campaña de Animación a la Lectura María Moliner, destinada a municipios de menos de 50.000 habitantes y que cada año convoca el Ministerio de Cultura y Deporte. Se premian un total de 300 proyectos, con un presupuesto total de 512.000 €. Cada biblioteca galardonada recibirá un premio en metálico de 1.706 euros, destinados a la adquisición de fondos para la biblioteca.  En la edición de 2018 se han presentado 546 proyectos. Castilla-La Mancha, como ocurriera el pasado año, lidera de forma absoluta la clasificación de las regiones: 57 bibliotecas municipales han sido premiadas. Luego están Andalucía (52), Valencia (29), Madrid (25), Castilla y León (16), Extremadura y Cantabria (15), Galicia (14), Asturias y Murcia (11), País Vasco (9), Canarias (6), Baleares y Navarra (4) y la Rioja (3).
Pero este éxito cuantitativo no es el único: en la campaña había tres “premios gordos”: tres proyectos recibirían un premio especial  de 10.000 € cada uno. Y en este cuadro de honor resulta que dos bibliotecas de Castilla-La Mancha han conseguido ese galardón: las de Herencia (Ciudad Real) y Villamalea (Albacete),  que junto a la biblioteca de Arucas (Las Palmas), son las que han conseguido estos máximos premios que financia la Fundación Banco Santander,  destinados a los mejores programas de promoción de la lectura.
El proyecto de la Biblioteca Pública Municipal Miguel de Cervantes de Herencia (Ciudad Real) se denomina  “Herencia de las palabras” y tiene el objetivo de convertir las palabras en un sello de identidad de este municipio de casi 9.000 vecinos y convertir a la biblioteca en el referente cultural en la localidad. Destaca por haber logrado que los lectores, los libros y la literatura se hayan adueñado de las calles del municipio.
En cuanto al proyecto de la Biblioteca Municipal de Villamalea (Albacete), denominado “Villamalee, 50 años haciendo biblioteca”,  se ha desarrollado gracias al Pacto local por la Lectura que suscribieron este año los sectores económico, social, educativo, cultural e institucional del municipio, por el que se comprometieron a crear y consolidar los hábitos de lectura de los 4.211 vecinos en esta localidad.
Además, la Comisión de valoración ha destacado otros tres proyectos de animación a la lectura por su importancia y calidad, otorgando tres menciones especiales. Una de ellas es otro centro de nuestra región: la Biblioteca Pública de Alovera (Guadalajara).

En suma, que se demuestra la importancia que tienen los profesionales en la vitalidad de nuestras bibliotecas. Ello debería hacer reflexionar al Gobierno de Castilla-La Mancha: un total de 480 bibliotecas municipales que dan servicio continuado a su población y que reciben menos del Gobierno regional de lo que se gasta en una única exposición. No voy a insistir en ofrecer ahora nuevamente los datos. Pero el éxito de las bibliotecas municipales de Castilla-La Mancha sucede a pesar del desinterés que nuestros gobernantes demuestran por unos servicios públicos esenciales y que consiguen día a día el encuentro con sus ciudadanos.

lunes, 15 de octubre de 2018

Toledo desde el cielo de la Biblioteca


Toledo desde el cielo de la Biblioteca

 
            He escrito bastantes artículos sobre la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Probablemente una síntesis de su desarrollo y aportaciones se publicó al cumplirse los 80 años del inicio de la Guerra Civil, el 18 de julio de 2016, titulado “La Biblioteca de Castilla-La Mancha, signo de reconciliación”. Por ello no insistiré en la historia de la puesta en marcha de la Biblioteca ni en sus logros a lo largo de estas dos décadas. Intentaré recordar algunos de los sueños que se cumplen este 16 de octubre de 2018.
            Que sea una biblioteca pública para ciudadanos de todo tipo y edades. Las bibliotecas, por carácter, son para todos los públicos y además no hay barreras ideológicas, raciales, religiosas, sociales, de edad….A veces se hacen bibliotecas exclusivamente para niños o para jóvenes. Todo es positivo, pero mi opción es que las bibliotecas integren a personas de cualquier edad. Que los niños convivan con personas mayores, que los emigrantes sean acogidos y participen con la comunidad, que los jóvenes perciban que allí están algunos de sus profesores; que artistas, escritores y profesionales tengan en la biblioteca su lugar mágico de encuentro con la sociedad.
            Yo escuchaba frecuentemente a mi maestra Julia Méndez Aparicio, directora de la Biblioteca de Toledo que fue nombrada directora honoraria de la Biblioteca de Castilla-La Mancha en 2013, que niños, jóvenes, adultos, ancianos….tenían que convivir con investigadores, educadores y todo tipo de creadores. Eso me llevaba a que la biblioteca en el Alcázar tenía que acoger todos los servicios de biblioteca pública. Y no tenía sentido hacer una biblioteca especial denominada Biblioteca Regional, más considerando los ricos fondos bibliográficos que atesoraba la biblioteca de Toledo. Por eso el segundo sueño fue que hubiera una única biblioteca, y que el ciudadano no percibiera que había dos centros: biblioteca pública del Estado en Toledo y Biblioteca Regional. Fue una decisión valiente y arriesgada, no asumida por casi ninguna otra comunidad autónoma pero el tiempo nos ha dado la razón. La Biblioteca de CLM integra dos bibliotecas con una única dirección, una única plantilla profesional y un único catálogo.
            Pero no fue fácil. En 1984 queríamos dedicar todo el Alcázar a gran centro cultural,  con la base esencial de la biblioteca. Hubo parones, convenios, desencuentros, promesas… El Gobierno de CLM, como ha hecho en otros temas esenciales para la región (universidad, Cabañeros….) estuvo firme y luchó por su sueño: conseguir que el Alcázar fuese centro de cultura y finalizase el largo período de imagen de división y guerra que el edificio tenía. Por ello aceptó en un momento concreto que sólo se ocupase la planta noble del edificio. Yo no podía compartir esa decisión. Es verdad que veía en el Alcázar la solución a los problemas de espacio y limitaciones de la Biblioteca en el Miradero, pero aceptar esa solución significaba que sólo llegaría al edificio alcazareño la Colección Borbón-Lorenzana, es decir el fondo antiguo, mientras que el resto de salas y servicios de la Biblioteca permanecerían en el Miradero y no se creaba la Biblioteca Regional. Me opuse con todas mis fuerzas a esa solución. El sueño de la unidad de colecciones, usuarios y bibliotecas se esfumaba….En mi discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas el 29 de noviembre de 1992  fui contundente: yo era entonces Jefe del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas pero me opuse a la división de las colecciones y servicios, clamé por la Biblioteca Regional y me mostré partidario del Alcázar como sede. Las hemerotecas recogen mi clamor.
            Ser funcionario público te hace a menudo ponerte del lado de los ciudadanos y del sentido común. Por ello luché con todas mis fuerzas para que el Gobierno regional no se conformase con esa planta principal, que no resolvía ningún problema de la biblioteca ni de la cultura en Toledo. En febrero de 1993 hubo un manifiesto de intelectuales toledanos en favor de la instalación de la Biblioteca en el Alcázar, pero sin disgregación de fondos. Sin duda fue un factor determinante en la renegociación del convenio entre Defensa y la Junta. La solución sería la de utilizar la octava planta del edificio, además de los cuatro torreones.
            Todavía quedaría mucho camino pero empezaban a corregirse los mayores errores aceptados en la negociación. Los últimos dos años, incluso con la promesa de la instalación de la Biblioteca en el Alcázar, no fueron fáciles y a menudo hubo que utilizar tácticas casi de “guerrilla” y buscar el apoyo, de nuevo, de los intelectuales, ahora con alcance nacional.
            Se estaba a punto de conseguir el logro de un Alcázar que fuese lugar de encuentro de los ciudadanos, de cultura e información para todos, de debate público, de educación permanente, de propuestas ciudadanas…. El Alcázar era reconquistado para la cultura y la participación. Y ese logro influyó en una Biblioteca con un carácter distinto a buena parte de las bibliotecas del país. Una biblioteca que trabaja en coalición con la sociedad y que, recordando las palabras del filósofo toledano José Antonio Marina, es “el laboratorio de la ciudad soñada”.
            Hubo otro sueño. La Biblioteca de CLM nacía con recursos, con una importante plantilla de profesionales, con colecciones en todos los soportes, con un amplio y permanente programa de actividades culturales….Y  fue un espejo en el que la sociedad regional se miró: la Red de Bibliotecas Públicas de CLM, con sus cerca de 500 centros, debe mucho a la Biblioteca situada en el Alcázar. Alcaldes, concejales, profesores y ciudadanos querían en sus municipios una biblioteca como la del Alcázar, pero más pequeña. Fue sin duda uno de los motores para desarrollar los servicios bibliotecarios en nuestra comunidad autónoma. Las bibliotecas dejaron de ser lugares con una colección de libros y se convirtieron en ágora permanente, en un centro cultural y social esencial en cada municipio. Universalizar el acceso a los servicios bibliotecarios en la región, no conseguido totalmente, fue uno de los retos de la región, con bibliotecas que son faros de libertad, de actividad cultural y debate ciudadano.
            Y, aunque las bibliotecas normalmente se hacen en planta baja, a pie de suelo, en esta ocasión yo mismo estuve de acuerdo en que era una biblioteca muy especial: tuvimos que hacerla en el borde del cielo. Y así fue como logramos crear el lugar más singular: un centro para todos los ciudadanos que además permite situar la cultura como un valor por encima de los demás, o al menos más alto. Y nació una frase que quienes amamos este proyecto tenemos a gala: “Toledo desde el cielo de la Biblioteca.”

lunes, 17 de septiembre de 2018

Elogio de una bibliotecaria rural


Elogio de una bibliotecaria rural

Dicen los expertos que la riada de Cebolla era un desastre tan previsible como evitable. El encauzamiento del arroyo Sangüesa, escondiendo y estrechando su cauce en el centro de la localidad, viene provocando estas riadas, que en esta ocasión han arrasado el pueblo y algunos de sus servicios públicos básicos, como la biblioteca municipal. Jaime Lener, un arquitecto brasileño, escribió en su libro “Acupuntura urbana”: “Cuesta mucho corregir una idiotez. Sí, cuesta mucho; pero más contemplar año tras año, tormenta tras tormenta, sus consecuencias.” Y en esas están los vecinos de Cebolla y el ayuntamiento del pueblo, intentando convencer a los organismos competentes que hay que actuar y no sólo esperar una nueva tormenta que inunde casas, servicios públicos, ilusiones…
La riada, como suele ocurrir, ha tenido un efecto positivo: mostrar la solidaridad de la gente ante desastres y sufrimientos de estas características. Pero probablemente esa oleada de cariño y humanidad, de ayuda solidaria, la está recibiendo de una forma patente uno de los servicios públicos que frecuentemente pasan más desapercibidos: la biblioteca pública. De toda España, y singularmente de la región de Castilla-La Mancha, se están recibiendo libros, palabras de esperanza, ayuda económica…para reconstruir la biblioteca y que pueda volver a prestar sus importantes servicios.  Tantas iniciativas, que el Servicio del Libro, Bibliotecas y Lectura de Castilla-La Mancha, con Óscar Arroyo al frente, está organizando la recogida, selección y posterior entrega a la biblioteca de Cebolla de los nuevos fondos que formarán parte de una colección prácticamente nueva. Donde hubo 12.000 volúmenes apenas quedaron dos millares recuperables.
Cebolla es uno de los 6.825 municipios españoles menores de 5.000 habitantes que, según la legislación nacional, no está obligada a prestar a sus ciudadanos el servicio de biblioteca pública. ¡País! Afortunadamente, las legislaciones autonómicas, el propio interés de los ayuntamientos y las demandas ciudadanas, han hecho posible que muchos de estos pueblos cuenten con biblioteca. La estadística del año 2016 indica que son 2.053 los municipios españoles de menos de 5.000 habitantes que disponen de biblioteca pública, y 1.888 son servidos por bibliotecas móviles. Pero 3.006 municipios de toda España, en las regiones más desarrolladas o en las de menos recursos, no cuentan con ningún tipo de servicio bibliotecario. ¡Un escándalo a corregir!
Cebolla, con 3.445 habitantes, sí tiene biblioteca. Es un ejemplo, con horario de mañana y tarde (35 horas a la semana), un horario que por ejemplo no tienen las bibliotecas municipales de Toledo, a pesar de sus 83.972 habitantes. Y con una bibliotecaria municipal que lleva al frente de la biblioteca desde mayo de 2000. Unos 1.400 habitantes son usuarios (socios) de la biblioteca, con cerca de 6.000 préstamos anuales. El edificio de la biblioteca tiene 170 m2, con 36 puestos de lectura y 12 ordenadores. Es una biblioteca dinámica, que ha sido reconocida en varias ocasiones con el Premio “María Moliner” para programas de animación a la lectura que concede el Ministerio de Cultura, como otras muchas bibliotecas de nuestra región, verdaderamente un ejemplo para el conjunto del país.
Hace dos años vinieron a Castilla-La Mancha dos profesionales colombianas, de Medellín, a conocer nuestra realidad bibliotecaria. Les mostramos, entre otras, esta biblioteca, como ejemplo de servicio bibliotecario en este tipo de localidades pequeñas. Y se fueron sorprendidas por estos centros en poblaciones tan pequeñas. Pero bibliotecas como la de Cebolla proliferan en toda nuestra región, con profesionales creativos y apasionados, aunque no siempre reconocidos adecuadamente en sus contratos y retribuciones.
El día de la riada, sábado y además gran fiesta del municipio, afortunadamente la biblioteca estaba cerrada. Cualquier otro día podría haber sido una tragedia, pues es una biblioteca siempre viva, llena de gente, con clubes de lectura y con actividades culturales y de animación a la lectura que organizan casi de forma permanente. Ahora, todo ha sido destruido  e incluso el edificio presenta una situación que hay que evaluar para ver qué actuaciones precisa.
María José Olivares Saldaña, nacida el 4 de enero de 1972 en Talavera de la Reina, bibliotecaria municipal de Cebolla, recuerda el día que se hizo cargo de la biblioteca como uno de los más felices de su vida. Considera que era el mejor trabajo para ella, una mujer que llevaba trabajando desde los 14 años en talleres de confección, haciendo Bachillerato en el nocturno y  COU con nota de sobresaliente en todas las asignaturas, excepto en inglés. Luego estudiaría en la UNED, universidad en la que se licenció en Geografía e Historia y cursó también estudios del Grado de Historia del Arte en la misma universidad. Conoce bien la vida de los pueblos: toda su familia es de Cebolla, y residieron hasta los 17 años en Alcaudete de la Jara. La Biblioteca forma parte de la vida de María José  desde su niñez. Cuando era pequeña no había apenas libros en su casa y los devoraba. Cuando salía del colegio, cogía la merienda y se iba rápidamente a la biblioteca, creciendo entre libros. Utilizaba la Biblioteca todos los días, pero, nos cuenta, había tan poquitos que volvía a releerlos.  Convocaron la oposición a bibliotecaria municipal y decidió presentarse.  En el tribunal estuvo uno de los grandes profesionales de nuestra provincia, Modesto Triviño, que ha formado a generaciones de bibliotecarios. Entonces, me cuenta María José, tenía una niña de dos meses que tomaba el pecho y entre examen teórico y el práctico la tenía que amamantar. Por esa razón fue  la última en enterarse de que había sido ella quien aprobó la oposición. En principio tuvo una jornada de 4 horas, pero la Biblioteca fue creciendo poco a poco y cada vez demandaba más tiempo, un horario más amplio. Con las ayudas a los contratos de Bibliotecarios de la Junta a los 4 años pasó a jornada de 35 horas semanales. Eran tiempos en los que el Gobierno de Castilla-La Mancha impulsó el desarrollo de las bibliotecas municipales con ayudas a la contratación y mejora de puestos de bibliotecarios, subvenciones para las adquisiciones y actividades…. María José fue completando su formación bibliotecaria gracias a los cursos que se han ido organizando a nivel regional y provincial, y que han sido una escuela de biblioteconomía para los profesionales de Castilla-La Mancha.
Las bibliotecas, poco a poco, han pasado a formar parte de los servicios básicos imprescindibles de estos municipios. Sin duda una de las claves ha estado en los bibliotecarios, que son amigos, confidentes, formadores, promotores de la cultura, la información y la educación permanente de los ciudadanos. Los bibliotecarios son verdaderos dirigentes sociales en estos municipios y trabajan en coalición con la sociedad. María José es un ejemplo muy singular: Además de los clubes de lectura, uno de ellos infantil, intentan participan en los encuentros con autores que se organizan en los pueblos de la zona y en el provincial. También organizan salidas culturales, con visitas a museos, conciertos, obras teatrales… Y participan en los programas que organizan conjuntamente diversas bibliotecas públicas municipales de la comarca…. María José, y tantos bibliotecarios, especialmente en municipios pequeños, viven con pasión su trabajo, entregados a la gente. Las bibliotecas forman parte de su vida. El día de la riada, cuando comprobó los efectos devastadores del agua, lloró con amargura: su segunda casa estaba inundada y el mobiliario y casi toda la colección destrozada.
Estos bibliotecarios y bibliotecarias del mundo rural merecen todo un reconocimiento. Están solos ante el peligro. Sus contratos son normalmente como técnicos auxiliares de bibliotecas, en lugar de como técnicos de bibliotecas. Es una de las situaciones que demuestra que las bibliotecas siguen marginadas en nuestro país. En los colegios y en los centros de salud o consultorios médicos, por supuesto los profesionales que los atienden no son discriminados por estar en una localidad de menor población. Hay médicos, maestros, enfermeras…. Las bibliotecas municipales deberían contar todas con al menos un técnico de bibliotecas, contratado y pagado como tal. Pero es una de las demandas históricas que los políticos españoles no han afrontado, igual que no afrontan esa vergüenza de que tres millares de municipios españoles carezcan de servicios bibliotecarios. Muchos de los bibliotecarios tienen un contrato a media jornada, lo que dificulta su vida familiar y personal desde esas condiciones laborales. María José es mileurista y tiene que conciliar la dedicación  a su biblioteca con la que debe a su familia, especialmente sus tres hijos: una chica de 18 años que estudia bachillerato de Artes, un chico de 12 que estudia en la escolanía del Escorial,  y un niño de 7 años que estudia en Cebolla 3º de primaria. Me emociona cómo percibe a su familia: “Tengo una familia feliz, trabajando mucho pero feliz”.
Tengo la certeza de que la biblioteca de Cebolla no va a ser abandonada a su suerte. Todo el país mira a Cebolla y envía libros y otros materiales. Pero, ¿alguien pensará en esta bibliotecaria rural y en tantos profesionales que llevan décadas ejerciendo apasionadamente su trabajo en la biblioteca y siguen en unas condiciones paupérrimas? Su trabajo es cada vez más especializado, con una actividad que resulta imprescindible en las bibliotecas, mucho más que sus edificios o colecciones. Sabemos que los ayuntamientos tienen graves dificultades para afrontar estos puestos de trabajo. Por ello, resulta urgente que se firmen los convenios que garanticen una financiación adecuada para las bibliotecas públicas municipales, y singularmente para que los bibliotecarios tengan unos contratos dignos.  Es algo previsto en la Ley 3/2011, de la Lectura y de las Bibliotecas de Castilla-La Mancha: pero ni el Gobierno regional del Partido Popular ni el del PSOE han afrontado esta previsión. El cielo puede esperar…