miércoles, 20 de mayo de 1981

Biblioteca y Museo: La solución no es dividir Santa Fe



Biblioteca y Museo:
La solución no es dividir Santa Fe*





        El artículo de mi buen amigo y profesor José María Calvo sobre la pretendida división del convento de Santa Fe da un giro copernicano al problema: él es hasta ahora el único toledano (salvo la Directora del Museo) que comparte la idea de la partición del citado convento, en esa línea pragmática que ha caracterizado tantas realizaciones españolas abordadas bajo el refrán “más vale pájaro en mano que ciento volando” y que trata de justificar la división con el pretexto de aligerar los trámites que permitan el rápido inicio de las obras que dotarán a Toledo de 3.000 m2 más de cultura viva.

Posturas ante una polémica

         Me ha alegrado profundamente constatar que en diversos sectores de la ciudad comienza a preocupar el tema. El Ayuntamiento toledano, a través de su Comisión Municipal Permanent

e, asume la moción de la Academia; CC.OO. acaba de hacer público un comunicado en el que se solidariza plenamente con esta postura. Y ahora J.M. Calvo, uno de los hombres más hondamente preocupados por la cultura provincial toledana, toma postura ante esta cuestión. La novedad de este último ingrediente en la polémica consiste, precisamente, en que su posición no es nueva: es idéntica a la formulada por la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas. Su opinión, necesaria en la sociedad plural y democrática en que convivimos, muestra la rica sensibilidad de mi antiguo profesor y actual compañero en las tareas investigadoras sobre historia toledana, al mismo tiempo que intenta enmendar la plana a la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, considerado el máximo organismo consultivo en cuestiones de patrimonio artístico y cultural.
Pero, en todo caso, el estímulo que el profesor Calvo hace al Sr. Tusell para “que lo parta bien” me parece preocupante por proceder de uno de  los máximos responsables de la política cultural de UCD en nuestra provincia y porque, en otro nivel, da la impresión de suponer el relevo a la tímida defensa que los subdirectores generales de museos y bibliotecas han efectuado a la decisión de Tusell. Y, mientras tanto, el culto, inteligente y democrático señor Tusell sigue sin hacer público su plan de aprovechamiento del edificio en litigio y sin visitar la Casa de la Cultura de Toledo, cosas ambas que juzgo imprescindibles para que conozca por sí mismo lo que está en juego.
Sin pretender efectuar una disección del artículo de mi querido compañero, sí quisiera resaltar algunos aspectos del mismo.

Municipales: el convento para la biblioteca

El primero gira en torno al programa electoral de UCD en las elecciones municipales de 1979. Me congratula que ese grupo político mantenga que “el libro es el vehículo primordial y material de la cultura” y haga otras declaraciones genéricas al respecto. Pero, al margen de esa declaración de intenciones, hay que hacer una clara puntualización: en aquel programa, UCD abogaba por la urgente adquisición del convento de las Ursulinas con destino a la Casa de la Cultura existente y reclamaba tajantemente “las inversiones necesarias para la ejecución de este proyecto por el valor incalculable de los fondos documentales y bibliográficos existentes y por la potenciación cultural que Toledo y su provincia así lograrían”. En ningún caso aludía a una división Biblioteca/Museo. Apoyar ahora esa partición podría interpretarse como una incoherencia en el pensamiento de J.M. Calvo, importante orientador de la política Cultural de UCD de Toledo y redactor del programa electoral referido a bibliotecas y otras materias del área de cultura en aquellas elecciones. Justificar ese incumplimiento por razones de urgencia o de miedo a una planificación a largo plazo, parece atrevido. Muy al contrario, y afortunadamente, los legítimos representantes de los ciudadanos toledanos en el Ayuntamiento asumen decididamente, como ya dije con anterioridad, la moción de los académicos, demostrando así el grupo de concejales centristas un fiel respeto a su programa. Este respeto, unido a la actual vocación del Municipio de dotar a diversos barrios de la ciudad con bibliotecas populares, es muy elogiable. Y me alegro aún más al saber que en esto andan los diversos grupos políticos del Ayuntamiento. 
Las limitaciones de un edificio 
Lógicamente, las coincidencias tienen que existir: el elogio que J.M. Calvo efectúa de los fondos de nuestro máximo centro bibliográfico, parece valorar suficientemente su buena voluntad respecto al tema, lo que hace más extraña aún la continua dicotomía que a lo largo de su artículo se observa. Por ejemplo, un olvido importante es la incidencia de la propia estructura del edificio en la solución del problema. Su apoyo a la opción ministerial (que reparte el convento con arreglo a 2.000 m2  para la biblioteca y 1.000 m2 para el museo) pienso lo efectúa sin tener en cuenta las limitaciones que contiene  el citado edificio: el pie forzado de tres patios que ocupan una superficie de 526 m2 y unas zonas que por su valor artístico no pueden alterarse. Así, resulta indudable que si se dispusiese de un solar sin trabas de patios, paredes maestras, artesonados, etc., y hubiera la posibilidad de elevar alturas sin ninguna clase de limitaciones el solar necesario podría ser menor, para albergar los mismos servicios. Consecuentemente, los 2.500 m2 hábiles a distribuir entre Museo y Biblioteca resultan claramente insuficientes para solucionar los problemas de espacios y desarrollo de ambas instituciones culturales. Y hay todavía otro aspecto que olvida Calvo Cirujano: el traslado del Archivos Histórico Provincial a otro lugar, para el que ya se han iniciado al parecer las gestiones, permitiría que los 36.000 libros de la Colección Borbón-Lorenzana que aún quedan, en tristísimas condiciones, en dependencias del Museo de Santa Cruz pasasen al actual edificio de la Biblioteca, que alojaría exclusivamente el fondo antiguo. Ello supondría, en lo que respecta a las necesidades del Museo, dejar libres para su utilización dos plantas de 500 m2 cada una, con posibilidad de aumentar a tres mediante las reformas oportunas. Esos 1.500 m2 que el Museo recibirá en su mismo edificio son ya superiores a los que les corresponderían en el reparto de Santa Fe y dejaría libre el camino a la Biblioteca para programar un edificio moderno y funcional que cumpla suficientemente las recomendaciones de la UNESCO y le convierta en el gran centro cultural de la comunidad.
Otra coincidencia radica en la idea de buscar nuevo emplazamiento para la sección arqueológica, dejando el Museo de Santa Cruz solamente para las Bellas Artes. Las muestras, ricas y variadas, que el Museo desea ofrecer (“pintura, escultura, tapices, tejidos, orfebrería, muebles, monedas, documentos, etc.”) pueden muy bien alojarse en su actual edificio, que se verá incrementado con los ya citados 1.500 m2 dejados libres por la Colección Borbón-Lorenzana y los ocupados actualmente por el sector arqueológico. 
Seguir a la UNESCO 
Porque éste es otro tema: la moción utiliza módulos internacionales establecidos por la UNESCO y sería muy triste que una vez más parcheásemos y no pensásemos en soluciones a largo plazo, como recomienda ese alto organismo internacional en materia cultural. Invito a que recordemos los graves problemas que en materia de sanidad, educación, urbanística, etc. padece nuestra ciudad precisamente por no haber planificado siquiera a medio plazo. Comparto con mi ilustrado amigo la incertidumbre del año 2001, pero no justifico, como él parece hacer, la división del edificio por el hecho de que todo el caudal informativo contenido en los miles de volúmenes que entonces tenga la biblioteca pueda meterse en una computadora de 10 x 10 metros. Y ello porque hay algo evidente: podemos (y ojalá nuestro país inicie pronto el desarrollo suficiente de la cibernética y la informática alcanzado por las naciones desarrolladas) tener esa computadora, conectarla  a la red bibliotecaria internacional, pero ¿y con los libros/manuscritos originales, qué haremos? Espero que una vez esos fondos microfilmados, metidos en la computadora, puestos, en fin, útilmente al servicio de todos los científicos del mundo, sus originales no se quemen, se envíen a Madrid o se vendan a los americanos, por poner unos ejemplos. ¿No sería conveniente adaptar el edificio que nos ocupa no sólo a las necesidades actuales sino también a las futuras, excavando, si fuera preciso, varios pisos que permitan unos depósitos de gran capacidad y seguridad? ¿Acaso el moderno/desarrollado hombre de la actual o futuras décadas se atrevería a destruir ese rico presente cultural, dando de esta forma una triste lección a sus antepasados de los tiempos prehistóricos, que tanto nos legaron? Creo, por otro lado, que el hecho de hacer las cosas bien no ha de estar reñido con hacerlos pronto. Pero la palabra en esto, y la responsabilidad que conlleva, vuelve a tenerla el Ministerio de Cultura.
Pero hay otra desafortunada interpretación de mi excelente amigo sobre la historia de las peticiones que la directora de la Biblioteca Pública ha efectuado en legítima defensa del centro del que es responsable. Me refiero a la solución que proponía en la Memoria de 1970: cuando hablaba de 1.500 m2 lo estaba haciendo de solar, en un tiempo en que el paseo del Miradero no tenía aún su actual estructura de cemento y hormigón y estaba situado en un nivel muchos metros más bajo. Si entonces se hubiera construido el edificio anejo, constaría de varios sótanos y 4 pisos, que supondrían una superficie total aproximada de 9.000 m2. 
Razones para la centralización de servicios 
Es otro aspecto a puntualizar. La centralización de que se habla no se debe sólo a la escasez de personal. La Biblioteca Pública es cabecera del sistema bibliotecario de la provincia, hoy denominado Centro Provincial Coordinador de Bibliotecas, y por lo tanto tiene que servir a éste de recursos primario, dentro de un sistema informativo nacional. En un sistema bien montado, a tenor de las recomendaciones internacionales, la sección de referencia de la biblioteca y sus fondos deben estar a disposición de los habitantes no sólo de la capital sino también de la provincia. El personal cualificado de la biblioteca pública de la capital es el encargado de las tareas de selección, catalogación y clasificación centralizada que evita la duplicación de tareas a todos los puntos de servicio de la red. Las grandes bibliotecas centrales de todos los países bibliotecariamente desarrollados certifican este aserto. Además el personal de la biblioteca central, por su cualificación, es el encargado de responder a las consultas especializadas en materia bibliográfica, ya sea por carta o telefónicamente.
El servicio de bibliobuses, que debe atender a las demandas lectoras de 180 municipios toledanos menores de 3.000 habitantes, con una población que sobrepasa los 200.000 habitantes tiene necesariamente que estar ubicado en el mismo edificio que albergue a la biblioteca pública de la capital, pues son los fondos totales de este Centro los que permiten satisfacer las demandas de libros de materias más específicas que el bibliobus no cuenta entre sus fondos propios, con los que se atiende la demanda lectora de tipo medio, no la especializada.
Todo esto es lo que me ha ido demostrando la experiencia y lo que algunas lecturas especializadas recomiendan. 
Olvidar a los minusválidos 
Y quiero destacar, finalmente, otro aspecto que cualquier humanista debería tener en cuenta y que supongo –conocida su tradición ética y democrática- que mi buen amigo ha soslayado simplemente por olvido: la distribución que Tusell pretende, y es defendida en el artículo que comento, deja a la Biblioteca sin accesos a nivel de la calle. Esta cuestión sería prioritaria si el asunto se estudiase en cualquier país. La necesidad del constante trasiego de libros que entran y salen de ella a toneladas hacen imprescindibles esos accesos. Pero hay otra razón importante, esta vez de carácter ético-moral: las actuales barreras arquitectónicas de la Biblioteca, que persistirán si el proyecto del Director General sigue adelante, impiden la entrada a la numerosa población de minusválidos existente en nuestra ciudad. En un época como la nuestra, en la que las declaraciones a favor de los más débiles abundan, parece raro que no se les tenga en cuenta a la hora de proyectar esta salomónica intimidación. 
Tusell: imita a Salomón 
Porque ante esto estamos: Salomón fue un rey sabio y prudente que amenazó con la partición de un niño para que resplandeciesen la verdad y la justicia. A mí, particularmente, me da una amplia alegría la noticia, facilitada por mi amigo Calvo, de que Tusell cuente entre sus antepasados más ilustres al rey Salomón. Espero, y seguro que así lo esperan también otros muchos toledanos, que Tusell-Salomón obre con la misma sabiduría y prudencia que lo hizo el Rey. El niño (el convento, en este caso) está entre las manos –allá en su despacho de director general en Madrid- del Sr. Tusell. Quiera Dios que el buen juicio que permitió la salvación de un niño permita la del convento. Entonces podremos asegurar que, nuevamente, en la historia coloquial, Salomón permanecerá como figura sabia y justa y prototipo por antonomasia de un buen juez para litigios aptos sólo para los más dignos y escogidos.



* La Voz del Tajo (20-5-1981). pág. 7

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