martes, 14 de octubre de 2014

Tengo la voz ronca de clamar…



Tengo la voz ronca de clamar…*


Tengo la voz ronca de clamar.



Son ya muchos años de gritar,

como un profeta en el desierto.

Palabras, palabras, palabras lanzadas al viento

defendiendo un derecho que se niega

como el pan y el agua se niega en tantos países de la tierra.



Y sigo caminando.

A veces soy un peregrino de esperanza,

pero tantas veces siento el deseo de quedarme quieto…

y callado,… en silencio….



Es cierto

que ya somos un verdadero ejército

que lucha a favor del libro,

que sueña con que algún día

todos puedan acceder a bibliotecas repletas de palabras y pensamientos,

todos puedan disfrutar

de información en libertad. y en convivencia.

Y, sin embargo, renacen gigantes que muestran sus dientes afilados,

que pretenden segar la cosecha de un trigo

que aún no tiene el tiempo necesario.



Si, en verdad somos un ejército inmenso,

bibliotecarios para un servicio público esencial,

cada uno en su barrio, en su ciudad, en su pueblo,

ofreciendo exquisitos manjares a quienes los demandan,

a quienes los aceptan, a tantos que aman las palabras.



          Somos un ejército de paz y de palabras,

pero demasiadas veces yo siento

que soy un corredor de fondo y voy solo corriendo,

sin nadie a mi lado,

y la meta se me antoja lejana,

infinitamente lejos,

y entonces me siento sin fuerzas,

y cesaría en mi empeño

si no fuera por Dios y por el Viento.



Información y lectura son derecho de todos,

derecho de los que viven en las grandes ciudades

derecho de los que viven en las áreas rurales,

en municipios medianos o en pequeñas aldeas,

derecho de los niños y también de los jóvenes,

derecho de los ancianos y de todos los adultos,

de hombres y mujeres y de pobres y ricos,

de inmigrantes que llegaron de tierras lejanas

y de quienes crecieron a la sombra de los árboles de su ciudad.



Y, sin embargo, se sigue negando este derecho

como se niegan el pan y el agua en tantos lugares de la tierra.

¿Cuándo bibliotecas para todos?

¿Cuándo políticos que asuman este derecho con valentía y firmeza?

A caminar, a caminar,

a seguir proclamando las palabras,

aunque el cansancio  amenace por los cuatro costados

y te sientas señalado por el dedo como un soñador enloquecido.



* Escrito como introducción a la conferencia “La biblioteca pública, derecho de los ciudadanos", pronunciada en Murcia el 14 de octubre de 2004, dentro del Foro Bibliotecas y sociedad.

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