sábado, 7 de mayo de 2016

Pregón inaugural de la XI Feria del Libro de Toledo.




Buenos días.
Estamos en la plaza de Zocodover de Toledo, el corazón de la ciudad, que durante unos días se convertirá en ágora y corazón de los libros gracias a esta nueva edición de la Feria del Libro de Toledo.
Los libros tienen que estar en los hogares, en los centros educativos y socioculturales, en la calle, en las bibliotecas…Gracias a libreros, editores e instituciones, los libros han salido de sus estanterías y han volado a esta plaza para visibilizar que necesitamos libros en nuestras vidas. Agradezco la deferencia que han tenido conmigo de encargarme que pronuncie este pregón inaugural de la feria, apenas a cien metros del edificio de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que quiere ser corazón de la vida cultural y ciudadana y que atesora libros, audiovisuales y palabras y constituye un verdadero templo del saber, del encuentro, de la convivencia, de la solidaridad, de la esperanza. Las bibliotecas son la puerta democrática de acceso a la información y a la cultura y nuestra biblioteca desea ser la casa de todos los ciudadanos. Esta biblioteca, junto a las bibliotecas públicas municipales, son la garantía del servicio bibliotecario a los toledanos, que tienen derecho a leer y a disfrutar con los servicios que ofrecen las bibliotecas.
Esta Undécima edición de la Feria recuerda al gran poeta Federico García Lorca, que se desvivió para que en su pueblo natal, Fuente Vaqueros, se crease una biblioteca pública y pronunció uno de los discursos más reproducidos y que se conoce con el título de Medio pan y un libro. Los poetas mueven a los pueblos y por eso está bien que se recuerde a uno de los grandes escritores de nuestro país. Es verdad que este año, por distintas circunstancias, recordamos también a Cervantes, Cela y Buero Vallejo.
Lorca decía en su alocución:
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí…a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.”

Estas palabras, escritas en 1931, siguen tremendamente vigentes. ¡Cuántas veces recriminamos a nuestros políticos que en los discursos de investidura, en los presupuestos, en sus programas electorales, no tengan presente la cultura! Por desgracia la cultura no suele ser una prioridad de los gobernantes. Pero para ser justo, esta alcaldesa prioriza estar en este acto de amor al Libro y ha reiterado su presencia en la Biblioteca Regional en numerosas ocasiones; es decir, que también hay gobernantes que piensan en clave de cultura. Ahora tendremos unas nuevas elecciones generales. Y desde este marco incomparable tengo que pedir alto y claro a todos los partidos que piensen en los ciudadanos y que, en el caso de la cultura, apuesten por programas vinculados a las bibliotecas públicas, a la lectura, en potenciar los hábitos lectores. ¡No votaré a ningún partido que no tenga entre sus prioridades los servicios bibliotecarios!
Y seguía diciendo Federico García Lorca:

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? 
¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.”

En nuestro tiempo, hay personas, entre ellos bastantes políticos, que piensan que con internet las bibliotecas ya no son tan necesarias y que no se precisan bibliotecarios. Y yo proclamo que no es cierto: ¡Necesitamos leer para ser ciudadanos críticos, para participar de forma activa en nuestra sociedad, para colaborar en construir el bien común, para intentar que la sociedad civil no se resigne a ejercer sólo sus responsabilidades depositando el voto cada cuatro años! Necesitamos libros, información, ideas, debate, proyectos, y para ello las librerías y las bibliotecas son los buques insignias para conseguir una sociedad más lectora y más autocrítica. Tenemos que impregnar a niños y jóvenes una verdadera pasión por la lectura: contra la obligación de leer, establezcamos programas para que descubran leer por placer, el deleite de la lectura. Una sociedad más lectora será una sociedad más justa, más esperanzada, menos manipulable, más participativa y tolerante…
Uno de los autores recordados durante este año, Antonio Buero Vallejo, reivindicó en 1992 la importancia de las bibliotecas públicas:
Los pueblos que aspiren a culturizarse han de consolidar… su red de Bibliotecas Públicas, donde, si tampoco es posible encontrarlo todo, sí se halla mucho más de lo que un pobre hogar podría reunir. Niños y niñas pueden enriquecer en ellas su sensibilidad con los más fascinadores cuentos infantiles. Muchachos y muchachas, satisfacer su sed de aventuras, sentimientos y, fantasía, allí la persona adulta descubrirá el incomparable gozo de la gran obra literaria; quienes estudian dispondrán allí de textos que iluminen decisivamente su tarea.
Emprendamos, pues, la vuelta al mundo y a nuestro propio interior mediante los libros. Somos personas porque leemos y, lo seremos cada vez más si no pasamos día sin lectura. Y el mundo en que vivimos lo es por los libros que lo reflejan. La ciencia, el arte, el pensamiento, no existiría sin ellos. Las Bibliotecas nos esperan siempre; sus estantes nos reservan no sólo auténticos placeres, sino buena parte de nuestra verdadera madurez. ¿Quién, que lo comprenda, querría resistirse a tan limpia llamada?”

Un año después, otro gran escritor y humanista, José Luis Sampedro, habló en su mensaje para el Día del Libro en CLM del valor de la Palabra y dijo:
Leer nos enriquece la vida. Con el libro volamos a otras épocas, y a otros paisajes; aprendemos el mundo, vivimos la pasión o la melancolía. La palabra fomenta nuestra imaginación: leyendo inventamos lo que no vemos, nos hacemos creadores.”
Esa es la clave: hacernos creadores. La pasión por leer conduce a la pasión por escribir, a la pasión por crear, por compartir, por ilusionar, por sembrar esperanzas, por VIVIR...Este escaparate de los libros que se ha instalado en Zocodover es una oportunidad para que cualquier ciudadano descubra el valor del libro, se encuentre con un libro amigo que le está esperando, que desea vivir en el corazón y la cabeza de cualquier persona. Los libros necesitan lectores para sentirse vivos y quienes escribimos necesitamos librerías y bibliotecas para que nuestras palabras e ideas, nuestra imaginación, puedan llegar a los ciudadanos. Librerías y bibliotecas trabajamos por una misma causa, no competimos pues sabemos que ambos espacios culturales son necesarios. En las bibliotecas públicas se democratiza el acceso al saber, a la cultura, a la información; sin ninguna barrera cualquier persona, aunque carezca de recursos, puede utilizar sus servicios y hacer de la biblioteca su segundo hogar. Las librerías también están a nuestro alcance, cerca de nuestras vidas, y en ellas podemos adquirir ese libro que nos dejó profunda huella y deseamos tener en nuestra casa; o regalar ese libro singular que hemos pensado para el amigo, la familia, nuestros hijos…
Editores, libreros y bibliotecarios viajamos de la mano. Pero no vamos solos: a nuestro lado la gente; o mejor: nosotros al lado de la gente, de los ciudadanos de todas las edades. Y los bibliotecarios clamamos a favor de los derechos de los ciudadanos de disfrutar de servicios bibliotecarios de calidad, dotados de presupuestos, con horarios amplios, realizando un programa permanente de actividades culturales en coalición con la sociedad. Hace doce años fui invitado a un foro denominado Bibliotecas y Sociedad y pronuncié una conferencia que tuvo el siguiente título: “La biblioteca pública, derecho de los ciudadanos”, y como introducción proclamé este poema, que hoy reitero, porque aunque han pasado tantos años las circunstancias no han variado demasiado:
Tengo la voz ronca de clamar.

Son ya muchos años de gritar,
como un profeta en el desierto.
Palabras, palabras, palabras lanzadas al viento
defendiendo un derecho que se niega
como el pan y el agua se niega en tantos países de la tierra.

Y sigo caminando.
A veces soy un peregrino de esperanza,
pero tantas veces siento el deseo de quedarme quieto…
y callado,… en silencio….

Es cierto
que ya somos un verdadero ejército
que lucha a favor del libro,
que sueña con que algún día
todos puedan acceder a bibliotecas repletas de palabras y pensamientos,
todos puedan disfrutar
de información en libertad. y en convivencia.
Y, sin embargo, renacen gigantes que muestran sus dientes afilados,
que pretenden segar la cosecha de un trigo
que aún no tiene el tiempo necesario.

Si, en verdad somos un ejército inmenso,
bibliotecarios para un servicio público esencial,
cada uno en su barrio, en su ciudad, en su pueblo,
ofreciendo exquisitos manjares a quienes los demandan,
a quienes los aceptan, a tantos que aman las palabras.

Somos un ejército de paz y de palabras,
pero demasiadas veces yo siento
que soy un corredor de fondo y voy solo corriendo,
sin nadie a mi lado,
y la meta se me antoja lejana,
infinitamente lejos,
y entonces me siento sin fuerzas,
y cesaría en mi empeño
si no fuera por Dios y por el Viento.

Información y lectura son derecho de todos,
derecho de los que viven en las grandes ciudades
derecho de los que viven en las áreas rurales,
en municipios medianos o en pequeñas aldeas,
derecho de los niños y también de los jóvenes,
derecho de los ancianos y de todos los adultos,
de hombres y mujeres y de pobres y ricos,
de inmigrantes que llegaron de tierras lejanas
y de quienes crecieron a la sombra de los árboles de su ciudad.

Y, sin embargo, se sigue negando este derecho
como se niegan el pan y el agua en tantos lugares de la tierra.
¿Cuándo bibliotecas para todos?
¿Cuándo políticos que asuman este derecho con valentía y firmeza?
A caminar, a caminar,
a seguir proclamando las palabras,
aunque el cansancio amenace por los cuatro costados
y te sientas señalado por el dedo como un soñador enloquecido.

Voy terminando. Empecé citando a García Lorca y voy a finalizar con otro de mis poetas preferidos: Gabriel Celaya. Uno de sus poemas más famosos, especialmente en los años setenta, gracias a la versión que hizo el cantautor Paco Ibáñez, se titula “La poesía es un arma cargada de futuro”. Una de sus estrofas dice:
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse....”

En este sentido, pienso que los bibliotecarios tenemos también un enorme compromiso con la sociedad. No podemos desentendernos del problema de desigualdad que existe en nuestro país en cuanto al acceso a servicios bibliotecarios, no podemos lavarnos las manos y desentendernos: la fortaleza más importante en una biblioteca son los ciudadanos que, junto a los bibliotecarios, conforman el doble corazón de una biblioteca. Y por ello quienes, pagados con los impuestos de los ciudadanos, trabajamos en una biblioteca pública debemos ser profetas a favor de las bibliotecas, a favor de este derecho de todos las personas, vivan donde vivan: en una gran ciudad, en un barrio populoso, en una aldea, en un suburbio... , en cualquier región, en cualquier ciudad.
Federico García Lorca luchó para que en su Fuente Vaqueros natal hubiese una biblioteca. Y sufría cuando descubría que mucha gente no podía acceder a los libros. Gabriel Celaya reivindica la poesía como algo necesario en la vida de las personas, en el discurrir cotidiano de la gente. Y dice en el mismo poema:

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.”
Me van a permitir una licencia. Voy a transformar este alegato en un grito a favor de las bibliotecas públicas:

“Bibliotecas para todos,
bibliotecas necesarias
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
exijamos bibliotecas,
defendamos el derecho a las palabras.”

Disfruten de esta Feria del Libro de Toledo, de sus actividades, de las presentaciones de libros, de los encuentros y firmas con autores. Adquieran libros. Apoyemos a libreros y editores, animándoles a seguir su hermosa tarea profesional. Acudan a cualquiera de las bibliotecas de nuestra hermosa ciudad. Y, lean, ¡vivid leyendo!, ¡vivir disfrutando de los libros!, sin duda uno de los paraísos de nuestra vida.
Muchas gracias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario