miércoles, 24 de noviembre de 1982

La cultura en Toledo/2. La necesidad de la información: Las bibliotecas



La cultura en Toledo/2.
 La necesidad de la información: Las bibliotecas*


Recientemente, Robert Escarpit ha dicho que "un hombre que lee es un hombre que no puede evitar pensar, y un hombre que piensa es un hombre peligroso". Si compartimos esta opinión tendremos que creer que, sin duda, en este país se ha intentado evitar durante muchos años que los ciudadanos accedan plena y libremente al libro. Los sucesivos gobiernos de la dictadura y de la transición han tenido especial cuidado en evitar la expansión de las biblioteca, a sabiendas de que la potenciación real del libro influiría positivamente en la actitud cultural de los españoles y colaboraría en la formación integral de la persona. Las bibliotecas son el centro básico para la conversión del hombre en una persona libre, responsable y crítica: en la información que, libre y gratuitamente proporcionen radicará la base misma de cualquier cultura. La información será, pues, la clave para que hombres y mujeres, niños y ancianos, sean dinámicos y combativos, abiertos y tolerantes, demócratas y críticos. Las bibliotecas tienen una tremenda responsabilidad de cara al cambio que los españoles han votado esperanzada y abrumadoramente.
El sistema bibliotecario toledano
La  estructura tradicional de la red bibliotecaria de la provincia toledana ha consistido en una biblioteca central -radicada en Toledo- y 19 bibliotecas públicas municipales, de las cuales 6 disponen de servicios complementarios como salón de actos, sala de exposiciones, aulas, etc. Las popularmente denominadas Casas de Cultura se localizan en Consuegra, Corral de Almaguer, Quintanar de la Orden, Talavera de la Reina, Ocaña y Toledo, aunque la de la capital no funciona como tal al ser necesario en su día habilitar su salón de actos para depósito, atendiendo a las crecientes adquisiciones de libros. Completan los servicios del llamado Centro Provincial Coordinador de  Bibliotecas cuatro unidades móviles o bibliobuses, que actualmente ofrecen servicio a 120 localidades menores de 3.000 habitantes. Esta red es de las más importantes del país y ha servido de modelo, singularmente en el caso de los bibliobuses, para numerosas provincias. Aproximadamente, un 30 por 100 de los toledanos no tienen el más mínimo acceso a algún servicio bibliotecario y la población teóricamente atendida lo es, generalmente, ton precariedad. La importancia relativa del sistema bibliotecario toledano manifiesta palpablemente la penuria que en este campo sufre el país.
Todas las bibliotecas creadas en los últimos años se ajustan a los módulos marcados por la UNESCO. Ello, a veces, ha suscitado la polémica, al negarse la Dirección del Centro Coordinador a dar el visto bueno a proyectos de bibliotecas que no aseguraban el mínimo de espacio, condiciones del edificio, volúmenes y apertura al público que garantizasen su eficacia. Evidentemente hubiese sido más popular y, quizá, más rentable políticamente para el partido dominante en la Diputación -que financia en gran parte la actividad del Centro Coordinador- inaugurar más bibliotecas, aunque su calidad dejase que desear, pero a la larga sería sólo un parche que tendría que replantearse a corto plazo. Frente al clásico argumento de que problemas presupuestarios, impiden de momento hacer otra cosa que no sea regalar lotes de libros (que terminan perdiéndose o utilizándose por escasas personas) o abrir pequeñas bibliotecas con un fondo ridículo, un personal no cualificado y una apertura condicionada a que "alguien lo pida", mi opinión personal es que la instalación de bibliotecas depende, fundamentalmente, de tener una clara y firme convicción política de que las bibliotecas son imprescindibles para el hombre actual.
Los grandes problemas
En su mayoría, los problemas, de las bibliotecas toledanas proceden de la escasa atención que en Madrid se ha prestado al tema. Al escandaloso, por ridículo, numero de bibliotecarios con que cuenta España, hay que unir la necesidad de que la construcción del edificio destinado a biblioteca sea costeado en buena parte por Ayuntamiento y Diputación, al contrario, por ejemplo, de los colegios, financiados por el Estado. La carencia, al mismo tiempo de una Ley de Bibliotecas (que el PSOE anuncia como una de las primeras que aprobará en el campo cultural), largamente solicitada por los bibliotecarios y otros sectores de la cultura, ha facilitado que en la reciente estructuración autonómica del País, cada  Comunidad regional haya planteado el problema con distintos criterios, a veces fuera de toda lógica y despreciando las más elementales normas biblioteconómicas.
Un problema arrastrado largo tiempo es el de la biblioteca provincial toledana, situada en el Paseo del Miradero: Constituye uno de los más importantes centros bibliográficos europeos, gracias a la rica Colección Borbón-Lorenzana ( 100.000 libros procedentes de los antiguos arzobispos de Toledo, además de 411 incunables y más de 1.000 manuscritos de los siglos XI al XIX ). Allí se encuentra un selecto fondo toledano, incluidas numerosas colecciones de periódicos hoy imprescindibles para construir la Historia de los siglos XIX y XX. Y de su fondo moderno destaca la colección legada por Malagón Barceló, que contiene unos 10.000 volúmenes fundamentales para conocer la actividad de los exiliados españoles tras de nuestra Guerra Civil. La falta de una sección de préstamo para  adultos y de una sala de lectura más funcional y de mayor capacidad, se unió desde casi su inauguración en 1966 a la escasez de depósitos para albergar las continuas e importantes adquisiciones de nuevas obras. La pérdida obligada de su salón de actos hizo que, desde 1973, la Biblioteca renunciase a ofrecer todas las actividades culturales que, complementarias a su labor como lugar de lectura, ofrecía cotidianamente a los toledanos. La ya larga espera en la resolución del litigio entre Biblioteca y museo de Santa Cruz para ampliar sus instalaciones en base al cercano edificio de las Ursulinas, con la ya conocida polémica que envolvió a la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas con distintas entidades y personas toledanas, obligará al próximo gobierno socialista a tomar  una determinación que al fin resuelva esos graves problemas. Por otro lado, la carencia de personal técnico suficiente ha sido un factor determinante a la hora de impedir una conveniente y necesaria extensión bibliotecaria, al servicio de la mayoría de los toledanos y no exclusivamente de los estudiantes e investigadores.
Un verdadero golpe al sistema bibliotecario ha sido el desgajar del mismo su cabeza, la biblioteca provincial. Tras la justificada dimisión de la Directora del Centro Coordinador, la Diputación ha tomado la sublime e irresponsable decisión de separar de la red bibliotecaria precisamente al que debía ser su eje obligado, imprescindible para que los habitantes de la provincia accedan, a través de las bibliotecas municipales o de los bibliobuses, a volúmenes que sólo se encuentran en la Biblioteca de Toledo. Esta ruptura de la red va en contra de todas las directrices técnicas de los organismos internacionales en esta materia, siendo necesario unificar de nuevo el sistema bibliotecario provincial. E1 reciente proyecto de informatizar toda la red mediante un ordenador de gran capacidad -cuya aprobación había sido ya aprobada por la Diputación-, queda así olvidado y con ello Toledo pierde una nueva oportunidad de haber servido de modelo para todo el país. Miles de libros irán ahora a parar a sus nuevos depósitos, en el edificio del Nuncio. Esperemos que no se conviertan en un mero instrumento electoralista en vísperas, como estamos, de elecciones municipales y regionales.

Lineas de accion

Indudablemente puede ser decisivo el impulso que desde el Gobierno central se preste a la política bibliotecaria. Con ese punto de partida, la provincia de Toledo habrá de abordar la realización de un plan de bibliotecas que dote de estos instrumentos de cultura e información a la totalidad de los municipios con población superior a 3.000 habitantes, sin ningún tipo de discriminación derivado del color político del Ayuntamiento respectivo. Todas las bibliotecas que se creen deberán cumplir los requisitos técnicos marcados por los organismos internacionales especializados,  incluida la contratación de personal especializado y, muy importante, vocacionado no sólo a ser un perfecto bibliotecario sino un verdadero animador socio-cultural de la comunidad. Finalmente, las nuevas bibliotecas deben disponer de los servicios complementarios correspondientes (salón de actos, etc.), para así servir a los intereses socio-culturales y de ocio de toda la población. Respecto a las actuales bibliotecas, habrá de plantearse su modernización (edificio, fondo bibliográfico...) e intentar adaptarlas para que constituyan el primer foco para conseguir desarrollar una política cultural progresista. Su reconversión en los casos necesarios -como Sonseca-, en Casa de Cultura será primordial para atender la demanda popular.
El resto de los municipios -los menores de 3.000 habitantes que no disponen de biblioteca actualmente- se acercarían al libro a través de los bibliobuses. La marginación que ahora sufren 45 localidades en razón de su lejanía de la capital podrá amortiguarse descentralizando este servicio y estableciendo tres cabeceras; en Toledo, Talavera y La Mancha, según proyecto de la dimitida Directora del Centro  Coordinador.
Los casos de Toledo y Talavera merecen un trato especial.  Su incremento demográfico, fundamentalmente, obliga a crear bibliotecas filiales en los barrios más populosos. En este sentido resulta esperanzadora la próxima apertura de la situada en el Polígono Industrial de la capital, verdadero modelo de biblioteca de barrio en todo el país por el elevado número de volúmenes de que dispondrá. Además, ella puede ser un campo de experimentación para demostrar lo que lectura y cultura pueden, hacer en una comunidad humana como es este nuevo barrio toledano.
En cualquier caso, la biblioteca deberá de convertirse en el núcleo para la animación socio-cultural de los habitantes de pueblos y capital. No sólo habrá de recibir a estudiantes, sino que todos los sectores (jóvenes, niños, adultos, amas de casa, tercera edad) deben ver en ese lugar su espacio para la cultura y el ocio y su principal canal de información. El problema, por tanto, no radica sólo en crear bibliotecas, sino en acercarlas a los ciudadanos. Convertirla en un centro dinámico y alegre, alejada de ser un mero depósito de volúmenes, será el reto de cada uno de los bibliotecarios y animadores socio-culturales que regenten estos importantes lugares.
Una última cuestión -en un artículo de obligada brevedad como es el presente- quiero resaltar. Prescindiendo de las elucubraciones sobre dónde se asentará, definitivamente, la capitalidad de la región castellano-manchega, sí quiero dejar claro que esta región necesitará a  corto plazo una biblioteca regional que recoja la producción bibliográfica castellano-manchega y comience a recopilar los fondos que posibiliten ofrecer a los investigadores y, en general, a todos los ciudadanos, materiales suficientes para conocer el pasado y el presente de esta Región. La especial riqueza, tanto en fondos de los siglos pasados como del actual, de la Biblioteca Pública de Toledo hace aconsejable totalmente que ésta sea el núcleo para la formación de la biblioteca regional. Aquí creo que no hay que hacer concesiones.


* La Voz del Tajo (24 de noviembre de 1982). Págs. 2-3. Recogido en Combates por la biblioteca pública, págs. 263-266.

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