lunes, 17 de septiembre de 2018

Elogio de una bibliotecaria rural


Elogio de una bibliotecaria rural

Dicen los expertos que la riada de Cebolla era un desastre tan previsible como evitable. El encauzamiento del arroyo Sangüesa, escondiendo y estrechando su cauce en el centro de la localidad, viene provocando estas riadas, que en esta ocasión han arrasado el pueblo y algunos de sus servicios públicos básicos, como la biblioteca municipal. Jaime Lener, un arquitecto brasileño, escribió en su libro “Acupuntura urbana”: “Cuesta mucho corregir una idiotez. Sí, cuesta mucho; pero más contemplar año tras año, tormenta tras tormenta, sus consecuencias.” Y en esas están los vecinos de Cebolla y el ayuntamiento del pueblo, intentando convencer a los organismos competentes que hay que actuar y no sólo esperar una nueva tormenta que inunde casas, servicios públicos, ilusiones…
La riada, como suele ocurrir, ha tenido un efecto positivo: mostrar la solidaridad de la gente ante desastres y sufrimientos de estas características. Pero probablemente esa oleada de cariño y humanidad, de ayuda solidaria, la está recibiendo de una forma patente uno de los servicios públicos que frecuentemente pasan más desapercibidos: la biblioteca pública. De toda España, y singularmente de la región de Castilla-La Mancha, se están recibiendo libros, palabras de esperanza, ayuda económica…para reconstruir la biblioteca y que pueda volver a prestar sus importantes servicios.  Tantas iniciativas, que el Servicio del Libro, Bibliotecas y Lectura de Castilla-La Mancha, con Óscar Arroyo al frente, está organizando la recogida, selección y posterior entrega a la biblioteca de Cebolla de los nuevos fondos que formarán parte de una colección prácticamente nueva. Donde hubo 12.000 volúmenes apenas quedaron dos millares recuperables.
Cebolla es uno de los 6.825 municipios españoles menores de 5.000 habitantes que, según la legislación nacional, no está obligada a prestar a sus ciudadanos el servicio de biblioteca pública. ¡País! Afortunadamente, las legislaciones autonómicas, el propio interés de los ayuntamientos y las demandas ciudadanas, han hecho posible que muchos de estos pueblos cuenten con biblioteca. La estadística del año 2016 indica que son 2.053 los municipios españoles de menos de 5.000 habitantes que disponen de biblioteca pública, y 1.888 son servidos por bibliotecas móviles. Pero 3.006 municipios de toda España, en las regiones más desarrolladas o en las de menos recursos, no cuentan con ningún tipo de servicio bibliotecario. ¡Un escándalo a corregir!
Cebolla, con 3.445 habitantes, sí tiene biblioteca. Es un ejemplo, con horario de mañana y tarde (35 horas a la semana), un horario que por ejemplo no tienen las bibliotecas municipales de Toledo, a pesar de sus 83.972 habitantes. Y con una bibliotecaria municipal que lleva al frente de la biblioteca desde mayo de 2000. Unos 1.400 habitantes son usuarios (socios) de la biblioteca, con cerca de 6.000 préstamos anuales. El edificio de la biblioteca tiene 170 m2, con 36 puestos de lectura y 12 ordenadores. Es una biblioteca dinámica, que ha sido reconocida en varias ocasiones con el Premio “María Moliner” para programas de animación a la lectura que concede el Ministerio de Cultura, como otras muchas bibliotecas de nuestra región, verdaderamente un ejemplo para el conjunto del país.
Hace dos años vinieron a Castilla-La Mancha dos profesionales colombianas, de Medellín, a conocer nuestra realidad bibliotecaria. Les mostramos, entre otras, esta biblioteca, como ejemplo de servicio bibliotecario en este tipo de localidades pequeñas. Y se fueron sorprendidas por estos centros en poblaciones tan pequeñas. Pero bibliotecas como la de Cebolla proliferan en toda nuestra región, con profesionales creativos y apasionados, aunque no siempre reconocidos adecuadamente en sus contratos y retribuciones.
El día de la riada, sábado y además gran fiesta del municipio, afortunadamente la biblioteca estaba cerrada. Cualquier otro día podría haber sido una tragedia, pues es una biblioteca siempre viva, llena de gente, con clubes de lectura y con actividades culturales y de animación a la lectura que organizan casi de forma permanente. Ahora, todo ha sido destruido  e incluso el edificio presenta una situación que hay que evaluar para ver qué actuaciones precisa.
María José Olivares Saldaña, nacida el 4 de enero de 1972 en Talavera de la Reina, bibliotecaria municipal de Cebolla, recuerda el día que se hizo cargo de la biblioteca como uno de los más felices de su vida. Considera que era el mejor trabajo para ella, una mujer que llevaba trabajando desde los 14 años en talleres de confección, haciendo Bachillerato en el nocturno y  COU con nota de sobresaliente en todas las asignaturas, excepto en inglés. Luego estudiaría en la UNED, universidad en la que se licenció en Geografía e Historia y cursó también estudios del Grado de Historia del Arte en la misma universidad. Conoce bien la vida de los pueblos: toda su familia es de Cebolla, y residieron hasta los 17 años en Alcaudete de la Jara. La Biblioteca forma parte de la vida de María José  desde su niñez. Cuando era pequeña no había apenas libros en su casa y los devoraba. Cuando salía del colegio, cogía la merienda y se iba rápidamente a la biblioteca, creciendo entre libros. Utilizaba la Biblioteca todos los días, pero, nos cuenta, había tan poquitos que volvía a releerlos.  Convocaron la oposición a bibliotecaria municipal y decidió presentarse.  En el tribunal estuvo uno de los grandes profesionales de nuestra provincia, Modesto Triviño, que ha formado a generaciones de bibliotecarios. Entonces, me cuenta María José, tenía una niña de dos meses que tomaba el pecho y entre examen teórico y el práctico la tenía que amamantar. Por esa razón fue  la última en enterarse de que había sido ella quien aprobó la oposición. En principio tuvo una jornada de 4 horas, pero la Biblioteca fue creciendo poco a poco y cada vez demandaba más tiempo, un horario más amplio. Con las ayudas a los contratos de Bibliotecarios de la Junta a los 4 años pasó a jornada de 35 horas semanales. Eran tiempos en los que el Gobierno de Castilla-La Mancha impulsó el desarrollo de las bibliotecas municipales con ayudas a la contratación y mejora de puestos de bibliotecarios, subvenciones para las adquisiciones y actividades…. María José fue completando su formación bibliotecaria gracias a los cursos que se han ido organizando a nivel regional y provincial, y que han sido una escuela de biblioteconomía para los profesionales de Castilla-La Mancha.
Las bibliotecas, poco a poco, han pasado a formar parte de los servicios básicos imprescindibles de estos municipios. Sin duda una de las claves ha estado en los bibliotecarios, que son amigos, confidentes, formadores, promotores de la cultura, la información y la educación permanente de los ciudadanos. Los bibliotecarios son verdaderos dirigentes sociales en estos municipios y trabajan en coalición con la sociedad. María José es un ejemplo muy singular: Además de los clubes de lectura, uno de ellos infantil, intentan participan en los encuentros con autores que se organizan en los pueblos de la zona y en el provincial. También organizan salidas culturales, con visitas a museos, conciertos, obras teatrales… Y participan en los programas que organizan conjuntamente diversas bibliotecas públicas municipales de la comarca…. María José, y tantos bibliotecarios, especialmente en municipios pequeños, viven con pasión su trabajo, entregados a la gente. Las bibliotecas forman parte de su vida. El día de la riada, cuando comprobó los efectos devastadores del agua, lloró con amargura: su segunda casa estaba inundada y el mobiliario y casi toda la colección destrozada.
Estos bibliotecarios y bibliotecarias del mundo rural merecen todo un reconocimiento. Están solos ante el peligro. Sus contratos son normalmente como técnicos auxiliares de bibliotecas, en lugar de como técnicos de bibliotecas. Es una de las situaciones que demuestra que las bibliotecas siguen marginadas en nuestro país. En los colegios y en los centros de salud o consultorios médicos, por supuesto los profesionales que los atienden no son discriminados por estar en una localidad de menor población. Hay médicos, maestros, enfermeras…. Las bibliotecas municipales deberían contar todas con al menos un técnico de bibliotecas, contratado y pagado como tal. Pero es una de las demandas históricas que los políticos españoles no han afrontado, igual que no afrontan esa vergüenza de que tres millares de municipios españoles carezcan de servicios bibliotecarios. Muchos de los bibliotecarios tienen un contrato a media jornada, lo que dificulta su vida familiar y personal desde esas condiciones laborales. María José es mileurista y tiene que conciliar la dedicación  a su biblioteca con la que debe a su familia, especialmente sus tres hijos: una chica de 18 años que estudia bachillerato de Artes, un chico de 12 que estudia en la escolanía del Escorial,  y un niño de 7 años que estudia en Cebolla 3º de primaria. Me emociona cómo percibe a su familia: “Tengo una familia feliz, trabajando mucho pero feliz”.
Tengo la certeza de que la biblioteca de Cebolla no va a ser abandonada a su suerte. Todo el país mira a Cebolla y envía libros y otros materiales. Pero, ¿alguien pensará en esta bibliotecaria rural y en tantos profesionales que llevan décadas ejerciendo apasionadamente su trabajo en la biblioteca y siguen en unas condiciones paupérrimas? Su trabajo es cada vez más especializado, con una actividad que resulta imprescindible en las bibliotecas, mucho más que sus edificios o colecciones. Sabemos que los ayuntamientos tienen graves dificultades para afrontar estos puestos de trabajo. Por ello, resulta urgente que se firmen los convenios que garanticen una financiación adecuada para las bibliotecas públicas municipales, y singularmente para que los bibliotecarios tengan unos contratos dignos.  Es algo previsto en la Ley 3/2011, de la Lectura y de las Bibliotecas de Castilla-La Mancha: pero ni el Gobierno regional del Partido Popular ni el del PSOE han afrontado esta previsión. El cielo puede esperar…


lunes, 3 de septiembre de 2018

Las Bibliotecas Públicas del Estado en Castilla-La Mancha necesitan inversiones


Las Bibliotecas Públicas del Estado en Castilla-La Mancha necesitan inversiones


En noviembre de 1994 publiqué un artículo de opinión titulado “Desinterés por las Bibliotecas Públicas del Estado.” Critiqué entonces la política ministerial en general sobre las bibliotecas públicas y específicamente sobre las que el Estado conserva la titularidad aunque las gestionen las Administraciones Autonómicas: las 53 Bibliotecas Públicas del Estado. Preguntaba entonces: “¿Por qué el Ministerio, con el apoyo solidario de todo el Gobierno, no proyecta un Plan de Bibliotecas que permita completar el programa inversor básico antes del año 2000? La respuesta es muy simple: porque las bibliotecas públicas no son prioritarias para el Gobierno español. Si no, ¿cómo entender que en el conjunto de países integrados en la Unión Europea mantengamos esa vergonzosa penúltima posición que desde hace décadas denuncian las estadísticas europeas sobre bibliotecas públicas?” Por supuesto, han pasado veinticinco años y el Ministerio sigue sin desarrollar un plan nacional de esas características, consensuado con las comunidades autónomas. Critiqué en el mismo artículo el olvido del Ministerio hacia estos centros de titularidad estatal en Castilla-La Mancha. Hasta entonces sólo había construido, antes de 1982, la biblioteca provincial de Albacete. Yo era entonces Jefe del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas e intentaba gestionar con la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria necesarias actuaciones urgentes, al menos hasta que se construyeran nuevos edificios en Guadalajara y Ciudad Real, se remodelara la sede de Cuenca y se materializara el traslado de la Biblioteca de Toledo al Alcázar. Pero no había presión política y las pocas inversiones ministeriales se iban a otras regiones. Ahí están las estadísticas.

Es un artículo que tuvo bastantes consecuencias...Porque la palabra, como la poesía, es un arma, necesaria como el pan de cada día y el aire que respiramos, recordando a mi admirado poeta Gabriel Celaya. En la misma mañana en la que se publicó el artículo, recibí la llamada de mi Director General en la Consejería pidiéndome explicaciones por ese duro artículo que, al parecer, había levantado las iras del Ministerio. Con tranquilidad, aunque la procesión iba por dentro, contesté que era fiel a mis principios de luchar por una política bibliotecaria moderna. Prosiguió diciéndome que tres consejeros habían pedido mi cese, y lógicamente contesté que me podían cesar, pero que diría públicamente las razones. Debí de comentar la situación de crisis que se había producido pues recuerdo que durante la tarde recibí la llamada del coordinador de opinión del periódico diciéndome que, si cesaba, al día siguiente ese medio nacional, con las ediciones regionales, informaría de la falta de libertad  de expresión que teníamos los funcionarios de Castilla-La Mancha. Pero en esa ocasión no pasó nada…

 Paradójicamente, supe que, poco después, el presidente autonómico había echado un broncazo a los responsables de la Consejería por permitir esas bajas inversiones en Castilla-La Mancha, al contrario de lo que ocurría en otras comunidades autónomas. Es decir, el tiempo me dio la razón. Cambió el modo de actuar y llegaron las nuevas bibliotecas en Guadalajara, Cuenca (espectacular remodelación de la existente) y Ciudad Real. De la de Toledo y Regional no hablo ahora, porque ese proyecto salió adelante gracias a la convicción del Gobierno de Castilla-La Mancha y la lucha que numerosos ciudadanos, entre ellos un buen número de intelectuales, emprendimos. Pero, a pesar de los convenios firmados entre la Junta, Defensa y el Ministerio de Cultura, el Estado no aportó cantidad alguna destinada a la readaptación del Alcázar para Biblioteca Pública del Estado.

Recuerdo ahora estas circunstancias porque me indigna la poca energía y ambición del Gobierno regional para defender que el Ministerio aborde la construcción del Depósito Bibliográfico que necesita la Biblioteca de Toledo, que es también Regional. Como expuse en mi artículo “El olvido del Miradero”, no deben trasladarse los 150.000 documentos conservados en la antigua sede de la Biblioteca en el edificio del Miradero sin que antes se aborde la construcción de un Depósito adecuado, como tienen todas las grandes bibliotecas que tienen misiones de conservación del patrimonio bibliográfico y cultural. Ha de reanudarse con urgencia el servicio de utilización de esos fondos por los ciudadanos y proyectar un Depósito en Santa María de Benquerencia para que cuando esté construido los espacios del Miradero pasen a ser utilizados por el Museo de Santa Cruz, en su gran proyecto museológico concentrando Santa Cruz, Santa Fe y el Miradero.

El Ministerio había presupuestado una cantidad de 500.000 € pero era para las actuaciones inversoras urgentes en el Miradero como Depósito, pero el anterior Director General con competencias en bibliotecas del Ministerio estuvo de acuerdo en la reunión Junta/Ministerio que se celebró en Toledo que lo prioritario era construir el nuevo Depósito. Al parecer las autoridades culturales de Castilla-La Mancha se conforman con recibir dinero para estanterías y equipamiento sin tener en cuenta la gravedad que supondrá para la colección y su utilización un traslado teóricamente provisional pero sin visos de disponer de una solución definitiva.

Como entonces, probablemente nuestros políticos son tan ingenuos que son pobres hasta para pedir. Avanzo algunos datos que deberían sonrojar a nuestras autoridades: en el período 2012-2016, cinco años, los presupuestos del Ministerio para Bibliotecas Públicas del Estado han descendido de forma muy singular: de los más de once millones de euros en 2012 y 2013, en 2016 no han alcanzado ni los siete millones de euros. En ese quinquenio la Administración Estatal ha invertido  en las 53 bibliotecas un total de 47.992.651 euros. ¿Saben qué cantidad ha invertido en las cinco Bibliotecas de titularidad estatal que existen en Castilla-La Mancha? Poco más de un millón de euros (1.149.142 €), que significan el 2,39 % del total nacional, a pesar de que corresponde a cinco centros. En ese período de cinco años, el liderazgo en las inversiones estatales en bibliotecas lo tiene Castilla y León, que recibió un total de 17.990.936 €, que suponen el 37,49% del total nacional.  En el mismo período, Cataluña recibió en inversiones más de once millones de euros para cuatro bibliotecas, que son el 23,12% del total nacional. Galicia, que tiene también cuatro bibliotecas, recibió inversiones por valor de 5.818.280 €, que equivalen al 12,12% del total nacional.  Andalucía, con ocho bibliotecas, recibió el 14,21 % del total nacional, una cantidad de 6.819.833 €. Incluso Extremadura, que tiene tres bibliotecas, supera las inversiones de nuestra región: 1.558.160 €, el 3,25% del total nacional. 

Sé que las inversiones se planifican, y que oscilan en función de las que se están desarrollando; pero no deben hacerse con tanta desigualdad, por razones en las que yo no quiero entrar pero que se entienden perfectamente. He traído a colación estos datos no para atacar a ninguna región; ni siquiera  a los responsables ministeriales que se ve tratan de muy distinta manera a los ciudadanos de unas y otras regiones. Para eso está el Congreso de los Diputados, donde deberían pedirse explicaciones.  Publico estos datos para que el Gobierno de CLM exija al Ministerio inversiones en nuestras bibliotecas. Y, desde luego, la primera e irrenunciable es que el Ministerio proyecte y construya un Depósito para la Biblioteca de Toledo. Hay otras inversiones pendientes y necesarias, que no me corresponde a mí enunciar. Pero tengo que alzar mi voz para que, de una vez, el Ministerio cumpla con sus obligaciones respecto a la Biblioteca de Toledo, la única para cuya sede no puso ni un euro.

¿Se conformará el Gobierno de Castilla-La Mancha con unas estanterías? Quienes no tienen retos en sus objetivos y no defienden a los ciudadanos de su tierra  no merecen gobernar.



lunes, 13 de agosto de 2018

Por un gran Museo de Santa Cruz


Por un gran Museo de Santa Cruz
 

            Agosto caluroso en Toledo. Con un buen amigo, empleo la mañana en realizar una tranquila visita al Museo de Santa Cruz. Comienzo expresando mi cariño a este centro. Quien fuera su directora durante tantos años, Matilde Revuelta, me decía que por qué no apoyaba al Museo y sí a la Biblioteca. Eran los inicios de los años ochenta y había una lucha fratricida entre dos grandes centros culturales de la ciudad: Biblioteca Provincial y Museo de Santa Cruz. Julia Méndez había luchado para que el estado adquiriese el edificio del antiguo convento de Santa Fe para ampliar las instalaciones de la Biblioteca. Luego el Ministerio decidió repartir el inmueble entre ambos centros y yo me posicioné claramente, creando el Comité Permanente de apoyo a la Biblioteca Pública. Pero he clamado muchas veces por la falta de una política de museos en la Junta, que tiene a los museos de su competencia en una situación alarmante. Tengo que reconocer que en bibliotecas hemos crecido mucho más, aunque nadie nos ha regalado nada.
            Que me perdonen mis amigos Fernando Fontes, actual director del Museo, y los anteriores, Rafael García Serrano y Alfonso Caballero. Todos se han dejado la piel y han luchado contra un muro: el Gobierno regional, que ha utilizado y utiliza este gran centro museístico a su antojo. Se le llamaba “Salones Santa Cruz”, porque perdió la presencia esencial de un gran museo y se convirtió en organizadora de eventos, culturales o sociales.
Mi visita de estos días no puede ser más desalentadora: prácticamente la grandeza del antiguo Museo de Santa Cruz, creado en 1961, se ha evaporado. En su web se recuerda que es “considerado uno de los museos provinciales más importantes de España, no sólo por la singularidad del edificio que le sirve de sede y le da el nombre, el antiguo Hospital de Santa Cruz, sino también por la riqueza y variedad de sus colecciones…reúne los fondos del antiguo Museo Arqueológico Provincial… así como otros procedentes de depósitos de la Catedral Primada, parroquias de Toledo y otras entidades y particulares, de adquisiciones y donaciones.” El Estado conserva la titularidad pero la gestión, como los demás archivos, bibliotecas y museos provinciales, fue transferida en 1984 a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Por ello, el Estado asume las inversiones y la Junta la conservación y mantenimiento de estos centros así como la dotación de personal y los programas a desarrollar para mantener la necesaria presencia en la sociedad y su importante misión.
            Desde mi opinión, la Junta fue bajando la guardia y aunque su presencia en Santa Cruz es bastante importante, normalmente se limita a inaugurar exposiciones, entregas de premios, presentaciones, algunas reuniones… Pero ¿cómo ha crecido la plantilla de personal técnico del Museo? ¿Se pueden materializar sus proyectos? ¿Qué pasa con los gabinetes pedagógicos, imprescindibles para que el Museo sea un centro de atracción continuo para la sociedad y especialmente para los escolares y jóvenes? Es de todos conocidos que las salas dedicadas a la arqueología, prehistoria, historia antigua y medieval…fueron desapareciendo, y sus contenidos yacen hoy guardados en sus almacenes. Prácticamente la exposición permanente del Museo se limita al crucero inferior del Hospital de Santa Cruz, dedicada a la España de los Austrias, y que se describe así en la web oficial: “un prólogo con piezas del XV que plantea el origen de la Casa de Austria con la unión de los Reyes Católicos, dos salas dedicadas a Carlos V y a Felipe II y una síntesis final que marca el declive de la Corona.” En el crucero superior, que normalmente se dedica a exposiciones temporales, no hay ahora nada y está cerrado al público. Como también lo está la sala que generalmente se dedica a otras exposiciones temporales en el claustro, y que últimamente ha acogido la magnífica exposición del artista toledano Luis Pablo Gómez Vidales, “Arte entre dos siglos”. La otra exposición permanente del Museo es la “Colección Carranza”, que fue donada a la Junta en los inicios del siglo XXI y que contiene una valiosa y diversa muestra de cerámica. Pero cuando la intentamos visitar está cerrada; un cartel explica las causas: “Sala Carranza cerrada por exceso de temperatura”. Sin comentarios…
            La solución de trasladar al Alcázar la sede principal de la Biblioteca Pública del Estado, organizada con la Biblioteca Regional, liberó por fin al Ministerio de Cultura y a la Junta sobre las posibilidades de ampliar Santa Cruz utilizando los espacios rehabilitados del antiguo convento de Santa Fe. Pero la Junta ha sido incapaz de hacer un proyecto para estos espacios y hasta el presente se han dedicado también a eventos y algunas exposiciones, con contenidos muy distintos. Ahora mismo, Santa Fe contiene dos exposiciones temporales: “Miguel de Cervantes o el deseo de vivir”, que permanecerá hasta finales de septiembre; y "De puertas para adentro". Vida y distribución de espacios en la arquitectura doméstica (siglos XV-XVI), que puede contemplarse hasta mediados de septiembre. Por lo visto y experimentado en los últimos años, el Museo en ningún momento ha utilizado Santa Fe como ampliación de espacios para sus colecciones. Las colecciones temporales son importantes en los museos, pero Santa Cruz tiene a buen recaudo buena parte de sus fondos y se dedica a organizar exposiciones en Santa Fe, en el crucero superior y en las salas junto al claustro.
            Ya no es un museo arqueológico y no puede reconocerse como un museo provincial de bellas artes pues el arte y la historia de buena parte de las épocas no está representando. ¿Qué pasa con el arte contemporáneo? ¿Dónde están los ricos fondos que conformaron un extraordinario y bellísimo Museo de Arte Contemporáneo en la Casa de las Cadenas? ¿Por qué se hurta a los ciudadanos la contemplación de ese patrimonio?     El Museo de Santa Cruz precisa recursos, especialmente de personal. Y necesita nuevos espacios. Pero, sobre todo, necesita que los políticos dejen en libertad a los profesionales, que tienen el conocimiento, la experiencia y las claves para situar al Museo en la sociedad. Desde hace años he propuesto que, a pesar de no haberse aprovechado adecuadamente los espacios de Santa Fe, pasen al Museo de Santa Cruz la totalidad de salas del edificio del Miradero, siempre que se construya un nuevo Depósito Bibliográfico en Santa María de Benquerencia; y no trasladar unos fondos a Ciudad Real u otro lugar, que no podrá ser la solución definitiva. Debe ser innegociable: primer paso, que el Ministerio asuma la construcción del Depósito en Benquerencia; y cuando esté construido se trasladen al nuevo edificio los actuales fondos bibliográficos depositados en el Miradero, que quedará listo para ser reconvertido en salas o depósitos del gran Museo de Santa Cruz. Son cerca de dos mil metros cuadrados, con salas magníficas para acoger y contemplar obras de arte y al mismo tiempo visualizar las riberas del río Tajo. En especial las plantas segunda y cuarta,  que acogieron salas de lectura e investigación con estanterías del siglo XVIII y que se conservar instaladas y constituirían un marco bellísimo para acoger obras de arte.
            Nuestros políticos son maestros en ocurrencias. Ahora dicen que van a dedicar Santa Fe y en el futuro el Miradero a la colección Polo. ¿Pero hay proyecto de gran Museo de Santa Cruz? ¿Han contado nuestros ilustrados gobernantes con los técnicos, con artistas, con intelectuales? Me temo que, una vez más, como hicieron con otros proyectos, como el “Quixote Crea”, quieren salir en los medios nacionales y mostrar su apertura al arte y a la cultura. Pero no se dan cuenta de que lo que están haciendo es el ridículo más espantoso. Personalmente, desapruebo la gestión cultural de estos políticos que son marchantes del arte y la cultura pero no pensando en los ciudadanos y en la sociedad sino sólo en sus intereses electorales y clientelistas, en políticas a corto plazo en lugar de en planificar adecuadamente los esfuerzos y las necesidades de recursos.
            Realícese un plan estratégico para el Museo de Santas Cruz. Abórdense un proyecto museográfico y museológico de este gran centro cultural. Y abandonen la política de grandes ocurrencias a la que nos tienen acostumbrados. Los ciudadanos les pagamos para que realicen su labor con calidad y garantías, y no para que destruyan los sueños de la gente.