lunes, 26 de noviembre de 2018

IX Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas: No se quiere coger el toro por los cuernos


IX Congreso Nacional  de Bibliotecas Públicas:
No se quiere coger el toro por los cuernos


                Cuando hace ya meses conocí el tema del IX Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, tuve cierta esperanza. El tema era muy importante: “Bibliotecas públicas: profesionales para todos los gustos”.  Se celebra en Logroño, los días 28, 29 y 30 de noviembre de 2018, y acudirán unos cuatrocientos profesionales de toda España. Sé que no fue sencilla esa elección, pues había sectores que, conociendo la complejidad, no querían enfrentarse a uno de los temas más espinosos de las bibliotecas públicas: el personal. El bibliotecario, junto con el usuario, constituye el verdadero corazón de la biblioteca, su motor. Y no habrá mayoría de edad de las bibliotecas como servicio público hasta que no se afronte la dignificación de estos puestos de trabajo.
            El personal docente o sanitario, como ejemplos de servicios esenciales para la sociedad, lo asumió ya hace décadas el Estado y así ha seguido con la configuración de la España autonómica. Pero las bibliotecas públicas, centros que por desgracia no acaban de estar en la primera línea de los servicios públicos, se han dejado a la voluntad e iniciativa de los ayuntamientos. El problema es menor en las bibliotecas públicas del Estado gestionadas por las Administraciones Autonómicas y en bastantes bibliotecas municipales, especialmente las de grandes ciudades. Pero ¿qué pasa en el resto? Los bibliotecarios lo saben bien: buena parte de las bibliotecas municipales de pequeños municipios tienen como único personal un Auxiliar de Bibliotecas, que en la mayoría de los casos dispone de la cualificación profesional y la experiencia necesaria de un técnico pero que para abaratar el puesto se le contrata con categoría inferior. Y así ocurre con la jornada: un contrato de media jornada abarata aún más ese puesto de trabajo, aunque el profesional realice su actividad con la mayor de las cualificaciones y dedicación. Esto también ocurre en medianas e incluso grandes ciudades, también en capitales de provincia, donde existe una situación bibliotecaria muy dispar y las bibliotecas municipales no acaban de configurarse con puestos de trabajo suficientes y adecuados a su importante labor. ¿Alguien conoce que un consultorio médico o un centro de salud, un colegio de primaria o un instituto de bachillerato dispongan de profesores contratados como auxiliares sanitarios o auxiliares docentes cuando están en localidades de no gran población? Siguiendo lo que se hace en las bibliotecas, en esos pueblos no habría médicos o maestros, sino personal auxiliar. Pero todos sabemos que cuando el profesional realiza su labor en soledad se requiere incluso una mayor profesionalidad porque no tiene en quién apoyarse. Los bibliotecarios son los “médicos de cabecera” en los pequeños municipios y en los barrios de las ciudades para atender a los ciudadanos en las importantes funciones y tareas que hoy tienen las bibliotecas.
            No es ese el único problema. Las bibliotecas cambian su papel en la sociedad. Ya no son sólo centros de lectura e información. Su papel cultural está consolidado, pero se acrecienta su consideración de centro social y amplía los contenidos como lugar de encuentro y convivencia, de propuestas para la ciudad, de debate público…. Por ello han de transformarse los perfiles profesionales: cada vez más se trabaja en red (municipal, provincial o autonómica) y los aspectos técnicos bibliotecarios cambian. Trabajar en una biblioteca pública constituye una de las opciones más importantes para la comunidad local. No valen las rutinas, no  son suficientes ya perfiles que aseguren la correcta catalogación de los fondos. El bibliotecario municipal, en muchos casos el único dedicado a la cultura y la educación permanente en la localidad, es un verdadero dirigente social, que se comunica con la comunidad educativa, con el movimiento vecinal, con el conjunto de la sociedad…Y por ello debe ser tratado de acuerdo a su profesionalidad y altas funciones que realiza en la comunidad local.
            Pero nada de esto importa en el Congreso de Bibliotecas. Tres días de congreso, más las actividades turísticas, que se han decidido se dediquen únicamente a la formación: educación reglada y no reglada. Pero ¿afrontar problemas del país? ¿Para qué? “Coger el toro por los cuernos” es una expresión popular que hace referencia a enfrentarse a una situación complicada con decisión y de forma inmediata, asumiendo las consecuencias que la misma pueda conllevar. Pero el Ministerio de Cultura sigue sin querer asumir su parte de responsabilidad. No lo hizo cuando se aprobó la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas, que no resolvió ninguno de los problemas prácticos que nos preocupaban a los que habíamos clamado por esa Ley y que precisaban una regulación nacional. Y ahora, con un congreso nacional de bibliotecas que pensaba dedicarse al personal bibliotecario, al final las presiones ministeriales  han conseguido que el Congreso multiplique los temas: la formación de los bibliotecarios, los modelos de gestión y oportunidades de financiación de las bibliotecas, y los aspectos de inclusión y diversidad en las bibliotecas. Por supuesto todos temas muy importantes, pero que se han incluido para no tener que afrontar la cuestión vertebral del Congreso: el personal bibliotecario.
            No asistiré al Congreso. Estoy jubilado y por tanto sólo soy un observador. Seguro que el Congreso será un éxito. Mis felicitaciones al nuevo equipo ministerial, que sigue de perfil en la cuestión de las bibliotecas públicas. Pero, incluso antes de que comience, me veo en la obligación de lamentar públicamente que en este país no quiera afrontarse el problema histórico y endémico del personal bibliotecario. Ya sé que es difícil, sobre todo con un Ministerio que jamás ha asumido sus deberes constitucionales de coordinación para el conjunto de las bibliotecas del país y con unas comunidades autónomas que tienen graves diferencias entre ellas. La desigualdad es la característica esencial del panorama bibliotecario de España. No se quiere una sociedad lectora, crítica, participativa. El Poder prefiere una sociedad adormilada, acrítica, domesticada, inactiva, que vote cada cuatro años y permita que los gobernantes se muevan a sus anchas. Y la garantía para el éxito de esa idea de los poderes públicos es que no existan unas redes bibliotecarias desarrolladas y que constituyan un derecho de todos los españoles. Da igual que haya tres mil municipios sin servicio bibliotecario. Da igual que buena parte de los barrios de las ciudades carezcan de biblioteca. Da igual que el personal bibliotecario en buena parte de los casos “pase más hambre que un maestro de escuela”, por seguir la frase del siglo XIX que evidenciaba su escasa retribución y la falta de seguridad de su puesto de trabajo.
            Este artículo sé que hay bibliotecarios que no lo comprenderán. Pero he escrito para quienes tienen la certeza de que alguna vez habrá que coger el toro por los cuernos en materia de personal bibliotecario. Y ellos sí lo entenderán.

jueves, 8 de noviembre de 2018

El éxito de las bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha


El éxito de las bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha


            ¡Lo han vuelto a hacer! ¡Han vuelto a obrar el milagro! Las bibliotecas públicas municipales de Castilla-La Mancha han demostrado estar a la cabeza del país. Pero no ha sido por el  apoyo del Gobierno regional, demasiado tímido y lleno de incumplimientos, sino sobre todo por la fuerza, la imaginación, la profesionalidad y la entrega de los bibliotecarios que cada día se dejan la piel trabajando en coalición con la sociedad en sus localidades.
Las bibliotecas son hoy mucho más que libros. Son espacios para el encuentro, la convivencia, la creatividad, las propuestas ciudadanas, el debate…y cada vez  incrementan más su vertiente social y trabajan con todo tipo de colectivos y entidades. Un dato en este sentido son las actividades culturales de las bibliotecas. En las estadísticas de 2016, el indicador “Actividades organizadas por las bibliotecas por 1.000 habitantes”, ofrece una media nacional de 4,85 actividades.  Y en el puesto más alto están las bibliotecas de Castilla-La Mancha (18,68). Con la mitad de actividades está una región que aspira a ser nación: Cataluña (8,55). Y luego Aragón (7,71), Asturias (5,12), Extremadura (4,86), Castilla y León (4,12) y La Rioja (4,11), frente a Canarias (con 1,68), País Vasco (1,71), Murcia (2,38),  Galicia (2,41), Madrid (2,48), Navarra (2,97), Cantabria (3,24), Baleares (3,43) y  Comunidad Valenciana (3,56). Castilla-La Mancha, con unos espacios pequeños, se sitúa a la cabeza de España en el número de actividades organizadas por 1.000 habitantes. Indudablemente, junto al factor del espacio o de las colecciones, hay otros ingredientes que tienen que ver en un mejor y más eficaz servicio bibliotecario. Y ahí sin duda está la cuestión del personal bibliotecario: a pesar de políticos que se empeñan en no apoyar nítidamente las políticas bibliotecarias en los presupuestos públicos, la calidad y la entrega de los profesionales que trabajan en las bibliotecas obra este gran milagro. Hay que recordar que el Gobierno de CLM, a pesar de las promesas del presidente García-Page, no ha convocado las ayudas para ayuntamientos destinadas a actividades de animación a la lectura. ¡Es la lección de los bibliotecarios! Lo hacen con su esfuerzo generoso y, en muchos casos, contando con el apoyo entusiasta de las corporaciones locales. ¡Hay alcaldes y alcaldesas, y responsables de Cultura en los ayuntamientos, que se merecen público reconocimiento por apostar por las bibliotecas públicas!
A estos datos espectaculares, se une el resultado de un concurso que confirma esta situación: se ha resuelto  la XIX Campaña de Animación a la Lectura María Moliner, destinada a municipios de menos de 50.000 habitantes y que cada año convoca el Ministerio de Cultura y Deporte. Se premian un total de 300 proyectos, con un presupuesto total de 512.000 €. Cada biblioteca galardonada recibirá un premio en metálico de 1.706 euros, destinados a la adquisición de fondos para la biblioteca.  En la edición de 2018 se han presentado 546 proyectos. Castilla-La Mancha, como ocurriera el pasado año, lidera de forma absoluta la clasificación de las regiones: 57 bibliotecas municipales han sido premiadas. Luego están Andalucía (52), Valencia (29), Madrid (25), Castilla y León (16), Extremadura y Cantabria (15), Galicia (14), Asturias y Murcia (11), País Vasco (9), Canarias (6), Baleares y Navarra (4) y la Rioja (3).
Pero este éxito cuantitativo no es el único: en la campaña había tres “premios gordos”: tres proyectos recibirían un premio especial  de 10.000 € cada uno. Y en este cuadro de honor resulta que dos bibliotecas de Castilla-La Mancha han conseguido ese galardón: las de Herencia (Ciudad Real) y Villamalea (Albacete),  que junto a la biblioteca de Arucas (Las Palmas), son las que han conseguido estos máximos premios que financia la Fundación Banco Santander,  destinados a los mejores programas de promoción de la lectura.
El proyecto de la Biblioteca Pública Municipal Miguel de Cervantes de Herencia (Ciudad Real) se denomina  “Herencia de las palabras” y tiene el objetivo de convertir las palabras en un sello de identidad de este municipio de casi 9.000 vecinos y convertir a la biblioteca en el referente cultural en la localidad. Destaca por haber logrado que los lectores, los libros y la literatura se hayan adueñado de las calles del municipio.
En cuanto al proyecto de la Biblioteca Municipal de Villamalea (Albacete), denominado “Villamalee, 50 años haciendo biblioteca”,  se ha desarrollado gracias al Pacto local por la Lectura que suscribieron este año los sectores económico, social, educativo, cultural e institucional del municipio, por el que se comprometieron a crear y consolidar los hábitos de lectura de los 4.211 vecinos en esta localidad.
Además, la Comisión de valoración ha destacado otros tres proyectos de animación a la lectura por su importancia y calidad, otorgando tres menciones especiales. Una de ellas es otro centro de nuestra región: la Biblioteca Pública de Alovera (Guadalajara).

En suma, que se demuestra la importancia que tienen los profesionales en la vitalidad de nuestras bibliotecas. Ello debería hacer reflexionar al Gobierno de Castilla-La Mancha: un total de 480 bibliotecas municipales que dan servicio continuado a su población y que reciben menos del Gobierno regional de lo que se gasta en una única exposición. No voy a insistir en ofrecer ahora nuevamente los datos. Pero el éxito de las bibliotecas municipales de Castilla-La Mancha sucede a pesar del desinterés que nuestros gobernantes demuestran por unos servicios públicos esenciales y que consiguen día a día el encuentro con sus ciudadanos.

lunes, 15 de octubre de 2018

Toledo desde el cielo de la Biblioteca


Toledo desde el cielo de la Biblioteca

 
            He escrito bastantes artículos sobre la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Probablemente una síntesis de su desarrollo y aportaciones se publicó al cumplirse los 80 años del inicio de la Guerra Civil, el 18 de julio de 2016, titulado “La Biblioteca de Castilla-La Mancha, signo de reconciliación”. Por ello no insistiré en la historia de la puesta en marcha de la Biblioteca ni en sus logros a lo largo de estas dos décadas. Intentaré recordar algunos de los sueños que se cumplen este 16 de octubre de 2018.
            Que sea una biblioteca pública para ciudadanos de todo tipo y edades. Las bibliotecas, por carácter, son para todos los públicos y además no hay barreras ideológicas, raciales, religiosas, sociales, de edad….A veces se hacen bibliotecas exclusivamente para niños o para jóvenes. Todo es positivo, pero mi opción es que las bibliotecas integren a personas de cualquier edad. Que los niños convivan con personas mayores, que los emigrantes sean acogidos y participen con la comunidad, que los jóvenes perciban que allí están algunos de sus profesores; que artistas, escritores y profesionales tengan en la biblioteca su lugar mágico de encuentro con la sociedad.
            Yo escuchaba frecuentemente a mi maestra Julia Méndez Aparicio, directora de la Biblioteca de Toledo que fue nombrada directora honoraria de la Biblioteca de Castilla-La Mancha en 2013, que niños, jóvenes, adultos, ancianos….tenían que convivir con investigadores, educadores y todo tipo de creadores. Eso me llevaba a que la biblioteca en el Alcázar tenía que acoger todos los servicios de biblioteca pública. Y no tenía sentido hacer una biblioteca especial denominada Biblioteca Regional, más considerando los ricos fondos bibliográficos que atesoraba la biblioteca de Toledo. Por eso el segundo sueño fue que hubiera una única biblioteca, y que el ciudadano no percibiera que había dos centros: biblioteca pública del Estado en Toledo y Biblioteca Regional. Fue una decisión valiente y arriesgada, no asumida por casi ninguna otra comunidad autónoma pero el tiempo nos ha dado la razón. La Biblioteca de CLM integra dos bibliotecas con una única dirección, una única plantilla profesional y un único catálogo.
            Pero no fue fácil. En 1984 queríamos dedicar todo el Alcázar a gran centro cultural,  con la base esencial de la biblioteca. Hubo parones, convenios, desencuentros, promesas… El Gobierno de CLM, como ha hecho en otros temas esenciales para la región (universidad, Cabañeros….) estuvo firme y luchó por su sueño: conseguir que el Alcázar fuese centro de cultura y finalizase el largo período de imagen de división y guerra que el edificio tenía. Por ello aceptó en un momento concreto que sólo se ocupase la planta noble del edificio. Yo no podía compartir esa decisión. Es verdad que veía en el Alcázar la solución a los problemas de espacio y limitaciones de la Biblioteca en el Miradero, pero aceptar esa solución significaba que sólo llegaría al edificio alcazareño la Colección Borbón-Lorenzana, es decir el fondo antiguo, mientras que el resto de salas y servicios de la Biblioteca permanecerían en el Miradero y no se creaba la Biblioteca Regional. Me opuse con todas mis fuerzas a esa solución. El sueño de la unidad de colecciones, usuarios y bibliotecas se esfumaba….En mi discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas el 29 de noviembre de 1992  fui contundente: yo era entonces Jefe del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas pero me opuse a la división de las colecciones y servicios, clamé por la Biblioteca Regional y me mostré partidario del Alcázar como sede. Las hemerotecas recogen mi clamor.
            Ser funcionario público te hace a menudo ponerte del lado de los ciudadanos y del sentido común. Por ello luché con todas mis fuerzas para que el Gobierno regional no se conformase con esa planta principal, que no resolvía ningún problema de la biblioteca ni de la cultura en Toledo. En febrero de 1993 hubo un manifiesto de intelectuales toledanos en favor de la instalación de la Biblioteca en el Alcázar, pero sin disgregación de fondos. Sin duda fue un factor determinante en la renegociación del convenio entre Defensa y la Junta. La solución sería la de utilizar la octava planta del edificio, además de los cuatro torreones.
            Todavía quedaría mucho camino pero empezaban a corregirse los mayores errores aceptados en la negociación. Los últimos dos años, incluso con la promesa de la instalación de la Biblioteca en el Alcázar, no fueron fáciles y a menudo hubo que utilizar tácticas casi de “guerrilla” y buscar el apoyo, de nuevo, de los intelectuales, ahora con alcance nacional.
            Se estaba a punto de conseguir el logro de un Alcázar que fuese lugar de encuentro de los ciudadanos, de cultura e información para todos, de debate público, de educación permanente, de propuestas ciudadanas…. El Alcázar era reconquistado para la cultura y la participación. Y ese logro influyó en una Biblioteca con un carácter distinto a buena parte de las bibliotecas del país. Una biblioteca que trabaja en coalición con la sociedad y que, recordando las palabras del filósofo toledano José Antonio Marina, es “el laboratorio de la ciudad soñada”.
            Hubo otro sueño. La Biblioteca de CLM nacía con recursos, con una importante plantilla de profesionales, con colecciones en todos los soportes, con un amplio y permanente programa de actividades culturales….Y  fue un espejo en el que la sociedad regional se miró: la Red de Bibliotecas Públicas de CLM, con sus cerca de 500 centros, debe mucho a la Biblioteca situada en el Alcázar. Alcaldes, concejales, profesores y ciudadanos querían en sus municipios una biblioteca como la del Alcázar, pero más pequeña. Fue sin duda uno de los motores para desarrollar los servicios bibliotecarios en nuestra comunidad autónoma. Las bibliotecas dejaron de ser lugares con una colección de libros y se convirtieron en ágora permanente, en un centro cultural y social esencial en cada municipio. Universalizar el acceso a los servicios bibliotecarios en la región, no conseguido totalmente, fue uno de los retos de la región, con bibliotecas que son faros de libertad, de actividad cultural y debate ciudadano.
            Y, aunque las bibliotecas normalmente se hacen en planta baja, a pie de suelo, en esta ocasión yo mismo estuve de acuerdo en que era una biblioteca muy especial: tuvimos que hacerla en el borde del cielo. Y así fue como logramos crear el lugar más singular: un centro para todos los ciudadanos que además permite situar la cultura como un valor por encima de los demás, o al menos más alto. Y nació una frase que quienes amamos este proyecto tenemos a gala: “Toledo desde el cielo de la Biblioteca.”