jueves, 15 de mayo de 2008

¡Qué error, qué inmenso error!



¡Qué error, qué inmenso error!*


            Uno de mis primeros artículos periodísticos, publicado hace ya tres décadas, se titulaba igual a éste que hoy escribo. Entonces me refería a la salomónica decisión del Ministerio de Cultura de dividir el convento de Santa Fe para ampliación de la biblioteca pública de Toledo y del museo de Santa Cruz. Han pasado muchas cosas desde entonces. Pero quiero recordar que, ante la protesta ciudadana que desencadenó aquella discutida decisión de los responsables ministeriales de Archivos y Bibliotecas, el siguiente director general, Jaime Salinas, primero que ocupó el cargo con el gobierno socialista, decidió archivar aquel polémico proyecto de división de Santa Fe, muy sorprendido por la polvareda y los ríos de tinta que provocó en la ciudad de Toledo en los años de la transición política. Y, ya se sabe, el Gobierno Regional supo buscar una buena sede para la Biblioteca: el Alcázar de Toledo.
            Ahora aplico el título al ya consumado cese de Joaquín Selgas como director de la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha. Escribir de un amigo te lleva a hacerlo con el corazón, pero intentaré que sea la razón la que mueva mis palabras. Conocí a Joaquín a mediados de los años noventa, y desde entonces tuvimos la posibilidad de colaborar en nuestros sueños de democratización del acceso a las bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha y en el conjunto país. Por nuestra región y en otras tierras, en congresos y reuniones técnicas, defendimos la misma bandera: que todos los ciudadanos, vivan donde vivan, tienen derecho a disfrutar de servicios bibliotecarios de calidad. Creo que contribuí a su formación profesional, pero luego he reconocido que mi compañero de viaje, de sueños, estaba llamado a convertirse en uno de los grandes profesionales españoles y del mundo en el ámbito bibliotecario. Y quienes hemos tenido la oportunidad de ver su calidad humana y profesional no dudamos en proyectarle.  Uno de los más emblemáticos encargos que la Consejería de Cultura le hizo fue que asumiese la dirección de la Biblioteca Regional, tras la marcha de quien la había puesto en funcionamiento en 1998: Carmen Sañudo, otra espléndida profesional y persona, que dejó profunda huella entre nosotros y que todavía nos honra con su amistad.
            Los seis años que Joaquín Selgas ha estado al frente de la Biblioteca han sido muy fecundos, con una gran proyección internacional de la Biblioteca gracias a su nombramiento como miembro de la Junta Directiva de la IFLA, el organismo internacional más importante en materia bibliotecaria. Ahí están sus memorias, los indicadores de calidad, el creciente número de lectores que acuden con avidez a disfrutar de los ejemplares servicios de esta biblioteca.  La Biblioteca Regional es hoy un referente ciudadano, social y cultural para la ciudad de Toledo y para el conjunto de la Comunidad Autónoma. La Biblioteca ha ido superando todos los problemas y creo que es uno de los centros que más satisfacciones ha dado a la ciudad de Toledo, a la región y al propio Gobierno Regional. Y es verdad que ha sido labor de equipo, pero mucha parte del éxito se debe a la maestría, al cariño, a la dedicación, a la profesionalidad envidiable mostrada por sus dos directores en esta década de vida.
            Quiero afirmar, también, que los proyectos que ahora se dice van a ponerse en marcha, como grandes novedades, no lo son: están descritos en los planes estratégicos que la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, con gran acierto, supo iniciar. El Plan de Desarrollo Bibliotecario “Bibliotecas Públicas Siglo XXI” y el nonnato (en el ámbito de la Consejería de Cultura) Plan de Lectura contenían ya proyectos como el Catálogo Colectivo de la Red de Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha o la Biblioteca Digital de Castilla-La Mancha y si no se desarrollaron fue por razones ajenas a la Biblioteca: la incapacidad de algunos responsables políticos del área de la cultura y las bibliotecas, que por cierto fueron cesados muy pronto de sus cargos, como muestra de su inoperancia. Estas cosas las he repetido en sucesivos artículos periodísticos publicados en los últimos años, y no son pues consecuencia de la indignación que el cese de Joaquín Selgas me produce.
            Me alegra mucho que las asociaciones profesionales de toda España estén reconociendo la valía intelectual, profesional y humana de Joaquín. Y me produce mucha satisfacción ver que los propios protagonistas cotidianos de la vida de la biblioteca regional, que son los usuarios, hayan elevado su voz pidiendo a las autoridades que se rectifique y que Joaquín Selgas vuelva a dirigir la Biblioteca.
            No sobra nadie  en Castilla-La Mancha. Pero, desde luego, me parece un lujo aberrante prescindir de una persona tan valiosa, que tanto ha dado y tanto puede dar aún a nuestra joven región y a sus gentes. Espero que haya grandeza de miras y se rectifique. Estamos a tiempo. Rectificar es de sabios, dice el refranero castellano.  Ojalá que, como hiciera el Ministerio de Cultura del primer gobierno socialista con el proyecto de división de Santa Fe, se archive este cese y se le reponga en un puesto del que nunca debió salir. No pongo en tela de juicio las capacidades de quien se dice va a asumir la dirección pero, sinceramente, Castilla-La Mancha, que ha cumplido 25 años, y la Biblioteca Regional, que cumple 10 años de fructífera vida, no pueden prescindir de quien ha sido uno de sus grandes artífices: Joaquín Selgas.


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