domingo, 10 de septiembre de 2017

“En esta sociedad los bibliotecarios estamos llamados a ser agitadores”



“En esta sociedad los bibliotecarios estamos llamados a ser agitadores”



Juan Sánchez Sánchez (Toledo, 1952) escoge al azar un libro en la Sala de Préstamo de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, su destino durante los cinco últimos años, tras más de cuatro décadas de carrera. «Ha salido Neruda», dice, mientras mira a la cámara escasas horas antes del día de su jubilación. El exjefe de gabinete de José María Barreda, antiguo jefe de servicio de Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha, no ha esperado hasta el día de su jubilación para reivindicar a las administraciones públicas un respeto por su medio natural. Las hemerotecas están ahí, lo mismo que una novela, Rebelión por la Biblioteca (Ledoria, 2013), en la que levantó en armas a toda una ciudad por el cese de un bibliotecario. «Los libros que más te ayudan -lee, frente al fotógrafo- son aquellos que más te hacen pensar. Un gran libro de un gran pensador es un buque de pensamiento, cargado de belleza y verdad».
Antes de preguntarle por su jubilación: ¿Cuáles son las necesidades más perentorias de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que ahora abandona?
Fundamentalmente, el depósito bibliográfico del Miradero. Hace años, la Junta de Comunidades proyectó la construcción de un nuevo edificio en el barrio de Santa María de Benquerencia que habría permitido dar servicio tanto a la Biblioteca de Castilla-La Mancha como a las bibliotecas provinciales. Desgraciadamente, el proyecto no salió adelante. Creo que debería ser el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes quien se encargase de esa labor, ya que cuando se constituyó la Biblioteca de Castilla-La Mancha -que además de ser de carácter regional es biblioteca pública del Estado- no aportó recurso alguno. Si el Ministerio tomase cartas en el asunto, además, el actual depósito del Miradero (donde acaba de hacerse una pequeña actuación para mejorar su seguridad) podría quedar integrado dentro de los espacios que requiere el Museo de Santa Cruz.
¿Cumple la última planta del Alcázar con las necesidades de esta doble biblioteca?
La Biblioteca de Castilla-La Mancha es muy especial, porque además de ser una biblioteca pública es una biblioteca de conservación. Esto quiere decir que alberga, además de los fondos procedentes de nuevas adquisiciones y del depósito legal, una impresionante colección de fondo antiguo formada por más de 100.000 documentos (en total, más de 450.000, en formatos que van desde soportes musicales hasta manuscritos). Tenemos, sin duda, los fondos históricos más importantes entre todas las bibliotecas públicas del país. Nuestro espacio es grande, pero se nos comen los depósitos. De ahí nuestra necesidad de contar con espacios de refuerzo. Estamos intentando reaprovechar, más que remodelar, algunas de nuestras estancias para que puedan ser mejor aprovechadas por los ciudadanos, especialmente por los clubes de lectura. La Hemeroteca, por ejemplo: las consultas pueden hacerse en la Sala General, lo que a cambio podría permitir que se reunieran en ella los clubes o celebrar talleres con carácter puntual.
¿Diría que es necesaria una nueva Biblioteca?
No. A esta ciudad lo que le hacen falta son nuevas bibliotecas, en plural. Es decir, constituir una red específica o un consorcio de bibliotecas a partir de las que ya existen (y que están integradas en la Red de Bibliotecas de Castilla-La Mancha). Sería posible a través de un convenio entre la Junta de Comunidades y el Ayuntamiento, y permitiría repartir la actividad cultural por los barrios. No es razonable que una sola biblioteca -que, obviamente, estaría a la cabeza de ese consorcio por su carácter de referente- concentre toda la actividad cultural y que Santa María de Benquerencia, con sus veinte mil vecinos, no tenga una biblioteca decente, que abra todo el día. Tampoco hay biblioteca en el barrio de Santa Teresa-Reconquista, cuando lo deseable sería que fueran lo más accesibles posible, para que los padres pudieran acudir a ellas cómodamente con sus hijos. Claro, en la región hay ciudades que están peor, como Guadalajara, donde sólo existe la biblioteca pública del Estado, sin ninguna municipal; pero hay otras mejor, como Albacete, con una red de trece bibliotecas municipales espléndida.
Si tuviera que hacer un diagnóstico, ¿cómo están las bibliotecas en Toledo?
Muy atrasadas. Llevan en el mismo estado veinte años. No han progresado en recursos, en personal, en horarios... Uno de los problemas de Toledo es que nunca se ha hecho de las bibliotecas un proyecto de ciudad. Lo mismo que sucede con la gestión de otros de sus muchos recursos culturales, que suelen ser entendidos como una especie de baúl, un contenedor de maravillas históricas que no es necesario mantener abierto permanentemente. No hablo de la capacidad de los bibliotecarios, que son espléndidos, sino de falta de recursos, que es básicamente la principal de las necesidades por las que antes me preguntaba. La Biblioteca de Castilla-La Mancha sólo puede gestionar actualmente una cuarta parte de su presupuesto, apenas 50.000 euros, para adquirir novedades y fondos de temática regional, menor que el de la Biblioteca José Hierro de Talavera, de carácter municipal . Eso no ayuda. Hemos tenido que renunciar a varias suscripciones, algo que hace resentirse a nuestras colecciones. Es cierto que hemos intentado compensarlo incrementando el número de actividades culturales, pero también para eso contamos con un presupuesto reducido, aunque  en estos cinco años hemos contado con el mecenazgo puntual de Caja Rural, Fundación La Caixa, recursos europeos, Unesco... Pero no es suficiente. No, si queremos unas bibliotecas modernas. Otra cosa es que queramos torres de marfil desconectadas de la sociedad.
¿Qué sería lo deseable?
Precisamente eso: bibliotecas que sirvan a la sociedad, que no se encierren en sí mismas, que sean lugares para la creatividad, donde tengan cabida artistas y pensadores. Me gusta mucho una frase del filósofo José Antonio Marina, que dijo que la Biblioteca de Castilla-La Mancha era un laboratorio para la ciudad, que el Ayuntamiento de Toledo debería mirarse en ella. Durante los últimos años, aparte de conservar nuestros depósitos -aunque con unas instalaciones de climatización que tienen ya veinte años y que el Ministerio debe renovar-, hemos configurado una biblioteca muy viva, donde además de leer y navegar por Internet es posible asistir a debates, participar en propuestas ciudadanas, clubes de lectura, talleres...
¿No teme que con su marcha se supriman esas dinámicas, incluidas algunas tan específicas como Biblioteca Solidaria?
Espero que no, porque solidaridad y participación suelen ir de la mano. Estrategias como Biblioteca Solidaria [por la que la Biblioteca de Castilla-La Mancha ha sido recientemente premiada por el Banco de Alimentos de Toledo] no dependen tanto de recursos -aunque siempre son bien recibidos- como del capital humano. Estos últimos años, nos tocó la lotería al contar con gente como Alfonso González Calero y Emilio Recio, que traían un enorme bagaje procedente del mundo de los libros, el periodismo y el teatro. Ellos ya no están en la Biblioteca porque también se han jubilado, pero contamos con un equipo joven y muy ilusionado. De hecho, será la primera vez que el personal dedicado a actividades culturales esté enteramente formado por profesionales bibliotecarios. Ellos son conscientes de que las bibliotecas actuales no se conciben sin una programación prácticamente diaria de actividades, y que deben estar abiertas a quien desee presentar un libro u ofrecer un concierto. Y lo mismo digo de los proyectos solidarios, la cooperación con inmigrantes y, por supuesto, con los jóvenes.
En muchas ocasiones ha manifestado su intención de potenciar las actividades para ellos.
Es que es imprescindible. Está comprobado que los jóvenes dejan de leer durante su paso por la Enseñanza Secundaria, algo a lo que sin lugar a dudas contribuye que no haya bibliotecas escolares. En tiempos de bonanza, se dotó a los centros de aulas informáticas, orientadores, profesores de idiomas..., pero nunca se planteó la necesidad de profesionales de las bibliotecas, animadores de la lectura no sólo para los jóvenes, sino también para sus familias y para los propios profesores, que a veces han hecho barbaridades. Una biblioteca escolar no es un simple espacio que se abre a una hora y se cierra a otra para que un grupo de niños se reúnan a estudiar. Creo que el fortalecimiento de las bibliotecas escolares es una asignatura pendiente y que éstas, combinadas con las bibliotecas públicas, podrían aportar muchísimo para la generación de una sociedad lectora en nuestro país. En realidad, es fundamental contar con niños y jóvenes que lean si queremos construir ciudadanos libres, críticos, constructivos, participativos.
¿Comparten las administraciones actuales esa visión?
La mayoría de los políticos de esta región frecuenta muy poco las bibliotecas. Vienen sólo en actos institucionales, y muchos ni eso. No han descubierto la grandeza democrática de estos edificios, que dan la bienvenida a todos por igual y que poseen un fuerte compromiso social. Nuestros políticos tienden a hacer de esta actividad una profesión, cuando en realidad debería ser un servicio a la comunidad durante un tiempo limitado. En contra de lo que decía el verso de León Felipe, se les ha acostumbrado el pie a pisar el mismo suelo. Me asombra, por ejemplo, que los grupos parlamentarios autonómicos no tengan una dirección de correo electrónico personalizada a la que los ciudadanos puedan enviarles sus propuestas y sus quejas. ¿Por qué no lo implantan? No disponer de eso a estas alturas me parece faltar al respeto a los ciudadanos. Y en políticas bibliotecarias, lamentablemente, no hemos tenido mucha suerte en este país. Yo he reivindicado una Ley de Coordinación Bibliotecaria en España desde tiempos de la Transición. Fue promesa electoral del PSOE y nunca se hizo. Sólo en 2007, tras muchos debates y propuestas, tras estar cerca de dos años tramitándola, cuando estaba ya todo aprobado y aceptadas las enmiendas, el PSOE la echó por tierra, dejándola en agua de borrajas. Para mí fue incomprensible.
Diez años después, ¿cómo está la situación en Castilla-La Mancha?
Esta región, por desgracia, mantiene muchos de los problemas que sus bibliotecas tenían en 1995 o 2000. Algunos, incluso, se han agudizado, porque en comparación con aquellos años los gobiernos regionales no han sido fieles a su compromiso de apoyar las bibliotecas públicas. De hecho, la Junta de Comunidades ha abandonado prácticamente desde 2010 la parte de financiación que le corresponde junto a ayuntamientos y diputaciones. Estos dos últimos hacen lo que pueden, pero que la Junta no haga más es grave, porque las bibliotecas públicas constituyen la unidad social y cultural más básica y democrática de los municipios. Y aún así, con todo, las bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha se sitúan al frente de España en número de actividades culturales (diecisiete) por cada mil habitantes. La mayor parte de ellas, organizadas prácticamente sin dinero. Cataluña, que en comparación podría considerarse una región por encima de la nuestra, no promueve más de ocho por cada mil. Hablo de toda la comunidad autónoma -en donde el 70% de los municipios no posee una biblioteca pública: es un auténtico erial-, no de la ciudad de Barcelona, cuya política bibliotecaria es excelente.
¿No tiene esperanzas en los nuevos presupuestos?
No voy a ser yo quien critique la importancia de la garantía social ni lo que ha pactado el PSOE con Podemos, pero: ¿no podrían haber dedicado dos o tres millones a apoyar el funcionamiento de unas bibliotecas que prestan servicio a un treinta y tres por ciento de los ciudadanos? ¿Es que no son conscientes de que no existe en Castilla-La Mancha ningún partido político o asociación sindical que expida tantos carnés como la Red de Bibliotecas? Hablamos de una cantidad enorme de personas y muchas de ellas saben que el Gobierno regional, al no dotar sus bibliotecas como merecen, les está dando la espalda.
¿Cree que los usuarios podrían llegar a movilizarse para reivindicar mejoras?
Los usuarios, esencialmente, no son muy distintos en comparación con el ciudadano medio. Pero sí suelen ser más participativos, porque además de quienes vienen a las bibliotecas a leer o a llevarse libros en préstamo contamos con miembros de clubes de lectura, socios de la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, plataformas y colectivos reivindicativos... Ellos saben que las puertas de esta biblioteca las tienen abiertas, aunque eso no siempre siente bien a las administraciones (¿Cómo voy a negar a los afectados por el amianto, en Santa María de Benquerencia, el dar charlas o incluso instalar una pequeña exposición, aunque eso pueda no sentar bien en la Junta...?). En 1976, cuando reunir firmas aún estaba prohibido, nos movilizamos para evitar el cierre de los bibliobuses. En 1980, estando Jaime Salinas de director general del Libro y Bibliotecas [con Javier Solana como ministro de Cultura, durante el primer mandato de Felipe González], se maravilló de que los toledanos -Fernando Martínez Gil, Rafael del Cerro, mi hermano Isidro [fundador y anterior director del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha] y yo mismo- hubiesen creado un Comité de Defensa de la Biblioteca Pública. Creo firmemente que los bibliotecarios tenemos que ser agitadores. Creadores de opinión. Y eso, fíjese lo que le digo, nos convierte en gente “peligrosa”. De entrada, estamos más en contacto con la realidad que muchos políticos, y esa relación con el ciudadano, y trabajar a su servicio, nos convierte en la institución más democrática de todas. Ojalá existiese la posibilidad de organizarse y exigir a la Junta esos tres millones de euros. Desde luego, hay que luchar por las cosas en las que uno cree.
¿Estaría orgullosa su maestra, Julia Méndez Aparicio, de su labor a lo largo de estas cuatro décadas?
Somos amigos desde hace muchísimos años. Es una persona a la que quiero y a quien respeto muchísimo por su postura en defensa de las bibliotecas públicas, un tema sobre el cual escribió un libro junto a su hermano Juan Antonio, La biblioteca pública: índice del subdesarrollo español (Madrid, 1984). Creo que hizo mucho por esta ciudad y que conseguimos cumplir su sueño de reunir las colecciones en el Alcázar (porque inicialmente venía sólo fondo antiguo y el resto de la biblioteca pública se quedaba en el Miradero; la Biblioteca de Castilla-La Mancha, ni existía aún).
¿A qué otras personas recuerda, justo antes de su jubilación?
Aprendí mucho también de Modesto Triviño, que era el técnico que me enseñó a catalogar, una persona extremadamente amable. Siempre he tenido la suerte de contar con equipos maravillosos, así que me acuerdo bien de todos ellos. Joaquín Selgas, por ejemplo, a quien propuse hace años como director, un bibliotecario con una capacidad y profesionalidad tremendas. En él, precisamente, está inspirada mi novela Rebelión por la Biblioteca (Ledoria, 2013), porque me dolió más su cese que el mío como jefe de servicio. Recuerdo también a Javier Docampo, que ha tenido una magnífica carrera en la Biblioteca del Museo del Prado y ahora está en la Biblioteca Nacional. A Carmen Sañudo, la primera directora, a quien por cierto me costó mucho convencer para que aceptase el cargo. Y a Óscar Arroyo, actual jefe de servicio de bibliotecas. No quiero seguir porque sería injusto no mencionarlos a todos. Sí me gustaría destacar, y así los englobo, la figura del bibliotecario municipal. Les admiro profundamente, porque son profesionales capaces de hacer mucho con muy poco.

Entrevista publicada en La Tribuna de Toledo.
Fecha: 10 de septiembre de 2017.
Título principal: "En esta sociedad, los bibliotecarios estamos llamados a ser agitadores".
Entrevistador: Adolfo de Mingo.
Fotógrafo: Víctor Ballesteros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario