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sábado, 20 de enero de 2018

¿Bibliobuses en el siglo XXI? Bibliotecas para los más vulnerables.



¿Bibliobuses en el siglo XXI?
Bibliotecas para los más vulnerables.


            No olvido una fecha: el 9 de julio de 1973. Entonces comencé una aventura apasionante: recorrer los pueblos de la provincia de Toledo llevando libros a los ciudadanos de 168 municipios. Eran los últimos años del franquismo y se unió el tesón de una bibliotecaria -la leonesa y toledana de adopción Julia Méndez Aparicio- con un gobernador ilustrado y amante de los libros -Jaime de Foxá. Eran dos bibliobuses que fueron la sorpresa de unos pueblos en tantos aspectos abandonados y marginados. Por primera vez una provincia española atendía totalmente a sus municipios en servicios bibliotecarios y todas las localidades que carecían de biblioteca recibían este milagro de la cultura que era un bibliobús. Yo recorrí la Mancha, Sagra,  Mesa de Ocaña, la zona de Torrijos y los pueblos más cercanos a la capital…Y de esa forma me enamoré de mi provincia y de la función que realizan las bibliotecas, especialmente en el medio rural. La provincia de Toledo fue pionera, en gran parte gracias al apoyo de la Diputación Provincial, que a pesar de esos años del tardofranquismo, miraba con amor a los pueblos.
            De aquello hace ya cerca de 45 años. Y  aquella labor, que he narrado en artículos periodísticos y en alguno de mis libros, influyó en mí poderosamente en un principio: los ciudadanos tienen derecho a leer, a recibir información, a vivir la cultura, residan donde residan. Y en esas sigo. Por eso me emociona que desde hace varios años se haya impulsado en España la celebración del Día del Bibliobús, el 28 de enero. Fue por empeño de otro leonés, Roberto Soto, y de la asociación ACLEBIM, que promueve y defiende las bibliotecas móviles y su necesidad ineludible en pequeños municipios y barrios de grandes ciudades. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte apoyó esta celebración, igual que lo hacen la mayoría de las comunidades autónomas. Sin embargo este buen deseo no se compadece en general con su apoyo a estas bibliotecas que son esenciales para los ciudadanos sin voz, para quienes viven muchas veces olvidados en aldeas y pequeños municipios.
            Según la estadística de 2015, un total de 1.920 municipios españoles son atendidos por un bibliobús. Pero lamentablemente 3.106 municipios españoles carecen de cualquier servicio bibliotecario; de ellos, 2.185 tienen menos de 400 habitantes; y 497 entre 401 y 1.000 habitantes.  Es el drama del medio rural en España, de una población que es pequeña en cuanto a que hablamos de poco más de un millón y medio de ciudadanos pero que afecta a tres millares de municipios olvidados por los responsables políticos de todos los signos. Incluso las comunidades con mayor PIB, como Cataluña, no se salvan de ese olvido y tienen más de quinientos municipios sin servicio.
            Tuve la fortuna de desarrollar el Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas y ello me dio la posibilidad de luchar por algunos de mis sueños y retos. El más importante, sin duda, fue mi lucha para universalizar el derecho a servicios bibliotecarios para toda la población. En Castilla-La Mancha estuvimos a punto de hacerlo. Impulsamos una política bibliotecaria muy progresista y democratizadora de estos servicios y ello, con la complicidad de los ayuntamientos, permitió al Gobierno regional impulsar una Red de Bibliotecas Públicas muy importante, que permitió contar con bibliotecas a todos los municipios mayores de mil habitantes e incluso a muchos con menor población. En 2011 sólo 87 de los 915 municipios de la región carecían de servicios bibliotecarios, bien fuesen fijos o móviles; pero en 2015, último año del que disponemos de estadísticas para el conjunto de España, eran 229 los municipios sin servicio y 279 los municipios atendidos por bibliobús.
            Durante los primeros años del siglo XXI el Gobierno de Castilla-La Mancha potenció los servicios de bibliobús, invirtiendo en una flota de 11 vehículos e intentando el apoyo de las diputaciones provinciales, que tienen la responsabilidad de atender a los municipios más pequeños. Pero la crisis económica y la falta de políticos utópicos dió al traste con aquella utopía de la universalización. La Ley 3/2011, de la Lectura y de las Bibliotecas de Castilla-La Mancha, explicitó claramente la competencia de cada Administración pública respecto a las bibliotecas y servicios de fomento de la lectura en los municipios de menor población. Se diseñó un sistema bibliotecario basado en el reparto competencial y financiero entre Administración regional, diputaciones provinciales y ayuntamientos. A pesar de escuchar a políticos regionales y provinciales continuamente sobre la importancia del desarrollo rural y de poner en marcha programas de apoyo a los municipios más pequeños, las Diputaciones Provinciales tienen en el abandono más absoluto este servicio. De los once vehículos con que contamos en Castilla-La Mancha, en la actualidad sólo siete prestan servicio y hay alguno que todavía no ha podido ponerse en funcionamiento. Ello significa que si se pusiesen en marcha los bibliobuses que no están parados podría completarse la atención a todos los municipios de la región que carecen de biblioteca. ¡Qué irresponsabilidad del Gobierno regional y de las diputaciones provinciales! ¡Tienen en los garajes unos bibliobuses que fueron adquiridos con el dinero de los castellano-manchegos! ¿No es una manera de malversar los fondos y recursos públicos?
Las diputaciones de Ciudad Real y Cuenca no aportan ni un euro a los servicios bibliotecarios y no tienen firmado convenio de colaboración en esta materia con el Gobierno regional. La de Albacete aporta la “grandiosa” suma de 20.000 euros al año y la de Guadalajara, en una provincia con tantas necesidades, 60.000 euros. Toledo, que siempre fue referente, en la actualidad  se limita a poner el personal que históricamente asumió sin hacer otras aportaciones. Por supuesto ninguna Diputación parece dispuesta a apoyar la puesta en marcha de los bibliobuses que están paralizados ni a colaborar en un plan de actividades de animación a la lectura que potencie este importante servicio cultural.
            Las Diputaciones, si no cumplen sus fines, deberían desaparecer. No tiene ningún sentido que se dediquen a organizar actividades de relumbrón en las propias capitales de provincia olvidando a los pequeños municipios, que son a los que se deben fundamentalmente. Si las diputaciones necesitan para su justificación salir en los medios de comunicación, y de ahí lo de organizar tantas actividades en las ciudades, tal vez sea el momento de replantear su existencia. Cuando repasamos la estadística de bibliotecas de 2015 siento vergüenza cuando veo que las diputaciones provinciales de CLM aportaron ese año sólo 5.890 euros para bibliotecas (no estaría cuantificado el gasto en personal de la provincia de Toledo), con una cifra ridícula cuando se compara con las diputaciones de otras regiones.
            Tengo que hacer un descargo: esta falta de apoyo de las diputaciones provinciales se suma a la falta de iniciativa del Gobierno regional, que abandonó su liderazgo ideológico en materia de bibliotecas y también su apoyo económico a las bibliotecas municipales. ¿Cómo puede ser ejemplo quien en toda esta década tiene olvidadas a las bibliotecas municipales?
            El 28 de enero celebramos el Día del Bibliobús. Estas bibliotecas móviles continúan siendo necesarias en nuestro tiempo, y son imprescindibles en una comunidad autónoma tan rural y con tantísimos municipios pequeños como es Castilla-La Mancha. Otras regiones no han querido comprometerse tan claramente como nuestra comunidad autónoma con el derecho a disponer de servicios bibliotecarios. Fíjense qué claro este artículo de nuestra vigente Ley de Bibliotecas: “Artículo 35. Derechos de la ciudadanía. 1. Queda garantizado el acceso libre y gratuito a servicios bibliotecarios de carácter público en todos los municipios de Castilla-La Mancha”.

miércoles, 28 de noviembre de 1979

El libro, viajero ilustre por los pueblos toledanos



El libro, viajero ilustre por los pueblos toledanos*


               El día 19 de febrero del presente año se reanudó en nuestra provincia el funcionamiento del servicio de Bibliotecas Móviles (Bibliobuses). Habían transcurrido más de 2 años de inactividad de dicho servicio y existían temores y recelos sobre la reacción del  público. Y no hay duda de que ésta ha sido tremendamente favorable: los lectores aumentan estrepitosamente. Parece como si todo el ansia de LEER hubiese estado contenido, reprimido, y ahora se desbordase en alegría y esperanza. En aproximadamente 6 meses de prestación real del servicio, se han registrado 9.337 inscripciones de socios en los 121 pueblos que visitan los 4 bibliobuses. Esta cifra resulta muy importante, y como dato significativo podemos señalar que en el primer año de funcionamiento (9-7-73 a 31-7-74) el número total de socios fue de 8.193, repartidos entre 179 núcleos de población. Es decir, en la mitad de tiempo y con 58 localidades menos, han aumentado los lectores. La primera consecuencia práctica que deducimos de estas cifras comparativas es que lo más difícil es empezar, desbrozar el camino. Una segunda consecuencia es que a mayor número de vehículos-bibliotecas aumenta la eficacia del servicio: en el primer año existían 2, después 4. Ahora sería necesario aumentar a 6 bibliobuses para potenciar la campaña.
               De todos modos, la labor efectuada hasta el momento permite la esperanza: terminar de una vez con el desencanto de este país, de esta provincia, de esta ciudad. A nuestro alrededor oíamos repetidamente el término apatía como definitorio de los toledanos. También escuchábamos que hay que interesar a los jóvenes para que se aficionen a actividades tan culturales y formativas como el teatro, el cine, el libro, ... y se dejen de tanto pasotismo, tanta discoteca y tanto rock. ¿Hasta cuando hemos de escuchar que el toledano es apático por naturaleza y que no se puede esperar nada de esa juventud pasota y desinteresada de cuanto le rodea? Estamos abiertamente en contra de esa teoría de la apatía y creemos que basta con organizar actividades de todo tipo para demostrar lo contrario: el toledano participará y vivirá ese nuevo ambiente. Que se dice que no lee, démosle un libro; que no ama el teatro, traigamos representaciones; que no le preocupa la música, organicemos recitales. Nuestra sociedad se ve agarrotada por los tópicos, que a su vez suministran la necesaria desesperanza para fomentar la inactividad. Rompamos lo tópicos, Y respecto a los jóvenes, ¿de qué nos quejamos y de qué nos sorprendemos? Tenemos la juventud que hemos heredado, casi la que hemos querido. ¿Qué ofrece, por ejemplo, nuestra ciudad a los jóvenes de 15 a 18 años? ¿Cuántos clubs juveniles, cuántas bibliotecas populares en los barrios, qué instalaciones deportivas? ¿Qué van a hacer unos jóvenes que dejaron los estudios y no encuentran trabajo, qué otros jóvenes que estudian y desean ocupar su tiempo libre?
               Nuestra ciudad, como todo el país, tiene un nuevo ayuntamiento, esta vez democrático. El de Toledo, prepara actualmente una ambiciosa planificación cultural para el año próximo (pese a encontrarse en precarias condiciones económicas). Si se hace una difusión adecuada de cuantos acontecimientos se realicen, Toledo –el pueblo toledano- responderá y se habrán roto los tópicos.
               Ya se han roto en el caso de la lectura (al menos en los pueblos donde llegan los bibliobuses. En nuestra ciudad, el problema de la Biblioteca Pública sigue latente). A la vista del cuadro siguiente, tenemos que creer en la esperanza: en nuestros pueblos más modestos ya hay más de un 7% de lectores, que aumentarán considerablemente en breve plazo de tiempo, siempre que el servicio se vaya adaptando a las nuevas y crecientes necesidades. De momento, la mayor parte de los lectores son niños. Pero ¿qué mayor riqueza y porvenir que la lectura en un niño?, un adulto-lector del mañana. ¿Y el hábito al libro, el acostumbrarse desde la infancia a tener como amigo a un libro, ahora cada quince días un amigo-libro, mañana quizá cada día un libro-amigo? Tenemos la experiencia de adolescentes que comenzaron leyendo novelas del oeste o de otras aventuras y al año leían ensayos de Don Miguel de Unamuno o de Ortega y Gasset. ¿Hay mayor muestra de la labor ejemplar del libro y de un servicio que hace llegar el libro a cada pueblo, como el visitante más ilustre, como el mensaje más verdadero de la fraternidad y la cultura? Otro dato: el servicio se presta en condiciones cualitativamente inferiores a las condiciones que marcan las normas internacionales para estos casos: aquí, un bibliobús atiende a un promedio de 32.112 habitantes, cifra que es más del doble de la recomendada por países con muchos años de experiencia en estas tareas, en los que el servicio de bibliotecas móviles se considera eficiente y rentable culturalemente cuando abastece a una población de 15.000 habitantes o 12.000 si es población más dispersa. Según estas cifras –emanadas de las indicaciones de la UNESCO-, sólo para cubrir las poblaciones menores de 3.000 habitantes, se necesitarían en nuestra provincia 11 bibliobuses. Pedir, pues, un mínimo de 6 no parece exagerado, sino un paso más en adecuar nuestras estructuras culturales a los niveles internacionales.


RESULTADOS DEL SERVICIO DE BIBLIOBUSES DE 19-2-79 a 30-9-79 (1)


BIBLIOBUS

ZONA

Nº PUEBLOS

HABITANTES

Nº DE SOCIOS

%
“A”
Jara I
34
28.277
1.952
6,9
“B”
Sagra
27
35.943
2.068
5,8
“C”
Jara II
30
30.035
2.282
7,6
“D”
Mancha
30
34.193
3.035
8,9
TOTAL
121
128.448
9.337
7,3
(1)     Se exceptúan el mes de julio, por vacaciones, y la 2ª quincena de septiembre, por labores de catalogación, reposición de libros, etc.

FUENTE: Elaboración propia, con datos facilitados por el Centro Coordinador de Bibliotecas de Toledo.

               Y, finalmente, una reflexión: en la primera época de los bibliobuses, se atendía a 179 municipios; es decir, todos los que no tenían y no podían tener legalmente abierta una Biblioteca Pública. Ahora, al no disponer del número de vehículos adecuado para una cobertura provincial racional y que sirviesen eficazmente a la población lectora a medio plazo, los criterios se han modificado. El resultado es la eliminación de bibliobuses en los siguientes casos:
               a) Ayuntamientos mayores de 3.000 habitantes, pues según las Normas para Bibliotecas Públicas deben tener su propia biblioteca.
               b) Las localidades que, siendo menores de 3.000 habitantes, se encuentran a una distancia importante de Toledo, con lo que no es posible incorporarlos a las rutas (ello llevaría implícitas una jornadas laborales de 12 ó 14 horas, que supondrían un número de horas extraordinarias mensuales superior al que permite la vigente Ley de relaciones laborales).
               En definitiva, además de los pueblos mayores de 3.000 habitantes (que deben tener Biblioteca Pública) son 49 núcleos de población –generalmente los más marginados y empobrecidos pueblos de la provincia- los que no reciben ni las migajas de pan cultural que significan los libros quincenales suministrados por las Bibliotecas Móviles. Pueblos de La Mancha, La Jara y los Montes de Toledo. Pueblos en donde el curso de la vida no se inmuta por esta inasistencia cultural, tan peligrosa para nuestra sociedad como la sanitaria o la educativa. Pueblos que son marginados por el mero hecho de estar un poco más lejos de la capital (¿no se había extinguido el centralismo?). Pueblos, en suma, sin ni siquiera fuerzas para pedir justicia y reclamar su derecho a la lectura, tal vez tan sólo por la sencilla razón de que cada vez son menos, para protestar, porque muchos de estos pueblos se han ido convirtiendo en un auténtico despoblado.
               Sería muy triste que a las eternas desigualdades que nos aquejan se añadiese esta otra, casi institucionalizada, entre los pueblos de una misma provincia, unos con derecho (con posibilidad) a leer y otros con derecho sólo (sin posibilidad) a poder soñar con un libro.
               El Ministerio de Cultura y la Diputación Provincial, mecenas principales de la obra, deben esforzarse aún más en proteger esta admirable tarea educativa que gestionó para Toledo el Centro Provincial Coordinador de Bibliotecas. Hace varios días, un verdadero humanista, Joaquín Ruiz Jiménez, recordaba en una conferencia sobre la Universidad (su razón y su sin razón) las recomendaciones de la UNESCO para los países en el sentido de que el presupuesto para la educación debería de ser del orden del 25% del total. Ello no parece factible, ciertamente, hoy. Pero sí es legítimo reclamar en el conjunto de la política educativa y cultural del Estado una mayor atención a las bibliotecas, en sus diversas vertientes. Toledo puede dar ejemplo al país: provincia pionera en el servicio de bibliobuses en cuento a la cobertura total de su territorio mediante estas bibliotecas, hoy se ve obligada a abandonar a muchos de sus pueblos. Esa atención que reclamábamos al Estado hacia la dotación de bibliotecas, la solicitamos a nuestros organismos provinciales: que apoyen con todas sus fuerzas y medios a su alcance un servicio verdaderamente modélico y entrañablemente popular. Que de nuevo Toledo sea La Ejemplar.
               Y a nuestros pueblos hoy marginados, a sus autoridades y educadores principalmente, les llamamos a la reflexión y al convencimiento de que sus gentes necesitan libros. Libros para ser libres. Libros para conocer nuestro pasado y nuestra realidad actual. Libros para que el campesino obtenga un guía de primera mano para mejorar sus cultivos. Libros para todos los hombres, en sus diversos campos profesionales, porque conozcan que el libro es auxiliar imprescindible para el ejercicio de su labor. Libros para que el anciano no aguarde sólo la llegada del último viaje contemplando el paso del  tiempo. Libros para enriquecer a una comunidad humana que aspira a ser autónoma. Libros para que las nuevas generaciones crezcan con una mentalidad abierta, tolerante y respetuosa de todas las ideas, par que un día realmente la imaginación pueda llegar al poder: una imaginación que salve al Hombre y le guíe por el camino de la verdad y la justicia.
               Y, finalmente, un grito, una voz fuerte, un llamamiento desde La Voz del Tajo, a todos esos pueblos toledanos, para que reclamen su derecho al LIBRO y a la LIBERTAD de creación mediante la continuada lectura.



* La Voz del Tajo (28-11-1979), págs. 38-39

viernes, 31 de marzo de 1978

Día Internacional del Libro Infantil



Día Internacional del Libro Infantil*


      Una fecha: 3 de abril. Dia Internacional del Libro Infantil. El mismo título de este día ya indica unos claros fines comerciales. En ese día, los escaparates rebosarán de libros infantiles, las editoriales lanzarán al mercado algún libro especial para la infancia, quizá las bibliotecas hagan en sus sedes algún acto difusor de la lectura entre los niños. Pero ¿a qué niños llegará esto? Seguramente a pocos. En la Biblioteca Pública de Toledo se abrió recientemente el préstamo infantil. Pero ¿y los niños de los pueblos? Generalmente sólo disponen de un TV deformante, pero... libros... Muchos de esos niños sólo conocen los de “texto”, a no ser que sean de los afortunados que durante varios años gozaron de los que quincenalmente les dejaban los bibliobuses.
            En efecto, en nuestra provincia se inició hace 4 años algo nuevo (antes sólo hubo en diversos barrios de las grandes capitales del país), un medio de que en el pueblo se enraizase la cultura, a través en este caso del libro. Iba destinado a pequeños y a mayores, a los que ya eran lectores y a los que apenas sabían leer. Allá donde no existía una biblioteca pública (casi 200 de los pueblos de la provincia), allí llegaron estos vehículos cargados de libros y de esperanzas que eran los bibliobuses. El sistema empezaba a dar sus frutos. Pero un día todo quedó parado. Los niños empezaron a esperar en vano la llegada de nuevos libros, de nuevo alimento para saciar el hambre de esa necesidad ahora descubierta: leer. En los organismos oficiales competentes se recibieron muchas cartas solicitando que volvieran, que no mataran esta esperanza que había nacido en tanto lector. Fundamentalmente en tanto niño. Pero fue inútil.
            No es momento ahora de comentar la situación de verdadera penuria que padecen los pueblos toledanos. Pero sí quiero pedir, yo adulto, en nombre de todos los niños que conocí, casi me atrevo a pedirlo en nombre de todos los de la provincia, que se haga justicia con ellos. La difusión de la lectura es hoy imprescindible en nuestro pueblo para lograr una sociedad no sólo más democrática, sino también más justa y más humana. Una sociedad en la que cada persona sea capaz de pensar y decidir por sí misma. Una persona que no se deje manipular por nada ni por nadie. En el adulto  empezar de nuevo es más difícil. Es en el niño donde debemos comenzar esta tarea. Es el niño de hoy el que será protagonista de la historia de nuestro pueblo mañana. Sabemos también que los medios económicos mandan. Pero en este caso, esto no es tan importante: el Ministerio hizo en su día el gran desembolso que supuso la compra de 4 bibliobuses totalmente equipados y muchos miles de libros.
            Yo fui uno de los que tuvo la gran suerte de llevar la esperanza en forma de libro a tanta gente de nuestros entrañables pueblos de La Mancha, La Sagra, Los Montes, ... Y, en la profunda convivencia que mantuve con esas personas, vi que en ellos había en principio mucha desconfianza. Que el pueblo estaba harto de promesas. Ahora, sobre todo los niños, han perdido la ocasión de seguir algo muy parecido a una formación integral, y son de nuevo desconfiados. Se creen conejillos de indias de una experiencia que era hermosa.
            Hoy, en estos tiempos de transición hacia una nueva (¿?) sociedad, en estos momentos en lo que el partido gubernamental se plantea y habla de una política cultural coherente, en estos meses en los que tanto político tratará de ganarse con promesas a la gente pensando en un voto para las futuras municipales, hoy, Dia Internacional del Libro Infantil, tengo que pedir a las autoridades provinciales que esos bibliobuses vuelvan a los pueblos toledanos. Que de nuevo el libro se ponga alegre de poder servir a su amigo lector. Tengo que recordarles a nuestras autoridades que un libro que está en un estante no sirve para nada. Y no es justo que algo que se ha comprado con el dinero y el esfuerzo de todos los ciudadanos-contribuyentes del pueblo español no se utilice.
            Hoy, 3 de abril, tengo que exigir a esas autoridades que se den cuenta de que no sólo es el momento de hacerse planteamientos y de filosofar acerca del concepto de Cultura. Aunque esto fuese importante, es ineludible ir simultaneando las promesas con los hechos, Y en nuestra provincia –que es paradójicamente de las que más carecen de tantas cosas- hay unos medios que deben ser utilizados de inmediato. En esta fecha, es preciso que no sólo se vendan libros. Es absolutamente necesario que nuestra provincia prosiga el camino de cultura popular que hace más de un año quedó truncado. Hoy, el mejor regalo que los mayores podemos hacer a todos los niños de nuestra provincia (y en general a todos sus ciudadanos, y consiguientemente, a la provincia misma) es que los bibliobuses se pongan nuevamente en camino.
            Y esto, por lo menos, para que todos los que conocemos cómo es realmente la vida de nuestros pueblos, podamos ser un poco menos escépticos ante tanta palabra incumplida.




* Escrito para La Voz del Tajo el 31-3-1978. Inédito. Se envió a este medio, entonces semanario, como “una carta abierta a nuestras autoridades”, pero no fue publicado. Fue recogido en el libro Combates por la biblioteca pública, págs.209-210.