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viernes, 8 de junio de 2018

DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA, DON PEDRO SÁNCHEZ, TRAS LA CELEBRACION DEL PRIMER CONSEJO DE MINISTROS (APÓCRIFO).


DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA, DON PEDRO SÁNCHEZ, TRAS LA CELEBRACION DEL PRIMER CONSEJO DE MINISTROS (APÓCRIFO).

Tras el debate de los temas que acabo de citarles, hemos cerrado esta primera sesión del Consejo de Ministros con una importante iniciativa en materia cultural. Como ya conocen, decidí recuperar un Ministerio específico dedicado a la Cultura como un signo inequívoco de la importancia que mi Gobierno concederá a la actividad cultural.

Durante los primeros años de la transición democrática el Partido Socialista Obrero Español  aspiró a dotar a España de una potente y moderna red de bibliotecas públicas, para lo que estimaba necesaria la promulgación de una Ley de Coordinación Bibliotecaria. La lectura es una de las necesidades humanas más importantes para formar ciudadanos libres, críticos y participativos, y los expertos no dudan en asignar a las bibliotecas públicas buena parte de esa función, en colaboración con los centros educativos y con las familias.

Durante tres décadas, nuestro país realizó una ingente labor para dotar a los municipios de este servicio público, que fue posible fundamentalmente gracias al esfuerzo de los ayuntamientos y las comunidades autónomas. Legalmente las bibliotecas son una competencia concurrente del conjunto de Administraciones Públicas. Ese esfuerzo, que hoy es reconocido, fue distinto y se han producido desigualdades entre los ciudadanos de las distintas regiones e incluso de localidades similares en población. Por distintas razones, hasta bien entrada la primera década del siglo XXI no se promulgó la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas, largamente esperada pero que no resolvió los problemas históricos de las bibliotecas españolas, quizá porque no existió la convicción política necesaria para ello.

Aunque las competencias para desarrollar políticas bibliotecarias son de las comunidades autónomas y la creación de bibliotecas en general lo es lo de los ayuntamientos, entendemos que la Administración General del Estado tiene competencias de coordinación y para asegurar que los servicios bibliotecarios lleguen a todos los españoles. La Constitución Española lo dice claramente: el artículo 149.1.1ª) resulta esencial para valorar el papel ministerial en la resolución de estas desigualdades: “El Estado tiene competencia exclusiva sobre…la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en el incumplimiento de los deberes constitucionales.” Y el artículo 150.3 prevé incluso que “… podrá dictar leyes que establezcan los principios necesarios para armonizar las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, aun en el caso de materias atribuidas a la competencia de éstas, cuando así lo exija el interés general…”

Por todo ello, y valorando como esencial el valor de las bibliotecas públicas en la actual sociedad de la información y del conocimiento y su importancia en una sociedad democrática, he dispuesto nombrar un Comisionado especial para la Biblioteca Pública, que dependerá directamente de la Presidencia del Gobierno de España, y que estará en estrecho contacto con los titulares de los ministerios de Cultura y Deporte y de Educación y Formación Profesional para diseñar una política de Estado en materia de acceso a la información y lectura pública que tenga como pilares las redes autonómicas de las bibliotecas públicas y los recursos existentes o que se puedan crear en el ámbito de las bibliotecas escolares en cada sistema regional educativo.

A tal efecto, establezco, inicialmente, la siguiente hoja de ruta que deberá tenerse en cuenta por los tres responsables mencionados:

1)    En la primera Conferencia de Presidentes que se celebre se incluirá un informe sobre la situación del servicio de biblioteca pública en el conjunto del país. Desde la Presidencia del Gobierno se promoverá un gran pacto de Estado en materia de bibliotecas entre el Gobierno de España y los gobiernos de las 17 comunidades autónomas.

2)    Nombramiento de un grupo de expertos para elaborar un  informe que contenga las bases sobre las que deberá redactarse la necesaria Ley de Coordinación de Bibliotecas y Lectura pública. Lógicamente, esta Ley sólo podrá plantearse desde el Pacto de Estado que he mencionado anteriormente.

3)    Encargo a un grupo de expertos de un informe para afrontar la figura de la Biblioteca escolar en el sistema educativo en sus niveles de educación infantil, primaria y secundaria.

4)    Estrategias a seguir para resolver la carencia de servicios bibliotecarios en los más de 3.000 municipios españoles que actualmente no disponen de biblioteca o de servicio de bibliobús.

5)    Diseño de un plan que promueva los valores de la lectura y la información, fundamentalmente desde los servicios bibliotecarios, utilizando los medios de comunicación audiovisuales públicos.



Sin duda, los últimos años, de crisis económica y de recortes presupuestarios, han afectado a las políticas culturales en la mayoría de las regiones y municipios. En las localidades más pequeñas, las bibliotecas han sobrevivido a pesar de los escasos recursos gracias a unos profesionales muy comprometidos con su actividad y a la implicación de estos centros en la sociedad. Entiendo que contar con un sistema nacional de bibliotecas públicas es una necesidad para reforzar una sociedad democrática, y por ello las bibliotecas han de estabilizarse y formar parte de los servicios públicos esenciales de la sociedad española de nuestro tiempo. No pueden dependen de vaivenes políticos o económicos o del voluntarismo político o técnico. Los indicadores de las bibliotecas españolas son elocuentes y muestran que los españoles tienen mayor aprecio e interés por la lectura que los que a veces indican las encuestas. Que un tercio de la población española sea socio de una biblioteca pública es un dato esperanzador que debe hacernos reflexionar a quienes tenemos responsabilidades públicas.

Las bibliotecas son hoy mucho más que libros. Son espacios para el encuentro, la convivencia, la creatividad, el debate…y cada vez incrementan más su vertiente y responsabilidad social, trabajando en coalición con la sociedad, con todo tipo de colectivos y entidades.

Sé que hay otros muchos ámbitos de la vida cultural. Pero hoy, al iniciar mi período de gobierno, he querido apostar por unos servicios imprescindibles para  desarrollar una sociedad en libertad y comprometida con su tiempo y para educar a las personas de cualquier edad desde el compromiso con los demás y desde el respeto hacia las ideas, la religión, la situación socioeconómica y educativa…de todos los que vivimos en este gran país que es España.

Espero poder contar con el respaldo del conjunto de Administraciones Públicas y, especialmente, con los profesionales que cotidianamente trabajan desde las bibliotecas públicas y desde los centros educativos. Los bibliotecarios y los educadores serán el verdadero corazón de este proyecto que deseo llevar a cabo con la colaboración de todos.

lunes, 26 de febrero de 2018

Pacto por Toledo



Pacto por Toledo


            Se cumplen 35 años de la celebración en Toledo de un importante congreso que organizó el Colegio Universitario, del 26 al 30 de abril de 1983. Nuestra región carecía entonces de universidad y todavía no se habían desarrollado las primeras elecciones autonómicas de Castilla-La Mancha. El Congreso, que aglutinó a un selecto grupo de historiadores, geógrafos, economistas, urbanistas y otros expertos, llevó por título Toledo ¿ciudad viva? ¿ciudad muerta?, y en él se revisaron las claves del pasado de esta ciudad y se aportaron propuestas de futuro. Las actas fueron publicadas en 1988 y constituyen un verdadero tesoro.
Treinta años después, en 2013,  con motivo del XV aniversario de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, organizamos en esta institución cultural un ciclo de conferencias con el título El Toledo que soñamos, el Toledo que queremos, con textos que fueron publicados por la editorial Celya y que merece la pena releer. Se contó  con intelectuales y personas representativas de diversos ámbitos para que expresasen su visión sobre Toledo en los últimos años y formulasen propuestas de futuro. Tras la conferencia inaugural del filósofo José Antonio Marina, se hizo una visión de Toledo desde la historia y una reflexión sobre el modelo de la ciudad, ambas a cargo de dos historiadores, de un geógrafo y de un urbanista.  Después fueron dos escritores los que hablaron de “Sueños, utopías y realidades: la imaginación al servicio de la construcción de la ciudad” y participaron también representantes de las instituciones culturales para valorar el efecto en la ciudad de las grandes conmemoraciones. En el ciclo se evitó la presencia de políticos en activo, pero se invitó a tres personas muy representativas de la reciente historia toledana por su participación y contribución política desde distintas opciones ideológicas. Hablaron de su experiencia y de cómo debía construirse el Toledo actual y afrontar los retos pendientes. Como clausura,  una mesa redonda en la que intervinieron representantes de algunos de los medios de comunicación con presencia en la ciudad, que aportaron su personal visión del desarrollo de Toledo.
Más recientemente, en 2017, otro ciclo de la Biblioteca regional, organizado con la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, titulado Toledo en cien años, ha vuelto a plantear muchas de las cuestiones que sobre el modelo de ciudad y la situación de algunos de los temas esenciales se vienen debatiendo sin grandes avances.
En estas décadas Toledo ha experimentado, sin duda, una evolución positiva y un desarrollo social, económico, urbanístico, cultural y educativo  muy importantes. Pero, por desgracia, junto a las luces, no se han resuelto muchos de los problemas estructurales que se abordaron en aquel encuentro científico y sobre los que en buena medida se ha vuelto a debatir
            Toledo carece de modelo de ciudad, presenta una estructura urbana desvertebrada; problemas como el tráfico y el despoblamiento del casco histórico siguen sin resolverse con decisión y no se han aprovechado plenamente las oportunidades que la declaración de Toledo como Ciudad Patrimonio de la Humanidad o el fenómeno del turismo patrimonial podrían haber tenido en la sociedad toledana. ¿Qué medidas poner en marcha para incentivar un regreso de habitantes al casco? Cuestiones muy graves, como el P.O.M. y Vega Baja;  o temas cotidianos como el sistema de recogida de residuos urbanos; la planificación de un sistema de canalización de redes eléctricas,  de comunicaciones y de otros servicios públicos; la simbiosis entre servicios para turistas o para los residentes; la situación de los centros culturales municipales, con una parálisis en el desarrollo de las bibliotecas públicas; los parques y un plan municipal de arbolado…
            Son muchos los problemas que Toledo ha de afrontar. Pero esos grandes temas han de plantearse en el medio y largo plazo y no en el corto espacio de una legislatura.  La lucha partidista  dificulta la planificación y el desarrollo de esas políticas, que necesariamente requieren de un consenso. El legítimo sistema democrático, con las luchas por el poder municipal, regional y nacional, no impide que la ciudad tenga una estrategia de consenso en su horizonte. Todos hemos contemplado cómo Toledo ha sido maltratada por instituciones públicas muy representativas cuando los colores políticos no coinciden: parecemos más preocupados en la confrontación partidista y en políticas de corto plazo que en buscar soluciones estructurales y vertebrar un modelo de ciudad para nuestro tiempo y el futuro, ese largo período (“dentro de cien años”…) sobre el que conversábamos en la Biblioteca de Castilla-La Mancha.
            Si los partidos rehúyen la cultura del pacto y apuestan por el escenario de la confrontación, la partitocracia ha influido también en la parálisis de la sociedad civil. Salvo palabras de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, la Real Fundación de Toledo o colectivos como Iniciativa Ciudadana del Casco Histórico y la propia Federación de Asociaciones de Vecinos “El Ciudadano” la sociedad en general está bastante ajena a la configuración de nuestra ciudad. A veces las actuaciones de esas entidades han servido para reabrir debates que han evitado graves atentados contra el patrimonio y la configuración urbana y paisajística de la ciudad. Pero es muy escasa su influencia sobre el modelo de ciudad y las claves que han de configurar el presente y el futuro de Toledo. Igual ocurre con las redes sociales, que sirven de altavoz de problemas y propuestas, pero normalmente no permiten configurar iniciativas.
            Para esas coordenadas se necesita grandeza y mirada en un tiempo largo. En la actual situación está asegurada la lucha fratricida entre partidos y será imposible abordar políticas estructurales para nuestra ciudad. Lo  comprobaremos especialmente cuando se acerquen las fechas de los comicios. He reiterado en diversas ocasiones que ha de afrontarse un verdadero Pacto por Toledo, en el que no sólo intervengan los  partidos políticos con representación en el Consistorio. Los mecanismos de participación puestos en marcha por el Ayuntamiento pueden ser suficientes para cuestiones cotidianas, pero en los grandes temas el destino de Toledo no debe estar sólo en manos de las Administraciones e Instituciones y los políticos sino del conjunto de la sociedad civil toledana. Los especialistas en los distintos ámbitos que tengan algo que decir han de ser escuchados;  y también las entidades y asociaciones culturales, y las asociaciones de vecinos. Porque la democracia no puede ser flor de un día, del mágico momento en el que se abren las urnas.
El privilegio de amar a esta ciudad no puede estar en manos de un ramillete de personas sino de toda su sociedad, que debe implicarse con altruismo. Y para ello ésta puede ser una fórmula integradora y motivadora: Un Pacto por Toledo, un pacto de generosidad y de apertura, de tolerancia y de respeto, de libre opinión y de constatar la necesidad de que Toledo ha de construirse entre todos.
Lo expresé en mi Decálogo para Toledo, pronunciado en el histórico Salón de Mesa el 5 de octubre de 2014: “Es preciso que en esta sociedad de la información y del conocimiento en la que vivimos, el talento sea puesto a disposición de la mejora de nuestra ciudad en todos los ámbitos. También ahora es necesario apoyar a los emprendedores y cuantos proyectos de innovación puedan tener una repercusión positiva en la vida y desarrollo de nuestra ciudad.”