martes, 1 de enero de 2002

Adios y bienvenida



Adios y bienvenida*



            Se ha producido el relevo en la dirección de la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Carmen Sañudo ha dejado  nuestro más importante centro bibliográfico para marchar a un nuevo destino profesional, y llega Joaquín Selgas, procedente del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas.
            A nivel personal, el cambio me produce un doble  desgarro. Carmen en estos cerca de cuatro años que ha ejercido su labor, se ha ganado la estima no sólo profesional sino también personal. Ella llegó cuando se estaba culminando la reforma de aquellos espacios del Alcázar destinados a Biblioteca y participó plenamente en la preparación del modelo de biblioteca que queríamos poner en marcha. Y desde su apertura, Carmen ha realizado su labor con un esfuerzo y generosidad dignos del agradecimiento de nuestra Región, integrando a la Biblioteca en la sociedad y haciendo de este centro un  espacio verdaderamente vivo y neurálgico. Hemos tenido que trabajar juntos en las políticas de la Consejería de Educación y Cultura en materia de acceso a la información y a la lectura pública, y ha sido una experiencia muy gratificante de trabajo en equipo; cada uno desde sus responsabilidades, pero sabiendo que estábamos en la misma barca y al servicio de un mismo objetivo.
Respecto a Joaquín, él ha sido un sólido pilar en el Servicio para desarrollar muchos proyectos y programas. Primero su labor como Jefe de Sección de Coordinación Bibliotecaria y, con un paréntesis en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria, más tarde ha realizado su labor como Asesor de Libro y Bibliotecas.  También trabajar codo con codo con él, resultó fácil, y se fue ilusionando con la tarea que habíamos emprendido en Castilla-La Mancha desde el Servicio hace una década. Trabajar con ilusión, con alegría, con esperanza, con esfuerzo para cambiar la realidad que no nos gustaba ha sido la característica de estos años. Y ahora todo este período, todo este equipaje de experiencias, fructificarán en el buen hacer de Joaquín dirigiendo la biblioteca cabecera de la Red de Lectura Pública de Castilla-La Mancha.
            En ambos casos sentimos ese sentimiento agridulce: alegría por el compañero/a, amigo/a, que emprende libremente una nueva etapa en su vida profesional, y tristeza por la separación que se produce, menor en el caso del nuevo Director de la Biblioteca de Castilla-La Mancha porque tendremos que seguir colaborando y, muchas veces, trabajando juntos.
            En estos años la Biblioteca Regional se ha consolidado. Los indicadores de socios, usuarios, préstamos, recursos informativos y personales, actividades culturales, etc. sitúan a nuestra más emblemática biblioteca entre los centros punteros de nuestro país. Son muchos los bibliotecarios, los políticos, los periodistas y otros muchos profesionales que, procedentes de otras Comunidades Autónomas y de muchos países, han venido a Toledo para conocer esta Biblioteca. Es verdad que la labor realizada es labor de equipo, pero, sin duda, Carmen Sañudo ha puesto un sello de calidad a todo su trabajo director e ilusionante y los frutos están en los indicadores estadísticos, en la presencia pública de la Biblioteca en la sociedad local y regional y en la propia autoestima del joven equipo de profesionales que desde el principio ha participado en el proyecto.
            No era fácil situar la Biblioteca Regional en el Alcázar fue una apuesta política que no estuvo exenta de dificultades. Desde mediados de los años ochenta, el Gobierno Regional trabajó en este proyecto, con muchas alternativas. Hubo momentos incluso en los que los acuerdos firmados con el Ministerio de Defensa significaban la separación de las colecciones y servicios de la Biblioteca de Toledo. Y luego, el apoyo de los intelectuales fue determinante para que el Ministerio cediese mayores espacios, aunque estuviesen en la planta alta, y ello permitió afrontar un modelo de biblioteca integral: en la Biblioteca de Castilla-La Mancha conviven dos realidades: la Biblioteca Pública del Estado y la Biblioteca Regional. Este modelo de centro, que integra la vertiente de pública  con la de regional,  está demostrando en el contexto nacional que es muy acertado, no sólo por el mejor aprovechamiento de los recursos públicos sino, y especialmente, por las ventajas que para todo tipo de usuarios tiene una concentración de servicios y colecciones como las que se dan en la Biblioteca de Castilla-La Mancha.
            Creo que basta con recorrer los espacios de la Biblioteca para conocer el éxito de este proyecto cultural: a cualquier hora la biblioteca aparece llena de vida, de personas. Sólo pensar en esos más de 50.000 socios de la Biblioteca, aproximadamente el 70% de la población toledana, da feliz idea de la alta valoración y elevado uso que se está haciendo de este importante servicio público.
            Una vez consolidado el centro, la Biblioteca viene trabajando en impulsar su papel como biblioteca cabecera del Sistema, de la Red de Lectura Pública de Castilla-La Mancha. En colaboración con el Servicio, viene desarrollando la elaboración del Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico, del Catálogo Colectivo de Fondo Local  y, más recientemente, del embrión de Catálogo Colectivo de la Red de Lectura Pública. Sus proyectos de formación de usuarios vienen a jugar un papel en este tipo de tareas del conjunto de bibliotecas de la Región. Y la celebración de cursos, conferencias y del Foro del Libro, Archivos y Bibliotecas está suponiendo un foco permanente de debate, intercambio de ideas, lugar de encuentros de los profesionales, etc. También en materia de préstamo interbibliotecario y  préstamo colectivo está realizando una gran labor, que se quiere potenciar. Pero, con todo, el papel más importante que ha ejercido la Biblioteca ha sido mostrar a la sociedad regional cómo debe ser una biblioteca en el siglo XXI, en la sociedad de la información. Desde su inauguración, todos los servicios que presta, los recursos tecnológicos que contiene, los medios personales y económicos que la Consejería de Educación y Cultura ha puesto en este proyecto, han supuesto un auténtico revulsivo en el panorama bibliotecario de nuestra Región. He hablado en otras ocasiones del efecto espejo de la Biblioteca Regional. Y este efecto, aunque sea difícil de medir,  esto y convencido de que está siendo muy beneficioso para el conjunto de bibliotecas de la Región y, aún más: para el conjunto de la sociedad castellano-manchega.
            En este proyecto ha trabajado Carmen Sañudo, que siempre tendrá las puertas de esta Región abiertas y que además se queda en nuestro corazón, y empieza ahora a poner toda su profesionalidad Joaquín Selgas, que ha crecido profesionalmente en buena medida en el Servicio Regional y que ahora se prepara a afrontar una nueva etapa de la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Son dos personas que, cuando dentro de unos años se escriba la historia de la lectura pública de nuestra Comunidad, aparecerán sin duda como protagonistas. Gracias a los dos.



* Anaquel, nº 17 (enero-mayo 2002), pág. 37

jueves, 1 de marzo de 2001

Bibliotecas y sociedad de la información: Teoría de los cuatro mundos



Bibliotecas y sociedad de la información:

 Teoría de los cuatro mundos*


            Hace ya dos décadas que Julia Méndez Aparicio, que dirigió durante tantos años la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, publicó su libro La Biblioteca Pública, ¿índice del subdesarrollo español? Sin duda, desde entonces  mucho se ha avanzado en el terreno de las bibliotecas en nuestro país y en nuestra región. Sin embargo, subsisten problemas verdaderamente históricos, estructurales, que impiden que el derecho constitucional que todo ciudadano tiene a la educación, a la cultura, a la información –y este trípode está en toda biblioteca que cuente con recursos para cumplir adecuadamente su misión- sea verdaderamente una realidad.
            Contamos en España con magníficas bibliotecas, dotadas de amplias colecciones, actualizadas y diversificadas en cuanto al tipo de soporte. Bibliotecas que junto a la tradicional colección de libros y publicaciones periódicas, ofrece a sus lectores CD-ROM, DVD-ROM, Videos y DVD-Vídeo, Compact Disc,  acceso a Internet. Bibliotecas que además son centro de formación permanente para los ciudadanos, que organizan de forma estable actividades culturales y de animación a la lectura, que tienen programas de formación de usuarios y se relacionan con la comunidad educativa, con asociaciones culturales y sociales. Son bibliotecas con presupuestos importantes, con personal técnico y auxiliar numeroso, con amplios horarios de servicio al público... En nuestra región, un ejemplo claro de este tipo de bibliotecas es la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Podríamos decir, simplificando, que este tipo de bibliotecas, aunque no estén exentas de problemas y de necesidad de mayores recursos, constituyen hoy el primer mundo en cuanto a bibliotecas, perfectamente preparadas para servir a los ciudadanos del siglo XXI, de la sociedad de la información.
            Existen luego numerosas bibliotecas que han mejorado sus servicios, que amplían sus colecciones, que van diversificando sus fondos mediante la incorporación progresiva de soportes multimedia y paulatinamente incorporan nuevos servicios basados en tecnologías de la información. Están haciendo un esfuerzo para mejorar la situación de sus plantillas, incrementar el horario de apertura, consolidar un programa de actividades, conseguir de sus responsables un incremento de sus presupuestos, reformar sus espacios para que se adapten a las nuevas necesidades...Nunca es fácil trazar divisorias, por lo que muchas de estas bibliotecas rozan a menudo el primer mundo; pero por algunas carencias podrían incluirse en un segundo grupo, un segundo mundo. Son la mayoría de las Bibliotecas Públicas del Estado, un número cada vez más creciente de  bibliotecas municipales de ciudades y pueblos, a veces las propias redes  municipales de algunas grandes o medianas ciudades. También podemos incluir en este mundo muchas bibliotecas de pequeños municipios, incluso inferiores a 5.000 habitantes, que a base de tesón y esfuerzo han conseguido levantar un servicio bibliotecario verdaderamente digno, sobre todo si se compara con la población de la localidad... Son servicios bibliotecarios cada vez más consolidados y que reciben el apoyo incondicional de sus usuarios, que ven cómo se moderniza paulatinamente su biblioteca y está enraizada en su comunidad.
            Espero que nadie se ofenda si empleo el término de tercer mundo para referirme a tantas bibliotecas que mantienen unos presupuestos escasos, un reducido horario de servicio, locales inadecuados y unas colecciones obsoletas y sin apenas incremento anual, en las que además no se han incorporado los nuevos soportes de información. Son bibliotecas en las que normalmente sólo los niños son sus usuarios y apenas se programan actividades de animación. También estarían aquí las ciudades carentes de una red municipal de bibliotecas suficiente, y que en muchos casos disponen de una sola biblioteca para toda la población. También podría estar aquí un servicio de biblioteca móvil que no tenga una frecuencia adecuada. No es un problema de población del municipio sino de interés político y comunitario por este servicio público. Apenas me atrevo a dar más características, pues podrían ser injustos los juicios. ¿Cómo no valorar a un pequeño municipio que ha puesto en marcha una pequeña Sala de Lectura Pública, contratando a un bibliotecario a media jornada? ¿Cómo no elogiar a un ayuntamiento de 700 habitantes que tiene biblioteca pública municipal e incluso ofrece acceso a Internet a sus usuarios? No me atrevería a decir que están en el tercer mundo: desde luego, sí están en un tipo de servicio bibliotecario que frecuentemente se aleja de las necesidades presentes que tienen los ciudadanos.  Pero es verdad que esos municipios están prestando un servicio público sin que tengan actualmente obligación legal de hacerlo. Así, aun reconociendo las dificultades para generalizar y conformar un grupo, esos servicios bibliotecarios, pequeños o inadecuados,  podrían conformar este tercer mundo en el panorama bibliotecario español.
            Pero, a pesar de las sombras, los ciudadanos que disponen de algún servicio de acceso público a la lectura y a la información, pueden considerarse privilegiados. Pues existe un porcentaje todavía importante de la población española que carece totalmente de acceso a bibliotecas, bien sean fijas o móviles. Esto es inimaginable en servicios públicos como la educación, la sanidad,..., pero las bibliotecas siguen siendo asignatura pendiente no sólo por sus deficiencias sino por su inexistencia en tantos casos. Son el cuarto mundo, los sin techo, los que por vivir en pequeñas localidades o en barrios de ciudades parece que carecen de derechos en este terreno. Según el  Anuario Estadístico de las Bibliotecas Públicas Españolas de 1999, publicado recientemente por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con datos de las Comunidades Autónomas, estimamos en más de 3.000 los municipios españoles que carecen de biblioteca pública y que tampoco están atendidos por otros servicios bibliotecarios alternativos.
            Ahora se nos llena a todos la boca con términos como sociedad de la información, Internet, CD-ROM,...y a veces nos lamentamos de los bajos índices de lectura existentes en nuestro país. Es el servicio de biblioteca pública el llamado a democratizar totalmente las ventajas de esa sociedad de la información. Pero mientras que haya ciudadanos sin derechos, personas que no tienen la posibilidad de leer, de conectarse gratuitamente a Internet, de consultar bases de datos, de experimentar la emoción y el placer del libro y la lectura, no deberíamos lanzar las campanas al vuelo sin rubor. ¿Cuál es la solución? Si me lo permiten, parafraseando La historia interminable, esa es otra historia, y la contaremos en otra ocasión. Cuestión sólo de espacio...



*  Anaquel, nº 13 (marzo-abril 2001), pág. 17

sábado, 1 de mayo de 1999

Hacia la coordinación de las políticas de lectura en España



Hacia la coordinación de las políticas de lectura en España*


            Desde hace años vengo manteniendo que es preciso que se potencie un desarrollo armónico e igualitario de los servicios bibliotecarios en todas las regiones de nuestro país. La dispar situación en cuanto a desarrollo legislativo, interés político, número y calidad de las bibliotecas y población atendida es patente, y resulta urgente que el problema de la lectura pública en España se afronte de forma coordinada por el conjunto de Administraciones Públicas.
            Por reuniones con otros profesionales de la práctica totalidad de comunidades autónomas, por debates en congresos o reuniones técnicas y por la propia lectura de literatura profesional, creo que conozco bien la realidad bibliotecaria española. En Castilla‑La Mancha hemos dado en los últimos años importantes pasos en la consolidación e incremento de la red de lectura pública; y la aprobación, dentro del Plan Estratégico de Cultura de Castilla‑La Mancha,  del Plan Director del Libro, Archivos y Bibliotecas  supone una garantía indudable de progresiva modernización de los servicios bibliotecarios así como un acercamiento al objetivo básico de democratizar el acceso a los servicios de lectura e información al conjunto de la población regional.
            Pero en las reuniones con bibliotecarios municipales siempre surge la cuestión de las competencias de las administraciones locales, a veces derivada del diverso plateamiento entre la legislación municipal y la autonómica. Si a esto unimos la falta de una legislación marco sobre las bibliotecas públicas en este país, entenderemos por qué los ciudadanos españoles somos tratados de forma distinta en función de nuestra localidad o región de residencia. El derecho a la lectura, a la información, a la cultura hemos de considerarlo entre los derechos constitucionales y, por ello, ningún ciudadano puede verse marginado para acceder a este servicio público en razón de que viva en una pequeña localidad o en una gran urbe. Serán servicios distintos, pero como en el caso de la educación, la salud, etc. todos los ciudadanos tenemos que tener este acceso a los servicios de lectura pública e información.
            En 1993, en mi artículo “Bibliotecas Públicas y partidos políticos. Las políticas bibliotecarias en los programas electorales (1977‑1993)” propuse la celebración de una Conferencia sectorial de Cultura (reunión del Ministro de Cultura con los Consejeros de Cultura de la totalidad de comunidades autónomas) dedicada a estudiar la situación de la lectura pública en España y sentar las bases de una Ley de Coordinación Bibliotecaria.  Más tarde, en 1995, en la ponencia de apertura del I Simposio de Biblioteconomía y Documentación de Canarias, dentro de un decálogo de propuestas para las bibliotecas españolas, volví a insistir en esta cuestión solicitando esa conferencia sectorial.
            En noviembre de 1996 el Ministerio de Educación y Cultura comenzó a dar los pasos para la celebración anual de las Jornadas de Cooperación Bibliotecaria,  en las que además de representantes del Ministerio y de la Biblioteca Nacional, asistimos los Jefes de Servicios de bibliotecas de las Comunidades Autónomas y los directores de las Bibliotecas regionales.
            Quizá he sido reiterativo en expresar esa necesidad, por ello creo que hay que felicitarse por el nuevo paso que se ha dado recientemente, en el seno de las III Jorndadas de Cooperación, celebradas en mayo en Murcia: dentro de las conclusiones se ha aprobado una, con el acuerdo de todos los profesionales allí presentes, que “constata la necesidad de que se celebre una Conferencia Sectorial de Cultura centrada en cuestiones esenciales para el desarrollo bibliotecario español...”
            En definitiva, de celebrarse esa Conferencia, se habrá dado un paso importantísimo: si en los últimos tres años se ha conseguido un nivel aceptable de cooordinación técnica entre las regiones, ahora pueden ponerse los cimientos para la coordinación política, que es absolutamente esencial, imprescindible. Ello unido al interés creciente por las políticas bibliotecarias del Consejo de Europa, que está ultimando una recomendación sobre legislación bibliotecaria que pueda inspirar leyes nacionales de bibliotecas,  legislaciones de carácter regional y local, hace que abriguemos esperanzas de que a corto plazo podamos contar cons instrumentos legales que permitan superar este cierto mosaico de desigualdades. Y esto siempre dentro del importante avance que se ha producido en este este ámbito en nuestro país en los últimos años.


*  Anaquel, nº 4 (mayo-junio 1999), pág. 12.

viernes, 1 de enero de 1999

Biblioteca de Castilla-La Mancha: de utopía a realidad



Biblioteca de Castilla-La Mancha: de utopía a realidad*


            Escribir estas páginas significa para mí rememorar muchos años de ilusiones, de debates, de trabajo... Muchos años de un esfuerzo colectivo realizado por las instituciones de Castilla‑La Mancha, por los profesionales bibliotecarios y por muchos intelectuales y colectivos socioculturales, especialmente toledanos, junto con ciudadanos que demandaban un servicio bibliotecario más acorde con nuestro tiempo.
            Pero lo importante ahora es que el Gobierno de Castilla‑La Mancha ha convertido en realidad un proyecto que, siendo imprescindible para una joven Comunidad Autónoma como la nuestra, parecía un sueño, una utopía inalcanzable. Este proyecto ha pasado por sucesivas fases y prácticamente, de alguna manera,  ha estado presente en la vida de Castilla‑La Mancha en sus dos décadas de vida, primero como ente pre‑autonómico y luego como Comunidad Autonóma con un gobierno democráticamente elegido por los ciudadanos.
            La historia del proyecto de Biblioteca Regional ha estado unida a la de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, o Provincial, que desde los inicios de los años setenta llevaba buscando una solución a la ampliación de sus instalaciones y servicios. Dos instituciones distintas que estaban destinadas a la unidad, a constituir uno de los más importantes centros bibliotecarios de nuestro país. Si la Biblioteca provincial acumulaba dos siglos de historia y una impresionante colección bibliográfica, la Regional apenas había nacido legalmente e iniciaba lentamente su camino de recopilación de fondos pero estaba llamada a constituir el corazón del Sistema Bibliotecario de Castilla‑La Mancha.
            Con la instalación en el Alcázar de Toledo de la Biblioteca de Castilla‑La Mancha ‑que integra ambas bibliotecas y pone a disposición de todos los ciudadanos no sólo unas importantes colecciones bibliográficas sino, además, los más avanzados servicios de acceso a la información que pueden prestarse desde una Biblioteca Pública‑  se consigue que Toledo, y en general la Comunidad Autónoma de Castilla‑La Mancha, cuenten con un centro bibliotecario de  gran magnitud que trabaja para hacer posible que la información, la cultura, la educación y el ocio sean más accesibles para todos. Con la Biblioteca de Castilla‑La Mancha, la Junta de Comunidades, a través de la Consejería de Educación y Cultura, ha conseguido un gran objetivo: democratizar  el acceso a la información para  los ciudadanos y  posibilitar que los toledanos, y cuantos investigadores de todo el mundo lo deseen, utilicen de forma cotidiana este singular edificio cargado de historia que es el Alcázar.
            Este artículo pretende ofrecer una síntesis del camino recorrido durante todos estos años, trabajos que  ahora se ven recompensados con esta espléndida realidad que ofrece la Biblioteca de Castilla‑La Mancha a todos  sus usuarios:  niños, jóvenes o adultos; hombres o mujeres, investigadores o estudiantes...La Biblioteca de Castilla‑La Mancha ha sido concebida pensando en todas las personas y está abierta a todos los que deseen utilizar sus recursos para ser más creadores, más libres, más tolerantes y más críticos.


1.      Septiembre de 1986...

            Fue el 16 de septiembre de 1986 cuando el ministro Serra visitó Toledo y, tras conocer la sede de la Biblioteca Pública del Estado en el paseo del Miradero, se dirigió al Alcázar y anunció el propósito del Ministerio de Defensa de convertir el Alcázar en un gran centro cultural en el que la base principal lo constituirían los servicios de una biblioteca pública. El informe que se distribuyó entonces a los medios de comunicación constataba las graves carencias que atravesaba la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, sus necesidades, y se pretendía poner en marcha el modelo de biblioteca que defendía la UNESCO: "La biblioteca pública es, de un modo habitual, el centro cultural de la comunidad, en el que se reúnen las gentes que tienen intereses semejantes. Ha de poder disponer, pues, de los locales y el material necesarios para organizar exposiciones, debates, conferencias, conciertos y proyecciones cinematográficas, lo mismo para los adultos que para los niños".
            Pero en un edificio de tan grandes dimensiones, el proyecto de instalaciones culturales era muy ambicioso, pensándose en implantar en el Alcázar los fondos y servicios de la Biblioteca Pública del Estado y de la Biblioteca Regional así como el Archivo Regional.  Específicamente el proyecto mencionaba una fototeca, una hemeroteca (aunque esta sección es uno de los servicios básicos de toda biblioteca pública), una gran sala de exposiciones y un salón de actos, además de prever la utilización del patio del Alcázar para la celebración de grandes conciertos, teatro, etc. Y, aprovechando las ricas colecciones bibliográficas y las estanterías históricas, se pretendía ofrecer un Museo del Libro, entonces inexistente en España. En definitiva, junto a las funciones clásicas de una biblioteca, el proyecto pretendía "potenciar el Alcázar como lugar sde encuentros, foco de atracción y centro de cultura viva; y asimismo recuperar todas aquellas tradiciones que le son propias".
            La noticia de la conversión del Alcázar en un gran centro cultural tuvo un poderoso impacto social y fue destacada con grandes titulares y espacios por los más importantes medios periodísticos del país  y por todos los de la región.
            El proyecto redactado por la Consejería de Educación y Cultura, siendo entonces consejero José María Barreda Fontes, incluía la puesta en marcha de un Patronato del Alcázar. Pero toda aquella explosión  informativa fue serenándose y parecía que la instalación de la Biblioteca   en el alcázar no se produciría nunca. Desde luego, aparte de las declaraciones tanto del Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla‑La Mancha, José Bono, como  del entonces ministro de Defensa, Narcis Serra,   el proyecto no llegó a plasmarse en un acuerdo ratificado documentalmente entre ambas administraciones públicas.
            En septiembre de 1986, cincuenta años después de la Guerra Civil que enfrentó a los españoles, se inició una polémica que probablemente ha repercutido en el largo tiempo que ha sido necesario para hacer realidad este proyecto. La página del asedio del Alcázar en 1936 eclipsó la historia de este edificio, que a lo largo de los siglos tuvo fines muy diversos. En un esclarecedor artículo del historiador Fernando Martínez Gil titulado “Historia del Alcázar de Toledo” publicado en junio de 1987 en la revista Historia 16, este escritor afirmaba: “En un tiempo en que la convivencia democrática apuesta por la superación de los traumas de la Guerra Civil, la decisión del Ministerio de Defensa, permitiendo a la biblioteca  Borbón‑Lorenzana alojarse en el Alcázar toledano, puede representar un bello carpetazo a cincuenta años de intolerancias y discusiones...”  
2.      Los acuerdos del bienio 1990‑1991.

            Cuatro años después de las noticias anunciadas por el ministro Serra, cristalizó un acuerdo entre el Gobierno de Castilla‑La Mancha y el Ministerio de Defensa que fue firmado el 19 de julio de 1990. Mediante este protocolo, los fondos históricos de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo se ubicarían en la planta primera del edificio del Alcázar. En el apartado primero del Acuerdo, se indica que en este nuevo espacio, esa “importante colección de indudable valor histórico‑bibliográfico” podrá “cumplir su función social, ya que el lugar que actualmente ocupan resulta totalmente inapropiado...” Y  el punto tercero  es bien significativo   del Acuerdo: “La incorporación al Alcázar de este valiosísimo patrimonio documental, unido al interés museológico que actualmente tiene una parte del edificio, hará que el Alcázar en su conjunto se realce aún más y entronque con la tradición misma de su propia historia, que, a lo largo de siglos de vicisitudes, ha conocido funciones militares y culturales, pasando de ser sede de la principal corte europea en el siglo XVI a Academia de Infantería o Real Casa de Caridad.”  El apartado cuarto señala los fondos concretos objeto del acuerdo:  “...los fondos históricos a que se hace referencia en las manifestaciones anteriores son los integrados por la denominada Biblioteca Borbón‑Lorenzana, por la específica existente sobre la ciudad de Toledo y una tercera biblioteca conocida como 'Donación Javier Malagón'”         
            Poco más tarde, el 13 de septiembre de 1990 se firmó el Acuerdo   entre el Ministerio de Cultura y la Junta de Comunidades de Castilla‑La Mancha sobre la organización de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo.  Según este acuerdo, los fondos de esta Biblioteca se dividen en dos grandes secciones: Históricos y Modernos, estableciéndose que los fondos que se trasladarían a la primera planta del Alcázar serían los de carácter histórico, integrados por las tres colecciones ya citadas en el párrafo anterior. El punto segundo del acuerdo expresa: "...la voluntad del Ministerio de Defensa significa la solución para albergar con dignidad la importante colección histórico‑bibliográfica de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, enriqueciendo de este modo el valor monumental, cultural e histórico del Alcázar".
            Los sectores intelectuales y los medios de comunicación acogieron muy favorablemente estos acuerdos, que rompían las dudas que  empezaban a caer sobre el futuro de la biblioteca en el Alcázar, especialmente por los cerca de cuatro años que habían pasado sin que, al menos aparentemente, se  diesen pasos significativos. Como ejemplo, recordemos que el periodista Baltasar Magro escribía en Ya el 23 de septiembre de 1990 un artículo titulado "El Alcázar y la ciudad de todos", en el que podía leerse:
            "El reciente acuerdo firmado por el Ministerio de Defensa y el presidente de Castilla‑La Mancha el pasado mes de Julio para instalar en el Alcázar los inestimables fondos de la biblioteca Borbón‑Lorenzana empieza a poner las cosas en su sitio y representa una iniciativa con pocos precedentes en el ámbito de la que fue calificada en algún momento como imperial ciudad. Es una grata noticia para todos los que amamos y nos sentimos cercanos a ese espacio...que hemos visto reducir con criterios partidistas a una especia de frontera de las esencias patrias, muy lejos de su principal característica como ciudad de pacto y encuentro entre todas las creencias y culturas en las fracciones más vitales de su historia... Con buen criterio, a mi entender, se abren ahora las puertas a todos los ciudadanos sin exclusión...Con este paso no se pretende marginar ni restar importancia a los hechos recientes del Alcázar. En el  mismo lugar permanecerá el museo que recordará, a quien lo desee, los acontecimientos de la Guerra Civil.  Es por ello incomprensible que la resistencia de unos pocos para convertir el monumento en patrimonio cultural de todos haya impedido adelantar esta iniciativa. Los que reivindicaban un uso estrictamente militar del conjunto participan del mismo espíritu  que   ha evitado, desde hace bastantes años, cualquier ensayo con sentido moderno en la ciudad...El acuerdo sobre el Alcázar permite revivir parte de su historia y esperar con optimismo el futuro de una ciudad viva, otra vez, y para todos".
            El 1 de marzo de 1991 el presidente de Castilla‑La Mancha, José Bono, y el ministro de Defensa, Narcís Serra, firmaron un nuevo convenio para la instalación de los fondos históricos de la Biblioteca Pública de Toledo en el Alcázar. El nuevo texto ratificaba los acuerdos de 1990, autorizaba la incorporacion al Alcázar de Toledo de los "denominados fondos históricos de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo" y, también, autorizaba a la Consejería de Educación de Cultura de Castilla‑La Mancha a que "efectúe los estudios técnicos, obras y acciones necesarias para una adecuada instalación de los fondos históricos en la ubicación prevista".

3.      Los intelectuales y el cambio de proyecto de 1994.

            Probablemente pocos temas han experimentado en Toledo la toma de posiciones de los ciudadanos, especialmente del mundo de la cultura y la educación, como la biblioteca pública. Basta acudir a las hemerotecas para comprender que los toledanos han luchado en las dos últimas décadas para conseguir la dignificación del servicio de lectura pública en nuestra ciudad. En los inicios de los años ochenta se constituyó un Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública que mediante manifiestos y gestiones ante el Ministerio de Cultura luchó para que la entonces proyectada ampliación de la Biblioteca se llevase a cabo utilizando la totalidad el convento de Santa  Fe, contiguo a la sede de la Biblioteca en el paseo del Miradero, y no sólo una parte como pretendía el Ministerio, que había decidido que otra parte de ese edificio fuese para el museo de Santa Cruz.
            En 1994, ya adjudicadas las obras de remodelación de la primera planta del Alcázar, más de un centenar de toledanos se posicionó claramente en contra de la división de los fondos de la Biblioteca y luchó para que, en caso de trasladarla al Alcázar, se hiciese de todos sus fondos y servicios. La proyectada división había propiciado la oposición al proyecto de una biblioteca dividida en el Alcázar de numerosas instituciones culturales y científicas, así como de los profesionales de bibliotecas. El manifiesto publicado en la práctica totalidad de medios de comunciación de la ciudad en febrero de 1994 dejaba claro el apoyo de los intelectuales a la ubicación de la Biblioteca en el Alcázar pero, al mismo tiempo, rechazaba el proyecto tal y como se había convenido entre las Administraciones públicas: "...la división de la Biblioteca de Toledo supone un atentado contra nuestro patrimonio histórico, además de una duplicación de recursos económicos, técnicos y humanos. El hecho, además, de que se traslade la colección de fondos antiguos significa que se invierte precisamente en la sección de la biblioteca menos necesitada, mientras que los ciudadanos seguirán careciendo de un servicio bibliotecario público, moderno y amplio". Los firmantes del manifiesto, que se autocalificaban como "personas a las que nos une nuestra preocupación por la cultura, por la integridad de nuestra Biblioteca y por el deseo de que en el futuro los toledanos, y en general todos sus usuarios, podamos disponer de una gran y moderna biblioteca", concluían el texto hecho público con tres claros mensajes:
            ‑ Su oposición a la división de la Biblioteca Pública Provincial de Toledo.
            ‑ Solicitan "un proyecto global de ampliación, mejora y modernización de las instalaciones de la Biblioteca, efectuado de manera coordinada por las Administraciones Públicas implicadas y que cuente con la colaboración de los profesionales bibliotecarios"
            ‑ Finalmente, "para que no se malgasten los fondos públicos, exigimos la paralización del actual proyecto de instalación en el Alcázar de una parte de los fondos de la Biblioteca".  Los  intelectuales declaraban que aceptarían cualquier ubicación de la Biblioteca, bien en el Miradero utilizando para la ampliación el contiguo convento de Santa Fe, como en el Alcázar, pero con una clara condición: "todas las instalaciones y servicios bibliotecarios deberán permanecer unidos."
            Estoy convencido de que la cercanía entre los administradores públicos y los ciudadanos ayuda a resolver los problemas. Esta  creo ha sido una de las claves del éxito  del Estado de las Autonomías. Si en la polémica generada  en 1981 el Ministerio no arbitró solución alguna y su única iniciativa fue archivar cualquier proyecto de mejora de la Biblioteca de Toledo, castigando así a los toledanos a no poder disponer de un servicio bibliotecario moderno y de calidad por la carencia de espacio y servicios en la biblioteca del Miradero, ahora el Gobierno de Castilla‑La Mancha, desde la cercanía, reaccionó con prontitud. Creo que hay que decirlo en justicia: a principios de abril, el Consejero de Educación y Cultura, Santiago Moreno, anunció la rectificación e hizo público el nuevo proyecto de la que calificó como Biblioteca del futuro".    El Consejero, en una comparecencia ante los medios de comunicación,  expresó su satisfacción porque próximamente se firmaría un nuevo convenio con Defensa por el que se conseguían más metros cuadrados de superficie de los inicialmente contemplados y ello facilitaba el traslado de la totalidad de los fondos de la Biblioteca al Alcázar.  Es cierto que esto suponía el cambio de ubicación en planta, que en lugar de hacerse en la primera se pasaba a la segunda. Pero, sin duda, esta sensibilidad del Gobierno de Castilla‑La Mancha provocó la satisfacción entre los toledanos.   Además, esta importante iniciativa tenía dos consecuencias más:
            ‑ Quedó claro que los toledanos apoyaban la utilización del Alcázar para sede de la Biblioteca, y mucha de la oposición que algunos querían ver hacia esta iniciativa era en realidad sólo hacia el tipo de prouyecto que se había articulado inicialmente, de división de fondos.
            ‑ De nuevo, las autoridades culturales de Castilla‑La Mancha pensaron en integrar los servicios de biblioteca pública del Estado y Biblioteca Regional, como  se pensó originariamente en 1986. Es decir, y desde mi punto de vista, los toledanos, y especialmente los creadores, educadores y pensadores,  habían impulsado al Gobierno Regional hacia un proyecto de biblioteca mucho más ambicioso y más acorde con las recomendaciones técnicas biblitecarias de los organismos internacionales (UNESCO, IFLA,...)
            El 12 de mayo de 1994 se firmó el anunciado convenio, entre el presidente Bono y el ministro de Defensa, Julián García Vargas. El apartado segundo  del convenio era  suficientemente explícito: en el protocolo de 1991 "no se contemplaba el traslado de toda la Biblioteca Pública del Estado, considerándose posteriormente conveniente este traslado integral, a fin de evitar los problemas y dificultades que se derivarían de la separación de los fondos de la ...Biblioteca". Y en el apartado tercero se decía: "...el Alcázar no sólo realzará de este modo sus contenidos museológicos y culturales, mediante la incorporación de ciertos fondos de carácter histórico...sino que también enriquecerá los usos y valores culturales del inmueble, a través de la integración de una biblioteca de carácter general e incuestionable importancia". La solución para los problemas de la Biblioteca de Toledo, paralizada desde el inicio de los años setenta, y el camino hacia la Biblioteca Regional eran ahora más correctos técnicamente: nos acercábamos al proyecto de Biblioteca de Castilla‑La Mancha que pronto podrán disfrutar tantos miles de ciudadanos.
           
4.      La realidad  de la Biblioteca de Castilla-La Mancha

            La Biblioteca de Castilla-La Mancha constituye el centro bibliográfico y cultural más importante de la región. Las obras realizadas en el Alcázar de Toledo no sólo permiten acoger el importantísimo tesoro bibliográfico depositado en la Colección Borbón‑Lorenzada sino que, además, han hecho  posible contar con una biblioteca que presta servicio a la sociedad regional y, en particular, a la comunidad científica. Por supuesto, el interés de sus colecciones patrimoniales hacen que la Biblioteca situada en el histórico edificio del Alcázar sirva de referencia a investigadores en las materias humanísticas y sociales en todo el mundo.
             La Biblioteca está llamada a ser el centro de recursos bibliográficos e informativos más importante de la región y, paralelamente, un centro de actividad cultural relacionado con la creación literaria, la historia del libro y la reflexión científica en asuntos básicos para la cultura y la sociedad de Castilla‑La Mancha.
            Pero, aun con esa dimensión regional, nacional e internacional de la Biblioteca, no debemos olvidar que los primeros grandes beneficiarios de este servicio público serán los ciudadanos de Toledo. La capital de la Comunidad Autónoma se beneficia directamente no sólo de un mejor acceso a sus importantes colecciones bibliográficas sino que, además, cuenta con un centro bibliotecario que, sin duda alguna, constituye la Biblioteca Pública que más amplios y modernos servicios preste en el país. Un centro cultural vivo y dinámico, abierto a todos, que conjuga  los servicios de acceso a la información con el valor añadido de poder disfrutarlos en uno de los edificios emblemáticos de la ciudad, cuidadosamente adaptado -en la planta que ocupa- para este servicio esencial para la comunidad.
            En el pórtico del tercer milenio, la Biblioteca Regional armoniza también la imagen de la historia de las bibliotecas. Librerías del siglo XVIII que pertenecieron a la primitiva biblioteca arzobispal de Lorenzana, que ahora acogen en libre acceso fondos relativos a Castilla-La Mancha; una librería del siglo XIX constituirá la sala de investigadores, denominada "Borbón-Lorenzana" como homenaje a estos arzobispos; espectacular resulta la nueva sala general de lectura, que entronca con la tradición más clásica pero con un uso funcional; y las nuevas tecnologías están muy presentes en la biblioteca, democratizando a todos los ciudadanos el acceso a las bases de datos (CD-ROM,...) y a las redes mundiales de información (INTENET), además de a los soportes ya más convencionales (Compact Disc, video, etc.) en una moderna mediateca. Pero la biblioteca se concibe de forma muy integral, de modo que en todas las salas de lectura se cuenta con diversos puestos de acceso a la red informática de la biblioteca, a las bases de datos en CD-ROM   e incluso a INTERNET, de modo que los usuarios que están utilizando servicios generales puedan en un momento determinado hacer las consultar que precisen a través de esos soportes y  redes. Finalmente, es reseñable que la biblioteca está realmente dirigida a todo tipo de públicos, cumpliendo su carácter de biblioteca pública o general, aunque también se trate en buena medida de una biblioteca especializada por el tipo de fondos que conserva. Los niños y los más jóvenes disponen de sus propias salas, tambiénn con acceso a los nuevos soportes y redes. Y las personas mayores, como el resto de adultos,  podrán disfrutar de una cómoda y relajada lectura de prensa diaria y de información general sin ningún tipo de limitaciones.
            La Biblioteca de Castilla-La Mancha acogerá dos importantes archivos fotográficos: el fondo Rodríguez, fundamental para la historia, el arte y la vida cotidiana de Toledo, y el de Escobar, importante testimonio de la vida de Albacete. De igual modo se irán incorporando a la Biblioteca reproducciones fotográficas relativas a nuestra región y que se conservan en distintos archivos y bibliotecas del país; y se ha iniciado un plan de conservación y difusión del patrimonio fotográfico que existe en las localidades de nuestra región, y muchas de esas fotografías se están reproduciendo para que integren la importante fototeca de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que constituirá una sección denominada Centro Regional de Fotografía.
            La biblioteca se ha concebido sin barreras, muy diáfana, con el atractivo añadido de las maravillosas vistas de Toledo que pueden contemplarse desde sus instalaciones. Y con una circulación muy fluida, de modo que todas las generaciones de toledanos y, en general, de ciudadanos que acudan a la Biblioteca puedan siempre contemplar a otros ciudadanos que aman el libro y la información, que creen en la fuerza transformadora de la cultura y la educación y que en la biblioteca pueden encontrar un buen servicio para el ocio. En esta Biblioteca se cumple fielmente el Manifiesto de la UNESCO sobre la Biblioteca Pública de 1994: "Este Manifiesto proclama la fe de la UNESCO en la biblioteca pública como una fuerza viva para la educación, la cultura y la información y como un agente esencial para el fomento de la paz y del bienestar espiritual a través del pensamiento de hombres y mujeres".





*Revista de Abenzoares, nº 6 (1999-2000); págs. 25-36. Escrito en 1998, este texto fue escrito originariamente para el libro colectivo El Alcázar de Toledo: Palacio y Biblioteca. Un proyecto cultural para el siglo XXI (Toledo: Consejería de Educación y Cultura. Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 1998), que coordinó mi buen amigo Fernando Martínez Gil y que proyectamos desde la Consejería para su edición con motivo de la apertura de la Biblioteca Regional.  Por diversas circunstancias, mi texto no fue incluido finalmente en el libro, publicándose un tiempo después en esta revista.

Biblioteca de Castilla‑La Mancha: de utopía a realidad




“Biblioteca de Castilla‑La Mancha: de utopía a realidad”. Revista de Abenzoares, nº 6 (1999-2000); págs. 25-36.

 

domingo, 5 de octubre de 1997

Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997)



“Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997)”. Toletvm. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Año LXXX, Segunda época núm. 38 (1998); págs. 9-42.

Enlace: Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997)

 



martes, 1 de octubre de 1996

miércoles, 26 de junio de 1996

La legislación bibliotecaria y el Estado de las Autonomías. El camino de la Comunidad de Castilla-La Mancha


“La legislación bibliotecaria y el Estado de las Autonomías. El camino de la Comunidad de Castilla-La Mancha”. Actas del VI Congreso Nacional de ANABAD. Archivos, Bibliotecas, Centros de Documentación y Museos en el Estado de las Autonomías. Murcia, 26, 27 y 28 de junio de 1996. Murcia: ANABAD-Murcia: Consejería de Cultura y Educación, 1997. Págs. 297-324.


 

miércoles, 15 de noviembre de 1995

Bibliotecario y archivero, dos profesiones de hoy



Bibliotecario y archivero, dos profesiones de hoy*

            El día 20 de mayo de 1935, en plena II República, José Ortega y Gasset pronunció en Madrid un discurso, publicado después con el título de Misión del bibliotecario. Fue con motivo de la apertura del segundo Congreso de la IFLA  y constituye un magnífico ensayo, no sólo sobre el concepto y funciones del libro y la misión de quienes han de organizar los procesos técnicos de acceso a la lectura sino, en general,  sobre la misión del hombre, tanto desde el punto de vista personal como  profesional.
            Siempre me ha impresionado comprobar cómo, normalmente, las personas más sabias son al mismo tiempo humildes y, en sus contactos cotidianos, así lo hacen, respetando  al otro, valorando al otro. Al contrario, hay  personas que creen saberlo todo y, por supuesto, mientras consideran su propia profesión imprescindible no sienten el menor sonrojo en sentenciar que otras tareas laborales (no las consideran profesiones) pueden ser desempeñadas por cualquier persona sin más requisito que su buena voluntad o su nombramiento para tal o cual función. En este sentido son admirables las palabras del filósofo español, que se encontró en el programa del Congreso con ese “enorme y pavoroso” título de Misión del Bibliotecario, dijo que ”aceptarlo sin más sería una pretensión abrumadora” y concluyó: “No puedo intentar enseñaros nada sobre las técnicas complejísimas que integran vuestro trabajo, las cuales vosotros conocéis tam bien y que son para mí hermético misterio”.
            Sin duda en España dos de las profesiones menos consideradas socialmente, sobre todo en las regiones menos desarrolladas culturalmente, son las de bibliotecario y archivero. Y digo conscientemente dos profesiones, porque son distintas y, aunque en el pasado fueran muchos los casos donde un mismo profesional ejercía conjuntamente ambas profesiones, hoy el grado de especialización ha llegado a tal nivel que es preciso separarlas, como de hecho está ocurriendo. Existe un punto de partida ineludible: No podemos hablar de biblioteca sin hablar de bibliotecario y no podemos hablar de archivo sin considerar al archivero. Estas sencillas formulaciones parecen una perogrullada pero creo que es poner el dedo en la llaga: hay mucha gente que no para de destacar el papel fundamental que las bibliotecas tienen en la formación integral de la personas o que aceptan que el archivo es fundamental para su Institución, pero luego, en la teoría o en la práctica, piensan:  ¿bibliotecarios?, ¿archiveros?  Son caros, no podemos seguir incrementando el capítulo I de los presupuestos... Se precisan economistas, abogados, administrativos, maestros, médicos, asistentes sociales, animadores socioculturales, barrenderos...pero...bibliotecarios y archiveros...Cualquiera sirve para ello.  Por encima de las dificultades presupuestarias, que sabemos existen, creo que está el concepto, su consideración social y profesional.
            Creo que nadie con un poco de sentido común pensaría en un Centro de salud sin médico, ATS, etc. Igual que nadie pensaría en poner en marcha un centro docente sin los correspondientes profesores titulados y retribuídos adecuadamente. No ha sido así en el caso de muchas bibliotecas públicas, especialmente municipales. Históricamente, la Corporación municipal designaba a una persona para “encargarse” de la biblioteca por algunas horas y “gratificaba” a ese “encargado” con pequeñas cantidades, que servían para complementar su salario de maestro u otra profesión. En 1993 todavía más de la tercera parte de los bibliotecarios municipales eran “colaboradores”, sin contrato ni seguridad social, muy pocas horas de trabajo y unas retribuciones sonrojantes. Pero el resto, en la mayoría de los casos con un contrato temporal, no tenía mucho mejor situación: titulados superiores contratados y pagados como ordenanza o auxiliar administrativo, contratos de media jornada que imposibilitan dar un buen servicio a los ciudadanos y vivir de esa “profesión”, etc.
            Por ello cuando, en octubre de 1991 la Consejería de Educación legisló los mínimos de las bibliotecas públicas municipales en cuanto a superficies, colecciones, personal, etc. lo hizo con un doble planteamiento: a corto y medio plazo contar con profesionales en todas las bibliotecas. En las de localidades con población superior a 5.000 habitantes, que según la legislación de régimen local tienen obligación de prestar el servicio público de biblioteca, el bibliotecario debería estar contratado y retribuído como técnico de bibliotecas; y en las bibliotecas de poblaciones  menores a 5.000 habitantes, el primer objetivo era contar con bibliotecarios estables, con formación adecuada y contratado al menos como Auxiliar de Bibliotecas, del grupo C de funcionarios. Este proceso está en marcha, impulsado por la Consejería de Educación y Cultura mediante las ayudas a la contratación de bibliotecarios municipales que han tenido lugar en los años 1994 y 1995. Pero falta mucho camino por recorrer. Y, por supuesto, en la medida que la biblioteca pone en marcha nuevos servicios (fonoteca, etc.) el número de personal debe ir creciendo paralelamente.
            Los ayuntamientos ya son conscientes de la importancia de contar con biblioteca pública en su localidad. No están obligados a tenerla, y por eso la Junta de Comunidades de Castilla‑La Mancha que en su legislación ha planteado que existan bibliotecas en todas las localidades mayores de 2.000 habitantes, ha  invertido en  esos municipios, construyendo casas de cultura o bibliotecas públicas. Pero la vida de esas bibliotecas depende en gran parte de la voluntad de los propios municipios. No puede haber biblioteca si un ayuntamiento no está dispuesto a asumir la correcta contratación de un bibliotecario y los gastos de mantenimiento de esa biblioteca.
            En el futuro, en todas las bibliotecas, con independencia de la población de su localidad, deberán tener un bibliotecario titulado y retribuído como técnico de bibliotecas. Porque en la educación y, en general en cualquier servicio público, los ciudadanos no pueden estar discriminados por el hecho de vivir en poblaciones pequeñas: ¿se imagina alguien que en un Centro de salud sólo hubiese enfermera? ¿o que en un colegio los maestros no tuvieran la correspondiente titulación? ¿o que un médico hiciese de abogado o un jurista de arquitecto?
            Perdonen las simplezas anteriores, pero les aseguro que están basadas en opiniones reales. E igual ocurre en el caso de los archiveros: como el número es inferior se nota menos, pero también está latente la tentación de convertir  en flamante archivero a cualquier persona, por supuesto respetable y que, sin duda, al cabo de los años podrá convertirse en un buen profesional si tiene interés y se forma. Pero, de nuevo las preguntas, ¿se pondría usted en manos de un médico sin titulación y que, con buena voluntad, desea formarse en el ejercicio de su profesión? ¿llevaría usted a sus hijos a un colegio en el que los profesores sean amables y voluntariosas personas vecinas de esa localidad pero que carecen de la formación y reconocimiento oficial pertinente? En Castilla‑La Mancha deberían tener un archivero titulado, contratado al menos como Técnico de archivos (grupo B), los ayuntamientos de localidades mayores de 10.000 habitantes. Para el resto, una vez realizado el inventario del archivo municipal y organizados básicamente estos archivos con la ayuda de la Consejería de Educación y Cultura, los ayuntamientos deberían contratar un archivero de zona, que de forma similar a los trabajadores sociales o a los secretarios de ayuntamiento prestarían servicio archivístico a una agrupación de municipios (mancomunidad u otro conjunto de ayuntamientos).
            Otro día especificaré la tareas que ambos profesionales tienen que realizar. Hoy me basta con la idea de que para organizar el acceso a la información en bibliotecas y archivos no sirve cualquiera. Y finalizo con una nueva cita del discurso de Ortega: “Por eso ahora encontramos el cuidado de los libros constituido impersonalmente como carrera o profesión y, por eso, al mirar en derredor, lo vemos tan clara y sólidamente como un monumento público. Las carreras o profesiones son tipos de quehacer humano que, por lo visto, la sociedad necesita. Y uno de éstos es desde hace un par de siglos el bibliotecario. Toda colectividad ha menester hoy de cierto número de médicos, de magistrados, de militares...y de bibliotecarios. Y ello porque, según parece, esas sociedades tienen que curar a sus miembros, administrarles justicia, defenderles y hacerles leer”. Y de igual forma podríamos referirnos al archivero.
            Han transcurrido sesenta años desde las palabras de Ortega y siguen plenamente vigentes. Pero las tareas de ambos profesionales son hoy mucho más complejas y precisan incluso de mayor cualificación. Las crecientes nuevas tecnologías, y su necesario desarrollo en Castilla‑La Mancha; los nuevos soportes de la información (hasta hace unos años vídeo y Compact Disc; pero ahora, el CD‑ROM, el CD‑I, etc.); el acceso a las autopistas de la información; y la propia Constitución, que menciona como derechos de todos los españoles la información, la educación y la cultura; todo ello son algunas de las razones para que, en los umbrales del siglo XXI, las bibliotecas y los archivos de nuestra Comunidad Autónoma tengan unos profesionales con la formación y el reconocimiento laboral y social necesarios.


* Diario 16 Castilla-La Mancha   (30-11-1995), p. 4.