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viernes, 1 de enero de 1999

Biblioteca de Castilla-La Mancha: de utopía a realidad



Biblioteca de Castilla-La Mancha: de utopía a realidad*


            Escribir estas páginas significa para mí rememorar muchos años de ilusiones, de debates, de trabajo... Muchos años de un esfuerzo colectivo realizado por las instituciones de Castilla‑La Mancha, por los profesionales bibliotecarios y por muchos intelectuales y colectivos socioculturales, especialmente toledanos, junto con ciudadanos que demandaban un servicio bibliotecario más acorde con nuestro tiempo.
            Pero lo importante ahora es que el Gobierno de Castilla‑La Mancha ha convertido en realidad un proyecto que, siendo imprescindible para una joven Comunidad Autónoma como la nuestra, parecía un sueño, una utopía inalcanzable. Este proyecto ha pasado por sucesivas fases y prácticamente, de alguna manera,  ha estado presente en la vida de Castilla‑La Mancha en sus dos décadas de vida, primero como ente pre‑autonómico y luego como Comunidad Autonóma con un gobierno democráticamente elegido por los ciudadanos.
            La historia del proyecto de Biblioteca Regional ha estado unida a la de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, o Provincial, que desde los inicios de los años setenta llevaba buscando una solución a la ampliación de sus instalaciones y servicios. Dos instituciones distintas que estaban destinadas a la unidad, a constituir uno de los más importantes centros bibliotecarios de nuestro país. Si la Biblioteca provincial acumulaba dos siglos de historia y una impresionante colección bibliográfica, la Regional apenas había nacido legalmente e iniciaba lentamente su camino de recopilación de fondos pero estaba llamada a constituir el corazón del Sistema Bibliotecario de Castilla‑La Mancha.
            Con la instalación en el Alcázar de Toledo de la Biblioteca de Castilla‑La Mancha ‑que integra ambas bibliotecas y pone a disposición de todos los ciudadanos no sólo unas importantes colecciones bibliográficas sino, además, los más avanzados servicios de acceso a la información que pueden prestarse desde una Biblioteca Pública‑  se consigue que Toledo, y en general la Comunidad Autónoma de Castilla‑La Mancha, cuenten con un centro bibliotecario de  gran magnitud que trabaja para hacer posible que la información, la cultura, la educación y el ocio sean más accesibles para todos. Con la Biblioteca de Castilla‑La Mancha, la Junta de Comunidades, a través de la Consejería de Educación y Cultura, ha conseguido un gran objetivo: democratizar  el acceso a la información para  los ciudadanos y  posibilitar que los toledanos, y cuantos investigadores de todo el mundo lo deseen, utilicen de forma cotidiana este singular edificio cargado de historia que es el Alcázar.
            Este artículo pretende ofrecer una síntesis del camino recorrido durante todos estos años, trabajos que  ahora se ven recompensados con esta espléndida realidad que ofrece la Biblioteca de Castilla‑La Mancha a todos  sus usuarios:  niños, jóvenes o adultos; hombres o mujeres, investigadores o estudiantes...La Biblioteca de Castilla‑La Mancha ha sido concebida pensando en todas las personas y está abierta a todos los que deseen utilizar sus recursos para ser más creadores, más libres, más tolerantes y más críticos.


1.      Septiembre de 1986...

            Fue el 16 de septiembre de 1986 cuando el ministro Serra visitó Toledo y, tras conocer la sede de la Biblioteca Pública del Estado en el paseo del Miradero, se dirigió al Alcázar y anunció el propósito del Ministerio de Defensa de convertir el Alcázar en un gran centro cultural en el que la base principal lo constituirían los servicios de una biblioteca pública. El informe que se distribuyó entonces a los medios de comunicación constataba las graves carencias que atravesaba la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, sus necesidades, y se pretendía poner en marcha el modelo de biblioteca que defendía la UNESCO: "La biblioteca pública es, de un modo habitual, el centro cultural de la comunidad, en el que se reúnen las gentes que tienen intereses semejantes. Ha de poder disponer, pues, de los locales y el material necesarios para organizar exposiciones, debates, conferencias, conciertos y proyecciones cinematográficas, lo mismo para los adultos que para los niños".
            Pero en un edificio de tan grandes dimensiones, el proyecto de instalaciones culturales era muy ambicioso, pensándose en implantar en el Alcázar los fondos y servicios de la Biblioteca Pública del Estado y de la Biblioteca Regional así como el Archivo Regional.  Específicamente el proyecto mencionaba una fototeca, una hemeroteca (aunque esta sección es uno de los servicios básicos de toda biblioteca pública), una gran sala de exposiciones y un salón de actos, además de prever la utilización del patio del Alcázar para la celebración de grandes conciertos, teatro, etc. Y, aprovechando las ricas colecciones bibliográficas y las estanterías históricas, se pretendía ofrecer un Museo del Libro, entonces inexistente en España. En definitiva, junto a las funciones clásicas de una biblioteca, el proyecto pretendía "potenciar el Alcázar como lugar sde encuentros, foco de atracción y centro de cultura viva; y asimismo recuperar todas aquellas tradiciones que le son propias".
            La noticia de la conversión del Alcázar en un gran centro cultural tuvo un poderoso impacto social y fue destacada con grandes titulares y espacios por los más importantes medios periodísticos del país  y por todos los de la región.
            El proyecto redactado por la Consejería de Educación y Cultura, siendo entonces consejero José María Barreda Fontes, incluía la puesta en marcha de un Patronato del Alcázar. Pero toda aquella explosión  informativa fue serenándose y parecía que la instalación de la Biblioteca   en el alcázar no se produciría nunca. Desde luego, aparte de las declaraciones tanto del Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla‑La Mancha, José Bono, como  del entonces ministro de Defensa, Narcis Serra,   el proyecto no llegó a plasmarse en un acuerdo ratificado documentalmente entre ambas administraciones públicas.
            En septiembre de 1986, cincuenta años después de la Guerra Civil que enfrentó a los españoles, se inició una polémica que probablemente ha repercutido en el largo tiempo que ha sido necesario para hacer realidad este proyecto. La página del asedio del Alcázar en 1936 eclipsó la historia de este edificio, que a lo largo de los siglos tuvo fines muy diversos. En un esclarecedor artículo del historiador Fernando Martínez Gil titulado “Historia del Alcázar de Toledo” publicado en junio de 1987 en la revista Historia 16, este escritor afirmaba: “En un tiempo en que la convivencia democrática apuesta por la superación de los traumas de la Guerra Civil, la decisión del Ministerio de Defensa, permitiendo a la biblioteca  Borbón‑Lorenzana alojarse en el Alcázar toledano, puede representar un bello carpetazo a cincuenta años de intolerancias y discusiones...”  
2.      Los acuerdos del bienio 1990‑1991.

            Cuatro años después de las noticias anunciadas por el ministro Serra, cristalizó un acuerdo entre el Gobierno de Castilla‑La Mancha y el Ministerio de Defensa que fue firmado el 19 de julio de 1990. Mediante este protocolo, los fondos históricos de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo se ubicarían en la planta primera del edificio del Alcázar. En el apartado primero del Acuerdo, se indica que en este nuevo espacio, esa “importante colección de indudable valor histórico‑bibliográfico” podrá “cumplir su función social, ya que el lugar que actualmente ocupan resulta totalmente inapropiado...” Y  el punto tercero  es bien significativo   del Acuerdo: “La incorporación al Alcázar de este valiosísimo patrimonio documental, unido al interés museológico que actualmente tiene una parte del edificio, hará que el Alcázar en su conjunto se realce aún más y entronque con la tradición misma de su propia historia, que, a lo largo de siglos de vicisitudes, ha conocido funciones militares y culturales, pasando de ser sede de la principal corte europea en el siglo XVI a Academia de Infantería o Real Casa de Caridad.”  El apartado cuarto señala los fondos concretos objeto del acuerdo:  “...los fondos históricos a que se hace referencia en las manifestaciones anteriores son los integrados por la denominada Biblioteca Borbón‑Lorenzana, por la específica existente sobre la ciudad de Toledo y una tercera biblioteca conocida como 'Donación Javier Malagón'”         
            Poco más tarde, el 13 de septiembre de 1990 se firmó el Acuerdo   entre el Ministerio de Cultura y la Junta de Comunidades de Castilla‑La Mancha sobre la organización de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo.  Según este acuerdo, los fondos de esta Biblioteca se dividen en dos grandes secciones: Históricos y Modernos, estableciéndose que los fondos que se trasladarían a la primera planta del Alcázar serían los de carácter histórico, integrados por las tres colecciones ya citadas en el párrafo anterior. El punto segundo del acuerdo expresa: "...la voluntad del Ministerio de Defensa significa la solución para albergar con dignidad la importante colección histórico‑bibliográfica de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, enriqueciendo de este modo el valor monumental, cultural e histórico del Alcázar".
            Los sectores intelectuales y los medios de comunicación acogieron muy favorablemente estos acuerdos, que rompían las dudas que  empezaban a caer sobre el futuro de la biblioteca en el Alcázar, especialmente por los cerca de cuatro años que habían pasado sin que, al menos aparentemente, se  diesen pasos significativos. Como ejemplo, recordemos que el periodista Baltasar Magro escribía en Ya el 23 de septiembre de 1990 un artículo titulado "El Alcázar y la ciudad de todos", en el que podía leerse:
            "El reciente acuerdo firmado por el Ministerio de Defensa y el presidente de Castilla‑La Mancha el pasado mes de Julio para instalar en el Alcázar los inestimables fondos de la biblioteca Borbón‑Lorenzana empieza a poner las cosas en su sitio y representa una iniciativa con pocos precedentes en el ámbito de la que fue calificada en algún momento como imperial ciudad. Es una grata noticia para todos los que amamos y nos sentimos cercanos a ese espacio...que hemos visto reducir con criterios partidistas a una especia de frontera de las esencias patrias, muy lejos de su principal característica como ciudad de pacto y encuentro entre todas las creencias y culturas en las fracciones más vitales de su historia... Con buen criterio, a mi entender, se abren ahora las puertas a todos los ciudadanos sin exclusión...Con este paso no se pretende marginar ni restar importancia a los hechos recientes del Alcázar. En el  mismo lugar permanecerá el museo que recordará, a quien lo desee, los acontecimientos de la Guerra Civil.  Es por ello incomprensible que la resistencia de unos pocos para convertir el monumento en patrimonio cultural de todos haya impedido adelantar esta iniciativa. Los que reivindicaban un uso estrictamente militar del conjunto participan del mismo espíritu  que   ha evitado, desde hace bastantes años, cualquier ensayo con sentido moderno en la ciudad...El acuerdo sobre el Alcázar permite revivir parte de su historia y esperar con optimismo el futuro de una ciudad viva, otra vez, y para todos".
            El 1 de marzo de 1991 el presidente de Castilla‑La Mancha, José Bono, y el ministro de Defensa, Narcís Serra, firmaron un nuevo convenio para la instalación de los fondos históricos de la Biblioteca Pública de Toledo en el Alcázar. El nuevo texto ratificaba los acuerdos de 1990, autorizaba la incorporacion al Alcázar de Toledo de los "denominados fondos históricos de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo" y, también, autorizaba a la Consejería de Educación de Cultura de Castilla‑La Mancha a que "efectúe los estudios técnicos, obras y acciones necesarias para una adecuada instalación de los fondos históricos en la ubicación prevista".

3.      Los intelectuales y el cambio de proyecto de 1994.

            Probablemente pocos temas han experimentado en Toledo la toma de posiciones de los ciudadanos, especialmente del mundo de la cultura y la educación, como la biblioteca pública. Basta acudir a las hemerotecas para comprender que los toledanos han luchado en las dos últimas décadas para conseguir la dignificación del servicio de lectura pública en nuestra ciudad. En los inicios de los años ochenta se constituyó un Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública que mediante manifiestos y gestiones ante el Ministerio de Cultura luchó para que la entonces proyectada ampliación de la Biblioteca se llevase a cabo utilizando la totalidad el convento de Santa  Fe, contiguo a la sede de la Biblioteca en el paseo del Miradero, y no sólo una parte como pretendía el Ministerio, que había decidido que otra parte de ese edificio fuese para el museo de Santa Cruz.
            En 1994, ya adjudicadas las obras de remodelación de la primera planta del Alcázar, más de un centenar de toledanos se posicionó claramente en contra de la división de los fondos de la Biblioteca y luchó para que, en caso de trasladarla al Alcázar, se hiciese de todos sus fondos y servicios. La proyectada división había propiciado la oposición al proyecto de una biblioteca dividida en el Alcázar de numerosas instituciones culturales y científicas, así como de los profesionales de bibliotecas. El manifiesto publicado en la práctica totalidad de medios de comunciación de la ciudad en febrero de 1994 dejaba claro el apoyo de los intelectuales a la ubicación de la Biblioteca en el Alcázar pero, al mismo tiempo, rechazaba el proyecto tal y como se había convenido entre las Administraciones públicas: "...la división de la Biblioteca de Toledo supone un atentado contra nuestro patrimonio histórico, además de una duplicación de recursos económicos, técnicos y humanos. El hecho, además, de que se traslade la colección de fondos antiguos significa que se invierte precisamente en la sección de la biblioteca menos necesitada, mientras que los ciudadanos seguirán careciendo de un servicio bibliotecario público, moderno y amplio". Los firmantes del manifiesto, que se autocalificaban como "personas a las que nos une nuestra preocupación por la cultura, por la integridad de nuestra Biblioteca y por el deseo de que en el futuro los toledanos, y en general todos sus usuarios, podamos disponer de una gran y moderna biblioteca", concluían el texto hecho público con tres claros mensajes:
            ‑ Su oposición a la división de la Biblioteca Pública Provincial de Toledo.
            ‑ Solicitan "un proyecto global de ampliación, mejora y modernización de las instalaciones de la Biblioteca, efectuado de manera coordinada por las Administraciones Públicas implicadas y que cuente con la colaboración de los profesionales bibliotecarios"
            ‑ Finalmente, "para que no se malgasten los fondos públicos, exigimos la paralización del actual proyecto de instalación en el Alcázar de una parte de los fondos de la Biblioteca".  Los  intelectuales declaraban que aceptarían cualquier ubicación de la Biblioteca, bien en el Miradero utilizando para la ampliación el contiguo convento de Santa Fe, como en el Alcázar, pero con una clara condición: "todas las instalaciones y servicios bibliotecarios deberán permanecer unidos."
            Estoy convencido de que la cercanía entre los administradores públicos y los ciudadanos ayuda a resolver los problemas. Esta  creo ha sido una de las claves del éxito  del Estado de las Autonomías. Si en la polémica generada  en 1981 el Ministerio no arbitró solución alguna y su única iniciativa fue archivar cualquier proyecto de mejora de la Biblioteca de Toledo, castigando así a los toledanos a no poder disponer de un servicio bibliotecario moderno y de calidad por la carencia de espacio y servicios en la biblioteca del Miradero, ahora el Gobierno de Castilla‑La Mancha, desde la cercanía, reaccionó con prontitud. Creo que hay que decirlo en justicia: a principios de abril, el Consejero de Educación y Cultura, Santiago Moreno, anunció la rectificación e hizo público el nuevo proyecto de la que calificó como Biblioteca del futuro".    El Consejero, en una comparecencia ante los medios de comunicación,  expresó su satisfacción porque próximamente se firmaría un nuevo convenio con Defensa por el que se conseguían más metros cuadrados de superficie de los inicialmente contemplados y ello facilitaba el traslado de la totalidad de los fondos de la Biblioteca al Alcázar.  Es cierto que esto suponía el cambio de ubicación en planta, que en lugar de hacerse en la primera se pasaba a la segunda. Pero, sin duda, esta sensibilidad del Gobierno de Castilla‑La Mancha provocó la satisfacción entre los toledanos.   Además, esta importante iniciativa tenía dos consecuencias más:
            ‑ Quedó claro que los toledanos apoyaban la utilización del Alcázar para sede de la Biblioteca, y mucha de la oposición que algunos querían ver hacia esta iniciativa era en realidad sólo hacia el tipo de prouyecto que se había articulado inicialmente, de división de fondos.
            ‑ De nuevo, las autoridades culturales de Castilla‑La Mancha pensaron en integrar los servicios de biblioteca pública del Estado y Biblioteca Regional, como  se pensó originariamente en 1986. Es decir, y desde mi punto de vista, los toledanos, y especialmente los creadores, educadores y pensadores,  habían impulsado al Gobierno Regional hacia un proyecto de biblioteca mucho más ambicioso y más acorde con las recomendaciones técnicas biblitecarias de los organismos internacionales (UNESCO, IFLA,...)
            El 12 de mayo de 1994 se firmó el anunciado convenio, entre el presidente Bono y el ministro de Defensa, Julián García Vargas. El apartado segundo  del convenio era  suficientemente explícito: en el protocolo de 1991 "no se contemplaba el traslado de toda la Biblioteca Pública del Estado, considerándose posteriormente conveniente este traslado integral, a fin de evitar los problemas y dificultades que se derivarían de la separación de los fondos de la ...Biblioteca". Y en el apartado tercero se decía: "...el Alcázar no sólo realzará de este modo sus contenidos museológicos y culturales, mediante la incorporación de ciertos fondos de carácter histórico...sino que también enriquecerá los usos y valores culturales del inmueble, a través de la integración de una biblioteca de carácter general e incuestionable importancia". La solución para los problemas de la Biblioteca de Toledo, paralizada desde el inicio de los años setenta, y el camino hacia la Biblioteca Regional eran ahora más correctos técnicamente: nos acercábamos al proyecto de Biblioteca de Castilla‑La Mancha que pronto podrán disfrutar tantos miles de ciudadanos.
           
4.      La realidad  de la Biblioteca de Castilla-La Mancha

            La Biblioteca de Castilla-La Mancha constituye el centro bibliográfico y cultural más importante de la región. Las obras realizadas en el Alcázar de Toledo no sólo permiten acoger el importantísimo tesoro bibliográfico depositado en la Colección Borbón‑Lorenzada sino que, además, han hecho  posible contar con una biblioteca que presta servicio a la sociedad regional y, en particular, a la comunidad científica. Por supuesto, el interés de sus colecciones patrimoniales hacen que la Biblioteca situada en el histórico edificio del Alcázar sirva de referencia a investigadores en las materias humanísticas y sociales en todo el mundo.
             La Biblioteca está llamada a ser el centro de recursos bibliográficos e informativos más importante de la región y, paralelamente, un centro de actividad cultural relacionado con la creación literaria, la historia del libro y la reflexión científica en asuntos básicos para la cultura y la sociedad de Castilla‑La Mancha.
            Pero, aun con esa dimensión regional, nacional e internacional de la Biblioteca, no debemos olvidar que los primeros grandes beneficiarios de este servicio público serán los ciudadanos de Toledo. La capital de la Comunidad Autónoma se beneficia directamente no sólo de un mejor acceso a sus importantes colecciones bibliográficas sino que, además, cuenta con un centro bibliotecario que, sin duda alguna, constituye la Biblioteca Pública que más amplios y modernos servicios preste en el país. Un centro cultural vivo y dinámico, abierto a todos, que conjuga  los servicios de acceso a la información con el valor añadido de poder disfrutarlos en uno de los edificios emblemáticos de la ciudad, cuidadosamente adaptado -en la planta que ocupa- para este servicio esencial para la comunidad.
            En el pórtico del tercer milenio, la Biblioteca Regional armoniza también la imagen de la historia de las bibliotecas. Librerías del siglo XVIII que pertenecieron a la primitiva biblioteca arzobispal de Lorenzana, que ahora acogen en libre acceso fondos relativos a Castilla-La Mancha; una librería del siglo XIX constituirá la sala de investigadores, denominada "Borbón-Lorenzana" como homenaje a estos arzobispos; espectacular resulta la nueva sala general de lectura, que entronca con la tradición más clásica pero con un uso funcional; y las nuevas tecnologías están muy presentes en la biblioteca, democratizando a todos los ciudadanos el acceso a las bases de datos (CD-ROM,...) y a las redes mundiales de información (INTENET), además de a los soportes ya más convencionales (Compact Disc, video, etc.) en una moderna mediateca. Pero la biblioteca se concibe de forma muy integral, de modo que en todas las salas de lectura se cuenta con diversos puestos de acceso a la red informática de la biblioteca, a las bases de datos en CD-ROM   e incluso a INTERNET, de modo que los usuarios que están utilizando servicios generales puedan en un momento determinado hacer las consultar que precisen a través de esos soportes y  redes. Finalmente, es reseñable que la biblioteca está realmente dirigida a todo tipo de públicos, cumpliendo su carácter de biblioteca pública o general, aunque también se trate en buena medida de una biblioteca especializada por el tipo de fondos que conserva. Los niños y los más jóvenes disponen de sus propias salas, tambiénn con acceso a los nuevos soportes y redes. Y las personas mayores, como el resto de adultos,  podrán disfrutar de una cómoda y relajada lectura de prensa diaria y de información general sin ningún tipo de limitaciones.
            La Biblioteca de Castilla-La Mancha acogerá dos importantes archivos fotográficos: el fondo Rodríguez, fundamental para la historia, el arte y la vida cotidiana de Toledo, y el de Escobar, importante testimonio de la vida de Albacete. De igual modo se irán incorporando a la Biblioteca reproducciones fotográficas relativas a nuestra región y que se conservan en distintos archivos y bibliotecas del país; y se ha iniciado un plan de conservación y difusión del patrimonio fotográfico que existe en las localidades de nuestra región, y muchas de esas fotografías se están reproduciendo para que integren la importante fototeca de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que constituirá una sección denominada Centro Regional de Fotografía.
            La biblioteca se ha concebido sin barreras, muy diáfana, con el atractivo añadido de las maravillosas vistas de Toledo que pueden contemplarse desde sus instalaciones. Y con una circulación muy fluida, de modo que todas las generaciones de toledanos y, en general, de ciudadanos que acudan a la Biblioteca puedan siempre contemplar a otros ciudadanos que aman el libro y la información, que creen en la fuerza transformadora de la cultura y la educación y que en la biblioteca pueden encontrar un buen servicio para el ocio. En esta Biblioteca se cumple fielmente el Manifiesto de la UNESCO sobre la Biblioteca Pública de 1994: "Este Manifiesto proclama la fe de la UNESCO en la biblioteca pública como una fuerza viva para la educación, la cultura y la información y como un agente esencial para el fomento de la paz y del bienestar espiritual a través del pensamiento de hombres y mujeres".





*Revista de Abenzoares, nº 6 (1999-2000); págs. 25-36. Escrito en 1998, este texto fue escrito originariamente para el libro colectivo El Alcázar de Toledo: Palacio y Biblioteca. Un proyecto cultural para el siglo XXI (Toledo: Consejería de Educación y Cultura. Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 1998), que coordinó mi buen amigo Fernando Martínez Gil y que proyectamos desde la Consejería para su edición con motivo de la apertura de la Biblioteca Regional.  Por diversas circunstancias, mi texto no fue incluido finalmente en el libro, publicándose un tiempo después en esta revista.

domingo, 5 de octubre de 1997

Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997)



“Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997)”. Toletvm. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Año LXXX, Segunda época núm. 38 (1998); págs. 9-42.

Enlace: Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997)

 



viernes, 23 de septiembre de 1983

La Biblioteca de Toledo pide vivir



La Biblioteca de Toledo pide vivir*

               Uno de los grandes defectos de este país ha sido la falta de planificación, construir con escasa visión de futuro. Así ocurrió también en Toledo con la Biblioteca Pública del Estado: ubicada en un nueva edificio en 1966, los técnicos de archivos y bibliotecas coincidieron en que esas brillantes instalaciones que integraban la que entonces se denominó Casa de la Cultura quedarían pequeñas en varios años y así lo comunicaron a los responsables del Ministerio de Educación y Ciencia. Evidentemente, se les hizo caso omiso, argumentando que era excesivo el celo profesional que mostraban. El tiempo daría la razón a los técnicos provincianos y, a los cuatro años de inaugurada, la Directora de la Biblioteca Pública se vio obligada a iniciar gestiones para ampliar sus instalaciones, pues su eficacia había quedado limitada por la carencia  de espacio; como el problema era progresivo, en 1973 tuvo que suspender las actividades culturales organizadas por la Biblioteca y el salón de actos comenzó a llenarse de libros que ya no podían acoger los depósitos. De centro vivo cultural, la biblioteca pasó a convertirse en un gran almacén de libros...
               Aquellos intentos primitivos de ampliación no fructificarían hasta finales de 1979, con la compra por parte del Ministerio de Cultura del antiguo convento de Santa Fe, contiguo a la Biblioteca. Ello supuso una esperanza para los toledanos que echábamos en falta un centro bibliográfico moderno, dinámico y funcional, que fuese el núcleo de la actividad informativo-cultural de la ciudad imperial. Pero aquel viejo defecto de este país, de parchear en lugar de dar soluciones a largo plazo, volvió a surgir y en 1981 la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas anunciaba que Santa Fe se dividiría entre la Biblioteca y el contiguo museo de Santa Cruz. La salomónica división –que no solucionaría los problemas de espacio de ninguna de las dos entidades afectadas- provocó una fuerte polémica contra esa arbitraria decisión. El Ayuntamiento, la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, el sindicato CC.OO., la Asociación de Amigos de la Universidad, intelectuales  toledanos y la prensa provincial se opusieron a la división y pidieron que el histórico convento de Santa Fe, donde naciera el rey Sabio, Alfonso X, se destinara exclusivamente a Biblioteca Pública. El actual partido en el poder se opuso igualmente a la solución Tusell, y por mediación del senador Manuel Díaz-Marta interpeló al Gobierno centrista, asumiendo con claridad y firmeza la postura de los que defendíamos que Santa Fe debería convertirse en la gran biblioteca que necesitábamos y en el centro cultural por el que la ciudad suspira.
Una riqueza bibliográfica y documental desaprovechada 
        El cierre total en marzo de 1983 de la biblioteca toledana agudizaría al límite el problema, formándose un Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública que difundió un manifiesto en defensa del centro bibliográfico, solicitando la inmediata reapertura, la paralización del proyecto de reparto de Santa Fe y la formación de una comisión que estudiase la situación bibliotecaria, museística y archivística en Toledo y negociase una solución real y válida a largo plazo con el Ministerio de Cultura. Historiadores, artistas, escritores, profesores, periodistas y otros numerosos profesionales, caracterizados progresistas de la ciudad, se solidarizaron con el Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca incorporándose así a la lucha para salvar la biblioteca toledana. Lo inaudito e indignante era, además de la catastrófica situación bibliotecaria y archivística de la ciudad (cerrados los archivos Municipal y Diocesano, igual que la Biblioteca, y reducida la jornada del Archivo Histórico Provincial a sólo las mañanas), que el PSOE asumiera sin mayor problema un proyecto elaborado por el equipo de UCD, olvidando incluso que cuando era oposición había luchado contra ese maldito proyecto de división redactado por la Dirección General del Iltmo. Tusell, hombre que desde luego no pasará a  la historia como benefactor de las bibliotecas. El único cambio respecto a la actuación de los centristas ha sido la apertura al diálogo del equipo de Jaime Salinas, con una de arena: no están dispuestos a modificar tan sabia decisión, aún a costa de demostrar su falta de coherencia política.
               Para aquellos que pudieran pensar que el caso de una biblioteca provinciana no es para ocupar tanta página de periódico ni para levantar tan grande polémica, les aclararé que la Biblioteca de Toledo es uno de los más importantes centros bibliográficos europeos. Además de su fondo moderno, contiene la internacionalmente conocida Colección Borbón-Lorenzana (unos 100.000 libros impresos procedentes de las colecciones de los antiguos arzobispos toledanos, algunos de ellos grandes bibliófilos; junto a 411 incunables y más de 1.000 manuscritos de los siglos XI al XIX). A ese interés hay que sumar el legado Malagón Barceló, compuesto por unos 20.000 volúmenes que recogen la producción de los exiliados españoles en Iberoamérica, aún no puesto a disposición del público por las dificultades de espacio de la Bibliotecas, y que será de consulta imprescindible para los interesados en la historia y literatura contemporánea española. El valor de la biblioteca es reconocido por numerosos investigadores de todo el mundo que la visitan o la solicitan servicios como fotocopias, microfilm, etc. 
No a lucha Biblioteca-Museo 
            Los simplistas quieren reducir el problema a una lucha entre los partidarios de la Biblioteca y los amigos del Museo de Santa Cruz. Ambos centros están evidentemente, infrautilizados e imposibilitados de crecer por las dificultades de espacio. Las dos entidades tienen prestigio y ricos fondos. Por ello habrá que buscar una solución que lo sea de verdad y para muchos años. Hace dos años los que clamamos contra la partición de Santa Fe fuimos tachados como rojos, mientras que las voces que defendieron la división lo fueron de derechosos o centristas. En un  asunto que la izquierda asumió casi unánimemente, la postura del PSOE merece al menos un punto de reflexión y la posibilidad de corregir su error con valentía. Si la división se lleva a efecto, Toledo hipotecará su futuro cultural: ni una ni otra institución verá solucionados sus problemas. El Museo, es verdad, tiene  lícito derecho, igual que la biblioteca, a vivir. Pero hay otras fórmulas: Toledo que es una ciudad-museo, salpicada ricamente de museos que muestran las distintas épocas históricas del Arte en Toledo, puede perfectamente asumir el desdoblamiento del actual museo de Santa Cruz, uno dedicado a las Bellas Artes y otro a mostrar la riqueza arqueológica de la provincia toledana. En una ciudad que ve cómo su casco histórico se despuebla y sus edificios monumentales quedan vacíos y amenazados de ruina, no es difícil encontrar sede: el monasterio de San Pedro Mártir, en una ruta museística envidiable, sería ideal para ubicar el nuevo museo arqueológico toledano y diseñarlo modélicamente, con arreglo a las condiciones pedagógicas que la museología actual proclama.
               Santa Fe, situado en el corazón de la ciudad, junto a Zocodover, espera su restauración y desea ser pronto el lugar de encuentro de los toledanos. El actual proyecto de partirlo en dos pedazos obligará dentro de unos años a buscar un nuevo emplazamiento para una de las dos instituciones que se lo disputan. ¿Por qué no empezar a ser serios? ¿Por qué no construir para el mañana? Los toledanos, que estamos cansados de soportar las decisiones arbitrarias del centralismo (el trasvase Tajo-Segura, el fantasma del campo de tiro de Cabañeros, en plenos Montes de Toledo...), espera que en esta ocasión se obre racionalmente y se cuide una ciudad en muchos puntos olvidada y degradada. La rica historia de estas tierras nunca podrá bordarse adecuadamente por los investigadores si seguimos dando sólo soluciones a corto plazo; la libertad de creación y de información, el cambio cultural que tantos deseamos será difícil hacerlo realidad en Toledo con el actual proyecto de dividir Santa Fe. Aún se está a tiempo de rectificar. Si la biblioteca pública es, según la UNESCO, “una fuerza viva al servicio de la enseñanza, la cultura y la información”, la de Toledo puede vivir: instalaciones capaces para acoger el fondo legado por los siglos y los libros que nacerán cada día, y que se garantice el espacio necesario para ejecutar una actividad cultural propia y acorde con el prestigio universal de esta ciudad.



* Escrito el 23-9-1983 para El País. Inédito. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España,  págs. 247-249.

sábado, 30 de julio de 1983

Compás de espera para la Biblioteca Pública de Toledo



Compás de espera para la Biblioteca Pública de Toledo*


              Indudablemente es positivo  el gesto de la Dirección General del Libro, y Bibliotecas de llamar a un comité de defensores de la Biblioteca Pública toledana. Pero absolutizar el  valor de esa acogida sería engañoso.
               Frente a la inaccesibilidad del Iltmo. Tusell hace varios años, Jaime Salinas ha reconocido explícitamente la importancia de que un grupo de ciudadanos levante una campaña de proporciones al parecer inusitadas y clame pidiendo soluciones para una Biblioteca. Y como en este país “el que no llora, no mama”, mostraba el Director General su deseo de que hubiese otros muchos como los locos miembros de este Comité en la confianza de que bastante mayor sería la atención que desde el Gobierno se prestaría al sector bibliotecario.
               El encuentro entre el Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca de Toledo y los representantes ministeriales no sirvió para conseguir la apertura de la Biblioteca pero sí para determinar algunas responsabilidades y aclarar ciertas posturas ante el problema de la ampliación de nuestro máximo centro bibliográfico.
               Porque, con ese común denominador de la preocupación por nuestra biblioteca, esos dos eran los aspectos concretos para los que exigíamos aclaración: el cierre de la biblioteca y el proyecto de ampliación de ésta, en base a la división del convento de Santa Fe.

Tras las promesas de apertura, la biblioteca permanece cerrada

               De la cordial y sincera entrevista de casi tres horas de duración, este Comité pudo constatar la absoluta responsabilidad/culpabilidad de la Dirección General en el cierre de nuestra biblioteca. Y esto es un hecho gravísimo: sin buscar soluciones alternativas, Madrid dejó a los ciudadanos toledanos sin servicio bibliotecario con una ligereza pasmosa. Que el traslado de los 36.000 volúmenes de la Colección Borbón-Lorenzana había que hacerlo –dada la precaria situación del edificio de la calle Cervantes- nadie lo pone en duda; pero que ello se hiciese a costa de la privación de la lectura y la información, hace que pongamos serios reparos a la sensibilidad cultural de los encargados ministeriales de velar por el libro y las bibliotecas.
               En el encuentro se reconoció que la solución podía haber sido situar la totalidad de los volúmenes en la capilla del convento de Santa Fe. Incluso el Ministerio había dado previamente orden a la directora del Museo de Santa Cruz de quitar de esa dependencia unas vitrinas utilizadas en una exposición de cerámica. Al final, faltó autoridad y se prefirió dejar a los toledanos sin acceso al libro antes que enfrentarse al Museo (?)
               Hubo otra cuestión pintoresca: la directora de la Biblioteca tenía solicitados desde hacía meses los créditos necesarios para acondicionar unas salas de Santa Fe para biblioteca infantil (en previsión de que en la actual sala infantil se colocarían parte de los volúmenes de la Colección Borbón-Lorenzana traladados). La Subdirectora General de Bibliotecas, Alicia Girón, profirió quejas contra la Administración, que “es tan lenta y había impedido la realización de esas obras”. Lo curioso es que había olvidado que ella era también Administración y, por tanto, corresponsable de esa lentitud y esa falta de instalaciones bibliotecarias para los niños.
               Sin atreverse a dar fecha, el Ministerio siguió diciendo que la biblioteca se abrirá en quince días “más o menos”. Ya son cuatro meses los que lleva cerrada y resaltamos que, cuando se abra, los niños, que son lo que más necesitan la biblioteca para adquirir hábitos lectores y a los que más perjudica el cierre por la ruptura del ritmo lector, seguirán sin esperanza de poder reanudar las consultas o el préstamo de libros en la biblioteca toledana.
               Este Comité, exceptuando sus numerosas declaraciones en emisoras de radio, ha preferido guardar silencio en la prensa durante un tiempo prudencial. Veinte días después de la entrevista, la Biblioteca permanece cerrada a cal y canto y nos vemos obligados a entonar nuestra protesta.
La futura ampliación de las instalaciones bibliotecarias
               Sobre el proyecto de división de Santa Fe para ampliar Biblioteca y Museo, se ha escrito mucho. Quizá demasiado. Numerosos artículos en prensa, polémicas y actitudes dictatoriales de antiguas autoridades ministeriales han conformado la historia reciente de una biblioteca que nació incapacitada para su crecimiento natural. No faltó tampoco la oposición de la izquierda, materializada en un momento en un comunicado de CC.OO en contra de la división del convento y una interpelación del senador socialista al Gobierno en idéntico sentido. A distintos niveles, el contencioso Biblioteca-Museo fue politizado al máximo, y siempre se dijo que el rojerío apoyaba a la biblioteca y la derecha (UCD, Opus,... ) al Museo. Evidentemente, se trata de una clasificación simplista, pero que tiene su parte de razón. El hecho, además, de que el concejal del P.C.E., Luis Alfredo Béjar defendiera en el Ayuntamiento que la totalidad del convento se destinase a ampliación de los servicios de la Biblioteca –apoyando así la moción de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas- fue otro ingrediente más de la creciente politización del tema.
               Esta ha sido una de las cuestiones que recordamos al Director General del Libro y Biblioteca en la entrevista del 2 de julio. ¿Por qué el PSOE, hoy en el poder, se desdice de su postura anterior y asume sin la más mínima autocrítica el proyecto Tusell?
               Desde hace unos días obran en nuestro poder los planos de Santa Fe, con el anteproyecto sobre la distribución de los servicios destinados a Biblioteca y Museo. No es momento ahora de presentar las graves deficiencias que observamos en el mismo de cara a que sea válido a corto, medio o largo plazo. En su día lo haremos, tras su estudio exhaustivo. Pero sí queremos afirmar rotundamente que con las instalaciones que se proyectan, Toledo volverá a hipotecar seriamente el futuro bibliotecario e informativo. Sin duda que todo lo que se construye viene a significar alguna mejora y una aportación; pero cuando se observan con certeza las deficiencias estructurales que el nuevo  centro tendrá y las limitaciones para su crecimiento, no podemos por menos que echarnos a temblar.
               Nos preocupa también el empecinamiento de que la división en intocable. “Bellas Artes exige la parte museable” –nos dijeron- . Incluso llegó a afirmarse que sólo la capilla de Belén y el ábside eran monumento histórico nacional; no así el resto del edificio (en el que hay que destacar un magnifico artesonado pintado del siglo XV y unas yeserías del siglo XVI). Luego llegó la contradicción -el Ministerio  querría adquirir todo el edificio para biblioteca, pero los problemas económicos...- Y entonces recordamos que ya el Ministerio estuvo dispuesto en la época de Tusell (ante la oposición al proyecto de división de Santa Fe que se dio en 1981) a acondicionar el monasterio de San Pedro Mártir para biblioteca, financiando el costo de esa adaptación. Ya entonces alguno de nosotros dijo que si bien era una solución aberrante para la biblioteca era una medida óptima para el museo, que se podía desdoblar en dos vertientes y trasladar a San Pedro Mártir la parte arqueológica.
               Creemos que no está existiendo clarividencia. Estamos ante la oportunidad histórica de dotar a Toledo de unas instalaciones informativo-culturales decisivas, y sin embargo da la sensación de que vuelve a no planificarse cara al futuro; la falta de ilusión por conseguir un edificio válido al menos para los próximos veinte años indican una cierta tacañería de principios al pensar que los problemas con que cuentan las bibliotecas hoy no se va a solucionar en gran parte con un gobierno socialista en el poder, que debe poner en el libro y la cultura las máximas esperanzas de transformación de nuestra sociedad. Pero esta pobreza planificadora no afecta sólo a la biblioteca: también el museo de Santa Cruz padecerá el lastre de la falta de visión. El Museo, que lo es fundamentalmente de Bellas Artes, a la larga no va tampoco con este pedazo de tarta del edificio de Santa Fe a solucionar sus necesidades de espacio. Y cuando una autoridad tan eminente como el profesor Máximo Martín Aguado recuerda que Toledo perdió la posibilidad de tener un gran museo arqueológico, es nuestra obligación decir que Santa Cruz seguirá siendo un mediocre museo arqueológico, sin posibilidad de adaptarlo –en sus actuales y futuras instalaciones de Santa fe- para convertirlo en un museo moderno, con las condiciones pedagógico-didácticas que la museología actual reclama para estos centros educativos. Cuando San Pedro Mártir atraviesa una preocupante situación de deterioro, debemos recordar otra moción de la Academia toledana en la que esta institución solicitó la instalación allí del nuevo Museo Arqueológico toledano, con espacio suficiente y válido a largo plazo para concebir un museo modélico.

La responsabilidad es del  Ministerio de Cultura

               Desde las sucesivas direcciones generales de bibliotecas –la de UCD de Tusell y la del PSOE de Salinas- se ha pretendido hacer creer a la opinión pública que si carecemos de biblioteca o si el proyecto de ampliación de ésta permanece paralizado es por culpa de los protestones de turno. Ante esa postura tan poco realista y escasamente ética, volvemos a manifestar que este Comité está compuesto por ciudadanos que no tienen ninguna capacidad decisoria, ni siquiera de gestión. En un gesto que ya hemos valorado suficientemente, fuimos llamados a Madrid para infomarnos y ser convencidos de lo que Toledo iba a ganar con este proyecto, incluso –según se dijo allí- a costa de dejar a otras provincias sin consignación presupuestaria para nuevas inversiones. Con la mayor seriedad del mundo, y ante la posibilidad de que todas las provincias españolas vean en Toledo la culpable de sus desdichas bibliotecarias, afirmamos que es preferible sacrificar a nuestra tierra en una cosa más que no enemistarnos con el resto del país, máxime cuando esas cuantiosas inversiones se van a hacer  sin la certeza de que constituyan una solución para la privilegiada Toledo. Por tanto, la responsabilidad de si se amplían o no la biblioteca y el museo; y de si se tarda más o menos en la realización de esas obras, será exclusivamente del Ministerio de Cultura. Y, evidentemente, el cómo se haga (bien o mal, con perspectiva de futuro o como una solución muerta antes de nacer) será igualmente responsabilidad de las autoridades ministeriales. Así lo dijimos claramente en Madrid y hoy volvemos a recordarlo. Nosotros, en todo caso, seremos espectadores de cuanto suceda y ciudadanos con derecho a opinar y a denunciar si fuera preciso unas soluciones que en nada cambiarán el presente culturalmente mortecino de esta ciudad.
               Uno de los máximos retos del P.S.O.E. es el del libro y las bibliotecas. Si existe suficiente convicción política de que la lectura es importante en este país, se invertirá en ese terreno. Si no es así, seguiremos hablando de las dificultades económicas, que a veces ya suenan a eterna excusa. Ley de Bibliotecas, creación de bibliotecas en las localidades mayores de 3.000 habitantes, bibliotecas modélicas en las capitales de provincia, con arreglo a las normas de la I.F.L.A.; e impulso de la actividad editorial a través de crecientes adquisiciones de libros con destino a las bibliotecas públicas, son algunas de las promesas del equipo del señor Salinas. Deseamos que todo el Gabinete asuma este proyecto y no pierdan la ocasión de sentar un mal precedente en Toledo. Porque si es verdad que ahora hay escaso presupuesto para adquirir libros, cuando el cambio sea realidad la nueva biblioteca de Toledo (la que se cree en Santa Fe) quizá ya tenga que ir pensando en otra ampliación para poder acoger los miles de volúmenes que tendrán la posibilidad de ingresar en nuestro centro bibliográfico y convertirse así en privilegiados compañeros de los 100.000 volúmenes que legaran los cardenales Borbón y Lorenzana, los 20.000 del fondo Malagón Barceló, los 10.000 de temática toledana y los adquiridos a lo largo de su historia por la biblioteca pública de esta ciudad.
               Hacemos un llamamiento a la meditación y abrimos un compás de espera.


* La Voz del Tajo (30-7-1983), pag. 2. Redacté este artículo, que apareció publicado y firmado por el Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs. 243-247.

martes, 21 de junio de 1983

Biblioteca Pública de Toledo



Biblioteca Pública de Toledo*


Las bibliotecas continúan sin ser atendidas debidamente. Falta de personal técnico y auxiliar, escasos presupuestos, edificios en muchos casos insuficientes e inadecuados, son algunos de los problemas que afectan a las existentes. Luego están esa inmensa mayoría, legión de bibliotecarios. Y como trasfondo la promesa del actual Director General de Libro y Bibliotecas, Jaime Salinas, de crear bibliotecas en los municipios mayores de 3.000 habitantes, siguiendo los módulos que en este campo marca la UNESCO. Y deseamos cargarnos de esperanza.
Pero lo peregrino, lo triste, lo inaudito es el cierre de una biblioteca tan importante como la de Toledo. Todo el mundo lo reconoce: sus 100.000 volúmenes de fondo antiguo (procedentes de la colecciones legadas por los arzobispos toledanos), casi otros tantos libros del siglo XX; el fondo Malagón Barceló, que recoge la mayor parte de la producción de los exiliados durante sus años en Méjico y otros países iberoamericanos más importantes de todo el país. Por ello, cuando no estamos sobrados de bibliotecas, resulta paradójico que se cierre una.
La Biblioteca Pública del Estado en Toledo lleva desde hace años una vida azarosa: asfixiada, tuvo que cerrar su salón de actos en 1973 y convertirla en nuevo depósito para poder seguir incorporando nuevos volúmenes; adquirido en 1979 por el Ministerio de Cultura el edificio colindante de Santa Fe para ampliar sus instalaciones, dos años después el entonces Director General, Javier Tusell proyectó la división de este último inmueble entre el museo de Santa Cruz, la biblioteca y el archivo histórico porvincial, división que ocasionó una fuerte polémica en la ciudad y que  no solucionaba los problemas de espacio de ninguna de esas instituciones. Ahora, para acoger 30.000 volúmenes de la Colección Borbón-Lorenzana que se encontraban en la antigua y ruinosa sede de la biblioteca provincial, cierra sus puertas, con expreso consentimiento de la Dirección General de Libro y Bibliotecas y cuando había soluciones diversas (como el traslado de esos volúmenes al contiguo convento de Santa Fe). La sala de lectura, como ayer el salón de actos que daba vida a la Casa de Cultura  (de la que sólo queda hoy la pomposa denominación), se utiliza ahora para depósito, dicen que provisionalmente. Pero miedo, pavor, nos dan las soluciones provisionales que se adoptan en este país.
En Toledo un centenear de amantes de la cultura (historiadores, artistas, poetas, novelistas, representantes de instituciones ciudadanos y organizaciones vecinales) han firmado un manifiesto apoyando a la biblioteca pública toledana, unidos por el carácter progresista y la ilusión porque el cambio sea real en esta ciudad. Pero todo ello no puede eximirnos de seguir ejerciendo la crítica cuando sea necesaria.
La apertura de la biblioteca toledana es un primer paso que exigimos; el siguiente será su dinamización ( con aumento de personal técnico y auxiliar) y popularización: su acercamiento a todos los toledanos. Y respecto al contencioso que enfrenta a museo, archivo y bilbioteca para repartirse la “tarta” de un edificio sobre el que efectuar su legítima expansión, nuestra postura es clara: la formación de una comisión que formule la mejor solución para la ciudad. Repetir los procedimientos dictatoriales de antiguos directores generales que decretan desde Madrid y cambiaban de opinión cada vez que se publicaba un artículo en la prensa, sería lamentable.
La biblioteca es, según la UNESCO, una “fuerza viva al servicio de la enseñanza, la cultura y la información”y “un instrumento indispensable para fomentar la paz y la comprensión”. Si el interés por la cultura y por las bibliotecas es real, hoy pedimos una prueba de, al menos, buena voluntad: que la biblioteca de Toledo abra sus puertas al público, y que lo haga con rapidez y dignidad.


* Carta al Director. Diario 16 (21-6-1983), p. 4. Redacté y fui primer firmante de esta carta. Texto recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs. 241-243.

domingo, 15 de mayo de 1983

Manifiesto en defensa de la Biblioteca Pública de Toledo



Manifiesto en defensa de la Biblioteca Pública de Toledo*


La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) proclamó en su Manifiesto de 1912 la confianza que esa máxima Institución ponía en la Biblioteca "como fuerza viva al servicio de la enseñanza, la cultura y la informaci6n, y como instrumento indispensable para fomentar la paz y la comprensi6n internacional".
Los abajo firmantes, to1edanos, hombres y mujeres preocupados por la cultura viva de esta ciudad, amantes de la Historia, el Arte, la Literatura y otras manifestaciones representativas de la actividad cultural, dan a la luz pública el siguiente comunicado:
Primero.-  Lamentamos profundamente el cierre desde hace dos meses de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, cierre que impide el acceso de los ciudadanos a esta primordial institución. Con esta medida se agravan notablemente la ya deteriorada situación de nuestro máximo centro bibliográfico y las difíciles condiciones que para el trabajo intelectual ofrece esta ciudad.
Segundo.- Acordamos recordar la importancia que el Manifiesto de la UNESCO concede a las bibliotecas en la vida de una comunidad:
“La biblioteca pública es una muestra de la fe de la democracia en la educación de todos como un proceso continuo a lo largo de la vida, así como en la aptitud de todo el mundo para conocer las conquistas de la Humanidad en el campo del saber y de la cultura...
Es el principal  medio de dar a todo el mundo libre acceso a la suma de los conocimientos y de las ideas del hombre, y a las creaciones de su imaginación.
Su misión consiste en renovar el espíritu del hombre suministrándole libros para su distracción y recreo, ayudar al estudiante y dar a conocer la última información técnica, científica y socio1ógica...
...Para lograr plenamente sus objetivos,  ...ha de ser de fácil acceso y sus puertas han de estar abiertas para que la utilicen libremente y en igualdad de condiciones todos los miembros de la comunidad, sin distinción de razas, color,  nacionalidad, edad, sexo, religión, lengua, situaci6n social y nivel de instrucción...”
Tercero.-  Consecuentes con el anterior espíritu, solicitamos de los poderes públicos:
a)      La inmediata reapertura de la Biblioteca Pública do Toledo.
b)      La paralización del actual proyecto de división del edificio de Santa Fe entre biblioteca, museo y archivo.
c)      La formación de una comisión (integrada por las distintas partes afectadas y por representantes del Ministerio de Cultura, Ayuntamiento, Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, y ciudadanos interesados por la problemática cultural y, más concretamente, por la situación bibliotecaria, museística y archivística en Toledo) para que, con verdadera actitud democrática, busque las soluciones que más interesen a la ciudad de Toledo, en orden al más adecuado desarrollo y utilización de estos servicios por parte de todos los toledanos.
d)     Una vez solucionado el contencioso de la divisi6n de Santa Fe (con adjudicación, si fuera preciso, de otros edificios para asegurar la ampliación de alguna de las instituciones implicadas), recabar del Ministerio de Cultura las medidas que aseguren la dinamización y popularización de estos centros de cultura, con incremento de personal técnico y auxiliar y de las partidas presupuestarias necesarias para desarrollar la importantísima misión que biblioteca, museo y archivo están llamados a realizar sobre la sociedad toledana. 

Cuarto.- Una representación de los firmantes de este comunicado quedará constituido en Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca  Pública, para efectuar un continuo seguimiento del problema, hacer llegar el presente comunicado a cuantas autoridades fuera necesario e iniciar una amplia campaña en los medios de comunicación provinciales y nacionales para conseguir la definitiva recuperación de nuestra Biblioteca y transformarla en lugar de encuentro para todos los toledanos.


* Manifiesto de 15-5-1983. La Voz del Tajo (28-5-1983), p. 7. Redacté este Manifiesto, que creaba el Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública, y encabecé, junto con mi hermano Isidro, la firma y difusión en los medios periodísticos de este Manifiesto. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs.