miércoles, 10 de junio de 1981

¿La Biblioteca Pública a San Pedro Mártir? ¡Qué error, qué inmenso error!, señor Tussell




¿La Biblioteca Pública a San Pedro Mártir?

 ¡Qué error, qué inmenso error!, señor Tussell*
 



Iltmo. Tusell:
               Decía Benavente que “los libros son como los amigos; no siempre es el mejor el que más nos gusta”. Esto lo aplico, después de dar muchas vueltas mi cabeza, al polémico tema de la división de Santa Fe entre Biblioteca y Museo. La noticia aparecida en La Voz del Tajo el pasado miércoles 27 de mayo, me ha dejado sumido en una sorpresa tal que, a no ser por lo acostumbrado de estos hechos en este país, malamente se recuperaría uno de este susto. Porque, ¡qué susto! Numerosas llamadas telefónicas de amigos interesados en el tema, me sorprendieron en la mañana de aquel día, diciéndome: “Tusell ha cedido, se ha arrepentido”, o “Ya no habrá división. Tusell imitó a Salomón”. Era una cantinela sospechosamente esperanzadora. Y yo, sorprendido y ávido de noticias, marché a comprar el semanario para comprobar con mis propios ojos el evento y poder asignarle a Vd., señor Tusell, la categoría de sabio que acompañó al rey Salomón y que sin duda se merece.

               Ya el avance de portada resultaba inquietante. Y la página 10 era un tremendo mazazo que incitaba a la confianza de este pueblo en sus dignísimos gobernantes. La vieja rima romántica becqueriana expresa la tremenda expresión que me produjo la noticia:



                                   “Cuando me lo contaron sentí el frío

                                   de una hoja de acero en las entrañas;

                                   me apoyé contra el muro, y un instante

                                   la conciencia perdí de dónde estaba”.



               Porque la cosa es grave. Yo, tal vez muy ingenuo, quiero pensar que ha sido una decisión de buena voluntad, aunque no sopesada suficientemente. Es bueno corregir a tiempo los yerros. Y dividir Santa Fe lo era, y muy grande. Uno se siente halagado al saber que ha formado parte de ese sector de “ciudadanos de Toledo” que se opusieron a la división salomónica. Uno se alegra profundamente de constatar el interés que el Ministerio de Cultura, y concretamente la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas, tiene para solucionar los graves problemas que aquejan a Biblioteca y Museo. Pero uno se entristece enormemente al conocer la solución que ahora se pretende: Santa Fe para el Museo, íntegramente; y para la Biblioteca ... San Pedro Mártir. 
De mal en peor 
               Como diría el pícaro Lázaro de Tormes –que, al fin y al cabo, es también Lázaro de Toledo- cuando dejó al ciego para servir al clérigo en busca de mejor vida, “escapé del trueno y dí en el relámpago”. Y es que la “mejor vida” que pretende el Ministerio se me antoja dura, sobre todo para el libro. Por esto le recordaba la frase de Benavente, por si le ayuda a reflexionar sobre la política cultural que este país necesita y Vd., en gran parte, lleva de su mano experta. Me da la impresión –ojalá esté yo equivocado- de que su mejor amigo es el patrimonio, y de que su amigo más lejano (no el peor, claro está, que Vd. es intelectual y debe amarlo, aunque un poco a distancia) es el libro. Y no se trata ahora, evidentemente, de sentenciar sobre si es más importante la función social de una biblioteca o lo es la de un museo. Ambas instituciones son, sin lugar a dudas, fundamentales para la educación y la cultura. Por esto nunca he desdeñado la importancia de los problemas del museo de Santa Cruz, aunque por mis trabajos me siento más identificado con los de la biblioteca y la haya defendido ante una solución –partir santa Fe- que era/es inadecuada y que hipotecaba peligrosamente su futuro. Lo que busco es otra solución, una solución que salve a ambas entidades. Y esa solución tienen que darla los técnicos del Ministerio. Mas, siendo trascendentales esos dos medios culturales, por encima de la cultura como abstracción esta el HOMBRE, la persona. “La gente es el Reyno”, escribía en 1619 el arbitrista toledano Sancho de Moncada. ¿para qué un país sin gente?, pensaba Moncada. Y ¿por qué un país sin gente bien formada?, me pregunto yo ahora. La riqueza de un país son sus hombres. Todo ha de estar en función suya. Blas de Otero daba “todos sus versos por un hombre en paz”, porque las cosas en sí mismas no tienen sentido. La mayor riqueza de una nación son sus hombres, no su Patrimonio. Y a esto hemos de aspirar: a crear hombres, a formar hombres con espíritu de libertad, igualdad, tolerancia. Hombres en paz para hoy y el mañana. Y a esto está llamado el libro.



Recordando el Manifiesto de la UNESCO sobre la biblioteca pública



               La UNESCO proclama la confianza que mantiene en la biblioteca pública como “fuerza viva al servicio de la enseñanza, la cultura y la información, y como instrumento indispensable para fomentar la paz y la compresión internacional”. En un mundo falto de paz, el libro está llamado a formar al hombre, a ejercitarlo en la comprensión y en la formación de su propia opinión. Porque si la UNESCO enuncia la importancia de la biblioteca como “institución democrática de enseñanza, de cultura y de información”, donde pone más el acento es precisamente en su labor informativa: un hombre sin información, se ha dicho, es un hombre sin opinión. Para esto nacen las bibliotecas: para evitar la manipulación del hombre. “La biblioteca pública –sigue diciendo el Manifiesto- es el principal medio de dar a todo el mundo libre acceso a la suma de los conocimientos y de la ideas del hombre, y a las creaciones de su imaginación”. Tristemente, gran parte de estas importantísimas funciones que está llamada a ejercer en nuestra sociedad la biblioteca pública toledana no han podido ser puestas en práctica todavía. Y ello porque a los problemas generales de las bibliotecas del país hay que unir algunos particulares: nació asfixiada, porque no se planificó teniendo en cuenta su crecimiento natural y a los pocos años era sólo un gran almacén de libros, no un centro de cultura viva y de importancia para todos. Santa Fe era la esperanza para iniciar los servicios que asegurasen al pueblo toledano el acceso al libro; Santa Fe era el lugar idóneo donde confluyesen todos los toledanos que buscan formarse su espíritu y su opinión o ansían, simplemente, convertir su tiempo en ocio enriquecedor. Pero no es todo: si la biblioteca renueva el pensamiento del hombre; si le distrae, si es ayuda para el estudiante, otra misión es cuidar y ayudar al progreso: “dar a conocer la última información técnica, científica y sociológica”, ser fuente que facilite el progreso económico de un pueblo por la formación intelectual y humana de sus hombres. 
La Biblioteca a San Pedro Mártir: un grave atentado para los toledanos

               La decisión, si culmina, de trasladar la biblioteca toledana al monasterio de San Pedro Mártir no sólo atenta gravemente contra el espíritu del Manifiesto de la UNESCO sino que vulnera los derechos de los toledanos de acceder fácilmente al libro. El fácil acceso, las buenas comunicaciones, el lugar céntrico, el emplazamiento en lugar concurrido, todas estas condiciones las cumple el Miradero, no San Pedro Mártir. Da la impresión, y me parece tristísimo, de querer alejar al pueblo toledano de los libros, estos peligrosos vehículos de transformación de la sociedad. Si ahora no hay inquisidores que requisen los libros malditos; si nuestro país no es hoy, afortunadamente, el estado policial y perseguidor/destructor del libro que Ray Bradburry plasmó en su novela Farenheit 451, los toledanos podrían pensar en esta ocasión que alguien quiere esconder los libros, alejarlos de los centros vitales de la ciudad toledana para que no molesten y reposen plácidamente y se llenen lentamente de polvo por el  no uso y duerman, en fin, el sueño de los justos.

               Hay, a mi entender, señor Tusell –y según la noticia de prensa que me empuja a escribir estas líneas- otro grave error en su decisión actual de largar la biblioteca a San Pedro Mártir: parece que las actividades culturales se desligarían de las meramente bibliotecarias. El actual edificio del Miradero sería aula cultural y San Pedro biblioteca pública (¿y tal vez archivo?). Perdóneme que me atreva a recordarle otro párrafo del citado Manifiesto: “La biblioteca pública es, de un modo natural, el centro cultural de la comunidad, en el que se reúnen las gentes que tienen intereses semejantes. Ha de poder disponer, pues, de los locales y el material necesarios para organizar exposiciones, debates, conferencias, conciertos y proyecciones cinematográficos, lo mismo para los adultos que para los niños”. Uno, que siempre ha tratado de sustituir el refrán aquel de “piensa mal y acertarás” por el de “piensa bien, aunque no aciertes”, trata de quitar leña al fuego y piensa que quizás la noticia sea un falso rumor de Ministerio. Pero como “cuando el río suena, agua lleva”, me pongo a la defensiva –compréndalo, señor Director General-  y me pregunto: ¿y si fuera cierto? ¿Y si ese error, inmenso error, fuese verdad, no un mal sueño, y tratasen de consumarlo? Yo no sé, pero pienso en las fatigas del señor Alcalde de nuestra ciudad y de otras autoridades que tratan de que el Consejo de Europa se fije en nosotros. Considero que sería un golpe bajo a su excelente labor por tierras europeas pregonando el carácter ineludible de meca cultural de Toledo. y pienso en el rubor que pasarían nuestros doctos munícipes cuando en Europa conocieran esta decisión –“sublime decisión”, que se dijo en el teatro- y comprobaran todo el caso que los españoles hacemos a la UNESCO y demás.

               Otra cuestión que no entiendo es por qué precisamente San Pedro Mártir para biblioteca y Santa Fe para el Museo. ¿no podría hacerse al revés? Pienso en la impotencia que se debe sentir después de diez años de negociaciones intensísimas para conseguir ampliar la biblioteca a través del viejo convento de las Ursulinas.  Y me produce amargura el que vuelvan a hacerse las cosas con los tradicionales y característicos autoritarismo y centralismo (ni siquiera el señor delegado del Ministerio de Cultura conocía esta decisión cuando el miércoles tarde le telefoneé para que me confirmara o denegara la noticia), sin dar explicaciones. De dividir San Fe a esta otra solución –mil veces peor que aquella, y ya es decir- se ha pasado sin decir esta boca es mía, sin presentar la alternativa por la que venimos clamando, sin dar una razón que justifique o serene mi intranquilidad y la de otros toledanos. Por esto le escribo, señor Tusell, para que hablen alto, para que pidan opinión a los técnicos en el tema que trabajan en esta ciudad, para que la democracia sea un poco más real y un poco menos ficticia.

               Pero, en fin, usted verá. No es mi responsabilidad, desde luego. Quisiera finalizar, para no pecar tanto de localista, recordándole que los problemas de Toledo no son únicos, están  dentro de una dinámica nacional, tal vez aquí agudizados por la importancia de la biblioteca toledana.




Proteccion a las bibliotecas españolas



               Sí, la mayoría de las bibliotecas españolas siguen careciendo de personal técnico suficiente. Este país sigue sin LEY DE BIBLIOTECAS. Y, finalmente, comunicarle, con el debido respeto, que muchos españoles –entre los que me cuento- veríamos con buenos ojos que un día hablase Usted sobre las bibliotecas españolas, sobre lo que piensa hacer para modificar su triste vida actual, o simplemente para decirnos que estamos en un periodo de crisis económica y que para el libro no ha quedado demasiado presupuesto y... No sé. Son cosas complicadas. Lo comprendo. Pero yo deseo, con total sinceridad, que usted y sus colaboradores puedan dar buena solución a todo esto. Si no, apaga y vámonos.

               Un saludo.


*La Voz del Tajo (10-6-1981), pág. 5. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs. 226-230.

miércoles, 20 de mayo de 1981

Biblioteca y Museo: La solución no es dividir Santa Fe



Biblioteca y Museo:
La solución no es dividir Santa Fe*





        El artículo de mi buen amigo y profesor José María Calvo sobre la pretendida división del convento de Santa Fe da un giro copernicano al problema: él es hasta ahora el único toledano (salvo la Directora del Museo) que comparte la idea de la partición del citado convento, en esa línea pragmática que ha caracterizado tantas realizaciones españolas abordadas bajo el refrán “más vale pájaro en mano que ciento volando” y que trata de justificar la división con el pretexto de aligerar los trámites que permitan el rápido inicio de las obras que dotarán a Toledo de 3.000 m2 más de cultura viva.

Posturas ante una polémica

         Me ha alegrado profundamente constatar que en diversos sectores de la ciudad comienza a preocupar el tema. El Ayuntamiento toledano, a través de su Comisión Municipal Permanent

e, asume la moción de la Academia; CC.OO. acaba de hacer público un comunicado en el que se solidariza plenamente con esta postura. Y ahora J.M. Calvo, uno de los hombres más hondamente preocupados por la cultura provincial toledana, toma postura ante esta cuestión. La novedad de este último ingrediente en la polémica consiste, precisamente, en que su posición no es nueva: es idéntica a la formulada por la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas. Su opinión, necesaria en la sociedad plural y democrática en que convivimos, muestra la rica sensibilidad de mi antiguo profesor y actual compañero en las tareas investigadoras sobre historia toledana, al mismo tiempo que intenta enmendar la plana a la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, considerado el máximo organismo consultivo en cuestiones de patrimonio artístico y cultural.
Pero, en todo caso, el estímulo que el profesor Calvo hace al Sr. Tusell para “que lo parta bien” me parece preocupante por proceder de uno de  los máximos responsables de la política cultural de UCD en nuestra provincia y porque, en otro nivel, da la impresión de suponer el relevo a la tímida defensa que los subdirectores generales de museos y bibliotecas han efectuado a la decisión de Tusell. Y, mientras tanto, el culto, inteligente y democrático señor Tusell sigue sin hacer público su plan de aprovechamiento del edificio en litigio y sin visitar la Casa de la Cultura de Toledo, cosas ambas que juzgo imprescindibles para que conozca por sí mismo lo que está en juego.
Sin pretender efectuar una disección del artículo de mi querido compañero, sí quisiera resaltar algunos aspectos del mismo.

Municipales: el convento para la biblioteca

El primero gira en torno al programa electoral de UCD en las elecciones municipales de 1979. Me congratula que ese grupo político mantenga que “el libro es el vehículo primordial y material de la cultura” y haga otras declaraciones genéricas al respecto. Pero, al margen de esa declaración de intenciones, hay que hacer una clara puntualización: en aquel programa, UCD abogaba por la urgente adquisición del convento de las Ursulinas con destino a la Casa de la Cultura existente y reclamaba tajantemente “las inversiones necesarias para la ejecución de este proyecto por el valor incalculable de los fondos documentales y bibliográficos existentes y por la potenciación cultural que Toledo y su provincia así lograrían”. En ningún caso aludía a una división Biblioteca/Museo. Apoyar ahora esa partición podría interpretarse como una incoherencia en el pensamiento de J.M. Calvo, importante orientador de la política Cultural de UCD de Toledo y redactor del programa electoral referido a bibliotecas y otras materias del área de cultura en aquellas elecciones. Justificar ese incumplimiento por razones de urgencia o de miedo a una planificación a largo plazo, parece atrevido. Muy al contrario, y afortunadamente, los legítimos representantes de los ciudadanos toledanos en el Ayuntamiento asumen decididamente, como ya dije con anterioridad, la moción de los académicos, demostrando así el grupo de concejales centristas un fiel respeto a su programa. Este respeto, unido a la actual vocación del Municipio de dotar a diversos barrios de la ciudad con bibliotecas populares, es muy elogiable. Y me alegro aún más al saber que en esto andan los diversos grupos políticos del Ayuntamiento. 
Las limitaciones de un edificio 
Lógicamente, las coincidencias tienen que existir: el elogio que J.M. Calvo efectúa de los fondos de nuestro máximo centro bibliográfico, parece valorar suficientemente su buena voluntad respecto al tema, lo que hace más extraña aún la continua dicotomía que a lo largo de su artículo se observa. Por ejemplo, un olvido importante es la incidencia de la propia estructura del edificio en la solución del problema. Su apoyo a la opción ministerial (que reparte el convento con arreglo a 2.000 m2  para la biblioteca y 1.000 m2 para el museo) pienso lo efectúa sin tener en cuenta las limitaciones que contiene  el citado edificio: el pie forzado de tres patios que ocupan una superficie de 526 m2 y unas zonas que por su valor artístico no pueden alterarse. Así, resulta indudable que si se dispusiese de un solar sin trabas de patios, paredes maestras, artesonados, etc., y hubiera la posibilidad de elevar alturas sin ninguna clase de limitaciones el solar necesario podría ser menor, para albergar los mismos servicios. Consecuentemente, los 2.500 m2 hábiles a distribuir entre Museo y Biblioteca resultan claramente insuficientes para solucionar los problemas de espacios y desarrollo de ambas instituciones culturales. Y hay todavía otro aspecto que olvida Calvo Cirujano: el traslado del Archivos Histórico Provincial a otro lugar, para el que ya se han iniciado al parecer las gestiones, permitiría que los 36.000 libros de la Colección Borbón-Lorenzana que aún quedan, en tristísimas condiciones, en dependencias del Museo de Santa Cruz pasasen al actual edificio de la Biblioteca, que alojaría exclusivamente el fondo antiguo. Ello supondría, en lo que respecta a las necesidades del Museo, dejar libres para su utilización dos plantas de 500 m2 cada una, con posibilidad de aumentar a tres mediante las reformas oportunas. Esos 1.500 m2 que el Museo recibirá en su mismo edificio son ya superiores a los que les corresponderían en el reparto de Santa Fe y dejaría libre el camino a la Biblioteca para programar un edificio moderno y funcional que cumpla suficientemente las recomendaciones de la UNESCO y le convierta en el gran centro cultural de la comunidad.
Otra coincidencia radica en la idea de buscar nuevo emplazamiento para la sección arqueológica, dejando el Museo de Santa Cruz solamente para las Bellas Artes. Las muestras, ricas y variadas, que el Museo desea ofrecer (“pintura, escultura, tapices, tejidos, orfebrería, muebles, monedas, documentos, etc.”) pueden muy bien alojarse en su actual edificio, que se verá incrementado con los ya citados 1.500 m2 dejados libres por la Colección Borbón-Lorenzana y los ocupados actualmente por el sector arqueológico. 
Seguir a la UNESCO 
Porque éste es otro tema: la moción utiliza módulos internacionales establecidos por la UNESCO y sería muy triste que una vez más parcheásemos y no pensásemos en soluciones a largo plazo, como recomienda ese alto organismo internacional en materia cultural. Invito a que recordemos los graves problemas que en materia de sanidad, educación, urbanística, etc. padece nuestra ciudad precisamente por no haber planificado siquiera a medio plazo. Comparto con mi ilustrado amigo la incertidumbre del año 2001, pero no justifico, como él parece hacer, la división del edificio por el hecho de que todo el caudal informativo contenido en los miles de volúmenes que entonces tenga la biblioteca pueda meterse en una computadora de 10 x 10 metros. Y ello porque hay algo evidente: podemos (y ojalá nuestro país inicie pronto el desarrollo suficiente de la cibernética y la informática alcanzado por las naciones desarrolladas) tener esa computadora, conectarla  a la red bibliotecaria internacional, pero ¿y con los libros/manuscritos originales, qué haremos? Espero que una vez esos fondos microfilmados, metidos en la computadora, puestos, en fin, útilmente al servicio de todos los científicos del mundo, sus originales no se quemen, se envíen a Madrid o se vendan a los americanos, por poner unos ejemplos. ¿No sería conveniente adaptar el edificio que nos ocupa no sólo a las necesidades actuales sino también a las futuras, excavando, si fuera preciso, varios pisos que permitan unos depósitos de gran capacidad y seguridad? ¿Acaso el moderno/desarrollado hombre de la actual o futuras décadas se atrevería a destruir ese rico presente cultural, dando de esta forma una triste lección a sus antepasados de los tiempos prehistóricos, que tanto nos legaron? Creo, por otro lado, que el hecho de hacer las cosas bien no ha de estar reñido con hacerlos pronto. Pero la palabra en esto, y la responsabilidad que conlleva, vuelve a tenerla el Ministerio de Cultura.
Pero hay otra desafortunada interpretación de mi excelente amigo sobre la historia de las peticiones que la directora de la Biblioteca Pública ha efectuado en legítima defensa del centro del que es responsable. Me refiero a la solución que proponía en la Memoria de 1970: cuando hablaba de 1.500 m2 lo estaba haciendo de solar, en un tiempo en que el paseo del Miradero no tenía aún su actual estructura de cemento y hormigón y estaba situado en un nivel muchos metros más bajo. Si entonces se hubiera construido el edificio anejo, constaría de varios sótanos y 4 pisos, que supondrían una superficie total aproximada de 9.000 m2. 
Razones para la centralización de servicios 
Es otro aspecto a puntualizar. La centralización de que se habla no se debe sólo a la escasez de personal. La Biblioteca Pública es cabecera del sistema bibliotecario de la provincia, hoy denominado Centro Provincial Coordinador de Bibliotecas, y por lo tanto tiene que servir a éste de recursos primario, dentro de un sistema informativo nacional. En un sistema bien montado, a tenor de las recomendaciones internacionales, la sección de referencia de la biblioteca y sus fondos deben estar a disposición de los habitantes no sólo de la capital sino también de la provincia. El personal cualificado de la biblioteca pública de la capital es el encargado de las tareas de selección, catalogación y clasificación centralizada que evita la duplicación de tareas a todos los puntos de servicio de la red. Las grandes bibliotecas centrales de todos los países bibliotecariamente desarrollados certifican este aserto. Además el personal de la biblioteca central, por su cualificación, es el encargado de responder a las consultas especializadas en materia bibliográfica, ya sea por carta o telefónicamente.
El servicio de bibliobuses, que debe atender a las demandas lectoras de 180 municipios toledanos menores de 3.000 habitantes, con una población que sobrepasa los 200.000 habitantes tiene necesariamente que estar ubicado en el mismo edificio que albergue a la biblioteca pública de la capital, pues son los fondos totales de este Centro los que permiten satisfacer las demandas de libros de materias más específicas que el bibliobus no cuenta entre sus fondos propios, con los que se atiende la demanda lectora de tipo medio, no la especializada.
Todo esto es lo que me ha ido demostrando la experiencia y lo que algunas lecturas especializadas recomiendan. 
Olvidar a los minusválidos 
Y quiero destacar, finalmente, otro aspecto que cualquier humanista debería tener en cuenta y que supongo –conocida su tradición ética y democrática- que mi buen amigo ha soslayado simplemente por olvido: la distribución que Tusell pretende, y es defendida en el artículo que comento, deja a la Biblioteca sin accesos a nivel de la calle. Esta cuestión sería prioritaria si el asunto se estudiase en cualquier país. La necesidad del constante trasiego de libros que entran y salen de ella a toneladas hacen imprescindibles esos accesos. Pero hay otra razón importante, esta vez de carácter ético-moral: las actuales barreras arquitectónicas de la Biblioteca, que persistirán si el proyecto del Director General sigue adelante, impiden la entrada a la numerosa población de minusválidos existente en nuestra ciudad. En un época como la nuestra, en la que las declaraciones a favor de los más débiles abundan, parece raro que no se les tenga en cuenta a la hora de proyectar esta salomónica intimidación. 
Tusell: imita a Salomón 
Porque ante esto estamos: Salomón fue un rey sabio y prudente que amenazó con la partición de un niño para que resplandeciesen la verdad y la justicia. A mí, particularmente, me da una amplia alegría la noticia, facilitada por mi amigo Calvo, de que Tusell cuente entre sus antepasados más ilustres al rey Salomón. Espero, y seguro que así lo esperan también otros muchos toledanos, que Tusell-Salomón obre con la misma sabiduría y prudencia que lo hizo el Rey. El niño (el convento, en este caso) está entre las manos –allá en su despacho de director general en Madrid- del Sr. Tusell. Quiera Dios que el buen juicio que permitió la salvación de un niño permita la del convento. Entonces podremos asegurar que, nuevamente, en la historia coloquial, Salomón permanecerá como figura sabia y justa y prototipo por antonomasia de un buen juez para litigios aptos sólo para los más dignos y escogidos.



* La Voz del Tajo (20-5-1981). pág. 7

miércoles, 29 de abril de 1981

El juicio de Salomón: La biblioteca pública se muere por asfixia



El juicio de Salomón:
 La biblioteca pública se muere por asfixia*




La adquisición del convento de santa Fe para ampliar la biblioteca toledana suponía la solución ansiada a su asfixia. La decisión de la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas de dividir el edificio entre Biblioteca y Museo de Santa Cruz ha provocado diversas reacciones en la prensa toledana, a partir de la moción que hizo pública la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Mis trabajos bibliográficos hacen que me sienta ligado a nuestra Biblioteca, a la que acudo asiduamente. Esta razón me mueve a opinar sobre este conflictivo tema, obligado moralmente como lector y como toledano. Mi interés por este centro cultural no es nuevo: buena prueba de ello son otros artículos anteriores publicados en La Voz del Tajo. En esta ocasión me he planteado el problema repasando la historia reciente de este centro bibliográfico. Las memorias publicadas a partir de 1966, la moción de la Academia y mi propio conocimiento empírico del problema son las claves en que me asiento para tomar postura. Por otro lado, no niego las necesidades de expansión del Museo: pero pienso, sinceramente, que deberá buscarse otra solución distinta a la que el Ministerio de Cultura pretende. Dividir santa Fe no eliminará, ni siquiera a corto plazo, los problemas de ninguno de los centros. El gasto público que supondrá la adecuación del convento a sus nuevos fines obliga a hacer las cosas bien y con visión de futuro.
            España, se dice, es uno de los países donde más se publica y donde menos se lee. Si esto es cierto, me parece indudable que gran parte de la culpa de tal situación radica en la deficiente infraestructura bibliotecaria del país. Escasas bibliotecas y unos cuerpos de bibliotecarios tan exiguos que podrían hacer encasillarnos como país tercermundista son los dos reflejos más evidentes de la nefasta política bibliotecaria que en este terreno se ha hecho y se hace en España. No pretendo ahora analizar este complejo problema, que tantos males acarrea en nuestra sociedad y que, sin embargo, es marginado por propios y extraños.

La riqueza de la Biblioteca de Toledo

Dentro de esta problemática se enmarca la situación de la Biblioteca Pública de Toledo. La importancia de sus fondos hace que sus problemas deban tener dimensión nacional, pues el rico contenido bibliográfico que atesora este centro debe ser hoy patrimonio de todos los españoles: la internacionalmente conocida Colección Borbón-Lorenzana, compuesta por unos 100.000 libros impresos ( entre ellos 411 incunables) y más de 1.000 manuscritos de los siglos XI al XIX la hace una de las mas importantes de Europa. Si exceptuamos Madrid y Barcelona ninguna provincia española cuenta con biblioteca de tal entidad, ni siquiera las universitarias. Esta importancia se consideró ya en 1966, año de inauguración de los nuevos locales que albergaban a la Biblioteca y al archivo provincial de Protocolos: el entonces Director General de Archivos y Bibliotecas, don Eleuterio González Zapatero, la calificó como una de las doce bibliotecas más importantes del mundo desde el punto de vista de las ciencias eclesiásticas, lo que es lógico si pensamos que la mayor parte de sus fondos antiguos proceden de la biblioteca de los cardenales arzobispos de Toledo, entre los que hubo grandes bibliófilos. Aquellas nuevas instalaciones se enmarcaban en la política de creación de Casas de Cultura, bibliotecas que presentaban una serie de servicios anejos (la de Toledo sólo salón de actos) para que su labor pedagógica y cultural alcanzara una proyección integral en la comunidad.
 
Una vieja utopia: planificar con visión de futuro 
Conocemos que las directoras de la Biblioteca y el Archivo, a la vista del proyecto del nuevo edificio, advirtieron que esa Casa de la Cultura sería incapaz de alojar los fondos de ambos centros. El Ministerio se excusó de atender las objeciones de las directoras diciendo que sus preocupaciones procedían de un "celo excesivo". Pero el M.E.C. se equivocó: tan sólo cuatro años después la dirección de la Biblioteca denunciaba los frecuentes altercados que se producían en la sala de lectura debido al malestar que la insuficiencia de plazas (sólo existen 48 puestos) provocaba entre los lectores. El paulatino desarrollo cultural de Toledo (creación de un Centro Universitario, de la Universidad Laboral y de varios institutos de bachillerato, por citar sólo las instituciones docentes) ponía de manifiesto la total incapacidad de la Biblioteca para atender al menos a la población estudiantil. La Directora emitía un informe (publicado en la Memoria de 1970) sobre la necesidad de construir un edificio anejo en el paseo del Miradero para ampliación de la Biblioteca, alertando que de no hacerlo así "el desarrollo cultural de Toledo, sede irradiadora durante siglos del máximo saber de la época, se verá frenado y puede que hasta casi anulado por la carencia de una biblioteca eficaz y actual y de los imprescindibles servicios agregados a ella, tan importantes para la elevación del nivel espiritual y hasta material de sus habitantes ". Pero nadie se inmutó.
La cultura no importa
Otra nueva medida vino a ensombrecer el panorama cultural toledano: en abril de 1973 tuvo que dejarse de programar actos culturales por la imperiosa necesidad de habilitar el salón de actos para nuevo depósito. Las crecientes adquisiciones de nuevos volúmenes hizo aún más insuficientes sus locales. Se pensaba que las autoridades provinciales y nacionales se alarmarían ante el gravísimo problema que se cernía para los toledanos. Pero la cultura no importó a nadie. Sólo la Directora de la Biblioteca hacía gestiones para solucionar el problema. Su nueva propuesta fue la adquisición del convento de Santa Fe, al haber marchado de la ciudad las religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos (ursulinas), que utilizaban el mismo como colegio de E.G.B y B.U.P. Desde la Memoria de 1974, en todas aparecen informes sobre la absoluta necesidad de comprar dicho inmueble, habiendo efectuado intensas negociaciones con los sucesivos altos cargos del MEC, primero, y del Ministerio de Cultura después. Nadie, salvo la Directora, se ha molestado en colaborar en que esas gestiones fructificasen. Nadie ha admitido, al parecer, que el constreñimiento de la Casa de la Cultura fuese problema que afectase por igual a todos los toledanos y no exclusivamente a su Dirección. Ningún partido político tomó entre sus objetivos electorales la solución de tal problema: quizá porque la cultura importa a pocos y tal vez porque ni los mismos políticos se han percatado de que no hay cuestión más prioritaria en una política cultural coherente y avanzada que la atención preferente a las bibliotecas públicas. De su dinamismo e incidencia en la sociedad dependerá en buen grado, el progreso de los pueblos.
La esperanza: la compra del Convento de Santa Fe
Los nuevos tiempos trajeron renovadas esperanzas. A finales de 1979, Toledo conocía que el Ministerio de Cultura había adquirido, por fin, el antiguo convento, con aportación económica, a mitades, de las subdirecciones generales de Bibliotecas y de Archivos, entonces dependientes de dos direcciones generales distintas; la de Libro y Bibliotecas y la de Patrimonio Artístico y Museos respectivamente. Era una medida harto esperada por los que nos interesábamos en el tema: la continua expansión cultural de la ciudad hacía imprescindible dicha compra, máxime en estos momentos en que, en varios años, cabe la posibilidad de restaurar un pleno Toledo universitario, con la creación de algunas Facultades de la proyectada Universidad de Castilla-La Mancha; de otra parte, ya he apuntado en otros artículos la necesidad de crear un centro bibliográfico regional, como base de la potenciación de la investigación regional, para el que, sin lugar a dudas, apuesto por la Biblioteca Pública toledana como el más adecuado. Y, en fin, la céntrica situación de la Casa de Cultura es otro aliciente más para afirmar que este Centro deberá ser el lugar de donde emerja gran parte de la cultura toledana y al que confluyan, en los distintos áreas de interés, todos los toledanos.

La desesperanza: tropezar en la misma piedra

La Biblioteca proyectaba sacar el máximo rendimiento al nuevo edificio, respetando su estructura arquitectónica por ser monumento nacional desde el año 1919. Así, la capilla del siglo XVII (con ábside del XIII) podría utilizarse como amplio salón de actos que albergaría no sólo los acontecimientos culturales cotidianos sino incluso congresos nacionales e internacionales, que actualmente no encuentran en la ciudad su marco adecuado. Otro ejemplo es la sala con artesonados mudéjares del XV, que sería una extraordinaria sala de exposiciones. Junto a estos dos servicios, imprescindibles hoy además de nuevos depósitos que permitan el ingreso de volúmenes a largo plazo, se crearía una serie de dependencias especiales en razón de la magnitud de esta Biblioteca, que hace aconsejable que cuente con servicios no comunes en otras bibliotecas provinciales, como restauración del libro antiguo, microfilm, medios audiovisuales, etc. Pero este país no tiene remedio: parecía lógico que nunca volviera a darse la falta de planificación que el MEC mostró al proyectar la actual Casa de Cultura, desoyendo, como ya dije, las sugerencias de las responsables más inmediatas: las directoras de biblioteca y archivo. La experiencia parece no contar en este país. Por segunda vez ante un mismo problema, Madrid distribuye un edificio sin realizar los estudios oportunos sobre las necesidades del Centro. y no sólo no planifica sino que intenta una solución salomónica partiendo en dos mitades el convento de Santa Fe, destinando una parte a ampliación de la Biblioteca y otra a la del Museo de Santa Cruz. Nunca, durante los duros años de negociaciones, hubo una petición del citado Museo de destinar el convento a sus instalaciones museológicas: sólo lo ha hecho una vez adquirido. Pero esto no es lo más importante: si fuese racional esta división apoyaríamos las legitimas aspiraciones del Museo y diríamos que. "más vale tarde que nunca". Pero no es así: la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas ofrece una solución que a mi juicio es aberrante e irracional, con el agravante de que dictamina sin antes conocer in situ la realidad del problema de la Biblioteca Pública. De no asegurarse el futuro de esta institución estaremos hipotecando el futuro de Toledo, de su desarrollo cultural e incluso privarla de una de las condiciones imprescindibles que dan a una ciudad carácter universitario. Cuando tras diez años Madrid quiere soslayar el tema desnudando a un santo para malvestir a dos, está marginando un problema de importantes dimensiones que afecta no sólo a los toledanos sino a todos los investigadores del país.
La moción de la Real Academia

Como con la ya famosa polémica de la variante de Soria, empiezan a alzarse voces clamando contra esta decisión injusta. La primera, y muy  potente, ha sido la de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, que ha hecho pública una densa moción en la que pide que el convento de Santa Fe se destine "en su totalidad" a ampliar los servicios de la Biblioteca. La moción constituye toda una alternativa al problema. La Academia recuerda la necesidad de que la Biblioteca presente todos sus fondos en un mismo edificio, céntrico para facilitar el acceso de los lectores o de los asistentes a sus programas culturales, y demuestra minuciosamente, con los mínimos que establece la UNESCO para estos centros, que la Biblioteca no tendrá espacio sobrante para realizar correctamente su actividad aún en el caso de que se destine todo el edificio para sus fines. Uno de los párrafos intenta responder a la justificación que alega el Museo para ejercer su pretensión a disponer de la mitad del convento:  “..las necesidades del Museo de disponer los fondos de manera que se encuentren ordenados por culturas y por periodos arqueológicos y artísticos, que permitan una exposición didáctica de las colecciones se ha roto ya con la creación de las secciones monográficas de la época visigoda, en San Román; Sefardí, que actúa administrativamente desligado del Museo de Santa Cruz, en la sinagoga del Tránsito; de la sección de artes mudéjares, instalada en el Taller del Moro; y del Museo monográfico de Arte Contemporáneo en la calle de las Bulas. Por tanto, queda obviado el problema de establecer nuevas secciones en las inmediaciones de la colección central, más aún teniendo en cuenta que esta colección se refiere en su mayor parte a las Bellas Artes y los museos monográficos actualmente existentes, y que se pretenden instalar en el edificio que nos ocupa, son colecciones arqueológicas que pueden muy bien ser instaladas con tal de facilitar una circulación lógica a los visitantes, a lo largo de todo Toledo, en cualquiera de los múltiples edificios que están quedándose vacíos dentro del casco antiguo y que el Ministerio de Cultura tiene la obligación de conservar, por tratarse de una ciudad monumental. Este no es, sin embargo, el caso de la Biblioteca Publica que tiene, obligatoriamente, que presentar sus colecciones lo más compactas posibles y en el lugar más céntrico y con mejores accesos para todos los habitantes de la ciudad". 

Cultura divide sin dar explicaciones

Esta es la concepción de la Academia. Por su parte, la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas divide el convento sin aclaración alguna y, lo que es más grave, sin explicar en qué medida podrán ser utilizadas y aprovechadas esas dos mitades por Biblioteca y Museo respectivamente. Y, en otro grado habría que analizar, con proyección de futuro, si esa solución salvará de una vez por todas a la asfixiada Biblioteca Pública toledana. La moción ha sido asumida por la comisión de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Toledo y por la comisión de Patrimonio Artístico. Creemos que otras fuerzas políticas y sociales se movilizarán si la solución salomónica del señor Tusell sigue adelante. Tusell, actual Director General de Bellas Artes, es un intelectual nato: su actividad como historiador es una garantía para ocupar un puesto de tal responsabilidad en la cultura española. El, como nadie, debe saber la  importancia que los fondos de la  biblioteca toledana tienen para la cultura. Si no los conoce, le animaría  fervientemente a que realizase una  detenida visita a la biblioteca para que se cerciore de la riqueza bibliográfica de  la misma. De persistir en su actual decisión, la imagen del Director General, podría verse seriamente desprestigiada y  le alcanzaría una polémica de dimensión nacional que ahora puede evitar si la razón y la lógica se imponen. Por otra parte en una época que por todos lados, se bautiza como democracia, resultaría ilógico que no se abriese un diálogo franco entre los responsables ministeriales y la Directora de la Biblioteca y demás entidades afectadas.
Un deber de todos los toledanos: proteger nuestra biblioteca
El problema, en su actual estado, no compete sólo a la Biblioteca. Otras entidades culturales, políticas y sociales deberán definirse en torno al tema. Deben ser presentadas nuevas alternativas al problema y, aún más, las autoridades provinciales han de tomar postura ante una acción que afectará al futuro cultural de la provincia en grado sumo. Cuando una cuestión como la que comentamos ocurre en el marco provinciano, han de rehuirse los amiguismos y las medias tintas. Estar entre dos aguas supone una actitud digna de los buenos conservadores y un inhibirse de las situaciones que se presentan. Hoy como ayer, no podemos ser neutrales si la razón, el bien común y la cultura nos exigen que plantemos cara a los problemas reales de Toledo: y hoy el atropello que se pretende hacer a nuestro máximo centro bibliográfico no sólo es una reminiscencia de las formas de actuar de los tiempos de la dictadura, sino una de las decisiones que mayor infuencia puede tener en el futuro de la cultura toledana. La Historia ha evolucionado en su objeto, su concepto, sus protagonistas y sus métodos: pero todavía juzga las grandes responsabilidades: si un día los historiadores estudiamos la evolución de la Biblioteca Pública toledana -en su doble dimensión de rico legado bibliográfico de los siglos y nueva concepción en su proyección a  la comunidad humana a la que sirve- sin duda nos detendremos especialmente en este momento histórico. Usted, señor Tusell, tiene en su mano el juicio de la Historia a su decisión.




* La Voz del Tajo (29-4-1981), págs. 4-5. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España,  págs. 216-222.



jueves, 15 de mayo de 1980

Cambiar Toledo: Notas para un análisis del panorama cultural de la ciudad




Cambiar Toledo:


Notas para un análisis del panorama cultural de la ciudad*

 

Toledo, se dice, vive en estos tiempos un hermoso resurgir de la cultura. La casi mítica apatía de los toledanos va arrinconándose poco a poco, y en distintos frentes surgen personas iniciadoras de proyectos culturales destinados a cambiar Toledo. Desde las animosas y trabajadas manifestaciones en los barrios, organizadas por las Asociaciones de Vecinos, hasta el amplio y completo programa que este año ha organizado el Ayuntamiento democrático, hay un denso abanico de movimientos culturales, realmente inusual en estos pagos.

Una revista para la comunicación

Benacazón, como Patio Toledano, rebosa su capacidad porque la gente quiere comunicarse y dialogar en la revista hablada que dirige ese hombre infatigable que es Martínez Ballesteros, e informarse, por boca de los propios protagonistas de la noticia, del discurrir de la vida toledana.

Tolmo y Alberto Sánchez

En la plástica, la Galería Tolmo pasó ya a Asociación Cultural y prosigue con sus representativas exposiciones, trabajando ahora, además -entre otros proyectos-, en dotar a la ciudad de un Museo de Escultura al aire libre; pero antes -era obligado- organiza la rehabilitación en Toledo del que fuera panadero, becario de la Diputación, pintor, escultor universal y embajador  toledano en el exilio: Alberto  Sánchez. La presencia en El Patio Toledano de su viuda Clara y de su  hijo, homenajeados con el aplauso de los toledanos de 1980 y por los versos entrañables de Neruda y  Alberti, ha supuesto sólo el aperitivo de una serie de actos  tendentes a terminar con el silencio en que se ha mantenido al más  universal de los toledanos de nuestro siglo. 
Amigos de la Música

            Respecto a la música, la respuesta al corte de suministro que efectuó el llamado Ministerio de Cultura, al suprimir las Decenas de nuestra ciudad, ha sido elocuente. Frente a las migajas organizadas por el centralismo cultural madrileño para los toledanos (¡señores, aprovechen estos 10 días de música, ya no tendrán otra oportunidad en 355 jornadas. Es una gran oferta!...) ha surgido la labor de los aficionados toledanos unidos en la Agrupación Musical Toledana, ofreciéndonos importes y continuados conciertos. Si además de esta novedad, viene el Excmo. Sr. Ministro del gremio (Don Cierva,  que diría Umbral) a Toledo y  promete, ratificando así las manifestaciones de otras personas,  que Toledo volverá a tener Decena,  no hay duda de que estamos de doble enhorabuena. Sólo resta que  se cumpla la promesa. Que estamos tan acostumbrados a promesas incumplidas como lo estaba Don Quijote en desfacer entuertos... 
Por un mejor toledo universitario  
Una promesa que nunca se cumplió fue la ampliación del Toledo universitario. Un día (eran otros tiempos, claro...) algún prohombre prometíó para Toledo la cuarta universidad de Madrid. Ya  era paradójico aquello, pero, por otro lado, no era novedoso. Toledo, había sido designada como una de las sedes permanentes de la descongestión de la capital de España. Primero fue el Polígono Industrial. Entonces sería la Universidad. No había mayor problema. Los toledanos, movidos a devoción por nuestras autoridades, hicimos público reconocimiento en Zocodover de nuestra gratitud a aquellas buenas personas que nos e iban a conceder ( ¡nada más y nada a menos! ) una ¡UNIVERSIDAD!  Luego todo quedó en agua de  borrajas. Mientras tanto, el Centro Universitario proseguía su anodina  labor. La Dirección, desde Madrid casi siempre, ponía todas las trabas posibles a la actividad cultural que no partiese de su digna iniciativa. Y  los estudiantes pintaban en las paredes y vociferaban en las calles aquella cantinela de "Ridruejo,  dimite; el Centro no te admite". Con los nuevos tiempos, vino el cambio. Y la imagen es distinta. La  iniciativa de alguno de sus profesores hace que el C.U.T. adquiera resonancia nacional a través de los Coloquios de Arqueología Medieval recientemente celebrados. Ex-alumnos del Centro mantienen en pie, recordándonos las dificultades de los tiempos de la Dictadura, el Cine-Club, y organizan las Semanas de Teatro, por supuesto generalmente con la falta de colaboración y asistencia de la mayoría del profesorado (sobre todo los de algunas disciplinas, no integrados en la vida. universitaria por su dedicación marginal y no exclusiva a la enseñanza) e incluso ( ¡y ya es triste! ) del propio alumnado.

La conclusión, en vista de la historia -ya de más de una década del C.U. T., es que no se trata, primordialmente, de personas (aunque a veces sea factor notable) sino de modelos de universidad. Toledo necesita una Universidad. Es claro que ahora lo importante es potenciar el Centro, mejorar nuestro presente universitario. Pero, repito, no hemos de olvidar que TOLEDO NECESITA UNA UNIVERSIDAD. Este es el S.O.S. que las autoridades toledanas, locales y provinciales, incluidos los parlamentarios, deben repetir mentalmente, aprenderse bien y luego soltar a modo de martilleo continuo donde proceda y 1o juzguen conveniente sus señorías. Una llamada que debemos aprender, también, todos los toledanos de a pie. Porque a todos nos interesa que exista Universidad estatal: El C.U. T. se sostiene con las aportaciones económicas de la Diputación, Caja Provincial de Ahorros y Ayuntamiento de Toledo, dineros que, como es lógico, tienen su origen en el pueblo toledano. Por otro lado, a través de los impuestos generales, los toledanos contribuímos al sostenimiento de las universidades. Es decir, los toledanos y, en general, los castellano-manchegos, estamos contribuyendo a la financiación de las universidades de otras regiones, mientras que esas mismas regiones no sólo no contribuyen a la nuestra (QUE NO LA TENEMOS) sino que además algunas nos roban las fuentes de ingresos y de vida más preciosas que tenemos: el agua de nuestro río. Todo en pro, parece ser, de los "equilibrios regionales". No esta mal para empezar... 

Hacia la capitalidad de la cultura 

Lo que sí ha empezado es la campaña-bombardeo difusora de la brillantísima idea de convertir Toledo en capital de España, al menos culturalmente. El viejo grito ácrata de "¡LA IMAGINACION AL PODER! " adquiere aquí su más exacta dimensión. Los toledanos de a pie queremos cambiar Toledo, y por eso unos enarbolan la bandera de la plástica, otros proyectan revistas, habladas o escritas; algunos crean una Asociación de Amigos de la Universidad reivindicando ésta para Toledo o la región; los amantes de la música organizan conciertos; los que se sienten obreros establecen Semanas Culturales para los trabajadores, etc. Son dos concepciones de vida. Las bases luchan por cambiar Toledo a fuerza del trabajo y de la concienciación de las gentes de que la cultura salvará al hombre. Otros piensan que Toledo cambiará a golpe de Decreto-Ley. Uno es ingenuo y nunca se había planteado tal posibilidad. ¿Por qué luchar contra las críticas, para qué recorrer las calles toledanas en petición de limosnas, posibilitadoras de cultura, a los administradores de los fondos públicos? ¿por qué no quedarse tranquilamente en casa, viendo T.V. o leyendo las novelas toledanas de los escritores más brillantes, a la espera de que el Sr. Presidente del Gobierno resuelva todo el problema con sólo una rúbrica en papel para el B.O.E.? Angel Palomino, hombre de fábulas y, por tanto, de imaginación, ha dicho que sería bonito ver a los infantes corretear por los jardines del Alcázar. Otros audaces, recogiendo la idea, dicen que sería excelente verles, sí, paseando con los libros bajo el brazo, en descansos entre clase y clase, por el patio de un Alcázar convertido en Universidad de Castilla La Mancha. No es mala tampoco la idea. Claro que todo vendría por añadidura. No creo que se declarase a Toledo capital cultural del país sin antes dotarla (me imagino que también a base del famoso Decreto-Ley, quizás por procedimiento de urgencia) de la infraestructura cultural necesaria. Porque es verdad que la historia pesa mucho... pero el presente... también cuenta y debe ser el mejor aval para que la nación disponga de una flamante capital cultural.

            Y convencido de estos razonamientos, pienso que lo mejor que podemos hacer los toledanos es organizar una peregrinación a La Moncloa, a la que al menos debemos unirnos las 100.000 personas que posiblemente estemos en Toledo el día del Corpus para ver la magna procesión, y pedir -con voces educadas y pancartas censuradas- la capitalidad cultural para Toledo. Es la mejor rogativa que se me ocurre hacer. Que ya está bien de niñerías, pequeñeces y actividades culturales de pacotilla, sí señor: Que se firme el Decreto aludido y otro gallo nos cantará.

Tres Culturas (Toledo-Madrid)

Por cierto que la que está cantando, y muy alto, es la nueva Asociación Tres Culturas-Toledo. En poco más de un mes ha traído a Toledo a Antonio Domínguez Ortiz, en la vanguardia de la historiografía española actual; a Julio Caro Baroja, prestigioso antropólogo; y a otras personalidades. Y lo que queda... Todo para culturizar Toledo, en frase del buen amigo Luis Rodríguez. Sería deseable que esta labor continuase mucho tiempo, en bien de los toledanos. Que todo lo que sea cultura viene bien, aunque se planifique en Madrid fundamentalmente. Esta Asociación sí que se ha percatado de la importancia de la actual capital española para sede de la Asociación, que allí se está más cerca de los hombres que firman los Decretos y se conocerán mejor y antes los méritos de Toledo para la capitalidad que se propone... Pero por si lo del Decretillo fracasa, que es lo más probable, yo quisiera animar a los toledanos currantes de la cultura a que sigan en su noble empeño: a los que ya me he dirigido y a los que resta: a las entidades que ofrecen exposiciones de Arte, a los hombres de la Asociación Cultural Montes de Toledo, de las corales Bab-all-mardon y Toledana, al grupo Pigmalión de teatro, al Instituto de Estudios Visigótico-Mozárabes de San Eugenio, a la Real Academia. También a los que ahora omita, sin más razón que mi olvido involuntario. A todos, pienso, no sólo debe guiar el desarrollo cultural de nuestra ciudad, sino el acercamiento y ofrecimiento de esa cultura al pueblo. Porque no podemos olvidar que, si bien es cierto que cada vez proliferan más los actos culturales de todo tipo, lo triste es ver casi siempre idénticos rostros en todos los sitios.

Busqueda de identidad 
Una buena muestra es la labor, recientemente emprendida por el I.P.I.E.T., de publicar la colección Temas Toledanos, para divulgar nuestra historia y cultura. Colección popular que hay que unir al amplio y valioso repertorio de publicaciones de cuestiones toledanas editadas por dicho Instituto. Que si ahora resurgen los regíonalísmos no olvidemos que nuestra región ofrece escasísimo interés por la cuestión. Y, no nos engañemos, en la nueva estructuración del Estado no podemos quedar fuera de ese proyecto nacional. Debemos embarcarnos. Si no tenemos sentimiento regionalista, se ha de crear. Aunque parezca que la cosa es artificiosa. Y, desde luego, mal vamos a conseguir esa identidad regional si no comenzamos por tenerla provincial. Aunque ahora nos ocupamos sólo de la actividad cultural de la capital toledana, cabe reseñar, por constituir un nuevo e importante instrumento para el logro de esa identidad que comentamos, y porque lógicamente atañe también a esta capital, la aparición de Almud, revista de estudios de La Mancha, con estudios de toda la región, desde una perspectiva interdisciplinar y uniendo análisis de nuestro pasado con artículos que se ocupan del presente regional. El hecho, además, de que sea de iniciativa privada indica que van surgiendo personas que intentan la comunicación interprovincial en Castilla-La Mancha, la elevación del nivel cultural y sentimiento regional y la adecuación de los instrumentos culturales a los nuevos tiempos.

Algunos objetivos

En este contexto, las autoridades no deben dejar de plantearse el logro, aun a medio y largo plazo, de objetivos como estos:

            - La Universidad de Castilla-La Mancha, ya expuesto. Tarea que debe ser prioritaria, máxime ahora que se rumorea que sus Facultades -si las hay- recaerían en otras provincias. Además de la potenciación del C.U.T., de momento sería recomendable la consecución de algunas Facultades pertenecientes a las universidades madrileñas, como parte de la infraestructura que ofrecer en su día al Ministerio en busca de nuestra Universidad.

            - La potenciación de la Biblioteca Pública, en sus dos vertientes de Biblioteca y de Casa de Cultura. En este organismo deben concentrarse los distintos intentos de crear un fondo bibliográfico toledanista de primer orden, a libre disposición de todos los toledanos. Centro bibliográfico que bien pudiera ser, si nuestros magnates culturales y políticos lo deseasen, núcleo de otro de carácter  regional. Y en estas tareas, no deberán olvidarse las orientaciones de los técnicos, aún cuando parezca que sus ideas se escapan de la realidad. Una labor de este tipo que no esté convenientemente dirigida, o al menos asesorada, por personal facultativo podría ser seriamente objetada.

            - El fomento de la investigación, no solo histórica, sino también económica, sociológica, geográfica, etc. de temas toledanos. Para ello sería fundamental la convocatoria por parte de la Diputación Provincial (que ya lo hizo en otras épocas) o Cajas de Ahorro de becas importantes que estimulasen y colaborasen decisivamente en la realización de estos estudios.

            - La creación de un seminario de estudios toledanos en el C.U. T., de cara a integrar a los universitarios toledanos en la labor de rescatar nuestra historia. Y por otro lado, resulta esencial que comience la labor toledanista y regionalista en los centros de enseñanza, como lo están haciendo ya en otras zonas de la geografía nacional y prevee incluso la actual legislación académica, en esto, por desgracia, también papel mojado. La historia, la cultura en su conjunto, el presente económico y sociológico de nuestra tierra, todo ello debe ser tratado adecuadamente en los colegios, en los institutos, en las escuelas del profesorado de E.G.B., y, por supuesto, como ya dije, en el Colegio Universitario. En ello está nuestro futuro de comunidad con raíces en su tierra.

            - La intensificación de actividades culturales y recreativas dirigidas, fundamentalmente, a la juventud más joven, a esos chicos y chicas de 13 a 16 ó 18 años que no pueden hacer otra cosa que lo que hacen. Y no creo que se necesiten explicaciones. Si no pensamos en ellos, ¿por qué lamentarse?

            - Y, finalmente, la unidad de acción. Hoy nos mata la dispersión. Debe existir diálogo fecundo y constructivo entre todos los organismos, asociaciones y personas que trabajan por la cultura. Diálogo en el que todos debemos participar: desde los hombres y mujeres de las Asociaciones de Vecinos hasta los de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas. Desde los hombres de la música y del arte, hasta los de la prensa y la historia. Que todos sepamos renunciar a los personalismos. La Delegación de Cultura (siempre que ese Ministerio sea más coherente que hasta el momento, pues es verdad que las buenas intenciones -al menos eso- provincianas son desbaratadas por los jerarcas que gobiernan el Ministerio) podría ser vehículo idóneo para la alternativa unitaria.

            Todos, objetivos imprescindibles si queremos revitalizar la cultura toledana y que puedan gozar de ella todos los toledanos. Objetivos, incluso, que son sólo una mínima expresión de las condiciones que debe reunir una ciudad que quiera constituir capitalidad cultural de cualquier nivel, no sólo nacional, sino hasta provincial y regional.



Una nueva generación


            Este es, a grandes rasgos panorama culturaI de la que fuera Ciudad Imperial. Se ha hablado, fundamentalmente, de las gratas novedades existentes, que presagian, al menos en apariencia, buenas perspectivas. Por otro lado, nuestra cultura es joven: una nueva generación está surgiendo con fuerza entre los toledanos, sumándose a esos hombres que durante muchos años se han ocupado de Toledo: podríamos citar, entre otros, a Luis Béjar, Premio Sésamo de Novela, y Fernando Martínez Gil, flamante Premio Nacional de Literatura Infantil, en la nueva literatura; a Isidro Sánchez Sánchez, Premio Sixto Ramón Parro de temas toledanos por sus investigaciones sobre la historia de la prensa toledana, y Ricardo Izquierdo, en el campo de la Historia; a Ventura Leblic, polifacético, entre los grandes animadores culturales. Habría que citar a otros muchos: poetas, historiadores, artistas, arqueólogos, etc. Y en todos una misma característica: No se limitan a una faceta. Unen su labor literaria o histórica a su participación o creación de proyectos culturales importantes para el pueblo toledano. Piensan que no es oro todo lo que reluce, y por eso se lanzan a divulgar sus conocimientos incipientes entre los que les rodean. No desdeñan nada. No les importan las ideologías a la hora de la cultura. Pueden asistir con la misma tranquilidad y ánimo a un acto en un barrio que a una sesión de la Academia.

Además de esta nueva generación, cabría citar a otros de una generación intermedia, con una labor no totalmente reconocida por los toledanos, y que ahora adquieren resonancia cada vez mayor fuera de nuestras tierras. Es el caso, por ejemplo, de Martínez Ballesteros, que se está convirtiendo en uno de los autores de teatro contemporáneo más estudiados en E.E.U.U., publicándose allí algunas de sus obras más significativas.

Aun con todo este bagaje, el futuro hay que labrárselo a golpe de trabajo. Desconfío de los donativos culturales, que, en todo caso y aunque los den, hay que ganárselos trabajando, día a día, a pulso. Pienso que los objetivos antes reseñados son algunos de los que han de cumplirse ineludiblemente si aspiramos a algo. Pero si hubiésemos de elegir entre alguno, ese es la UNIDAD. Todos los toledanos unidos, pese a los múltiples obstáculos que en nuestra carrera encontraremos, sí podremos CAMBIAR TOLEDO. Y no sólo culturalmente: así alcanzaríamos también otro sueño: la convivencia. Todos unidos por una ciudad mejor en todos los aspectos. Es un reto que merece la pena.


* La Voz del Tajo, nº extraordinario del Corpus (junio, 1980), 2 págs. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España,  págs. 250-256.