miércoles, 28 de septiembre de 2016

Buero Vallejo, defensor de las bibliotecas públicas

Buero Vallejo, defensor de las bibliotecas públicas

            Celebramos el centenario del nacimiento de uno de los grandes escritores del siglo XX: Antonio Buero Vallejo. Con ese motivo la Biblioteca de Castilla-La Mancha presenta en la magnífica Sala Borbón-Lorenzana una exposición bibliográfica que muestra buena parte de la producción dramática del autor y los contenidos de su biblioteca personal, depositada en la Biblioteca Regional: “100 años con Buero”. Un centro de interés para facilitar el préstamo y lectura de su obra, una prevista conversación entre Victoria Rodríguez -la viuda de Buero- y la catedrática de Lengua y Literatura Elisa Romero, son otras actividades organizadas por esta Biblioteca para difundir el legado de Buero y animar a los ciudadanos a leer y disfrutar con su teatro, sus ensayos… Es nuestra sencilla pero sincera contribución para recordar que Buero sigue entre nosotros gracias a su obra.
“Nadie es profeta en su tierra”, sentencia el refranero castellano. Pero en el caso de nuestro inmortal Buero, ese refrán afortunadamente no se ha cumplido. Guadalajara, su ciudad natal, y el conjunto de nuestra región, han dado firmes testimonios de reconocimiento público hacia el hombre y el escritor: nuestra tierra está llena de huellas que reflejan el homenaje que las gentes y las Instituciones de Castilla-La Mancha han otorgado a Buero. Difícil tarea mencionar los centros docentes y culturales que llevan con orgullo su nombre; calles que le recuerdan; abundantes los estudios y publicaciones que analizan su trayectoria…En este artículo recuerdo algunas de las iniciativas que se pusieron en marcha como signos específicos del cariño y del apoyo que Castilla-La Mancha ofreció al genial dramaturgo.
            Si en el 1987 el Ayuntamiento de Guadalajara concedió a Buero su más alta distinción, al año siguiente el Gobierno Regional le otorgó la medalla de oro de Castilla-La Mancha. El Decreto de 31 de mayo resalta que “el teatro de Buero Vallejo, ligado siempre a su compromiso personal, renovó la dramaturgia española de la posguerra y refleja la sociedad española de la segunda mitad del siglo XX, creando una obra de decisiva influencia literaria y social” y califica a Buero de “infatigable y honesto reivindicador de la esperanza y de la libertad”. Buero recibió su medalla el 7 de diciembre de 1988 en el toledano Palacio de Fuensalida, pronunciando unas emotivas palabras en su nombre y en el resto de los galardonados ese año:  el pintor Gregorio Prieto, el historiador y jurista Javier Malagón y el artesano alfarero Pedro Mercedes.
            La Consejería de Educación y Cultura pidió el reconocimiento nacional hacia Buero, por ejemplo proponiéndole en 1986 para el  premio Príncipe de Asturias. Un año después recibiría el premio Cervantes.
            En 1992, aquel año emblemático para España, el año de las Olimpiadas de Barcelona y de la Exposición Universal en Sevilla, la Consejería inició la celebración de la Fiesta del Libro con programas regionales. Se articuló, a través de la Red de Bibliotecas Públicas, una campaña que se denominó “Desde Castilla-La Mancha, la vuelta al mundo en 80 libros”, y se inició la costumbre de encargar y difundir un mensaje para la sociedad regional relacionado con esta efeméride. El primer autor elegido fue D. Antonio Buero Vallejo, que escribió un texto precioso que tituló “Sin los libros nada somos”, que tuvo amplísima divulgación y en el que escribía palabras como éstas que ahora recojo: “Los pueblos que aspiran a culturizarse han de consolidar…su red de Bibliotecas Públicas… Somos personas porque leemos y lo seremos cada vez más si no pasamos día sin lectura. Y el mundo en que vivimos lo es por los libros que lo reflejan…Las  Bibliotecas nos esperan siempre; sus estantes nos reservan no sólo auténticos placeres, sino buena parte de nuestra verdadera madurez. ¿Quién que lo comprenda, querría resistirse a tan limpia llamada?” Este año, en el que celebramos su primer centenario, se ha vuelto a divulgar este texto, como muestra de que eran palabras siempre actuales y necesarias.
            No descubro nada nuevo si digo que Buero fue una persona humilde, prueba  de los verdaderos creadores de talla intelectual y moral. Tal vez por ello siempre ofreció su colaboración con la Administración autonómica, y lo hizo además afectuosamente, mostrando una actitud agradecida. Por ejemplo, cuando se crearon en 1985 los Premios Castilla-La Mancha, Buero fue designado miembro del  jurado del Premio de Teatro, junto a  Francisco Nieva y Fermín Cabal.
También aceptó ser vocal del Consejo Regional de Bibliotecas, en calidad de persona de reconocido prestigio, ejerciendo su labor desinteresada siempre que se le solicitó. Buero, que tenía como es sabido una espléndida biblioteca, siempre defendió a una institución no siempre bien valorada por los intelectuales y otros sectores sociales: la biblioteca pública. Tal vez por ello, sus familiares decidieron depositar en la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en el Alcázar toledano, recuperado sueño de cultura, su biblioteca personal de teatro, para hacerla accesible a todo el mundo y facilitar nuevas investigaciones sobre la obra de Buero. Su trayectoria de luchador, de defensor de la libertad, fue siempre unida a la necesidad de educar a los ciudadanos y de dotarles de servicios culturales como la biblioteca pública para hacer posible el sueño democratizador de que el saber y la información sean accesibles a todos.
            En esta tarea lleva trabajando décadas el Gobierno de Castilla-La Mancha: en fomentar una Red de Bibliotecas Públicas que garantice este servicio para todos los castellano-manchegos. Contó con la complicidad de los ayuntamientos, pero a estas alturas nuestro modelo de red de bibliotecas, que fue un referente para el conjunto del país exige renovar los recursos, cortados hace cinco años y aún no repuestos.  Castilla-La Mancha es la única región que planteó desde hace años una verdadera utopía: dotar de servicios bibliotecarios a toda la población regional. Nuestro mejor homenaje a Buero,  verdadero Patrimonio de la Humanidad, y a Cela y a Blas de Otero y a Cervantes… a todos los que en este año recordamos, sería una Red de Bibliotecas Públicas dinámica y que trabaje en complicidad con la sociedad,   con servicios de calidad, que garantice el acceso a la información, la cultura y la educación permanente de todos los ciudadanos. Ese es el reto, ese el sueño que seguro compartiría D. Antonio Buero Vallejo, profeta en su tierra y defensor de las bibliotecas.


sábado, 27 de agosto de 2016

Un bibliotecario invitado en el XXIX Recital de Poetas Bargueños


Un bibliotecario invitado en el XXIX Recital de Poetas Bargueños

El viernes 26 de agosto de 2016 he estado en el XXIX Recital de Poetas Bargueños como poeta invitado. He escrito libros de historia, de bibliotecas, de recopilación de artículos periodísticos...Por ello me cuesta aceptar que me consideren poeta, un oficio que a veces ejerzo con miedo y a la vez pasión. Lo decía hace unos días: "No sabiendo los oficios los haremos con respeto" (León Felipe). Y es lo que intenté en Bargas. Yo he cultivado poco la poesía y sólo he publicado mi poemario Hombre en camino (editorial Bendita María, colección Gotas del alma, 2013) aunque  tengo otros poemarios inéditos.  El acto se ha desarrollado en la Casa de la Cultura "María Zambrano", de Bargas, que acoge también a la Biblioteca Pública Municipal de esa localidad. Se veía la mano de esa espléndida bibliotecaria, Sara Sánchez del Cerro, y su pequeño pero gran equipo.  Cuando seleccioné los tres poemas que recitaría, como cierre del acto, pensé que uno de ellos sería de temática bibliotecaria. Muchas veces puse mi imaginación literaria al servicio de las bibliotecas, también en el género poético.  
El acto tenía dos partes: la entrega de premios del certamen que el Ayuntamiento de Bargas convoca, anualmente, y que ya tiene 38 ediciones, en las modalidades de  relato y poesía. Y la segunda parte un recital de poetas de la localidad, que celebraba su XXIX convocatoria. 
He sentido una honda emoción de ver cómo personas de todas las edades aman la poesía, la comunicación, la creatividad, la sensibilidad. Y he vislumbrado una vez más la verdadera cultura, no la cultura-escaparate que se hace a golpe de talonario y de grandes presupuestos, sino la que hace la gente, la que crean personas de todas las edades. Este acto es uno más de los miles que organizan las bibliotecas públicas en nuestra región, la mayoría sin contar con presupuestos y sí con la complicidad de la sociedad. 
El salón de actos estaba repleto de público y contaba, además de con las autoridades municipales y de distintas organizaciones bargueñas, con la presencia del consejero de  Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Castilla-La Mancha, Ángel Felpeto Enríquez. Angel es un buen amigo, que ya desde el retiro de la jubilación ha accedido hace unos a meses a desempeñar este puesto desde su compromiso político y personal por la cultura y la educación. Pero no todos los día un bibliotecario tiene la posibilidad de que tantas personas conozcan qué son y para qué sirven las bibliotecas públicas. Así que me parecía obligado en mi intervención previa a la lectura de los poemas hacer un alegato a favor de las bibliotecas públicas, defender públicamente estos centros que son neurálgicos en la vida de los municipios y de las personas. Como estaba presente  el consejero, que como he dicho es buen amigo,   aclaré que he conocido pocos políticos que valoren y apoyen las bibliotecas; y que en su caso tenía la esperanza de que los bibliotecarios vamos a tenerle como nuestro cómplice, a pesar de los malos tiempos presupuestarios que corren. Me habían pedido que por la larga duración del acto sólo leyera dos poemas y decidí que el poema "Tengo la voz ronca de clamar..." sería uno de ellos. Como dije anteriormente,  a veces he utilizado la literatura (novela, relato, poesía, artículos...) como una forma de combatir a favor de las bibliotecas públicas, de defender estos centros. Y este poema lo escribí hace ya muños años, en 2004,  como prólogo a una conferencia que pronuncié en Murcia, y que tuvo esta función clara. Era un momento en el que crecían los "gigantes" contra las bibliotecas, en forma de políticos que no sólo no apoyaban la política bibliotecaria que veníamos haciendo en Castilla-Las Mancha sino que intentaron suprimir algunos de sus programas de subvenciones más emblemáticos y necesarios. Luego ha ocurrido otras veces porque la historia se repite, lamentablemente:  ahora prácticamente llevamos en Castillas-La Mancha sin programas de subvenciones para las bibliotecas municipales desde hace un quinquenio. 
Este primer poema  emocionó a los bargueños. Y luego recité, teniendo en cuenta que el patrón de la localidad es el Cristo de la Sala, uno de mis poemas del libro Hombre en camino, "Camino del calvario".  
Me sentí abrumado por la acogida por parte de este pueblo, localidad natal de un "revolucionario" de principios del siglo XX, Manuel Puñal, a quien rescaté del olvido hace treinta años en una investigación histórica. Los pueblos que aman la cultura están en la senda adecuada y ver en el recital a personas de todas las edades, unidas por la poesía y la cultura, creo que es algo relevante. Los bargueños llevan tres décadas organizando este recital y casi otras cuatro décadas convocando unos certámenes literarios de poesía y relato que ya tienen un espacio en la vida literaria de nuestro país. Enhorabuena  al Ayuntamiento de Bargas y a todas las personas que colaboran en este singular proyecto de participación, en especial el escritor y cervantista José Rosell Villasevil.

Sigo combatiendo con todas mis fuerzas a favor de las bibliotecas públicas,  en todos los ámbitos. Un amigo presente en el recital, profesor del Instituto de Bargas, tomó unos imágenes y el video que  comparto, que incluye el final de mi recitado de este poema, titulado: "Tengo la voz ronca de clamar…"

Tengo la voz ronca de clamar.

Son ya muchos años de gritar,
como un profeta en el desierto.
Palabras, palabras, palabras lanzadas al viento
defendiendo un derecho que se niega
como el pan y el agua se niega en tantos países de la tierra.

Y sigo caminando.
A veces soy un peregrino de esperanza,
pero tantas veces siento el deseo de quedarme quieto…
y callado,… en silencio….

Es cierto
que ya somos un verdadero ejército
que lucha a favor del libro,
que sueña con que algún día
todos puedan acceder a bibliotecas repletas de palabras y pensamientos,
todos puedan disfrutar
de información en libertad y en convivencia.
Y, sin embargo, renacen gigantes que muestran sus dientes afilados,
que pretenden segar la cosecha de un trigo
que aún no tiene el tiempo necesario.

Si, en verdad somos un ejército inmenso,
bibliotecarios para un servicio público esencial,
cada uno en su barrio, en su ciudad, en su pueblo,
ofreciendo exquisitos manjares a quienes los demandan,
a quienes los aceptan, a tantos que aman las palabras.

          Somos un ejército de paz y de palabras,
pero demasiadas veces yo siento
que soy un corredor de fondo y voy solo corriendo,
sin nadie a mi lado,
y la meta se me antoja lejana,
infinitamente lejos,
y entonces me siento sin fuerzas,
y cesaría en mi empeño
si no fuera por Dios y por el Viento.

Información y lectura son derecho de todos,
derecho de los que viven en las grandes ciudades
derecho de los que viven en las áreas rurales,
en municipios medianos o en pequeñas aldeas,
derecho de los niños y también de los jóvenes,
derecho de los ancianos y de todos los adultos,
de hombres y mujeres y de pobres y ricos,
de inmigrantes que llegaron de tierras lejanas
y de quienes crecieron a la sombra de los árboles de su ciudad.

Y, sin embargo, se sigue negando este derecho
como se niegan el pan y el agua en tantos lugares de la tierra.
¿Cuándo bibliotecas para todos?
¿Cuándo políticos que asuman este derecho con valentía y firmeza?
A caminar, a caminar,
a seguir proclamando las palabras,
aunque el cansancio  amenace por los cuatro costados
y te sientas señalado por el dedo como un soñador enloquecido.

 



 

viernes, 5 de agosto de 2016

Un Gobierno inspirado en una biblioteca pública

Un Gobierno inspirado en una biblioteca pública


Las bibliotecas públicas son una gran fortaleza democrática y un lugar sin barreras de ningún tipo: acogen a personas de cualquier clase social, a hombres y mujeres; a niños, jóvenes, adultos y ancianos; sin distinciones de religión o ideología; a ciudadanos en situación de exclusión social y a profesionales de todos los ámbitos; a educadores, artistas, intelectuales…y a vecinos que necesitan formación básica… Como se financian con impuestos, los ciudadanos son verdaderos copropietarios de las bibliotecas públicas y por ello está garantizada la gratuidad de los servicios que ofrecen, porque la distinta situación económica tampoco constituye un impedimento para acceder a una biblioteca. Son maravillosas las bibliotecas, aunque buena parte de los políticos crean poco en ellas.
Sin embargo las traigo hoy como ejemplo para esta etapa desgraciada que nuestro país está viviendo. La democracia española está padeciendo cada vez más una verdadera partitocracia y en lugar de encontrarnos ante unos políticos con una visión de Estado y de servicio público constatamos cada día la sombra de la mediocridad, del egoísmo partidista y de la escasa voluntad de diálogo y de consenso. No soy yo de los que ataco sistemáticamente a la clase política: muy al contrario defiendo a los políticos, a pesar de los casos de corrupción y de la mediocridad que muchas veces les caracteriza. Pero el atasco monumental en que se encuentra la formación de gobierno está mostrando que en lugar de estar decididos a buscar soluciones para los ciudadanos y para la sociedad española en su conjunto, los dirigentes de los partidos se empeñan en convertir el Parlamento, los medios de comunicación y la propia estructura del sistema democrático en un gran escenario y en un ejercicio de cinismo en el que muestran que tienen un desprecio absoluto hacia los ciudadanos que dicen defender.
No es de recibo lo que están haciendo. Vivimos en una sociedad en la que se desprecian los valores y tiene altísimas cotas de desempleo, y hace falta un gobierno dispuesto a trabajar por cambiar para bien ese panorama nacional; estamos inmersos en una sociedad en la que, como en épocas que tanto se critican, parece que vale todo y vuelven a difundirse las ideas de sembrar España de “pan y circo”; de pokemon, botellones y diversiones zafias; y se precisa un gobierno fuerte que lance esperanza en lugar de desasosiego. Pertenecemos a una sociedad que da la impresión de querer destruir convivencias en lugar de construir proyectos comunes, y hace falta el ejemplo del entendimiento, de que España es un proyecto común por encima de las ideologías; y por ello es necesario un gobierno de consenso que dé ejemplo a la sociedad española de que necesitamos diálogo y planes que generen actitudes generosas y de encuentro. No quiero creer que nuestros políticos son maquiavélicos y prefieren una sociedad hipnotizada e idiotizada, que los ciudadanos no piensen, que la libertad sea un espejismo, que la cultura sea sólo un escaparate de consumo en lugar de un proceso de creación y de participación ciudadana…No quiero creer que esas sean las ideas-fuerza de nuestros políticos.
Necesitamos un gobierno. No comulgo con ninguno de los cuatro partidos que en estos momentos son mayoritarios. Pero confieso que en todos hay cosas que comparto y cosas que detesto. Los ciudadanos debemos exigir que los políticos estén dispuestos a buscar el bien común, a gobernar en función de todas las ideas con respeto, a renunciar a lo que les separe y a buscar lazos que permitan vías de desarrollo personal y social del conjunto de los españoles. España no necesita títeres sino políticos dispuestos a servir a la sociedad española con grandeza y generosidad. La transición como ejemplo, los Pactos de la Moncloa, los consensos que en ocasiones se buscan y que ahora no se quieren afrontar por mezquindad electoral. Ese es el camino.
En las bibliotecas caben todas las ideas, todas las religiones, todas las sensibilidades y todos los ciudadanos. El único límite es el respeto. ¿Es tan difícil pedir esto a nuestros políticos? ¿Es tan difícil que reflexionen y estén dispuestos a ceder en función de una sociedad vertebrada y que camine buscando retos comunes? Las bibliotecas tienen muchas lecciones que podemos aprender, y tal vez por eso no se apoya a estos centros de cultura, información, educación permanente y ocio positivo. Creo firmemente en las bibliotecas como ejemplo para  facilitar los derechos democráticos y desempeñar un papel activo en la sociedad. La UNESCO proclama la fe en la biblioteca pública “como una fuerza viva para la educación, la cultura y la información y como un agente esencial para el fomento de la paz y del bienestar espiritual a través del pensamiento de hombres y mujeres.”
Defendiendo las bibliotecas públicas he aprendido a defender un modelo de sociedad basado en la participación, el pluralismo y la libertad. Pero estas ideas se han conformado además desde una vivencia religiosa: mi fe me ayudó a descubrir que Cristo rompió todas la barreras y que Dios ama a todas las personas, sin importarle pensamiento, raza o religión. Desde la firme convicción de que la verdad se busca entre todos, pido a nuestros políticos que estén a la altura de las necesidades de nuestro tiempo y busquen con prontitud un consenso que permita que España tenga pronto un gobierno y que nuestro país no esté a la deriva, como un barco sin capitán.

lunes, 18 de julio de 2016

La Biblioteca de Castilla-La Mancha, signo de reconciliación



La Biblioteca de Castilla-La Mancha, signo de reconciliación

 
Se cumplen exactamente 80 años del inicio de la Guerra Civil. Sin duda uno de los hechos que marcaron el desarrollo de la contienda y su posterior proyección social fue el asedio del Alcázar, que terminó tras 70 días de durísimos combates y constituyó una de las gestas de aquella dramática guerra. Aunque la bibliografía sobre la contienda y sobre el propio edificio es muy numerosa, me atrevo a recomendar un libro que creo resume muy bien el valor histórico del Alcázar, sus usos y el proyecto de convertirlo en biblioteca: El Alcázar de Toledo: Palacio y Biblioteca. Un proyecto cultural para el siglo XX, coordinado por el historiador Fernando Martínez Gil y editado por el Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en 1998.
Cuando en 1984 el Gobierno de Castilla-La Mancha fijó sus ojos en el Alcázar para convertirlo en un gran centro cultural, que acogiera entre otros servicios la Biblioteca, no sólo se hizo para dar una nueva y necesaria sede a los fondos de la colección Borbón-Lorenzana y a los demás volúmenes de la rica biblioteca provincial. La idea era utilizar el edificio para la cultura y finalizar así con la imagen de enfrentamiento civil que representaba. Confieso que la primera vez que visité el Museo del Asedio, que en aquel tiempo, junto a algunas oficinas militares, era el único y reducido uso que tenía el Alcázar, lo hice junto al entonces consejero de Educación y Cultura, José María Barreda. Llegamos al Museo con la mayor discreción posible y de nuestra visita sacamos muy claro que era el lugar ideal para acoger libros y, en general, desarrollar cultura.
Desde el principio tuve una relación muy activa con este gran proyecto cultural, que sin duda fue uno de los más importantes puestos en marcha por José Bono y su gobierno. Fue obra de  un importante equipo, entre los que estuvo el arquitecto José María Pérez “Peridis”; y aunque se sucedieron distintos consejeros y directores generales, fue determinante la participación de Barreda y quiero destacar a una mujer que estuvo totalmente implicada en este proyecto: María Ángeles Díaz Vieco, Directora General de Cultura en los años de los pasos definitivos para conseguir que se convirtiera en realidad la que fue una verdadera utopía. Personalmente me siento tremendamente afortunado, privilegiado incluso, por trabajar hoy en El Alcázar y por dirigir la Biblioteca de Castilla-La Mancha.
En el gabinete del citado Consejero redactamos un primer proyecto de utilización del edificio, en el que participamos Fernando Martínez Gil y yo mismo, y que sería remitido al Gobierno de España. Casi simultáneamente otro toledano, Ricardo Sánchez Candelas, redactó otro proyecto de utilización del Alcázar, más centrado en instalaciones museísticas, que remitió al Gobierno regional. Y también hubo en aquellos años posturas favorables a la utilización del enorme edificio para la naciente Universidad de Castilla-La Mancha. No voy a narrar la historia de los sucesivos pasos y obstáculos que se fueron produciendo pero lo cierto es que, finalmente, fue la Biblioteca de Castilla-La Mancha el centro que se ubicó en la última planta del Alcázar y que fue inaugurada el 16 de octubre de 1998, tras 14 años de avatares que he recordado en algún trabajo científico.
Luego se produciría la decisión de trasladar al Alcázar el Museo Nacional del Ejército, que tras los lógicos proyectos y una postura beligerante por parte de algunos sectores, se hizo realidad también 14 años después de tomada la decisión,  justo hace seis años, el 19 de julio de 2010.
He reiterado que el Alcázar está viviendo su Edad de Oro desde el punto de vista de los ciudadanos, pues en ninguna de las épocas históricas acudieron tantos miles de personas libremente a este edificio cargado de historia que fue fortaleza, palacio, Real Casa de Caridad y centro militar. El pasado año 2015, la Biblioteca de Castilla-La Mancha recibió 315.000 usuarios y el Museo del Ejército 313.000 visitantes, es decir 628.000 personas en un año que utilizando su libertad decidieron utilizar las diversas instalaciones, servicios y colecciones que el magnífico edificio acoge. Basten estos fríos datos estadísticos para resaltar el carácter cultural del Alcázar hoy. El Museo tiene un amplio programa de exposiciones y actividades, que une a ser uno de los museos más visitados de la ciudad; y la Biblioteca, tras cerca de 17 años de vida, se ha convertido en un verdadero referente de la vida cultural, trabajando en una línea de coalición con la sociedad y constituyendo un centro de libre acceso a la información y la cultura, un lugar de debate público, un centro de servicios y un núcleo de participación ciudadana y de vida comunitaria sin barreras ideológicas, sociales, religiosas o de edad.
Ocho décadas son tiempo suficiente para que las heridas cicatricen y se produzca la definitiva reconciliación nacional; y sin duda este emblemático edificio cargado de historia es hoy un buen prototipo para conseguir una sociedad de consenso y pacificada. Quienes no vivimos la Guerra pero sí estudiamos sus consecuencias y conocimos de nuestros mayores la crudeza de un enfrentamiento civil y sus heridas, veíamos sin duda en el vetusto edificio palaciego y militar el símbolo del horror de la lucha fraticida. Tras la reconstrucción del Alcázar, se proyectaría una imagen pública en la que sólo se reconocía un sector de la sociedad.




Por ello, que hoy el Alcázar no sea bandera de nadie, de ningún sector social o político, es una gran conquista. Cuando contemplábamos desde el Valle la silueta de la ciudad veíamos los dos grandes y emblemáticos edificios que centraban nuestra mirada: Alcázar y Catedral. El primero constituía la imagen del edificio militar que fue foco del enfrentamiento fraticida; y la catedral, el símbolo de la larga e histórica vida religiosa de la ciudad Primada. Pero cuando, con mis hijos, paseaba por aquellas balconadas del Valle desde la que se contempla la bellísima capital toledana, ellos ya no me hablaban del Alcázar: me decían: “Mira, papá: ¡la biblioteca!”. Y hoy creo que sociológicamente se ha producido una verdadera transformación. Al recorrer el Valle y contemplar nuestra amada ciudad,  podremos decir sin miedo que catedral y alcázar reflejan el espíritu de Toledo, porque contienen concordia, cultura y los más altos sentimientos espirituales. El Alcázar se convirtió en signo de reconciliación y ya nadie puede ver bandos en su utilización. El Alcázar es de todos los ciudadanos.

domingo, 10 de julio de 2016

Pasión por las bibliotecas públicas. Voy a abrir el cofre del tesoro...

Pasión por las bibliotecas. Voy a abrir el cofre del tesoro. Contiene palabras de amor hacia las bibliotecas públicas. Palabras que he escrito desde 1978 para luchar por un derecho ciudadadano que considero esencial y además constitucional: el acceso a servicios bibliotecarios. La mayoría están recogidas en mis libros "Combates por la biblioteca pública en España" (2006) y "En defensa de la biblioteca pública" (2012)). Otras estarán en mi próximo título: "Elogio de la biblioteca pública" (2016). Son artículos periodísticos, investigaciones, conferencias, ponencias, relatos y poemas...siempre con un común denominador: la puesta en valor de las bibliotecas públicas y su defensa a ultranza.
Uno de los sueños y de los retos por los que he trabajado, una verdadera utopía, ha sido concienciar a la sociedad española y, singularmente, a sus políticos sobre la imprescindible universalización del derecho a servicios bibliotecarios públicos y de calidad, necesarios en la Sociedad de la Información y del Conocimiento en la que vivimos. Por ello, para que estén disponibles para todos gratuitamente, abro este arca de las palabras para las bibliotecas públicas. Son cuatro décadas de trabajo intentando crear opinión pública y publicada a favor de las bibliotecas. Y ahora las comparto mediante un blog sencillo en su concepción (que no soy nada experto en esto) pero ambicioso por su contenido: incorporar todos mis artículos de opinión y buena parte de mis intervenciones públicas en congresos, jornadas técnicas, foros profesionales, así como las creaciones literarias que he ido publicando para luchar por las bibliotecas públicas.
Considero que este esfuerzo no ha sido personal exclusivamente. Durante años (1991-2006) lideré a un equipo de grandísimos profesionales con los que compartí utopía, proyectos y programas: Joaquin Selgas, Javier Docampo, Óscar Arroyo Ortega, Dolores Membrillo Marco...Eso en el Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas. Fue un trabajo en equipo fundamental que permitió desarrollar unas políticas bibliotecarias muy progresistas y que han supuesto que, a pesar de las dificultades, la Red de Bibliotecas de Castilla-La Mancha sea una gran fortaleza. Pero hubo muchos más profesionales con los que compartí causa y anhelos, entre las que quiero mencionar especialmente a Begoña Marlasca Gutiérrez. Y una verdadera pléyade de profesionales de las Bibliotecas Públicas Municipales, a quien admiro, de quien aprendí y aprendo de forma cotidiana; y para no herir a nadie prefiero no citaer a ninguno de ellos. He dicho muchas veces que "de mayor" quiero ser bibliotecario municipal, y espero que ese deseo sirva para expresar el cariño y la estima que tengo hacia ese verdadero "ejército" de profesionales que lucha a favor de las bibliotecas públicas y de sus servicios.
Algunas de las intervenciones que ahora publico fueron escritas en equipo, por lo que no quiero dejar de mencionar a esos valiosos profesionales, amigos de corazón y de lucha a favor de las bibliotecas. Y no puedo dejar de mencionar a una profesional que en buena medida me enseñó a amar a las bibliotecas públicas y a luchar por ellas: Julia Méndez Aparicio, corazón de biblioteca y a la que en la Biblioteca de Castilla-La Mancha nombramos en 2013 Directora honoraria por todos sus méritos y combates por las bibliotecas públicas. Fue esencial también conocer a Carmen Sañudo, esencial para la puesta en marcha de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, a la que conseguí convencer para que viniese desde la Biblioteca Nacional de España a dirigir la Biblioteca Regional.
También tengo que mencionar a buenos amigos que me han ayudado a resolver algunos de los problemas que me surgían cuando elaboraba el blog: Antonio Casado Poyales, Juan Luis Alonso Oliva, y diversos compañeros de la Biblioteca de Castilla-La Mancha.A todos mi gratitud.
En fin, el día 12 de julio, coincidiendo con la fiesta de San Benito, patrono de Europa y de los bibliotecarios, entre otras profesiones, abriré el cofre que contiene millares y millares de palabras de amor hacia las bibliotecas públicas. Las bibliotecas han sido y son una de mis pasiones. Por ello he decidido que el título del blog sea precisamente ese: "Pasión por las bibliotecas".
Espero me disculpéis los errores y las omisiones. Ha sido mucho trabajo y aunque no está concluido creo que ya es tiempo de compartir todas estas palabras. El verano es buena época para las bibliotecas y para la lectura. Y si alguien lo desea en el blog tiene a su disposición mucho quje leer sobre las bibliotecas públicas españolas en general y sobre las de Castilla-La Mancha en particular.

viernes, 10 de junio de 2016

Bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: en busca del tiempo perdido

Bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha:
en busca del tiempo perdido 

No proliferan las palabras dedicadas a la cultura en los gobernantes y, en general, en los políticos. Por ello me han alegrado mucho las referencias que al gasto en cultura ha realizado el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en la apertura de la magnífica exposición “A tempora” que se ha inaugurado en Sigüenza. Ha lamentado nuestro presidente regional que España, “que es el segundo museo más grande del mundo”, solo invierta un 4% en cultura y ha explicado que países con “enorme tradición cultural” están en el 12 % de su PIB y por ello, el desarrollo de importantes eventos culturales como ‘A tempora’ “no son un derroche, sino una inversión”, ha asegurado.
Estoy de acuerdo. Ojalá que estas referencias sirvan para concienciar que nuestra región precisa de una política cultural que se desarrolle en coalición con la sociedad, con ciudadanos y colectivos de todo tipo. Pero estas ideas deben expresarse y recogerse mediante los presupuestos,  como he tenido la oportunidad de insistir al nuevo consejero de Educación, Cultura y Deporte, mi buen y respetado amigo Angel Felpeto. Pero para que las políticas culturales sean una prioridad del Gobierno Regional no basta con repartir las migajas que actualmente contienen los presupuestos del área de Cultura: se precisa una acción de conjunto en los presupuestos de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para conseguir que museos, bibliotecas, archivos, teatro y otras actividades artísticas,  patrimonio cultural y arqueológico… puedan disponer de unos recursos que se están negando.
Sin duda el ámbito que mejor conozco son las bibliotecas públicas. Castilla-La Mancha ha sido una comunidad autónoma que ha destacado a nivel nacional por su afán de universalizar los servicios bibliotecarios a toda la población. El Gobierno Regional promovió no sólo la modernización de las sedes de las cinco bibliotecas que gestiona, el incremento de sus plantillas, la dotación de un presupuesto para incrementar las colecciones y realizar un programa de actividades… Pero más importante aún fue su apuesta para desarrollar nuevas bibliotecas públicas municipales en la región, contar con un plan de bibliotecas móviles para atender los pequeños municipios, conseguir la profesionalización del personal bibliotecario, ampliar y diversificar las colecciones y promover programas de animación a la lectura, implantar el catálogo colectivo de la Red de Bibliotecas Públicas…. Lamentablemente Castilla-La Mancha   ha perdido en los últimos cinco años muchos de los programas y de los aires esperanzadores que se fueron abriendo y si se siguen prestando servicios de calidad a los ciudadanos es a menudo por la profesionalidad del verdadero ejército de bibliotecarios con que cuenta nuestra región.

Creo que para corregir malas políticas la primera condición es ser consciente de los problemas que existen. Por ello, esa referencia del presidente Page al presupuesto en cultura, que como muy bien dice no es gasto sino que es inversión, hay que concretarla en nuestro territorio. Por ejemplo, la Biblioteca de Castilla-La Mancha dispone este año de un presupuesto para adquisiciones de 50.000 €, que significa apenas el 25% del presupuesto de que disponía en 2010; el descenso en adquisiciones ha llegado hasta un 80% en esta biblioteca.  Y esa es la tendencia, aunque no con esos porcentajes, en la región. En 2010, el gasto corriente total en bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha, teniendo en cuenta el presupuesto del conjunto de Administraciones, fue de 34 millones de euros y en 2014 ha pasado a 26,5 millones de euros, es decir un descenso del 22,2%. Se ve también en el indicador “gasto corriente por habitante”: en 2010 Castilla-La Mancha estaba a la cabeza de España, junto con el País Vasco, con 16,1 euros/habitante; mientras que en 2014 Castilla-La Mancha ha caído a 12,87 euros/habitante, ocupando la tercera posición a nivel nacional. Sin duda estos indicadores de gasto en bibliotecas por habitante se alejan una enormidad de otros servicios públicos esenciales.
En los inicios del siglo XXI Castilla-La Mancha fue calificada como una región motor de las políticas bibliotecarias en España. Afortunadamente la Red de Bibliotecas Públicas de nuestra región se ha consolidado, y las bibliotecas están sobreviviendo a la crisis, pero ¿a qué precio? La llegada de Angel Felpeto a la Consejería nos llenó de esperanza a todos los profesionales, pero se precisan medidas urgentes ya en este año para revertir el grave deterioro que se está produciendo en las bibliotecas de nuestra región. Seis millones de visitas en nuestras bibliotecas, con 630.999 socios, que suponen el 30,6% de la población regional; y una colección entre libros y audiovisuales de 6,3 millones de documentos que sitúa a nuestra región a la cabeza de documentos por habitante (3,02) son indicadores que expresan que tenemos una Red de Bibliotecas potencialmente muy importante y que está a la espera de la recuperación de programas para el conjunto de bibliotecas públicas de la Comunidad Autónoma.
He reiterado que no comparto políticas culturales que se basen sólo en grandes eventos, porque consumen mucho presupuesto. Sé que tienen que convivir programas de grandes exposiciones y otros eventos con la existencia de una política cultural que genere encuentro, debate, creatividad, solidaridad, educación permanente y participación de la propia sociedad. El Gobierno de Castilla-La Mancha tiene que volver a impulsar, como hizo en las décadas de los ochenta, noventa y primeros años del siglo XXI, unas políticas culturales progresistas y planificadas que propicien estas ideas, que desde luego se desarrollan en las bibliotecas como centros que democratizan el acceso a la sociedad de la información y el conocimiento. Espero y deseo que paulatinamente vayamos conociendo noticias de actuaciones que regeneren la esperanza en un sector de la cultura que ha estado marginado en los últimos años.

miércoles, 1 de junio de 2016

¿Una política de Estado en Bibliotecas Públicas?

¿Una política de Estado en Bibliotecas Públicas?

           ¿Pero hay alguien pensando en una política de Estado en materia de bibliotecas públicas? Desde luego nadie habla de ello, y es tan importante como en el ámbito de la Educación, la Sanidad, los Servicios Sociales…Ahora, a las puertas de una nueva edición de las Elecciones Generales, me permito recordar a los partidos políticos que las bibliotecas públicas también existen.
Las bibliotecas son lugares maravillosos, que tienen su mayor fortaleza en los ciudadanos que las visitan: en 2014 eran socios de una biblioteca pública 16.080.515 personas, lo que supone que el 34,49 % de los españoles es socio. A pesar de los recortes, desde 2010 ha crecido este indicador en casi un 6%. Ello muestra la necesidad de este servicio público que es esencial y además gratuito para los ciudadanos, porque se financia con los impuestos de todos. Las bibliotecas españolas recibieron ese año un total de 109.061.703 visitantes. No hace falta recordar que las bibliotecas no sólo son lugares de libertad, de valores, de debate, de encuentro, de fortaleza democrática, de solidaridad, de cultura, de información, de educación permanente…Es que, además, a las bibliotecas, al contrario de lo que sucede con nuestra visita a un hospital o un centro de educación obligatoria, vamos libremente. Y estas cifras son realmente espectaculares.
Pero a pesar de los indudables avances experimentados en España, las bibliotecas españolas no acaban de incorporarse de forma generalizada a los servicios que deben prestar para que constituyan realmente la puerta democrática para acceder a la Sociedad de la Información para todos los ciudadanos españoles. Desde los inicios de los años ochenta del siglo XX clamé por una Ley de Coordinación Bibliotecaria que sirviese de marco para el desarrollo de los servicios públicos de lectura e información en todo el país. Cuando, por fin, se planteó esa Ley estatal, mostré una esperanza que pronto derivaría en frustración: se aprobó y entró en vigor la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas, pero no resolvió ninguno de los problemas prácticos que nos preocupaban a los que habíamos clamado por esa Ley. Es una Ley que señala vías de cooperación, a través fundamentalmente del Consejo de Cooperación Bibliotecaria, pero no aborda la imprescindible y obligada coordinación en la que debieran trabajar los sistemas bibliotecarios de nuestro país. La Ley recogió principios pero no concretó estándares de servicio público ni responsabilidades de financiación. Como he escrito reiteradas veces, fue una oportunidad perdida.
A finales de enero de 2006 publiqué un artículo periodístico con el mismo título del que ahora escribo, pero sin interrogantes, y apenas un año más tarde disponíamos de la Ley. Una década después, no sólo no ha mejorado la situación sino que la crisis económica ha motivado una parálisis de muchas bibliotecas y un importante descenso presupuestario que no tiene parangón con el que han tenido otros ámbitos de los servicios públicos. A las desigualdades padecidas por los ciudadanos por razón de su localidad o región de residencia, se han sumado el cierre de algunas bibliotecas, la falta de presupuestos para adquisiciones de libros y audiovisuales en las bibliotecas, la paralización de las inversiones y la preocupante situación de buena parte de los profesionales, especialmente en bibliotecas de municipios pequeños. Por supuesto, no se ha resuelto tampoco el problema histórico de los ciudadanos que carecen de servicios bibliotecarios por el “delito” de vivir en localidades menores de 5.000 habitantes, aunque en regiones como en Castilla-La Mancha siempre trabajamos con la idea de universalizar este servicio a todos los habitantes y en la legislación y programas trabajamos en la línea de que dispongan de biblioteca pública todos los pueblos mayores de 1.000 habitantes y los mejores que estuviesen dispuestos a financiar ese servicio.
En 2014, un total de 2.995 municipios españoles carecen de cualquier tipo de acceso a servicios de biblioteca pública, que supone sólo un 3,22% de la población pero que corresponde al 37% de los municipios españoles. Es decir, que apenas el 63% de los municipios de nuestro país cuenta con un algún servicio de biblioteca pública. Aunque los españoles no pueden sufrir discriminación en razón de su residencia, no hay un plan para ofrecer servicios bibliotecarios a los municipios pequeños. La alternativa son los bibliobuses, pero no todas las regiones están dispuestos a asumir un servicio pensado para esas localidades que no pueden disponen de biblioteca fija. Podemos afirmar que  a los españoles de los pequeños municipios se les niega el derecho a leer y a la información.
Además, aunque se considere que una ciudad tiene cubierto el servicio porque exista una biblioteca para 50.000, 70.000 o incluso más habitantes, no podemos aceptar esta hipocresía estadística. Nadie acepta que una localidad de esa población disponga sólo de un único Instituto de Bachillerato, un único Centro de Salud…Cosa que en bibliotecas es bastante corriente.   Estas localidades deberían tener una verdadera Red de Lectura Pública que atienda a los ciudadanos de los distintos barrios, con horarios amplios y una plantilla suficiente y adecuada de profesionales, y muchas veces cuentan sólo con una biblioteca. Al faltar las obligaciones legales precisas, encontramos ciudades con planes modélicos de desarrollo del servicio de biblioteca pública junto a casos verdaderamente dramáticos en bastantes ciudades españolas.
Otros indicadores son expresivos también de desigualdad: en cuanto a colecciones la media nacional es de de 1,81 libros u otros soportes por habitante. Los mejores datos corresponden a Navarra (3,38) y Castilla-La Mancha (3,09), mientras que las comunidades más deficitarias son Canarias (1,17), Madrid (1,20), Murcia (1,27) y Andalucía (1,29).
Hay también desigualdad entre regiones en el número de bibliotecas. Si consideramos el indicador “Habitantes por biblioteca”, las comunidades autónomas con mejor situación y que están a la cabeza en el país son Extremadura (que tiene una biblioteca por cada 2.471 habitantes) y Castilla-La Mancha (una biblioteca por cada 3.764 habitantes). En el polo opuesto están Madrid (una biblioteca por 29.102 habitantes), Cataluña (una biblioteca por 20.943 habitantes), La Rioja (una biblioteca por 14.042 habitantes) y Murcia (una biblioteca por 13.126 habitantes). En otro indicador, “Puestos de lectura por 1.000 habitantes”, figura a la cabeza Castilla-La Mancha (con 13,35 puestos por cada 1.000 habitantes), seguido por Extremadura (12,13) y Navarra (8,90). En los peores puestos en este indicador están Cataluña (3,80), Madrid (4,11) y Canarias (4,16).
Respecto al gasto corriente total en bibliotecas por habitante -que incluye personal, instalaciones, colecciones bibliotecarias, automatización y actividades- la media nacional es verdaderamente ridícula: 9,32 euros/habitante. Están a la cabeza País Vasco (17,23), Cataluña (13,53) y Castilla-La Mancha (12,87 euros), mientras que las regiones que están en el furgón de cola son: Baleares (4,14), Andalucía (5,63) y Murcia (6,25 euros). Este desigual gasto, sitúa a regiones tradicionalmente ricas junto a otras con PIB muy bajos como, Castilla-La Mancha, a la cabeza en algunos de los indicadores, signo de políticas estables y de decidido apoyo a las bibliotecas municipales, frente a Comunidades en las que los municipios no han gozado de similares apoyos de su correspondiente Administración Autonómica.
El gasto en adquisición de colecciones es también significativo, y se ha reducido considerablemente en los últimos años: la media es verdaderamente lamentable: 0,56 euros/habitante. País Vasco figura a la cabeza con 1,29 frente a 0,16 de Andalucía, 0,18 de Canarias o 0,23 de Murcia.
El mayor gasto en bibliotecas se corresponde con unas bibliotecas más dinámicas y con mejores servicios. Así, por ejemplo, si analizamos las actividades culturales de las bibliotecas, si cogemos el indicador “Actividades organizadas por las bibliotecas por 1.000 habitantes”, con una media nacional de 3,84 actividades, están en los puestos más altos Castilla-La Mancha (15,55), Cataluña (6,73), Asturias (4,84) y Castilla y León (3,65) frente a Comunidad Valenciana (0,17), Canarias y Baleares (con 1,61), Murcia (1,92) y País Vasco (2,25). Pero junto a los presupuestos, sin duda el mayor factor de éxito y dinamismo de una biblioteca lo consiguen los profesionales. Por cierto, es sorprendente la capacidad de los bibliotecarios de tantísimas pequeñas bibliotecas que con su dedicación, imaginación y complicidad con la sociedad consiguen que esos centros sean verdaderamente ejemplares.

 En resumen, y para no seguir enumerando más datos, culmino diciendo que estos indicadores son preocupantes pero me parece más grave la falta de una política de Estado para afrontar el reto de las bibliotecas públicas en la actual Sociedad de la Información y el Conocimiento. La Constitución Española reconoce el “acceso a la cultura” como un derecho de todos los españoles (art.  44) y también el derecho a “recibir libremente información veraz” (art. 20.1.d) o, genéricamente, el “derecho a la educación” (art. 27); y  estos tres pilares que constituyen la misión de la biblioteca pública (cultura, información y educación permanente) no han logrado convertirse jurídicamente en un  derecho que revierta en la universalización o democratización del acceso de los españoles a servicios de biblioteca pública.
            Me declaro defensor del Estado de las Autonomías, pero reconozco y valoro el papel que tiene el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en esta tarea; nuestra Constitución dejó muy clara la resolución de estas desigualdades: “El Estado tiene competencia exclusiva sobre…la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos…” (art. 149.1.1ª), que incluso “… podrá dictar leyes que establezcan los principios necesarios para armonizar las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, aun en el caso de materias atribuidas a la competencia de éstas, cuando así lo exija el interés general…” (art. 150.3). Estamos, pues, ante un problema que no compete sólo a las Comunidades Autónomas. La biblioteca pública es un derecho de todos los ciudadanos, y al Estado corresponde abordar un plan coordinado con los gobiernos autonómicos que garantice este derecho al conjunto de la población española.

       Sin duda ha habido regiones que han sido más democratizadoras de este derecho y situaron en 2.000 e incluso en 1.000 habitantes la frontera para que el municipio contase con biblioteca pública. Leyes autonómicas más avanzadas, planes bibliotecarios más progresistas y programas regionales de apoyo financiero o técnico para el desarrollo de bibliotecas públicas municipales, han sido los factores diferenciadores que han articulado un mapa bibliotecario muy desigual de unas regiones a otras y entre unos municipios y otros.
          En 2004 publiqué un artículo que titulé “Derecho a no leer” y que concluía con un texto dirigido a la clase política y a la sociedad en general. Voy a recordarlo ahora, en vísperas de las Elecciones Generales: “Una de las virtudes de la democracia es que los mediocres y quienes no desempeñan correctamente su cargo público suelen sufrir un varapalo de los ciudadanos en las siguientes elecciones. Por ello… un consejo: no voten a quienes desdeñan la biblioteca pública; no apoyen a quienes teniendo responsabilidades en las políticas culturales consideran que la biblioteca pública es un servicio que no precisa recursos y que es un lujo que no puede estar al alcance de todos los ciudadanos. Vamos, que quienes no creen en la biblioteca pública se alejen de responsabilidades públicas que no se merecen… “

jueves, 19 de mayo de 2016

Pasión por leer, pasión por crear

Pasión por leer, pasión por crear
Ana Isabel López-Casero, directora de la Fundación Caja Rural de CLM
Juan Sánchez Sánchez, director de la Biblioteca de CLM

La Fundación de la Caja Rural y la Biblioteca Regional tenemos una misma pasión: las personas de Castilla-La Mancha. Pasión por sembrar solidaridad, por abrir caminos de encuentro entre los ciudadanos, por mejorar nuestra sociedad, por avanzar en criterios de justicia, por democratizar el acceso a la información y la cultura, por trabajar en una educación permanente y un ocio positivo, por convertir la cultura en motor de desarrollo social y económico de nuestra  tierra... Podríamos resumir esos objetivos en uno: pasión por crear. En la Biblioteca de Castilla-La Mancha  se trabaja en la estrategia de promover y afianzar alianzas y una de ellas, muy importante, es la establecida con la Fundación Caja Rural de Castilla-La Mancha para poner en marcha uno de los programas más emblemáticos: “Pasión por leer, pasión por crear”. Ambas entidades tenemos como objetivo servir a los ciudadanos de nuestra región y somos cómplices en un proyecto esencial: conseguir que escritores, fotógrafos, músicos y pintores tengan un espacio para ser, para crear y para poner su objetivo creativo en el libro, la lectura y las bibliotecas, como un modo crucial de incrementar la presencia pública de las bibliotecas en la sociedad.
Esta alianza se materializó por primera vez el  año 2013 con la firma de un convenio de colaboración entre ambas Instituciones. Así nació el  programa  “Pasión por leer”, un programa cultural  por el que se convocaron premios para seis certámenes (relato para adultos, relato para jóvenes, fotografía, pintura rápida y composición musical), todos con el tema obligado de las bibliotecas, la lectura y los valores de estos centros. Esta iniciativa realizada con mecenazgo y con ámbito internacional formó parte en aquel año del programa de la Biblioteca de Castilla-La Mancha con motivo de la celebración de su XV Aniversario (1998-2013).
Tras el éxito de esa convocatoria, la Fundación y la Biblioteca comprobamos la eficacia de la colaboración público-privada en iniciativas culturales y apostamos por hacer crecer esta alianza para desarrollar programas culturales para toda la región. Por ello, un nuevo convenio dio continuidad al programa para el curso 2014-2015, en este caso centrado ahora en la propia Comunidad Autónoma y con un cambio en la denominación del programa, pasándose a llamar  “Pasión por crear”, pues al incluir acciones literarias, artísticas y musicales parecía más conveniente un “contenedor” más genérico. Aún así, decidimos conservar la personalidad de cada uno de los certámenes del programa con su nombre propio, en claro homenaje a las disciplinas artísticas que conforman el programa. De esta manera el certamen de relato breve  se siguió llamado “Pasión por leer”, con  modalidades para adultos y para jóvenes; el de composición musical conservó su denominación “En clave 15”; el  certamen de fotografía “Objetivo 15: 2014” y los certámenes  de pintura rápida “Toledo desde el cielo de la biblioteca”, también con modalidades para adultos y para jóvenes.
La ilusión de ambas instituciones por rendir un merecido homenaje a los participantes y ganadores de los certámenes nos ha llevado a editar el  volumen “Pasión por leer, pasión por crear”, que recoge las obras premiadas en la primera edición (canciones, relatos, fotografías y obras pictóricas), incluyéndose un CD que contiene las tres canciones ganadoras. Para tantos usuarios que aman las bibliotecas, este volumen ofrece historias, imágenes y canciones que tienen como protagonistas libros, lectores, lecturas y bibliotecas públicas.
Hemos querido seguir creciendo y poniendo nuestro grano de arena para construir un programa inspirador para todos. En la tercera edición del programa se ha ampliado a niños para que participen en los certámenes de relato infantil ilustrado. De este modo, son ya siete los certámenes desarrollados, para los distintos tipos de públicos, con una participación de unos 1.700 creadores procedentes de toda España y de numerosos países. Y este viernes, 20 de mayo el Alcázar de Toledo (la propia Biblioteca y el auditorio del Museo del Ejército) acogerá una gran fiesta de la creación cultural con el concierto de la final del certamen de composición musical, apertura de las exposiciones de las obras finalistas de los certámenes de Pintura y  Fotografía, y el acto de entrega de premios  de todos los certámenes, en los que participará una verdadera selección de apasionados por la cultura y el arte.
Las bibliotecas son para todos los públicos, para todos los ciudadanos; por ello nos resulta muy importante que escritores, fotógrafos, músicos y otros artistas creen obras que tengan como objetivo asuntos relacionados o desarrollados en las bibliotecas o que muestren imágenes cotidianas de personas leyendo o participando en iniciativas de las bibliotecas. Con las fotografías seleccionadas se organiza una exposición que caminará de forma itinerante por las bibliotecas de la región. Y esperamos que las canciones galardonadas sirvan también para que las bibliotecas estén más presentes y más cerca de los ciudadanos.
Sin duda hay centenares de certámenes literarios, fotográficos, artísticos e incluso musicales. Pero estos que convocan la Biblioteca de Castilla-La Mancha y la Fundación de la Caja Rural de CLM son muy peculiares: creadores y artistas convertidos en propagandistas y defensores de la lectura y las bibliotecas.


sábado, 7 de mayo de 2016

Pregón inaugural de la XI Feria del Libro de Toledo.




Buenos días.
Estamos en la plaza de Zocodover de Toledo, el corazón de la ciudad, que durante unos días se convertirá en ágora y corazón de los libros gracias a esta nueva edición de la Feria del Libro de Toledo.
Los libros tienen que estar en los hogares, en los centros educativos y socioculturales, en la calle, en las bibliotecas…Gracias a libreros, editores e instituciones, los libros han salido de sus estanterías y han volado a esta plaza para visibilizar que necesitamos libros en nuestras vidas. Agradezco la deferencia que han tenido conmigo de encargarme que pronuncie este pregón inaugural de la feria, apenas a cien metros del edificio de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que quiere ser corazón de la vida cultural y ciudadana y que atesora libros, audiovisuales y palabras y constituye un verdadero templo del saber, del encuentro, de la convivencia, de la solidaridad, de la esperanza. Las bibliotecas son la puerta democrática de acceso a la información y a la cultura y nuestra biblioteca desea ser la casa de todos los ciudadanos. Esta biblioteca, junto a las bibliotecas públicas municipales, son la garantía del servicio bibliotecario a los toledanos, que tienen derecho a leer y a disfrutar con los servicios que ofrecen las bibliotecas.
Esta Undécima edición de la Feria recuerda al gran poeta Federico García Lorca, que se desvivió para que en su pueblo natal, Fuente Vaqueros, se crease una biblioteca pública y pronunció uno de los discursos más reproducidos y que se conoce con el título de Medio pan y un libro. Los poetas mueven a los pueblos y por eso está bien que se recuerde a uno de los grandes escritores de nuestro país. Es verdad que este año, por distintas circunstancias, recordamos también a Cervantes, Cela y Buero Vallejo.
Lorca decía en su alocución:
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí…a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.”

Estas palabras, escritas en 1931, siguen tremendamente vigentes. ¡Cuántas veces recriminamos a nuestros políticos que en los discursos de investidura, en los presupuestos, en sus programas electorales, no tengan presente la cultura! Por desgracia la cultura no suele ser una prioridad de los gobernantes. Pero para ser justo, esta alcaldesa prioriza estar en este acto de amor al Libro y ha reiterado su presencia en la Biblioteca Regional en numerosas ocasiones; es decir, que también hay gobernantes que piensan en clave de cultura. Ahora tendremos unas nuevas elecciones generales. Y desde este marco incomparable tengo que pedir alto y claro a todos los partidos que piensen en los ciudadanos y que, en el caso de la cultura, apuesten por programas vinculados a las bibliotecas públicas, a la lectura, en potenciar los hábitos lectores. ¡No votaré a ningún partido que no tenga entre sus prioridades los servicios bibliotecarios!
Y seguía diciendo Federico García Lorca:

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? 
¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.”

En nuestro tiempo, hay personas, entre ellos bastantes políticos, que piensan que con internet las bibliotecas ya no son tan necesarias y que no se precisan bibliotecarios. Y yo proclamo que no es cierto: ¡Necesitamos leer para ser ciudadanos críticos, para participar de forma activa en nuestra sociedad, para colaborar en construir el bien común, para intentar que la sociedad civil no se resigne a ejercer sólo sus responsabilidades depositando el voto cada cuatro años! Necesitamos libros, información, ideas, debate, proyectos, y para ello las librerías y las bibliotecas son los buques insignias para conseguir una sociedad más lectora y más autocrítica. Tenemos que impregnar a niños y jóvenes una verdadera pasión por la lectura: contra la obligación de leer, establezcamos programas para que descubran leer por placer, el deleite de la lectura. Una sociedad más lectora será una sociedad más justa, más esperanzada, menos manipulable, más participativa y tolerante…
Uno de los autores recordados durante este año, Antonio Buero Vallejo, reivindicó en 1992 la importancia de las bibliotecas públicas:
Los pueblos que aspiren a culturizarse han de consolidar… su red de Bibliotecas Públicas, donde, si tampoco es posible encontrarlo todo, sí se halla mucho más de lo que un pobre hogar podría reunir. Niños y niñas pueden enriquecer en ellas su sensibilidad con los más fascinadores cuentos infantiles. Muchachos y muchachas, satisfacer su sed de aventuras, sentimientos y, fantasía, allí la persona adulta descubrirá el incomparable gozo de la gran obra literaria; quienes estudian dispondrán allí de textos que iluminen decisivamente su tarea.
Emprendamos, pues, la vuelta al mundo y a nuestro propio interior mediante los libros. Somos personas porque leemos y, lo seremos cada vez más si no pasamos día sin lectura. Y el mundo en que vivimos lo es por los libros que lo reflejan. La ciencia, el arte, el pensamiento, no existiría sin ellos. Las Bibliotecas nos esperan siempre; sus estantes nos reservan no sólo auténticos placeres, sino buena parte de nuestra verdadera madurez. ¿Quién, que lo comprenda, querría resistirse a tan limpia llamada?”

Un año después, otro gran escritor y humanista, José Luis Sampedro, habló en su mensaje para el Día del Libro en CLM del valor de la Palabra y dijo:
Leer nos enriquece la vida. Con el libro volamos a otras épocas, y a otros paisajes; aprendemos el mundo, vivimos la pasión o la melancolía. La palabra fomenta nuestra imaginación: leyendo inventamos lo que no vemos, nos hacemos creadores.”
Esa es la clave: hacernos creadores. La pasión por leer conduce a la pasión por escribir, a la pasión por crear, por compartir, por ilusionar, por sembrar esperanzas, por VIVIR...Este escaparate de los libros que se ha instalado en Zocodover es una oportunidad para que cualquier ciudadano descubra el valor del libro, se encuentre con un libro amigo que le está esperando, que desea vivir en el corazón y la cabeza de cualquier persona. Los libros necesitan lectores para sentirse vivos y quienes escribimos necesitamos librerías y bibliotecas para que nuestras palabras e ideas, nuestra imaginación, puedan llegar a los ciudadanos. Librerías y bibliotecas trabajamos por una misma causa, no competimos pues sabemos que ambos espacios culturales son necesarios. En las bibliotecas públicas se democratiza el acceso al saber, a la cultura, a la información; sin ninguna barrera cualquier persona, aunque carezca de recursos, puede utilizar sus servicios y hacer de la biblioteca su segundo hogar. Las librerías también están a nuestro alcance, cerca de nuestras vidas, y en ellas podemos adquirir ese libro que nos dejó profunda huella y deseamos tener en nuestra casa; o regalar ese libro singular que hemos pensado para el amigo, la familia, nuestros hijos…
Editores, libreros y bibliotecarios viajamos de la mano. Pero no vamos solos: a nuestro lado la gente; o mejor: nosotros al lado de la gente, de los ciudadanos de todas las edades. Y los bibliotecarios clamamos a favor de los derechos de los ciudadanos de disfrutar de servicios bibliotecarios de calidad, dotados de presupuestos, con horarios amplios, realizando un programa permanente de actividades culturales en coalición con la sociedad. Hace doce años fui invitado a un foro denominado Bibliotecas y Sociedad y pronuncié una conferencia que tuvo el siguiente título: “La biblioteca pública, derecho de los ciudadanos”, y como introducción proclamé este poema, que hoy reitero, porque aunque han pasado tantos años las circunstancias no han variado demasiado:
Tengo la voz ronca de clamar.

Son ya muchos años de gritar,
como un profeta en el desierto.
Palabras, palabras, palabras lanzadas al viento
defendiendo un derecho que se niega
como el pan y el agua se niega en tantos países de la tierra.

Y sigo caminando.
A veces soy un peregrino de esperanza,
pero tantas veces siento el deseo de quedarme quieto…
y callado,… en silencio….

Es cierto
que ya somos un verdadero ejército
que lucha a favor del libro,
que sueña con que algún día
todos puedan acceder a bibliotecas repletas de palabras y pensamientos,
todos puedan disfrutar
de información en libertad. y en convivencia.
Y, sin embargo, renacen gigantes que muestran sus dientes afilados,
que pretenden segar la cosecha de un trigo
que aún no tiene el tiempo necesario.

Si, en verdad somos un ejército inmenso,
bibliotecarios para un servicio público esencial,
cada uno en su barrio, en su ciudad, en su pueblo,
ofreciendo exquisitos manjares a quienes los demandan,
a quienes los aceptan, a tantos que aman las palabras.

Somos un ejército de paz y de palabras,
pero demasiadas veces yo siento
que soy un corredor de fondo y voy solo corriendo,
sin nadie a mi lado,
y la meta se me antoja lejana,
infinitamente lejos,
y entonces me siento sin fuerzas,
y cesaría en mi empeño
si no fuera por Dios y por el Viento.

Información y lectura son derecho de todos,
derecho de los que viven en las grandes ciudades
derecho de los que viven en las áreas rurales,
en municipios medianos o en pequeñas aldeas,
derecho de los niños y también de los jóvenes,
derecho de los ancianos y de todos los adultos,
de hombres y mujeres y de pobres y ricos,
de inmigrantes que llegaron de tierras lejanas
y de quienes crecieron a la sombra de los árboles de su ciudad.

Y, sin embargo, se sigue negando este derecho
como se niegan el pan y el agua en tantos lugares de la tierra.
¿Cuándo bibliotecas para todos?
¿Cuándo políticos que asuman este derecho con valentía y firmeza?
A caminar, a caminar,
a seguir proclamando las palabras,
aunque el cansancio amenace por los cuatro costados
y te sientas señalado por el dedo como un soñador enloquecido.

Voy terminando. Empecé citando a García Lorca y voy a finalizar con otro de mis poetas preferidos: Gabriel Celaya. Uno de sus poemas más famosos, especialmente en los años setenta, gracias a la versión que hizo el cantautor Paco Ibáñez, se titula “La poesía es un arma cargada de futuro”. Una de sus estrofas dice:
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse....”

En este sentido, pienso que los bibliotecarios tenemos también un enorme compromiso con la sociedad. No podemos desentendernos del problema de desigualdad que existe en nuestro país en cuanto al acceso a servicios bibliotecarios, no podemos lavarnos las manos y desentendernos: la fortaleza más importante en una biblioteca son los ciudadanos que, junto a los bibliotecarios, conforman el doble corazón de una biblioteca. Y por ello quienes, pagados con los impuestos de los ciudadanos, trabajamos en una biblioteca pública debemos ser profetas a favor de las bibliotecas, a favor de este derecho de todos las personas, vivan donde vivan: en una gran ciudad, en un barrio populoso, en una aldea, en un suburbio... , en cualquier región, en cualquier ciudad.
Federico García Lorca luchó para que en su Fuente Vaqueros natal hubiese una biblioteca. Y sufría cuando descubría que mucha gente no podía acceder a los libros. Gabriel Celaya reivindica la poesía como algo necesario en la vida de las personas, en el discurrir cotidiano de la gente. Y dice en el mismo poema:

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.”
Me van a permitir una licencia. Voy a transformar este alegato en un grito a favor de las bibliotecas públicas:

“Bibliotecas para todos,
bibliotecas necesarias
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
exijamos bibliotecas,
defendamos el derecho a las palabras.”

Disfruten de esta Feria del Libro de Toledo, de sus actividades, de las presentaciones de libros, de los encuentros y firmas con autores. Adquieran libros. Apoyemos a libreros y editores, animándoles a seguir su hermosa tarea profesional. Acudan a cualquiera de las bibliotecas de nuestra hermosa ciudad. Y, lean, ¡vivid leyendo!, ¡vivir disfrutando de los libros!, sin duda uno de los paraísos de nuestra vida.
Muchas gracias.