Mostrando entradas con la etiqueta Mateo Gómez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mateo Gómez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de abril de 2008

Nueva carta de Mateo Gómez a Su Majestad el Rey





Esta Nueva carta de Mateo Gómez a Su Majestad el Rey fue escrita para presentar el Anuario de Bibliotecas Españolas 2008, publicado por la Fundación Alonso Quijano, editora de esta revista. La presentación se hizo en la Biblioteca Nacional, en Madrid, el día 23 de abril de 2008.Fue recogida en la revista  Mi Biblioteca. Año IV, núm. 14 (Verano 2008), págs. 41-45 y posteriormente en el libro En defensa de la biblioteca pública, págs.153-158. El texto comienza explicando quién es Mateo Gómez.
 





UN BIBLIOTECARIO LLAMADO MATEO GÓMEZ

         Mateo Gómez es un personaje de ficción creado por Juan Sánchez Sánchez. Apareció por vez primera en el relato Monólogo de Mateo Gómez, incluido en el libro Combates por la Biblioteca Pública en España (Almud Ediciones de Castilla-La Mancha, 2006; páginas 32-37). En este inicial  texto, Mateo Gómez recorre durante el año 2005 los municipios de Castilla-La Mancha por encargo del Presidente del Gobierno y de la Defensora del Pueblo de esta Comunidad.  Aunque el informe que elaboró no se hizo público, el cuento aporta una reflexión literaria sobre lo que fue y significó el recorrido de este bibliotecario por tierras y lugares de Castilla-La Mancha.
         Más tarde, este bibliotecario ficticio se dirigió  a Su Majestad el Rey de España, con una Carta en la que realizaba un diagnóstico sobre la situación de la lectura y las bibliotecas en nuestro país. La génesis de este segundo documento sería la siguiente: el Rey encarga a este bibliotecario un informe, de forma totalmente secreta y sin conocimiento del Gobierno de España. Sabemos que el Rey recibió a Mateo Gómez en el Palacio de la Zarzuela, y que el amplio informe sobre la situación de las bibliotecas públicas españolas no se ha hecho público. En la revista MI BIBLIOTECA se publicó la Carta de Mateo Gómez a Su Majestad el Rey,  en la que el bibliotecario le anuncia que ha concluido su trabajo y le resume los problemas fundamentales que a su juicio padecen las bibliotecas españolas.
         El tercer documento es una larga comparecencia de  Mateo Gómez en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados, para expresar sus opiniones acerca del Proyecto de Ley de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas promovido por el Ministerio de Cultura. El anuncio de esta comparecencia literaria, que tuvo lugar en las XIV Jornadas Bibliotecarias de Andalucía en marzo de 2007 coincidió con los momentos más álgidos del debate de este proyecto de Ley en las Cortes. Aquí vuelve a insistirse en las ideas-fuerza que el autor mantiene sobre las bibliotecas públicas españolas y sobre la evolución de un proyecto de ley que me defraudó profundamente.
         Hoy, en la presentación del ANUARIO DE BIBLIOTECAS ESPAÑOLAS 2008, en la Biblioteca Nacional de España, Mateo Gómez hace pública la Nueva Carta a Su Majestad el Rey.

Nueva carta de Mateo Gómez a Su Majestad el Rey

Señor:

         Hace poco más de un año que presenté a Su Majestad mi informe sobre las causas que están impidiendo que los españoles constituyan una sociedad lectora. Ya vio, Señor, las polémicas que los resultados del estudio provocaron en determinados sectores, especialmente entre los responsables de gestionar las políticas culturales y bibliotecarias. Aunque no creo que sea cierto, me llegó el rumor de que el cese de la ministra de Cultura tuvo mucho que ver con las críticas que buena parte de los profesionales hicieron de su labor en el ámbito bibliotecario, tal vez muy concienciados por los datos que se hicieron públicos del informe. Pero sea como fuere, lo cierto es que debo en primer lugar agradecerle la confianza que me dispensa con este nuevo encargo. He vuelto a España en cuanto he recibido su llamada.
         La verdad es que llegué a pensar que no era necesario mi nuevo estudio. Como las noticias vuelan, supe en  Helsinki que una entidad española para el fomento de la lectura, la Fundación Alonso Quijano, había emprendido un importantísimo proyecto: un Anuario de bibliotecas españolas. Incluso un amigo, miembro del Comité Científico del Anuario, llegó a enviarme un correo electrónico con la estructura prevista de esta obra y tuve la oportunidad de realizar algunas sugerencias. Por cierto, que espero que los miembros de la Fundación y la coordinadora del Anuario, una bibliotecaria rural galardonada con un premio de promoción lectora, no se enfadaran conmigo por declinar su amable ofrecimiento de  formar parte de dicho Comité. Sus encargos, Majestad, han revolucionado en parte mi vida y quiero aparecer en el mayor anonimato para garantizar una mayor confidencialidad en mis trabajos científicos.
         Antes de proseguir, Señor, quiero abrirle el corazón. Estuve trabajando por espacio de más de dos años. Pude comprobar su exquisita sensibilidad con el libro,  la lectura y las bibliotecas. Y tengo la certeza de que Su Majestad habrá movido cuantos hilos haya podido para poder corregir las carencias que se observan en las bibliotecas españolas. Créame que estuve esperanzado: era un momento importantísimo, que coincidió con el debate en las Cortes del Proyecto de Ley de la Lectura, del Libro y de  las Bibliotecas. Quienes amamos las bibliotecas, quienes llevamos tantos años soñando con unos servicios bibliotecarios para todos los ciudadanos, por la universalización del derecho de todos los españoles de poder disfrutar de servicios bibliotecarios de calidad, pensamos que el gran momento había llegado. Me sorprendió que incluso hubiese cierta movilización de algunos sectores profesionales, llegaran a celebrarse muchos contactos con los diversos partidos políticos y se realizaran bastantes propuestas de mejora de la Ley a través de las diversas asociaciones de bibliotecarios. Mi decepción fue tremenda. Más de dos décadas de espera merecían un Proyecto de Ley que afrontase y resolviese problemas, pero el texto finalmente aprobado es inútil para las bibliotecas españolas. No se  regulan  los servicios básicos que debe prestar toda biblioteca pública ni se aborda la falta de servicios bibliotecarios en los pequeños municipios,  todavía más de 3.000. Tampoco se delimitan las competencias de las distintas Administraciones Públicas ni se plantea la financiación de este servicio público. La Ley aprobada no indica a quién corresponde la responsabilidad de prestar el servicio de biblioteca pública ni se establece cómo debe ser básicamente este servicio en función de los niveles de población de los municipios. De igual modo no incluye ninguna característica mínima de las bibliotecas escolares. En definitiva, no puede considerarse una ley integral en políticas de lectura pública, y, más grave aún, omite totalmente la obligatoriedad de la coordinación bibliotecaria entre el Ministerio, las Comunidades Autónomas y las Administraciones Locales,  y sólo alude a la cooperación como algo voluntario de las distintas administraciones y sectores implicados.
Majestad, en mi opinión, y en la de otros expertos en políticas bibliotecarias, el resultado es que se ha perdido la oportunidad de una Ley que garantice a todos los españoles el derecho a acceder a servicios bibliotecarios de calidad, dignos de nuestro tiempo y se afronte una verdadera Política de Estado en materia de lectura y bibliotecas.
         Tras leer en el BOE el texto de la Ley sentí una verdadera impotencia y pensé: ¿para qué he dedicado más de dos años de mi vida a este estudio que soñé sería tenido en cuenta por los gobernantes? Entonces recordé el viejo adagio de que El Rey reina, pero no gobierna. Y sentí un remordimiento por mis pensamientos. En ese momento, Señor, pensé que también Su Majestad se habría sentido embargado por la tristeza y la impotencia. Y que además tendría un problema mucho más grave: guardar silencio. Por respeto institucional. Ni siquiera podría desfogar su desilusión   escribiendo un artículo periodístico, como a veces hacemos los bibliotecarios…
         Pero dicho todo esto, ya que me desahogado, me reitero a su disposición y animado a desarrollar el nuevo informe que me solicita. Y le decía que llegué a pensar que no sería necesaria mi investigación porque intuí que el Anuario de la Fundación Alonso Quijano llenaría muchas de las lagunas existentes. Y así ha sido, pero no me podía imaginar que el nuevo encargo tuviese un carácter tan concreto y actual: Papel de las Bibliotecas Públicas en la Sociedad española de la Información y del Conocimiento. Estamos, Señor, ante otra de las grandes asignaturas pendientes: a menudo se presentan importantes estudios en España sobre la sociedad de la información, y me resultan sorprendentes las escasas referencias que tanto gobernantes, como empresas e incluso hasta expertos hacen hacia las bibliotecas y su papel neurálgico en la construcción y desarrollo de la nueva sociedad del siglo XXI en la que estamos inmersos. Por ello su propuesta no sólo me parece pertinente sino que es realmente necesaria.
         He tenido la oportunidad de leer en primicia el Anuario y creo que estamos ante una iniciativa verdaderamente ejemplar. Ya disponíamos desde hace varias décadas de la Estadística de Bibliotecas del INE, antes la única fuente para poder analizar con cierto rigor la evolución de las bibliotecas españolas. Después, gracias al trabajo coordinado del Ministerio de Cultura con los Servicios de Bibliotecas de las Comunidades Autónomas, se fue configurando el  Anuario de las Bibliotecas Públicas Españolas, fruto del trabajo cooperativo que dio lugar a las Estadísticas de Bibliotecas Públicas que difunde el Ministerio en su web. También han sido fundamentales los estudios abordados por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, tanto sobre las bibliotecas públicas como sobre las bibliotecas escolares, informes que han generado debate y han propiciado desde el conocimiento científico unos cambios reales en las bibliotecas españolas. Y ahora esta primera edición del Anuario de Bibliotecas Españolas 2008.
         Tengo que reconocer que el Anuario resulta utilísimo. Por primera vez puedo leer en un mismo estudio una visión, realizada por sus propios protagonistas, sobre las políticas bibliotecarias que se están desarrollando a nivel nacional por el Ministerio de Cultura y a nivel autonómico por las Comunidades Autónomas en el ámbito de las bibliotecas públicas. Así ocurre también con las bibliotecas escolares, con las universitarias y con algunas de las más importantes redes de bibliotecas especializadas: las del CSIC, las de las Reales Academias, las del Instituto Cervantes… Tras esa primera parte, esencial, dedicada a hacer una presentación institucional de las bibliotecas españolas, la segunda parte se dedica a información sobre recursos para bibliotecas, bibliotecarios y usuarios.
         Sin duda es una información objetiva, sugerente, actual y muy representativa de las políticas bibliotecarias. Pero es una información que se convierte en fuente, que tiene que servir de referencia necesaria para hacer un análisis del estado real de las bibliotecas españolas. Digamos que la Fundación ha puesto en marcha un proyecto -que deseo tenga una continuidad- que hoy nos permite conocer mucho mejor esas políticas, ese mosaico de políticas bibliotecarias que están al servicio de la sociedad española. La mayoría de los redactores han realizado su aportación desde un punto de vista muy institucional, como representantes de la Administración o de la Institución correspondiente en cada caso. Incluso en ocasiones no han sido los técnicos, por ejemplo los Jefes de Servicio de Bibliotecas, sino que firman  la colaboración políticos responsables de ese ámbito. No digo esto como una característica negativa, sino como algo a tener en cuenta por quienes deseen profundizar en el conocimiento de la realidad bibliotecaria española. La impresionante información que el Anuario aporta nos permitirá avanzar en ese estudio, y es un elemento complementario a las fuentes estadísticas de que ya disponíamos.
         Por lo demás, si leyésemos sólo el Anuario estaríamos tentados a definir las bibliotecas españolas como una especie de País de las Maravillas. Pero esa es responsabilidad de quienes dirigen o gestionan las redes o sistemas bibliotecarios que aparecen reflejados en el Anuario. Siempre he pensado que el mejor método para resolver los problemas es conocerlos, definirlos y afrontarlos. Por ello sería aconsejable que en próximas ediciones las intervenciones pudieran contener también una reflexión acerca de los retos pendientes, los problemas existentes en la red o sistema concreto, los debates,…Algunos autores lo hacen, y es de agradecer, porque nos damos cuenta de que estamos en camino. Es cierto que las bibliotecas españolas se han transformado muy positivamente en las últimas décadas, pero no es menos cierto que siguen latentes muchos de los problemas históricos, especialmente en las bibliotecas municipales y escolares.
         Ya sé, Señor, que le interesa el papel de la biblioteca como portal de la Sociedad de la Información y del Conocimiento. Pero no quiero comenzar mi trabajo sin recordar a Su Majestad que la realidad nos habla de desigualdad entre los ciudadanos de unas y de otras regiones, tal vez por premio o castigo de haber tenido unos responsables políticos que dieran mayor o menor importancia al servicio público bibliotecario. Deseo también recordarle que los medios de comunicación y las listas de distribución que existen entre los profesionales de la información, la documentación y las bibliotecas nos traen a menudo situaciones no precisamente ejemplares. Estos días, por ejemplo, nos asalta la noticia de los despidos de los bibliotecarios de la Red de Bibliotecas Municipales de Oviedo, que además del desprecio que significa hacia los ciudadanos de aquella ciudad refleja muy nítidamente el problema de muchas bibliotecas municipales y redes urbanas de bibliotecas públicas. Otro ejemplo: ¿Para cuando bibliotecas municipales en la ciudad de Guadalajara, la única capital de provincia española que sigue sin tener ni una sola biblioteca municipal? Me dolió también, muy profundamente, que el partido actualmente en el Gobierno de España olvidara totalmente a las bibliotecas en su Programa Electoral para las recientes Elecciones Generales de marzo de 2008. Perdone, Señor, que sea políticamente incorrecto, pero ¿qué iniciativas serias pueden esperarse en el ámbito de las bibliotecas de un partido y de un Gobierno que sume en el olvido a las bibliotecas ya en sus previsiones de futuro?
          La biblioteca pública continúa siendo un servicio que, a pesar de los espectaculares avances, sigue sin constituir un servicio público esencial: a veces sin presupuestos, con horarios que impiden que la biblioteca realice plenamente su misión en la sociedad, sin planes inversores que garanticen la extensión de este servicio de forma similar a lo que ocurre en el ámbito de los centros docentes, los centros de salud, las instalaciones deportivas,…Y lo más importante: sigue sin resolverse el problema histórico de la biblioteca, tanto de la pública como de la escolar: el bibliotecario. Los bibliotecarios son el corazón de la biblioteca, el motor de la biblioteca. María Moliner hablaba en tiempos de la II República del papel y de la problemática de los bibliotecarios municipales, y aún hoy, en pleno siglo XXI, el problema del personal atenaza como una losa el desarrollo bibliotecario de muchas ciudades y pueblos de España.
         Finalizo. Espero disculpe, Señor, la franqueza con la que le he hablado. Soy su leal colaborador y no podía empezar la nueva tarea que me asigna Su Majestad sin hacerle partícipe de mis sueños y mis desalientos. Hace más de una década, en la Biblioteca Nacional, un bibliotecario amigo expuso su teoría de los cuatro mundos bibliotecarios. Lo triste es que esa realidad de desigualdad no sólo existe entre países: España sigue presa  de esa misma desigualdad y la brecha digital la agranda en muchos casos . Por ello, mientras que nuestro Rey se preocupa del papel que las bibliotecas públicas han de tener en la conformación de nuestra sociedad, más de 3000 municipios españoles siguen sin tener unos servicios bibliotecarios básicos. Mientras que muchas bibliotecas españolas constituyen servicios neurálgicos, atractivos y son como la joya de la corona de  sus ciudades, en otras localidades el bibliotecario sigue peleándose con sus responsables políticos para poder tener un presupuesto estable y efectuar una selección de la colección con carácter profesional y no con imposiciones ideológicas o de otro orden. Mientras que unas ciudades o unas regiones presentan planes de desarrollo bibliotecario verdaderamente modélicos, en otras localidades o comunidades autónomas los indicadores siguen mostrando un tercermundismo acusado y se distancian de quienes se tomaron en serio sus políticas bibliotecarios.
         España, Señor, es un inmenso espejo. Cada  persona ve una realidad y vive una realidad. Pero necesitamos conocer realidades distintas a las propias. Precisamos intercambiar experiencias, abrir ventanas que nos permitan conocer esas otras realidades. Esto, en el trabajo por las bibliotecas, resulta imprescindible. Trabajar en una grande e importante biblioteca no nos puede hacer olvidar a esas bibliotecas pequeñas, rurales o de barrios, que también están llamadas a ser la puerta democrática para el acceso a la información, la educación permanente, el ocio constructivo, la cultura…
         Por ello, aplaudo esta iniciativa de la Fundación Alonso Quijano, que ha diseñado y puesto en marcha una potente herramienta para profundizar en el conocimiento de la realidad bibliotecaria española. Me propongo, Señor, iniciar mi tarea con la certeza de que seguiremos dando pasos fundamentales. Por las bibliotecas. Por la sociedad española. Por la libertad.
         Quedo lealmente a su disposición.
         Un afectuoso abrazo de.
                                              
                                                        Mateo Gómez.

jueves, 22 de marzo de 2007

Carta de Mateo Gómez a Su Majestad el Rey



Mateo Gómez es un bibliotecario creado por Juan Sánchez, del que se habla en otras entradas del blog. Carta de Mateo Gómez a Su Majestad el Rey se publicó en la revista Mi Biblioteca. La revista del mundo bibliotecario. Año III, nº 9 (Primavera 2007), págs. 32-36.Fue recogida también en el libro En defensa de la biblioteca pública, págs. 126-132.





Carta de Mateo Gómez a Su Majestad el Rey

Señor:

            Se han cumplido dos años desde que Su Majestad me encargó un informe sobre las causas que determinaban que la nación española no pudiera calificarse como una sociedad lectora.  Desde entonces, y con la mayor discreción posible, he viajado por centenares de municipios españoles, me he entrevistado con autoridades públicas y con profesionales y he consultado numerosos estudios elaborados por las distintas Administraciones Públicas y por entidades especializadas. La experiencia me ha permitido, además, dialogar ampliamente  con la gente.

 Por supuesto, he cumplido fielmente el mandato que me disteis y en ningún caso he relacionado a Su Majestad con este estudio, ni a ninguna Institución Pública.  Mis credenciales como autor de una hipotética Tesis Doctoral sobre Lectura, Información y Bibliotecas Públicas en la Sociedad Española de  comienzos del Siglo XXI  fueron siempre suficientes a la hora de abrir puertas y de recibir fructíferas colaboraciones. Reconozco  que he encontrado mucha sensibilidad y ayuda, que me han permitido realizar el informe con un grado de descripción elevado y formular una serie de recomendaciones y propuestas que en realidad laten en los sectores más implicados y que en buena medida muchos ciudadanos reclaman de los poderes públicos.

Tengo, Señor, disponible el Informe para entregárselo en el Palacio de la Zarzuela en la fecha que estime, y nadie conoce el estudio ni imagina quién es el destinatario.  Espero me disculpen las personas, a veces con altas responsabilidades públicas, a quienes  he tenido que silenciar la verdad de este trabajo y en muchos casos engañar para que no hubiera sospecha alguna. Especialmente compleja ha sido mi relación con altos responsables del Ministerio de Cultura, que a toda costa deseaban el informe, y a quienes he tenido que decir que pasarán no menos de tres años antes de que concluya la Tesis Doctoral y que no deseaba dar ninguna conferencia ni escribir artículos ni nada parecido para congresos y otros eventos. Han sido también frecuentes las llamadas desde distintos medios de comunicación pidiéndome opinión, al hilo de noticias relativas a los servicios de lectura pública españoles o a polémicas puntuales que surgían en regiones y ciudades; pero he dicho siempre que yo era un observador, un espectador que tenía que centrarme en realizar mi trabajo académico y no podía permitirme el lujo de estar opinando sobre lo divino y lo humano. De igual modo he visto con sorpresa cómo representantes de algunos partidos políticos, entre ellos los dos partidos mayoritarios de nuestro país, me han realizado distintos ofrecimientos: desde participar en sus respectivas Conferencias Políticas hasta colaborar en la redacción de sus Programas Electorales para las próximas elecciones autonómicas y municipales, asumiendo unas propuestas que en realidad desconocían.  Sin duda, Señor, es una de las ventajas de ser un  perfecto desconocido en España, tras mi vuelta a mi país  para realizar este trabajo académico. Todos sospechaban que “soy” de su partido, o al menos que tengo buena sintonía con ellos, y aunque les reiteraba que yo era un bibliotecario-profesor y militaba en la independencia más absoluta, pienso que no me creían.  Por supuesto, he rechazado estos generosos ofrecimientos, con la documentada excusa de mi pronta vuelta a Helsinki.

Permítame, Señor, que le adelante algunas de las conclusiones más relevantes del Informe.

1) Conforman la población más lectora aquellos que tuvieron la posibilidad de leer. No es cierto ese tópico de que los españoles no aman la lectura: sólo hay que ofrecerle buenos servicios que hagan a todas las personas accesibles el libro y los demás soportes  de nuestro tiempo que contienen información. En las ciudades y pueblos en los que hay buenas bibliotecas públicas, los índices de lectura son mucho más altos que en las localidades que carecen de este servicio público. Da verdaderamente gusto acceder a bibliotecas modernas y cómodas, llenas de vida, con colecciones actualizadas y con profesionales que efectúan un trabajo de apoyo y asesoramiento espléndido. En estas bibliotecas encontramos personas de todas las edades, de todas las condiciones sociales y constituyen el espacio integrador de las minorías así como de la población inmigrante.

            2) La familia y la biblioteca escolar tienen decisiva influencia en la creación y desarrollo de hábitos lectores.  Junto a la biblioteca pública, el ámbito familiar resulta determinante para crear en los niños la pasión por la lectura. Pero se precisa una continuidad cotidiana en los espacios de referencia educativa, y para ello sigue pendiente una política que consagre la biblioteca escolar como un servicio para el conjunto de la comunidad educativa. Debe ser un centro de recursos informativos pero también de motivación a la lectura, y de apoyo no sólo a los alumnos sino a los docentes. Los estudios indican que en muchos casos la “lectura obligada” incide negativamente en el descubrimiento del placer de leer.

            3) Más de 3.000 municipios españoles carecen de servicios de lectura pública.  Esto me ha sorprendido, pues aunque es cierto que la dispersión territorial y el pequeño número de habitantes de muchas localidades influyen negativamente a la hora de establecer cualquier servicio público, no podía imaginarme que en los inicios del siglo XXI, en plena Sociedad de la Información y del Conocimiento, existan tantos pueblos sin biblioteca y sin cualquier otro servicio bibliotecario, como el Bibliobús. El problema sociológico que significan estos pueblos ha sido resuelto en España en otros servicios esenciales, como la educación o la sanidad, pero no en el caso de la biblioteca pública. Ello sin duda  es un obstáculo para el desarrollo de una sociedad lectora y un ejemplo de que las barreras de la desigualdad no se han eliminado plenamente en nuestro país.  He visto con mis ojos, y con mi corazón, cómo pequeñas localidades que cuentan con biblioteca pública propician que las personas lean y constituyen firmes  pilares para el diálogo, el trabajo creativo, la solidaridad y la creación de un espíritu crítico que es determinante para vivir en esos lugares con esperanza y abiertos a nuestro tiempo.

            4) Los municipios son claves para promover la lectura.  Junto a esos tres millares de pequeños pueblos que carecen de servicios bibliotecarios, he encontrado enormes diferencias en cuanto a la extensión y a la calidad de los servicios  de biblioteca pública. En conjunto,  los peores indicadores se dan en las grandes ciudades, con estadísticas que se alejan de los países más avanzados en servicios bibliotecarios. Hay municipios que no sólo han realizado planes modélicos, y ello se percibe en el porcentaje de ciudadanos que son usuarios estables de las bibliotecas, sino que además han diseñado unas políticas culturales que tienen a la lectura y la biblioteca como el verdadero eje de la vida ciudadana. Pero son muchas las ciudades en las que las autoridades locales no han considerado importante este servicio y cuando se presta se hace con condiciones que desde luego no  representan a la sociedad de la información en la que hoy estamos inmersos. Como la legislación nacional sólo obliga a que presten servicio de biblioteca a los ayuntamientos de municipios mayores de 5.000 habitantes, este servicio aparece en demasiadas ocasiones como algo voluntarista, y muchas veces la biblioteca tiene muy difícil cumplir su  misión de integración en la comunidad local y de constituir un verdadero motor de la vida ciudadana. La propia demanda social ha propiciado la creación de bibliotecas en pequeños municipios, a veces sujetas a vaivenes políticos y a subvenciones de otras administraciones públicas. Sus carencias se perciben en todo tiempo: escasos horarios, jornadas reducidas del bibliotecario, pequeñas colecciones que se quedan obsoletas, ... A veces la pasión de  los profesionales hace que veamos impresionantes ejemplos de buenos servicios bibliotecarios a pesar de los pequeños medios;  pero también las escasas retribuciones, no acordes con la titulación y responsabilidad social del bibliotecario, inciden en cambios demasiado frecuentes y envuelve a la biblioteca en una gran inestabilidad. En verano, he encontrado muchas bibliotecas cerradas para que el bibliotecario pudiera disfrutar de su período de vacaciones; este mismo hecho es significativo de la falta de mayoría de edad de este servicio público.

            5. Las librerías son un eslabón crucial en la vida del lector. Muchas son las amenazas a las que tienen que enfrentarse las librerías españolas. A la queja unánime respecto a la competencia que efectúan las grandes superficies comerciales, hay que unir un factor que me parece preocupante:  demasiadas veces nos encontramos con establecimientos que parecer “uniformados”, con idénticas novedades en sus escaparates, con estrategias comerciales que invitan sólo a leer a determinados autores...Las librerías de aeropuertos, centros comerciales, grandes superficies, aparecen como meros lugares de consumo, impersonales, sin comunicación posible con el lector. Son sin duda las reglas del mercado. Pero creo que hay otro tipo de librerías, ya sean generales o especializadas, que hay que proteger: librerías donde puedes respirar mejor desde que cruzas el umbral de su puerta, donde recibes información, lugares en los que el autor se mezcla de forma muy personal con el autor, librerías que realizan actividades de difusión y de promoción lectora con un cariño que resulta sobrecogedor,... Muchas veces estas librerías han puesto en marcha iniciativas conjuntas con la biblioteca pública y con centros docentes, y en localidades en las que la biblioteca se ha consolidado como un servicio esencial esas librerías han recibido también un importante apoyo. Quienes han entendido que no hay enfrentamiento entre ambas actividades culturales, hoy han conformado una realidad de promoción lectora que resulta muy creativa y firme. Sería aconsejable crear una figura de librería que, por su trayectoria y los servicios que realiza de forma continuada a la sociedad, pudiera percibir determinadas ventajas fiscales y financieras.

            6. Leer es un derecho de todos.  El acceso a la lectura, a la información, a las fuentes de la cultura tiene que constituir de forma positiva un derecho de todos los ciudadanos, con independencia de su lugar de residencia. Una de las constataciones más lamentables es que existe una creciente desigualdad de los españoles en el acceso a los servicios bibliotecarios. La débil e insuficiente legislación nacional, las desigualdades en las políticas y en las legislaciones autonómicas y, finalmente, la falta de regulación de los servicios de biblioteca pública en los municipios españoles, han acuñado un mapa de desigualdades que no se dan de forma tan acusada en otros servicios comunitarios. Tengo el convencimiento de que la biblioteca  pública es la puerta de acceso a la sociedad de la información y es la vía más democrática para que todas las personas puedan leer en libertad.  Los hábitos lectores no pueden medirse por el número de libros existente en cada hogar o por el número de libros que compra  una familia anualmente. Los indicadores más determinantes para ver el carácter lector de una sociedad son el porcentaje de población que es socio activo de una biblioteca, el número de libros que consulta en préstamo cada año o el gasto percápita que realiza un país, una región o un municipio en sostener sus servicios bibliotecarios. Consiguientemente los poderes públicos tienen la alta responsabilidad de diseñar un sistema nacional de lectura pública que facilite el acceso a toda la población, y que desde el consenso garantice la participación técnica y financiera de todas las administraciones públicas.

            7. Los Planes de Lectura, una estrategia de comunicación. He visto también con sorpresa la proliferación de Planes de Lectura promovidos normalmente por las Administraciones Públicas. Tras su análisis pormenorizado, tengo que concluir que me parecen positivos, aunque frecuentemente son una estrategia de comunicación. Por mi experiencia en los países bibliotecariamente más desarrollados, el mejor Plan de Lectura es contar con una Red de Bibliotecas Públicas moderna y amplia, dotada de todos los medios tecnológicos y de colecciones renovadas, y con un personal muy capacitado profesionalmente. Esta Red será la garantía de un buen servicio de forma estable a la sociedad y permitirá medir con indicadores establecidos internacionalmente las verdaderas características de la población en cuanto a su perfil de sociedad lectora. Las personas crecen y la biblioteca puede conformar buena parte de ese crecimiento integral.  He comprobado cómo los niños fueron haciéndose adultos de la mano de los libros en la biblioteca pública, y cómo se convirtieron en ciudadanos con capacidad de elegir y de discernir, en ciudadanos críticos que fueron empapándose de la sabiduría y del conocimiento que está en las bibliotecas.  Concluyendo, parecería conveniente que se propicie la articulación de un verdadero PLAN NACIONAL DE FOMENTO DE LA LECTURA Y LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS, que cuente con la participación del Ministerio de Cultura y la totalidad de las Comunidades Autónomas y ponga las bases legales y financieras para consolidar el desarrollo de la biblioteca pública en el conjunto de los municipios españoles.

            8. La lectura pública, una cuestión de Estado. De lo anterior parece obvio que la lectura pública, es decir los servicios de biblioteca pública, han de constituir una obligada cuestión de Estado. La lectura influye decisivamente en la formación de las personas, y por ello no se trata sólo de que los ciudadanos “consuman” libros. Se trata de que sean personas que puedan educarse desde la lectura y la información, que la lectura conforme en buena medida la estructura existencial de una persona. Y esta exaltación de la biblioteca como servicio público esencial no significa que estemos en contra de uno de los ámbitos comerciales más importantes en nuestro país: el libro y el sector editorial constituyen un factor económico muy importante, al que la potenciación de la red de bibliotecas públicas le ocasionaría sólo influencias positivas. Autores, editores, librerías y bibliotecas conforman un tejido que se necesita recíprocamente  y pueden potenciarse si se interrelacionan.  

            En fin, Señor, espero que el trabajo realizado durante estos dos años pueda serle útil. Yo ahora sólo he esbozado algunas de las ideas-fuerza que con más insistencia emanan del Informe, y cuya lectura completa espero pueda resultar de utilidad a Su Majestad.

            Quedo lealmente a su disposición.
            Un afectuoso abrazo de.
                                                          
                                                                       Mateo Gómez.





lunes, 19 de marzo de 2007

Combates por la biblioteca pública. Comparecencia de Mateo Gómez en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados el 19 de Marzo de 2007

“Combates por la biblioteca pública. Comparecencia de Mateo Gómez en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados el 19 de Marzo de 2007”. Ponencia publicada en las Jornadas Bibliotecarias de Andalucía: La Biblioteca, motor de la transformación social.  (XIV Jornadas. 2007. Antequera [Málaga]) CD-ROM. 



viernes, 1 de julio de 2005

Monólogo de Mateo Gómez



En el verano del año 2005 nació Mateo Gómez, un personaje de ficción que el autor creó para expresar públicamente sus ideas y, mezclando de nuevo la realidad con la ficción, expresar los sueños por los que venía luchando desde hacía décadas en el ámbito de las bibliotecas públicas.  Apareció por vez primera en el relato Monólogo de Mateo Gómez. En este inicial  texto, Mateo Gómez recorre durante el año 2005 los municipios de Castilla-La Mancha por encargo del Presidente del Gobierno y de la Defensora del Pueblo de esta Comunidad.  Aunque el informe que elaboró no se hizo público, el cuento aporta una reflexión literaria sobre lo que fue y significó el recorrido de este bibliotecario por tierras y lugares de Castilla-La Mancha. En otros momentos vendrán otras intervenciones de este bibliotecario imaginado...



Monólogo de Mateo Gómez*

I.

            Ha entrado la noche. Mis ojos están enrojecidos de cansancio y mi frente se ha topado en varias ocasiones, por el sueño que me vence, con la pantalla del ordenador. Mañana continuaré, como Don Quijote, recorriendo caminos y ciudades. Y seguiré manteniendo en mi cabeza aquellas dos ideas que el  Señor Don Quijote pronunció y que a mí hoy me saben a programa, a ideario, a reto utópico: la misma justicia para todos, deshaciendo los entuertos que impiden el logro de esa justicia.

            Porque ¿cuál es la razón que impide que todos los ciudadanos puedan disfrutar de servicios bibliotecarios?, ¿qué poderoso gigante estimula que se agrande la brecha digital, que las diferencias entre unas y otras regiones, entre unos y oros ciudadanos, aumenten a la hora de acceder al libro, la lectura y la información?

            Y, como telón de fondo, una pregunta se introduce en mi cabeza y en mi corazón y  no me deja descansar: ¿servirá de algo mi itinerario por estas tierras de Castilla-La Mancha?, ¿serán tenidas en cuenta mis observaciones, mis recomendaciones y propuestas  sobre la situación de las bibliotecas de la Comunidad Autónoma?

            Hoy ha sido un día repleto de emociones. En este pequeño pueblo toledano he coincidido con unos sorprendentes viajeros que me han ayudado a reflexionar sobre mi misión y sobre el contenido de mi informe…



II.



Todavía resuena dentro de mí aquel grito estridente, pero armonioso, del Caballero andante:

- ¡La misma justicia para todos!

Había leído infinidad de veces esta idea de Don Quijote, pero esta calurosa mañana de la primavera del 2005 me supo a nueva, a tremendamente actual, y con tanta fuerza que no he conseguido desalojarla de mi cerebro.  Eran geniales aquellos estrafalarios intérpretes de Don Quijote y Sancho Panza. ¿La Recua, se llamaba el colectivo teatral? Creo que sí. Repetían, como un viejo disco de vinilo rayado, dos de las ideas emergentes de la obra universal de Cervantes: “Desfacer entuertos” y “Justicia para todos”.  Esa casi veraniega mañana, en un pueblo de Toledo,  parecía que habíamos entrado en el túnel de la historia y que estábamos en el tiempo del Quijote. En la plaza, junto a la iglesia, en las calles saltaba la sorpresa, y los diálogos entre Quijote y Sancho salpicaban el aire cálido y seco. Y era muy visible la expectación  que en niños y mayores arrancaban aquellos personajes nacidos en la literatura y trasportados siglo a siglo a la historia, como modelos de idealismo y realismo y todavía cargados de futuro.

A estas alturas del año, repleto en todo el país, y singularmente en nuestra región, de celebraciones relacionadas con la efemérides de la publicación del IV Centenario del Quijote, todo el mundo relacionaba el evento que esa mañana contemplábamos con ese logotipo de las aspas del molino manchego que llenaba las páginas e imágenes de publicidad de las más importantes instituciones y empresas del país. Pero, aun así, ver, sobre todo, esos ojos chispeantes y sorprendidos de los niños era suficiente para dar por bienvenida y bien financiada esta representación callejera. Una actuación que sin duda había roto la monotonía matinal que cualquier día del año caracteriza la vida de este pequeño pueblo. Especialmente causaba sorpresa, inquietud incluso,  la cabeza de Don Quijote, ensangrentada y malherida, reflejo de los avatares de sus aventuras. Viéndoles alejarse, bien podríamos recitar los versos de  León Felipe:

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar.

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,

 y va ocioso el caballero sin peto y sin espaldar,

va cargado de amargura,

que allá encontró sepultura

su amoroso batallar.



Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar.

Va cargado de amargura,

va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura

en horas de desaliento así te miro pasar!

¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura

y llévame a tu lugar;

hazme un sitio en tu montura,

caballero derrotado,

hazme un sitio en tu montura,

que yo también voy cargado

de amargura

y no puedo batallar!



Sí, inevitablemente yo, Mateo Gómez, también me sentía esa mañana derrotado, cansado, comprobando en mí mismo qué largo es el camino, y qué áspero;  y tal vez a punto, como León Felipe, de cobijarme bajo la sombra de un árbol –da igual un ciprés que un álamo- donde pueda conseguir el descanso, el sosiego que los acontecimientos de los últimos meses me hurtaban. ¿Ya no puedo batallar?, me preguntaba insistentemente. Y cantaba en silencio, en mi interior,  estos versos con la melodía que en los años setenta compuso Paco Ibáñez. Era una imagen tal vez excesivamente derrotista la que ofrecía el poeta sobre Don Quijote en estos versos, pero sin duda así debió sentirse en tantas ocasiones, en tantas derrotas, en tantas batallas perdidas…Porque esas dos ideas-fuerza emergían de nuevo, y me llenaban de razón. Y otra vez hacía acopio de esperanza. Desfacer entuertos y la misma justicia para todos…Y ambas frases se me quedaban revoloteando por mi mente…



III

Se ha hecho el silencio. Ya no hay gentes en las calles en esa mañana tórrida. Don Quijote y Sancho, La Recua,  abandonaron ya la localidad. En mi imaginación les veo ahora distintos, nuevamente pletóricos, llenos de vida, deseosos de seguir luchando, sin heridas ni en cuerpo ni en alma, portadores de esperanzas y anhelos de justicia. ¿Dónde estarán ya? ¿Fueron sólo unos intérpretes? ¿Llegó a este pueblo sólo la farándula o fue realmente el espíritu de Don Quijote y Sancho quien cabalgó esta mañana por estas calles castellanas?

Todavía me queda trabajo. ¿Tal vez un año? Llevo ya recorridos 355 municipios. Aquí, en este mismo  municipio, estuvo hace cien años Adolfo Alvarez Buylla, comisionado por el naciente Instituto de Reformas Sociales,  como en tantos pueblos de las dos Castillas, para elaborar una Memoria sobre la realidad agraria y social de los pueblos castellanos en aquellos comienzos del siglo XX. Todavía impresiona leer esas páginas llenas de realismo y crudeza. También hubo un bibliotecario, Juan Vicens, que en tiempos de la II República recorrió más de un centenar de pueblos españoles en calidad de  inspector de las bibliotecas de Misiones Pedagógicas y de las Juntas Municipales creadas por la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros. También en nuestros años, en distintas regiones, hay profesionales que se dedican a una labor de apoyo e inspección de las bibliotecas públicas, aunque su labor sea muy anónima y no se convierta en noticia.

Yo también soy un comisionado. Un anónimo enviado del Gobierno autonómico. Es verdad que no soy un clandestino, pero se intenta que mi presencia pase lo más desapercibida posible ante la opinión pública. Tal vez para no politizar la cuestión. La Defensora del Pueblo quiere conocer en profundidad la situación de las bibliotecas públicas de la región. En realidad, pienso que es el propio Presidente quien ha lanzado este reto. Le preguntaban continuamente qué quería que permanezca de este año mítico del IV Centenario. Y decía que una estupenda Red de Bibliotecas que sirviese de espejo, de ejemplo, para todo el país. Luego han surgido las críticas procedentes de tantos municipios porque parecía que el edificio bibliotecario regional se resquebrajaba…No todos los políticos tienen la misma sensibilidad hacia este servicio público que es la biblioteca, pero era muy llamativo que precisamente se paralizasen proyectos y se rebajasen los presupuestos regionales  coincidiendo con un momento histórico de reforzamiento teórico de las políticas de lectura en la Comunidad Autónoma….

Leo y escucho a menudo otra idea: ningún ciudadano puede sufrir discriminación por razón del territorio, de la ciudad o pueblo, donde le ha tocado vivir. Y el propio Presidente lo reitera en muchas de sus intervenciones. Concretamente, en política bibliotecaria, se venía trabajando en esa línea: conseguir que todas las personas tengan acceso a servicios bibliotecarios de calidad y de última generación, como puerta de entrada a la Sociedad de la Información y el Conocimiento. En realidad es la  primera idea de Don Quijote: la misma justicia para todos. Y si no existe esa misma justicia, si todos los ciudadanos no tienen acceso a la biblioteca pública, hay que desfacer ese entuerto y cambiar la realidad de desigualdad existente.

Creo en la sinceridad del planteamiento. Pero mis fuerzas se debilitan a medida que escucho de viva voz la problemática de cada lugar. Y rumio en silencio el informe que cada noche, al descansar en la última localidad visitada, redacto. He prometido no adelantar aspecto alguno sobre los contenidos del informe. Es verdad que la Administración elabora y publica muchos y buenos datos sobre la situación bibliotecaria  regional. Pero éste es un informe confidencial  que sólo entregaré a dos altos destinatarios: el Presidente y la Defensora del Pueblo. Ni siquiera en estas cuartillas que, como un desahogo, escribo hoy, quiero revelar noticia alguna.



IV.

Estoy hablando con bibliotecarios, con alcaldes y concejales, a veces con usuarios a los que me presento como un forastero e inicio conversaciones que me ayuden a conocer mejor la realidad. Es un informe científico, pero está lleno de diálogos, de frases que recojo, de visiones que mis ojos captan. No me siento un arbitrista, pero a veces tengo la sensación de estar escribiendo como aquellos arbitristas del siglo XVII que exponían al Rey sus preocupaciones sociales y económicas. En los municipios que carecen de todo servicio bibliotecario me resulta especialmente complejo aparecer allí, conocer planteamientos y posibilidades y marcharme sin levantar expectativas pero al mismo tiempo sin generar desesperanzas. Especialmente dramático me ha resultado el viaje por las comarcas de Cuenca y Guadalajara que ya he visitado, y que contienen buena parte de los municipios sin servicios bibliotecarios. Y tal vez todo el peso, o la responsabilidad, empieza a hacer mella en mí y comienzo a preguntarme si merecerá la pena este esfuerzo. Si realmente el análisis y recomendaciones que formulo serán después tenidas en cuenta.

A veces me ha venido un grupo de niños. Y con sus grafías todavía en formación me han escrito en un papel: “Don Mateo: No queremos que la biblioteca vuelva a cerrarse. Ésta es nuestra casa. Es la casa de los libros para todos”. A veces han hecho un dibujo lleno de color, que es un cántico de esperanza, y que a mí me retorna a toda la dimensión del arco iris, a una vida más llena de mensajes vitales, en la que la sociedad tiene un papel menos pasivo y lucha por cambiar lo negativo, por conseguir los sueños y los retos que merecen la pena. En esas ocasiones me he preguntado. ¿Y por qué vienen a mí, si yo hago mi labor en silencio? Y entonces veo la mano del bibliotecario o la bibliotecaria, siempre generadores de actitudes positivas; y en la sonrisa de sus ojos percibo la complicidad que le llevó a delatar mi presencia.

No estoy desilusionado ni desesperanzado, pero sí abrumado. La existencia de una amplia red de bibliotecas, el esfuerzo que se viene realizando desde hace décadas, las luces en suma que alumbran esta realidad, conviven con las carencias, las debilidades del servicio en tantos lugares, las inquietudes de los profesionales, y todo el camino que resta para conseguir una verdadera red integrada de servicios. Tanta información, tantas imágenes no sólo se plasman en el trabajo que cada día realizo en mi portátil. Se quedan en mi interior, en mi cabeza, y también en mi corazón. Según voy recorriendo las carreteras y llego a nuevos pueblos, imposible eludir el recuerdo de tantas experiencias, de tantas confidencias, de tantas frustraciones, de tantos sueños en marcha….Pero al llegar, nuevos datos, nuevas sensaciones hacen que en el disco duro de mi cerebro tengo que dejar hueco a nuevas informaciones, y que tenga, al menos momentáneamente, que archivar las historias que venía recordando mientras conducía mi vehículo.

Sin duda estoy viviendo una experiencia única, irrepetible, enriquecedora. Pero día a día los kilómetros, mezclados con la frecuente dura realidad que percibo o me cuentan, crean en mí una sensación de comisionado al borde del límite, interrogado por la duda de si podré culminar el trabajo emprendido y que me ha sido encargado seguramente por mi condición de experto. Seguramente soy un privilegiado que no valora en su justa medida la posibilidad de aportar un informe que pueda definitivamente propiciar unas iniciativas legales y programáticas que sitúen a nuestra tierra en una posición destacada en el conjunto español en cuanto a servicios bibliotecarios.



V.



            Amanece. Abandono el pequeño hostal que me ha servido como lugar de descanso y de reflexión sobre las ideas y sensaciones que ayer me salpicaron en esta pequeña localidad. De repente mis ojos reparan en un titular del periódico La Tribuna de Toledo.  Recoge información sobre un encuentro científico  de bibliotecarios. “Sembradores de estrellas”, es el titular; y un subtítulo aclara la temática del texto periodístico: “La lenta travesía de las bibliotecas públicas de la región”.

            Se refiere a la intervención de un grupo de profesionales en ese Congreso. En Castilla-La Mancha ha habido verdaderos sembradores de estrellas, personas que han luchado para conseguir que el servicio de biblioteca pública se desarrollase cuantitativa y cualitativamente en la región. Proclaman sus autores que cada una de estas bibliotecas es como una estrella para su municipio, aunque a veces todavía tenga una débil luz porque sus colecciones bibliográficas o multimedia, sus servicios, la propia situación del bibliotecario o la proyección de la biblioteca en su comunidad no sean representativos de un servicio público tan estratégico e importante como es la biblioteca pública. Pero, continúan diciendo,  potencialmente estamos ante una verdadera constelación de estrellas,  un conjunto de servicios bibliotecarios que convierte a Castilla-La Mancha en un referente para el conjunto del país, 515 bibliotecas llamadas a convertirse en una red de servicios integrados que ofrezcan a la sociedad regional los beneficios de la Sociedad de la Información y del Conocimiento de forma gratuita y democrática.

            Resulta hermoso. Sé que lo han dicho convencidos del avance, que yo percibo también; pero veo en mi recorrido por las tierras, ciudades y pueblos de Castilla-La Mancha cuántas sombras impiden que esas estrellas, que esas más de quinientas bibliotecas alumbren con una luz potente y constante.

            Me alegra que existan personas que creen en la fuerza democratizadora y transformadora de la biblioteca pública. Ellos son los aliados de la biblioteca. Frente a políticos que se convierten en una amenaza para las bibliotecas, profesionales que cogen la bandera de la biblioteca y, como nuevos quijotes, proclaman que la biblioteca pública es un derecho de todos los ciudadanos.

            Cojo mi equipaje y el maletín que guarda el portátil  que me sirve cada noche de lugar de encuentros para verter experiencias, crónicas, opiniones y propuestas. Ayer, Don Quijote y Sancho partieron de este pueblo con esa imagen de vencidos. Ahora, la prensa  me otorga ingredientes para marchar a nuevos lugares cargado de esperanza. En los pueblos de Toledo ya va quedando poco trabajo. Pronto entraré en el corazón de La Mancha, y entonces, como el estrafalario caballero andante, proclamaré al viento: “¡La misma justicia para todos!”. Es decir: ¡Servicios bibliotecarios para todos!



* Escrito en el verano de 2005. Publicado en mi libros Combates por la biblioteca pública en España (2006) y En defensa de la biblioteca pública (2012).