domingo, 15 de mayo de 1983

Manifiesto en defensa de la Biblioteca Pública de Toledo



Manifiesto en defensa de la Biblioteca Pública de Toledo*


La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) proclamó en su Manifiesto de 1912 la confianza que esa máxima Institución ponía en la Biblioteca "como fuerza viva al servicio de la enseñanza, la cultura y la informaci6n, y como instrumento indispensable para fomentar la paz y la comprensi6n internacional".
Los abajo firmantes, to1edanos, hombres y mujeres preocupados por la cultura viva de esta ciudad, amantes de la Historia, el Arte, la Literatura y otras manifestaciones representativas de la actividad cultural, dan a la luz pública el siguiente comunicado:
Primero.-  Lamentamos profundamente el cierre desde hace dos meses de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, cierre que impide el acceso de los ciudadanos a esta primordial institución. Con esta medida se agravan notablemente la ya deteriorada situación de nuestro máximo centro bibliográfico y las difíciles condiciones que para el trabajo intelectual ofrece esta ciudad.
Segundo.- Acordamos recordar la importancia que el Manifiesto de la UNESCO concede a las bibliotecas en la vida de una comunidad:
“La biblioteca pública es una muestra de la fe de la democracia en la educación de todos como un proceso continuo a lo largo de la vida, así como en la aptitud de todo el mundo para conocer las conquistas de la Humanidad en el campo del saber y de la cultura...
Es el principal  medio de dar a todo el mundo libre acceso a la suma de los conocimientos y de las ideas del hombre, y a las creaciones de su imaginación.
Su misión consiste en renovar el espíritu del hombre suministrándole libros para su distracción y recreo, ayudar al estudiante y dar a conocer la última información técnica, científica y socio1ógica...
...Para lograr plenamente sus objetivos,  ...ha de ser de fácil acceso y sus puertas han de estar abiertas para que la utilicen libremente y en igualdad de condiciones todos los miembros de la comunidad, sin distinción de razas, color,  nacionalidad, edad, sexo, religión, lengua, situaci6n social y nivel de instrucción...”
Tercero.-  Consecuentes con el anterior espíritu, solicitamos de los poderes públicos:
a)      La inmediata reapertura de la Biblioteca Pública do Toledo.
b)      La paralización del actual proyecto de división del edificio de Santa Fe entre biblioteca, museo y archivo.
c)      La formación de una comisión (integrada por las distintas partes afectadas y por representantes del Ministerio de Cultura, Ayuntamiento, Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, y ciudadanos interesados por la problemática cultural y, más concretamente, por la situación bibliotecaria, museística y archivística en Toledo) para que, con verdadera actitud democrática, busque las soluciones que más interesen a la ciudad de Toledo, en orden al más adecuado desarrollo y utilización de estos servicios por parte de todos los toledanos.
d)     Una vez solucionado el contencioso de la divisi6n de Santa Fe (con adjudicación, si fuera preciso, de otros edificios para asegurar la ampliación de alguna de las instituciones implicadas), recabar del Ministerio de Cultura las medidas que aseguren la dinamización y popularización de estos centros de cultura, con incremento de personal técnico y auxiliar y de las partidas presupuestarias necesarias para desarrollar la importantísima misión que biblioteca, museo y archivo están llamados a realizar sobre la sociedad toledana. 

Cuarto.- Una representación de los firmantes de este comunicado quedará constituido en Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca  Pública, para efectuar un continuo seguimiento del problema, hacer llegar el presente comunicado a cuantas autoridades fuera necesario e iniciar una amplia campaña en los medios de comunicación provinciales y nacionales para conseguir la definitiva recuperación de nuestra Biblioteca y transformarla en lugar de encuentro para todos los toledanos.


* Manifiesto de 15-5-1983. La Voz del Tajo (28-5-1983), p. 7. Redacté este Manifiesto, que creaba el Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública, y encabecé, junto con mi hermano Isidro, la firma y difusión en los medios periodísticos de este Manifiesto. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs.

martes, 3 de mayo de 1983

La Biblioteca, tristemente, otra vez



La Biblioteca, tristemente, otra vez*

           
Tristemente, sí, vuelvo hoy a escribir sobre la Biblioteca Pública del Estado en Toledo. Tras más de un mes de silencio, guardándome con esfuerzo mi queja y mi indignación, cojo el bolígrafo para volver a entonar un lamento seguramente estéril pero absolutamente necesario.

            Que una biblioteca cierre sus puertas para solucionar de una vez la situación preocupante de los 30.000 volúmenes de la Colección Borbón-Lorenzana que dormitaba bajo el miedo de despertar un día por el ruido de los escombros del viejo local que los cobijaban, podría ser normal; pero que esa situación se mantenga más de un mes tiene que significar forzosamente que la cultura (información, ocio, lectura, investigación...) que emana de las bibliotecas sigue relegada a un plano irrisorio.

            La historia de nuestro máximo centro bibliográfico en los últimos años es lastimosa: podríamos iniciarla en el cierre parcial que sufrió en septiembre de 1979, y que puso de manifiesto las deficiencias estructurales de ésta y las restantes bibliotecas españolas (falta de personal técnico y auxiliar, insuficiencia de sus locales para albergar los miles de volúmenes que cada año llegan a la biblioteca como nuevos inquilinos...) Entonces un artículo mío colaboró, al parecer, en la inmediata apertura y muchos pensamos que la prensa aún tenía el poder suficiente para solucionar estas cosas de la cultura que a pocos, aparentemente, importa. Vino luego, hace dos años, el polémico proyecto del Iltmo. Tusell (Director General del gremio en aquellos momentos pletóricos de la UCD) de ampliar la biblioteca en base a utilizar parte del edificio colindante de Santa Fe; la cosa provocó como se dijo, “ríos de tinta” en la prensa provincial y movió a distintos señores actuar para que el tema no se desbordase a nivel nacional. La Dirección General mostró sus grandes contradicciones, cambiando de idea a medida que un nuevo artículo aparecía en las páginas de los periódicos. La polémica fue tan impresionante que hasta en algún momento –algo inaudito- fue motivo de conversación cotidiana y callejera. Pero la gran movida se pasó y el tema de la partición de Santa Fe tendió a archivarse. La paulatina descomposición del partido gobernante durante la trasición me empujó a mantenerme en silencio, a la espera de los nuevos tiempos.

            Otro período trascendental de la historia de la biblioteca toledana nació con la dimisión de Julia Méndez del cargo de directora del Centro Provincial Coordinador de bibliotecas; eran los últimos tiempos del gobierno de Payo en la provincia y se tomó en la Diputación la enorme (e irresponsable, a mi juicio) decisión de separar el Centro Coordinador de la Biblioteca. Aunque pueda esgrimirse la legalidad de tal medida, ello supuso el hundimiento de la Biblioteca, que quedó sin personal y sin apenas presupuesto, y provocó la irremediable caída del máximo centro bibliográfico toledano. Nadie midió las consecuencias que para el público y la cultura tendría ese traslado. Y así nos va.

            Pero el último paso ha sido demasié: un autentico mazazo a la cultura; un irónico e irreverente martillazo para los escasos clientes que más o menos asiduamente buscamos en su rico fondo bibliográfico y hemerográfico un apoyo para nuestros trabajos e investigaciones. Como ocurriera hace ahora aproximadamente diez años –cuando al llenarse el salón de actos de libros, se nos privó a los toledanos de la actividad cultural potenciada desde la Biblioteca-, las salas de lectura se han convertido en depósitos. Y como toda situación provisional y de emergencia en este país, preveo que la cosa irá para años, máxime si tenemos en cuenta la delicada/penosa/catastrófica vida que últimamente lleva nuestra mortecina biblioteca.

            Dudo que haya habido persona que supere mi interés en defender a la biblioteca, como servicio público imprescindible para todo el pueblo toledano. He clamado en este campo/desierto donde la cultura es olvidada/ultrajada y donde a los hombres, de algún modo, nos movemos en alguna de sus parcelas se nos niega cada día nuestro más preciado alimento: la documentación. Por si era poco un archivo diocesano inaccesible y un municipal que sólo abre en las mañanas (y ahora con el traslado... ), esta clausura de la biblioteca imposibilita casi totalmente la labor investigadora. No sólo es esto: los estudiantes y los niños pagarán muy caro este cierre inaudito, que dice bien poco de la sensibilidad de nuestras autoridades culturales.     

            Si en 1983 somos incapaces de buscar soluciones para un centro que acoge 30.000 volúmenes errantes e inutilizados, sería preferible cerrar esta ciudad a cal y canto y dejar que se muera por sus cuatro constados. Dejarla para mostrarla a los visitantes ilustres. Dejarla para sede de congresos y exposiciones de alto rango. Dejarla dormitar, con carteles que recuerdan que fue ciudad importante e imperial, confluencia de culturas, centro comercial, capital de Castilla, ciudad cosmopolita. Convertirla en museo absoluto. Pero vaciarla de personas. ¡Que se abran sus puertas para todos los toledanos cansados de estrellarnos contra el muro de la ineptitud y el desprecio hacia la cultura cotidiana! Porque ¿para qué queremos los ricos fondos archivísticos y bibliográficos que atesora nuestra ciudad? ¿Sólo para testimonio mudo del pasado glorioso de Toledo? Ese tesoro tiene que vivir, palpitar, hablarnos a los toledanos ¡Y no nos dejan infundirles ese soplo vital!

            Quisiera pensar que la Dirección General del Libro y Bibliotecas ha autorizado este cierre a tenor de los informes de la Dirección Provincial toledana (aún de UCD). Ello explicaría en parte esta decisión tan comprometida. En todo caso, la máxima responsabilidad de este triste cerrojazo sigue estando en Madrid. Urge una decisión que no sólo abra nuevamente las puertas de la Biblioteca toledana, sino que la vivifique y la convierta en un foco real y auténtico de cultura. Lo contrario, al menos para mí, sería decepcionante.


* El Castellano (3-5-1983), pag. 28. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs. 238-240.

miércoles, 24 de noviembre de 1982

La cultura en Toledo/2. La necesidad de la información: Las bibliotecas



La cultura en Toledo/2.
 La necesidad de la información: Las bibliotecas*


Recientemente, Robert Escarpit ha dicho que "un hombre que lee es un hombre que no puede evitar pensar, y un hombre que piensa es un hombre peligroso". Si compartimos esta opinión tendremos que creer que, sin duda, en este país se ha intentado evitar durante muchos años que los ciudadanos accedan plena y libremente al libro. Los sucesivos gobiernos de la dictadura y de la transición han tenido especial cuidado en evitar la expansión de las biblioteca, a sabiendas de que la potenciación real del libro influiría positivamente en la actitud cultural de los españoles y colaboraría en la formación integral de la persona. Las bibliotecas son el centro básico para la conversión del hombre en una persona libre, responsable y crítica: en la información que, libre y gratuitamente proporcionen radicará la base misma de cualquier cultura. La información será, pues, la clave para que hombres y mujeres, niños y ancianos, sean dinámicos y combativos, abiertos y tolerantes, demócratas y críticos. Las bibliotecas tienen una tremenda responsabilidad de cara al cambio que los españoles han votado esperanzada y abrumadoramente.
El sistema bibliotecario toledano
La  estructura tradicional de la red bibliotecaria de la provincia toledana ha consistido en una biblioteca central -radicada en Toledo- y 19 bibliotecas públicas municipales, de las cuales 6 disponen de servicios complementarios como salón de actos, sala de exposiciones, aulas, etc. Las popularmente denominadas Casas de Cultura se localizan en Consuegra, Corral de Almaguer, Quintanar de la Orden, Talavera de la Reina, Ocaña y Toledo, aunque la de la capital no funciona como tal al ser necesario en su día habilitar su salón de actos para depósito, atendiendo a las crecientes adquisiciones de libros. Completan los servicios del llamado Centro Provincial Coordinador de  Bibliotecas cuatro unidades móviles o bibliobuses, que actualmente ofrecen servicio a 120 localidades menores de 3.000 habitantes. Esta red es de las más importantes del país y ha servido de modelo, singularmente en el caso de los bibliobuses, para numerosas provincias. Aproximadamente, un 30 por 100 de los toledanos no tienen el más mínimo acceso a algún servicio bibliotecario y la población teóricamente atendida lo es, generalmente, ton precariedad. La importancia relativa del sistema bibliotecario toledano manifiesta palpablemente la penuria que en este campo sufre el país.
Todas las bibliotecas creadas en los últimos años se ajustan a los módulos marcados por la UNESCO. Ello, a veces, ha suscitado la polémica, al negarse la Dirección del Centro Coordinador a dar el visto bueno a proyectos de bibliotecas que no aseguraban el mínimo de espacio, condiciones del edificio, volúmenes y apertura al público que garantizasen su eficacia. Evidentemente hubiese sido más popular y, quizá, más rentable políticamente para el partido dominante en la Diputación -que financia en gran parte la actividad del Centro Coordinador- inaugurar más bibliotecas, aunque su calidad dejase que desear, pero a la larga sería sólo un parche que tendría que replantearse a corto plazo. Frente al clásico argumento de que problemas presupuestarios, impiden de momento hacer otra cosa que no sea regalar lotes de libros (que terminan perdiéndose o utilizándose por escasas personas) o abrir pequeñas bibliotecas con un fondo ridículo, un personal no cualificado y una apertura condicionada a que "alguien lo pida", mi opinión personal es que la instalación de bibliotecas depende, fundamentalmente, de tener una clara y firme convicción política de que las bibliotecas son imprescindibles para el hombre actual.
Los grandes problemas
En su mayoría, los problemas, de las bibliotecas toledanas proceden de la escasa atención que en Madrid se ha prestado al tema. Al escandaloso, por ridículo, numero de bibliotecarios con que cuenta España, hay que unir la necesidad de que la construcción del edificio destinado a biblioteca sea costeado en buena parte por Ayuntamiento y Diputación, al contrario, por ejemplo, de los colegios, financiados por el Estado. La carencia, al mismo tiempo de una Ley de Bibliotecas (que el PSOE anuncia como una de las primeras que aprobará en el campo cultural), largamente solicitada por los bibliotecarios y otros sectores de la cultura, ha facilitado que en la reciente estructuración autonómica del País, cada  Comunidad regional haya planteado el problema con distintos criterios, a veces fuera de toda lógica y despreciando las más elementales normas biblioteconómicas.
Un problema arrastrado largo tiempo es el de la biblioteca provincial toledana, situada en el Paseo del Miradero: Constituye uno de los más importantes centros bibliográficos europeos, gracias a la rica Colección Borbón-Lorenzana ( 100.000 libros procedentes de los antiguos arzobispos de Toledo, además de 411 incunables y más de 1.000 manuscritos de los siglos XI al XIX ). Allí se encuentra un selecto fondo toledano, incluidas numerosas colecciones de periódicos hoy imprescindibles para construir la Historia de los siglos XIX y XX. Y de su fondo moderno destaca la colección legada por Malagón Barceló, que contiene unos 10.000 volúmenes fundamentales para conocer la actividad de los exiliados españoles tras de nuestra Guerra Civil. La falta de una sección de préstamo para  adultos y de una sala de lectura más funcional y de mayor capacidad, se unió desde casi su inauguración en 1966 a la escasez de depósitos para albergar las continuas e importantes adquisiciones de nuevas obras. La pérdida obligada de su salón de actos hizo que, desde 1973, la Biblioteca renunciase a ofrecer todas las actividades culturales que, complementarias a su labor como lugar de lectura, ofrecía cotidianamente a los toledanos. La ya larga espera en la resolución del litigio entre Biblioteca y museo de Santa Cruz para ampliar sus instalaciones en base al cercano edificio de las Ursulinas, con la ya conocida polémica que envolvió a la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas con distintas entidades y personas toledanas, obligará al próximo gobierno socialista a tomar  una determinación que al fin resuelva esos graves problemas. Por otro lado, la carencia de personal técnico suficiente ha sido un factor determinante a la hora de impedir una conveniente y necesaria extensión bibliotecaria, al servicio de la mayoría de los toledanos y no exclusivamente de los estudiantes e investigadores.
Un verdadero golpe al sistema bibliotecario ha sido el desgajar del mismo su cabeza, la biblioteca provincial. Tras la justificada dimisión de la Directora del Centro Coordinador, la Diputación ha tomado la sublime e irresponsable decisión de separar de la red bibliotecaria precisamente al que debía ser su eje obligado, imprescindible para que los habitantes de la provincia accedan, a través de las bibliotecas municipales o de los bibliobuses, a volúmenes que sólo se encuentran en la Biblioteca de Toledo. Esta ruptura de la red va en contra de todas las directrices técnicas de los organismos internacionales en esta materia, siendo necesario unificar de nuevo el sistema bibliotecario provincial. E1 reciente proyecto de informatizar toda la red mediante un ordenador de gran capacidad -cuya aprobación había sido ya aprobada por la Diputación-, queda así olvidado y con ello Toledo pierde una nueva oportunidad de haber servido de modelo para todo el país. Miles de libros irán ahora a parar a sus nuevos depósitos, en el edificio del Nuncio. Esperemos que no se conviertan en un mero instrumento electoralista en vísperas, como estamos, de elecciones municipales y regionales.

Lineas de accion

Indudablemente puede ser decisivo el impulso que desde el Gobierno central se preste a la política bibliotecaria. Con ese punto de partida, la provincia de Toledo habrá de abordar la realización de un plan de bibliotecas que dote de estos instrumentos de cultura e información a la totalidad de los municipios con población superior a 3.000 habitantes, sin ningún tipo de discriminación derivado del color político del Ayuntamiento respectivo. Todas las bibliotecas que se creen deberán cumplir los requisitos técnicos marcados por los organismos internacionales especializados,  incluida la contratación de personal especializado y, muy importante, vocacionado no sólo a ser un perfecto bibliotecario sino un verdadero animador socio-cultural de la comunidad. Finalmente, las nuevas bibliotecas deben disponer de los servicios complementarios correspondientes (salón de actos, etc.), para así servir a los intereses socio-culturales y de ocio de toda la población. Respecto a las actuales bibliotecas, habrá de plantearse su modernización (edificio, fondo bibliográfico...) e intentar adaptarlas para que constituyan el primer foco para conseguir desarrollar una política cultural progresista. Su reconversión en los casos necesarios -como Sonseca-, en Casa de Cultura será primordial para atender la demanda popular.
El resto de los municipios -los menores de 3.000 habitantes que no disponen de biblioteca actualmente- se acercarían al libro a través de los bibliobuses. La marginación que ahora sufren 45 localidades en razón de su lejanía de la capital podrá amortiguarse descentralizando este servicio y estableciendo tres cabeceras; en Toledo, Talavera y La Mancha, según proyecto de la dimitida Directora del Centro  Coordinador.
Los casos de Toledo y Talavera merecen un trato especial.  Su incremento demográfico, fundamentalmente, obliga a crear bibliotecas filiales en los barrios más populosos. En este sentido resulta esperanzadora la próxima apertura de la situada en el Polígono Industrial de la capital, verdadero modelo de biblioteca de barrio en todo el país por el elevado número de volúmenes de que dispondrá. Además, ella puede ser un campo de experimentación para demostrar lo que lectura y cultura pueden, hacer en una comunidad humana como es este nuevo barrio toledano.
En cualquier caso, la biblioteca deberá de convertirse en el núcleo para la animación socio-cultural de los habitantes de pueblos y capital. No sólo habrá de recibir a estudiantes, sino que todos los sectores (jóvenes, niños, adultos, amas de casa, tercera edad) deben ver en ese lugar su espacio para la cultura y el ocio y su principal canal de información. El problema, por tanto, no radica sólo en crear bibliotecas, sino en acercarlas a los ciudadanos. Convertirla en un centro dinámico y alegre, alejada de ser un mero depósito de volúmenes, será el reto de cada uno de los bibliotecarios y animadores socio-culturales que regenten estos importantes lugares.
Una última cuestión -en un artículo de obligada brevedad como es el presente- quiero resaltar. Prescindiendo de las elucubraciones sobre dónde se asentará, definitivamente, la capitalidad de la región castellano-manchega, sí quiero dejar claro que esta región necesitará a  corto plazo una biblioteca regional que recoja la producción bibliográfica castellano-manchega y comience a recopilar los fondos que posibiliten ofrecer a los investigadores y, en general, a todos los ciudadanos, materiales suficientes para conocer el pasado y el presente de esta Región. La especial riqueza, tanto en fondos de los siglos pasados como del actual, de la Biblioteca Pública de Toledo hace aconsejable totalmente que ésta sea el núcleo para la formación de la biblioteca regional. Aquí creo que no hay que hacer concesiones.


* La Voz del Tajo (24 de noviembre de 1982). Págs. 2-3. Recogido en Combates por la biblioteca pública, págs. 263-266.

miércoles, 17 de noviembre de 1982

La cultura en Toledo/1. El triunfo de la esperanza



La cultura en Toledo/1.
 El triunfo de la esperanza*



El 28 de octubre es ya un día histórico, un día vivido realmente con intensidad por los españoles que, expectantes, se aprestaron a emitir su voto en esa fecha. Recuerdo entrañablemente la jornada: los electores mostraban visib1emente su ánimo, su deseo de cambio. Algunos decían, incluso, al depositar su voto: "A los de ahora ya los conocemos; ya sabemos qué han hecho..." Pero los recuerdos más emotivos se centran en los niños: miraban con sus ojillos vivarachos el espectáculo de la urna, de las gentes enfiladas con seguridad hacia la urna, deseando también echar esos sobres blancos y amarillos en la caja de cristal. Eran, creo, conscientes de estar ante un acontecimiento extraordinario y observaban el espectáculo petrificados, absortos por la magia de esos momentos.

Algunos adultos reflexionábamos sobre la tremenda influencia que éstas y otras elecciones irían ejerciendo en esos niños. La tranquilidad y la esperanza con que familias enteras acudían a los colegios electorales sería, sin duda, la mejor pedagogía para que tos futuros electores captasen el verdadero talante democrático. En esos niños de mirada indagadora y sonriente, que acudían a las cajas transparentes de la mano de sus padres, veíamos el mañana de cultura y libertad que deseábamos para nuestro país.

Luego la noche se convirtió en alegría. La extraordinaria y sorprendente participación en e1 proceso electoral era ya de por si un indicador suficiente de la importancia dada por el pueblo español y el toledano- a esta convocatoria. Pero no fue todo: para los que creíamos que el triunfo del PSOE podía traer realmente, aires más puros y una renovada esperanza, los resultados que fueron conociéndose en la madrugada del 29 nos invitaban a la fiesta.

Ya en la mañana, el recorrido por las calles toledanas sugería un ansia de vida y libertad indescriptible: Zocodover era un ágora donde buen número de toledanos comentaban el triunfo de los socialistas. Veías abrazos, apretones de manos, sonrisas y una honda emoción, a medias contenidas, en algún socialista viejo, que había suspirado por este momento durante toda su vida. El día espléndido era como un símbolo de la esperanza que surgía para todos. Sí, para todos, porque el triunfo no había sido sólo para el PSOE. El triunfo debería servir para todos, por la heterogeneidad de los que habían apoyado esa victoria. Vencedores y vencidos se obligaban, con este giro copernicano de la política nacional -y provincial, claro-, a colaborar en la consolidación de una esperanza que los españoles habían perdido hacía tiempo. El éxito del partido socialista no era sólo el del propio partido como tal: suponía además, el triunfo sobre el desencanto; la abstención, el golpismo y el miedo. No es poco, indudablemente. La abrumadora mayoría socialista no era, además un signo definitivo de que  este país fuese socialista: se había votado mayoritariamente al cambio, por encima de las ideologías. Se había votado a la esperanza que únicamente los socialistas ofrecían como una tabla de salvación a la que nos aferrábamos para consolidar definitivamente la democracia y nuestra serenidad. Y esto tenía una importancia inmensa: que, prescindiendo en muchos casos de las ideas, se votase socialista implicaba un compromiso colectivo. Ese cambio debería ser asumido responsablemente por todos los sectores sociales que lo habían apoyado y, para que fuese real y fructífero, buscaría la colaboración de esos mismos sectores. Un reto, desde luego, que asumimos ilusionadamente muchos españoles.

Pero es preciso mantener esa esperanza. Hay que evitar que la naciente ilusión quede sólo en eso, en ilusión. Responsabilidad e imaginación son algunas de las cualidades que los próximos gobernantes socialistas, deberían ejercer para que la esperanza se consolide y  revierta en actuaciones colectivas que supongan realmente un cambio para nuestra sociedad.



 Toledo y el cambio cultural

En mi artículo Toledo y 1a necesidad de la cultura nueva, publicado en estas páginas la víspera de las pasadas elecciones reflexionaba sobre el concepto de cultura y diseñaba algunas líneas maestras que los ganadores de las elecciones podrían tener en cuenta a la hora de realizar un programa cultural para nuestra provincia. Ahora. y ante la petición qué me hace en este sentido La Voz del Tajo, inicio una serie de artículos en los que iré profundizando en la realidad cultural toledana. Analizaré la situación en las distintas áreas y formularé algunas propuestas básicas para cada uno de los campos. En anteriores artículos sobre el hecho cultural he reiterado mi confianza en la Cultura como medio de progreso y libertad para los españoles, habiendo apostado por una cultura crítica y por asentar las bases que faciliten no el acceso de sus ciudadanos a la cultura como simples espectadores sino como realizadores y auténticos partícipes de esa cultura. El 27 de octubre afirmaba igualmente, mi convicción de que sería precisa la colaboración de todos los llamados hombres de la cultura en este proceso esperanzador que ahora se abre. Me reafirmo en este pensamiento: si confiamos en que el cambio cultural será uno de los primeros que se aborden -quizá no el primero que llegue, pues los cambios de las mentalidades fueron siempre históricamente los más lentos- los intelectuales y, en general, cuantas personas se mueven en alguna parcela cultural, deberán dar respuesta con su expresa colaboración a la expectación que los ciudadanos manifiestan.

La Cultura -ya lo he dicho otras veces- es realmente el más profundo arma de transformación de una sociedad. La provincia toledana, con su rica tradición histórica y cultural, debe al fin construir su nueva y propia cultura. El creciente asociacionismo cultural, los nuevos creadores de la poesía, la narrativa, el teatro o el arte; la necesidad de afianzar y acrecentar la estructura bibliotecaria y su mayoritaria utilización; la puesta al día de los archivos para facilitar la reconstrucción, con metodología y temas nuevos, de nuestra Historia; el cambio de orientación de los museos toledanos; el acceso popular a medios como el cine o la música, facilitando la integración creadora en dichas áreas de expresión y comunicación, así como la búsqueda de canales para difundir y plasmar el movimiento cultural toledano, serán algunos de los temas que semanalmente iremos presentando.

La cultura es una cuestión clave de nuestro tiempo: el cambio cultural, un reto que la sociedad actual nos  plantea y que muchos toledanos hemos de asumir con decisión esperanzada. Con la serie de artículos que ahora inicio sobre el panorama cultural toledano se intenta ofrecer una aportación a los más directamente responsables de efectuar ese cambio, a sabiendas de que ellos no serán los únicos protagonistas de la política cultural que el PSOE establezca. El dialogo constructivo y la certeza de que nadie estará en posesión de la verdad absoluta serán elementos  imprescindibles a valorar para el pleno desarrollo y consecución de la cultura nueva.




* La Voz del Tajo  (17 de noviembre de 1982),  pág. 2. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs. 260-263. Los restantes artículos de esta serie, todos ellos publicados en este periódico,  fueron:
                ‑ “La cultura en Toledo/2. La necesidad de la información: Las bibliotecas”. (24‑11‑1982), págs. 2‑3.
                ‑ “La cultura en Toledo/3. El teatro andariego y necesario”. (1‑12‑1982), págs. 2‑3.
                ‑ “La cultura en Toledo/4. Investigación, archivos y museos”.  (11‑12‑1982), págs. 2‑3.
                ‑ “La cultura en Toledo/5. Las asociaciones y los nombres”. (25‑12‑1982), págs. 2‑3.
                ‑ “La cultura en Toledo/6. Fábula de la ciudad que comprendió que su mayor riqueza estaba en su gente”. (5‑1‑1983), págs. 2‑3.

martes, 26 de octubre de 1982



Toledo y la necesidad de una cultura nueva*



Estos días los toledanos asistimos a la culminación de la campaña electoral. Expectantes, leemos o escuchamos los mensajes que los líderes de los distintos partidos o los candidatos provinciales a diputados o senadores nos envían insistentemente. Como siempre, las referencias a la cultura no son demasiado importantes. Y es, tristemente, lógico. Porque la cultura no es popular. Porque la cultura no da de comer. Porque cuando más de dos millones de españoles, entre jóvenes y adultos, sufren el cáncer del paro, es difícil pensar en la cultura. Porque, en último caso, la cultura atrae a muchos menos votantes que otros temas.
Y sin embargo me resisto a caer en la trampa de considerar a la cultura cosa de poca importancia. Si son los poetas los que "mueven a los pueblos" (Víctor Hugo), la cultura es la que creará las ansias de renovación de la sociedad, la que permitirá al hombre enfrentarse con su vida cotidiana. Por esto la Democracia y la Libertad sólo se consolidarán  plenamente a través de la cultura, De aquí que hoy me lance yo a escribir sobre este minoritario tema, con miedo. Miedo porque la cultura se crea cada día, se vive, se coge entre las manos como el bien más preciado y precioso y luego se reparte en forma de ilusión para seguir creando. Porque eso es esencialmente la cultura: una creación cada día recreada, una vivencia, el pulso especial de una vida en esperanza y en solidaridad con los hombres, el triunfo de la ilusión,  el afán por conseguir el dominio de una imaginación que sirva a los hombres para hacer un mundo más feliz y más justo.
La cultura, una cosa  importante
Este es el problema de escribir sobre cultura. Empiezas a soñar, a teorizar, a elevarte un poco. Yo ya he citado mi miedo visceral a convertirme en un simple y cómodo teorizante de la cultura. Excúsenme, por tanto, aquellos a los que al leer este artículo hayan pensado que esto es palabrería pura. A mí no me importa demasiado. Me conformaría si supiera hacerles comprender que la cultura debe ser un proyecto compartido por los ciudadanos de una comunidad humana determinada, un proyecto vivido realmente, en el que quepan niños, adultos y ancianos, hombres y mujeres. Estaría contento si pudiera explicarles que la cultura está inmersa en el tiempo: que un pueblo va por buen camino cuando no sólo conserva y respeta su cultura tradicional sino que acepta valerosamente el reto a crear su propia cultura vivencial -la de su tiempo- y la proyecta hacia el mañana con la esperanza de que sea algo bueno  y necesario para los hombres del futuro. Me daría realmente por satisfecho si pudiéramos coincidir en que la cultura verdadera es aquella que permite al hombre ser combativo y dinámico, abierto y tolerante, crítico y respetuoso, libre y democrático; una cultura que capacite al hombre para diseccionar la información y tener su opinión propia y personal sobre las cosas.
En fin, un poco de todo eso puede ser cultura. Así, en frases, una cosa muy rara, algo de lo que todo el mundo hablamos y pocos viven realmente en profundidad. Una bonita etiqueta, imprescindible para poder alternar hoy en determinados ambientes. Pero yo insisto: seguramente aún no he logrado convencerles de que estamos ante una cosa importante. Y lo que es peor: seguramente no puedo explicarles ahora qué sea la cultura y el por qué de su presunta importancia. “Amor definido -dijo Unamuno- deja de serlo". Algo parecido debe ocurrirle a la cultura: definida, se convierte en un ejercicio intelectualoide: vivida, experimentada puede ser una catapulta para las personas, una fuerza inmensa un "arma cargada de futuro expansivo” (Celaya). Yo, en última instancia y convencido de mi fracaso, de mi nulo poder de convicción  para modificarles su actual opinión de que la cultura es una de las marías de nuestra vida, les rogaría encarecidamente que me crean: que se tomen esto casi como un dogma de fe: la cultura es apasionante y necesaria. No me pidan –les ruego- más explicaciones. Quédense con la copla y empiecen a experimentar. Yo espero que algún día reconozcan que no les mentí al hacer este aserto.
Toledo: crear cultura viva, para el hoy y el mañana
Bien. Seguramente para que les deje tranquilos, para que no les canse más con esto de la cultura, ya han confiado en mi palabra. Se agradece. Pero esto no puede, evidentemente, quedarse así. Es preciso aterrizar  un poco.
Estamos en Toledo, en una provincia que ha sido calificada por la prensa nacional -injustamente- como fuertemente conservadora y como un reducto del ultraderechismo. No es momento ahora de análisis políticos. Sí de recalcar lo importante que la cultura tiene que ser en Toledo. Y como la cultura nace y se hace con voluntad política, tengo que pensar que si deseamos el cambio en nuestra cultura, ese cambio tendrá que proceder de la izquierda y de otros sectores progresistas. Porque no me sirven las pomposas declaraciones de diversas personalidades de la cultura y la política toledana pidiendo que Toledo sea declarada capital cultural de España. Esas ideas -generalmente procedentes de grupos de la derecha- son las que siguen permitiendo que Toledo sea sólo una falsa fachada, un aeropuerto cultural para viajeros madrileños y escaparate que mostrar a las múltiples personalidades que llegan a España y se les trae a Toledo para cubrir una jornada de descanso; esos prohombres de la cultura y la política toledana son los que obligan a los toledanos a tener el ancla clavada en el pasado, impidiendo la creatividad y la participación en un proceso generador de la nueva cultura toledana. Como los toledanos de los siglos XVII, XVIII y XIX,  los hombres del siglo XX parece ser que estamos obligados a mirarnos en el espejo del Toledo imperialista del siglo XVI y a pensar que nuestro progreso será volver a aquellos tiempos gloriosos. Hoy, recuperar nuestra grandeza no es mirar atrás, sino empezar a crear, conscientes de nuestra identidad y nuestra fuerza. Nuestro toledanismo debe ser nuestra esperanza, nuestra confianza en nosotros mismos, en reconocer que cada tiempo tiene unos hombres y unas circunstancias. Nuestro proceso cultural no ha de basarse sólo en el ayer: El presente es un inmenso reto que nos debe impulsar a crear algo nuevo, a hacer como aquellos toledanos de los tiempos de esplendor político y cultural: legar a los que vendrán detrás una cultura pujante y representativa de la época actual.

¿Una alternativa para la cultura toledana ?

Cuando en algún medio periodístico se me ha pedido ofrecer una alternativa cultural para la ciudad toledana, he dudado mucho. Y ello a pesar de ser una simple opinión, no vinculada a ninguna fuerza política. Y es que, sin duda, la cultura está sujeta a numerosos condicionantes: si el PSOE, por ejemplo, logra triunfar en las próxima elecciones, desarrollará su política cultural; pero, aun con un hipotético gobierno socialista, si esta provincia tuviese después una diputación dominada por la derecha ( recordemos las amplias facultades económicas de las diputaciones). Toledo podría difícilmente  llevar a cabo esos proyectos culturales. En todo caso, y consciente de éstas y otras dificultades, cito, sin ánimo de estudiar en su totalidad el panorama cultural, algunos de los objetivos que en materia cultural deberían cumplirse con preferencia o, al menos, algunos de los temas que nuestros próximos representantes en el Parlamento deberían anotar en su agenda de trabajo como metas a facilitar desde el Gobierno central:
1. Ni un pueblo sin libros: creación en los próximos cuatro años de bibliotecas con servicios complementarios (Casas de Cultura) en todos los municipios superiores a 3.000 habitantes que aún carecen de este servicio imprescindible. También, al menos en tres barriadas de Toledo y Talavera de la Reina. El resto de las localidades se atenderían de momento con el servicio de autobuses.
2. Aún en el campo del libro, considero primordiales dos acciones: la resolución de los profundos problemas de la Biblioteca Pública Provincial y la creación de la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha, con sede en Toledo y tomando como  núcleo la anterior.
3. Salvar Toledo: Realización de un plan internacional, promovido por la UNESCO, para salvar la ciudad de su paulatina destrucción. Mientras tanto, facilitar créditos para acondicionar las viviendas actuales, siempre con total respeto a sus caracteres básicos (conservación de patios típicos, fachadas...)
4. Amplias campañas para conocer y amar la provincia: Nuestra historia en la escuela, en los institutos de bachillerato y en la Universidad. Apoyo a la investigación. Promover y financiar todos aquellos catálogos y otras obras que sean fundamentales para colaborar en el conocimiento de nuestra historia y nuestra cultura. Realización de congresos con doble proyección. popular y especializada. Reorganización y catalogación de los archivos: campañas para su mayor utilización, facilitando ésta. Puesta en marcha paulatinamente de la Universidad de Castilla-La Mancha. Todo ello engarzado en un amplio plan. Con objeto de que la Historia no sea patrimonio de una minoría sino que llegue a amplios sectores sociales.
5. Creación de un Centro Dramatico Provincial, con campañas no sólo de representaciones sino también de enseñanza de las actividades teatrales, con cursos en las cabeceras de cada comarca. Potenciar, el cine y la música, sobre todo en sus aspectos de creación.
6. Llevar la cultura a la calle: actividades recreativas y culturales periódicas, dedicadas a todos los sectores de la población (infancia, adultos, tercera edad ). Todo ello, creando la infraestructura necesaria para la celebración de los actos en condiciones adecuadas. Recuperación de las bandas municipales, apoyándolas económicamente.
7. Fomentar la unidad entre todos, los grupos y asociaciones que se dedican al mundo de la cultura. Edición de una revista de calidad en la que colaboren personas de la cultura en los distintos campos (literatura, pintura, fotografía, historia...) Coordinar la actividad cultural informando periódicamente a todos los toledanos a través de los medios de comunicación y boletines específicos.
8. Promocion del turismo en 1a propia provincia: informar de la riqueza artística y natural que encierra Toledo, instalando en cada 1ocalidad señales que permitan al viajero conocer en cada momento los monumentos y parajes de interés que puede visitar al atravesar un determinado municipio. Campañas de difusión de la provincia y la región entre los escolares. Creación de un Equipo  de animadores culturales efectivo, compuesto por licenciados en distintas áreas y especialidades de diversos temas, que realicen cuantas campañas sean necesarias en los centros docentes, asociaciones, barrios, etc .
9. Proteger y apoyar el folklore y las artes populares.
10. Reconversión de los Museos en verdaderos instrumentos pedagógicos, promoviendo la mejora de sus condiciones didácticas y la realización de guías y folletos de amplia difusión entre la población. Creación del museo provincial de costumbres y artes populares. Llevar a los toledanos especialmente a los niños a los museos través de campanas difusoras permanentes.
            Sin duda una alternativa cultural depende de la voluntad política que exista de cumplirla. Las anteriores líneas no tienen, evidentemente, ese carácter: Son sólo algunas sugerencias, unas líneas de actuación que consideramos imprescindibles para lograr el cambio en materia cultural. Faltan otros muchos temas (el apoyo a los autores, la edición, la prensa y los restantes medios de comunicación social, etc.). Desde luego, desde mi posición de independencia política, desconfío de la derecha ( incluso el centrismo) para traer novedades culturales. Si tengo alguna seguridad alguna esperanza de que en este país -y en esta provincia- pueda darse el cambio, donde veo más cercano y posible éste es en la cultura. El paro, la crisis económica, la desastrosa administración, entre otros temas, pienso -con tristeza- que seguirán campeando por algún tiempo en este país. Difícil les será a los socialistas -si al fin se da e1 esperado triunfo del PSOE- eliminar esas barreras, sobre todo si consideramos el presumible boicot de los sectores económicos de mayor influencia.
Una auténtica alternativa cultural no puede darla una persona: será fruto de un colectivo, de un grupo que busque en la cultura su identidad y su fuerza. El viejo grito ácrata de ¡La imaginación al poder!  sigue hoy vigente. Deseo con fervor que ello sea posible también en esta provincia a la que la mayoría tacha de caciquil y conservadora, en esta provincia que a los toledanos de vocación nos duele tremendamente, como le dolía España a Miguel de Unamuno. Si los socialistas ganan, será precisa la colaboración de muchos, la unidad, para que los toledanos vivamos en participación y esperanza la nueva época. Que el cambio sea real, fructífero y duradero, es mi deseo: que el cambio será empresa de todos es una intuición y, seguramente, la primera necesidad acuciante. Creo que ese es el camino: trabajar juntos, muchos sectores, en respeto, para que el cambio pueda vivirse en profundidad.


* La Voz del Tajo  (26 de octubre de 1982), pág. 2. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs.256-260.
Yo estaba interesado profundamente en todo el fenómeno cultural. Podría decir, aunque pueda parecer pretencioso, que amaba la cultura. Desde que realicé mis estudios de bachillerato en el viejo edificio de Lorenzana y luego en la nueva sede del Instituto, puse en marcha, con otros compañeros, iniciativas como grupos poético y teatral, y luego participé del movimiento vecinal y cultural en distintas propuestas. Crítico con la política cultural de la transición, fui invitado por el PSOE a colaborar en grupos de trabajo que desarrollasen propuestas culturales. También desde los medios de comunicación presenté análisis y ofrecí alternativas. En vísperas del triunfo electoral socialista de octubre de 1982 y en los meses siguientes publiqué artículos periodísticos bajo el epígrafe genérico de “La cultura en Toledo”. Esta serie de artículos, con el prólogo del artículo “Toledo y la necesidad de una cultura nueva”, resumió la situación cultural toledana en los inicios de los años ochenta y presentó vías de trabajo en los distintos ámbitos culturales. En 1983 preparé el volúmen La Cultura en Toledo (1979-1983), una selección de artículos de contenidos culturales, que iba a publicar la Editorial Zocodover. Mi oncorporación al Gabinete del Consejero de Educación y Cultura, José María Barreda Fontes, determinó la paralización de este proyecto editorial.

martes, 1 de septiembre de 1981

Toledo, la despojada. Entre la democracia y la censura, lucha para ampliar una biblioteca pública



Toledo, la despojada.
Entre la democracia y la censura, lucha para ampliar una biblioteca pública*
La vuelta del Guernica a España es un gran acontecimiento cultural, un triunfo para los hombres que rigen la política cu1tural de este país. Siento, como muchos españoles, gran alegría por este evento y me veo obligado a felicitar a todos los hombres que posibilitaron esta geesti6n. Sin embargo, me preocupa hondamente que todo siga igual: la cultura de este país parece que continúa latiendo al ritmo de lo grande y presiento que quiere identificarse con una dinámica de grandes hechos, faraónica. Y aquí es donde tengo que dudar de las luces de nuestros prohombres culturales, de las buenas intenciones del llamado Ministerio de Cultura para que la cultura española cambie. La política de acciones brillantes, relevantes, es importante y necesaria, pero por sí sola no modificará el nivel cultural de un pueblo. Y esto es lo que me entristece: que el Ministerio suele quedarse ahí. No cambiará la cultura teatral  porque exista un Centro Dramático Nacional (aunque, por supuesto, tambi6n debe existir), mientras que al resto del país no llega generalmente una pizca de buen teatro. No se transformará la actitud cultural de los españoles mientras que el Estado no se plantee seriamente (cosa que le debe dar bastante miedo a nuestro Gobierno) la necesidad de potenciar las bibliotecas, como instrumento no s6lo de lectura sino de formaci6n integral de la sociedad. Y así podríamos citar otros muchos temas.

Igual de preocupante me parece la imagen de demócratas de algunos de nuestros dirigentes culturales. Mientras proclaman pomposamente que con su gesti6n se ha logrado el "final de la transición” hacia la democracia, en muchas de sus realizaciones cotidianas actúan como buenos representantes de los tiempos de la dictadura franquista. Y lo digo porque hay un hecho de provincias en el que se da esta perspectiva, que resulta muy importante para la cultura y la vida de una ciudad (Toledo) y que ha tratado de silenciarse por todos los medios: la ampliación de la Biblioteca Pública de Toledo.

La Biblioteca de Toledo es uno de los más importantes centros bibliográficos europeos. Además de su fondo moderno, contiene la internacionalmente conocida Colecci6n Borb6n-Lorenzana (100.000 libros impresos procedentes de los antiguos arzobispos de Toledo, algunos grandes bibli6filos. Posee también 411 incunables y más de 1.000 manuscritos de los siglos XI al XIX). Desde su ubicación en el nuevo edificio (1966), se intentó hacer ver a los responsables del M.E.C. que tan brillantes instalaciones quedarían pequeñas. Pero hicieron caso omiso. Tan sólo cuatro años después, la Directora del Centro tuvo ya que iniciar contactos para lograr la ampliaci6n de la Biblioteca, pues su eficacia había quedado gravemente mermada por la carencia de instalaciones adecuadas. Tras diez años de negociaciones, en los que los toledanos padecimos la cabezonería brutal y vacía del Ministerio (por ejemplo, desde 1973 se suspendió la actividad cultural de la Biblioteca, al tener que ocuparse su sal6n de actos con los libros procedentes de nuevas adquisiciones), Cultura adquiri6 por fin el edificio de Santa Fe, anejo a la biblioteca, para ampliación de ésta (finales de 1979). Ya en 1981, la Direcci6n General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas anunció que el nuevo edificio se dividiría entre la Biblioteca y el Museo de Santa Cruz. La aberrante y salomónica división -que no solucionaría los problemas de expansi6n de ninguna de las entidades afectadas- provocó un cúmulo de protestas contra esa arbitraria solución. La Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo hizo pública una extensa y documentada moción en contra de la idea de partir Santa Fe. El Ayuntamiento, Comisiones Obreras, la Asociación de Amigos de la Universidad, intelectuales toledanos y la totalidad de la prensa provincial se opusieron a la división. El tema de la Biblioteca ha sido quizás el que más páginas de la prensa local ha llenado en muchos años. Una vez más se ha temido al poder de la prensa: el problema saltó a las páginas de algún diario nacional y el Ministerio hizo lo imposible para que un reportaje sobre el tema realizado por El País no apareciese (cosa que logró), para así impedir que aumentase la dimensi6n nacional de este problema. En el Senado, el PSOE realizó varias preguntas sobre el asunto, aún pendientes de contestaci6n. La oposici6n fue tal que, finalmente, el Director General de Bellas Artes tuvo que ceder en sus propósitos. Pero lo hizo con un castigo: olvidando que todas las gestiones para ampliar sus instalaciones con Santa Fe las había realizado la Biblioteca, el Director General (Tusell el fuerte, se le llama; como Umbral a Sancho, el popular ministro) pensó tranquilamente en trasladar la Biblioteca al antiguo monasterio de San Pedro Mártir, en una zona poco transitable, y entregaba Santa Fe íntegramente al Museo. Era como un castigo a los niños malos que no acataban sumisamente las poco meditadas disposiciones de la Dirección General. Se reavivó entonces la polémica: una nueva moción de los académicos toledanos y rechazo, incluso, del traslado por parte de sectores centristas de la ciudad, hicieron caer en la cuenta al Sr. Tusell que esta decisión era aún peor que la primera. Se pidió  reiteradamente a la Dirección General que abriese un debate público y que permitiese a las Directoras de Biblioteca y Museo hablar (la mudez obligada en los funcionarios es un buen síntoma del conservadurismo de sus jefes).Tras continuas y nuevas "brillantes" ideas de los responsables ministeriales, Tusell volvió a ceder. Pero lo hizo acogiéndose otra vez a su primitiva disposici6n de partir Santa Fe, con la novedad de que la capilla del siglo XVII que serviría para albergar un amplio salón de actos pasaría a depender directamente de la Delegación ministerial en la provincia, con lo que, de paso, la Cultura que se ofreciese en tan magno aula podría dejar de sor independiente y seguiría las directrices del partido de turno en el Gobierno. En suma, habían sido distintas soluciones a un problema, todas acordadas o modificadas sin mediar palabra y sin explicaciones (¡sociedad de mudos, leñe! ). Y todo hecho por hombres de la democracia... (¿?). Y un dato más, todo dispuesto y ordenado desde un despacho de Madrid; hasta que la polémica no estuvo muy avanzada ningún técnico vino a conocer in situ las necesidades de la Biblioteca; desde los medios de comunicación toledanos se ha pedido insistentemente que el Sr. Tusell visite personalmente la Biblioteca. Y aún esperamos. Cuando, por fin, el Director General vino a Toledo no se dignó visitar el importante centro bibliográfico ni escuchar las razones en que se basa la petici6n de que Santa Fe se destine totalmente a ampliar la Biblioteca. Todo un ejemplo...

Esta es una brevísima historia de un hecho más que ha sumido a los toledanos en la impotencia. Toledo sigue viendo cómo se juega con ella. Sigue entristeciéndose al ver reunidos en el palacio de Fuensalida a los rectores de las universidades españolas, mientras que Castilla-La Mancha (de la que Toledo forma parte, claro) continúa siendo la única región que carece de universidad. Toledo a menudo se convierte en uno de los aeropuertos culturales del país, pero esa cultura viene y se va, sólo hace escala técnica en esta ciudad: así, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo ha celebrado este año algunos de sus cursos en Toledo, pero ¿han incidido en los toledanos?; Antonio Garrigues experimenta en nuestro histórico marco uno de sus clubes liberales (el Bisagra); La Asociación Tres Culturas  (Toledo-Madrid) es dirigida también por hombres de la Corte; universitarias españolas, agrupadas también en Asociación, programan largos cursos de arte e historia en Toledo: vienen en autobús, escuchan las sabias disquisiciones y se van de nuevo, tras dos horas de estancia en esta ciudad cosmopolita (se dice por todas partes...) y cuatro horas de padecimiento infernal en la carretera; como se ve la cultura es capaz de fomentar el heroísmo... Y, para terminar y como contraste, lo único que daba alegría y vida a los toledanos cuando veíamos que llegaba y marchaba (el agua del río Tajo; ese tan cantado por poetas, románticos, urbanistas, ecologistas y hasta  políticos) ya no pasa. Los toledanos pasamos de agua a la fuerza. Unos sabios, cultos y demócratas hombres han hecho  realidad los proyectos del franquismo de transvasar nuestro agua a Murcia.

Según Madrid, a los toledanos nos sobra de todo... hasta paciencia. Madrid, el MOPU, Bellas Artes, todo el centralismo juega con Toledo. Por protestar contra decisiones arbitrarias y precipitadas como la de dividir Santa Fe, se nos amenaza con emplear los millones destinados a Toledo en otras provincias (al que lo dude se lo demuestro documentalmente); mientras que España desea fervientemente reincorporarse a Europa, cuando el oportunismo lo requiere se rechazan las normas de la UNESCO para bibliotecas (porque están hechas para Europa, no para España o Toledo);  cuando los demócratas de UCD hablan del regreso del último exiliado, de diálogo, de participación de todos en el proceso cultural, de libertad de opini6n y de cumplir la Constituci6n, el Ministerio de Cultura sigue silenciando a sus funcionarios, presionándoles incluso a ratificar/legalizar situaciones impuestas; cuando se habla de libertad, un delegado provincial de Cultura prohibe hablar de paro (tremendo pecado...) en una revista hablada en Toledo, presionado por no se sabe quién.

En Toledo se ha comparado el tema de la biblioteca con el ya famoso de la variante de Soria. Hace unos años Tusell habría detentado toda la Verdad y toda la Razón e impondría su sabiduría sin aceptar un diálogo con los más directamente implicados en un tema determinado. Hoy nos cuesta creerlo; creo que algo ha cambiado y la Verdad y la Razón (entre otras virtudes) pueden estar en cualquier ciudadano, quizá repartidas entre todos, y hay que luchar para buscarlas. Hoy este país lucha por la Libertad. Pero la libertad se gana cada día, en los actos pequeños o en los brillantes. Igual que la Cultura. Y si el Ministerio de esta  especialidad va a seguir siendo demócrata sólo con los poderosos (Picasso podía ser ejemplo, hoy, de poder) y dictador con los débiles (¿Toledo?) pienso que se ha equivocado de época. Los toledanos hemos invitado a la Dirección General de Bellas Artes y etcétera a un debate público a celebrar en esta ciudad, en el que se traten en profundidad problemas del patrimonio histórico y cultural toledano y se estudie conjuntamente la cuestión de la ampliación de la Biblioteca. Aún no hay respuesta. El Sr. Tusell debería aceptar, para mostrar su talante democrático real. Se lo he dicho en otros artículos, desde la prensa provincial. Si no acepta ser demócrata, pediremos su dimisión. Y, por favor, que no se nos castigue a los toledanos con instalar aquí una base de la OTAN. Por favor...




* Escrito en septiembre de 1981 para El País, periódico que no publicó el presente artículo. Esto mismo hizo con noticias y reportajes enviadas por el corresponsal en Toledo de este diario sobre el polémico tema de la biblioteca toledana. Por todos los medios, este  periódico silenció esta polémica para evitar que el problema de la biblioteca de Toledo saltase al ámbito nacional. Fue recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs. 234-237.