Palabras de Juan Sánchez Sánchez: Libros, artículos, conferencias, ponencias y poemas.
martes, 29 de octubre de 2002
Las bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: en marcha hacia la Sociedad de la Información
“Las bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: en marcha hacia la Sociedad de la Información”. En colaboración con Joaquín Selgas Gutiérrez y Oscar Arroyo Ortega. Comunicación presentada en el I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas. En: Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas (1º. 2002. Valencia). La biblioteca pública: portal de la sociedad de la información / I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, Valencia, 29, 30 y 31 de octubre de 2002.- Madrid: Ministerio de Cultura, Subdirección General de Información y Publicación, 2002.- P. 135-143
Enlace: Las bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: en marcha hacia la Sociedad de la Información
Resumen: Se plantea el análisis de la trayectoria y resultados obtenidos a través de los proyectos que, impulsados desde la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Comunidades, han favorecido la introducción de las bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha en la Sociedad de la Información. Tras repasar la situación de partida de las bibliotecas públicas en cuanto a aplicación y uso de las tecnologías de la información, se describen las líneas de actuación impulsadas desde la Consejería de Educación y Cultura. Los resultados de esta política se analizan a la luz de los datos estadísticos que muestran una rápida difusión de los servicios relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación en estos centros.
Etiquetas:
bibliotecas publicas,
comunicaciones y ponencias,
informatización de bibliotecas,
Joaquín Selgas Gutiérrez,
Oscar Arroyo Ortega,
politicas bibliotecarias,
sociedad de la información
Ubicación:
Toledo, España
La Biblioteca Pública en España ¿Un derecho de todos?
“La Biblioteca Pública
en España ¿Un derecho de todos?”. En colaboración con Joaquín Selgas Gutiérrez
y Oscar Arroyo Ortega. Comunicación presentada en el I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas. En: Congreso
Nacional de Bibliotecas Públicas (1º. 2002. Valencia). La biblioteca pública:
portal de la sociedad de la información / I Congreso Nacional de Bibliotecas
Públicas, Valencia, 29, 30 y 31 de octubre de 2002.- Madrid: Ministerio de
Cultura, Subdirección General de Información y Publicación, 2002.- P. 272-280

martes, 1 de enero de 2002
Adios y bienvenida
Adios y bienvenida*
Se ha producido el relevo en la dirección de la
Biblioteca de Castilla-La Mancha. Carmen Sañudo ha dejado nuestro más importante centro bibliográfico
para marchar a un nuevo destino profesional, y llega Joaquín Selgas, procedente
del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas.
A
nivel personal, el cambio me produce un doble
desgarro. Carmen en estos cerca de cuatro años que ha ejercido su labor,
se ha ganado la estima no sólo profesional sino también personal. Ella llegó
cuando se estaba culminando la reforma de aquellos espacios del Alcázar
destinados a Biblioteca y participó plenamente en la preparación del modelo de
biblioteca que queríamos poner en marcha. Y desde su apertura, Carmen ha
realizado su labor con un esfuerzo y generosidad dignos del agradecimiento de
nuestra Región, integrando a la Biblioteca en la sociedad y haciendo de este
centro un espacio verdaderamente vivo y
neurálgico. Hemos tenido que trabajar juntos en las políticas de la Consejería
de Educación y Cultura en materia de acceso a la información y a la lectura
pública, y ha sido una experiencia muy gratificante de trabajo en equipo; cada
uno desde sus responsabilidades, pero sabiendo que estábamos en la misma barca
y al servicio de un mismo objetivo.
Respecto a Joaquín, él ha sido un
sólido pilar en el Servicio para desarrollar muchos proyectos y programas.
Primero su labor como Jefe de Sección de Coordinación Bibliotecaria y, con un
paréntesis en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en la Subdirección
General de Coordinación Bibliotecaria, más tarde ha realizado su labor como
Asesor de Libro y Bibliotecas. También
trabajar codo con codo con él, resultó fácil, y se fue ilusionando con la tarea
que habíamos emprendido en Castilla-La Mancha desde el Servicio hace una
década. Trabajar con ilusión, con alegría, con esperanza, con esfuerzo para
cambiar la realidad que no nos gustaba ha sido la característica de estos años.
Y ahora todo este período, todo este equipaje de experiencias, fructificarán en
el buen hacer de Joaquín dirigiendo la biblioteca cabecera de la Red de Lectura
Pública de Castilla-La Mancha.
En
ambos casos sentimos ese sentimiento agridulce: alegría por el compañero/a,
amigo/a, que emprende libremente una nueva etapa en su vida profesional, y
tristeza por la separación que se produce, menor en el caso del nuevo Director
de la Biblioteca de Castilla-La Mancha porque tendremos que seguir colaborando
y, muchas veces, trabajando juntos.
En
estos años la Biblioteca Regional se ha consolidado. Los indicadores de socios,
usuarios, préstamos, recursos informativos y personales, actividades
culturales, etc. sitúan a nuestra más emblemática biblioteca entre los centros
punteros de nuestro país. Son muchos los bibliotecarios, los políticos, los
periodistas y otros muchos profesionales que, procedentes de otras Comunidades
Autónomas y de muchos países, han venido a Toledo para conocer esta Biblioteca.
Es verdad que la labor realizada es labor de equipo, pero, sin duda, Carmen
Sañudo ha puesto un sello de calidad a todo su trabajo director e ilusionante y
los frutos están en los indicadores estadísticos, en la presencia pública de la
Biblioteca en la sociedad local y regional y en la propia autoestima del joven
equipo de profesionales que desde el principio ha participado en el proyecto.
No
era fácil situar la Biblioteca Regional en el Alcázar fue una apuesta política
que no estuvo exenta de dificultades. Desde mediados de los años ochenta, el
Gobierno Regional trabajó en este proyecto, con muchas alternativas. Hubo
momentos incluso en los que los acuerdos firmados con el Ministerio de Defensa
significaban la separación de las colecciones y servicios de la Biblioteca de
Toledo. Y luego, el apoyo de los intelectuales fue determinante para que el
Ministerio cediese mayores espacios, aunque estuviesen en la planta alta, y
ello permitió afrontar un modelo de biblioteca integral: en la Biblioteca de
Castilla-La Mancha conviven dos realidades: la Biblioteca Pública del Estado y
la Biblioteca Regional. Este modelo de centro, que integra la vertiente de pública
con la de regional, está demostrando en el contexto nacional que
es muy acertado, no sólo por el mejor aprovechamiento de los recursos públicos
sino, y especialmente, por las ventajas que para todo tipo de usuarios tiene
una concentración de servicios y colecciones como las que se dan en la
Biblioteca de Castilla-La Mancha.
Creo
que basta con recorrer los espacios de la Biblioteca para conocer el éxito de
este proyecto cultural: a cualquier hora la biblioteca aparece llena de vida,
de personas. Sólo pensar en esos más de 50.000 socios de la Biblioteca,
aproximadamente el 70% de la población toledana, da feliz idea de la alta valoración
y elevado uso que se está haciendo de este importante servicio público.
Una
vez consolidado el centro, la Biblioteca viene trabajando en impulsar su papel
como biblioteca cabecera del Sistema, de la Red de Lectura Pública de
Castilla-La Mancha. En colaboración con el Servicio, viene desarrollando la
elaboración del Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico, del Catálogo
Colectivo de Fondo Local y, más
recientemente, del embrión de Catálogo Colectivo de la Red de Lectura Pública.
Sus proyectos de formación de usuarios vienen a jugar un papel en este tipo de
tareas del conjunto de bibliotecas de la Región. Y la celebración de cursos,
conferencias y del Foro del Libro,
Archivos y Bibliotecas está suponiendo un foco permanente de debate,
intercambio de ideas, lugar de encuentros de los profesionales, etc. También en
materia de préstamo interbibliotecario y
préstamo colectivo está realizando una gran labor, que se quiere
potenciar. Pero, con todo, el papel más importante que ha ejercido la Biblioteca
ha sido mostrar a la sociedad regional cómo debe ser una biblioteca en el siglo
XXI, en la sociedad de la información. Desde su inauguración, todos los
servicios que presta, los recursos tecnológicos que contiene, los medios
personales y económicos que la Consejería de Educación y Cultura ha puesto en
este proyecto, han supuesto un auténtico revulsivo en el panorama bibliotecario
de nuestra Región. He hablado en otras ocasiones del efecto espejo de la Biblioteca Regional. Y este efecto, aunque sea difícil de
medir, esto y convencido de que está
siendo muy beneficioso para el conjunto de bibliotecas de la Región y, aún más:
para el conjunto de la sociedad castellano-manchega.
En
este proyecto ha trabajado Carmen Sañudo, que siempre tendrá las puertas de esta
Región abiertas y que además se queda en nuestro corazón, y empieza ahora a
poner toda su profesionalidad Joaquín Selgas, que ha crecido profesionalmente
en buena medida en el Servicio Regional y que ahora se prepara a afrontar una
nueva etapa de la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Son dos personas que,
cuando dentro de unos años se escriba la historia de la lectura pública de
nuestra Comunidad, aparecerán sin duda como protagonistas. Gracias a los dos.
jueves, 1 de marzo de 2001
Bibliotecas y sociedad de la información: Teoría de los cuatro mundos
Bibliotecas y sociedad de la información:
Teoría de los cuatro mundos*
Hace ya dos décadas que Julia Méndez Aparicio, que
dirigió durante tantos años la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, publicó
su libro La Biblioteca Pública, ¿índice
del subdesarrollo español? Sin duda, desde entonces mucho se ha avanzado en el terreno de las
bibliotecas en nuestro país y en nuestra región. Sin embargo, subsisten
problemas verdaderamente históricos, estructurales, que impiden que el derecho
constitucional que todo ciudadano tiene a la educación, a la cultura, a la
información –y este trípode está en toda biblioteca que cuente con recursos
para cumplir adecuadamente su misión- sea verdaderamente una realidad.
Contamos
en España con magníficas bibliotecas, dotadas de amplias colecciones,
actualizadas y diversificadas en cuanto al tipo de soporte. Bibliotecas que
junto a la tradicional colección de libros y publicaciones periódicas, ofrece a
sus lectores CD-ROM, DVD-ROM, Videos y DVD-Vídeo, Compact Disc, acceso a Internet. Bibliotecas que además son
centro de formación permanente para los ciudadanos, que organizan de forma
estable actividades culturales y de animación a la lectura, que tienen
programas de formación de usuarios y se relacionan con la comunidad educativa,
con asociaciones culturales y sociales. Son bibliotecas con presupuestos
importantes, con personal técnico y auxiliar numeroso, con amplios horarios de
servicio al público... En nuestra región, un ejemplo claro de este tipo de
bibliotecas es la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Podríamos decir,
simplificando, que este tipo de bibliotecas, aunque no estén exentas de
problemas y de necesidad de mayores recursos, constituyen hoy el primer
mundo en cuanto a bibliotecas, perfectamente preparadas para servir a
los ciudadanos del siglo XXI, de la sociedad de la información.
Existen
luego numerosas bibliotecas que han mejorado sus servicios, que amplían sus
colecciones, que van diversificando sus fondos mediante la incorporación
progresiva de soportes multimedia y paulatinamente incorporan nuevos servicios
basados en tecnologías de la información. Están haciendo un esfuerzo para
mejorar la situación de sus plantillas, incrementar el horario de apertura,
consolidar un programa de actividades, conseguir de sus responsables un
incremento de sus presupuestos, reformar sus espacios para que se adapten a las
nuevas necesidades...Nunca es fácil trazar divisorias, por lo que muchas de
estas bibliotecas rozan a menudo el primer
mundo; pero por algunas carencias podrían incluirse en un segundo grupo, un
segundo
mundo. Son la mayoría de las Bibliotecas Públicas del Estado, un número
cada vez más creciente de bibliotecas
municipales de ciudades y pueblos, a veces las propias redes municipales de algunas grandes o medianas
ciudades. También podemos incluir en este mundo
muchas bibliotecas de pequeños municipios, incluso inferiores a 5.000
habitantes, que a base de tesón y esfuerzo han conseguido levantar un servicio
bibliotecario verdaderamente digno, sobre todo si se compara con la población
de la localidad... Son servicios bibliotecarios cada vez más consolidados y que
reciben el apoyo incondicional de sus usuarios, que ven cómo se moderniza
paulatinamente su biblioteca y está enraizada en su comunidad.
Espero
que nadie se ofenda si empleo el término de tercer mundo para
referirme a tantas bibliotecas que mantienen unos presupuestos escasos, un
reducido horario de servicio, locales inadecuados y unas colecciones obsoletas
y sin apenas incremento anual, en las que además no se han incorporado los
nuevos soportes de información. Son bibliotecas en las que normalmente sólo los
niños son sus usuarios y apenas se programan actividades de animación. También
estarían aquí las ciudades carentes de una red municipal de bibliotecas
suficiente, y que en muchos casos disponen de una sola biblioteca para toda la
población. También podría estar aquí un servicio de biblioteca móvil que no
tenga una frecuencia adecuada. No es un problema de población del municipio
sino de interés político y comunitario por este servicio público. Apenas me
atrevo a dar más características, pues podrían ser injustos los juicios. ¿Cómo
no valorar a un pequeño municipio que ha puesto en marcha una pequeña Sala de
Lectura Pública, contratando a un bibliotecario a media jornada? ¿Cómo no
elogiar a un ayuntamiento de 700 habitantes que tiene biblioteca pública
municipal e incluso ofrece acceso a Internet a sus usuarios? No me atrevería a
decir que están en el tercer mundo: desde luego, sí están en un tipo de
servicio bibliotecario que frecuentemente se aleja de las necesidades presentes
que tienen los ciudadanos. Pero es
verdad que esos municipios están prestando un servicio público sin que tengan
actualmente obligación legal de hacerlo. Así, aun reconociendo las dificultades
para generalizar y conformar un grupo, esos servicios bibliotecarios, pequeños
o inadecuados, podrían conformar este tercer mundo en el panorama bibliotecario español.
Pero,
a pesar de las sombras, los ciudadanos que disponen de algún servicio de acceso
público a la lectura y a la información, pueden considerarse privilegiados.
Pues existe un porcentaje todavía importante de la población española que
carece totalmente de acceso a bibliotecas, bien sean fijas o móviles. Esto es
inimaginable en servicios públicos como la educación, la sanidad,..., pero las
bibliotecas siguen siendo asignatura pendiente no sólo por sus deficiencias
sino por su inexistencia en tantos casos. Son el cuarto mundo, los sin
techo, los que por vivir en pequeñas localidades o en barrios de
ciudades parece que carecen de derechos en este terreno. Según el Anuario Estadístico de las Bibliotecas
Públicas Españolas de 1999, publicado recientemente por el Ministerio de
Educación, Cultura y Deporte con datos de las Comunidades Autónomas, estimamos
en más de 3.000 los municipios españoles que carecen de biblioteca pública y
que tampoco están atendidos por otros servicios bibliotecarios alternativos.
Ahora
se nos llena a todos la boca con términos como sociedad de la información, Internet,
CD-ROM,...y a veces nos lamentamos de los bajos índices de lectura
existentes en nuestro país. Es el servicio de biblioteca pública el llamado a
democratizar totalmente las ventajas de esa sociedad de la información. Pero
mientras que haya ciudadanos sin derechos, personas que no tienen la
posibilidad de leer, de conectarse gratuitamente a Internet, de consultar bases
de datos, de experimentar la emoción y el placer del libro y la lectura, no
deberíamos lanzar las campanas al vuelo sin rubor. ¿Cuál es la solución? Si me
lo permiten, parafraseando La historia
interminable, esa es otra historia, y la contaremos en otra ocasión.
Cuestión sólo de espacio...
sábado, 1 de mayo de 1999
Hacia la coordinación de las políticas de lectura en España
Hacia la coordinación de las políticas de lectura en España*
Desde
hace años vengo manteniendo que es preciso que se potencie un desarrollo
armónico e igualitario de los servicios bibliotecarios en todas las regiones de
nuestro país. La dispar situación en cuanto a desarrollo legislativo, interés
político, número y calidad de las bibliotecas y población atendida es patente,
y resulta urgente que el problema de la lectura pública en España se afronte de
forma coordinada por el conjunto de Administraciones Públicas.
Por
reuniones con otros profesionales de la práctica totalidad de comunidades
autónomas, por debates en congresos o reuniones técnicas y por la propia
lectura de literatura profesional, creo que conozco bien la realidad
bibliotecaria española. En Castilla‑La Mancha hemos dado en los últimos años
importantes pasos en la consolidación e incremento de la red de lectura
pública; y la aprobación, dentro del Plan
Estratégico de Cultura de Castilla‑La Mancha, del Plan
Director del Libro, Archivos y Bibliotecas supone una garantía indudable de progresiva
modernización de los servicios bibliotecarios así como un acercamiento al
objetivo básico de democratizar el acceso a los servicios de lectura e
información al conjunto de la población regional.
Pero en
las reuniones con bibliotecarios municipales siempre surge la cuestión de las
competencias de las administraciones locales, a veces derivada del diverso
plateamiento entre la legislación municipal y la autonómica. Si a esto unimos
la falta de una legislación marco sobre las bibliotecas públicas en este país,
entenderemos por qué los ciudadanos españoles somos tratados de forma distinta
en función de nuestra localidad o región de residencia. El derecho a la
lectura, a la información, a la cultura hemos de considerarlo entre los derechos
constitucionales y, por ello, ningún ciudadano puede verse marginado para
acceder a este servicio público en razón de que viva en una pequeña localidad o
en una gran urbe. Serán servicios distintos, pero como en el caso de la
educación, la salud, etc. todos los ciudadanos tenemos que tener este acceso a
los servicios de lectura pública e información.
En
1993, en mi artículo “Bibliotecas Públicas y partidos políticos. Las políticas
bibliotecarias en los programas electorales (1977‑1993)” propuse la celebración
de una Conferencia sectorial de Cultura (reunión
del Ministro de Cultura con los Consejeros de Cultura de la totalidad de
comunidades autónomas) dedicada a estudiar la situación de la lectura pública
en España y sentar las bases de una Ley
de Coordinación Bibliotecaria. Más
tarde, en 1995, en la ponencia de apertura del I Simposio de Biblioteconomía y Documentación de Canarias, dentro
de un decálogo de propuestas para las bibliotecas españolas, volví a insistir
en esta cuestión solicitando esa conferencia sectorial.
En
noviembre de 1996 el Ministerio de Educación y Cultura comenzó a dar los pasos
para la celebración anual de las Jornadas
de Cooperación Bibliotecaria, en las
que además de representantes del Ministerio y de la Biblioteca Nacional,
asistimos los Jefes de Servicios de bibliotecas de las Comunidades Autónomas y
los directores de las Bibliotecas regionales.
Quizá
he sido reiterativo en expresar esa necesidad, por ello creo que hay que
felicitarse por el nuevo paso que se ha dado recientemente, en el seno de las III Jorndadas de Cooperación, celebradas
en mayo en Murcia: dentro de las conclusiones se ha aprobado una, con el
acuerdo de todos los profesionales allí presentes, que “constata la necesidad
de que se celebre una Conferencia Sectorial de Cultura centrada en cuestiones
esenciales para el desarrollo bibliotecario español...”
En
definitiva, de celebrarse esa Conferencia, se habrá dado un paso
importantísimo: si en los últimos tres años se ha conseguido un nivel aceptable
de cooordinación técnica entre las regiones, ahora pueden ponerse los cimientos
para la coordinación política, que es absolutamente esencial, imprescindible.
Ello unido al interés creciente por las políticas bibliotecarias del Consejo de
Europa, que está ultimando una recomendación sobre legislación bibliotecaria
que pueda inspirar leyes nacionales de bibliotecas, legislaciones de carácter regional y local,
hace que abriguemos esperanzas de que a corto plazo podamos contar cons
instrumentos legales que permitan superar este cierto mosaico de desigualdades.
Y esto siempre dentro del importante avance que se ha producido en este este
ámbito en nuestro país en los últimos años.
viernes, 1 de enero de 1999
Biblioteca de Castilla-La Mancha: de utopía a realidad
Biblioteca de Castilla-La Mancha: de utopía a realidad*
Escribir
estas páginas significa para mí rememorar muchos años de ilusiones, de debates,
de trabajo... Muchos años de un esfuerzo colectivo realizado por las
instituciones de Castilla‑La Mancha, por los profesionales bibliotecarios y por
muchos intelectuales y colectivos socioculturales, especialmente toledanos,
junto con ciudadanos que demandaban un servicio bibliotecario más acorde con
nuestro tiempo.
Pero lo
importante ahora es que el Gobierno de Castilla‑La Mancha ha convertido en
realidad un proyecto que, siendo imprescindible para una joven Comunidad
Autónoma como la nuestra, parecía un sueño, una utopía inalcanzable. Este
proyecto ha pasado por sucesivas fases y prácticamente, de alguna manera, ha estado presente en la vida de Castilla‑La
Mancha en sus dos décadas de vida, primero como ente pre‑autonómico y luego
como Comunidad Autonóma con un gobierno democráticamente elegido por los
ciudadanos.
La
historia del proyecto de Biblioteca Regional ha estado unida a la de la
Biblioteca Pública del Estado en Toledo, o Provincial,
que desde los inicios de los años setenta
llevaba buscando una solución a la ampliación de sus instalaciones y servicios.
Dos instituciones distintas que estaban destinadas a la unidad, a constituir
uno de los más importantes centros bibliotecarios de nuestro país. Si la
Biblioteca provincial acumulaba dos siglos de historia y una impresionante
colección bibliográfica, la Regional
apenas había nacido legalmente e iniciaba lentamente su camino de recopilación
de fondos pero estaba llamada a constituir el corazón del Sistema Bibliotecario de Castilla‑La Mancha.
Con la
instalación en el Alcázar de Toledo de la Biblioteca de Castilla‑La Mancha ‑que
integra ambas bibliotecas y pone a disposición de todos los ciudadanos no sólo
unas importantes colecciones bibliográficas sino, además, los más avanzados
servicios de acceso a la información que pueden prestarse desde una Biblioteca
Pública‑ se consigue que Toledo, y en
general la Comunidad Autónoma de Castilla‑La Mancha, cuenten con un centro
bibliotecario de gran magnitud que
trabaja para hacer posible que la información, la cultura, la educación y el
ocio sean más accesibles para todos. Con la Biblioteca de Castilla‑La Mancha,
la Junta de Comunidades, a través de la Consejería de Educación y Cultura, ha
conseguido un gran objetivo: democratizar
el acceso a la información para
los ciudadanos y posibilitar que
los toledanos, y cuantos investigadores de todo el mundo lo deseen, utilicen de
forma cotidiana este singular edificio cargado de historia que es el Alcázar.
Este
artículo pretende ofrecer una síntesis del camino recorrido durante todos estos
años, trabajos que ahora se ven
recompensados con esta espléndida realidad que ofrece la Biblioteca de Castilla‑La
Mancha a todos sus usuarios: niños, jóvenes o adultos; hombres o mujeres,
investigadores o estudiantes...La Biblioteca de Castilla‑La Mancha ha sido
concebida pensando en todas las personas y está abierta a todos los que deseen
utilizar sus recursos para ser más creadores, más libres, más tolerantes y más críticos.
1.
Septiembre de 1986...
Fue el
16 de septiembre de 1986 cuando el ministro Serra visitó Toledo y, tras conocer
la sede de la Biblioteca Pública del Estado en el paseo del Miradero, se
dirigió al Alcázar y anunció el propósito del Ministerio de Defensa de
convertir el Alcázar en un gran centro cultural en el que la base principal lo
constituirían los servicios de una biblioteca pública. El informe que se
distribuyó entonces a los medios de comunicación constataba las graves
carencias que atravesaba la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, sus
necesidades, y se pretendía poner en marcha el modelo de biblioteca que
defendía la UNESCO: "La biblioteca pública es, de un modo habitual, el
centro cultural de la comunidad, en el que se reúnen las gentes que tienen
intereses semejantes. Ha de poder disponer, pues, de los locales y el material
necesarios para organizar exposiciones, debates, conferencias, conciertos y
proyecciones cinematográficas, lo mismo para los adultos que para los
niños".
Pero en
un edificio de tan grandes dimensiones, el proyecto de instalaciones culturales
era muy ambicioso, pensándose en implantar en el Alcázar los fondos y servicios
de la Biblioteca Pública del Estado y de la Biblioteca Regional así como el
Archivo Regional. Específicamente el
proyecto mencionaba una fototeca, una
hemeroteca (aunque esta sección es uno de los servicios básicos de toda
biblioteca pública), una gran sala de exposiciones y un salón de actos, además
de prever la utilización del patio del Alcázar para la celebración de grandes
conciertos, teatro, etc. Y, aprovechando las ricas colecciones bibliográficas y
las estanterías históricas, se pretendía ofrecer un Museo del Libro, entonces inexistente en España. En definitiva,
junto a las funciones clásicas de una biblioteca, el proyecto pretendía "potenciar el Alcázar como lugar sde
encuentros, foco de atracción y centro de cultura viva; y asimismo recuperar
todas aquellas tradiciones que le son propias".
La
noticia de la conversión del Alcázar en un gran centro cultural tuvo un
poderoso impacto social y fue destacada con grandes titulares y espacios por
los más importantes medios periodísticos del país y por todos los de la región.
El
proyecto redactado por la Consejería de Educación y Cultura, siendo entonces
consejero José María Barreda Fontes, incluía la puesta en marcha de un
Patronato del Alcázar. Pero toda aquella explosión informativa fue serenándose y parecía que la
instalación de la Biblioteca en el
alcázar no se produciría nunca. Desde luego, aparte de las declaraciones tanto
del Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla‑La Mancha, José Bono,
como del entonces ministro de Defensa,
Narcis Serra, el proyecto no llegó a
plasmarse en un acuerdo ratificado documentalmente entre ambas administraciones
públicas.
En
septiembre de 1986, cincuenta años después de la Guerra Civil que enfrentó a
los españoles, se inició una polémica que probablemente ha repercutido en el
largo tiempo que ha sido necesario para hacer realidad este proyecto. La página
del asedio del Alcázar en 1936 eclipsó la historia de este edificio, que a lo
largo de los siglos tuvo fines muy diversos. En un esclarecedor artículo del
historiador Fernando Martínez Gil titulado “Historia del Alcázar de Toledo”
publicado en junio de 1987 en la revista Historia
16, este escritor afirmaba: “En un
tiempo en que la convivencia democrática apuesta por la superación de los
traumas de la Guerra Civil, la decisión del Ministerio de Defensa, permitiendo
a la biblioteca Borbón‑Lorenzana alojarse en el Alcázar toledano, puede representar un
bello carpetazo a cincuenta años de intolerancias y discusiones...”
2.
Los acuerdos del bienio 1990‑1991.
Cuatro
años después de las noticias anunciadas por el ministro Serra, cristalizó un
acuerdo entre el Gobierno de Castilla‑La Mancha y el Ministerio de Defensa que
fue firmado el 19 de julio de 1990. Mediante este protocolo, los fondos
históricos de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo se ubicarían en la
planta primera del edificio del Alcázar. En el apartado primero del Acuerdo, se
indica que en este nuevo espacio, esa
“importante colección de indudable valor histórico‑bibliográfico” podrá “cumplir su función social, ya que el lugar
que actualmente ocupan resulta totalmente inapropiado...” Y el punto tercero es bien significativo del Acuerdo: “La incorporación al Alcázar de este valiosísimo patrimonio documental,
unido al interés museológico que actualmente tiene una parte del edificio, hará
que el Alcázar en su conjunto se realce aún más y entronque con la tradición
misma de su propia historia, que, a lo largo de siglos de vicisitudes, ha
conocido funciones militares y culturales, pasando de ser sede de la principal
corte europea en el siglo XVI a Academia de Infantería o Real Casa de Caridad.”
El apartado cuarto señala los fondos
concretos objeto del acuerdo: “...los fondos históricos a que se hace
referencia en las manifestaciones anteriores son los integrados por la
denominada Biblioteca Borbón‑Lorenzana, por la específica existente sobre la
ciudad de Toledo y una tercera biblioteca conocida como 'Donación Javier
Malagón'”
Poco
más tarde, el 13 de septiembre de 1990 se firmó el Acuerdo entre el Ministerio
de Cultura y la Junta de Comunidades de Castilla‑La Mancha sobre la
organización de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo. Según este acuerdo, los fondos de esta
Biblioteca se dividen en dos grandes secciones: Históricos y Modernos, estableciéndose
que los fondos que se trasladarían a la primera planta del Alcázar serían los
de carácter histórico, integrados por las tres colecciones ya citadas en el
párrafo anterior. El punto segundo del acuerdo expresa: "...la voluntad del Ministerio de Defensa significa la solución
para albergar con dignidad la importante colección histórico‑bibliográfica de
la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, enriqueciendo de este modo el valor
monumental, cultural e histórico del Alcázar".
Los
sectores intelectuales y los medios de comunicación acogieron muy
favorablemente estos acuerdos, que rompían las dudas que empezaban a caer sobre el futuro de la
biblioteca en el Alcázar, especialmente por los cerca de cuatro años que habían
pasado sin que, al menos aparentemente, se
diesen pasos significativos. Como ejemplo, recordemos que el periodista
Baltasar Magro escribía en Ya el 23
de septiembre de 1990 un artículo titulado "El Alcázar y la ciudad de
todos", en el que podía leerse:
"El reciente acuerdo firmado
por el Ministerio de Defensa y el presidente de Castilla‑La Mancha el pasado
mes de Julio para instalar en el Alcázar los inestimables fondos de la
biblioteca Borbón‑Lorenzana empieza a poner las cosas en su sitio y representa
una iniciativa con pocos precedentes en el ámbito de la que fue calificada en
algún momento como imperial ciudad. Es una grata noticia para todos los que
amamos y nos sentimos cercanos a ese espacio...que hemos visto reducir con
criterios partidistas a una especia de frontera de las esencias patrias, muy
lejos de su principal característica como ciudad de pacto y encuentro entre
todas las creencias y culturas en las fracciones más vitales de su historia...
Con buen criterio, a mi entender, se abren ahora las puertas a todos los
ciudadanos sin exclusión...Con este paso no se pretende marginar ni restar
importancia a los hechos recientes del Alcázar. En el mismo lugar permanecerá el museo que
recordará, a quien lo desee, los acontecimientos de la Guerra Civil. Es por ello incomprensible que la resistencia
de unos pocos para convertir el monumento en patrimonio cultural de todos haya
impedido adelantar esta iniciativa. Los que reivindicaban un uso estrictamente
militar del conjunto participan del mismo espíritu que
ha evitado, desde hace bastantes años, cualquier ensayo con sentido
moderno en la ciudad...El acuerdo sobre el Alcázar permite revivir parte de su
historia y esperar con optimismo el futuro de una ciudad viva, otra vez, y para
todos".
El 1 de
marzo de 1991 el presidente de Castilla‑La Mancha, José Bono, y el ministro de
Defensa, Narcís Serra, firmaron un nuevo convenio para la instalación de los fondos históricos de la Biblioteca Pública
de Toledo en el Alcázar. El nuevo texto ratificaba los acuerdos de 1990,
autorizaba la incorporacion al Alcázar de Toledo de los "denominados fondos históricos de la Biblioteca Pública del Estado
en Toledo" y, también, autorizaba a la Consejería de Educación de
Cultura de Castilla‑La Mancha a que "efectúe
los estudios técnicos, obras y acciones necesarias para una adecuada
instalación de los fondos históricos en la ubicación prevista".
3.
Los intelectuales y el cambio de proyecto de 1994.
Probablemente
pocos temas han experimentado en Toledo la toma de posiciones de los
ciudadanos, especialmente del mundo de la cultura y la educación, como la
biblioteca pública. Basta acudir a las hemerotecas para comprender que los
toledanos han luchado en las dos últimas décadas para conseguir la
dignificación del servicio de lectura pública en nuestra ciudad. En los inicios
de los años ochenta se constituyó un Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública
que mediante manifiestos y gestiones ante el Ministerio de Cultura luchó
para que la entonces proyectada ampliación de la Biblioteca se llevase a cabo
utilizando la totalidad el convento de Santa
Fe, contiguo a la sede de la Biblioteca en el paseo del Miradero, y no
sólo una parte como pretendía el Ministerio, que había decidido que otra parte
de ese edificio fuese para el museo de Santa Cruz.
En
1994, ya adjudicadas las obras de remodelación de la primera planta del
Alcázar, más de un centenar de toledanos se posicionó claramente en contra de
la división de los fondos de la Biblioteca y luchó para que, en caso de
trasladarla al Alcázar, se hiciese de todos sus fondos y servicios. La
proyectada división había propiciado la oposición al proyecto de una biblioteca dividida en el Alcázar de
numerosas instituciones culturales y científicas, así como de los profesionales
de bibliotecas. El manifiesto publicado en la práctica totalidad de medios de
comunciación de la ciudad en febrero de 1994 dejaba claro el apoyo de los
intelectuales a la ubicación de la Biblioteca en el Alcázar pero, al mismo
tiempo, rechazaba el proyecto tal y como se había convenido entre las
Administraciones públicas: "...la
división de la Biblioteca de Toledo supone un atentado contra nuestro
patrimonio histórico, además de una duplicación de recursos económicos,
técnicos y humanos. El hecho, además, de que se traslade la colección de fondos
antiguos significa que se invierte precisamente en la sección de la biblioteca
menos necesitada, mientras que los ciudadanos seguirán careciendo de un
servicio bibliotecario público, moderno y amplio". Los firmantes del
manifiesto, que se autocalificaban como "personas
a las que nos une nuestra preocupación por la cultura, por la integridad de
nuestra Biblioteca y por el deseo de que en el futuro los toledanos, y en
general todos sus usuarios, podamos disponer de una gran y moderna
biblioteca", concluían el texto hecho público con tres claros
mensajes:
‑ Su
oposición a la división de la Biblioteca Pública Provincial de Toledo.
‑
Solicitan "un proyecto global de
ampliación, mejora y modernización de las instalaciones de la Biblioteca,
efectuado de manera coordinada por las Administraciones Públicas implicadas y
que cuente con la colaboración de los profesionales bibliotecarios"
‑
Finalmente, "para que no se
malgasten los fondos públicos, exigimos la paralización del actual proyecto de
instalación en el Alcázar de una parte de los fondos de la Biblioteca". Los
intelectuales declaraban que aceptarían cualquier ubicación de la
Biblioteca, bien en el Miradero utilizando para la ampliación el contiguo
convento de Santa Fe, como en el Alcázar, pero con una clara condición: "todas las instalaciones y servicios
bibliotecarios deberán permanecer unidos."
Estoy
convencido de que la cercanía entre los administradores públicos y los
ciudadanos ayuda a resolver los problemas. Esta
creo ha sido una de las claves del éxito
del Estado de las Autonomías. Si en la polémica generada en 1981 el Ministerio no arbitró solución
alguna y su única iniciativa fue archivar cualquier proyecto de mejora de la
Biblioteca de Toledo, castigando así a los toledanos a no poder disponer de un
servicio bibliotecario moderno y de calidad por la carencia de espacio y
servicios en la biblioteca del Miradero, ahora el Gobierno de Castilla‑La
Mancha, desde la cercanía, reaccionó con prontitud. Creo que hay que decirlo en
justicia: a principios de abril, el Consejero de Educación y Cultura, Santiago
Moreno, anunció la rectificación e hizo público el nuevo proyecto de la que
calificó como Biblioteca del
futuro". El Consejero, en una
comparecencia ante los medios de comunicación,
expresó su satisfacción porque próximamente se firmaría un nuevo
convenio con Defensa por el que se conseguían más metros cuadrados de
superficie de los inicialmente contemplados y ello facilitaba el traslado de la
totalidad de los fondos de la Biblioteca al Alcázar. Es cierto que esto suponía el cambio de
ubicación en planta, que en lugar de hacerse en la primera se pasaba a la
segunda. Pero, sin duda, esta sensibilidad del Gobierno de Castilla‑La Mancha
provocó la satisfacción entre los toledanos.
Además, esta importante iniciativa tenía dos consecuencias más:
‑ Quedó
claro que los toledanos apoyaban la utilización del Alcázar para sede de la
Biblioteca, y mucha de la oposición que algunos querían ver hacia esta
iniciativa era en realidad sólo hacia el tipo de prouyecto que se había
articulado inicialmente, de división de fondos.
‑ De
nuevo, las autoridades culturales de Castilla‑La Mancha pensaron en integrar
los servicios de biblioteca pública del Estado y Biblioteca Regional, como se pensó originariamente en 1986. Es decir, y
desde mi punto de vista, los toledanos, y especialmente los creadores,
educadores y pensadores, habían
impulsado al Gobierno Regional hacia un proyecto de biblioteca mucho más
ambicioso y más acorde con las recomendaciones técnicas biblitecarias de los
organismos internacionales (UNESCO, IFLA,...)
El 12
de mayo de 1994 se firmó el anunciado convenio, entre el presidente Bono y el
ministro de Defensa, Julián García Vargas. El apartado segundo del convenio era suficientemente explícito: en el protocolo de
1991 "no se contemplaba el traslado
de toda la Biblioteca Pública del Estado, considerándose posteriormente
conveniente este traslado integral, a fin de evitar los problemas y
dificultades que se derivarían de la separación de los fondos de la
...Biblioteca". Y en el apartado tercero se decía: "...el Alcázar no sólo realzará de este
modo sus contenidos museológicos y culturales, mediante la incorporación de
ciertos fondos de carácter histórico...sino que también enriquecerá los usos y
valores culturales del inmueble, a través de la integración de una biblioteca
de carácter general e incuestionable importancia". La solución para
los problemas de la Biblioteca de Toledo, paralizada desde el inicio de los
años setenta, y el camino hacia la
Biblioteca Regional eran ahora más correctos técnicamente: nos acercábamos al
proyecto de Biblioteca de Castilla‑La Mancha que pronto podrán disfrutar tantos
miles de ciudadanos.
4.
La realidad de la
Biblioteca de Castilla-La Mancha
La
Biblioteca de Castilla-La Mancha constituye el centro bibliográfico y cultural
más importante de la región. Las obras realizadas en el Alcázar de Toledo no
sólo permiten acoger el importantísimo tesoro bibliográfico depositado en la
Colección Borbón‑Lorenzada sino que, además, han hecho posible contar con una biblioteca que presta
servicio a la sociedad regional y, en particular, a la comunidad científica.
Por supuesto, el interés de sus colecciones patrimoniales hacen que la
Biblioteca situada en el histórico edificio del Alcázar sirva de referencia a
investigadores en las materias humanísticas y sociales en todo el mundo.
La Biblioteca está llamada a ser el centro de
recursos bibliográficos e informativos más importante de la región y,
paralelamente, un centro de actividad cultural relacionado con la creación
literaria, la historia del libro y la reflexión científica en asuntos básicos
para la cultura y la sociedad de Castilla‑La Mancha.
Pero,
aun con esa dimensión regional, nacional e internacional de la Biblioteca, no
debemos olvidar que los primeros grandes beneficiarios de este servicio público
serán los ciudadanos de Toledo. La capital de la Comunidad Autónoma se
beneficia directamente no sólo de un mejor acceso a sus importantes colecciones
bibliográficas sino que, además, cuenta con un centro bibliotecario que, sin
duda alguna, constituye la Biblioteca Pública que más amplios y modernos servicios preste en el país. Un centro
cultural vivo y dinámico, abierto a todos, que conjuga los servicios de acceso a la información con
el valor añadido de poder disfrutarlos en uno de los edificios emblemáticos de
la ciudad, cuidadosamente adaptado -en la planta que ocupa- para este servicio
esencial para la comunidad.
En el
pórtico del tercer milenio, la Biblioteca Regional armoniza también la imagen
de la historia de las bibliotecas. Librerías del siglo XVIII que pertenecieron
a la primitiva biblioteca arzobispal de Lorenzana, que ahora acogen en libre
acceso fondos relativos a Castilla-La Mancha; una librería del siglo XIX
constituirá la sala de investigadores, denominada "Borbón-Lorenzana"
como homenaje a estos arzobispos; espectacular resulta la nueva sala general de
lectura, que entronca con la tradición más clásica pero con un uso funcional; y
las nuevas tecnologías están muy presentes en la biblioteca, democratizando a
todos los ciudadanos el acceso a las bases de datos (CD-ROM,...) y a las redes
mundiales de información (INTENET), además de a los soportes ya más
convencionales (Compact Disc, video, etc.) en una moderna mediateca. Pero la biblioteca se concibe
de forma muy integral, de modo que en todas las salas de lectura se cuenta con
diversos puestos de acceso a la red informática de la biblioteca, a las bases
de datos en CD-ROM e incluso a
INTERNET, de modo que los usuarios que están utilizando servicios generales
puedan en un momento determinado hacer las consultar que precisen a través de
esos soportes y redes. Finalmente, es
reseñable que la biblioteca está realmente dirigida a todo tipo de públicos,
cumpliendo su carácter de biblioteca pública o general, aunque también se trate
en buena medida de una biblioteca especializada por el tipo de fondos que
conserva. Los niños y los más jóvenes disponen de sus propias salas, tambiénn
con acceso a los nuevos soportes y redes. Y las personas mayores, como el resto
de adultos, podrán disfrutar de una
cómoda y relajada lectura de prensa diaria y de información general sin ningún
tipo de limitaciones.
La
Biblioteca de Castilla-La Mancha acogerá dos importantes archivos fotográficos:
el fondo Rodríguez, fundamental para la historia, el arte y la vida cotidiana
de Toledo, y el de Escobar, importante testimonio de la vida de Albacete. De
igual modo se irán incorporando a la Biblioteca reproducciones fotográficas
relativas a nuestra región y que se conservan en distintos archivos y
bibliotecas del país; y se ha iniciado un plan de conservación y difusión del
patrimonio fotográfico que existe en las localidades de nuestra región, y
muchas de esas fotografías se están reproduciendo para que integren la
importante fototeca de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que constituirá una
sección denominada Centro Regional de
Fotografía.
La
biblioteca se ha concebido sin barreras, muy diáfana, con el atractivo añadido
de las maravillosas vistas de Toledo que pueden contemplarse desde sus
instalaciones. Y con una circulación muy fluida, de modo que todas las
generaciones de toledanos y, en general, de ciudadanos que acudan a la
Biblioteca puedan siempre contemplar a otros ciudadanos que aman el libro y la
información, que creen en la fuerza transformadora de la cultura y la educación
y que en la biblioteca pueden encontrar un buen servicio para el ocio. En esta
Biblioteca se cumple fielmente el Manifiesto de la UNESCO sobre la Biblioteca
Pública de 1994: "Este Manifiesto proclama la fe de la
UNESCO en la biblioteca pública como una fuerza viva para la educación, la
cultura y la información y como un agente esencial para el fomento de la paz y
del bienestar espiritual a través del pensamiento de hombres y mujeres".
*Revista
de Abenzoares, nº 6
(1999-2000); págs. 25-36. Escrito en 1998, este texto fue escrito originariamente
para el libro colectivo El Alcázar de
Toledo: Palacio y Biblioteca. Un proyecto cultural para el siglo XXI (Toledo:
Consejería de Educación y Cultura. Servicio de Publicaciones de la Junta de
Comunidades de Castilla-La Mancha, 1998), que coordinó mi buen amigo Fernando
Martínez Gil y que proyectamos desde la Consejería para su edición con motivo
de la apertura de la Biblioteca Regional.
Por diversas circunstancias, mi texto no fue incluido finalmente en el
libro, publicándose un tiempo después en esta revista.
Biblioteca de Castilla‑La Mancha: de utopía a realidad
domingo, 5 de octubre de 1997
Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997)
“Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997)”. Toletvm. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Año LXXX, Segunda época núm. 38 (1998); págs. 9-42.
Enlace: Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997)

martes, 1 de octubre de 1996
Nuevos tiempos para las bibliotecas de Castilla-La Mancha
“Nuevos tiempos para las bibliotecas de Castilla-La Mancha”. Educación y Biblioteca. Año 8, nº 72 (octubre 1996). Págs. 9-23.
Enlace: Nuevos tiempos para las bibliotecas de Castilla-La Mancha

miércoles, 26 de junio de 1996
La legislación bibliotecaria y el Estado de las Autonomías. El camino de la Comunidad de Castilla-La Mancha
“La legislación bibliotecaria y el Estado de las Autonomías. El camino
de la Comunidad
de Castilla-La Mancha”. Actas del VI Congreso Nacional de ANABAD. Archivos,
Bibliotecas, Centros de Documentación y Museos en el Estado de las Autonomías.
Murcia, 26, 27 y 28 de junio de 1996. Murcia: ANABAD-Murcia: Consejería de
Cultura y Educación, 1997. Págs. 297-324.
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