lunes, 13 de junio de 2005

A quién le importa



A quién le importa*



A quién le importa
que en más de dos mil pueblos de España
no puedan alimentarse de palabras.

A quién le importa
que en tantos barrios de grandes y medianas ciudades
la biblioteca pública sea todavía un manjar inalcanzable.

A quién le importa
que oleadas de  jóvenes destinen su tiempo de ocio a beber en la calle,
sin invitarles a descubrir todos los mundos que facilita un libro.

A quién le importa
que centenares de bibliotecarios municipales sigan suspirando
por un trabajo digno y estable.

A quién le importa
que haya políticos que sigan pensando que el libro
debe ser artículo de lujo y que desean decidir hasta
los títulos que deben comprarse con dinero público.

A quién le importa
la cara de tristeza de los niños que esperan
un bibliobús que tal vez nunca les llegará,
porque algún poderoso decidió que era un servicio muy caro
para tan escasos y alejados habitantes.

A quién le importa
que una biblioteca pueda cerrar sus puertas
porque alguien decidió libremente que no era un servicio necesario.

A quién le importa
que todavía en nuestro tiempo puedan inaugurarse
bibliotecas sin bibliotecario, y casi sin libros,
y tal vez sin soportes multimedia,
aunque dotada de fantásticos ordenadores para navegantes.

A quién le importa
que los Gigantes puedan demoler impunemente los sueños
de quienes trabajamos para que el libro sea compañero cercano
y cotidiano de las gentes que viven en todos los lugares.

A quién le importa
que tengamos que ahogar nuestras palabras,
que nos obliguen a silenciar nuestros retos,
y que hasta el aliento haya que contenerlo
por el miedo impuesto por  tanto demócrata advenedizo.

A quién le importa
que desciendan los presupuestos para bibliotecas
y se despilfarre el dinero público en espectáculos
que no son un servicio esencial comunitario.

A quién le importa
que tengas que sufrir en silencio,
que no puedas acudir al Defensor del Pueblo,
que tus ideas no puedas expresarlas en un medio,
que los planes estratégicos sean archivados sin respeto.

Y, sin embargo, siento esta tarde un susurro muy próximo.
Siento esta tarde el aliento cercano,
la mano tendida que me invita a seguir caminando.
Claro que a ti te importa, Señor.
Y ya percibo tu esfuerzo para mantener los corazones
repletos de esperanza.




* Escrito el 13 de junio de 2005. Recogido en el libro En defensa de la biblioteca pública (2012).

viernes, 1 de abril de 2005

Javier Docampo, caminante de esperanza



Javier Docampo, caminante de esperanza*

            Fue en octubre del 2002 cuando Javier Docampo llegó a Toledo, al Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha. De él, quienes le conocían, nos hablaron muy bien, tanto en las facetas profesional como personal. Pero fue un “fichaje” de intuición, teníamos deseo de acertar. Y sin duda dimos en el centro de la diana.
            Docampo venía a sustituir a Joaquín Selgas, fundador del puesto de Asesor de Libro y Bibliotecas, que a su vez había pasado a dirigir la Biblioteca de Castilla-La Mancha, tras la marcha a Madrid de Carmen Sañudo. Ya se ha dicho: Madrid nos da sus hijos, Castilla-La Mancha los robustece, y luego de nuevo la capital de España los apresa entre sus fauces gigantescas…Aunque es verdad que existen excepciones que confirman la regla.
            Al principio los compañeros del SERLAB estábamos un poco recelosos. Procedía Javier de la Biblioteca Nacional, en concreto del Servicio de Dibujos y Grabados, en el que había estado sus últimos trece años. Y venía al mundo de las bibliotecas públicas, a un mundo utópico donde cada día había necesidad de soñar para seguir viviendo. Llegaba a completar un equipo  cuya seña de identidad, la etiqueta identificativa, era ni más ni menos que la democratización del servicio de bibliotecas públicas para el conjunto de la población española y, desde luego, para la población de Castilla-La Mancha. Pero pronto pudimos comprobar que Javier era realmente parte de esa figura colectiva que nosotros llamábamos Un soñador para el pueblo. No hace falta explicarlo, creo.
            Pronto Javier descubrió que en el SERLAB una de las características era el número de proyectos que se ponían en marcha, siempre paralelamente, y con la nota predominante de la imaginación, porque los recursos económicos  nunca sobraron. Pero es verdad que la imagen de las hormigas, con su trabajo continuo y sin descanso nos estimulaba a seguir dando pasos que transformasen la realidad bibliotecaria de Castilla-La Mancha y, por ósmosis, de otras tierras. Y vimos en Javier su admirable capacidad de adaptación al medio predominantemente rural que es nuestra Comunidad, y su tenaz y siempre creativa capacidad de trabajo, y su respeto e ilusión desbordante por el trabajo en equipo…Un trabajo en equipo que siempre fue nuestra bandera…
            Pronto participó de la génesis de uno de nuestros proyectos más emblemáticos: el Plan de Desarrollo Bibliotecario Bibliotecas Públicas Siglo XXI. Y la Biblioteca Virtual, y el Catálogo Colectivo de la Red de Bibliotecas Pública, y las I Jornadas de Patrimonio Bibliográfico,… Y complejos informes que en horas veinticuatro pasaban de las musas al teatro, parafraseando a Lope.
            Luego le tocó en suertes otro Plan, el Regional de Lectura. Un Plan que fue presentado en sociedad por el Presidente del Gobierno Regional y que esperemos sea un proyecto sólido y duradero. Y que alcance los objetivos de política bibliotecaria que no hemos podido alcanzar en otros planes anteriores.
            Pero a lo que íbamos. Conocer a Javier Docampo ha sido un lujo, un placer al alcance de todos los que le tratan. Y trabajar con Javier Docampo, ha sido una preciosa y probablemente irrepetible aventura de esperanza, solidaridad, amistad y tesón. Ahora, su marcha al Museo del Prado, en calidad de Jefe de Área de Biblioteca de tan alta institución cultural, nos llena de alegría porque sabemos que allí se beneficiarán de su saber, de su buen hacer, de su profesionalidad. Pero, inevitablemente, nos llena de tristeza, porque se aparta de nosotros un verdadero caballero andante, un quijote del siglo XXI, un hombre que creyó, con nosotros, que el sueño de las bibliotecas para todos era posible.  Mucha suerte, Javier. Sabemos que marchas con las manos vacías, pero el corazón lleno de esperanza.


* Anaquel, Boletín de Libros, Archivos y Bibliotecas de Castilla‑La Mancha. Nº 30 (abril-junio 2005), p. 15.

martes, 1 de marzo de 2005

Bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: ocho años de desarrollo (1996-2005)


“Bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: ocho años de desarrollo (1996-2005)”. En colaboración con Javier Docampo Capilla. Educación y Biblioteca. Año 17, núm. 146 (marzo-abril 2005), págs. 53-61.

 Enlace:  Bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: ocho años de desarrollo (1996-2005)





jueves, 18 de noviembre de 2004

El derecho a no leer



El derecho a no leer*

            Como en todo catálogo  de derechos, la lista de los derechos de la lectura debe iniciarse por el derecho a no utilizarlo, es decir por el derecho a no leer. Es ésta la contundente opinión de Daniel Pennac en su obra Como una novela.  Personas que optan por ver una película en lugar de leer un libro; respetables y cultos ciudadanos que no tienen tiempo para leer o no sienten necesidad de leer; e incluso sensibles y apasionadas personas que entre sus grandes amores vitales no descubrieron el de la lectura y prefieren cualquier otra afición. Pero se supone que estamos hablando de gentes que tienen libros en su entorno, que conviven con libros, que atesoran libros en sus bibliotecas personales…; y, a pesar de tener a su disposición libros, renuncian cotidianamente, por distintos motivos, a adentrarse en sus páginas. Y son libres de hacerlo, sin duda.
            Por esta razón la mayoría de los estudios de hábitos de lectura no reflejan con fidelidad la realidad. Además de las muestras tan reducidas  que se utilizan, se analiza la compra de libros, el número de volúmenes en los hogares, etc., pero estos datos difícilmente sirven como  índices de lectura de los ciudadanos. Y así, reiteradamente, los sucesivos titulares del Ministerio de Cultura han lamentado los bajos índices de lectura existentes en nuestro país. Y para mitigar esa situación desarrollaron pomposas y costosas campañas de promoción de la lectura. Y cuentan voces autorizadas que al evaluar los resultados de esas iniciativas normalmente observaron que no mejoraba la situación.
            Y es que se equivocan los responsables ministeriales. No se trata de editar más libros (sabido es que España es una de las grandes potencias mundiales de la edición) ni de vender más libros (aunque la costumbre de comprar o de regalar libros sea saludable para todos, y necesaria para editores y libreros). Se trata de contar con una buena red de bibliotecas públicas en todo el país. Y esto, a pesar de los grandes avances experimentados en las últimas décadas, sigue siendo la asignatura pendiente de las políticas culturales españolas. Cuando la biblioteca pública esté verdaderamente en el corazón de las políticas diseñadas por los responsables de las Administraciones Públicas y, consiguientemente, los ciudadanos cuenten con servicios bibliotecarios bien dotados y cercanos, con colecciones actualizadas y con profesionales suficientes para atender esos servicios públicos; cuando la biblioteca pública sea realmente un derecho de todos los españoles, entonces veremos cómo cambian los índices de lectura.
            Aseguran que la mayor corrupción de un país es nombrar a personas inadecuadas para asumir las distintas responsabilidades  públicas. Tal vez pueda parecer exagerado, pero en buena medida he podido constatar esa idea en muchos casos, especialmente en el ámbito de la cultura y las bibliotecas, que siempre he seguido más de cerca. Ni los programas electorales de los grandes partidos españoles ni los programas culturales desarrollados por la mayoría de las administraciones públicas culturales han tenido a la biblioteca pública como llave de cultura, de referente democratizador, de vehículo para que los ciudadanos accedan a la Sociedad de la Información. Y, más grave: aunque sé que existen  honrosas excepciones que confirman la regla…, la mayoría de esos dirigentes careció y carece de la necesaria actitud utópica y profética para situar a España en el nivel de los países bibliotecariamente desarrollados.
            En este sentido recuerdo, a modo de ejemplo, una conversación sosegada que mantuve con el titular de la  Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura hace ya unos años. Viendo la estadística de bibliotecas públicas y los municipios españoles que contaban con este servicio, le mostraba mi preocupación por todos esos municipios pequeños (y no tan pequeños…) que carecían de biblioteca pública, por esos ciudadanos que no tenían derecho a leer. Yo imaginaba que me diría que habría que tener paciencia, que se tardaría décadas en resolver el problema, etc.; pero estaba equivocado: con tranquilidad me respondió que ese era el drama de los pueblos y que no había manera de conseguir que esos municipios pudieran acceder a servicios bibliotecarios. Y me sorprendió y dolió esa actitud desesperanzada y, sobre todo, carente de valentía y utopía para poder ir transformando la realidad. Por cierto que esa mañana, hace unos diez años,  nació en mí un firme deseo: al menos en Castilla-La Mancha conseguiremos la universalización de los servicios públicos de lectura e información. Y en esas andamos…
            Aunque la lectura y la información construyen ciudadanos libres y son una vía para edificar una sociedad más justa y democrática, respeto el derecho a no leer de quienes, pudiendo hacerlo, renuncian a ello. Pero hoy alzo mi voz en nombre de los hombres y mujeres que viven en zonas rurales, en pequeños pueblos; de tantas personas que viven en los barrios de las grandes ciudades; en nombre de quienes el Estado les niega reiteradamente el derecho a leer y a estar libremente informados. Hoy quiero hablar en nombre de los habitantes de esos 3.200 municipios españoles que no pueden acceder al libro y la lectura como fuente de información, de educación o de ocio. Y también en nombre de quienes en sus municipios cuentan con servicios bibliotecarios insuficientes o inadecuados. Para que todas estas personas disfruten del derecho a no leer, antes el Estado debe garantizarles el derecho a leer a través del mejor cauce, el más democrático, el que por ser gratuito garantiza la igualdad para todos los ciudadanos: la biblioteca pública.
            Alzando hoy mi voz, también quiero expresar públicamente mi respetuoso homenaje a tantos alcaldes y alcaldesas de cientos de pueblos españoles que, aun no teniendo obligación legal de poner en marcha una biblioteca pública, lo han hecho con esfuerzo e ilusión. Unas veces con ayudas de otra Administración Pública y otras muchas sólo porque han descubierto que la biblioteca pública es un servicio básico imprescindible, socialmente necesario e, incluso, políticamente rentable. ¡Qué mérito tienen! ¡Descubrieron que la cultura es un arma cargada de futuro y de esperanza! De igual forma mi homenaje a los bibliotecarios y bibliotecarias que con su dedicación y su profesionalidad hace que la biblioteca sea uno de los centros neurálgicos de los municipios.
            Una de las virtudes de la democracia es que los mediocres y quienes no desempeñan correctamente su cargo público suelen sufrir un varapalo de los ciudadanos en las siguientes elecciones. Por ello, para terminar, un consejo: no voten a quienes desdeñan la biblioteca pública; no apoyen a quienes teniendo responsabilidades en las políticas culturales consideran que la biblioteca pública es un servicio que no precisa recursos y que es un lujo que no puede estar al alcance de todos los ciudadanos. Vamos, que quienes no creen en la biblioteca pública se alejen de responsabilidades públicas que no se merecen…


* Originariamente fue escrito para el libro Palabras por la Biblioteca. Edición a cargo de Javier Pérez Iglesias. Toledo, Consejería de Cultura. Asociación Cultural Educación y Biblioteca, 2004 págs. 205-208.  Coincidiendo con la celebración del II Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas se publicó en la prensa regional, concretamente en La Tribuna de Toledo (18 de noviembre de 2004, pág. 3) y en las otras seis ediciones de este medio de comunicación en Castilla-La Mancha (La Tribuna de Albacete, La Tribuna de Ciudad Real, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, La Tribuna de Puertollano y La Tribuna de Talavera). También  fue recogido en el libro Combates por la Biblioteca Pública en España (2006), páginas 313-316.

miércoles, 17 de noviembre de 2004

Planificación de redes autonómicas de bibliotecas: balance del primer año del Plan Bibliotecas Públicas Siglo XXI Castilla-La Mancha


Planificación de redes autonómicas de bibliotecas: balance del primer año del Plan Bibliotecas Públicas Siglo XXI Castilla-La Mancha”.  En colaboración con Javier Docampo Capilla. Comunicación presentada al II Congreso Nacional de Bibliotecas. En: Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas (2º. 2004. Salamanca). La biblioteca pública: compromiso de futuro: actas / II Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, Salamanca, 17, 18 y 19 de noviembre de 2004.- Madrid: Ministerio de Cultura, Subdirección General de Información y Publicación, 2004.- P. 161-171

 


Resumen: La necesidad de planificación para un desarrollo correcto y sostenido de los servicios públicos, incluidos los bibliotecarios, parece hoy fuera de toda duda. La comunicación analiza los antecedentes y principales aspectos del Plan de Desarrollo Bibliotecario 2003-2006 Bibliotecas Públicas Siglo XXI Castilla-La Mancha, que, a través de un conjunto de ochenta medidas que abarcan todos los aspectos de la realidad bibliotecaria, pretende que el 100% de la población castellano-manchega disponga de servicios bibliotecarios de calidad. Se estudia la evolución de varias de sus medidas a lo largo del primer año de su puesta en marcha y hasta qué punto éstas han incidido en el desarrollo de la Red de Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha.


 


viernes, 15 de octubre de 2004

La biblioteca pública, derecho de los ciudadanos


“La biblioteca pública, derecho de los ciudadanos”. Actas del “Foro Biblioteca y Sociedad: Experiencias de innovación y mejora”, Murcia. 14-16 de octubre de 2004 Boletín ANABAD, LIV (2004), núm. 1-2, enero-junio, págs. 29-65.

Enlace: Presentación de la ponencia: La biblioteca pública, derecho de los ciudadanos 


 

domingo, 26 de septiembre de 2004

Bibliotecas Públicas y desigualdades




Bibliotecas Públicas y desigualdades*

         Escucho reiteradamente a altos responsables públicos de nuestro país o de las comunidades autónomas un viejo grito: “todos los españoles tenemos los mismos derechos”, o “debemos velar para que todos los españoles tengan los mismos derechos”, …o frases parecidas.  Y ello en múltiples temas: educación, sanidad, vivienda,… Sin embargo son pocos los políticos que se hayan pronunciado sobre el derecho de todos los españoles a leer, a informarse, a educarse permanentemente mediante uno de los servicios públicos que aún tienen una consideración como de segunda fila, no esenciales: la biblioteca pública.
            Vivimos en una sociedad que desea tener unas propiedades que la conviertan en la llamada Sociedad de la Información y del Conocimiento. Y se hacen planes para extender internet, se ofrecen cursos de alfabetización digital, se quiere construir progresivamente una administración electrónica, y grandes empresas del sector y entidades intentan facilitarnos eso de “poner un PC en nuestra vida”. Pero no proliferan los políticos o incluso los intelectuales que proclamen su confianza en una institución tan respetada por la UNESCO y de tan fuerte implantación en países anglosajones, escandinavos, etc. como es la biblioteca pública.
            España ha dado sin duda un gran salto en las últimas dos décadas en cuanto al desarrollo de servicios públicos de lectura e información, que es lo que son realmente las bibliotecas.  Ministerio de Cultura, Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales han realizado esfuerzos para crear, modernizar o desarrollar bibliotecas públicas. Sin duda, las estadísticas son un fiel reflejo de este avance que, como en tantos otros campos de los servicios públicos, ha experimentado España.
            Pero me parece que uno de los factores más preocupantes sigue siendo la bastante generalizada carencia del reconocimiento de este derecho ciudadano. Aunque la Constitución Española reconoce el “acceso a la cultura” como un derecho de todos los españoles (art.  44) y también el derecho a “recibir libremente información veraz” (art. 20.1.d) o, genéricamente, el “derecho a la educación” (art. 27), estos tres pilares que constituyen la misión de la biblioteca pública (cultura, información y educación permanente) no han logrado convertirse jurídicamente en un  derecho que revierta en la universalización o democratización del acceso de los españoles a servicios de biblioteca pública.
            Si analizamos las grandes o medianas ciudades españolas, las estadísticas nos hablan de carencias de bibliotecas en muchos de sus barrios, de colecciones obsoletas e insuficientes. En general, con excepciones que confirman la regla,  estas ciudades no han implantado redes urbanas de bibliotecas públicas en consonancia con el desarrollo que los servicios sanitarios, educativos, comerciales, deportivos, etc. han tenido en esos mismos municipios. Podemos afirmar que el mosaico español es en cuanto a bibliotecas públicas un fiel reflejo de la desigualdad de los ciudadanos para acceder a servicios bibliotecarios.
            Pero esta desigualdad se agrava en los municipios más pequeños. La Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local, única legislación de carácter nacional que establece como servicio básico y obligatorio la biblioteca pública en los municipios, sólo obliga a los mayores de 5.000 habitantes, y en este caso tampoco define qué tipo de servicios deben prestarse en los municipios en razón a su población. Por esta razón, la puesta en marcha de servicios bibliotecarios ha tenido y tiene mucho que ver con la voluntad política de los dirigentes públicos. Es decir, la voluntariedad y luego el reconocimiento de que las bibliotecas públicas son socialmente necesarias y políticamente rentables han servido de estímulo para crear o potenciar servicios bibliotecarios. Lógicamente, esa voluntariedad ha chocado aún más con los condicionantes presupuestarios en los municipios más pequeños. Los más recientes datos hechos públicos por el Ministerio de Cultura y las Comunidades Autónomas, correspondientes al año 2002, son verdaderamente escalofriantes: aproximadamente 3.200 municipios españoles carecen de cualquier tipo de acceso a servicios de biblioteca pública. Es cierto que ese altísimo porcentaje de los municipios españoles que no tienen biblioteca o no reciben servicios de biblioteca móvil se corresponde globalmente con un 4% de la población, pero los españoles no pueden sufrir discriminación alguna en razón de su residencia. Además, aunque estadísticamente se considere que una ciudad determinada tenga cubierto el servicio porque exista una biblioteca para 50.000, 70.000 o incluso más habitantes, no podemos aceptar esta hipocresía estadística. ¿Se imaginan ustedes una ciudad de esa población con un único Instituto de Bachillerato o con un único Centro de Salud? Pues en bibliotecas es bastante corriente.
            A falta de una Ley de Coordinación Bibliotecaria estatal, que sirva de Ley-marco para el conjunto del país, las legislaciones autonómicas, distintas y distantes en forma, tiempo y características de los servicios de biblioteca pública, no han resuelto en la mayoría de los casos la pregunta crucial de quién tiene la obligación de crear y sostener una biblioteca pública. En muchas regiones el listón para crear bibliotecas públicas se situó en los 5.000 habitantes que marcó la Ley de Bases de Régimen Local. Otras optaron por los 3.000 habitantes que tradicionalmente recomendaba la UNESCO. Hay regiones que han sido más democratizadoras de este derecho y situaron en 2.000 e incluso en 1.000 habitantes la frontera para que el municipio contase con biblioteca pública. Estas legislaciones, junto al desarrollo de planes bibliotecarios más progresistas o a programas regionales que han venido apoyando financiera y técnicamente el desarrollo de bibliotecas públicas municipales,  han colaborado en articular un mosaico bibliotecario verdaderamente desigual de unas regiones a otras y entre unos municipios y otros. 
            Algunos de los indicadores del año 2002 son verdaderamente expresivos: en cuanto a colecciones, con una media de 1,18 libros u otros soportes por habitante, frente a la ratio de  2,2 que tiene Castilla-La Mancha y que constituye el mejor dato español, están Andalucía o Murcia, con sólo 0,7 por habitante, Madrid con 0,8, la Comunidad Valenciana con 1,0 o Cataluña con 1,19.  El gasto en adquisición de colecciones es también significativo: con una media lamentable de 0,70 euros/habitante, Castilla-La Mancha figura a la cabeza con 1,57 frente a 0,34 de Andalucía, 0,37 de Aragón o 0,.49 de Murcia.  Respecto al gasto total en bibliotecas por habitante, con una media de 7,67 euros/habitante, figuran a la cabeza Cataluña y Castilla-La Mancha, respectivamente con 11,08 y 10,68 euros, frente a los 3,58 de Andalucía.  Este desigual gasto, que sitúa a regiones tradicionalmente pobres como Castilla-La Mancha a la cabeza en muchos de los indicadores, refleja las políticas estables y de decidido apoyo a las bibliotecas municipales, frente a Comunidades en las que los municipios no han gozado de similares apoyos de su correspondiente Administración Autonómica.  El mayor gasto en bibliotecas se corresponde con unas bibliotecas más dinámicas y con mejores servicios. Así, por ejemplo, si analizamos las actividades culturales de las bibliotecas, con una media del 68% de bibliotecas que organizan actividades, están  en los puestos más altos Cataluña (91%),  Canarias (88,5) y Castilla-La Mancha (85%), frente a Navarra (46%) y Andalucía y Valencia (ambas con el 58%).
            Desde hace más de una década vengo reclamando que, mediante el consenso de las Comunidades Autónomas y el Ministerio de Cultura,  las Cortes Generales puedan aprobar una Ley que determine las características básicas del servicio de biblioteca pública en España y legisle en cada caso qué administración está obligada a desarrollar los distintos servicios bibliotecarios. Un paso necesario sería la celebración de una Conferencia Sectorial de Cultura dedicada a analizar y buscar soluciones para que las bibliotecas públicas dejen de ser una de las clásicas asignaturas pendientes de las políticas culturales de las distintas Administraciones Públicas españolas.
            Aunque incluso hay profesionales que proclaman que el Ministerio nada tiene que hacer en esta tarea, nuestra Constitución dejó muy clara la resolución de estas desigualdades: “El Estado tiene competencia exclusiva sobre…la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos…” (art. 149.1.1ª) Y por si aún hay alguien que tenga dudas, recordamos otro texto constitucional:  “El Estado podrá dictar leyes que establezcan los principios necesarios para armonizar las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, aun en el caso de materias atribuidas a la competencia de éstas, cuando así lo exija el interés general.  Corresponde a las Cortes Generales, por mayoría absoluta de cada Cámara, la apreciación de esta necesidad” (art. 150.3).
            Consiguientemente, la Ministra de Cultura, tan parca hasta el momento en compromisos que puedan dar idea de que el Ministerio va a tener entre sus prioridades una política bibliotecaria acorde con las necesidades de los ciudadanos del siglo XXI, no puede seguir mirando a otro lado. Si busca la “excelencia cultural”, las bibliotecas públicas deben situarse en el corazón de toda política cultural. De no ser así, fracasarán. Y, si no, al tiempo.


* La Tribuna de Toledo (26 y 27 de septiembre de 2004), pág. 3. Este artículo se publicó también, los mismos días,  en las otras seis ediciones de este medio de comunicación en Castilla-La Mancha (La Tribuna de Albacete, La Tribuna de Ciudad Real, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara,  La Tribuna de Puertollano y La Tribuna de Talavera).

viernes, 23 de abril de 2004

Declaración Institucional sobre la Lectura Pública



Declaración Institucional sobre la Lectura Pública*

            Como Portavoz del Ejecutivo tengo, también, que darles cuenta de que en este  primer Consejo de Ministros ordinario, y por iniciativa del Sr. Presidente del Gobierno, se ha aprobado la siguiente Declaración Institucional:

            “En una fecha tan singular, en la que celebramos el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, el Gobierno desea proclamar su confianza en el libro, la lectura, la información y, especialmente, en los centros que en nuestro tiempo están llamados realmente a democratizar el acceso de todos los ciudadanos a estos medios:  las bibliotecas públicas.
            Vamos caminando hacia el año 2005, en el que en todo el mundo se conmemorará el IV Centenario de la primera edición de la obra literaria  más inmortal: Don Quijote de la Mancha. Y hoy el Consejo de Ministros quiere impregnarse del idealismo del caballero manchego y anunciar las primeras medidas que el Gobierno va a poner en marcha para garantizar el acceso libre y gratuito de todos los españoles y españolas a la Sociedad de la Información y del Conocimiento a través del mejor cauce que existe para todos los sectores de la población: la biblioteca pública.
            Estamos asistiendo en los últimos días a una verdadera movilización puesta en marcha por bibliotecarios a favor de que las bibliotecas públicas queden exentas por la Unión Europea del pago del canon por el préstamo de libros. A lo largo y ancho de todo el país se están desarrollando actos de información, recogidas de firmas,…Centenares de  autores han expresado su apoyo a la biblioteca pública, manifestando su deseo de renunciar a sus derechos cuando se trate del préstamo de sus libros en bibliotecas públicas. El Gobierno no puede ser insensible a estas justas reivindicaciones y ha dado instrucciones a la Ministra de Cultura para que con rapidez se plantee a las Instituciones Comunitarias esta excepción al pago previsto en la Directiva comunitaria.
            Pero el Gobierno entiende que esta cuestión no es ni mucho menos el problema más grave que afecta a las bibliotecas públicas españolas. Desde hace décadas se vienen alzando voces, especialmente representativas del sector profesional de las bibliotecas, a favor de que exista una política de Estado en materia de lectura pública. Es cierto que las competencias, junto a las de coordinación en materia cultural que conserva la Administración General del Estado, son compartidas por las Administraciones Autonómicas y Locales. Pero la confianza en la educación, la información y la cultura como factores de desarrollo personal y social, así como los derechos constitucionales para garantizar estos valores, llevan al Gobierno de España  a anunciar importantes medidas, que como Portavoz me complazco en comunicar a todos ustedes:

            1ª) La Titular del Ministerio de Cultura convocará a los consejeros autonómicos a una Conferencia Sectorial para debatir la situación de la Biblioteca Pública en España y estudiar de forma conjunta las iniciativas a desarrollar, desde el talante de consenso y cooperación con las Comunidades Autónomas que el Presidente anunció en su discurso de investidura.
            Creo que no es preciso reseñar la importancia de esta Conferencia, primera que se celebrará en el ámbito de la cultura en nuestra historia democrática.

            2ª) Con independencia de los acuerdos que puedan tomarse en dicha Conferencia, el Gobierno desea impulsar desde hoy mismo un Plan Nacional de Fomento de la lectura y las Bibliotecas Públicas. Las bases de este Plan, que será consensuado con las  Comunidades Autónomas, serán presentadas por el Gobierno al Congreso de los Diputados antes de que finalice el presente año.

            3ª) Como garantía de que la anterior iniciativa se gestiona con la urgencia y rigor necesarios, se ha acordado el nombramiento de un Delegado del  Gobierno para el Plan de Fomento de la Lectura y de las Bibliotecas Públicas, adscrito a la Presidencia del Gobierno. Este nombramiento se materializará en el próximo Consejo de Ministros. Por supuesto que sus trabajos estarán coordinados con los realizados por el Ministerio de  Cultura a través de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas.

            4ª) El Gobierno va a proponer al Director General de la UNESCO que el año  2005 sea declarado AÑO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA”. Y ello porque entendemos que el mejor homenaje que podemos hacer a la obra de Cervantes es proclamar los valores de la biblioteca pública como centros neurálgicos de encuentro y en los que las personas tengan a sus disposición todos los registros de la palabra y de la información.

            5ª) Finalmente, el Gobierno confía que los trabajos desarrollados en el Plan de Fomento permitan articular un verdadero Pacto por la Lectura Pública y las Bibliotecas, en el que, partiendo del reconocimiento de la autonomía municipal y de las regiones y nacionalidades españolas, pueda hacerse realidad el acceso igualitario y sin discriminaciones de todos los ciudadanos a este servicio público esencial que es la biblioteca pública. En este Pacto el Gobierno quiere contar, lógicamente, con la voz de los autores, de los editores, de los bibliotecarios  y de distintos sectores y agentes socioculturales.

            Todas estas iniciativas están en el espíritu del Manifiesto de la UNESCO sobre la Biblioteca Pública de 1994, que señala: “Para lograr la cooordinación y cooperación bibliotecaria a nivel nacional, la legislación y los planes estratégicos han de definir y promover, también, una red nacional de bibliotecas, basada en normas de servicio convenidas”.
En este sentido, con estos acuerdos el Gobierno de España desea asumir su papel en la consecuención de una política de Estado en materia de promoción del libro y, en general, de servicios de lectura pública; una política bibliotecaria que sea el resultado de coordinar y sumar las políticas ya en marcha o que puedan desarrollarse  en este rico mosaico pluricultural que es la  España de las Autonomías.

            Esta Declaración va a ser comunicada hoy mismo a todos los Presidentes autonómicos.

            Antes de que formulen ustedes las preguntas que deseen a la Sra. Ministra de Cultura, quiero hacerles entrega de una pequeña joya bibliográfica: se trata de una edición del libro del poeta León Felipe Versos y Oraciones de caminante (1920) que por iniciativa del Sr. Ministro de Defensa se ha impreso para conmemorar esta importante reunión del Consejo de Ministros que ha coincidido con la celebración del Día Mundial del Libro. Se ha elegido precisamente un libro poético siguiendo la invitación que para la edición del Día del Libro del presente año ha hecho el Gobierno de Castilla-La Mancha bajo el lema: “Descubre un mundo lleno de poesía”.
            Muchas gracias.





* Era el 23 de abril de 2004, Fiesta del Libro y del Derecho de Autor. En el Palacio de la Moncloa se reunía en su primera sesión ordinaria el Consejo de Ministros,  presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. En esa mañana, a través de la lista Públicas, distribuí un correo electrónico con el siguiente texto:
                “Según fuentes generalmente bien informadas, el Consejo de Ministros de hoy, primero de los celebrados con carácter ordinario por el Gobierno de España, presidido por Zapatero, ha aprobado una serie de medidas relacionadas con el canon del préstamo de libros y la política nacional de bibliotecas.
Con la reserva lógica, se adjunta el texto al que he tenido acceso y que en rueda de prensa hará público la Portavoz del Gobierno.
Se trata de medidas realmente muy importantes y que muchos llevamos esperando décadas.
Seguiré informando...
Por supuesto, ¡FELIZ DIA DEL LIBRO Y DE SAN JORDI!  para todos y todas.
Un cordial saludo.  Juan Sánchez Sánchez, Jefe del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha”
                El correo adjuntaba la Declaración Institucional sobre la lectura pública, que yo había redactado en mi casa durante la madrugada del 23.
A las 13:33 remití a Públicas un nuevo correo con el siguiente texto:
Al parecer, finalmente el Consejo de Ministros no ha aprobado la Declaración Institucional sobre Lectura Pública que se había "filtrado" esta mañana...Espero disculpeis esta pequeña licencia literaria. El Día del Libro, además de leer, hay que escribir. Porque la pasión por leer tiene que llevar a la pasión por escribir y ...por soñar.
Esta ficción literaria está en línea con la que presentamos al I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas que se celebró en Valencia en octubre del 2002, en la comunicación "La Biblioteca Pública ¿un derecho de todos?". Está disponible en el Portal Travesía. http://www.mcu.es/lab/bibliote/travesia_actas/pdf/sumario.pdf . Es decir, necesitamos seguir soñando y escribiendo.  Y tal vez los políticos, especialmente el nuevo equipo de Zapatero, decidan poner en la cresta de la ola a las bibliotecas públicas en España.
Soñar, como el préstamo de libros en las bibliotecas, es gratuito.  Y ¿quién puede poner límites a nuestros sueños?
Con afecto, y reiterando mis mejores deseos para este Día del Libro,
Un cordial saludo. Juan Sánchez Sánchez, Jefe del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas”
                Públicas distribuyó este nuevo correo un poco más tarde de lo habitual (15:22 horas) por lo que muchos profesionales no vieron  esta “explicación”. El primer correo corrió como la espuma y las reacciones fueron muchas. Lo impresionante es que se dió crédito a la Declaración y se pensó que yo realmente estaba anticipándome a la rueda de prensa de la Portavoz del Gobierno.
                Recibí numerosos mensajes. Trascribo unas palabras de Roser Lozano, directora de la Biblioteca Pública del Estado en Tarragona: “Encantador el texto... me ha emocionado de veras, creo que en este país estamos volviendo a renacer, a volver a tener ilusión...gracias por tu envio del texto, es la mejor forma que podria haber tenido para celebrar el Sant Jordi…”
                También algunos profesionales se molestaron al descubir que todo era una ficción….

martes, 1 de julio de 2003

Los autores de un libro: El Plan de Bibliotecas Siglo XXI, una obra colectiva



Los autores de un libro:
El Plan de Bibliotecas Siglo XXI, una obra colectiva*


            Recientemente mi antiguo profesor y hoy amigo Ramón Gonzálvez, canónigo bibliotecario y archivero de la Catedral de Toledo, ha pronunciado en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo la conferencia de apertura del curso de esta Institución cultural, sobre la llamada Biblia de San Luis, una de las joyas que se conservan en la biblioteca capitular toledana. A propósito de esta obra, Gonzálvez recordó la teoría del Rey Alfonso X el Sabio sobre la autoría de los grandes proyectos culturales: un palacio no lo construye sólo el arquitecto que dirige las obras sino quien pensó, quien soñó, quien alentó la construcción de ese edificio; igual ocurrió con la maravillosa Biblia de San Luis: quienes con su mecenazgo posibilitaron que esa idea cobrase vida comparten el éxito, la gloria de su obra, con los tipógrafos, iluminadores, encuadernadores y otros profesionales del libro que participaron en esa regia empresa.
            Recuerdo ahora esta tesis para agradecer a tantos compañeros y compañeras de toda España, e incluso de otros países, la acogida que están dispensando al Plan de Desarrollo Bibliotecario (2003-2006) Bibliotecas Públicas Siglo XXI. Estamos también ante una obra colectiva, que se publicó en las postrimerías de la Legislatura pasada con un lema que pretende difundir en nuestra región la importancia de la biblioteca pública en nuestra sociedad: Descubre el mundo en la biblioteca. Nos llegan muchas peticiones de información, claves sobre determinados programas o proyectos, palabras de esperanza,...Pero la pregunta probablemente más compleja me la han hecho en San Sebastián, en las I Jornadas Bibliotecarias  del País Vasco, donde participé en una de las mesas redondas invitado para exponer la experiencia de nuestra Comunidad Autónoma en materia de formación de profesionales y del programa de ayudas para la Contratación de Bibliotecarios municipales. “¿Pero cómo ha nacido este Plan? ¿De arriba a abajo, o de abajo a arriba?”
            Inmediatamente me vinieron a la cabeza las palabras de Gonzálvez, y recordé brevemente esta teoría del Rey Sabio. A continuación dije algo así: este libro, este Plan, es realmente un hermoso proyecto colectivo. Fue alentado por el Consejero y la Viceconsejera de Educación y Cultura, José Valverde y Elisa Romero respetivamente, y recibió el apoyo expreso del Presidente del Gobierno de Castilla-La Mancha, José Bono, convirtiendo esta iniciativa de la Consejería en un verdadero Plan del Gobierno Regional. En la nueva Legislatura, con la refundación de la Consejería de Cultura, el Plan ha sido retomado y relanzado por quienes tienen la responsabilidad política de las políticas bibliotecarias: Araceli Muñoz, Consejera, y José Martínez Guijarro, Director General de Promoción Cultural y Artesanía.  Ésta es la grandeza de las obras que se planifican para un tiempo más largo: que a unos les toca sembrar, a otros cuidar esas semillas para que fructifiquen y tal vez a otros cosechar....
            Sí, quienes dirigen políticamente nuestra Consejería, y quienes dirigieron la anterior, tienen y tuvieron la tarea imprescindible de llevar a buen puerto la nave, de guiar el camino, de luchar para conseguir los recursos que se precisan para este noble empeño de universalizar en toda la región el derecho de los castellano-manchegos de acceder a servicios bibliotecarios de calidad y acordes con la Sociedad de la Información y del Conocimiento que alumbra este naciente Siglo XXI.
            Pero no están solos en tan difícil reto: hace tiempo comprendí que toda obra emprendida por una Administración Pública precisa del trabajo conjunto de políticos y de técnicos, y aún más: es preciso mirar juntos y en la misma dirección. Y todavía más: como en la bella historia de El Principito, es necesario domesticarse, comprenderse mutuamente. De esa conjunción de esfuerzos y de ilusiones; de ese crisol de ideas y experiencias, los proyectos saldrán fortalecidos y podrán ser desarrollados con mayor firmeza para que realmente lleguen a los ciudadanos, a la sociedad a la que la Administración Pública se debe.
            En este sentido no importa de quién fuera la idea, si del Príncipe o del tipógrafo, si del político o del técnico. Si el Plan de Bibliotecas Públicas Siglo XXI llega a buen puerto, seguramente el mérito será de toda la sociedad regional. Es cierto que este Plan ha sido meditado, reflexionado con profundidad en el Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas. Pero no es menos cierto que aquí hemos dispuesto de todo el apoyo político a esta iniciativa y de las experiencias y el conocimiento de muchísimos profesionales. Entonces, junto a los ya citados, el Plan es también la obra de Javier; Docampo, Oscar Arroyo y Lola Membrillo, del Servicio Regional; y es también hijo de Joaquín Selgas, Alicia Arellano y otros nombres de la Biblioteca de Castilla-La Mancha; y ha bebido de propuestas de Modesto Triviño, Angel García Méndez y otros compañeros y compañeras que desde las Secciones Provinciales trabajan cada día para que los servicios de biblioteca pública se desarrollen adecuadamente en sus municipios; y ha contado con opiniones y sugerencias  de Begoña Marlasca, Juan Manuel de la Cruz, Emma Alonso y otros profesionales de nuestras Bibliotecas Públicas del Estado. Y ha nacido también este Plan para corregir los desequilibrios y los problemas que cotidianamente nos han transmitido tantos y tantas bibliotecarios y bibliotecarias municipales que vienen aportando su esperanzado trabajo al servicio de sus conciudadanos.
            Sí, en verdad el Plan de Bibliotecas Públicas Siglo XXI es obra de la madurez de una Comunidad Autónoma. La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha ha liderado la transformación paulatina de nuestra Red de Bibliotecas Públicas, pero las Administraciones Locales, singularmente los ayuntamientos, están respondiendo a este reto, y participando del objetivo que nos marcamos hace años de corresponsabilidad y cofinanciación, podemos calificar de cada vez más modélico el interés que están demostrando los municipios en los servicios de biblioteca pública.
            El Plan, en suma, es un hermoso sueño colectivo en el que muchas personas han participado y, lo que es más importante, están cada día prestos a ganar a más adeptos  a esta  utopía que es la biblioteca pública como derecho para todos y para todas.



* Anaquel, Boletín de Libros, Archivos y Bibliotecas de Castilla‑La Mancha. Nº 23 (julio-septiembre 2003), p. 42.