viernes, 17 de febrero de 2006

Bibliotecas de Castilla-La Mancha, una constelación de estrellas para nuestro tiempo



Bibliotecas de Castilla-La Mancha, 
una constelación de estrellas para nuestro tiempo.*


            He dicho a veces que tengo dos pasiones: Las bibliotecas públicas y mi tierra, Castilla-La Mancha. En realidad, en los últimos años el binomio se ha fundido y mi pasión han sido las bibliotecas de Castilla-La Mancha. A ellas he dedicado buena parte de mis energías desde hace dieciséis años, aunque mi vinculación personal y en parte profesional con las bibliotecas ha sobrepasado el listón de las tres décadas, concretamente desde 1973.  Es verdad que esta pasión escapa ya de los límites geográficos regionales, y que al menos en la última década he luchado por un objetivo más general: propagar la idea de que la biblioteca pública es un derecho de todos los españoles.
            Desde el año 1991, cuando asumí la responsabilidad del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas (SERLAB), he tenido la satisfacción de colaborar con sucesivos equipos políticos de la Consejería de Cultura (durante muchos años, de Educación y Cultura) en el desarrollo de la política bibliotecaria para nuestra región. Lógicamente el trabajo conjunto de muchas personas, tanto desde la Consejería como desde los ayuntamientos y las propias bibliotecas, ha dado abundantes frutos, que los datos estadísticos de que hoy disponemos muestran certeramente.
            He utilizado a menudo la imagen de la sembradura para definir el tipo de trabajo que desde hace dos décadas hemos hecho en Castilla-La Mancha por las bibliotecas públicas. Y, a pesar de las sequías propias de nuestra tierra, el trabajo continuado y la lluvia fina han hecho que poco a poco vayamos viendo los frutos. En las recientes II Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Mancha el equipo de profesionales del  SERLAB utilizamos una nueva imagen: somos sembradores de estrellas. Si cuando empezamos la andadura autonómica Castilla-La Manca contaba con 154 bibliotecas públicas, a finales de 2004 el número de bibliotecas y salas de lectura públicas era  ya de 515. Cada una de estas bibliotecas es como una estrella para su municipio, aunque a veces todavía tenga una débil luz porque sus colecciones bibliográficas o multimedia, sus servicios, la propia situación del bibliotecario o la proyección de la biblioteca en su comunidad no sean representativos de un servicio público tan estratégico e importante como es la biblioteca pública. Pero potencialmente estamos ante una verdadera constelación de estrellas,  un conjunto de servicios bibliotecarios que convierte a Castilla-La Mancha en un referente para el conjunto del país, 515 bibliotecas llamadas a convertirse en una red de servicios integrados que ofrezcan a la sociedad regional los beneficios de la Sociedad de la Información y del Conocimiento de forma gratuita y democrática.

            Pero hay que proseguir, pues aún queda mucho camino por recorrer. Por ello, recientemente, en las citadas II Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Mancha, presenté, junto con mis compañeros del SERLAB, una ponencia en la que planteamos diez propuestas para el futuro de las bibliotecas públicas de nuestra Comunidad Autónoma: una nueva Ley de Bibliotecas, fomentar la lectura mediante el trípode familia, escuela, biblioteca; impulsar un plan de infraestructuras bibliotecarias; plan de consolidación y desarrollo de los recursos humanos de las bibliotecas públicas; conseguir una verdadera Red de Bibliotecas Públicas en la región; planificación territorial de los servicios bibliotecarios; continuar el Plan de Bibliotecas Móviles,  etc. En definitiva, una treintena de medidas agrupadas en diez apartados que en la opinión del equipo técnico del SERLAB pensamos necesita nuestra región.
            Escritas quedan las propuestas de futuro, y publicadas están en revistas especializadas como IDEA-LA MANCHA o próximamente en las propias actas de las II Jornadas Bibliotecarias . Pero ya no me toca a mí trabajar para convertir en realidades éstos y otros sueños; a otras personas corresponde mantener a Castilla-La Mancha en la vanguardia de las políticas bibliotecarias de nuestro país. Desde que supe que llegaba la hora de bajar de la nave en la que habíamos hecho la larga travesía, he visto, aún con más luminosidad, que nunca estuve solo, que esta maratón era en realidad una carrera de relevos en la que cada uno llevaba el testigo cuando era necesario. Y confío especialmente que los grandes protagonistas de esta nueva carrera sean los bibliotecarios y bibliotecarias, que con certeza no cesarán en su empeño de conseguir unos servicios bibliotecarios dignos de la sociedad del siglo XXI.

            Deseo de esta forma agradecer públicamente todos los testimonios de amistad que durante los últimos días he recibido. Muchas palabras han volado hacia mí procedentes de todos los rincones, de pueblos y ciudades, de localidades de Castilla-La Mancha y de buena parte de las tierras de España. Palabras cercanas unas veces y la mayoría venidas a través de las nuevas tecnologías de la información. Muchas llamadas telefónicas consiguieron que se me hiciera un nudo en la garganta; y centenares de correos electrónicos me trajeron verdaderas confidencias que rezumaban amistad. Tengo que confesar que muchos de ellos, procedentes especialmente de zonas rurales de mi región, venían tan cargados de sentimiento que a menudo han hecho que mis ojos se humedezcan. En realidad eran correos que no contenían palabras: a través de las redes llegaba el corazón de quien lo escribía. Muchas GRACIAS a todos.
           





* ABC (17-2-2006), edición de Toledo, pág. 40.  El Día de Cuenca (18-2-2006), pág. 2. La Tribuna de Toledo (12-3-2006), pág. 29, y en las otras seis ediciones de este medio de comunicación de Castilla-La Mancha. La Verdad.es (20-2-2006). El Digital Castilla-La Mancha, num. 21 (18-2-2006).


sábado, 11 de febrero de 2006

Palabras en un 11 de febrero



Palabras en un 11 de febrero

(Pronunciadas en el Salón de Mesa, sede de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, con motivo del homenaje que un grupo de compañeros y amigos me dedicó por el cese en mi puesto de Jefe del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha. Toledo, 11 de febrero de 2006).

            Madrugada del 11 de febrero. Esta mañana un grupo de amigos y amigas van a testimoniarme  su amistad. Ignoro todo acerca de este acto. Sólo tengo una certeza: lo hacen con cariño. Desde hace aproximadamente un mes me ha sacudido una oleada de cariño, muchas palabras han volado hacia mí procedentes de todos los rincones, de pueblos y ciudades, de localidades de Castilla-La Mancha y de buena parte de las tierras de España. Palabras cercanas unas veces y la mayoría venidas a través de las nuevas tecnologías de la información. Muchas llamadas telefónicas consiguieron que se me hiciera un nudo en la garganta; y centenares de correos electrónicos me trajeron verdaderas confidencias que rezumaban amistad. Tengo que confesar que muchos de ellos, procedentes especialmente de zonas rurales de mi región, venían tan cargados de sentimiento que a menudo han hecho que mis ojos se humedezcan. En realidad eran correos que no contenían palabras: a través de las redes llegaba el corazón de quien lo escribía, de muchos de vosotros y de quienes hoy no han podido físicamente  estar pero tengo la certeza de que están entre nosotros. Muchas gracias a todos.

            Probablemente bastaría esta mañana con que yo pronunciase esta palabra. GRACIAS. Una palabra única, pero en ella estarían también todos mis sentimientos de estos días, sentimientos muchas veces guardados en lo más hondo de mi ser pero que otras veces han aflorado necesariamente y los he compartido con vosotros y con otras personas no procedentes del mundo de la lectura, los archivos y las bibliotecas pero que también se encontraron conmigo y ahora me han recordado que seguían donde siempre: en la amistad más plena.

            Desde 1973, cuando inicié mi actividad profesional en el servicio de bibliobuses que Julia Méndez y su equipo del Centro Coordinador Provincial de Bibliotecas pusieron en marcha, hasta ahora, que acabo de finalizar un largo viaje de 16 años como responsable técnico del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha, he luchado por conseguir que el acceso a la lectura pública fuese un derecho real de todas las personas. Y he visto cómo en esa larga marcha cada vez éramos más los profesionales que clamábamos pidiendo bibliotecas para todos. Yo tal vez he sentido en ocasiones demasiado grande la carga y quizá por ello sentí en momentos determinados la soledad del corredor de fondo. Pero tal vez el ritmo trepidante de la carrera no me dejaba vislumbrar que a mi lado estaban otros muchos clamando por el mismo ideal.

            En octubre del año 2004 escribí un poema que titulé Tengo la voz ronca de clamar, y que constituyó el prólogo a una conferencia que pronuncié en Murcia con el título de La Biblioteca Pública, derecho de los ciudadanos.



Tengo la voz ronca de clamar.

Son ya muchos años de gritar,

como un profeta en el desierto.

Palabras, palabras, palabras lanzadas al viento

defendiendo un derecho que se niega

como el pan y el agua se niega en tantos países de la tierra.



Y sigo caminando.

A veces soy un peregrino de esperanza,

pero tantas veces siento el deseo de quedarme quieto…

y callado,… en silencio….



Es cierto

que ya somos un verdadero ejército

que lucha a favor del libro,

que sueña con que algún día

todos puedan acceder a bibliotecas repletas de palabras y pensamientos,

todos puedan disfrutar

de información en libertad. y en convivencia.

Y, sin embargo, renacen gigantes que muestran sus dientes afilados,

que pretenden segar la cosecha de un trigo

que aún no tiene el tiempo necesario.



Sí, en verdad somos un ejército inmenso,

bibliotecarios para un servicio público esencial,

cada uno en su barrio, en su ciudad, en su pueblo,

ofreciendo exquisitos manjares a quienes los demandan,

a quienes los aceptan, a tantos que aman las palabras.



          Somos un ejército de paz y de palabras,

pero demasiadas veces yo siento

que soy un corredor de fondo y voy solo corriendo,

sin nadie a mi lado,

y la meta se me antoja lejana,

infinitamente lejos,

y entonces me siento sin fuerzas,

y cesaría en mi empeño

si no fuera por Dios y por el Viento.



Información y lectura son derecho de todos,

derecho de los que viven en las grandes ciudades

derecho de los que viven en las áreas rurales,

en municipios medianos o en pequeñas aldeas,

derecho de los niños y también de los jóvenes,

derecho de los ancianos y de todos los adultos,

de hombres y mujeres y de pobres y ricos,

de inmigrantes que llegaron de tierras lejanas

y de quienes crecieron a la sombra de los árboles de su ciudad.



Y, sin embargo, se sigue negando este derecho

como se niegan el pan y el agua en tantos lugares de la tierra.

¿Cuándo bibliotecas para todos?

¿Cuándo políticos que asuman este derecho con valentía y firmeza?

A caminar, a caminar,

a seguir proclamando las palabras,

aunque el cansancio  amenace por los cuatro costados

y te sientas señalado por el dedo como un soñador enloquecido.



             Hoy quiero pedir perdón públicamente. Tal vez yo creí que iba siempre en vanguardia, cada vez aportando nuevas ideas y soluciones, pensando que yo portaba el estandarte en el que enunciábamos la utopía de la universalización del acceso a bibliotecas públicas para todos los ciudadanos. En realidad yo era el pregonero, el encargado de difundir vuestros sueños y anhelos, vuestras necesidades; yo era el gestor que en los despachos y en los foros técnicos y científicos llevaba vuestras palabras. Yo erraba, estaba equivocado radicalmente cuando me veía a mí mismo como un atleta que en la larga carrera establecería nuevas marcas, indicadores magníficos que teníamos que mostrar para que los presupuestos creciesen y pudiésemos construir entre todos el gran edificio bibliotecario de nuestra Comunidad Autónoma. En realidad, vosotros, amigos y amigas, poníais ladrillo a ladrillo, piedra a piedra, el edificio de la Red de Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha. Y yo, que siempre he hablado de equipo y me he sentido totalmente orgulloso de mi equipo, tal vez no vislumbré nítidamente que el equipo era inmenso, un verdadero ejército de paz y de palabras.

            Y en este año 2006, desde que supe que llegaba la hora de bajar de la nave en la que habíamos hecho la larga travesía, he visto, aún con más luminosidad, que nunca estuve solo, que esta maratón era en realidad una carrera de relevos en la que cada uno llevaba el testigo cuando era necesario.

            Ahora cambio de nave y de mares. En este impresionante Salón de Mesa, cuando a finales de 1992 pronuncié mi discurso de ingreso como académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, inicié mi intervención recordando uno de los versos de León Felipe: “No sabiendo los oficios los haremos con respeto”. Hace unos días, cuando redactaba mi carta pública de despedida, quise empezarla recordando este mismo verso. Mi oficio los últimos 16 años me ha apasionado y tal vez era bueno cambiar para “que no hagan callo las cosas ni en el cuerpo ni en el alma”. Cuando estaba con vosotros, cuando defendía con ardor mis opiniones, tal vez tenía el oficio tan aprendido, tenía tanta certeza en lo que pensaba, que quizá haya habido personas que se han sentido atacadas por la fuerza y la pasión que yo mostraba. Desde luego no fue jamás esa mi intención, pero quiero pedir perdón si alguien se sintió ofendido cuando yo defendía vehementemente mis ideas.

            Así que me acojo de nuevo a la idea primitiva de mi querido León Felipe:



            Ser en la vida romero,

            romero solo que cruza siempre por caminos nuevos.

            Ser en la vida romero,

            sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.

            Ser en la vida romero…sólo romero…

            …pasar por todo una vez, una vez solo y ligero,

            ligero, siempre ligero.



            Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,

            ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos

            para que nunca recemos

            como el sacristán los rezos,

            ni como el cómico viejo

            digamos los versos.



            Finalizo. En este mismo Salón de Mesa pronuncié también hace unos años el discurso de apertura del curso académico de esta Institución, con el título Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997). Comenzaba mi intervención con estas palabras:  “Sueño con un día en el que todos los hombres y mujeres, los niños y las niñas, todas las personas de España puedan acceder a la lectura y a la información, y se cumplan así los derechos que, en relación a las funciones que se realiza desde las bibliotecas públicas, enuncia la Constitución. Pero mientras tanto, la Historia es un buen camino para la esperanza”.

            Que este sueño se cumpla sigue siendo mi anhelo. Lo realizado durante los últimos años en el Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas es ya historia también. Una labor que he tenido el placer de dirigir pero que ha sido fruto del trabajo, del esfuerzo ilusionado de muchas personas. Pero las personas pasamos y son las Instituciones las que deben permanecer. En concreto, os formulo un ruego: que sigáis acompañando a mis compañeros y compañeras del SERLAB, infatigables acompañantes de singladura y de esperanza. Ellos y la persona que se haga cargo del timón del SERLAB están llamados a continuar la historia  y a seguir escribiendo páginas para conseguir que la utopía por la que hemos luchado se cumpla plenamente.

            Mi agradecimiento a todos los profesionales que con vuestro trabajo diario están haciendo posible la transformación de la realidad de los archivos y bibliotecas.

            Mi gratitud a los sucesivos equipos políticos de las consejerías de Educación y Cultura primero y después de Cultura, por la confianza que me dispensaron y por haberme permitido desarrollar una labor que ha sido para mí apasionante, y en una tierra, Castilla-La Manchas.

            Quiero resaltar que estoy totalmente en deuda con las diversas asociaciones profesionales que desarrollan su labor en Castilla-La Mancha. Especialmente a ANABAD, a la B.A.C. (Bibliotecarios Asociados Conquenses) y a ABIBA (Asociación de Bibliotecarios de Albacete). Su apoyo, sus mensajes de aliento y, sobre todo, su trabajo cotidiano y permanente para que mejore la realidad bibliotecaria de nuestra Comunidad Autónoma y de sus profesionales son dignos de elogio.

            Gracias también a los promotores de este acto y a todos vosotros, que habéis acudido para testimoniarme vuestro afecto y amistad. No hace falta que os diga que este acto, que todas las palabras pronunciadas, que todos vuestros gestos de complicidad y cercanía permanecerán en mi corazón.

            No me atrevo a pronunciar ningún nombre en especial. Todos estáis muy dentro de mí. Con muchos de vosotros el contacto ha sido más lejano, en reuniones o cursos, en presentaciones de programas, a través de los instrumentos de comunicación que fuimos articulando,…Con otros, hemos luchado codo con codo. Hemos saboreado la alegría de la puesta en marcha de proyectos que anhelábamos y hemos compartido también la amargura de la incomprensión y de las parálisis. Pero, finalmente, con todos creo que hemos militado en la esperanza.

            Doy gracias a Dios, que me fue trazando los caminos y con su Amor hizo que siempre me sintiera persona en camino y con una brújula muy especial que marcaba mi vida: Cristo resucitado, que me ha ayudado siempre a dar un sentido a mi actividad profesional y a luchar por los demás.

            Mi agradecimiento a mi familia, especialmente a mi mujer y mis cuatro hijos. Demasiadas veces he cometido el error de que mi trabajo compitiera duramente con mi vida familiar.

            Y, cómo no, gracias a la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, por haber abierto sus puertas para que todos nosotros podamos compartir en esta mañana tantos sentimientos y palabras.

            Ya me voy. Me preguntas qué me llevo: mis manos vacías y mi corazón lleno de esperanza. Con estas palabras de Tagore termino, no sin antes pronunciar una vez más una palabra que hoy me parece mágica e imprescindible: GRACIAS.


Juan SÁNCHEZ SÁNCHEZ

domingo, 29 de enero de 2006

Por una política de Estado en Bibliotecas Públicas



Por una política de Estado en Bibliotecas Públicas*

            En los últimos tiempos afloran nuevas desigualdades entre los ciudadanos por motivo de su lugar de residencia. Una de las que menos sale a la luz es la de la biblioteca pública: a pesar de los notables avances experimentados en el desarrollo de servicios bibliotecarios durante las últimas décadas, España presenta un variado mosaico en este servicio público derivado de la inexistencia de una Ley de Coordinación Bibliotecaria que sirva de marco básico para la prestación de servicios de biblioteca pública en el conjunto de nuestro país. Si a esta carencia añadimos la dispar situación de las legislaciones autonómicas y la insuficiente regulación del servicio de biblioteca pública para los municipios, la desigualdad está servida.  Y aunque altos responsables públicos insisten en que  “todos los españoles tenemos los mismos derechos”, o “debemos velar para que todos los españoles tengan los mismos derechos”, referido normalmente a temas como  la educación, la sanidad, la vivienda,…, son sin embargo pocos los políticos que se pronuncian sobre el derecho de todos los españoles a leer, a informarse, a educarse permanentemente mediante la biblioteca pública.
                               Los indicadores (año 2003) son expresivos de esta desigualdad: En cuanto a colecciones, con una media nacional de 1,21 libros u otros soportes por habitante, las comunidades autónomas oscilan entre 0,751 de Murcia y  2,318  de  Castilla-La Mancha, con muchas regiones que siguen sin alcanzar la media de 1 documento por habitante. En cualquier caso, pese a los avances, estamos demasiado lejos de los países europeos más avanzados, con medias en torno a 10 libros por habitante.   El gasto en adquisición de colecciones es también significativo: con una media de 1 euro/habitante, también está a la cabeza Castilla-La Mancha con  1,91 euros frente a 0,43 euros  de Andalucía, 0,51 en Canarias y otras seis regiones que no llegan al gasto medio.
                               Respecto al gasto total en bibliotecas por habitante, paulatinamente va ascendiendo, pero las cifras son francamente bajas. Continúan  a la cabeza Cataluña y Castilla-La Mancha, respectivamente con 14,75 y 14,38 euros por habitante, mientras que Galicia (4,20), Andalucía (4,27), Baleares (4,34), Canarias (4,89), Comunidad Valenciana (5,08), Murcia (5,25) y otras comunidades están con unas cifras no sólo muy bajas sino con crecimientos anuales escasos y lentos. Este desigual gasto, que sitúa a regiones tradicionalmente pobres como Castilla-La Mancha a la cabeza en muchos de los indicadores, refleja las políticas estables y de decidido apoyo a las bibliotecas municipales, frente a regiones en las que los municipios no han gozado de similares apoyos de su correspondiente Administración Autonómica.  El mayor gasto en bibliotecas se corresponde con unas bibliotecas más dinámicas y con mejores servicios. Por ejemplo, en préstamos por habitante, Castilla y León tiene la primacía, con 2,5, mientras que es la cuarta comunidad por gasto en bibliotecas; Castilla-La Mancha es la segunda en préstamo (2,16), y también es la segunda en gasto; Cataluña es la tercera en préstamo (1,726) y la primera en gasto. Igual ocurre si  analizamos las actividades culturales de las bibliotecas: con una media del 74% de bibliotecas que organizan actividades, están  en los puestos más altos País Vasco, Cataluña (96%), Baleares (89%), Castilla-La Mancha (85%) y Canarias (84%)  frente a Aragón (63%), Castilla y León (67%) y Galicia y Andalucía (ambas con el 68%).

La biblioteca pública, con todas las luces de los últimos años, sigue siendo una asignatura pendiente en las políticas culturales. Aunque la cifra aceptada de población atendida es teóricamente del 97% mientras que el 3% carece de servicios bibliotecarios, si miramos a los municipios sólo el 68% de los municipios cuentan con algún tipo de servicio bibliotecario o están atendidos por bibliobuses, mientras que el 38% de los municipios españoles carece de cualquier acceso a servicios bibliotecarios. El dato es más escalofriante así: más de 3.000 municipios españoles no tienen acceso a servicios bibliotecarios de ningún tipo. Podríamos enunciar el problema de esta forma:  a los españoles residentes en pequeños municipios se les sigue negando en muchos casos el derecho a leer y a la información.
            Pero las  ciudades tampoco se salvan de los graves problemas. Muchas localidades, que deben tener una verdadera Red de Lectura Pública que atienda a los ciudadanos de los distintos barrios, cuentan sólo con un centro bibliotecario. Como faltan obligaciones legales precisas y la cuestión de la financiación municipal sigue sin resolverse, encontramos ciudades con planes modélicos de desarrollo del servicio de biblioteca pública junto a casos verdaderamente dramáticos en muchas de las ciudades españolas.
 Siendo estos indicadores preocupantes, es más grave la falta de una política de Estado para afrontar el reto de las bibliotecas públicas en la actual Sociedad de la Información y el Conocimiento; pero la actual Ministra de Cultura, como sus antecesores, mantiene un cierto complejo que le incapacita para ofrecer soluciones estructurales. La Constitución Española reconoce el “acceso a la cultura” como un derecho de todos los españoles (art.  44) y también el derecho a “recibir libremente información veraz” (art. 20.1.d) o, genéricamente, el “derecho a la educación” (art. 27); y  estos tres pilares que constituyen la misión de la biblioteca pública (cultura, información y educación permanente) no han logrado convertirse jurídicamente en un  derecho que revierta en la universalización o democratización del acceso de los españoles a servicios de biblioteca pública.
            Aunque defiendo el Estado de las Autonomías e incluso  hay quien proclama que el Ministerio nada tiene que hacer en esta tarea, nuestra Constitución dejó muy clara la resolución de estas desigualdades: “El Estado tiene competencia exclusiva sobre…la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos…” (art. 149.1.1ª), que incluso “… podrá dictar leyes que establezcan los principios necesarios para armonizar las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, aun en el caso de materias atribuidas a la competencia de éstas, cuando así lo exija el interés general…” (art. 150.3).
            Consiguientemente, la Ministra de Cultura, que no destaca por iniciativas que puedan dar idea de que el Ministerio va a tener entre sus prioridades una política bibliotecaria acorde con las necesidades de los ciudadanos del siglo XXI, no puede seguir argumentando que este problema compete sólo a las Comunidades Autónomas. La biblioteca pública es un derecho de todos los ciudadanos, y al Ministerio de Cultura corresponde abordar un plan coordinado con los gobiernos autonómicos que garantice este derecho al conjunto de la población española.




* Diario ABC (29-1-2006). Edición nacional, sección “Firmas en ABC”, página 77.

lunes, 19 de diciembre de 2005

Manifiesto de Toledo por la Biblioteca Pública



Manifiesto de Toledo por la Biblioteca Pública*


            Comparecencia ante los medios de comunicación de la Ministra de Cultura y de la Consejera de Cultura de Castilla-La Mancha.



            Acaba de finalizar la Conferencia Sectorial de Cultura, y comparecemos conjuntamente para informarles, y a través de ustedes a toda la sociedad española, que hoy las bibliotecas públicas viven un día realmente histórico. Como Ministra de Cultura quiero comunicarles que antes de iniciarse la sesión de la Conferencia he tenido la oportunidad de celebrar una reunión con el Presidente del Gobierno de la Comunidad de Castilla-La Mancha, quien me ha transmitido su interés personal y político sobre la necesidad de que la Conferencia Sectorial aprobase una declaración institucional referente a las bibliotecas españolas. Sin duda el hecho de que la actual Consejera de Cultura sea bibliotecaria, lo que constituye un hito en la política cultural de nuestro país, ha influido poderosamente en este interés.



            Como seguramente conocen, el Gobierno de Castilla-La Mancha se había comprometido públicamente en el año 2003, mediante el Plan de Desarrollo Bibliotecario Bibliotecas Públicas Siglo XXI que el Gobierno regional aprobó para esta Comunidad, a buscar fórmulas que permitieran la publicación de un Manifiesto por la Biblioteca Pública que se redactase e hiciese público en Toledo y que constituyera un compromiso de futuro del conjunto de gobiernos autonómicos y del  Gobierno de España acerca de las políticas bibliotecarias. Pues bien, el Presidente me ha presentado un amplio informe acerca de las desigualdades que en este momento existen entre las distintas regiones españolas a la hora de prestar el servicio de biblioteca pública. Este informe, ha sido explicado por la Consejera de Cultura de Castilla-La Mancha en el curso de la Conferencia y, como consecuencia, se ha acordado de forma unánime la redacción de dicho Manifiesto,  que ha sido aprobado también con el acuerdo de todos los responsables autonómicos.



            Puedo asegurarles que lo que en principio era una Conferencia Sectorial más, con un orden del día que incluía los puntos que se les habían comunicado a ustedes a través de la nota difundida ayer por la Oficina de Prensa del Ministerio, se ha convertido en la práctica en una Conferencia Sectorial prácticamente monográfica en torno a la situación y el futuro de las bibliotecas públicas.



            Por la transcendencia de este acuerdo, se ha decidido esta comparecencia conjunta, que va más allá del papel de anfitriona que lógicamente tiene también la Consejera castellano-manchega por el hecho de celebrarse en la capital de Castilla-La Mancha esta reunión de la Conferencia Sectorial de Cultura.



            Tras esta introducción, vamos a proceder sin más explicaciones a la lectura del que hemos denominado Manifiesto de Toledo por la Biblioteca  Pública, que esperamos y deseamos sea un instrumento muy fructífero para la lectura pública en España:







            “En Toledo, en el Salón Emperatriz del Palacio de Fuensalida, sede de la Presidencia del Gobierno de Castilla-La Mancha, ha tenido lugar la Conferencia Sectorial de Cultura que ha sido convocada por el Ministerio de Cultura y a la que han asistido los responsables de cultura de la totalidad de Comunidades Autónomas españolas.



            Como acuerdo principal de esta Conferencia se ha aprobado, tras un amplísimo debate, este Manifiesto por la Biblioteca Pública, que finalmente ha obtenido el respaldo por consenso del conjunto de administraciones culturales presentes en la sesión, y que consta de los siguientes compromisos:



            1) El Ministerio de Cultura redactará un Proyecto de Ley de Coordinación Bibliotecaria que se tramitará durante el actual período de sesiones de las Cortes Generales.  Esta Ley establecerá el nuevo marco para las políticas de lectura pública en nuestro país. No obstante, el Ministerio de Cultura y los responsables de las políticas bibliotecarias en las Comunidades Autónomas han aprobado algunos de los parámetros que deberá recoger dicho texto legislativo, y que esencialmente se recogen en los puntos siguientes del presente Manifiesto de Toledo por la Biblioteca Pública.



            2) El servicio bibliotecario se enmarca en el derecho constitucional de los ciudadanos españoles de acceder a la Cultura, la Información y la Educación. Consiguientemente, la Ley deberá regular la obligatoriedad por parte de las Administraciones Públicas de organizar la prestación del servicio bibliotecario público para garantizar el acceso de todos los españoles a estos servicios, sin desigualdades por razón de la residencia en unas u otras comunidades autónomas, ciudades o pueblos.



            3) El servicio de Biblioteca Pública estable será obligatorio en todos los municipios que cuenten con una población superior a 1.000 habitantes. Para ello, el Gobierno de España, con la participación de los Gobiernos autonómicos, se compromete a realizar y desarrollar un PLAN DE BIBLIOTECAS PÚBLICAS para el período 2007-2016, al final del cual deberá haberse hecho realidad esta obligatoriedad. En el caso de municipios con población inferior a la citada, la Ley establecerá las fórmulas de servicio bibliotecario que deberán ponerse en marcha para conseguir que la totalidad de municipios españoles dispongan de servicios bibliotecarios adecuados y permanentes (Bibliotecas móviles, etc.), así como la Administración responsable de asumir la prestación de esos servicios.



            4) Los responsables institucionales reunidos en esta Conferencia expresan su radical confianza en la Biblioteca Pública como puerta de acceso democrático de los ciudadanos a la Sociedad de la Información y del Conocimiento, y como centro neurálgico en la vida local. Por ello, acuerdan que la Ley incluya unos estándares de servicios, funcionamiento, fondos, etc.,  a los que deberán ajustarse las bibliotecas públicas españolas para que puedan realizar su alta misión social y educativa de acuerdo a las necesidades de la sociedad del siglo XXI. De manera especial, se incide en la necesidad de que las ciudades y localidades mayores de 25.000 habitantes dispongan de redes urbanas de bibliotecas que presten servicio al conjunto de personas residentes en los distintos barrios y zonas de esas poblaciones.



            5) Finalmente, y aunque se acuerda felicitar al Ministerio de Cultura por haber impulsado la celebración de las Conferencias sectoriales de Cultura, los responsables autonómicos instan al Ministerio a profundizar en la coordinación de las políticas, programas e iniciativas del ámbito de la lectura pública como método de trabajo a seguir. Al efecto, proponen la constitución de la Conferencia General de Política Bibliotecaria, cuyas funciones, composición y formas de funcionamiento deberá regular la Ley de Coordinación Bibliotecaria.







            En definitiva, el espíritu que emana de este Manifiesto es que la lectura, concretada  en los servicios de la Biblioteca Pública, es una cuestión de Estado y que precisa de la participación y el esfuerzo coordinado del conjunto de Administraciones Públicas de nuestro país. “



            Toledo, 19 de diciembre de 2005.


* Escrito en diciembre de 2005. No obstante, permanecía inédito. Cuando se celebró la Conferencia Sectorial de Cultura en Toledo, ya tenía conocimiento, aunque no me había sido comunicado de forma oficial, de mi inmediato cese como responsable del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas. Por esta razón decidí no hacer público el texto del Manifiesto, que sin duda hubiera sido considerado ofensivo hacia las autoridades de la Consejería de Cultura. Como tantas  veces, la autocensura limitaba la libertad de expresión y conseguía que los sueños se encerrasen en el disco duro del ordenador… Fue recogido en el libro En defensa de la biblioteca pública (2012).

Bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha: el reto de universalizar los servicios bibliotecarios


“Bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha: el reto de universalizar los servicios bibliotecarios”. Idea La Mancha: Revista de Educación de Castilla-La Mancha. ISSN 1699-6429. Toledo. Núm. 2 (2005), Págs. 248-256.





viernes, 9 de diciembre de 2005

¡Estás llamado a ser un dirigente!



 ¡Estás llamado a ser un dirigente!*
           
            Vengo proclamando desde hace dos décadas algo que parece una obviedad: no hay biblioteca sin bibliotecario. Y es un mensaje que ha sido necesario  porque tan sólo hace unos años bastantes  bibliotecas públicas municipales de nuestra región no contaban con un profesional al frente, debidamente contratado y cualificado profesionalmente. En muchos casos  un colaborador, al que el ayuntamiento pagaba una gratificación, atendía de forma irregular la biblioteca; otras veces era un funcionario municipal, un maestro o cualquier otra persona quien, con buena intención y voluntad, se hacía cargo de atender el  servicio bibliotecario.
            Pero tales situaciones, que muchas veces constituían un verdadero fraude de ley, no creemos que pueda achacarse a la correspondiente corporación local. La responsabilidad recae en la insuficiente regulación que en España existe sobre la biblioteca pública municipal. La todavía vigente Ley de Bases de Régimen Local señala como obligatoriedad la prestación del servicio de biblioteca pública sólo a los municipios con población superior a 5.000 habitantes. Bien es verdad que esta obligatoriedad no está adecuadamente definida, pues, al contrario que en otro tipo de servicios públicos, ninguna legislación señala cuántos centros tiene que haber en cada municipio en función de su población y cómo deben prestarse estos servicios. Y cuando ayuntamientos tan importantes como el de Guadalajara incumplen la legislación y no han puesto en marcha ninguna biblioteca pública, existe una indefensión total de los ciudadanos.
            La Biblioteca Pública tiene en nuestro tiempo una importancia estratégica enorme. Es la puerta democrática para que el conjunto de los ciudadanos puedan acceder libre y gratuitamente a los beneficios de la Sociedad de la Información y del Conocimiento. Pero aunque durante las últimas décadas se ha producido un gran desarrollo de servicios bibliotecarios en España y en nuestra Comunidad Autónoma, producto del esfuerzo de las distintas Administraciones Públicas y de la demanda de la sociedad, todavía la biblioteca pública no es considerada un servicio público esencial. Un ejemplo de ello es que, frente a servicios como la educación y la sanidad, con una regulación estatal y autonómica y cuya responsabilidad y financiación está perfectamente delimitado en quién recae, no es éste el caso de las bibliotecas públicas municipales. En nuestra región existen 515 bibliotecas públicas, de las cuales 506 son de gestión municipal. Pero, legalmente,  sólo 62 municipios están obligados a tener en funcionamiento el servicio de biblioteca. La Consejería de Cultura, con una política bibliotecaria ejemplar desde mediados de los años noventa, ha estimulado la creación y desarrollo de bibliotecas públicas, con programas de apoyo técnico y financiero a los ayuntamientos, que son en muchos casos pioneros en el conjunto de España. Pero ese desarrollo todavía no ha evitado que la Red de Bibliotecas Públicas, con tantas virtudes, adolezca de unas debilidades y carencias verdaderamente impresionantes. Una inestabilidad preocupante especialmente en los municipios más pequeños y que origina situaciones profesionales entre los profesionales bibliotecarios lamentables.
            Mientras que en las grandes bibliotecas, como las Bibliotecas Públicas del Estado y otras de los mayores municipios, existen equipos humanos bastante consolidados que permiten además una adecuada diversificación de funciones en la prestación de servicios, en la mayoría de los municipios existe sólo un bibliotecario, generalmente contratado como Auxiliar de Bibliotecas (grupo C de la Administración) y con media jornada de trabajo, con independencia de que en la mayoría de los casos sean titulados superiores o medios. Si históricamente el refranero popular recogía la sentencia “Pasas más hambre que un maestro de escuela”, la asunción por el Estado de esa competencia resolvió el viejo problema. No ha ocurrido así con los bibliotecarios de municipales, que han visto mejorar sus contratos gracias a la mayor sensibilidad de los ayuntamientos y al apoyo de la Junta de Comunidades, pero que todavía tienen encima la inseguridad y unos salarios que no se corresponden con sus importantes funciones sociales y educativas.
            El bibliotecario municipal en un pequeño municipio es un mediador social, dinamiza la vida cultural y social, anima a la lectura, propugna la participación ciudadana, es un empedernido colaborador de proyectos de interés local, orienta a los usuarios,… Si la biblioteca pública es el lugar de encuentros de la comunidad local, el bibliotecario es el corazón, el motor de esa hermosa realidad colectiva. Por ello, en buena parte de los municipios, el bibliotecario es un verdadero dirigente, un líder sociocultural. Y creo que, con justicia, podemos aplicar a estos profesionales de la cultura, la información y la educación permanente el alegato que pronunció el poeta Bertolt Brecht: ¡Estás llamado a ser un dirigente!
            El proyecto de reforma de la  Ley de Bases de Régimen Local rebaja la obligatoriedad de la prestación del servicio de biblioteca hasta los 3.000 habitantes. Pero en Castilla-La Mancha hemos avanzado más y mejor que en el conjunto del país y ya prácticamente está cumplido el objetivo de que cuenten con biblioteca los municipios mayores de 1.000 habitantes. Esta realidad aconseja que en el proyecto de nueva Ley de Bibliotecas de Castilla-La Mancha, en que se viene trabajando desde hace tres años, la obligatoriedad se sitúe precisamente en los municipios de más del millar de habitantes. Pero esa medida, tan positiva para los ciudadanos, significa una obligación legal para los municipios de Castilla-La Mancha mayor que para los de las restantes regiones. El interés demostrado por los políticos municipales hacia la biblioteca pública, porque han visto que es un servicio básico para sus comunidades locales, ha de verse apoyado por nuevas vías de financiación desde la Junta de Comunidades, precisamente ante el Pacto Local.
            No se trata, desde luego, de cerrar bibliotecas sino de dignificarlas y adecuarlas para que realmente sean el servicio de referencia para sus ciudadanos.  Las bibliotecas son en Castilla-La Mancha el servicio público más visitado después de los hospitales: más de 5,5 millones de ciudadanos (lógicamente, repitiendo periódicamente su visita a la biblioteca) han usado las bibliotecas públicas de nuestra región. La demanda social es imparable y sólo queda seguir invirtiendo para mejorarlas, dotarlas de colecciones mayores y más actualizadas, de edificios adecuados y, esencialmente, de profesionales con una formación permanente y unos salarios  y condiciones dignas de su importante tarea. Por esta razón, en las recientemente celebradas II Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Mancha, un grupo de técnicos hemos lanzado una nueva propuesta: para compensar a esos municipios que no tienen obligación legal de tener biblioteca pública, hay que buscar fórmulas de cofinanciación estables y permanentes. En definitiva, que en el caso de gastos de personal se impulsen nuevas modalidades de ayuda desde la Administración Autonómica para que, al menos, los municipios menores de 3.000 habitantes (es decir, los no obligados por la nueva legislación estatal para los municipios) reciban recursos financieros con carácter ilimitado en el tiempo y no como en la actualidad, que se limitan a 3 ó, en el mejor  de los casos, 6 años. Se trata de una iniciativa que ha sido considerada por el Comité Científico de las Jornadas y, consecuentemente, incluida en las conclusiones oficiales de este importante encuentro bibliotecario.
            Esa medida, que precisa un incremento presupuestario de la Consejería de Cultura, llevaría a la consolidación y modernización necesaria a unas bibliotecas públicas que nacieron por el deseo de leer y recibir información de muchos ciudadanos del medio rural y que ahora es preciso estabilizar como verdaderos servicios públicos llamados a influir en el acceso democrático de las personas a los frutos de esta Sociedad del Conocimiento en la que estamos inmersos. Y tenemos esperanza de que este nuevo sueño utópico sea posible.




* La Tribuna de Toledo (12 de diciembre de 2005), pág. 22. Este artículo se publicó también, en la  misma fecha,  en las otras seis ediciones de este medio de comunicación en Castilla-La Mancha (La Tribuna de Albacete, La Tribuna de Ciudad Real, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara,  La Tribuna de Puertollano y La Tribuna de Talavera).