jueves, 20 de abril de 2006

Claves para las Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha



Claves para las Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha*

Siempre que me preguntan sobre planes de promoción de la lectura, contesto de idéntica forma: el mejor Plan de Fomento de la Lectura es una excelente Red de Bibliotecas Públicas. Por eso  ahora que, como un bello ritual celebramos el Día del Libro, la Fiesta del Libro, insisto en viejas ideas: crear servicios públicos de lectura es el mejor instrumento para democratizar el acceso a la lectura y la información. Pero como todo servicio público exige unos importantes recursos financieros, humanos, espaciales y técnicos es  más complejo desarrollar servicios bibliotecarios estables que organizar actividades de animación.
            En Castilla-La Mancha se ha realizado un esfuerzo desde la Junta de Comunidades y los ayuntamientos verdaderamente notable. Y un fruto de ese tesón son las 515 bibliotecas públicas existentes, que ofrecen servicio al 97% de la población regional. Unas bibliotecas que han mejorado sus edificios e instalaciones, han diversificado y modernizado sus colecciones y que en un porcentaje cercano al 80% informatizaron sus catálogos y ofrecen servicio de acceso a Internet a sus usuarios. También se ha comenzado a resolver el problema histórico del personal bibliotecario, y esta mejora es precisamente la clave del gran desarrollo bibliotecario experimentado por nuestra Región.
            Pero junto a estas indudables luces, hemos destacado siempre que era mucho el camino que quedaba por recorrer. Un camino que marcó de forma nítida el Plan Estratégico de Cultura iniciado a mediados de los años noventa, y que el Plan de desarrollo bibliotecario de Castilla-La Mancha  Bibliotecas Públicas Siglo XXI, iniciado en 2003, perfilaba con claridad meridiana. En ambos documentos de planificación se trazó un objetivo político y técnico muy relevante: conseguir en Castilla-La Mancha la universalización de los servicios bibliotecarios para el conjunto de municipios y población de la región, una utopía que es posible conseguir si se mantienen o intensifican las políticas bibliotecarias diseñadas en dichos planes.
He insistido que ya no me corresponde a mí pronunciarme sobre las actuaciones que deben abordarse; no obstante, cuando distintos colectivos profesionales siguen tratándome con especial cariño, no quiero rehuir recordar algunas claves que he expuesto ya en foros como las II Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Mancha, pues el silencio podría interpretarse como desinterés hacia un servicio, las bibliotecas públicas, que considero esencial para desarrollar una verdadera Sociedad de la Información y el Conocimiento.

 Una primera cuestión es que no debe perderse de vista que aún existen 377 municipios que no cuentan con acceso a servicio bibliotecario. Aunque es cierto que la mayoría son localidades con población inferior a los 400 habitantes y sólo 10 municipios de más de 1.000 habitantes carecen de biblioteca pública fija, en esencial continuar el Plan de Bibliotecas Móviles. Para ello no sólo se precisa poner en funcionamiento los nuevos bibliobuses adquiridos hace un año, sino completar la dotación prevista con la adquisición de otros 5 bibliobuses para asegurar poder dar cobertura a toda la región. Estas carencias son especialmente preocupantes en las provincias de Cuenca y Guadalajara, donde los servicios bibliotecarios sólo llegan al 91% y al 84% de la población, respectivamente.

La segunda realidad sobre la que hay que trabajar es el desarrollo de las redes urbanas de bibliotecas públicas. Sólo algunas de las ciudades y mayores localidades de la región cuentan con una verdadera red bibliotecaria que ofrezca servicio cercano, continuado y de calidad a sus distintos barrios. Frente al gran desarrollo de Albacete, es paradójicamente triste que la ciudad de Guadalajara siga sin abrir una biblioteca pública municipal y sólo cuente con la biblioteca pública del Estado. Y ciudades como Talavera de la Reina o Toledo, que iniciaron muy pronto el camino bibliotecario, tienen que articular una red municipal que garantice el servicio a todos los ciudadanos desde la cercanía. ¿Alguien ha pensado, por ejemplo, que en Toledo la zona de Vega Baja y Santa Teresa necesita una Biblioteca, o que Santa María de Benquerencia no puede seguir sólo con los actuales servicios?
Pero todo lo  anterior está relacionado con la necesaria puesta en marcha de un Plan Regional de Infraestructuras Bibliotecarias, contemplado en los planes estratégicos y no abordado hasta el momento. Resulta esencial para resolver las graves carencias de espacio, la modernización de los edificios y la apertura de nuevas bibliotecas. Es revelador el dato aportado por el último Censo de Bibliotecas publicado (2004): Un 47% de las bibliotecas tienen una superficie inferior a los 100 m² y un 39% oscila entre los 100 y los 249 m².
La vieja promesa de una nueva Ley de Bibliotecas de Castilla-La Mancha, no parece que vaya a ser realidad en la presente Legislatura. Y resulta urgente abordar ese compromiso, sobre todo para delimitar con claridad las competencias y financiación de las distintas Administraciones Públicas y afianzar el modelo de Sistema Bibliotecario Regional, y especialmente la configuración y articulación de la Red de Bibliotecas Públicas. Por ejemplo, la Ley debe afrontar el papel de las Diputaciones Provinciales en cuanto a servicios bibliotecarios, que actualmente ofrecen una escasa o nula colaboración, con la excepción de la Diputación de Toledo. Pero la carencia de nueva Ley no impide poner en marcha el Catálogo Colectivo de la Red, otro de los proyectos actualmente paralizado y que no admite demoras. No desarrollar el Catálogo significa que Castilla-La Mancha está perdiendo el tren y se aleja de las regiones bibliotecariamente más avanzadas.  
También está pendiente la aprobación de las Pautas para Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha, unos estándares que colaborarán a seguir mejorando todos los aspectos de las bibliotecas. Este documento sólo precisa de la decisión política para su publicación.  Resulta preocupante que sólo el 20% de las bibliotecas públicas de la región abran más de 30 horas/semana, mientras que la mayoría abren sus puertas sólo 15 horas a la semana.
Si todas estas cuestiones son esenciales, la clave fundamental sigue siendo el personal. Cuando en 1994 iniciamos el programa de apoyo a la contratación de bibliotecarios municipales, dimos un paso esencial. Este instrumento, admirado en todo el país y que ha cosechado frutos indudables, se ha seguido manteniendo y es un modelo para otras regiones, que por cierto no han conseguido poner en marcha programas similares. Pero como he expuesto muchas veces, hay que intensificar este programa, con nuevos esfuerzos que permitan sobre todo dignificar la situación  de los profesionales y la estabilidad del servicio bibliotecario. Datos como éstos son muy preocupantes: a pesar de que la mayoría de bibliotecarios municipales tienen estudios universitarios,  un gran porcentaje de los responsables de bibliotecas están contratados como auxiliares (grupo C); otra nota negativa es que sólo el 60% del personal trabaja a jornada completa;  finalmente, la media de personal bibliotecario por biblioteca se ha estabilizado en torno a 1,1, cifra muy reducida para poder asumir con garantías un servicio bibliotecario de calidad, sobre todo en municipios de más de 2.000 habitantes. No quiero insistir ahora en las propuestas que presentamos en las II Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Mancha en cuanto a políticas de personal bibliotecario, y que considero necesario abordar.
            En definitiva, que la mejor celebración cotidiana del Día del Libro sería la consolidación de la Red de Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha, con medidas como las enunciadas y que significarían la continuidad de unas políticas bibliotecarias que han otorgado a nuestra Región un liderazgo ideológico en este ámbito en España.
           





* Artículo de opinión. El Digital Castilla-La Mancha , núm. 78 (20-4-2006) http://www.eldigitalcastillalamancha.es/articulos.asp?idarticulo=1647

viernes, 17 de febrero de 2006

Bibliotecas de Castilla-La Mancha, una constelación de estrellas para nuestro tiempo



Bibliotecas de Castilla-La Mancha, 
una constelación de estrellas para nuestro tiempo.*


            He dicho a veces que tengo dos pasiones: Las bibliotecas públicas y mi tierra, Castilla-La Mancha. En realidad, en los últimos años el binomio se ha fundido y mi pasión han sido las bibliotecas de Castilla-La Mancha. A ellas he dedicado buena parte de mis energías desde hace dieciséis años, aunque mi vinculación personal y en parte profesional con las bibliotecas ha sobrepasado el listón de las tres décadas, concretamente desde 1973.  Es verdad que esta pasión escapa ya de los límites geográficos regionales, y que al menos en la última década he luchado por un objetivo más general: propagar la idea de que la biblioteca pública es un derecho de todos los españoles.
            Desde el año 1991, cuando asumí la responsabilidad del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas (SERLAB), he tenido la satisfacción de colaborar con sucesivos equipos políticos de la Consejería de Cultura (durante muchos años, de Educación y Cultura) en el desarrollo de la política bibliotecaria para nuestra región. Lógicamente el trabajo conjunto de muchas personas, tanto desde la Consejería como desde los ayuntamientos y las propias bibliotecas, ha dado abundantes frutos, que los datos estadísticos de que hoy disponemos muestran certeramente.
            He utilizado a menudo la imagen de la sembradura para definir el tipo de trabajo que desde hace dos décadas hemos hecho en Castilla-La Mancha por las bibliotecas públicas. Y, a pesar de las sequías propias de nuestra tierra, el trabajo continuado y la lluvia fina han hecho que poco a poco vayamos viendo los frutos. En las recientes II Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Mancha el equipo de profesionales del  SERLAB utilizamos una nueva imagen: somos sembradores de estrellas. Si cuando empezamos la andadura autonómica Castilla-La Manca contaba con 154 bibliotecas públicas, a finales de 2004 el número de bibliotecas y salas de lectura públicas era  ya de 515. Cada una de estas bibliotecas es como una estrella para su municipio, aunque a veces todavía tenga una débil luz porque sus colecciones bibliográficas o multimedia, sus servicios, la propia situación del bibliotecario o la proyección de la biblioteca en su comunidad no sean representativos de un servicio público tan estratégico e importante como es la biblioteca pública. Pero potencialmente estamos ante una verdadera constelación de estrellas,  un conjunto de servicios bibliotecarios que convierte a Castilla-La Mancha en un referente para el conjunto del país, 515 bibliotecas llamadas a convertirse en una red de servicios integrados que ofrezcan a la sociedad regional los beneficios de la Sociedad de la Información y del Conocimiento de forma gratuita y democrática.

            Pero hay que proseguir, pues aún queda mucho camino por recorrer. Por ello, recientemente, en las citadas II Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Mancha, presenté, junto con mis compañeros del SERLAB, una ponencia en la que planteamos diez propuestas para el futuro de las bibliotecas públicas de nuestra Comunidad Autónoma: una nueva Ley de Bibliotecas, fomentar la lectura mediante el trípode familia, escuela, biblioteca; impulsar un plan de infraestructuras bibliotecarias; plan de consolidación y desarrollo de los recursos humanos de las bibliotecas públicas; conseguir una verdadera Red de Bibliotecas Públicas en la región; planificación territorial de los servicios bibliotecarios; continuar el Plan de Bibliotecas Móviles,  etc. En definitiva, una treintena de medidas agrupadas en diez apartados que en la opinión del equipo técnico del SERLAB pensamos necesita nuestra región.
            Escritas quedan las propuestas de futuro, y publicadas están en revistas especializadas como IDEA-LA MANCHA o próximamente en las propias actas de las II Jornadas Bibliotecarias . Pero ya no me toca a mí trabajar para convertir en realidades éstos y otros sueños; a otras personas corresponde mantener a Castilla-La Mancha en la vanguardia de las políticas bibliotecarias de nuestro país. Desde que supe que llegaba la hora de bajar de la nave en la que habíamos hecho la larga travesía, he visto, aún con más luminosidad, que nunca estuve solo, que esta maratón era en realidad una carrera de relevos en la que cada uno llevaba el testigo cuando era necesario. Y confío especialmente que los grandes protagonistas de esta nueva carrera sean los bibliotecarios y bibliotecarias, que con certeza no cesarán en su empeño de conseguir unos servicios bibliotecarios dignos de la sociedad del siglo XXI.

            Deseo de esta forma agradecer públicamente todos los testimonios de amistad que durante los últimos días he recibido. Muchas palabras han volado hacia mí procedentes de todos los rincones, de pueblos y ciudades, de localidades de Castilla-La Mancha y de buena parte de las tierras de España. Palabras cercanas unas veces y la mayoría venidas a través de las nuevas tecnologías de la información. Muchas llamadas telefónicas consiguieron que se me hiciera un nudo en la garganta; y centenares de correos electrónicos me trajeron verdaderas confidencias que rezumaban amistad. Tengo que confesar que muchos de ellos, procedentes especialmente de zonas rurales de mi región, venían tan cargados de sentimiento que a menudo han hecho que mis ojos se humedezcan. En realidad eran correos que no contenían palabras: a través de las redes llegaba el corazón de quien lo escribía. Muchas GRACIAS a todos.
           





* ABC (17-2-2006), edición de Toledo, pág. 40.  El Día de Cuenca (18-2-2006), pág. 2. La Tribuna de Toledo (12-3-2006), pág. 29, y en las otras seis ediciones de este medio de comunicación de Castilla-La Mancha. La Verdad.es (20-2-2006). El Digital Castilla-La Mancha, num. 21 (18-2-2006).


sábado, 11 de febrero de 2006

Palabras en un 11 de febrero



Palabras en un 11 de febrero

(Pronunciadas en el Salón de Mesa, sede de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, con motivo del homenaje que un grupo de compañeros y amigos me dedicó por el cese en mi puesto de Jefe del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha. Toledo, 11 de febrero de 2006).

            Madrugada del 11 de febrero. Esta mañana un grupo de amigos y amigas van a testimoniarme  su amistad. Ignoro todo acerca de este acto. Sólo tengo una certeza: lo hacen con cariño. Desde hace aproximadamente un mes me ha sacudido una oleada de cariño, muchas palabras han volado hacia mí procedentes de todos los rincones, de pueblos y ciudades, de localidades de Castilla-La Mancha y de buena parte de las tierras de España. Palabras cercanas unas veces y la mayoría venidas a través de las nuevas tecnologías de la información. Muchas llamadas telefónicas consiguieron que se me hiciera un nudo en la garganta; y centenares de correos electrónicos me trajeron verdaderas confidencias que rezumaban amistad. Tengo que confesar que muchos de ellos, procedentes especialmente de zonas rurales de mi región, venían tan cargados de sentimiento que a menudo han hecho que mis ojos se humedezcan. En realidad eran correos que no contenían palabras: a través de las redes llegaba el corazón de quien lo escribía, de muchos de vosotros y de quienes hoy no han podido físicamente  estar pero tengo la certeza de que están entre nosotros. Muchas gracias a todos.

            Probablemente bastaría esta mañana con que yo pronunciase esta palabra. GRACIAS. Una palabra única, pero en ella estarían también todos mis sentimientos de estos días, sentimientos muchas veces guardados en lo más hondo de mi ser pero que otras veces han aflorado necesariamente y los he compartido con vosotros y con otras personas no procedentes del mundo de la lectura, los archivos y las bibliotecas pero que también se encontraron conmigo y ahora me han recordado que seguían donde siempre: en la amistad más plena.

            Desde 1973, cuando inicié mi actividad profesional en el servicio de bibliobuses que Julia Méndez y su equipo del Centro Coordinador Provincial de Bibliotecas pusieron en marcha, hasta ahora, que acabo de finalizar un largo viaje de 16 años como responsable técnico del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha, he luchado por conseguir que el acceso a la lectura pública fuese un derecho real de todas las personas. Y he visto cómo en esa larga marcha cada vez éramos más los profesionales que clamábamos pidiendo bibliotecas para todos. Yo tal vez he sentido en ocasiones demasiado grande la carga y quizá por ello sentí en momentos determinados la soledad del corredor de fondo. Pero tal vez el ritmo trepidante de la carrera no me dejaba vislumbrar que a mi lado estaban otros muchos clamando por el mismo ideal.

            En octubre del año 2004 escribí un poema que titulé Tengo la voz ronca de clamar, y que constituyó el prólogo a una conferencia que pronuncié en Murcia con el título de La Biblioteca Pública, derecho de los ciudadanos.



Tengo la voz ronca de clamar.

Son ya muchos años de gritar,

como un profeta en el desierto.

Palabras, palabras, palabras lanzadas al viento

defendiendo un derecho que se niega

como el pan y el agua se niega en tantos países de la tierra.



Y sigo caminando.

A veces soy un peregrino de esperanza,

pero tantas veces siento el deseo de quedarme quieto…

y callado,… en silencio….



Es cierto

que ya somos un verdadero ejército

que lucha a favor del libro,

que sueña con que algún día

todos puedan acceder a bibliotecas repletas de palabras y pensamientos,

todos puedan disfrutar

de información en libertad. y en convivencia.

Y, sin embargo, renacen gigantes que muestran sus dientes afilados,

que pretenden segar la cosecha de un trigo

que aún no tiene el tiempo necesario.



Sí, en verdad somos un ejército inmenso,

bibliotecarios para un servicio público esencial,

cada uno en su barrio, en su ciudad, en su pueblo,

ofreciendo exquisitos manjares a quienes los demandan,

a quienes los aceptan, a tantos que aman las palabras.



          Somos un ejército de paz y de palabras,

pero demasiadas veces yo siento

que soy un corredor de fondo y voy solo corriendo,

sin nadie a mi lado,

y la meta se me antoja lejana,

infinitamente lejos,

y entonces me siento sin fuerzas,

y cesaría en mi empeño

si no fuera por Dios y por el Viento.



Información y lectura son derecho de todos,

derecho de los que viven en las grandes ciudades

derecho de los que viven en las áreas rurales,

en municipios medianos o en pequeñas aldeas,

derecho de los niños y también de los jóvenes,

derecho de los ancianos y de todos los adultos,

de hombres y mujeres y de pobres y ricos,

de inmigrantes que llegaron de tierras lejanas

y de quienes crecieron a la sombra de los árboles de su ciudad.



Y, sin embargo, se sigue negando este derecho

como se niegan el pan y el agua en tantos lugares de la tierra.

¿Cuándo bibliotecas para todos?

¿Cuándo políticos que asuman este derecho con valentía y firmeza?

A caminar, a caminar,

a seguir proclamando las palabras,

aunque el cansancio  amenace por los cuatro costados

y te sientas señalado por el dedo como un soñador enloquecido.



             Hoy quiero pedir perdón públicamente. Tal vez yo creí que iba siempre en vanguardia, cada vez aportando nuevas ideas y soluciones, pensando que yo portaba el estandarte en el que enunciábamos la utopía de la universalización del acceso a bibliotecas públicas para todos los ciudadanos. En realidad yo era el pregonero, el encargado de difundir vuestros sueños y anhelos, vuestras necesidades; yo era el gestor que en los despachos y en los foros técnicos y científicos llevaba vuestras palabras. Yo erraba, estaba equivocado radicalmente cuando me veía a mí mismo como un atleta que en la larga carrera establecería nuevas marcas, indicadores magníficos que teníamos que mostrar para que los presupuestos creciesen y pudiésemos construir entre todos el gran edificio bibliotecario de nuestra Comunidad Autónoma. En realidad, vosotros, amigos y amigas, poníais ladrillo a ladrillo, piedra a piedra, el edificio de la Red de Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha. Y yo, que siempre he hablado de equipo y me he sentido totalmente orgulloso de mi equipo, tal vez no vislumbré nítidamente que el equipo era inmenso, un verdadero ejército de paz y de palabras.

            Y en este año 2006, desde que supe que llegaba la hora de bajar de la nave en la que habíamos hecho la larga travesía, he visto, aún con más luminosidad, que nunca estuve solo, que esta maratón era en realidad una carrera de relevos en la que cada uno llevaba el testigo cuando era necesario.

            Ahora cambio de nave y de mares. En este impresionante Salón de Mesa, cuando a finales de 1992 pronuncié mi discurso de ingreso como académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, inicié mi intervención recordando uno de los versos de León Felipe: “No sabiendo los oficios los haremos con respeto”. Hace unos días, cuando redactaba mi carta pública de despedida, quise empezarla recordando este mismo verso. Mi oficio los últimos 16 años me ha apasionado y tal vez era bueno cambiar para “que no hagan callo las cosas ni en el cuerpo ni en el alma”. Cuando estaba con vosotros, cuando defendía con ardor mis opiniones, tal vez tenía el oficio tan aprendido, tenía tanta certeza en lo que pensaba, que quizá haya habido personas que se han sentido atacadas por la fuerza y la pasión que yo mostraba. Desde luego no fue jamás esa mi intención, pero quiero pedir perdón si alguien se sintió ofendido cuando yo defendía vehementemente mis ideas.

            Así que me acojo de nuevo a la idea primitiva de mi querido León Felipe:



            Ser en la vida romero,

            romero solo que cruza siempre por caminos nuevos.

            Ser en la vida romero,

            sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.

            Ser en la vida romero…sólo romero…

            …pasar por todo una vez, una vez solo y ligero,

            ligero, siempre ligero.



            Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,

            ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos

            para que nunca recemos

            como el sacristán los rezos,

            ni como el cómico viejo

            digamos los versos.



            Finalizo. En este mismo Salón de Mesa pronuncié también hace unos años el discurso de apertura del curso académico de esta Institución, con el título Lectura pública en la provincia de Toledo (1771-1997). Comenzaba mi intervención con estas palabras:  “Sueño con un día en el que todos los hombres y mujeres, los niños y las niñas, todas las personas de España puedan acceder a la lectura y a la información, y se cumplan así los derechos que, en relación a las funciones que se realiza desde las bibliotecas públicas, enuncia la Constitución. Pero mientras tanto, la Historia es un buen camino para la esperanza”.

            Que este sueño se cumpla sigue siendo mi anhelo. Lo realizado durante los últimos años en el Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas es ya historia también. Una labor que he tenido el placer de dirigir pero que ha sido fruto del trabajo, del esfuerzo ilusionado de muchas personas. Pero las personas pasamos y son las Instituciones las que deben permanecer. En concreto, os formulo un ruego: que sigáis acompañando a mis compañeros y compañeras del SERLAB, infatigables acompañantes de singladura y de esperanza. Ellos y la persona que se haga cargo del timón del SERLAB están llamados a continuar la historia  y a seguir escribiendo páginas para conseguir que la utopía por la que hemos luchado se cumpla plenamente.

            Mi agradecimiento a todos los profesionales que con vuestro trabajo diario están haciendo posible la transformación de la realidad de los archivos y bibliotecas.

            Mi gratitud a los sucesivos equipos políticos de las consejerías de Educación y Cultura primero y después de Cultura, por la confianza que me dispensaron y por haberme permitido desarrollar una labor que ha sido para mí apasionante, y en una tierra, Castilla-La Manchas.

            Quiero resaltar que estoy totalmente en deuda con las diversas asociaciones profesionales que desarrollan su labor en Castilla-La Mancha. Especialmente a ANABAD, a la B.A.C. (Bibliotecarios Asociados Conquenses) y a ABIBA (Asociación de Bibliotecarios de Albacete). Su apoyo, sus mensajes de aliento y, sobre todo, su trabajo cotidiano y permanente para que mejore la realidad bibliotecaria de nuestra Comunidad Autónoma y de sus profesionales son dignos de elogio.

            Gracias también a los promotores de este acto y a todos vosotros, que habéis acudido para testimoniarme vuestro afecto y amistad. No hace falta que os diga que este acto, que todas las palabras pronunciadas, que todos vuestros gestos de complicidad y cercanía permanecerán en mi corazón.

            No me atrevo a pronunciar ningún nombre en especial. Todos estáis muy dentro de mí. Con muchos de vosotros el contacto ha sido más lejano, en reuniones o cursos, en presentaciones de programas, a través de los instrumentos de comunicación que fuimos articulando,…Con otros, hemos luchado codo con codo. Hemos saboreado la alegría de la puesta en marcha de proyectos que anhelábamos y hemos compartido también la amargura de la incomprensión y de las parálisis. Pero, finalmente, con todos creo que hemos militado en la esperanza.

            Doy gracias a Dios, que me fue trazando los caminos y con su Amor hizo que siempre me sintiera persona en camino y con una brújula muy especial que marcaba mi vida: Cristo resucitado, que me ha ayudado siempre a dar un sentido a mi actividad profesional y a luchar por los demás.

            Mi agradecimiento a mi familia, especialmente a mi mujer y mis cuatro hijos. Demasiadas veces he cometido el error de que mi trabajo compitiera duramente con mi vida familiar.

            Y, cómo no, gracias a la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, por haber abierto sus puertas para que todos nosotros podamos compartir en esta mañana tantos sentimientos y palabras.

            Ya me voy. Me preguntas qué me llevo: mis manos vacías y mi corazón lleno de esperanza. Con estas palabras de Tagore termino, no sin antes pronunciar una vez más una palabra que hoy me parece mágica e imprescindible: GRACIAS.


Juan SÁNCHEZ SÁNCHEZ

domingo, 29 de enero de 2006

Por una política de Estado en Bibliotecas Públicas



Por una política de Estado en Bibliotecas Públicas*

            En los últimos tiempos afloran nuevas desigualdades entre los ciudadanos por motivo de su lugar de residencia. Una de las que menos sale a la luz es la de la biblioteca pública: a pesar de los notables avances experimentados en el desarrollo de servicios bibliotecarios durante las últimas décadas, España presenta un variado mosaico en este servicio público derivado de la inexistencia de una Ley de Coordinación Bibliotecaria que sirva de marco básico para la prestación de servicios de biblioteca pública en el conjunto de nuestro país. Si a esta carencia añadimos la dispar situación de las legislaciones autonómicas y la insuficiente regulación del servicio de biblioteca pública para los municipios, la desigualdad está servida.  Y aunque altos responsables públicos insisten en que  “todos los españoles tenemos los mismos derechos”, o “debemos velar para que todos los españoles tengan los mismos derechos”, referido normalmente a temas como  la educación, la sanidad, la vivienda,…, son sin embargo pocos los políticos que se pronuncian sobre el derecho de todos los españoles a leer, a informarse, a educarse permanentemente mediante la biblioteca pública.
                               Los indicadores (año 2003) son expresivos de esta desigualdad: En cuanto a colecciones, con una media nacional de 1,21 libros u otros soportes por habitante, las comunidades autónomas oscilan entre 0,751 de Murcia y  2,318  de  Castilla-La Mancha, con muchas regiones que siguen sin alcanzar la media de 1 documento por habitante. En cualquier caso, pese a los avances, estamos demasiado lejos de los países europeos más avanzados, con medias en torno a 10 libros por habitante.   El gasto en adquisición de colecciones es también significativo: con una media de 1 euro/habitante, también está a la cabeza Castilla-La Mancha con  1,91 euros frente a 0,43 euros  de Andalucía, 0,51 en Canarias y otras seis regiones que no llegan al gasto medio.
                               Respecto al gasto total en bibliotecas por habitante, paulatinamente va ascendiendo, pero las cifras son francamente bajas. Continúan  a la cabeza Cataluña y Castilla-La Mancha, respectivamente con 14,75 y 14,38 euros por habitante, mientras que Galicia (4,20), Andalucía (4,27), Baleares (4,34), Canarias (4,89), Comunidad Valenciana (5,08), Murcia (5,25) y otras comunidades están con unas cifras no sólo muy bajas sino con crecimientos anuales escasos y lentos. Este desigual gasto, que sitúa a regiones tradicionalmente pobres como Castilla-La Mancha a la cabeza en muchos de los indicadores, refleja las políticas estables y de decidido apoyo a las bibliotecas municipales, frente a regiones en las que los municipios no han gozado de similares apoyos de su correspondiente Administración Autonómica.  El mayor gasto en bibliotecas se corresponde con unas bibliotecas más dinámicas y con mejores servicios. Por ejemplo, en préstamos por habitante, Castilla y León tiene la primacía, con 2,5, mientras que es la cuarta comunidad por gasto en bibliotecas; Castilla-La Mancha es la segunda en préstamo (2,16), y también es la segunda en gasto; Cataluña es la tercera en préstamo (1,726) y la primera en gasto. Igual ocurre si  analizamos las actividades culturales de las bibliotecas: con una media del 74% de bibliotecas que organizan actividades, están  en los puestos más altos País Vasco, Cataluña (96%), Baleares (89%), Castilla-La Mancha (85%) y Canarias (84%)  frente a Aragón (63%), Castilla y León (67%) y Galicia y Andalucía (ambas con el 68%).

La biblioteca pública, con todas las luces de los últimos años, sigue siendo una asignatura pendiente en las políticas culturales. Aunque la cifra aceptada de población atendida es teóricamente del 97% mientras que el 3% carece de servicios bibliotecarios, si miramos a los municipios sólo el 68% de los municipios cuentan con algún tipo de servicio bibliotecario o están atendidos por bibliobuses, mientras que el 38% de los municipios españoles carece de cualquier acceso a servicios bibliotecarios. El dato es más escalofriante así: más de 3.000 municipios españoles no tienen acceso a servicios bibliotecarios de ningún tipo. Podríamos enunciar el problema de esta forma:  a los españoles residentes en pequeños municipios se les sigue negando en muchos casos el derecho a leer y a la información.
            Pero las  ciudades tampoco se salvan de los graves problemas. Muchas localidades, que deben tener una verdadera Red de Lectura Pública que atienda a los ciudadanos de los distintos barrios, cuentan sólo con un centro bibliotecario. Como faltan obligaciones legales precisas y la cuestión de la financiación municipal sigue sin resolverse, encontramos ciudades con planes modélicos de desarrollo del servicio de biblioteca pública junto a casos verdaderamente dramáticos en muchas de las ciudades españolas.
 Siendo estos indicadores preocupantes, es más grave la falta de una política de Estado para afrontar el reto de las bibliotecas públicas en la actual Sociedad de la Información y el Conocimiento; pero la actual Ministra de Cultura, como sus antecesores, mantiene un cierto complejo que le incapacita para ofrecer soluciones estructurales. La Constitución Española reconoce el “acceso a la cultura” como un derecho de todos los españoles (art.  44) y también el derecho a “recibir libremente información veraz” (art. 20.1.d) o, genéricamente, el “derecho a la educación” (art. 27); y  estos tres pilares que constituyen la misión de la biblioteca pública (cultura, información y educación permanente) no han logrado convertirse jurídicamente en un  derecho que revierta en la universalización o democratización del acceso de los españoles a servicios de biblioteca pública.
            Aunque defiendo el Estado de las Autonomías e incluso  hay quien proclama que el Ministerio nada tiene que hacer en esta tarea, nuestra Constitución dejó muy clara la resolución de estas desigualdades: “El Estado tiene competencia exclusiva sobre…la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos…” (art. 149.1.1ª), que incluso “… podrá dictar leyes que establezcan los principios necesarios para armonizar las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, aun en el caso de materias atribuidas a la competencia de éstas, cuando así lo exija el interés general…” (art. 150.3).
            Consiguientemente, la Ministra de Cultura, que no destaca por iniciativas que puedan dar idea de que el Ministerio va a tener entre sus prioridades una política bibliotecaria acorde con las necesidades de los ciudadanos del siglo XXI, no puede seguir argumentando que este problema compete sólo a las Comunidades Autónomas. La biblioteca pública es un derecho de todos los ciudadanos, y al Ministerio de Cultura corresponde abordar un plan coordinado con los gobiernos autonómicos que garantice este derecho al conjunto de la población española.




* Diario ABC (29-1-2006). Edición nacional, sección “Firmas en ABC”, página 77.

lunes, 19 de diciembre de 2005

Manifiesto de Toledo por la Biblioteca Pública



Manifiesto de Toledo por la Biblioteca Pública*


            Comparecencia ante los medios de comunicación de la Ministra de Cultura y de la Consejera de Cultura de Castilla-La Mancha.



            Acaba de finalizar la Conferencia Sectorial de Cultura, y comparecemos conjuntamente para informarles, y a través de ustedes a toda la sociedad española, que hoy las bibliotecas públicas viven un día realmente histórico. Como Ministra de Cultura quiero comunicarles que antes de iniciarse la sesión de la Conferencia he tenido la oportunidad de celebrar una reunión con el Presidente del Gobierno de la Comunidad de Castilla-La Mancha, quien me ha transmitido su interés personal y político sobre la necesidad de que la Conferencia Sectorial aprobase una declaración institucional referente a las bibliotecas españolas. Sin duda el hecho de que la actual Consejera de Cultura sea bibliotecaria, lo que constituye un hito en la política cultural de nuestro país, ha influido poderosamente en este interés.



            Como seguramente conocen, el Gobierno de Castilla-La Mancha se había comprometido públicamente en el año 2003, mediante el Plan de Desarrollo Bibliotecario Bibliotecas Públicas Siglo XXI que el Gobierno regional aprobó para esta Comunidad, a buscar fórmulas que permitieran la publicación de un Manifiesto por la Biblioteca Pública que se redactase e hiciese público en Toledo y que constituyera un compromiso de futuro del conjunto de gobiernos autonómicos y del  Gobierno de España acerca de las políticas bibliotecarias. Pues bien, el Presidente me ha presentado un amplio informe acerca de las desigualdades que en este momento existen entre las distintas regiones españolas a la hora de prestar el servicio de biblioteca pública. Este informe, ha sido explicado por la Consejera de Cultura de Castilla-La Mancha en el curso de la Conferencia y, como consecuencia, se ha acordado de forma unánime la redacción de dicho Manifiesto,  que ha sido aprobado también con el acuerdo de todos los responsables autonómicos.



            Puedo asegurarles que lo que en principio era una Conferencia Sectorial más, con un orden del día que incluía los puntos que se les habían comunicado a ustedes a través de la nota difundida ayer por la Oficina de Prensa del Ministerio, se ha convertido en la práctica en una Conferencia Sectorial prácticamente monográfica en torno a la situación y el futuro de las bibliotecas públicas.



            Por la transcendencia de este acuerdo, se ha decidido esta comparecencia conjunta, que va más allá del papel de anfitriona que lógicamente tiene también la Consejera castellano-manchega por el hecho de celebrarse en la capital de Castilla-La Mancha esta reunión de la Conferencia Sectorial de Cultura.



            Tras esta introducción, vamos a proceder sin más explicaciones a la lectura del que hemos denominado Manifiesto de Toledo por la Biblioteca  Pública, que esperamos y deseamos sea un instrumento muy fructífero para la lectura pública en España:







            “En Toledo, en el Salón Emperatriz del Palacio de Fuensalida, sede de la Presidencia del Gobierno de Castilla-La Mancha, ha tenido lugar la Conferencia Sectorial de Cultura que ha sido convocada por el Ministerio de Cultura y a la que han asistido los responsables de cultura de la totalidad de Comunidades Autónomas españolas.



            Como acuerdo principal de esta Conferencia se ha aprobado, tras un amplísimo debate, este Manifiesto por la Biblioteca Pública, que finalmente ha obtenido el respaldo por consenso del conjunto de administraciones culturales presentes en la sesión, y que consta de los siguientes compromisos:



            1) El Ministerio de Cultura redactará un Proyecto de Ley de Coordinación Bibliotecaria que se tramitará durante el actual período de sesiones de las Cortes Generales.  Esta Ley establecerá el nuevo marco para las políticas de lectura pública en nuestro país. No obstante, el Ministerio de Cultura y los responsables de las políticas bibliotecarias en las Comunidades Autónomas han aprobado algunos de los parámetros que deberá recoger dicho texto legislativo, y que esencialmente se recogen en los puntos siguientes del presente Manifiesto de Toledo por la Biblioteca Pública.



            2) El servicio bibliotecario se enmarca en el derecho constitucional de los ciudadanos españoles de acceder a la Cultura, la Información y la Educación. Consiguientemente, la Ley deberá regular la obligatoriedad por parte de las Administraciones Públicas de organizar la prestación del servicio bibliotecario público para garantizar el acceso de todos los españoles a estos servicios, sin desigualdades por razón de la residencia en unas u otras comunidades autónomas, ciudades o pueblos.



            3) El servicio de Biblioteca Pública estable será obligatorio en todos los municipios que cuenten con una población superior a 1.000 habitantes. Para ello, el Gobierno de España, con la participación de los Gobiernos autonómicos, se compromete a realizar y desarrollar un PLAN DE BIBLIOTECAS PÚBLICAS para el período 2007-2016, al final del cual deberá haberse hecho realidad esta obligatoriedad. En el caso de municipios con población inferior a la citada, la Ley establecerá las fórmulas de servicio bibliotecario que deberán ponerse en marcha para conseguir que la totalidad de municipios españoles dispongan de servicios bibliotecarios adecuados y permanentes (Bibliotecas móviles, etc.), así como la Administración responsable de asumir la prestación de esos servicios.



            4) Los responsables institucionales reunidos en esta Conferencia expresan su radical confianza en la Biblioteca Pública como puerta de acceso democrático de los ciudadanos a la Sociedad de la Información y del Conocimiento, y como centro neurálgico en la vida local. Por ello, acuerdan que la Ley incluya unos estándares de servicios, funcionamiento, fondos, etc.,  a los que deberán ajustarse las bibliotecas públicas españolas para que puedan realizar su alta misión social y educativa de acuerdo a las necesidades de la sociedad del siglo XXI. De manera especial, se incide en la necesidad de que las ciudades y localidades mayores de 25.000 habitantes dispongan de redes urbanas de bibliotecas que presten servicio al conjunto de personas residentes en los distintos barrios y zonas de esas poblaciones.



            5) Finalmente, y aunque se acuerda felicitar al Ministerio de Cultura por haber impulsado la celebración de las Conferencias sectoriales de Cultura, los responsables autonómicos instan al Ministerio a profundizar en la coordinación de las políticas, programas e iniciativas del ámbito de la lectura pública como método de trabajo a seguir. Al efecto, proponen la constitución de la Conferencia General de Política Bibliotecaria, cuyas funciones, composición y formas de funcionamiento deberá regular la Ley de Coordinación Bibliotecaria.







            En definitiva, el espíritu que emana de este Manifiesto es que la lectura, concretada  en los servicios de la Biblioteca Pública, es una cuestión de Estado y que precisa de la participación y el esfuerzo coordinado del conjunto de Administraciones Públicas de nuestro país. “



            Toledo, 19 de diciembre de 2005.


* Escrito en diciembre de 2005. No obstante, permanecía inédito. Cuando se celebró la Conferencia Sectorial de Cultura en Toledo, ya tenía conocimiento, aunque no me había sido comunicado de forma oficial, de mi inmediato cese como responsable del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas. Por esta razón decidí no hacer público el texto del Manifiesto, que sin duda hubiera sido considerado ofensivo hacia las autoridades de la Consejería de Cultura. Como tantas  veces, la autocensura limitaba la libertad de expresión y conseguía que los sueños se encerrasen en el disco duro del ordenador… Fue recogido en el libro En defensa de la biblioteca pública (2012).