miércoles, 29 de abril de 1981

El juicio de Salomón: La biblioteca pública se muere por asfixia



El juicio de Salomón:
 La biblioteca pública se muere por asfixia*




La adquisición del convento de santa Fe para ampliar la biblioteca toledana suponía la solución ansiada a su asfixia. La decisión de la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas de dividir el edificio entre Biblioteca y Museo de Santa Cruz ha provocado diversas reacciones en la prensa toledana, a partir de la moción que hizo pública la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Mis trabajos bibliográficos hacen que me sienta ligado a nuestra Biblioteca, a la que acudo asiduamente. Esta razón me mueve a opinar sobre este conflictivo tema, obligado moralmente como lector y como toledano. Mi interés por este centro cultural no es nuevo: buena prueba de ello son otros artículos anteriores publicados en La Voz del Tajo. En esta ocasión me he planteado el problema repasando la historia reciente de este centro bibliográfico. Las memorias publicadas a partir de 1966, la moción de la Academia y mi propio conocimiento empírico del problema son las claves en que me asiento para tomar postura. Por otro lado, no niego las necesidades de expansión del Museo: pero pienso, sinceramente, que deberá buscarse otra solución distinta a la que el Ministerio de Cultura pretende. Dividir santa Fe no eliminará, ni siquiera a corto plazo, los problemas de ninguno de los centros. El gasto público que supondrá la adecuación del convento a sus nuevos fines obliga a hacer las cosas bien y con visión de futuro.
            España, se dice, es uno de los países donde más se publica y donde menos se lee. Si esto es cierto, me parece indudable que gran parte de la culpa de tal situación radica en la deficiente infraestructura bibliotecaria del país. Escasas bibliotecas y unos cuerpos de bibliotecarios tan exiguos que podrían hacer encasillarnos como país tercermundista son los dos reflejos más evidentes de la nefasta política bibliotecaria que en este terreno se ha hecho y se hace en España. No pretendo ahora analizar este complejo problema, que tantos males acarrea en nuestra sociedad y que, sin embargo, es marginado por propios y extraños.

La riqueza de la Biblioteca de Toledo

Dentro de esta problemática se enmarca la situación de la Biblioteca Pública de Toledo. La importancia de sus fondos hace que sus problemas deban tener dimensión nacional, pues el rico contenido bibliográfico que atesora este centro debe ser hoy patrimonio de todos los españoles: la internacionalmente conocida Colección Borbón-Lorenzana, compuesta por unos 100.000 libros impresos ( entre ellos 411 incunables) y más de 1.000 manuscritos de los siglos XI al XIX la hace una de las mas importantes de Europa. Si exceptuamos Madrid y Barcelona ninguna provincia española cuenta con biblioteca de tal entidad, ni siquiera las universitarias. Esta importancia se consideró ya en 1966, año de inauguración de los nuevos locales que albergaban a la Biblioteca y al archivo provincial de Protocolos: el entonces Director General de Archivos y Bibliotecas, don Eleuterio González Zapatero, la calificó como una de las doce bibliotecas más importantes del mundo desde el punto de vista de las ciencias eclesiásticas, lo que es lógico si pensamos que la mayor parte de sus fondos antiguos proceden de la biblioteca de los cardenales arzobispos de Toledo, entre los que hubo grandes bibliófilos. Aquellas nuevas instalaciones se enmarcaban en la política de creación de Casas de Cultura, bibliotecas que presentaban una serie de servicios anejos (la de Toledo sólo salón de actos) para que su labor pedagógica y cultural alcanzara una proyección integral en la comunidad.
 
Una vieja utopia: planificar con visión de futuro 
Conocemos que las directoras de la Biblioteca y el Archivo, a la vista del proyecto del nuevo edificio, advirtieron que esa Casa de la Cultura sería incapaz de alojar los fondos de ambos centros. El Ministerio se excusó de atender las objeciones de las directoras diciendo que sus preocupaciones procedían de un "celo excesivo". Pero el M.E.C. se equivocó: tan sólo cuatro años después la dirección de la Biblioteca denunciaba los frecuentes altercados que se producían en la sala de lectura debido al malestar que la insuficiencia de plazas (sólo existen 48 puestos) provocaba entre los lectores. El paulatino desarrollo cultural de Toledo (creación de un Centro Universitario, de la Universidad Laboral y de varios institutos de bachillerato, por citar sólo las instituciones docentes) ponía de manifiesto la total incapacidad de la Biblioteca para atender al menos a la población estudiantil. La Directora emitía un informe (publicado en la Memoria de 1970) sobre la necesidad de construir un edificio anejo en el paseo del Miradero para ampliación de la Biblioteca, alertando que de no hacerlo así "el desarrollo cultural de Toledo, sede irradiadora durante siglos del máximo saber de la época, se verá frenado y puede que hasta casi anulado por la carencia de una biblioteca eficaz y actual y de los imprescindibles servicios agregados a ella, tan importantes para la elevación del nivel espiritual y hasta material de sus habitantes ". Pero nadie se inmutó.
La cultura no importa
Otra nueva medida vino a ensombrecer el panorama cultural toledano: en abril de 1973 tuvo que dejarse de programar actos culturales por la imperiosa necesidad de habilitar el salón de actos para nuevo depósito. Las crecientes adquisiciones de nuevos volúmenes hizo aún más insuficientes sus locales. Se pensaba que las autoridades provinciales y nacionales se alarmarían ante el gravísimo problema que se cernía para los toledanos. Pero la cultura no importó a nadie. Sólo la Directora de la Biblioteca hacía gestiones para solucionar el problema. Su nueva propuesta fue la adquisición del convento de Santa Fe, al haber marchado de la ciudad las religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos (ursulinas), que utilizaban el mismo como colegio de E.G.B y B.U.P. Desde la Memoria de 1974, en todas aparecen informes sobre la absoluta necesidad de comprar dicho inmueble, habiendo efectuado intensas negociaciones con los sucesivos altos cargos del MEC, primero, y del Ministerio de Cultura después. Nadie, salvo la Directora, se ha molestado en colaborar en que esas gestiones fructificasen. Nadie ha admitido, al parecer, que el constreñimiento de la Casa de la Cultura fuese problema que afectase por igual a todos los toledanos y no exclusivamente a su Dirección. Ningún partido político tomó entre sus objetivos electorales la solución de tal problema: quizá porque la cultura importa a pocos y tal vez porque ni los mismos políticos se han percatado de que no hay cuestión más prioritaria en una política cultural coherente y avanzada que la atención preferente a las bibliotecas públicas. De su dinamismo e incidencia en la sociedad dependerá en buen grado, el progreso de los pueblos.
La esperanza: la compra del Convento de Santa Fe
Los nuevos tiempos trajeron renovadas esperanzas. A finales de 1979, Toledo conocía que el Ministerio de Cultura había adquirido, por fin, el antiguo convento, con aportación económica, a mitades, de las subdirecciones generales de Bibliotecas y de Archivos, entonces dependientes de dos direcciones generales distintas; la de Libro y Bibliotecas y la de Patrimonio Artístico y Museos respectivamente. Era una medida harto esperada por los que nos interesábamos en el tema: la continua expansión cultural de la ciudad hacía imprescindible dicha compra, máxime en estos momentos en que, en varios años, cabe la posibilidad de restaurar un pleno Toledo universitario, con la creación de algunas Facultades de la proyectada Universidad de Castilla-La Mancha; de otra parte, ya he apuntado en otros artículos la necesidad de crear un centro bibliográfico regional, como base de la potenciación de la investigación regional, para el que, sin lugar a dudas, apuesto por la Biblioteca Pública toledana como el más adecuado. Y, en fin, la céntrica situación de la Casa de Cultura es otro aliciente más para afirmar que este Centro deberá ser el lugar de donde emerja gran parte de la cultura toledana y al que confluyan, en los distintos áreas de interés, todos los toledanos.

La desesperanza: tropezar en la misma piedra

La Biblioteca proyectaba sacar el máximo rendimiento al nuevo edificio, respetando su estructura arquitectónica por ser monumento nacional desde el año 1919. Así, la capilla del siglo XVII (con ábside del XIII) podría utilizarse como amplio salón de actos que albergaría no sólo los acontecimientos culturales cotidianos sino incluso congresos nacionales e internacionales, que actualmente no encuentran en la ciudad su marco adecuado. Otro ejemplo es la sala con artesonados mudéjares del XV, que sería una extraordinaria sala de exposiciones. Junto a estos dos servicios, imprescindibles hoy además de nuevos depósitos que permitan el ingreso de volúmenes a largo plazo, se crearía una serie de dependencias especiales en razón de la magnitud de esta Biblioteca, que hace aconsejable que cuente con servicios no comunes en otras bibliotecas provinciales, como restauración del libro antiguo, microfilm, medios audiovisuales, etc. Pero este país no tiene remedio: parecía lógico que nunca volviera a darse la falta de planificación que el MEC mostró al proyectar la actual Casa de Cultura, desoyendo, como ya dije, las sugerencias de las responsables más inmediatas: las directoras de biblioteca y archivo. La experiencia parece no contar en este país. Por segunda vez ante un mismo problema, Madrid distribuye un edificio sin realizar los estudios oportunos sobre las necesidades del Centro. y no sólo no planifica sino que intenta una solución salomónica partiendo en dos mitades el convento de Santa Fe, destinando una parte a ampliación de la Biblioteca y otra a la del Museo de Santa Cruz. Nunca, durante los duros años de negociaciones, hubo una petición del citado Museo de destinar el convento a sus instalaciones museológicas: sólo lo ha hecho una vez adquirido. Pero esto no es lo más importante: si fuese racional esta división apoyaríamos las legitimas aspiraciones del Museo y diríamos que. "más vale tarde que nunca". Pero no es así: la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas ofrece una solución que a mi juicio es aberrante e irracional, con el agravante de que dictamina sin antes conocer in situ la realidad del problema de la Biblioteca Pública. De no asegurarse el futuro de esta institución estaremos hipotecando el futuro de Toledo, de su desarrollo cultural e incluso privarla de una de las condiciones imprescindibles que dan a una ciudad carácter universitario. Cuando tras diez años Madrid quiere soslayar el tema desnudando a un santo para malvestir a dos, está marginando un problema de importantes dimensiones que afecta no sólo a los toledanos sino a todos los investigadores del país.
La moción de la Real Academia

Como con la ya famosa polémica de la variante de Soria, empiezan a alzarse voces clamando contra esta decisión injusta. La primera, y muy  potente, ha sido la de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, que ha hecho pública una densa moción en la que pide que el convento de Santa Fe se destine "en su totalidad" a ampliar los servicios de la Biblioteca. La moción constituye toda una alternativa al problema. La Academia recuerda la necesidad de que la Biblioteca presente todos sus fondos en un mismo edificio, céntrico para facilitar el acceso de los lectores o de los asistentes a sus programas culturales, y demuestra minuciosamente, con los mínimos que establece la UNESCO para estos centros, que la Biblioteca no tendrá espacio sobrante para realizar correctamente su actividad aún en el caso de que se destine todo el edificio para sus fines. Uno de los párrafos intenta responder a la justificación que alega el Museo para ejercer su pretensión a disponer de la mitad del convento:  “..las necesidades del Museo de disponer los fondos de manera que se encuentren ordenados por culturas y por periodos arqueológicos y artísticos, que permitan una exposición didáctica de las colecciones se ha roto ya con la creación de las secciones monográficas de la época visigoda, en San Román; Sefardí, que actúa administrativamente desligado del Museo de Santa Cruz, en la sinagoga del Tránsito; de la sección de artes mudéjares, instalada en el Taller del Moro; y del Museo monográfico de Arte Contemporáneo en la calle de las Bulas. Por tanto, queda obviado el problema de establecer nuevas secciones en las inmediaciones de la colección central, más aún teniendo en cuenta que esta colección se refiere en su mayor parte a las Bellas Artes y los museos monográficos actualmente existentes, y que se pretenden instalar en el edificio que nos ocupa, son colecciones arqueológicas que pueden muy bien ser instaladas con tal de facilitar una circulación lógica a los visitantes, a lo largo de todo Toledo, en cualquiera de los múltiples edificios que están quedándose vacíos dentro del casco antiguo y que el Ministerio de Cultura tiene la obligación de conservar, por tratarse de una ciudad monumental. Este no es, sin embargo, el caso de la Biblioteca Publica que tiene, obligatoriamente, que presentar sus colecciones lo más compactas posibles y en el lugar más céntrico y con mejores accesos para todos los habitantes de la ciudad". 

Cultura divide sin dar explicaciones

Esta es la concepción de la Academia. Por su parte, la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas divide el convento sin aclaración alguna y, lo que es más grave, sin explicar en qué medida podrán ser utilizadas y aprovechadas esas dos mitades por Biblioteca y Museo respectivamente. Y, en otro grado habría que analizar, con proyección de futuro, si esa solución salvará de una vez por todas a la asfixiada Biblioteca Pública toledana. La moción ha sido asumida por la comisión de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Toledo y por la comisión de Patrimonio Artístico. Creemos que otras fuerzas políticas y sociales se movilizarán si la solución salomónica del señor Tusell sigue adelante. Tusell, actual Director General de Bellas Artes, es un intelectual nato: su actividad como historiador es una garantía para ocupar un puesto de tal responsabilidad en la cultura española. El, como nadie, debe saber la  importancia que los fondos de la  biblioteca toledana tienen para la cultura. Si no los conoce, le animaría  fervientemente a que realizase una  detenida visita a la biblioteca para que se cerciore de la riqueza bibliográfica de  la misma. De persistir en su actual decisión, la imagen del Director General, podría verse seriamente desprestigiada y  le alcanzaría una polémica de dimensión nacional que ahora puede evitar si la razón y la lógica se imponen. Por otra parte en una época que por todos lados, se bautiza como democracia, resultaría ilógico que no se abriese un diálogo franco entre los responsables ministeriales y la Directora de la Biblioteca y demás entidades afectadas.
Un deber de todos los toledanos: proteger nuestra biblioteca
El problema, en su actual estado, no compete sólo a la Biblioteca. Otras entidades culturales, políticas y sociales deberán definirse en torno al tema. Deben ser presentadas nuevas alternativas al problema y, aún más, las autoridades provinciales han de tomar postura ante una acción que afectará al futuro cultural de la provincia en grado sumo. Cuando una cuestión como la que comentamos ocurre en el marco provinciano, han de rehuirse los amiguismos y las medias tintas. Estar entre dos aguas supone una actitud digna de los buenos conservadores y un inhibirse de las situaciones que se presentan. Hoy como ayer, no podemos ser neutrales si la razón, el bien común y la cultura nos exigen que plantemos cara a los problemas reales de Toledo: y hoy el atropello que se pretende hacer a nuestro máximo centro bibliográfico no sólo es una reminiscencia de las formas de actuar de los tiempos de la dictadura, sino una de las decisiones que mayor infuencia puede tener en el futuro de la cultura toledana. La Historia ha evolucionado en su objeto, su concepto, sus protagonistas y sus métodos: pero todavía juzga las grandes responsabilidades: si un día los historiadores estudiamos la evolución de la Biblioteca Pública toledana -en su doble dimensión de rico legado bibliográfico de los siglos y nueva concepción en su proyección a  la comunidad humana a la que sirve- sin duda nos detendremos especialmente en este momento histórico. Usted, señor Tusell, tiene en su mano el juicio de la Historia a su decisión.




* La Voz del Tajo (29-4-1981), págs. 4-5. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España,  págs. 216-222.



jueves, 15 de mayo de 1980

Cambiar Toledo: Notas para un análisis del panorama cultural de la ciudad




Cambiar Toledo:


Notas para un análisis del panorama cultural de la ciudad*

 

Toledo, se dice, vive en estos tiempos un hermoso resurgir de la cultura. La casi mítica apatía de los toledanos va arrinconándose poco a poco, y en distintos frentes surgen personas iniciadoras de proyectos culturales destinados a cambiar Toledo. Desde las animosas y trabajadas manifestaciones en los barrios, organizadas por las Asociaciones de Vecinos, hasta el amplio y completo programa que este año ha organizado el Ayuntamiento democrático, hay un denso abanico de movimientos culturales, realmente inusual en estos pagos.

Una revista para la comunicación

Benacazón, como Patio Toledano, rebosa su capacidad porque la gente quiere comunicarse y dialogar en la revista hablada que dirige ese hombre infatigable que es Martínez Ballesteros, e informarse, por boca de los propios protagonistas de la noticia, del discurrir de la vida toledana.

Tolmo y Alberto Sánchez

En la plástica, la Galería Tolmo pasó ya a Asociación Cultural y prosigue con sus representativas exposiciones, trabajando ahora, además -entre otros proyectos-, en dotar a la ciudad de un Museo de Escultura al aire libre; pero antes -era obligado- organiza la rehabilitación en Toledo del que fuera panadero, becario de la Diputación, pintor, escultor universal y embajador  toledano en el exilio: Alberto  Sánchez. La presencia en El Patio Toledano de su viuda Clara y de su  hijo, homenajeados con el aplauso de los toledanos de 1980 y por los versos entrañables de Neruda y  Alberti, ha supuesto sólo el aperitivo de una serie de actos  tendentes a terminar con el silencio en que se ha mantenido al más  universal de los toledanos de nuestro siglo. 
Amigos de la Música

            Respecto a la música, la respuesta al corte de suministro que efectuó el llamado Ministerio de Cultura, al suprimir las Decenas de nuestra ciudad, ha sido elocuente. Frente a las migajas organizadas por el centralismo cultural madrileño para los toledanos (¡señores, aprovechen estos 10 días de música, ya no tendrán otra oportunidad en 355 jornadas. Es una gran oferta!...) ha surgido la labor de los aficionados toledanos unidos en la Agrupación Musical Toledana, ofreciéndonos importes y continuados conciertos. Si además de esta novedad, viene el Excmo. Sr. Ministro del gremio (Don Cierva,  que diría Umbral) a Toledo y  promete, ratificando así las manifestaciones de otras personas,  que Toledo volverá a tener Decena,  no hay duda de que estamos de doble enhorabuena. Sólo resta que  se cumpla la promesa. Que estamos tan acostumbrados a promesas incumplidas como lo estaba Don Quijote en desfacer entuertos... 
Por un mejor toledo universitario  
Una promesa que nunca se cumplió fue la ampliación del Toledo universitario. Un día (eran otros tiempos, claro...) algún prohombre prometíó para Toledo la cuarta universidad de Madrid. Ya  era paradójico aquello, pero, por otro lado, no era novedoso. Toledo, había sido designada como una de las sedes permanentes de la descongestión de la capital de España. Primero fue el Polígono Industrial. Entonces sería la Universidad. No había mayor problema. Los toledanos, movidos a devoción por nuestras autoridades, hicimos público reconocimiento en Zocodover de nuestra gratitud a aquellas buenas personas que nos e iban a conceder ( ¡nada más y nada a menos! ) una ¡UNIVERSIDAD!  Luego todo quedó en agua de  borrajas. Mientras tanto, el Centro Universitario proseguía su anodina  labor. La Dirección, desde Madrid casi siempre, ponía todas las trabas posibles a la actividad cultural que no partiese de su digna iniciativa. Y  los estudiantes pintaban en las paredes y vociferaban en las calles aquella cantinela de "Ridruejo,  dimite; el Centro no te admite". Con los nuevos tiempos, vino el cambio. Y la imagen es distinta. La  iniciativa de alguno de sus profesores hace que el C.U.T. adquiera resonancia nacional a través de los Coloquios de Arqueología Medieval recientemente celebrados. Ex-alumnos del Centro mantienen en pie, recordándonos las dificultades de los tiempos de la Dictadura, el Cine-Club, y organizan las Semanas de Teatro, por supuesto generalmente con la falta de colaboración y asistencia de la mayoría del profesorado (sobre todo los de algunas disciplinas, no integrados en la vida. universitaria por su dedicación marginal y no exclusiva a la enseñanza) e incluso ( ¡y ya es triste! ) del propio alumnado.

La conclusión, en vista de la historia -ya de más de una década del C.U. T., es que no se trata, primordialmente, de personas (aunque a veces sea factor notable) sino de modelos de universidad. Toledo necesita una Universidad. Es claro que ahora lo importante es potenciar el Centro, mejorar nuestro presente universitario. Pero, repito, no hemos de olvidar que TOLEDO NECESITA UNA UNIVERSIDAD. Este es el S.O.S. que las autoridades toledanas, locales y provinciales, incluidos los parlamentarios, deben repetir mentalmente, aprenderse bien y luego soltar a modo de martilleo continuo donde proceda y 1o juzguen conveniente sus señorías. Una llamada que debemos aprender, también, todos los toledanos de a pie. Porque a todos nos interesa que exista Universidad estatal: El C.U. T. se sostiene con las aportaciones económicas de la Diputación, Caja Provincial de Ahorros y Ayuntamiento de Toledo, dineros que, como es lógico, tienen su origen en el pueblo toledano. Por otro lado, a través de los impuestos generales, los toledanos contribuímos al sostenimiento de las universidades. Es decir, los toledanos y, en general, los castellano-manchegos, estamos contribuyendo a la financiación de las universidades de otras regiones, mientras que esas mismas regiones no sólo no contribuyen a la nuestra (QUE NO LA TENEMOS) sino que además algunas nos roban las fuentes de ingresos y de vida más preciosas que tenemos: el agua de nuestro río. Todo en pro, parece ser, de los "equilibrios regionales". No esta mal para empezar... 

Hacia la capitalidad de la cultura 

Lo que sí ha empezado es la campaña-bombardeo difusora de la brillantísima idea de convertir Toledo en capital de España, al menos culturalmente. El viejo grito ácrata de "¡LA IMAGINACION AL PODER! " adquiere aquí su más exacta dimensión. Los toledanos de a pie queremos cambiar Toledo, y por eso unos enarbolan la bandera de la plástica, otros proyectan revistas, habladas o escritas; algunos crean una Asociación de Amigos de la Universidad reivindicando ésta para Toledo o la región; los amantes de la música organizan conciertos; los que se sienten obreros establecen Semanas Culturales para los trabajadores, etc. Son dos concepciones de vida. Las bases luchan por cambiar Toledo a fuerza del trabajo y de la concienciación de las gentes de que la cultura salvará al hombre. Otros piensan que Toledo cambiará a golpe de Decreto-Ley. Uno es ingenuo y nunca se había planteado tal posibilidad. ¿Por qué luchar contra las críticas, para qué recorrer las calles toledanas en petición de limosnas, posibilitadoras de cultura, a los administradores de los fondos públicos? ¿por qué no quedarse tranquilamente en casa, viendo T.V. o leyendo las novelas toledanas de los escritores más brillantes, a la espera de que el Sr. Presidente del Gobierno resuelva todo el problema con sólo una rúbrica en papel para el B.O.E.? Angel Palomino, hombre de fábulas y, por tanto, de imaginación, ha dicho que sería bonito ver a los infantes corretear por los jardines del Alcázar. Otros audaces, recogiendo la idea, dicen que sería excelente verles, sí, paseando con los libros bajo el brazo, en descansos entre clase y clase, por el patio de un Alcázar convertido en Universidad de Castilla La Mancha. No es mala tampoco la idea. Claro que todo vendría por añadidura. No creo que se declarase a Toledo capital cultural del país sin antes dotarla (me imagino que también a base del famoso Decreto-Ley, quizás por procedimiento de urgencia) de la infraestructura cultural necesaria. Porque es verdad que la historia pesa mucho... pero el presente... también cuenta y debe ser el mejor aval para que la nación disponga de una flamante capital cultural.

            Y convencido de estos razonamientos, pienso que lo mejor que podemos hacer los toledanos es organizar una peregrinación a La Moncloa, a la que al menos debemos unirnos las 100.000 personas que posiblemente estemos en Toledo el día del Corpus para ver la magna procesión, y pedir -con voces educadas y pancartas censuradas- la capitalidad cultural para Toledo. Es la mejor rogativa que se me ocurre hacer. Que ya está bien de niñerías, pequeñeces y actividades culturales de pacotilla, sí señor: Que se firme el Decreto aludido y otro gallo nos cantará.

Tres Culturas (Toledo-Madrid)

Por cierto que la que está cantando, y muy alto, es la nueva Asociación Tres Culturas-Toledo. En poco más de un mes ha traído a Toledo a Antonio Domínguez Ortiz, en la vanguardia de la historiografía española actual; a Julio Caro Baroja, prestigioso antropólogo; y a otras personalidades. Y lo que queda... Todo para culturizar Toledo, en frase del buen amigo Luis Rodríguez. Sería deseable que esta labor continuase mucho tiempo, en bien de los toledanos. Que todo lo que sea cultura viene bien, aunque se planifique en Madrid fundamentalmente. Esta Asociación sí que se ha percatado de la importancia de la actual capital española para sede de la Asociación, que allí se está más cerca de los hombres que firman los Decretos y se conocerán mejor y antes los méritos de Toledo para la capitalidad que se propone... Pero por si lo del Decretillo fracasa, que es lo más probable, yo quisiera animar a los toledanos currantes de la cultura a que sigan en su noble empeño: a los que ya me he dirigido y a los que resta: a las entidades que ofrecen exposiciones de Arte, a los hombres de la Asociación Cultural Montes de Toledo, de las corales Bab-all-mardon y Toledana, al grupo Pigmalión de teatro, al Instituto de Estudios Visigótico-Mozárabes de San Eugenio, a la Real Academia. También a los que ahora omita, sin más razón que mi olvido involuntario. A todos, pienso, no sólo debe guiar el desarrollo cultural de nuestra ciudad, sino el acercamiento y ofrecimiento de esa cultura al pueblo. Porque no podemos olvidar que, si bien es cierto que cada vez proliferan más los actos culturales de todo tipo, lo triste es ver casi siempre idénticos rostros en todos los sitios.

Busqueda de identidad 
Una buena muestra es la labor, recientemente emprendida por el I.P.I.E.T., de publicar la colección Temas Toledanos, para divulgar nuestra historia y cultura. Colección popular que hay que unir al amplio y valioso repertorio de publicaciones de cuestiones toledanas editadas por dicho Instituto. Que si ahora resurgen los regíonalísmos no olvidemos que nuestra región ofrece escasísimo interés por la cuestión. Y, no nos engañemos, en la nueva estructuración del Estado no podemos quedar fuera de ese proyecto nacional. Debemos embarcarnos. Si no tenemos sentimiento regionalista, se ha de crear. Aunque parezca que la cosa es artificiosa. Y, desde luego, mal vamos a conseguir esa identidad regional si no comenzamos por tenerla provincial. Aunque ahora nos ocupamos sólo de la actividad cultural de la capital toledana, cabe reseñar, por constituir un nuevo e importante instrumento para el logro de esa identidad que comentamos, y porque lógicamente atañe también a esta capital, la aparición de Almud, revista de estudios de La Mancha, con estudios de toda la región, desde una perspectiva interdisciplinar y uniendo análisis de nuestro pasado con artículos que se ocupan del presente regional. El hecho, además, de que sea de iniciativa privada indica que van surgiendo personas que intentan la comunicación interprovincial en Castilla-La Mancha, la elevación del nivel cultural y sentimiento regional y la adecuación de los instrumentos culturales a los nuevos tiempos.

Algunos objetivos

En este contexto, las autoridades no deben dejar de plantearse el logro, aun a medio y largo plazo, de objetivos como estos:

            - La Universidad de Castilla-La Mancha, ya expuesto. Tarea que debe ser prioritaria, máxime ahora que se rumorea que sus Facultades -si las hay- recaerían en otras provincias. Además de la potenciación del C.U.T., de momento sería recomendable la consecución de algunas Facultades pertenecientes a las universidades madrileñas, como parte de la infraestructura que ofrecer en su día al Ministerio en busca de nuestra Universidad.

            - La potenciación de la Biblioteca Pública, en sus dos vertientes de Biblioteca y de Casa de Cultura. En este organismo deben concentrarse los distintos intentos de crear un fondo bibliográfico toledanista de primer orden, a libre disposición de todos los toledanos. Centro bibliográfico que bien pudiera ser, si nuestros magnates culturales y políticos lo deseasen, núcleo de otro de carácter  regional. Y en estas tareas, no deberán olvidarse las orientaciones de los técnicos, aún cuando parezca que sus ideas se escapan de la realidad. Una labor de este tipo que no esté convenientemente dirigida, o al menos asesorada, por personal facultativo podría ser seriamente objetada.

            - El fomento de la investigación, no solo histórica, sino también económica, sociológica, geográfica, etc. de temas toledanos. Para ello sería fundamental la convocatoria por parte de la Diputación Provincial (que ya lo hizo en otras épocas) o Cajas de Ahorro de becas importantes que estimulasen y colaborasen decisivamente en la realización de estos estudios.

            - La creación de un seminario de estudios toledanos en el C.U. T., de cara a integrar a los universitarios toledanos en la labor de rescatar nuestra historia. Y por otro lado, resulta esencial que comience la labor toledanista y regionalista en los centros de enseñanza, como lo están haciendo ya en otras zonas de la geografía nacional y prevee incluso la actual legislación académica, en esto, por desgracia, también papel mojado. La historia, la cultura en su conjunto, el presente económico y sociológico de nuestra tierra, todo ello debe ser tratado adecuadamente en los colegios, en los institutos, en las escuelas del profesorado de E.G.B., y, por supuesto, como ya dije, en el Colegio Universitario. En ello está nuestro futuro de comunidad con raíces en su tierra.

            - La intensificación de actividades culturales y recreativas dirigidas, fundamentalmente, a la juventud más joven, a esos chicos y chicas de 13 a 16 ó 18 años que no pueden hacer otra cosa que lo que hacen. Y no creo que se necesiten explicaciones. Si no pensamos en ellos, ¿por qué lamentarse?

            - Y, finalmente, la unidad de acción. Hoy nos mata la dispersión. Debe existir diálogo fecundo y constructivo entre todos los organismos, asociaciones y personas que trabajan por la cultura. Diálogo en el que todos debemos participar: desde los hombres y mujeres de las Asociaciones de Vecinos hasta los de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas. Desde los hombres de la música y del arte, hasta los de la prensa y la historia. Que todos sepamos renunciar a los personalismos. La Delegación de Cultura (siempre que ese Ministerio sea más coherente que hasta el momento, pues es verdad que las buenas intenciones -al menos eso- provincianas son desbaratadas por los jerarcas que gobiernan el Ministerio) podría ser vehículo idóneo para la alternativa unitaria.

            Todos, objetivos imprescindibles si queremos revitalizar la cultura toledana y que puedan gozar de ella todos los toledanos. Objetivos, incluso, que son sólo una mínima expresión de las condiciones que debe reunir una ciudad que quiera constituir capitalidad cultural de cualquier nivel, no sólo nacional, sino hasta provincial y regional.



Una nueva generación


            Este es, a grandes rasgos panorama culturaI de la que fuera Ciudad Imperial. Se ha hablado, fundamentalmente, de las gratas novedades existentes, que presagian, al menos en apariencia, buenas perspectivas. Por otro lado, nuestra cultura es joven: una nueva generación está surgiendo con fuerza entre los toledanos, sumándose a esos hombres que durante muchos años se han ocupado de Toledo: podríamos citar, entre otros, a Luis Béjar, Premio Sésamo de Novela, y Fernando Martínez Gil, flamante Premio Nacional de Literatura Infantil, en la nueva literatura; a Isidro Sánchez Sánchez, Premio Sixto Ramón Parro de temas toledanos por sus investigaciones sobre la historia de la prensa toledana, y Ricardo Izquierdo, en el campo de la Historia; a Ventura Leblic, polifacético, entre los grandes animadores culturales. Habría que citar a otros muchos: poetas, historiadores, artistas, arqueólogos, etc. Y en todos una misma característica: No se limitan a una faceta. Unen su labor literaria o histórica a su participación o creación de proyectos culturales importantes para el pueblo toledano. Piensan que no es oro todo lo que reluce, y por eso se lanzan a divulgar sus conocimientos incipientes entre los que les rodean. No desdeñan nada. No les importan las ideologías a la hora de la cultura. Pueden asistir con la misma tranquilidad y ánimo a un acto en un barrio que a una sesión de la Academia.

Además de esta nueva generación, cabría citar a otros de una generación intermedia, con una labor no totalmente reconocida por los toledanos, y que ahora adquieren resonancia cada vez mayor fuera de nuestras tierras. Es el caso, por ejemplo, de Martínez Ballesteros, que se está convirtiendo en uno de los autores de teatro contemporáneo más estudiados en E.E.U.U., publicándose allí algunas de sus obras más significativas.

Aun con todo este bagaje, el futuro hay que labrárselo a golpe de trabajo. Desconfío de los donativos culturales, que, en todo caso y aunque los den, hay que ganárselos trabajando, día a día, a pulso. Pienso que los objetivos antes reseñados son algunos de los que han de cumplirse ineludiblemente si aspiramos a algo. Pero si hubiésemos de elegir entre alguno, ese es la UNIDAD. Todos los toledanos unidos, pese a los múltiples obstáculos que en nuestra carrera encontraremos, sí podremos CAMBIAR TOLEDO. Y no sólo culturalmente: así alcanzaríamos también otro sueño: la convivencia. Todos unidos por una ciudad mejor en todos los aspectos. Es un reto que merece la pena.


* La Voz del Tajo, nº extraordinario del Corpus (junio, 1980), 2 págs. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España,  págs. 250-256.


miércoles, 28 de noviembre de 1979

El libro, viajero ilustre por los pueblos toledanos



El libro, viajero ilustre por los pueblos toledanos*


               El día 19 de febrero del presente año se reanudó en nuestra provincia el funcionamiento del servicio de Bibliotecas Móviles (Bibliobuses). Habían transcurrido más de 2 años de inactividad de dicho servicio y existían temores y recelos sobre la reacción del  público. Y no hay duda de que ésta ha sido tremendamente favorable: los lectores aumentan estrepitosamente. Parece como si todo el ansia de LEER hubiese estado contenido, reprimido, y ahora se desbordase en alegría y esperanza. En aproximadamente 6 meses de prestación real del servicio, se han registrado 9.337 inscripciones de socios en los 121 pueblos que visitan los 4 bibliobuses. Esta cifra resulta muy importante, y como dato significativo podemos señalar que en el primer año de funcionamiento (9-7-73 a 31-7-74) el número total de socios fue de 8.193, repartidos entre 179 núcleos de población. Es decir, en la mitad de tiempo y con 58 localidades menos, han aumentado los lectores. La primera consecuencia práctica que deducimos de estas cifras comparativas es que lo más difícil es empezar, desbrozar el camino. Una segunda consecuencia es que a mayor número de vehículos-bibliotecas aumenta la eficacia del servicio: en el primer año existían 2, después 4. Ahora sería necesario aumentar a 6 bibliobuses para potenciar la campaña.
               De todos modos, la labor efectuada hasta el momento permite la esperanza: terminar de una vez con el desencanto de este país, de esta provincia, de esta ciudad. A nuestro alrededor oíamos repetidamente el término apatía como definitorio de los toledanos. También escuchábamos que hay que interesar a los jóvenes para que se aficionen a actividades tan culturales y formativas como el teatro, el cine, el libro, ... y se dejen de tanto pasotismo, tanta discoteca y tanto rock. ¿Hasta cuando hemos de escuchar que el toledano es apático por naturaleza y que no se puede esperar nada de esa juventud pasota y desinteresada de cuanto le rodea? Estamos abiertamente en contra de esa teoría de la apatía y creemos que basta con organizar actividades de todo tipo para demostrar lo contrario: el toledano participará y vivirá ese nuevo ambiente. Que se dice que no lee, démosle un libro; que no ama el teatro, traigamos representaciones; que no le preocupa la música, organicemos recitales. Nuestra sociedad se ve agarrotada por los tópicos, que a su vez suministran la necesaria desesperanza para fomentar la inactividad. Rompamos lo tópicos, Y respecto a los jóvenes, ¿de qué nos quejamos y de qué nos sorprendemos? Tenemos la juventud que hemos heredado, casi la que hemos querido. ¿Qué ofrece, por ejemplo, nuestra ciudad a los jóvenes de 15 a 18 años? ¿Cuántos clubs juveniles, cuántas bibliotecas populares en los barrios, qué instalaciones deportivas? ¿Qué van a hacer unos jóvenes que dejaron los estudios y no encuentran trabajo, qué otros jóvenes que estudian y desean ocupar su tiempo libre?
               Nuestra ciudad, como todo el país, tiene un nuevo ayuntamiento, esta vez democrático. El de Toledo, prepara actualmente una ambiciosa planificación cultural para el año próximo (pese a encontrarse en precarias condiciones económicas). Si se hace una difusión adecuada de cuantos acontecimientos se realicen, Toledo –el pueblo toledano- responderá y se habrán roto los tópicos.
               Ya se han roto en el caso de la lectura (al menos en los pueblos donde llegan los bibliobuses. En nuestra ciudad, el problema de la Biblioteca Pública sigue latente). A la vista del cuadro siguiente, tenemos que creer en la esperanza: en nuestros pueblos más modestos ya hay más de un 7% de lectores, que aumentarán considerablemente en breve plazo de tiempo, siempre que el servicio se vaya adaptando a las nuevas y crecientes necesidades. De momento, la mayor parte de los lectores son niños. Pero ¿qué mayor riqueza y porvenir que la lectura en un niño?, un adulto-lector del mañana. ¿Y el hábito al libro, el acostumbrarse desde la infancia a tener como amigo a un libro, ahora cada quince días un amigo-libro, mañana quizá cada día un libro-amigo? Tenemos la experiencia de adolescentes que comenzaron leyendo novelas del oeste o de otras aventuras y al año leían ensayos de Don Miguel de Unamuno o de Ortega y Gasset. ¿Hay mayor muestra de la labor ejemplar del libro y de un servicio que hace llegar el libro a cada pueblo, como el visitante más ilustre, como el mensaje más verdadero de la fraternidad y la cultura? Otro dato: el servicio se presta en condiciones cualitativamente inferiores a las condiciones que marcan las normas internacionales para estos casos: aquí, un bibliobús atiende a un promedio de 32.112 habitantes, cifra que es más del doble de la recomendada por países con muchos años de experiencia en estas tareas, en los que el servicio de bibliotecas móviles se considera eficiente y rentable culturalemente cuando abastece a una población de 15.000 habitantes o 12.000 si es población más dispersa. Según estas cifras –emanadas de las indicaciones de la UNESCO-, sólo para cubrir las poblaciones menores de 3.000 habitantes, se necesitarían en nuestra provincia 11 bibliobuses. Pedir, pues, un mínimo de 6 no parece exagerado, sino un paso más en adecuar nuestras estructuras culturales a los niveles internacionales.


RESULTADOS DEL SERVICIO DE BIBLIOBUSES DE 19-2-79 a 30-9-79 (1)


BIBLIOBUS

ZONA

Nº PUEBLOS

HABITANTES

Nº DE SOCIOS

%
“A”
Jara I
34
28.277
1.952
6,9
“B”
Sagra
27
35.943
2.068
5,8
“C”
Jara II
30
30.035
2.282
7,6
“D”
Mancha
30
34.193
3.035
8,9
TOTAL
121
128.448
9.337
7,3
(1)     Se exceptúan el mes de julio, por vacaciones, y la 2ª quincena de septiembre, por labores de catalogación, reposición de libros, etc.

FUENTE: Elaboración propia, con datos facilitados por el Centro Coordinador de Bibliotecas de Toledo.

               Y, finalmente, una reflexión: en la primera época de los bibliobuses, se atendía a 179 municipios; es decir, todos los que no tenían y no podían tener legalmente abierta una Biblioteca Pública. Ahora, al no disponer del número de vehículos adecuado para una cobertura provincial racional y que sirviesen eficazmente a la población lectora a medio plazo, los criterios se han modificado. El resultado es la eliminación de bibliobuses en los siguientes casos:
               a) Ayuntamientos mayores de 3.000 habitantes, pues según las Normas para Bibliotecas Públicas deben tener su propia biblioteca.
               b) Las localidades que, siendo menores de 3.000 habitantes, se encuentran a una distancia importante de Toledo, con lo que no es posible incorporarlos a las rutas (ello llevaría implícitas una jornadas laborales de 12 ó 14 horas, que supondrían un número de horas extraordinarias mensuales superior al que permite la vigente Ley de relaciones laborales).
               En definitiva, además de los pueblos mayores de 3.000 habitantes (que deben tener Biblioteca Pública) son 49 núcleos de población –generalmente los más marginados y empobrecidos pueblos de la provincia- los que no reciben ni las migajas de pan cultural que significan los libros quincenales suministrados por las Bibliotecas Móviles. Pueblos de La Mancha, La Jara y los Montes de Toledo. Pueblos en donde el curso de la vida no se inmuta por esta inasistencia cultural, tan peligrosa para nuestra sociedad como la sanitaria o la educativa. Pueblos que son marginados por el mero hecho de estar un poco más lejos de la capital (¿no se había extinguido el centralismo?). Pueblos, en suma, sin ni siquiera fuerzas para pedir justicia y reclamar su derecho a la lectura, tal vez tan sólo por la sencilla razón de que cada vez son menos, para protestar, porque muchos de estos pueblos se han ido convirtiendo en un auténtico despoblado.
               Sería muy triste que a las eternas desigualdades que nos aquejan se añadiese esta otra, casi institucionalizada, entre los pueblos de una misma provincia, unos con derecho (con posibilidad) a leer y otros con derecho sólo (sin posibilidad) a poder soñar con un libro.
               El Ministerio de Cultura y la Diputación Provincial, mecenas principales de la obra, deben esforzarse aún más en proteger esta admirable tarea educativa que gestionó para Toledo el Centro Provincial Coordinador de Bibliotecas. Hace varios días, un verdadero humanista, Joaquín Ruiz Jiménez, recordaba en una conferencia sobre la Universidad (su razón y su sin razón) las recomendaciones de la UNESCO para los países en el sentido de que el presupuesto para la educación debería de ser del orden del 25% del total. Ello no parece factible, ciertamente, hoy. Pero sí es legítimo reclamar en el conjunto de la política educativa y cultural del Estado una mayor atención a las bibliotecas, en sus diversas vertientes. Toledo puede dar ejemplo al país: provincia pionera en el servicio de bibliobuses en cuento a la cobertura total de su territorio mediante estas bibliotecas, hoy se ve obligada a abandonar a muchos de sus pueblos. Esa atención que reclamábamos al Estado hacia la dotación de bibliotecas, la solicitamos a nuestros organismos provinciales: que apoyen con todas sus fuerzas y medios a su alcance un servicio verdaderamente modélico y entrañablemente popular. Que de nuevo Toledo sea La Ejemplar.
               Y a nuestros pueblos hoy marginados, a sus autoridades y educadores principalmente, les llamamos a la reflexión y al convencimiento de que sus gentes necesitan libros. Libros para ser libres. Libros para conocer nuestro pasado y nuestra realidad actual. Libros para que el campesino obtenga un guía de primera mano para mejorar sus cultivos. Libros para todos los hombres, en sus diversos campos profesionales, porque conozcan que el libro es auxiliar imprescindible para el ejercicio de su labor. Libros para que el anciano no aguarde sólo la llegada del último viaje contemplando el paso del  tiempo. Libros para enriquecer a una comunidad humana que aspira a ser autónoma. Libros para que las nuevas generaciones crezcan con una mentalidad abierta, tolerante y respetuosa de todas las ideas, par que un día realmente la imaginación pueda llegar al poder: una imaginación que salve al Hombre y le guíe por el camino de la verdad y la justicia.
               Y, finalmente, un grito, una voz fuerte, un llamamiento desde La Voz del Tajo, a todos esos pueblos toledanos, para que reclamen su derecho al LIBRO y a la LIBERTAD de creación mediante la continuada lectura.



* La Voz del Tajo (28-11-1979), págs. 38-39

miércoles, 3 de octubre de 1979

La biblioteca pública se cierra un poco más



La biblioteca pública se cierra un poco más*


            El Toledo cultural ha tenido que encajar un nuevo golpe: el cierre de la Biblioteca Pública por las mañanas. En la puerta de la Casa, una  octavilla lo anuncia: “A partir del próximo lunes día 17 de septiembre no se abrirá la biblioteca por las mañanas debido a falta de personal”. Hace ya unos años que cesó toda su actividad cultural complementaria (conferencias, recitales, teatro, ...) Hubo algunas protestas, pero el resultado es que nadie consiguió poner remedio a esa situación de penuria que se avecinaba para nuestra ciudad.
            Ahora, esta nueva medida viene a ser un claro indicador de la situación cultural que atraviesa Toledo: una ciudad que algunos pretenden sea declarada Capital cultural de España, pero que, como única realidad tangible, presenta la de su cultura muerta: su ambiente milenario, su arte, su historia. El recuerdo... No hay verdaderamente una actividad tal que pueda definir a Toledo como centro de cultura viva: el propio Ministerio de Cultura lo reconoce oficialmente en sus informes mensuales sobre la Situación coyuntural de las actividades vinculadas al Ministerio de Cultura, publicados por la Secretaría General Técnica del mismo, dando a Toledo como de niveles de “actividad poco importante” en la mayoría de los campos (expresiones literarias, plástica, musical, escénica,...). En efecto, relativo a la capital existe una crisis de cine (2 salas de proyección y ningún Cine-club que funcione), de teatro (la importante labor del grupo Pigmalión cada vez se ve más dificultada y, por otro lado, el teatro comercial brilla por su ausencia), de bibliotecas, un Centro Universitario mortecino, etc. Sólo en el terreno plástico la actividad se puede considerar en el nivel medio del país, gracias a la continua obra del grupo Tolmo y a las exposiciones montadas en salas de diversas instituciones. Y algo que aún refleja más tristemente la situación: no hay una prensa que sea el espejo cotidiano de la ciudad. Sólo un semanario, La Voz del Tajo, aún con tirada limitada; pero falta un diario: Toledo es la única capital de provincia de toda la geografía del país que carece de prensa diaria propia.
            Y lo terrible no es sólo el carecer de actividad cultural: es peor el desinterés de los toledanos hacia la cultura, por supuesto como resultado de la nefasta política cultural que se ha hecho en este país y en esta ciudad en concreto. Se ha cerrado la biblioteca, pero no importa. Nadie protestará. La ciudad está sembrada de bares, comercios y no faltan las discotecas o los pub. Todo tiende al consumismo y a la alienación. Hasta el día en que no proliferen las bibliotecas –siempre  que ofrezcan una dimensión popular real-, no podremos decir que hay cultura y que se hace cultura. Por supuesto que la existencia de bibliotecas y la vertiente popular de la cultura no son los únicos datos significativos de la coyuntura cultural de una determinada comunidad, pero creemos que sí son algunos de los indicadores  más importantes del nivel cultural de un pueblo. En Toledo, es ya urgente no sólo solucionar de una vez la problemática de la Casa de la Cultura, sino la creación de bibliotecas en cada uno de los barrios, siempre que se instalen no con la mera misión de almacenar libros. Pero, mientras tanto, el cierre parcial de nuestra biblioteca no va a tener ninguna trascendencia a nivel de ciudad: y esto porque cada vez es menor el número de lectores que acuden  a ella. Una biblioteca que cierra por las mañanas y que en las tardes sólo acoge a 1, 2, 3, ó 6 lectores, como está sucediendo en los últimos días, es una buena muestra de su ineficaz labor popular.
            Los dirigentes del Ministerio de Cultura hablan de “popularizar la cultura”, y añaden que eso significa que “llegue a todos la cultura del pasado y aplicar a las generaciones actuales a que hagan cultura”. Nunca han faltado palabras en este país y nunca tampoco las intenciones de hacer una política de “cultura popular” –al menos de palabra, claro-. Nunca ha faltado la cultura oficial, pero muy pocas veces ésta ha ido destinada a fomentar  la cultura del pueblo. Si algo no ha faltado en la cultura de estos años ha sido el elitismo, el personalismo y la fachada de los grandes acontecimientos culturales no enraizados en el pueblo. Pero tal vez ahora cambie...
            La Biblioteca cierra por las mañanas: no creo que haya manifestaciones populares pidiendo su apertura. Con el nuevo curso, los estudiantes acudirán por las tardes a consultar algún libro para realizar cualquier trabajo. El resto del pueblo permanecerá incomunicado con esta institución cultural. No va a pasar nada. Al final, se comentará: “Realmente no era necesario abrir por las mañanas. Para la gente que viene...Para el interés que la gente tiene... “ Justificaremos este cierre.
            Hace unos días, cuando me encontraba en un centro “educativo-cultural” de carácter provincial, se me acercó un niño de unos 10 años y me preguntó: “¿Qué curso haces?” Le miré sonriente y traté de evadir la respuesta, pues no hubiese comprendido, y, como hacen los gallegos, le respondí con un interrogante: “¿Y tú?” Me impresioné al escuchar su respuesta: “Burrología –dijo, y se echó a reír”. Me puse triste y recordé las palabras de aquel pionero del periodismo toledano que fue Navarro Ledesma, cuando llamó a esta ciudad Aburrópolis. ¿Era una profecía?: si los toledanos no lo remediamos, pronto Toledo será un poco más Aburrópolis que en aquellos primeros años de siglo, cuando contaba con varios periódicos diarios y había una inquietud cultural popular muy importante. Pero queda la esperanza de que el Ministerio de Cultura lo remedie.


* La Voz del Tajo (3-10-1979), pág. 13. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs. 214-215.
Los problemas que atravesó la Biblioteca Pública de Toledo en los finales de los años setenta y los ochenta, hicieron correr ríos de tinta y levantaron una polémica con gran resonancia ciudadana. No es preciso recordar en esta nota las circunstancias que motivaron tal polémica, pues queda perfectamente reflejada en los artículos seleccionados. El conocimiento que yo tenía de la situación de la Biblioteca, por haber trabajo en ella años atrás, me hizo posicionarme claramente con una serie de artículos periodísticos, que fueron contestados en algunos casos por los responsables del Ministerio de Cultura y en otros por representantes locales y provinciales del entonces partido en el poder, Unión de Centro Democrático. El largo contencioso me llevó también a buscar la colaboración en la defensa de la Biblioteca toledana de intelectuales, instituciones culturales, asociaciones vecinales, ayuntamiento y otras entidades públicas, sindicatos, etc., así como a articular posteriormente  el llamado Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública de Toledo. Las protestas en la etapa del gobierno de U.C.D. proseguirían tras la llegada al poder de los socialistas. El talante mostrado por Jaime Salinas, nuevo Director General de Bibliotecas en el Ministerio, no resolvería tampoco el problema, pues, igual que hizo el equipo de Javier Tusell, el problema de la necesidad de ampliación de la Biblioteca de Toledo se aparcó y no se formuló una decisión al respecto. Con la autonomía regional, pronto el equipo de la Consejería de Educación y Cultura, bajo la responsabilidad del consejero José María Barreda Fontes, y en el que participé activamente, planteó una solución alternativa y casi revolucionaria en aquel momento: la utilización del Alcázar. Tampoco es momento aquí de narrar los avatares de este proyecto, pero finalmente, en octubre de 1998, la Biblioteca de Toledo se instalaba en la última planta del Alcázar, convertida en Biblioteca de Castilla-La Mancha.