lunes, 5 de octubre de 2015

Entrevista para las XVIII Jornadas Bibliotecarias de Andalucía

lunes, 5 de octubre de 2015


ENTREVISTAS CON LOS PARTICIPANTES Y COLABORADORES DE LAS XVIII Jornadas Bibliotecarias de Andalucía

ENTREVISTA CON LOS PARTICIPANTES Y COLABORADORES DE LAS XVIIIJBA: 
Juan Sánchez Sánchez


Juan Sánchez Sánchez.
Director Gerente de la Biblioteca de Castilla-La Mancha.



¿”Innovación, profesión y futuro”, lema de nuestras XVIII Jornadas Bibliotecarias de Andalucía, en qué lugar crees que se encuentra ahora mismo la profesión?

Creo que las bibliotecas tienen unos profesionales magníficos. En los grandes centros, con una plantilla amplia, tal vez pasan más desapercibidos individualmente, pues tienen que “brillar” como equipo. Pero en tantísimas bibliotecas públicas municipales, en las que existe un único bibliotecario, muchas veces contratado muy por debajo a su cualificación y formación, hacen un trabajo espléndido. Y tienen que saber de todo: son como el “médico de familia”, imprescindible en la vida de sus pacientes. El bibliotecario único atiende todos los servicios de la biblioteca, programa actividades, comunica, lleva un club de lectura, siembra solidaridad y cercanía….Yo admiro a esos bibliotecarios que trabajan en soledad, que son un hombre/mujer-orquesta y que ofrecen la maravillosa imagen de lo que es hoy una biblioteca pública. Me atrevería a decir que cualquier bibliotecario debería pasar en su trayectoria profesional por una biblioteca pública municipal: es un crisol que genera profesionales estupendos. Pero ocurre en general con la biblioteca pública: un profesional que nunca haya pisado una biblioteca pública tal vez carece de una visión plena de lo que es y debe ser este servicio público hoy en nuestra sociedad del siglo XXI.

Las bibliotecas se están transformando: ya no son sólo centros conservadores de la palabra, templos custodios del saber, lugares de silencio y estudio: son lugares de convivencia y propuestas, puerta democrática para la sociedad de la información, el servicio que acoge a todo tipo de ciudadanos sin ningún tipo de barreras…Cuando algunos dicen que las bibliotecas en la era de internet son prescindibles, yo afirmo que ahora hacen más falta que nunca las bibliotecas públicas, que son centros con una vertiente social amplísima, faros para la esperanza y focos de la solidaridad ciudadana.


¿Qué destacarías para los profesionales de nuestro sector, que nos deparan los tiempos presentes y venideros?

Tenemos que entrar en una nueva concepción de las bibliotecas. Es cierto que todavía no están plenamente consolidadas como un servicio público esencial y obligatorio. La legislación obliga a que existan bibliotecas municipales en los municipios mayores de 5.000 habitantes, pero si no se cumple no pasa nada (por ejemplo la ciudad de Guadalajara, en mi Comunidad). Pero es que vengo defendiendo que todos los ciudadanos tienen derecho constitucional a disfrutar de servicios bibliotecarios, vivan donde vivan. Y esto tampoco se cumple. Pues bien, cuando estamos todavía trabajando para concienciar de que las bibliotecas públicas son un servicio esencial y básico para las comunidades, para los ciudadanos, ahora tenemos que dar un nuevo paso, que nos obliga a los profesionales a hacer un esfuerzo de objetivos: las bibliotecas públicas no son “para” los ciudadanos: son “de los ciudadanos”. Ello implica un cambio de estrategia: trabajar siempre en complicidad con la sociedad, con todo tipo de entidades y colectivos, y poniendo siempre por encima los intereses públicos (de los ciudadanos) al de los profesionales. Ello significa que tenemos que desterrar la rutina de las bibliotecas, que tenemos que trabajar en la línea de conseguir una presencia pública constante, que tenemos que tener el corazón, la mente y las manos abiertas para “trabajar-con”.
En las bibliotecas nunca “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. En las últimas décadas hemos tenido un crecimiento muy importante pero insuficiente, sobre todo si lo comparamos con otros sectores públicos (Educación y Sanidad, especialmente). Pero estamos viviendo, a pesar de los recortes, una primavera que a mí al menos me produce esperanza. Tenemos que trabajar por el presente: el pasado es para los historiadores y el futuro no existe: sólo sembrando programas, iniciativas, trabajo, esperanza, solidaridad, complicidad estaremos construyendo unos servicios bibliotecarios imprescindibles para la sociedad y bien valorados por los ciudadanos.



Por todos es asumido ya el valor social de las bibliotecas, pero ¿cual crees que es el verdadero valor de nuestra profesión para la sociedad actual?


 Los profesionales somos esenciales, es más, imprescindibles en las bibliotecas. En Castilla-La Mancha, donde resido y realizo fundamentalmente mi actividad, hicimos una labor muy importante para la profesionalización de los centros, en especial las pequeños bibliotecas municipales. Pusimos en marcha no sólo un programa de formación sino también de ayudas para la creación y mejora de puestos de trabajo en las bibliotecas públicas municipales. Y dio mucho fruto, y hoy tenemos unos profesionales como la copa de un pino, aunque queda mucho por hacer.
Con la crisis y el fin de las ayudas se cerraron algunas bibliotecas y no se ha avanzado en estos últimos años en unos puestos más dignos, adecuados al importante trabajo que realizan, con horarios más amplios y categorías adecuadas a la importante función social, educativa y cultural que se realiza.
Por ello, no hay que bajar la guardia y desde cualquier biblioteca, por pequeño que sea el municipio, se ha de conseguir una presencia pública en su comunidad y a través de todos los medios y recursos que garanticen que todos los ciudadanos conocen la biblioteca y pueden utilizar sus servicios.  
En la Sociedad de la Información, las bibliotecas siguen siendo básicas y los profesionales no sólo harán su función de mediadores sino también la de dinamizadores de una sociedad que tiene que tener a la biblioteca en su corazón. Es un trabajo que hay que desarrollar en un plano de esperanza y con una actitud positiva. Trabajar en coalición con la sociedad, con los centros docentes, con las asociaciones de vecinos y culturales, con las restantes instituciones y profesionales de la localidad, dará a la biblioteca una proyección que la convertirá en un centro absolutamente imprescindible en el desarrollo de la localidad y de sus ciudadanos.  


¿Qué crees que aportas a las Jornadas Bibliotecarias de Andalucía?

Agradezco mucho que por segunda vez la Asociación me invite como ponente a estas maravillosas Jornadas Bibliotecarias de Andalucía. La primera vez vine cuando acababa de abandonar, no por gusto, el Servicio Regional de Bibliotecas de Castilla-La Mancha, y hablé de la Ley de Bibliotecas que se estaba tramitando y a la que había dedicado muchos años y esfuerzos para intentar convencer de la necesidad de una ley estatal de coordinación bibliotecaria.
Y ahora recibo una nueva invitación, en un momento en el que estoy desarrollando mi labor en la Biblioteca de Castilla-La Mancha. No sé qué esperan de mi presencia y aportación los organizadores y asistentes a las Jornadas: acudo con la humildad de quien va cumpliendo años y se ha ido formando a base de trabajar por y en las bibliotecas o servicios bibliotecarios. Me apasionan las bibliotecas, especialmente las públicas, y en este momento creo que nuestra mayor aportación puede ser convencer de la necesidad hoy de las bibliotecas, como servicio esencial e imprescindible para la sociedad en general y para las comunidades a las que servimos. Siempre he defendido que la biblioteca pública es un servicio tan básico como los sanitarios, educativos o sociales y ahora no hay que bajar la guardia: necesitamos bibliotecas en nuestras vidas porque los ciudadanos las necesitan.

¿Granada y la Facultad de Comunicación y Documentación de al UGR, lugar perfecto para hablar de la profesión y del futuro?

Yo procedo de una región que por el “delito” de estar cerca de Madrid antes de la autonomía carecía de Universidad. Teníamos centros universitarios pertenecientes a distintas universidades pero se nos negaba la “tierra” y la “sal” universitaria. Participé en la creación de la Universidad de Castilla-La Mancha, en los años ochenta, y luego he tenido el privilegio de dirigir técnicamente el Servicio de Enseñanza Universitaria de Castilla-La Mancha. Entonces tuve la tentación de plantear entre los posibles nuevos Grados el de Biblioteconomía e Información (o con la denominación distinta que se hace en otras universidades). Pero los datos objetivos de oferta y demanda nos hicieron desistir.
Pero valoro mucho a las Facultades que ofrecen estos estudios, imprescindibles para la formación de nuevos profesionales. Las bibliotecas no existen si no tienen bibliotecarios profesionales; el bibliotecario es el corazón de la biblioteca y, aunque muchas personas que trabajamos en bibliotecas no tuvimos esa formación universitaria específica, creo que en nuestro tiempo resulta fundamental. Pero tienen aún que cambiar muchas cosas en nuestro país. Hay espléndidos bibliotecarios que muchas veces ocupan puestos que no se corresponden ni a su formación ni a sus tareas. ¿Por qué en las bibliotecas públicas municipales, sobre todo en muchas de localidades de poca población, no existe ni un puesto técnico de bibliotecas y se resuelve con la contratación de un Técnico Auxiliar? Ya sé que es cuestión de presupuesto. Pero para dar clases en cualquier centro docente hay que tener la titulación requerida y se paga de acuerdo a ese cuerpo docente; e igual ocurre en cualquier consultorio o centro de salud: no por ser un pueblo pequeño hay enfermeras que trabajan como médico o ordenanzas que realizan funciones de enfermera. La biblioteca tiene que dejar de ser un servicio público voluntario y de “segunda división” y la Universidad tiene que colaborar en ese proceso de convicción. El futuro de las bibliotecas es ofrecer servicios de primer nivel y para ello se precisa una profesionalización e innovación constante.


¿Cuál es tu opinión de la labor desarrollada por la Asociación Andaluza de Bibliotecarios?

Las asociaciones de profesionales son siempre imprescindibles, y más en un ámbito en el que apenas tienen presencia los colegios profesionales. Muchas veces los profesionales no podemos defender sin graves riesgos para nuestra libertad y situación profesional los valores de la biblioteca, de las bibliotecas. Y por ello hacen falta asociaciones profesionales fuertes, que nos ayuden en nuestra formación permanente y que constituyan focos de defensa de las bibliotecas públicas. Asociaciones que tengan una presencia pública en los medios de comunicación, en las redes sociales, ante las autoridades… Y que cuando haya riesgo de cerrar una biblioteca o de disminuir sus horarios, o cuando decrecen los presupuestos, las asociaciones tienen que actuar de “escudo” para los bibliotecarios o bibliotecas afectadas.
Hay que apostar por el asociacionismo profesional, y colaborar. Personalmente valoro mucho a quienes dan su tiempo y sus energías a luchas por las bibliotecas desde una asociación. Y hay que asociarse, para que sean asociaciones más fuertes y representativas, y que alcen la voz en defensa de este servicio público que son las bibliotecas.
No temamos gastar tiempo en desarrollar una asociación como la andaluza. Están sembrando en beneficio de todos y tenemos que aprovechar los frutos que nos ofrecen: cursos, jornadas y congresos, asesoramiento…
Y para contestar claramente esta pregunta diré que admiro desde hace años la labor que está realizando la Asociación Andaluza de Bibliotecarios. Acudir a su web es una invitación a contemplar lo que ha hecho y lo que hace. Y sólo desde la generosidad y el amor a las bibliotecas puede entenderse tanto trabajo por los demás.

¿Qué le dirías al resto de los profesionales andaluces para que compartan con nosotros nuestras Jornadas?


Creo que estas Jornadas exceden el ámbito geográfico andaluz. Es verdad que ésta es la cita de los bibliotecarios andaluces, pero todos hemos aprendido mucho mirando a estas Jornadas, consultando sus actas, viendo sus propuestas…Pero, si nos centramos en los profesionales en Andalucía, yo diría que todos tienen un lugar aquí y que si en alguna ocasión está justificado cerrar  la biblioteca un par de días, sería para acudir a un foro como éste. Los bibliotecarios somos un “ejército”, un pueblo, y no podemos caminar solos. Tenemos que convivir, aprender de lo que hacen otros, tener las antenas operativas para captar ideas e iniciativas y poder implantarlas en nuestros centros. Además, la soledad nos puede conducir al aislamiento y a la melancolía; y por ello tenemos que “cargar las pilas” viendo que, incluso en situación de recortes presupuestarios en una biblioteca se puede producir vida, una vida abundante y creativa.
Llamo a los bibliotecarios, especialmente a los municipales, a asistir a las Jornadas, a participar y a ser conscientes de que los bibliotecarios necesitamos una formación permanente y, sobre todo, una relación que nos ponga en sintonía con los nuevos tiempos que corren. Las bibliotecas siempre se han adaptado a las nuevas épocas, y ahora, en plena era de las tecnologías y la información, nuestras bibliotecas siguen siendo necesarias, imprescindibles y están llamadas a una alta misión en nuestra sociedad.
Pero no son unas jornadas sólo para bibliotecas públicas. Transferir conocimiento, experiencias y proyectos entre centros de distintas redes es también una oportunidad para el encuentro y el trabajo colectivo. Al final, en la medida que entremos en comunicación, podremos tener una mayor presencia publica todo tipo de bibliotecas en los medios de comunicación y en la sociedad. 

http://asociacionandaluzadebibliotecarios.blogspot.com.es/2015/10/entrevistas-con-los-participantes-y_5.html

miércoles, 1 de julio de 2015

Entrevista en Mi Biblioteca. Juan Sánchez: “Una biblioteca viva tiene que trabajar en claves de esperanza y de solidaridad, en complicidad con los usuarios”.



       Juan, ¿cómo fueron sus inicios en el mundo de las bibliotecas?

Mis primeros recuerdos son como usuario de la Biblioteca Pública Provincial de Toledo, que conocíamos como Casa de la Cultura. Residía en un pueblo cercano, Nambroca, y estudiaba bachillerato en el Instituto. Pasaba muchas horas en la sala de lectura, que conservaba las bellas estanterías del XVIII que ordenó fabricar el cardenal Lorenzana. Allí me hice lector. Luego, en 1973 comenzó mi relación profesional con las bibliotecas. Tras un breve tiempo como colaborador voluntario, en el que me inicié en tareas de catalogación, se puso en marcha el servicio de bibliobuses y tuve la oportunidad de cabalgar a lomos de uno de esos vehículos por cerca de cien pueblos de la provincia de Toledo. Fue hasta octubre de 1976. Seguí después siendo usuario de aquella mágica biblioteca, durante mis estudios de Geografía e Historia, y ante los problemas de ese centro impulsé el Comité Permanente de apoyo a la Biblioteca Pública de Toledo, un movimiento ciudadano que acogió a intelectuales, sindicalistas, profesores, estudiantes, profesionales…Nunca había existido un movimiento de esas características en defensa de una biblioteca y marcó varios años de la transición democrática. Y a mí me convirtió en un luchador por las bibliotecas… En 1984 pasé a desempeñar la dirección del Gabinete del consejero de Educación y Cultura, José María Barreda, a quien conocí en los congresos de Historia de España que fundó Tuñón de Lara en Pau (Francia). Estuve en tres puestos de responsabilidad política hasta 1990, en que presenté mi dimisión. Fue una experiencia muy interesante, que me ofreció un conocimiento de la Administración y me dio la oportunidad de poner en marcha proyectos regionales en el ámbito de la cultura, la información, las bibliotecas y los archivos…Y en marzo de 1991 comencé a desempeñar la jefatura del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas: ninguna de las bibliotecarias o archiveras a las que ofrecieron el puesto aceptó ese reto de poner en marcha el Servicio; yo también lo rechacé reiteradamente, hasta que finalmente estuve dispuesto a lidiar con un “toro” difícil, que conocía bien, y que sabía iba a precisar mucha dedicación y esfuerzo. Y ahí estuve hasta enero de 2006. Me emociona el cariño con el que mis compañeros me trataron. Cuando me despedí asumí el pleno compromiso de seguir luchando por ese servicio público esencial al que dediqué desde el Servicio quince años.

      ¿Qué significa para usted dirigir el centro bibliotecario más importante de la Región?

Una gran responsabilidad y todo un lujo. La Biblioteca de Castilla-La Mancha es un proyecto por el que clamé como ciudadano cuando la Región estaba creándose. Luego, desde los sucesivos puestos que desempeñé, luché para dar una respuesta a los problemas de la biblioteca de Toledo y a la creación de una biblioteca regional. Tuve la oportunidad de hacer el proyecto técnico bibliotecario de la Biblioteca en el Alcázar y propuse a sus dos primeros directores, Carmen Sañudo y Joaquín Selgas. Yo había  tenido tres ofrecimientos para dirigir el centro y siempre rehusé porque me parecía prioritario el trabajo que estábamos haciendo para desarrollar la Red de Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha. En 2012 tuve un cuarto ofrecimiento del puesto y, tras unos meses de reflexión, acepté y en diciembre de ese año asumí esta alta responsabilidad, una verdadera misión para una persona, como bibliotecario, como historiador, como persona e incluso como creyente.

                ¿Qué es lo que más valora de su trabajo en la biblioteca?

La cercanía a los ciudadanos, individualmente o a través de colectivos y entidades socioculturales y educativas. También el poder contar con un gran equipo, al que siempre defino como el verdadero corazón de la biblioteca. Y que estoy teniendo la posibilidad de luchar en un ámbito por el que siempre estuve interesado: la presencia pública de la biblioteca en la sociedad. Yo había tenido una amplia experiencia como usuario de biblioteca y trabajé en unas bibliotecas muy especiales: el servicio de bibliobuses; luego desde puestos técnico-políticos tuve la oportunidad de articular políticas bibliotecarias que creo que han sido muy fructíferas para la Región y que, junto a otros compañeros del Servicio y a muchos profesionales, sirvió para que en Castilla-La Mancha hubiera una política bibliotecaria progresista e innovadora, luchando para que la biblioteca pública sea reconocido como un derecho de todos los ciudadanos y de todos los municipios españoles. Y es verdad que colaboré estrechamente en el proyecto y puesta en marcha de esta Biblioteca, pero es distinto. Podría decir que antes veía los toros desde la barrera pero ahora estoy en el ruedo, con todo su atractivo y todos sus peligros. Acepté dirigir esta biblioteca en el peor momento, con grandes recortes, sin apenas presupuesto para adquisiciones o para actividades; pero creo que los profesionales también tenemos que aceptar retos difíciles, y desde luego no me arrepiento. Es ilusionante trabajar en este centro, en el que late la obra de mecenas del libro como el cardenal Lorenzana o el amor a las bibliotecas de Julia Méndez Aparicio, que me transmitió muchas de sus ideas. Aunque no hay nada perfecto, la clave de esta biblioteca es que estamos trabajando en coalición con la sociedad.

 ¿Qué proyectos se están llevando a cabo en la Biblioteca y hacia dónde va?

La Biblioteca de Castilla-La Mancha integra dos centros: la biblioteca pública del Estado en Toledo y la Biblioteca Regional, aunque en su momento creo que tuvimos el acierto de que funcionaran como un único centro. Nos interesaba que el usuario no tuviese que dirigirse a dos centros distintos, a veces en el mismo edificio; y que hubiese un único catálogo, una única plantilla, una única dirección. Y que un ciudadano, de cualquier edad, tuviera la posibilidad de convivir con investigadores, intelectuales, educadores, profesionales…. Luchamos también por el sueño utópico de que no se fraccionasen las colecciones y servicios, y se logró tras una férrea lucha. El objetivo de rentabilizar los recursos también presidió aquel proyecto que iniciamos en 1984 y que no culminó hasta octubre de 1998, cuando se inauguró la Biblioteca.
Digo esto porque los proyectos son distintos cuando tenemos presente la vertiente de biblioteca pública que cuando hablamos del ámbito regional. En cuanto a la pública, hemos dividido la antigua sala infantil-juvenil, creando el Enclave Joven y considerando a la población juvenil como uno de los sectores prioritarios de la población. Aunque la biblioteca está llena, frecuentemente de jóvenes, no nos cansaremos de intentar captar nuevos usuarios en ese sector que muchas veces da la espalda al libro, la lectura y las bibliotecas; por ello hicimos el pasado año el proyecto Jóvenes Lectores Europeos, con la Asociación de Amigos de la Biblioteca. Y en la infantil hemos reorganizado también el espacio, convirtiéndolo en más vivo, acogiendo clubes infantiles de lectura, sesiones de cuentacuentos, talleres…Uno de los pilares de la lectura es la familia y estamos desde esta sala, además de a los centros docentes, trabajando para que las familias vean a la biblioteca como su segundo hogar.
Otra clave es la solidaridad: llevamos poco más de un año en el proyecto Biblioteca Solidaria, que inició la Biblioteca Pública del Estado en Cuenca, para los sectores más vulnerables de la sociedad, los excluidos…Trabajamos con muchas ONGs y con otras entidades y administraciones públicas en ese sector.
Pero, con ser todos los servicios importantes, la actividad cultural nos permite una presencia pública constante y un contacto con numerosas entidades, medios de comunicación, creadores, investigadores… En 2014 realizamos cerca de 1.300 actividades, la mayoría de ellas con coste cero. Incluso en verano tomamos la opción de mantener un programa para que la Biblioteca sea un destino turístico atractivo. Tenemos en un nuestro plan estratégico el objetivo de materializar programas mediante mecenazgo privado y se está consiguiendo: en los dos años que llevo hemos multiplicado por cuatro los recursos destinados a programas culturales y educativos a través de convenios y protocolos con entidades privadas, con otras administraciones, con fundaciones…
            En cuanto a la vertiente regional, además de dirigir el Catálogo Colectivo de la Red de Bibliotecas Públicas de CLM, desarrollamos también BIDICAM (Biblioteca Digital de CLM) y numerosos proyectos que ahora estamos intensificando. También queremos abrirnos a otras experiencias, a otras tierras; por ello, junto al Servicio Regional de Bibliotecas, hemos puesto en marcha un Foro de debate para la Red.

   ¿Cómo afrontan la crisis económica para que la biblioteca que dirige funcione a toda máquina?

He dicho ya que mediante mecenazgo, pensando en programas culturales. Pero este centro tiene unas grandes fortalezas: una plantilla amplia, profesionalizada, que es una garantía para el funcionamiento de la Biblioteca. Y unas grandes colecciones bibliotecarias. Claro, los descensos en los presupuestos para adquisiciones han sido de vértigo, lo que nos obliga a poner en valor continuamente la colección y, mediante centros de interés temáticos, intentar que fondos adquiridos hace años se conviertan en novedades para los usuarios. En cualquier caso, mayor preocupación me produce la crisis y los recortes en las bibliotecas públicas municipales; espero que los nuevos tiempos que corren en la vida política regional sirvan para corregir la marginación y el olvido que las bibliotecas han padecido en la pasada legislatura.

    ¿Qué es para usted una biblioteca viva?

Una biblioteca “tomada” por los ciudadanos, un centro de convivencia que acoge a personas de todas las edades, razas, ideologías, religiones… Es la esencia de la biblioteca pública, puerta democrática para el acceso a la información, la cultura, la educación permanente… Una biblioteca viva tiene que trabajar en claves de esperanza y de solidaridad, en complicidad con los usuarios, hacer propuestas para la ciudad y para la comunidad a la que sirve y, junto a todos los servicios que tradicionalmente ofrece, constituir un centro neurálgico de actividad y creación cultural, con una presencia pública en la sociedad y en los medios de comunicación.

   ¿Qué podría decirnos sobre las bibliotecas públicas y los bibliotecarios de Castilla-La Mancha?

Es una Red muy potente y especial, pues se ha realizado con un modelo distinto a la legislación municipal básica. Queríamos democratizar el acceso a los servicios de biblioteca pública y, con todos los problemas que implica por falta de financiación suficiente, se ha conseguido que estén en funcionamiento cerca de quinientas bibliotecas públicas. A pesar de los recortes de estos últimos años y la paralización de la mayoría de los programas de colaboración para las bibliotecas municipales, los indicadores son muy expresivos. En una región con 2,1 millones de habitantes se producen más de 6,5 millones de visitas; un tercio de la población es socio de la Red de Bibliotecas Públicas y contamos con una colección que significa algo más de 3 documentos por habitante. En 2013, 450 bibliotecas realizaron actividades culturales, con más de un millón de participantes. El presupuesto conjunto para la Red fue en 2013 de más de 26 millones de euros, con un gasto por habitante cercano a los 13 euros, muy por encima de la media nacional, a pesar de los recortes producidos por la crisis. En fin, creo que los datos son mejorables pero desde luego durante años hemos estado en vanguardia y el esfuerzo conjunto que se ha realizado hace que la Red sea una fortaleza, especialmente por los profesionales que convierten estas bibliotecas en dinámicas y núcleos esenciales de cada comunidad local. Ahora, los nuevos tiempos espero y deseo que sean buenos para las bibliotecas públicas.

Aparte de dirigir esa biblioteca, también escribe libros y se dedica plenamente a la familia, ¿de dónde saca tiempo?


Soy historiador. Mis primeros libros e investigaciones fueron pues de contenido histórico. Pero mi dedicación a la administración pública me llevó a tener responsabilidades en las políticas bibliotecarias. He escrito centenares de artículos, muchos de ellos en defensa de las bibliotecas públicas, que he recogido en libros como Combates por la biblioteca pública en España (2006) y En defensa de la biblioteca pública (2012). También en una novela juvenil, creo que apta para todos los públicos, Rebelión por la Biblioteca (2013) intento concienciar a la sociedad de los valores de la biblioteca como institución y servicio público. Pero esencialmente siempre he intentado ser una persona comprometida con mi tiempo, realizando propuestas socioculturales, y acordes con mis ideas. Las bibliotecas, Castilla-La Mancha y la familia son las tres pasiones de mi vida, pero sustentadas desde la fe. Mi primer poemario, Hombre en camino  (2013) ha intentado mostrar mi itinerario personal como un seguidor de Cristo. Otros libros, como Soy un hombre libre (1995) e Hijo de Dios y de la Iglesia (2015, en prensa) recogen mis artículos de contenidos socioculturales, políticos, religiosos. No me he limitado a ser un espectador de la realidad, sino a luchar con esperanza para mejorar la sociedad que me ha tocado vivir. Mi tiempo, como el de todas las personas, es un regalo de Dios; intento aprovecharlo y participar plenamente en la vida pública, unas veces desde puestos de responsabilidad técnica o política y otras simplemente como un ciudadano que aspira a contribuir a un mundo mejor. 



jueves, 7 de mayo de 2015

Bienio de la lectura y de las bibliotecas públicas (2015-2016)

Bienio de la lectura y de las bibliotecas públicas

(2015-2016)

                                
             Finaliza la Legislatura en la mayoría de comunidades autónomas y en los ayuntamientos españoles. Y en unos meses se convocarán las elecciones generales. Estos años de crisis y recortes han afectado mucho a las bibliotecas públicas; podría enumerar los pasos atrás que se han dado en nuestro país en la mayoría de las regiones pero no es tiempo de reproches sino de futuro. En distintas intervenciones he utilizado recursos literarios para reivindicar una política de Estado en materia de bibliotecas públicas para nuestro país. También lo he hecho a través de numerosos artículos periodísticos. En mis libros Combates por la biblioteca pública en España (Ciudad Real: Almud ediciones, 2006) y En defensa de la biblioteca pública (Ciudad Real: Almud ediciones, 2012) se recogen la mayoría  de esos textos.
Este año, 2015, celebramos el IV Centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote; y el próximo, 2016, se cumplirán también 400 años del fallecimiento de su autor, Miguel de Cervantes. Sin duda serán dos años de numerosas referencias a la obra cumbre de la literatura española y al considerado “máxima figura de la literatura española”. De momento, grandes conciertos y exposiciones, publicaciones, encuentros literarios y científicos… van sucediéndose con motivo del primero de los centenarios. En suma, se están desarrollando una serie de eventos culturales para recordar la publicación de la segunda parte de la obra inmortal y tal vez animar a su lectura.
Algo similar ocurrió en 2005, con motivo del IV Centenario de la edición de la primera parte del Quijote. Entonces propuse que, coincidiendo con esa celebración, el Gobierno Regional declarase 2005 “Año de las Bibliotecas”, y que anunciase una serie de medidas para consolidar y desarrollar la Red de Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha.  Fue predicar en el desierto. Y me parecía tan importante que, mediante un recurso literario, tuve que imaginarme que el Gobierno de España, que celebró su primera sesión de Consejo de Ministros el 23 de abril de 2004, tras el triunfo electoral del PSOE, tomaba una serie de medidas sobre, el libro, la lectura y las bibliotecas. Fue un modo de soñar y de clamar a favor de las bibliotecas públicas.
También ahora he llegado a pensar que algún gobierno tomaría medidas para proclamar su fe en el libro, en la información y en las bibliotecas. Pero tampoco en esta ocasión se quiso aprovechar la celebración del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor para hacer un guiño a las bibliotecas y a sus  profesionales y usuarios. Las bibliotecas, dando como siempre muestras de su creatividad, imaginación y complicidad con la sociedad, han desarrollado centenares de actividades culturales y de animación. Pero no ha habido medidas estructurales sobre el sector.
Estoy convencido de que los continuos llamamientos que estamos realizando a los candidatos para las próximas elecciones municipales y autonómicas no caerán esta vez en saco roto. Aunque personalmente ya he realizado públicamente muchas de mis propuestas, hoy me permito, humildemente, lanzar la sugerencia de que estos años de etiqueta cervantina y quijotesca sirvan de marco para la declaración de un Bienio de la Lectura y de las Bibliotecas Públicas. No importa que hayan transcurrido ya unos meses del primero de los acontecimientos celebrados. Por supuesto estoy refiriéndome a que esta medida la tome el gobierno autonómico que salga elegido en las urnas el 24 de mayo.
La declaración podría hacerla el Gobierno de Castilla-La Mancha, tras un pleno de las Cortes regionales en la que se inste en ese sentido. El objeto de esta declaración: proclamar su confianza en el libro, la lectura, la información y, especialmente, en los centros que en nuestro tiempo están llamados realmente a democratizar el acceso de todos los ciudadanos a estos medios: las bibliotecas públicas. Aunque vengo haciendo propuestas en ese sentido, ya ha habido un Gobierno que ha sido consciente de la importancia de una declaración de ese tipo: El Gobierno de Cataluña ha declarado el año 2015 como “Año de las Bibliotecas, aunque con un motivo distinto al que yo propongo: el centenario de la creación de la Red de Bibliotecas Populares de la Mancomunidad de Cataluña. Cataluña tiene en sus bibliotecas públicas uno de los servicios más importantes y al que están dedicando cuantiosos recursos las distintas Administraciones Públicas. Han dado tanto relieve a esta celebración que en su puesta de largo ha participado directamente el presidente de la Generalitat

            Castilla-La Mancha también tiene una amplia Red de Bibliotecas Públicas y viene haciendo grandes esfuerzos para su desarrollo desde hace décadas. Por ello, las conmemoraciones de este Bienio deberían enfocarse sobre todo a afianzar y consolidar esa Red de Bibliotecas Públicas. Junto a las actividades culturales ya programadas, este Bienio debe servir para reivindicar el idealismo del caballero manchego y anunciar una serie de medidas que el Gobierno esté dispuesto a poner en marcha para garantizar el acceso libre y gratuito de todos los ciudadanos de Castilla-La Mancha a la Sociedad de la Información y del Conocimiento a través del mejor cauce que existe para todos los sectores de la población: la biblioteca pública.
En mi artículo Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha: para seguir avanzando, de reciente publicación, he mencionado algunas de las medidas concretas que los nuevos gobernantes deberán llevar a la práctica, y que en su mayor parte son válidas para el resto del país. Sigue siendo totalmente necesario un  gran pacto a nivel regional en el ámbito de la lectura y las bibliotecas. Ese sería uno de los ejes del Bienio.  El Gobierno Regional debería formular una declaración institucional que abogue por  un gran pacto regional de las tres administraciones de Castilla-La Mancha a favor de trabajar planificada y coordinadamente,  aportando todas su apoyo,  que debe ser sostenido en el tiempo. Hay que activar el Consejo de la lectura y bibliotecas, creado por Ley  hace 4 años y todavía no constituido. También es necesario dar luz verde  al Mapa de bibliotecas de Castilla-La Mancha, que sea aceptado por el conjunto de administraciones. Y, como ya he reclamado, es urgente poner en marcha los convenios de financiación que establece la Ley y que vendrían a dar estabilidad a todo el sistema bibliotecario regional
             
            Pero este Bienio no debería reducirse al ámbito geográfico y político de Castilla-La Mancha. Puesto en marcha en nuestra Comunidad Autónoma, por su directa implicación en la conmemoración del Quijote y Cervantes,  se debería trasladar al  Gobierno de España esa petición de declaración nacional. Y aún más: gestionar ante la UNESCO que realizase esa declaración con carácter mundial. He alzado mi voz muchas veces en  favor de que exista una política de Estado en materia de lectura pública y por ello no quiero que los ciudadanos padezcan las desigualdades que se están produciendo por vivir en unas o en otras regiones o localidades. Es cierto que las competencias en bibliotecas, junto a las de coordinación en materia cultural que conserva la Administración General del Estado, son compartidas por las Administraciones Autonómicas y Locales. Pero la confianza en la educación, la información y la cultura como factores de desarrollo personal y social, así como los derechos constitucionales para garantizar estos valores, deben llevar al Gobierno de España  a desarrollar medidas que garanticen que las bibliotecas públicas son un derecho de todos los españoles.
Con la declaración de carácter nacional del Bienio de la Lectura y las Bibliotecas, el Gobierno de España debe impulsar  un Plan Nacional de Fomento de la lectura y las Bibliotecas Públicas. Las bases de este Plan, han de ser consensuadas con las  Comunidades Autónomas y debatidas en una Conferencia Sectorial de Cultura monográfica sobre las bibliotecas públicas. Los trabajos desarrollados en el Plan de Fomento han de contribuir a articular un verdadero Pacto por la Lectura Pública y las Bibliotecas, en el que, partiendo del reconocimiento de la autonomía municipal y de las regiones y nacionalidades españolas, pueda hacerse realidad el acceso igualitario y sin discriminaciones de todos los ciudadanos a este servicio público esencial que es la biblioteca pública. En este Pacto ha de contarse, lógicamente, con la voz de los autores, de los editores, de los bibliotecarios  y de distintos sectores y agentes socioculturales. Lo que planteo  es que el Gobierno de España asuma su papel en la consecución de una política de Estado en materia de promoción del libro y, en general, de servicios de lectura pública; una política bibliotecaria que sea el resultado de coordinar y sumar las políticas ya en marcha o que puedan desarrollarse  en este rico mosaico multicultural que es la  España de las Autonomías.


            Entiendo que el mejor homenaje que podemos hacer a la obra de Cervantes es proclamar los valores de las bibliotecas públicas como centros neurálgicos de encuentro y en los que las personas tengan a su disposición todos los registros de la palabra y de la información. Esta propuesta de declaración tendría un carácter estratégico y de marco para conseguir una política de Estado en el ámbito de las bibliotecas públicas, en el espíritu del Manifiesto de la UNESCO sobre la Biblioteca Pública de 1994, que señala: “Para lograr la coordinación y cooperación bibliotecaria a nivel nacional, la legislación y los planes estratégicos han de definir y promover, también, una red nacional de bibliotecas, basada en normas de servicio convenidas”. 

domingo, 26 de abril de 2015

Toledano, ¡ven a vivir al casco histórico!

Toledano, ¡ven a vivir al casco histórico!

En la presentación del libro “Toledo, luz y color”, el alcalde de la ciudad, Emiliano García Page, habló con entusiasmo de que nuestro casco histórico está vivo, repleto de gente, revitalizado. Y mencionó la teoría de que es tal la belleza, y además iluminado, de nuestro casco, que ya de por sí se vende solo. La gente, los turistas, quieren venir a Toledo porque es el casco mejor iluminado y porque su sola contemplación ya es un aliciente turístico para el viajero. En suma, que como diría el refrán, “el buen paño en el arca se vende”. Llegó a decir, incluso, que no era preciso organizar grandes eventos culturales para atraer turistas. Y, por supuesto, en ese panorama idílico, dijo también que los toledanos acuden al casco como lugar de ocio de forma habitual.
Reconozco las dificultades para actuar en los cascos históricos. Pero esa actitud, entendible desde una óptica partidista y de gobernante, no ayuda a resolver los problemas, pues, como dice otro refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Ahora, en plena recta hacia unas elecciones municipales espero y deseo que los distintos candidatos se tomen Toledo en serio, en todos sus aspectos, y sean claros en sus propuestas. De antemano, expreso mi amor por Toledo, donde nací y vivo. Y desde hace cinco años resido además en el corazón de la ciudad, en pleno casco histórico. Es decir, vivo en el casco, recorro el casco, amo el riquísimo patrimonio de nuestro casco histórico, me alegro por la proliferación turística que vive nuestro casco…Pero también conozco las sombras de nuestro casco: el comercio que abandona y deja paso sólo a establecimientos pensando en el turismo, centenares de casas en un estado de abandono lamentable, el problema del modelo de recogida de basuras sin resolver y, sobre todo, la falta de vecinos en el casco.
Si en Toledo vivieron 60.000 habitantes, e incluso según otras fuentes, algunos miles más, el declive continuado del viejo casco histórico le ha llevado a los 10.000 habitantes; y se da la paradoja de que a mayor aumento de la población de la ciudad continúa el descenso de residentes en el casco. Paralelamente a la residencia en los nuevos barrios y en los que después surgirían (Vistahermosa y tantos núcleos residenciales en la zona de la carretera de Ávila, como Valparaiso y La Legua; en la Olivilla y zona de Cigarrales…) muchos toledanos optaron por vivir en las localidades más próximas a Toledo, que ofrecieron viviendas con unos precios infinitamente más accesibles que en la capital.
La despoblación del casco histórico es uno de los mayores dramas de nuestra ciudad. Si en 1940 vivía en el casco el 90% de la población, actualmente de los 83.788 habitantes que recoge el padrón municipal de 1-1-2013, sólo 10.786 residen en el casco histórico (dentro del recinto amurallado), es decir el 12,8% del total de la población. Aunque en los primeros años del siglo XXI parecía que la población del casco no sólo se estabilizaba sino que incluso se incrementó, los últimos años vuelven a ser de descenso.
¿Qué hacer? Es la pregunta del millón. Lo importante es que los toledanos y no toledanos seamos conscientes del problema. Es estupendo traer FARCAMA al casco, programar grandes exposiciones, cualquier actividad que otorgue vida al casco…Pero hay una cuestión indudable: un casco histórico vivo necesita residentes, familias que vivan y sueñen en el Casco. Ventajas fiscales, ayudas en cuantías no casi simbólicas como ahora se otorgan; facilidades para las actuaciones de rehabilitación y, sobre todo, convicción: animemos a los toledanos a vivir en el casco, con ventajas y con una campaña de comunicación que ayude a los toledanos a enamorarse del casco y querer vivir entre sus calles. Hay ayuntamientos españoles con importantes cascos históricos que incluso estuvieron denegando licencias para edificar en barrios nuevos. No es fácil, pero lo esencial es querer resolver el problema: si queremos y estamos convencidos de que nuestro casco no debe convertirse en un parque temático encontraremos fórmulas, con la ayuda de los expertos. Tal vez, alguno de los candidatos a presidir el ayuntamiento podría entre sus propuestas incluir un eslogan parecido a éste: “Toledano: ¡Ven a vivir al casco histórico!”. Pero, claro, si lo hace debe estar dispuesto a poner en marcha algunas medidas que conviertan en realidad ese reto, casi utopía. Pero sin esperanza el casco terminará siendo sólo atractivo para los turistas. Yo al menos no me resigno a ello.

jueves, 16 de abril de 2015

Bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha: para seguir avanzando

Bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha:
para seguir avanzando


He reiterado muchas veces que las bibliotecas públicas deben estar en la agenda política. Y en artículos anteriores expuse la necesidad de que, ante las próximas elecciones autonómicas y municipales, los partidos políticos anuncien sus propuestas e incorporen a los programas electorales las iniciativas que prometen llevar a cabo. Estamos en compás de espera, pues generalmente sólo se han hecho públicos los Programas-marco para estas convocatorias. De lo visto hasta ahora, podemos calificar de escasas y de poco calado las menciones que los partidos hacen respecto a bibliotecas, y sin referencias a la biblioteca pública como motor de desarrollo, centro neurálgico para la sociedad local, puerta democrática de acceso a la información, etc. Invito a consultar esos programas pero anticipo que el resultado del encuentro será, nuevamente, la decepción. Y sin embargo hay muchísimo por hacer. Si me lo permiten enunciaré algunas de las prioridades.
Quien gobierne a nivel regional deberá materializar el proceso de firma de convenios de financiación de las bibliotecas públicas municipales integradas en la Red de bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha, que está previsto en la Ley 3/2011, de la Lectura y de las bibliotecas de CLM, y que hasta ahora no ha sido abordado. Ese es un gran objetivo y los partidos deberían pronunciarse y comprometerse pues de esa acción depende el futuro de buena parte de las bibliotecas de nuestra Comunidad Autónoma.
Por su parte, las capitales y otras grandes poblaciones han de empeñarse en ofrecer a sus habitantes una red municipal de bibliotecas moderna y con servicios adecuados a su localidad. Por enésima vez menciono que la ciudad de Guadalajara no tiene ni una sola biblioteca pública municipal; y que la capital de la Región, Toledo, tiene cuatro bibliotecas municipales con reducidos horarios, recursos humanos escasos y con bastante parálisis desde hace décadas. No citaré la situación de cada una de las grandes ciudades, muy desigual y en algunos casos sorprendente por su precariedad, hasta el punto de que incluso diversos centros no pueden integrarse en el Catálogo Colectivo de la Red de Bibliotecas Públicas de CLM.
Habrá que intentar subsanar el escandaloso descenso en los presupuestos para adquisiciones de fondos bibliotecarios, ya bien visible en las estadísticas del conjunto del país y de la región. Pero además es necesario un impulso del Servicio E-Biblio Castilla-La Mancha, de préstamo de libros digitales a través de bibliotecas públicas mediante la incorporación periódica de nuevos títulos. Las bibliotecas, si se quedan al margen del préstamo de libros electrónicos o éste tiene una oferta muy reducida de títulos, perderán lectores y usuarios, como ya se está experimentando por el poco presupuesto que se destina a la compra de novedades.
Otro aspecto esencial es el desarrollo de programas de culturales y de animación a la lectura. A pesar de la creatividad e imaginación de los profesionales bibliotecarios, se precisan presupuestos para que la biblioteca desarrolle un programa cultural atractivo y permanente que atraiga a los ciudadanos de todas las edades y sectores sociales a utilizar los servicios de la biblioteca pública.
Como he mencionado otras veces, en tiempos de crisis los políticos tienen que analizar las prioridades que precisan los ciudadanos. Y en esa tarea sin duda los servicios bibliotecarios son absolutamente necesarios, frente a otras políticas culturales basadas en grandes eventos, ciertamente más de escaparate.
En positivo: animo a tantos candidatos a las alcaldías y concejalías de educación y cultura a seguir promoviendo servicios bibliotecarios en sus localidades, a apoyar a las bibliotecas para que constituyan centros básicos de cultura, convivencia, desarrollo e inclusión social. Les animo a que apuesten por contar con bibliotecarios profesionales que son el corazón de la biblioteca y una garantía del éxito de este servicio público. Espero de su inteligencia que, cuando tengan que optar presupuestariamente, nunca olviden o dejen de lado a la biblioteca pública, garantía en las comunidades locales en la prestación de muchísimos servicios.
Con la presencia de internet y en pleno siglo XXI, las bibliotecas públicas siguen siendo imprescindibles. También algunos políticos son imprescindibles para el presente y el futuro de las bibliotecas. Aunque, lamentablemente, habrá otros que por su olvido o desdén hacia las bibliotecas no merezcan pasar a la historia de cada municipio sino a ser relegados al olvido.



miércoles, 15 de abril de 2015

Entrevista en Infobibliotecas. Promesas electorales. Entrevista sobre elecciones.

¿Qué balance haces de las políticas municipales y autonómicas ejecutadas en los últimos cuatro años respecto a las bibliotecas?

Sinceramente no conozco en detalle las políticas bibliotecarias seguidas por ayuntamientos y comunidades autónomas en todo el país. Hay, lógicamente, de todo, pues como he dicho muchas veces en España en el campo de las bibliotecas públicas hay  un verdadero marco de desigualdades. La situación depende de la legislación existente en cada región o del interés institucional y político de cada gobernante. Al contrario que en otros servicios públicos (centros docentes, sanitarios…) que existen unos parámetros y obligaciones de carácter estatal, las bibliotecas públicas siguen siendo demasiadas veces una opción muy voluntarista. Las diferencias entre regiones y localidades son enormes, y ahí están los datos para corroborar el mayor o menor interés político en los servicios bibliotecarios. Lógicamente, como interesado por las políticas bibliotecarias,  sigo los datos estadísticos del conjunto del país, y desde luego son significativos de los recortes y del parón que se está produciendo en los servicios de bibliotecas públicas en nuestro país.
Las estadísticas de bibliotecas públicas españolas que coordina y publica el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte son bien explícitas de estas diferencias de políticas. Aunque los últimos datos corresponden al 2012 y faltan los de Cataluña, que lamentablemente lleva varios años sin aportar información estadística al sistema, creo son elocuentes. Por ejemplo, en documentos por habitantes lideran las colecciones Navarra (3,2) y Castilla-La Mancha (3,0) frente a regiones como Canarias (1,06),  Madrid (1,15), Andalucía (1,18), Cantabria (1,32), Valencia (1,40). La media nacional es de 1,67.
Si cogemos otro indicador significativo, como el del gasto corriente por habitante, con un gasto medio de 7,99, que es ridículo frente a cualquier otro servicio público, las diferencias son también abrumadoras. Están a la cabeza el País Vasco, con 17,29 € y Castilla-La Manchas, con 13,25.  En el polo opuesto están Baleares (3,78 €), Canarias (4,57 €), Valencia (5,18 €), Andalucía (5,64 €). Invito a ver otros indicadores para no alargar aquí la serie.

Sí he seguido, lógicamente, y conozco bien las políticas desarrolladas en Castilla-La Mancha. El Gobierno regional siempre actuó de “punta de lanza” en las políticas, promoviendo programas de apoyo a las bibliotecas municipales (ayudas para personal, adquisición de colecciones, actividades culturales, e incluso para inversiones) y todo ese entramado de colaboración económica se ha paralizado. Muchos ayuntamientos han rebajado sus aportaciones hasta el mínimo e incluso en las cinco bibliotecas públicas del Estado, gestionadas por la Junta, se han producido descensos escandalosos. Afortunadamente los ciudadanos respaldan a las bibliotecas y por ello las bibliotecas municipales se están manteniendo contra viento y marea. 

¿Qué modelo de biblioteca pública os gustaría ver reflejado en los programas electorales de las fuerzas políticas que se presentan a las próximas elecciones municipales y autonómicas?

Lo que es el servicio de biblioteca pública está bien expresado en la legislación, en documentos de IFLA, en el Manifiesto de la UNESCO, etc. Lo que ocurre es que dependiendo del tipo de población puede enfocarse de distinta manera.  En la mayoría de los municipios la Biblioteca Pública debe constituir el centro sociocultural e informativo más importante para la comunidad. No sólo es la puerta democrática de acceso a la información, la cultura, la educación permanente y el ocio positivo. Es que debe asumir el papel de lugar de encuentro, de debate público, de convivencia, de acogida de sectores sociales de todo tipo. La biblioteca pública prescinde de barreras ideológicas, sociales, religiosas, lingüísticas, de edad, de nivel social…y acoge a todos los ciudadanos.  Esto no es una teoría: cualquier persona debe sentirse en una biblioteca como en su propio y hogar y, lógicamente, los políticos responsables de la institución de la que depende la biblioteca no pueden seguir criterios partidistas para gestionar el centro. La biblioteca es un centro de libertad y un faro de esperanza, y en época de crisis como la actual es la institución que garantiza el acceso de todos los ciudadanos al conocimiento. En las grandes ciudades es lógico que existan otros centros culturales, pero aún en esos casos la Biblioteca debe ser un amplio espacio de oferta de servicios: exposiciones, conciertos de pequeño formato, ciclos de conferencias, presentaciones de libros, cuentacuentos, cine, teatro, clubes de lectura, reunión de colectivos…

Esto puede parecer una teoría, pero es la realidad en una biblioteca como la que yo dirijo, la Biblioteca de Castilla-La Mancha, y en  tantísimas bibliotecas de nuestro país.. Pero, lamentablemente, hay gentes que no creen en este modelo de biblioteca, que incluso piensan que en la era de internet las bibliotecas y los bibliotecarios ya no hacen tanta falta (que tenemos a google  ¡vamos!).  Pero no es así. Necesitamos bibliotecas en nuestra vida. Una biblioteca –y perdóneseme la definición un poco “comercial”- es una gran superficie cultural, informativa y educativa y cada día debe ofrecer “ofertas” a los ciudadanos que les animen a ir a la biblioteca. Las bibliotecas no pueden caer en la rutina y de forma permanente deben estar presentes en la vida de las personas y de la sociedad.

¿Qué prioridades deben tener las políticas municipales respecto a las bibliotecas en los próximos cuatro años?

Los ayuntamientos en el período democrático han realizado sin duda un gran esfuerzo financiero. Pero a veces sin cabeza. Quiero decir que es necesario articular las políticas culturales en torno a las bibliotecas públicas y dejarse de crear tantos centros culturales (salas de exposiciones, centros cívicos,…) luego difíciles de mantener. Esto sobre todo es fundamental en localidades de hasta aproximadamente 25.000 habitantes y, desde luego, imprescindible en localidades menores de 10.000 habitantes. En ciudades como Toledo hay centros culturales sin una planificación y oferta continuada, a veces monumentos faraónicos ahora paralizados, mientras que   las bibliotecas municipales están igual que hace décadas, con horario escaso y sin apenas personas sin presupuesto.
Luego hay ayuntamientos que no cumplen siquiera la obligación de tener una biblioteca pública en su municipio. Vengo denunciando desde hace décadas que un ayuntamiento de capital de provincia como Guadalajara que no tiene ni una biblioteca pública y la ciudad sólo dispone de la Pública del Estado.
Otra cuestión es el número de bibliotecas en los municipios mayores de 5.000 habitantes. En otros servicios (educación, sanidad…) se han construido centros de acuerdo a las necesidades de la población. En bibliotecas no siempre ha sido así y muchas veces entendemos que porque una ciudad tenga una biblioteca ya tenemos atendida la población. La cuestión de las verdaderas redes de bibliotecas en localidades de más de 25.000 habitantes en una asignatura pendiente en muchas localidades españolas. Y no estoy poniendo el acento en lo negativo: claro que se ha hecho mucho en bibliotecas durante los últimos treinta años, pero es insuficiente. Leer, la información, la educación permanente…todos los servicios que se prestan desde una biblioteca pública constituyen un derecho de todos los ciudadanos, independiente de en qué localidad o en qué región vivan. Y no debe discriminarse a nadie por vivir en un municipio pequeño. En Castilla-La Mancha hemos sido muy progresistas y nuestra legislación “obliga” a tener biblioteca en municipios mayores de 1.000 habitantes, frente a lo establecido en todo el país. Pero no es fácil.

¿Qué medidas concretas pueden impulsarse desde municipios y CCAA para que las bibliotecas se conviertan en epicentro de la vida cultural de sus comunidades?

Ahora precisamente necesitamos que las bibliotecas sean el centro neurálgico de los ciudadanos, que lance propuestas de regeneración y de cultura para la sociedad a la que sirve, que disponga de colecciones actualizadas, que sea el lugar de expresión y de vida cultural de todos los colectivos. La biblioteca debe trabajar en coalición y complicidad con la sociedad y tener una presencia pública permanente a través de sus programas y de los medios de comunicación. Pero esto no es cosa de “magia”.  Las bibliotecas precisan bibliotecarios profesionales y con unos horarios que garanticen un servicio adecuado a los ciudadanos.  No puede haber bibliotecas que abren unas horas o unos días. Igual ocurre con las adquisiciones: necesitan un presupuesto que garantice la actualización de la colección y, consiguientemente, el interés de los usuarios por acudir a la biblioteca a utilizar sus servicios. Igual ocurre con las nuevas ofertas de libros electrónicos: han de buscarse fórmulas a nivel nacional para ampliar el catálogo, sin que ello suponga una concentración del gasto del presupuesto en esos nuevos servicios.

En época de crisis y de recortes, hay que exigir a los responsables políticos que no tomen la decisión fácil de prescindir de biblioteca o del bibliotecario o disminuir sus presupuestos de forma tal que hagan inviable o poco atractivo el servicio de biblioteca pública. Cuando hay disminución de presupuestos públicos, los responsables tienen que hacer una profunda reflexión sobre las prioridades políticas y sociales que han de seguirse en cuanto a la elección de las prioridades de actuación. Por ejemplo, no pueden gastarse en actuaciones culturales de “escaparate· (grandes conciertos y exposiciones, conmemoraciones…) cantidades enormes mientras que a las bibliotecas se destinan presupuestos ridículos. A veces dejar de hacer varios  kilómetros de autovía garantiza el funcionamiento de una red regional de bibliotecas con dignidad. Los presupuestos estoy de acuerdo que no pueden ser inmovilistas pero tiene que haber un equilibro y un traspaso de partidas a unos servicios como las bibliotecas públicas por los que pasan cada día millones de personas.

En definitiva, los bibliotecarios hemos de hacer un esfuerzo pedagógico sobre las bondades de la biblioteca pública, cada uno en su marco de actuación. Y conseguir la complicidad de los usuarios: si tenemos el apoyo de la sociedad ningún político se atreverá a cerrar una biblioteca pública o a disminuir de forma radical sus presupuestos.

Por todo esto es importante una presencia pública y una exigencia seria, sobre todo desde las asociaciones profesionales, para que los partidos políticos incluyan en sus programas propuestas para las bibliotecas. Yo al menos lo haré para mi región.

¿Es necesario introducir cambios legislativos a nivel autonómico en relación a las bibliotecas públicas? En caso afirmativo, ¿en qué aspectos?

Durante décadas clamé por una ley nacional de bibliotecas, exactamente de coordinación bibliotecaria. Prediqué muchas veces en el desierto, plantee esa necesidad en todos los foros profesionales e institucionales a los que asistí, escribí artículos de opinión en prensa nacional y regional…Pero cuando finalmente se aprobó la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas, resulta que es un monumento a la estupidez y la escenografía. Es una Ley que no sirve para corregir ninguno de los problemas de las bibliotecas de nuestro país, a pesar que en  la tramitación se introdujeron enmiendas presentadas por asociaciones e incluso por otros partidos. Pero finalmente el PSOE en la última sesión de aprobación en el Congreso deshizo el camino andado y anuló las modificaciones que incluso ellos mismos habían presentado. Digo esto porque lo primero que habría que hacer es una modificación más ambiciosa de esa Ley. Ya sé que algunos hablan de que las comunidades autónomas tenemos competencias en política de bibliotecas, pero ello también ocurre en la sanidad o en la educación y sin embargo tiene que haber una ley-marco que establezca quién debe prestar el servicio de biblioteca pública y cómo debe ser ese servicio en función de la población a atender.
Eso es lo primero que hay que hacer. En este sentido sería necesario paralelamente demandar a la Unión Europea una directiva que obligue a los Estados miembros a prestar el servicio de biblioteca pública en unas condiciones que se garantice ese derecho de los ciudadanos de la Unión.

A partir de esas dos iniciativas legales, habrá que abordar la reforma de algunas de las leyes autonómicas, especialmente de aquellas que no han desarrollado suficientemente su legislación y normativa. A veces la ley no es suficiente pero es un paso necesario. Y luego hay que continuar luchando: por ejemplo, en Castilla-La Mancha contamos con una Ley que yo creo que es excelente –dentro de las posibilidades-, una ley que yo llamo de “segunda generación” que se promulgó en 2011. Se aprobó en la anterior legislatura y en la actual está costando mucho trabajo su desarrollo. Hay un aspecto crucial: la firma de convenios entre la Administración Autonómica y las Administraciones Locales para garantizar el servicio de biblioteca pública de forma estable. De momento, a pesar de que la Junta  ha dejado de destinar recursos a subvencionar programas de las bibliotecas municipales, se está manteniendo la Red, aunque se hayan producido algunos cierres. Pero es fundamental garantizar la financiación que garantice que el servicio de biblioteca pública no va a depender de vaivenes políticos o personales. Tenemos un gran castillo, una gran red de 500 bibliotecas, que podría desmoronarse como un “castillo de naipes” si no se garantiza esa estabilidad. Que hubiese un compromiso de las Administraciones Públicas para la nueva Legislatura ya sería mucho, aunque nos parezca poco relevante…

¿Cuáles son los grandes errores que se cometen habitualmente en las políticas municipales y autonómicas respecto de las bibliotecas y que convendría evitar?

 En bastantes comunidades autónomas y en numerosas ciudades españolas hay grandes carencias en sus políticas bibliotecarias.  La primera cuestión, de orden conceptual, ya la he expresado: no se da a la biblioteca pública la importancia y consideración que tiene para los ciudadanos o que debe tener. En la sociedad de la información las bibliotecas tienen un papel esencial, crucial, y precisan de recursos. Creo que este primer error es común a ayuntamientos y comunidades autónomas. El segundo error, en los municipios, es no considerar a la biblioteca como un centro vertebrador y generador de la política cultural e informativa del municipio. Un tercer error es la atomización de espacios culturales (salas de exposiciones, centros de juventud, centros de mayores centros cívicos y culturales, centros de internet…), que luego no pueden prestar un servicio adecuado, con horarios insuficientes, muchas veces cerrados, personal escaso o falto de preparación técnica…  Por ello tenemos un mosaico muy grande de situaciones: ciudades medianas o grandes con unas redes de bibliotecas muy potentes, que muchas veces son el servicio mejor valorado por los ciudadanos, frente a ciudades de similar población con un número ridículo de bibliotecas, sin planes estratégicos, que no programan actividades culturales, con presupuestos escuálidos y poco personal….