jueves, 17 de noviembre de 2005

Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha: diez propuestas de futuro



Bibliotecas Públicas de Castilla-La Mancha: diez propuestas de futuro”. Juan Sánchez Sánchez, con la colaboración de: Óscar Arroyo Ortega, Dolores Membrillo Marco, Marta Bausá Arpón y Sonia Prieto Narváez. Ponencia en las II Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Mancha. En: Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Mancha. (2ª, 2005. Toledo). Título: Biblioteca Pública [Recurso electrónico]: garantía de participación ciudadana / II Jornadas Bibliotecarias de Castilla-La Manchas,   Toledo, 17, 18 y 19 de noviembre de 2005. Toledo:  ANABAD Castilla-La Mancha, [2008].  CD-ROM.  ISBN: 978-84-930901-1-1

viernes, 23 de septiembre de 2005

Las políticas bibliotecarias, hacia un segundo pacto local


“Las políticas bibliotecarias, hacia un segundo pacto local” Intervención en mesa redonda en el I Encuentro Bibliotecas y Municipio. En: Encuentro Bibliotecas y Municipios (1º. 2005. Peñaranda de Bracamonte). La administración local y las bibliotecas en la democracia / I Encuentro Bibliotecas y Municipios, Peñaranda de Bracamonte, Salamanca, 21-23 de septiembre de 2005.- Madrid: Ministerio de Cultura, Subdirección General de Información y Publicación, 2005

Resumen: El panorama bibliotecario ha cambiado en los últimos años pero aún queda mucho por recorrer para alcanzar los niveles europeos de uso de la biblioteca pública. Esos niveles implican grandes esfuerzos por parte de todas las administraciones e instituciones implicadas, en cuatro líneas fundamentales de trabajo: 
- Incrementar el número de bibliotecas. 
- Aumentar y enriquecer las colecciones. 
- Ampliar los horarios de apertura. 
- Profesionalizar las personas que las atienden. Han de ponerse en marcha los mecanismos institucionales y jurídicos para avanzar en la coordinación y desarrollo de las políticas bibliotecarias en España.

jueves, 15 de septiembre de 2005

Pasión por leer



Pasión por leer*
             

            Las estadísticas sobre hábitos lectores reflejan el largo camino que queda por andar en España para conseguir una sociedad lectora. Pero existen otros muchos indicadores por los que podríamos entonar un canto de esperanza. Sin duda, las bibliotecas públicas, todavía con carencias importantes, significan un buen espejo para demostrar que los castellano-manchegos, los españoles en general, quieren leer, desean entrar en la Sociedad de la Información y del Conocimiento que caracteriza el comienzo del siglo XXI.
            En 1934, el bibliotecario Javier Lasso de la Vega escribió un artículo titulado “Política bibliotecaria” en el que decía:  “Para que un pueblo pueda vivir en un régimen democrático y, por tanto, decidir su destino, elegir sus representantes, etc., necesita estar  capacitado para pensar por sí mismo. Sin libros, sin prensa, sin bibliotecas, España no podrá ser un país democrático jamás.” Y esta opinión, que mostramos como un ejemplo, pero que es mantenida por otros muchos autores y por prestigiosas instituciones, parece que empieza a calar en la sociedad española. Pero los resultados son lentos, y los frutos de la cosecha tardan en vislumbrarse; lo importante es que la sembradura sea correcta y que los “cuidados” sean permanentes y adecuados.
            El Gobierno de Castilla-La Mancha se ha caracterizado en política bibliotecaria por un gran reto: la universalización de servicios bibliotecarios para el conjunto de la población regional y para la totalidad de municipios.  Y esa utopía, única en nuestro país, va siendo una hermosa realidad.  Si en  1984, prácticamente al iniciarse la vida autonómica de nuestra región, disponíamos de 154 bibliotecas públicas, además de 12 bibliobuses, en 2003 existían un total de 510 bibliotecas, de las cuales 501 eran de gestión municipal. Teniendo en cuenta que en Castilla-La Mancha de los 919 municipios sólo hay 62 mayores de 5.000 habitantes, es fácil reconocer el esfuerzo que han hecho los ayuntamientos, que han creado bibliotecas públicas (436) y salas de lectura pública (65) en municipios menores de esa población y que, consiguientemente, no tenían obligación legal de hacerlo.  Esta poderosa realidad bibliotecaria, no exenta de carencias y de problemas,  ha tenido indudablemente dos protagonistas: la Consejería de Cultura, que ha estimulado a los ayuntamientos a crear y desarrollar bibliotecas públicas, con apoyo técnico y financiero; y los propios ayuntamientos, que han aceptado el reto de crear y financiar servicios bibliotecarios, a pesar de sus exiguos presupuestos municipales.
            Los principios esenciales para el desarrollo de Bibliotecas Municipales han sido la  cofinanciación y la corresponsabilidad.  Pero sin duda ha sido factor determinante para este proceso que la Consejería haya tenido entre sus prioridades políticas el desarrollo de servicios bibliotecarios en los municipios y lo haya hecho con exigencias progresivas para asegurar la dignificación, creciente calidad y estabilidad de la biblioteca pública. Esta política ha tenido muchas consecuencias positivas, y  una de ellas es que se han incrementado de forma constante los recursos públicos para bibliotecas, hasta el punto que Castilla-La Mancha está a la cabeza, junto con Cataluña, en gasto bibliotecario: frente a una media nacional de 8,15 euros por habitante, nuestra región destina 14,37 euros por habitante. Y otros indicadores confirman que nuestra Comunidad sí tiene pasión por leer:  en las bibliotecas públicas disponemos de 2,32 libros u otros soportes por habitante (1,21 es la media nacional); se realizan 2,62 visitas a la biblioteca por habitante (la media española es de 1,8); y el número de obras prestadas a domicilio es de 2,10 por habitante (media en España 1,0).
            Estos datos, que no alcanzan los niveles de los países más desarrollados en Europa,  son, sin embargo, un buen signo de que la mejor campaña de animación a la lectura consiste en disponer de servicios bibliotecarios dignos, estables, con personal especializado y suficiente, colecciones actualizadas y edificios adecuados para acoger confortablemente a la comunidad local.  Mientras que en España hay una biblioteca pública por cada 9.164 habitantes, en Castilla-La Mancha ese tremendo esfuerzo del Gobierno Regional y de las Administraciones Locales ha hecho posible que tengamos una biblioteca por cada 3.560 habitantes, indicador que nos equipara en este caso a los países de la Unión Europea más avanzados bibliotecariamente.
            Es cierto que todavía quedan muchos pequeños municipios sin servicios bibliotecarios, pero el Plan de Bibliotecas Móviles actualmente en desarrollo servirá para, progresivamente, acercar el libro y la información a los ciudadanos de esas zonas rurales.
            En definitiva,  el horizonte de la universalización se ve posible, siempre que se mantenga la cultura de planificación que se viene desarrollando desde mediados de la década de los noventa y que ha propiciado unas políticas estables de bibliotecas públicas. Sucesivamente, el Plan Estratégico de Cultura, el Plan de Desarrollo Bibliotecario Bibliotecas Públicas Siglo XXI, y en el anunciado Plan Regional de Lectura han sido los documentos del Gobierno de Castilla-La Mancha que han contribuido a crear una Red de Bibliotecas Públicas que hoy es un valor indudable de nuestra región y espejo para otras tierras de España.  
            Queda mucho camino por recorrer, muchos lugares en los que los ciudadanos todavía no pueden acceder democráticamente al libro y la información a través de servicios bibliotecarios. Pero lo importante es que la biblioteca pública en Castilla-La Mancha ha ido incrementado su presencia, y la sociedad regional (tanto las administraciones públicas como los propios ciudadanos) tienen un mayor conocimiento y aprecio por este servicio público.
            Derecho a leer, derecho a disponer de biblioteca pública. Para todos y para todas. Sin discriminación por razón de vivir en un barrio o en un alejado o pequeño municipio. Sigamos en Castilla-La Mancha creyendo en la biblioteca pública, que es, según la UNESCO “el principal medio de dar, a todo el mundo, libre acceso a la suma de los conocimientos y de las ideas del hombre, y a las expresiones de su imaginación creativa”. Prosigamos sembrando, y dentro de un tiempo habremos conseguido una sociedad que tenga, realmente, pasión por leer.



* La Tribuna de Toledo (15 de septiembre de 2005), pág. 3. Este artículo se publicó también, en la  misma fecha,  en las otras seis ediciones de este medio de comunicación en Castilla-La Mancha (La Tribuna de Albacete, La Tribuna de Ciudad Real, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara,  La Tribuna de Puertollano y La Tribuna de Talavera).

viernes, 1 de julio de 2005

Monólogo de Mateo Gómez



En el verano del año 2005 nació Mateo Gómez, un personaje de ficción que el autor creó para expresar públicamente sus ideas y, mezclando de nuevo la realidad con la ficción, expresar los sueños por los que venía luchando desde hacía décadas en el ámbito de las bibliotecas públicas.  Apareció por vez primera en el relato Monólogo de Mateo Gómez. En este inicial  texto, Mateo Gómez recorre durante el año 2005 los municipios de Castilla-La Mancha por encargo del Presidente del Gobierno y de la Defensora del Pueblo de esta Comunidad.  Aunque el informe que elaboró no se hizo público, el cuento aporta una reflexión literaria sobre lo que fue y significó el recorrido de este bibliotecario por tierras y lugares de Castilla-La Mancha. En otros momentos vendrán otras intervenciones de este bibliotecario imaginado...



Monólogo de Mateo Gómez*

I.

            Ha entrado la noche. Mis ojos están enrojecidos de cansancio y mi frente se ha topado en varias ocasiones, por el sueño que me vence, con la pantalla del ordenador. Mañana continuaré, como Don Quijote, recorriendo caminos y ciudades. Y seguiré manteniendo en mi cabeza aquellas dos ideas que el  Señor Don Quijote pronunció y que a mí hoy me saben a programa, a ideario, a reto utópico: la misma justicia para todos, deshaciendo los entuertos que impiden el logro de esa justicia.

            Porque ¿cuál es la razón que impide que todos los ciudadanos puedan disfrutar de servicios bibliotecarios?, ¿qué poderoso gigante estimula que se agrande la brecha digital, que las diferencias entre unas y otras regiones, entre unos y oros ciudadanos, aumenten a la hora de acceder al libro, la lectura y la información?

            Y, como telón de fondo, una pregunta se introduce en mi cabeza y en mi corazón y  no me deja descansar: ¿servirá de algo mi itinerario por estas tierras de Castilla-La Mancha?, ¿serán tenidas en cuenta mis observaciones, mis recomendaciones y propuestas  sobre la situación de las bibliotecas de la Comunidad Autónoma?

            Hoy ha sido un día repleto de emociones. En este pequeño pueblo toledano he coincidido con unos sorprendentes viajeros que me han ayudado a reflexionar sobre mi misión y sobre el contenido de mi informe…



II.



Todavía resuena dentro de mí aquel grito estridente, pero armonioso, del Caballero andante:

- ¡La misma justicia para todos!

Había leído infinidad de veces esta idea de Don Quijote, pero esta calurosa mañana de la primavera del 2005 me supo a nueva, a tremendamente actual, y con tanta fuerza que no he conseguido desalojarla de mi cerebro.  Eran geniales aquellos estrafalarios intérpretes de Don Quijote y Sancho Panza. ¿La Recua, se llamaba el colectivo teatral? Creo que sí. Repetían, como un viejo disco de vinilo rayado, dos de las ideas emergentes de la obra universal de Cervantes: “Desfacer entuertos” y “Justicia para todos”.  Esa casi veraniega mañana, en un pueblo de Toledo,  parecía que habíamos entrado en el túnel de la historia y que estábamos en el tiempo del Quijote. En la plaza, junto a la iglesia, en las calles saltaba la sorpresa, y los diálogos entre Quijote y Sancho salpicaban el aire cálido y seco. Y era muy visible la expectación  que en niños y mayores arrancaban aquellos personajes nacidos en la literatura y trasportados siglo a siglo a la historia, como modelos de idealismo y realismo y todavía cargados de futuro.

A estas alturas del año, repleto en todo el país, y singularmente en nuestra región, de celebraciones relacionadas con la efemérides de la publicación del IV Centenario del Quijote, todo el mundo relacionaba el evento que esa mañana contemplábamos con ese logotipo de las aspas del molino manchego que llenaba las páginas e imágenes de publicidad de las más importantes instituciones y empresas del país. Pero, aun así, ver, sobre todo, esos ojos chispeantes y sorprendidos de los niños era suficiente para dar por bienvenida y bien financiada esta representación callejera. Una actuación que sin duda había roto la monotonía matinal que cualquier día del año caracteriza la vida de este pequeño pueblo. Especialmente causaba sorpresa, inquietud incluso,  la cabeza de Don Quijote, ensangrentada y malherida, reflejo de los avatares de sus aventuras. Viéndoles alejarse, bien podríamos recitar los versos de  León Felipe:

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar.

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,

 y va ocioso el caballero sin peto y sin espaldar,

va cargado de amargura,

que allá encontró sepultura

su amoroso batallar.



Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar.

Va cargado de amargura,

va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura

en horas de desaliento así te miro pasar!

¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura

y llévame a tu lugar;

hazme un sitio en tu montura,

caballero derrotado,

hazme un sitio en tu montura,

que yo también voy cargado

de amargura

y no puedo batallar!



Sí, inevitablemente yo, Mateo Gómez, también me sentía esa mañana derrotado, cansado, comprobando en mí mismo qué largo es el camino, y qué áspero;  y tal vez a punto, como León Felipe, de cobijarme bajo la sombra de un árbol –da igual un ciprés que un álamo- donde pueda conseguir el descanso, el sosiego que los acontecimientos de los últimos meses me hurtaban. ¿Ya no puedo batallar?, me preguntaba insistentemente. Y cantaba en silencio, en mi interior,  estos versos con la melodía que en los años setenta compuso Paco Ibáñez. Era una imagen tal vez excesivamente derrotista la que ofrecía el poeta sobre Don Quijote en estos versos, pero sin duda así debió sentirse en tantas ocasiones, en tantas derrotas, en tantas batallas perdidas…Porque esas dos ideas-fuerza emergían de nuevo, y me llenaban de razón. Y otra vez hacía acopio de esperanza. Desfacer entuertos y la misma justicia para todos…Y ambas frases se me quedaban revoloteando por mi mente…



III

Se ha hecho el silencio. Ya no hay gentes en las calles en esa mañana tórrida. Don Quijote y Sancho, La Recua,  abandonaron ya la localidad. En mi imaginación les veo ahora distintos, nuevamente pletóricos, llenos de vida, deseosos de seguir luchando, sin heridas ni en cuerpo ni en alma, portadores de esperanzas y anhelos de justicia. ¿Dónde estarán ya? ¿Fueron sólo unos intérpretes? ¿Llegó a este pueblo sólo la farándula o fue realmente el espíritu de Don Quijote y Sancho quien cabalgó esta mañana por estas calles castellanas?

Todavía me queda trabajo. ¿Tal vez un año? Llevo ya recorridos 355 municipios. Aquí, en este mismo  municipio, estuvo hace cien años Adolfo Alvarez Buylla, comisionado por el naciente Instituto de Reformas Sociales,  como en tantos pueblos de las dos Castillas, para elaborar una Memoria sobre la realidad agraria y social de los pueblos castellanos en aquellos comienzos del siglo XX. Todavía impresiona leer esas páginas llenas de realismo y crudeza. También hubo un bibliotecario, Juan Vicens, que en tiempos de la II República recorrió más de un centenar de pueblos españoles en calidad de  inspector de las bibliotecas de Misiones Pedagógicas y de las Juntas Municipales creadas por la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros. También en nuestros años, en distintas regiones, hay profesionales que se dedican a una labor de apoyo e inspección de las bibliotecas públicas, aunque su labor sea muy anónima y no se convierta en noticia.

Yo también soy un comisionado. Un anónimo enviado del Gobierno autonómico. Es verdad que no soy un clandestino, pero se intenta que mi presencia pase lo más desapercibida posible ante la opinión pública. Tal vez para no politizar la cuestión. La Defensora del Pueblo quiere conocer en profundidad la situación de las bibliotecas públicas de la región. En realidad, pienso que es el propio Presidente quien ha lanzado este reto. Le preguntaban continuamente qué quería que permanezca de este año mítico del IV Centenario. Y decía que una estupenda Red de Bibliotecas que sirviese de espejo, de ejemplo, para todo el país. Luego han surgido las críticas procedentes de tantos municipios porque parecía que el edificio bibliotecario regional se resquebrajaba…No todos los políticos tienen la misma sensibilidad hacia este servicio público que es la biblioteca, pero era muy llamativo que precisamente se paralizasen proyectos y se rebajasen los presupuestos regionales  coincidiendo con un momento histórico de reforzamiento teórico de las políticas de lectura en la Comunidad Autónoma….

Leo y escucho a menudo otra idea: ningún ciudadano puede sufrir discriminación por razón del territorio, de la ciudad o pueblo, donde le ha tocado vivir. Y el propio Presidente lo reitera en muchas de sus intervenciones. Concretamente, en política bibliotecaria, se venía trabajando en esa línea: conseguir que todas las personas tengan acceso a servicios bibliotecarios de calidad y de última generación, como puerta de entrada a la Sociedad de la Información y el Conocimiento. En realidad es la  primera idea de Don Quijote: la misma justicia para todos. Y si no existe esa misma justicia, si todos los ciudadanos no tienen acceso a la biblioteca pública, hay que desfacer ese entuerto y cambiar la realidad de desigualdad existente.

Creo en la sinceridad del planteamiento. Pero mis fuerzas se debilitan a medida que escucho de viva voz la problemática de cada lugar. Y rumio en silencio el informe que cada noche, al descansar en la última localidad visitada, redacto. He prometido no adelantar aspecto alguno sobre los contenidos del informe. Es verdad que la Administración elabora y publica muchos y buenos datos sobre la situación bibliotecaria  regional. Pero éste es un informe confidencial  que sólo entregaré a dos altos destinatarios: el Presidente y la Defensora del Pueblo. Ni siquiera en estas cuartillas que, como un desahogo, escribo hoy, quiero revelar noticia alguna.



IV.

Estoy hablando con bibliotecarios, con alcaldes y concejales, a veces con usuarios a los que me presento como un forastero e inicio conversaciones que me ayuden a conocer mejor la realidad. Es un informe científico, pero está lleno de diálogos, de frases que recojo, de visiones que mis ojos captan. No me siento un arbitrista, pero a veces tengo la sensación de estar escribiendo como aquellos arbitristas del siglo XVII que exponían al Rey sus preocupaciones sociales y económicas. En los municipios que carecen de todo servicio bibliotecario me resulta especialmente complejo aparecer allí, conocer planteamientos y posibilidades y marcharme sin levantar expectativas pero al mismo tiempo sin generar desesperanzas. Especialmente dramático me ha resultado el viaje por las comarcas de Cuenca y Guadalajara que ya he visitado, y que contienen buena parte de los municipios sin servicios bibliotecarios. Y tal vez todo el peso, o la responsabilidad, empieza a hacer mella en mí y comienzo a preguntarme si merecerá la pena este esfuerzo. Si realmente el análisis y recomendaciones que formulo serán después tenidas en cuenta.

A veces me ha venido un grupo de niños. Y con sus grafías todavía en formación me han escrito en un papel: “Don Mateo: No queremos que la biblioteca vuelva a cerrarse. Ésta es nuestra casa. Es la casa de los libros para todos”. A veces han hecho un dibujo lleno de color, que es un cántico de esperanza, y que a mí me retorna a toda la dimensión del arco iris, a una vida más llena de mensajes vitales, en la que la sociedad tiene un papel menos pasivo y lucha por cambiar lo negativo, por conseguir los sueños y los retos que merecen la pena. En esas ocasiones me he preguntado. ¿Y por qué vienen a mí, si yo hago mi labor en silencio? Y entonces veo la mano del bibliotecario o la bibliotecaria, siempre generadores de actitudes positivas; y en la sonrisa de sus ojos percibo la complicidad que le llevó a delatar mi presencia.

No estoy desilusionado ni desesperanzado, pero sí abrumado. La existencia de una amplia red de bibliotecas, el esfuerzo que se viene realizando desde hace décadas, las luces en suma que alumbran esta realidad, conviven con las carencias, las debilidades del servicio en tantos lugares, las inquietudes de los profesionales, y todo el camino que resta para conseguir una verdadera red integrada de servicios. Tanta información, tantas imágenes no sólo se plasman en el trabajo que cada día realizo en mi portátil. Se quedan en mi interior, en mi cabeza, y también en mi corazón. Según voy recorriendo las carreteras y llego a nuevos pueblos, imposible eludir el recuerdo de tantas experiencias, de tantas confidencias, de tantas frustraciones, de tantos sueños en marcha….Pero al llegar, nuevos datos, nuevas sensaciones hacen que en el disco duro de mi cerebro tengo que dejar hueco a nuevas informaciones, y que tenga, al menos momentáneamente, que archivar las historias que venía recordando mientras conducía mi vehículo.

Sin duda estoy viviendo una experiencia única, irrepetible, enriquecedora. Pero día a día los kilómetros, mezclados con la frecuente dura realidad que percibo o me cuentan, crean en mí una sensación de comisionado al borde del límite, interrogado por la duda de si podré culminar el trabajo emprendido y que me ha sido encargado seguramente por mi condición de experto. Seguramente soy un privilegiado que no valora en su justa medida la posibilidad de aportar un informe que pueda definitivamente propiciar unas iniciativas legales y programáticas que sitúen a nuestra tierra en una posición destacada en el conjunto español en cuanto a servicios bibliotecarios.



V.



            Amanece. Abandono el pequeño hostal que me ha servido como lugar de descanso y de reflexión sobre las ideas y sensaciones que ayer me salpicaron en esta pequeña localidad. De repente mis ojos reparan en un titular del periódico La Tribuna de Toledo.  Recoge información sobre un encuentro científico  de bibliotecarios. “Sembradores de estrellas”, es el titular; y un subtítulo aclara la temática del texto periodístico: “La lenta travesía de las bibliotecas públicas de la región”.

            Se refiere a la intervención de un grupo de profesionales en ese Congreso. En Castilla-La Mancha ha habido verdaderos sembradores de estrellas, personas que han luchado para conseguir que el servicio de biblioteca pública se desarrollase cuantitativa y cualitativamente en la región. Proclaman sus autores que cada una de estas bibliotecas es como una estrella para su municipio, aunque a veces todavía tenga una débil luz porque sus colecciones bibliográficas o multimedia, sus servicios, la propia situación del bibliotecario o la proyección de la biblioteca en su comunidad no sean representativos de un servicio público tan estratégico e importante como es la biblioteca pública. Pero, continúan diciendo,  potencialmente estamos ante una verdadera constelación de estrellas,  un conjunto de servicios bibliotecarios que convierte a Castilla-La Mancha en un referente para el conjunto del país, 515 bibliotecas llamadas a convertirse en una red de servicios integrados que ofrezcan a la sociedad regional los beneficios de la Sociedad de la Información y del Conocimiento de forma gratuita y democrática.

            Resulta hermoso. Sé que lo han dicho convencidos del avance, que yo percibo también; pero veo en mi recorrido por las tierras, ciudades y pueblos de Castilla-La Mancha cuántas sombras impiden que esas estrellas, que esas más de quinientas bibliotecas alumbren con una luz potente y constante.

            Me alegra que existan personas que creen en la fuerza democratizadora y transformadora de la biblioteca pública. Ellos son los aliados de la biblioteca. Frente a políticos que se convierten en una amenaza para las bibliotecas, profesionales que cogen la bandera de la biblioteca y, como nuevos quijotes, proclaman que la biblioteca pública es un derecho de todos los ciudadanos.

            Cojo mi equipaje y el maletín que guarda el portátil  que me sirve cada noche de lugar de encuentros para verter experiencias, crónicas, opiniones y propuestas. Ayer, Don Quijote y Sancho partieron de este pueblo con esa imagen de vencidos. Ahora, la prensa  me otorga ingredientes para marchar a nuevos lugares cargado de esperanza. En los pueblos de Toledo ya va quedando poco trabajo. Pronto entraré en el corazón de La Mancha, y entonces, como el estrafalario caballero andante, proclamaré al viento: “¡La misma justicia para todos!”. Es decir: ¡Servicios bibliotecarios para todos!



* Escrito en el verano de 2005. Publicado en mi libros Combates por la biblioteca pública en España (2006) y En defensa de la biblioteca pública (2012).

lunes, 13 de junio de 2005

A quién le importa



A quién le importa*



A quién le importa
que en más de dos mil pueblos de España
no puedan alimentarse de palabras.

A quién le importa
que en tantos barrios de grandes y medianas ciudades
la biblioteca pública sea todavía un manjar inalcanzable.

A quién le importa
que oleadas de  jóvenes destinen su tiempo de ocio a beber en la calle,
sin invitarles a descubrir todos los mundos que facilita un libro.

A quién le importa
que centenares de bibliotecarios municipales sigan suspirando
por un trabajo digno y estable.

A quién le importa
que haya políticos que sigan pensando que el libro
debe ser artículo de lujo y que desean decidir hasta
los títulos que deben comprarse con dinero público.

A quién le importa
la cara de tristeza de los niños que esperan
un bibliobús que tal vez nunca les llegará,
porque algún poderoso decidió que era un servicio muy caro
para tan escasos y alejados habitantes.

A quién le importa
que una biblioteca pueda cerrar sus puertas
porque alguien decidió libremente que no era un servicio necesario.

A quién le importa
que todavía en nuestro tiempo puedan inaugurarse
bibliotecas sin bibliotecario, y casi sin libros,
y tal vez sin soportes multimedia,
aunque dotada de fantásticos ordenadores para navegantes.

A quién le importa
que los Gigantes puedan demoler impunemente los sueños
de quienes trabajamos para que el libro sea compañero cercano
y cotidiano de las gentes que viven en todos los lugares.

A quién le importa
que tengamos que ahogar nuestras palabras,
que nos obliguen a silenciar nuestros retos,
y que hasta el aliento haya que contenerlo
por el miedo impuesto por  tanto demócrata advenedizo.

A quién le importa
que desciendan los presupuestos para bibliotecas
y se despilfarre el dinero público en espectáculos
que no son un servicio esencial comunitario.

A quién le importa
que tengas que sufrir en silencio,
que no puedas acudir al Defensor del Pueblo,
que tus ideas no puedas expresarlas en un medio,
que los planes estratégicos sean archivados sin respeto.

Y, sin embargo, siento esta tarde un susurro muy próximo.
Siento esta tarde el aliento cercano,
la mano tendida que me invita a seguir caminando.
Claro que a ti te importa, Señor.
Y ya percibo tu esfuerzo para mantener los corazones
repletos de esperanza.




* Escrito el 13 de junio de 2005. Recogido en el libro En defensa de la biblioteca pública (2012).

viernes, 1 de abril de 2005

Javier Docampo, caminante de esperanza



Javier Docampo, caminante de esperanza*

            Fue en octubre del 2002 cuando Javier Docampo llegó a Toledo, al Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha. De él, quienes le conocían, nos hablaron muy bien, tanto en las facetas profesional como personal. Pero fue un “fichaje” de intuición, teníamos deseo de acertar. Y sin duda dimos en el centro de la diana.
            Docampo venía a sustituir a Joaquín Selgas, fundador del puesto de Asesor de Libro y Bibliotecas, que a su vez había pasado a dirigir la Biblioteca de Castilla-La Mancha, tras la marcha a Madrid de Carmen Sañudo. Ya se ha dicho: Madrid nos da sus hijos, Castilla-La Mancha los robustece, y luego de nuevo la capital de España los apresa entre sus fauces gigantescas…Aunque es verdad que existen excepciones que confirman la regla.
            Al principio los compañeros del SERLAB estábamos un poco recelosos. Procedía Javier de la Biblioteca Nacional, en concreto del Servicio de Dibujos y Grabados, en el que había estado sus últimos trece años. Y venía al mundo de las bibliotecas públicas, a un mundo utópico donde cada día había necesidad de soñar para seguir viviendo. Llegaba a completar un equipo  cuya seña de identidad, la etiqueta identificativa, era ni más ni menos que la democratización del servicio de bibliotecas públicas para el conjunto de la población española y, desde luego, para la población de Castilla-La Mancha. Pero pronto pudimos comprobar que Javier era realmente parte de esa figura colectiva que nosotros llamábamos Un soñador para el pueblo. No hace falta explicarlo, creo.
            Pronto Javier descubrió que en el SERLAB una de las características era el número de proyectos que se ponían en marcha, siempre paralelamente, y con la nota predominante de la imaginación, porque los recursos económicos  nunca sobraron. Pero es verdad que la imagen de las hormigas, con su trabajo continuo y sin descanso nos estimulaba a seguir dando pasos que transformasen la realidad bibliotecaria de Castilla-La Mancha y, por ósmosis, de otras tierras. Y vimos en Javier su admirable capacidad de adaptación al medio predominantemente rural que es nuestra Comunidad, y su tenaz y siempre creativa capacidad de trabajo, y su respeto e ilusión desbordante por el trabajo en equipo…Un trabajo en equipo que siempre fue nuestra bandera…
            Pronto participó de la génesis de uno de nuestros proyectos más emblemáticos: el Plan de Desarrollo Bibliotecario Bibliotecas Públicas Siglo XXI. Y la Biblioteca Virtual, y el Catálogo Colectivo de la Red de Bibliotecas Pública, y las I Jornadas de Patrimonio Bibliográfico,… Y complejos informes que en horas veinticuatro pasaban de las musas al teatro, parafraseando a Lope.
            Luego le tocó en suertes otro Plan, el Regional de Lectura. Un Plan que fue presentado en sociedad por el Presidente del Gobierno Regional y que esperemos sea un proyecto sólido y duradero. Y que alcance los objetivos de política bibliotecaria que no hemos podido alcanzar en otros planes anteriores.
            Pero a lo que íbamos. Conocer a Javier Docampo ha sido un lujo, un placer al alcance de todos los que le tratan. Y trabajar con Javier Docampo, ha sido una preciosa y probablemente irrepetible aventura de esperanza, solidaridad, amistad y tesón. Ahora, su marcha al Museo del Prado, en calidad de Jefe de Área de Biblioteca de tan alta institución cultural, nos llena de alegría porque sabemos que allí se beneficiarán de su saber, de su buen hacer, de su profesionalidad. Pero, inevitablemente, nos llena de tristeza, porque se aparta de nosotros un verdadero caballero andante, un quijote del siglo XXI, un hombre que creyó, con nosotros, que el sueño de las bibliotecas para todos era posible.  Mucha suerte, Javier. Sabemos que marchas con las manos vacías, pero el corazón lleno de esperanza.


* Anaquel, Boletín de Libros, Archivos y Bibliotecas de Castilla‑La Mancha. Nº 30 (abril-junio 2005), p. 15.

martes, 1 de marzo de 2005

Bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: ocho años de desarrollo (1996-2005)


“Bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: ocho años de desarrollo (1996-2005)”. En colaboración con Javier Docampo Capilla. Educación y Biblioteca. Año 17, núm. 146 (marzo-abril 2005), págs. 53-61.

 Enlace:  Bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: ocho años de desarrollo (1996-2005)





jueves, 18 de noviembre de 2004

El derecho a no leer



El derecho a no leer*

            Como en todo catálogo  de derechos, la lista de los derechos de la lectura debe iniciarse por el derecho a no utilizarlo, es decir por el derecho a no leer. Es ésta la contundente opinión de Daniel Pennac en su obra Como una novela.  Personas que optan por ver una película en lugar de leer un libro; respetables y cultos ciudadanos que no tienen tiempo para leer o no sienten necesidad de leer; e incluso sensibles y apasionadas personas que entre sus grandes amores vitales no descubrieron el de la lectura y prefieren cualquier otra afición. Pero se supone que estamos hablando de gentes que tienen libros en su entorno, que conviven con libros, que atesoran libros en sus bibliotecas personales…; y, a pesar de tener a su disposición libros, renuncian cotidianamente, por distintos motivos, a adentrarse en sus páginas. Y son libres de hacerlo, sin duda.
            Por esta razón la mayoría de los estudios de hábitos de lectura no reflejan con fidelidad la realidad. Además de las muestras tan reducidas  que se utilizan, se analiza la compra de libros, el número de volúmenes en los hogares, etc., pero estos datos difícilmente sirven como  índices de lectura de los ciudadanos. Y así, reiteradamente, los sucesivos titulares del Ministerio de Cultura han lamentado los bajos índices de lectura existentes en nuestro país. Y para mitigar esa situación desarrollaron pomposas y costosas campañas de promoción de la lectura. Y cuentan voces autorizadas que al evaluar los resultados de esas iniciativas normalmente observaron que no mejoraba la situación.
            Y es que se equivocan los responsables ministeriales. No se trata de editar más libros (sabido es que España es una de las grandes potencias mundiales de la edición) ni de vender más libros (aunque la costumbre de comprar o de regalar libros sea saludable para todos, y necesaria para editores y libreros). Se trata de contar con una buena red de bibliotecas públicas en todo el país. Y esto, a pesar de los grandes avances experimentados en las últimas décadas, sigue siendo la asignatura pendiente de las políticas culturales españolas. Cuando la biblioteca pública esté verdaderamente en el corazón de las políticas diseñadas por los responsables de las Administraciones Públicas y, consiguientemente, los ciudadanos cuenten con servicios bibliotecarios bien dotados y cercanos, con colecciones actualizadas y con profesionales suficientes para atender esos servicios públicos; cuando la biblioteca pública sea realmente un derecho de todos los españoles, entonces veremos cómo cambian los índices de lectura.
            Aseguran que la mayor corrupción de un país es nombrar a personas inadecuadas para asumir las distintas responsabilidades  públicas. Tal vez pueda parecer exagerado, pero en buena medida he podido constatar esa idea en muchos casos, especialmente en el ámbito de la cultura y las bibliotecas, que siempre he seguido más de cerca. Ni los programas electorales de los grandes partidos españoles ni los programas culturales desarrollados por la mayoría de las administraciones públicas culturales han tenido a la biblioteca pública como llave de cultura, de referente democratizador, de vehículo para que los ciudadanos accedan a la Sociedad de la Información. Y, más grave: aunque sé que existen  honrosas excepciones que confirman la regla…, la mayoría de esos dirigentes careció y carece de la necesaria actitud utópica y profética para situar a España en el nivel de los países bibliotecariamente desarrollados.
            En este sentido recuerdo, a modo de ejemplo, una conversación sosegada que mantuve con el titular de la  Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura hace ya unos años. Viendo la estadística de bibliotecas públicas y los municipios españoles que contaban con este servicio, le mostraba mi preocupación por todos esos municipios pequeños (y no tan pequeños…) que carecían de biblioteca pública, por esos ciudadanos que no tenían derecho a leer. Yo imaginaba que me diría que habría que tener paciencia, que se tardaría décadas en resolver el problema, etc.; pero estaba equivocado: con tranquilidad me respondió que ese era el drama de los pueblos y que no había manera de conseguir que esos municipios pudieran acceder a servicios bibliotecarios. Y me sorprendió y dolió esa actitud desesperanzada y, sobre todo, carente de valentía y utopía para poder ir transformando la realidad. Por cierto que esa mañana, hace unos diez años,  nació en mí un firme deseo: al menos en Castilla-La Mancha conseguiremos la universalización de los servicios públicos de lectura e información. Y en esas andamos…
            Aunque la lectura y la información construyen ciudadanos libres y son una vía para edificar una sociedad más justa y democrática, respeto el derecho a no leer de quienes, pudiendo hacerlo, renuncian a ello. Pero hoy alzo mi voz en nombre de los hombres y mujeres que viven en zonas rurales, en pequeños pueblos; de tantas personas que viven en los barrios de las grandes ciudades; en nombre de quienes el Estado les niega reiteradamente el derecho a leer y a estar libremente informados. Hoy quiero hablar en nombre de los habitantes de esos 3.200 municipios españoles que no pueden acceder al libro y la lectura como fuente de información, de educación o de ocio. Y también en nombre de quienes en sus municipios cuentan con servicios bibliotecarios insuficientes o inadecuados. Para que todas estas personas disfruten del derecho a no leer, antes el Estado debe garantizarles el derecho a leer a través del mejor cauce, el más democrático, el que por ser gratuito garantiza la igualdad para todos los ciudadanos: la biblioteca pública.
            Alzando hoy mi voz, también quiero expresar públicamente mi respetuoso homenaje a tantos alcaldes y alcaldesas de cientos de pueblos españoles que, aun no teniendo obligación legal de poner en marcha una biblioteca pública, lo han hecho con esfuerzo e ilusión. Unas veces con ayudas de otra Administración Pública y otras muchas sólo porque han descubierto que la biblioteca pública es un servicio básico imprescindible, socialmente necesario e, incluso, políticamente rentable. ¡Qué mérito tienen! ¡Descubrieron que la cultura es un arma cargada de futuro y de esperanza! De igual forma mi homenaje a los bibliotecarios y bibliotecarias que con su dedicación y su profesionalidad hace que la biblioteca sea uno de los centros neurálgicos de los municipios.
            Una de las virtudes de la democracia es que los mediocres y quienes no desempeñan correctamente su cargo público suelen sufrir un varapalo de los ciudadanos en las siguientes elecciones. Por ello, para terminar, un consejo: no voten a quienes desdeñan la biblioteca pública; no apoyen a quienes teniendo responsabilidades en las políticas culturales consideran que la biblioteca pública es un servicio que no precisa recursos y que es un lujo que no puede estar al alcance de todos los ciudadanos. Vamos, que quienes no creen en la biblioteca pública se alejen de responsabilidades públicas que no se merecen…


* Originariamente fue escrito para el libro Palabras por la Biblioteca. Edición a cargo de Javier Pérez Iglesias. Toledo, Consejería de Cultura. Asociación Cultural Educación y Biblioteca, 2004 págs. 205-208.  Coincidiendo con la celebración del II Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas se publicó en la prensa regional, concretamente en La Tribuna de Toledo (18 de noviembre de 2004, pág. 3) y en las otras seis ediciones de este medio de comunicación en Castilla-La Mancha (La Tribuna de Albacete, La Tribuna de Ciudad Real, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, La Tribuna de Puertollano y La Tribuna de Talavera). También  fue recogido en el libro Combates por la Biblioteca Pública en España (2006), páginas 313-316.