domingo, 26 de septiembre de 2004

Bibliotecas Públicas y desigualdades




Bibliotecas Públicas y desigualdades*

         Escucho reiteradamente a altos responsables públicos de nuestro país o de las comunidades autónomas un viejo grito: “todos los españoles tenemos los mismos derechos”, o “debemos velar para que todos los españoles tengan los mismos derechos”, …o frases parecidas.  Y ello en múltiples temas: educación, sanidad, vivienda,… Sin embargo son pocos los políticos que se hayan pronunciado sobre el derecho de todos los españoles a leer, a informarse, a educarse permanentemente mediante uno de los servicios públicos que aún tienen una consideración como de segunda fila, no esenciales: la biblioteca pública.
            Vivimos en una sociedad que desea tener unas propiedades que la conviertan en la llamada Sociedad de la Información y del Conocimiento. Y se hacen planes para extender internet, se ofrecen cursos de alfabetización digital, se quiere construir progresivamente una administración electrónica, y grandes empresas del sector y entidades intentan facilitarnos eso de “poner un PC en nuestra vida”. Pero no proliferan los políticos o incluso los intelectuales que proclamen su confianza en una institución tan respetada por la UNESCO y de tan fuerte implantación en países anglosajones, escandinavos, etc. como es la biblioteca pública.
            España ha dado sin duda un gran salto en las últimas dos décadas en cuanto al desarrollo de servicios públicos de lectura e información, que es lo que son realmente las bibliotecas.  Ministerio de Cultura, Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales han realizado esfuerzos para crear, modernizar o desarrollar bibliotecas públicas. Sin duda, las estadísticas son un fiel reflejo de este avance que, como en tantos otros campos de los servicios públicos, ha experimentado España.
            Pero me parece que uno de los factores más preocupantes sigue siendo la bastante generalizada carencia del reconocimiento de este derecho ciudadano. Aunque la Constitución Española reconoce el “acceso a la cultura” como un derecho de todos los españoles (art.  44) y también el derecho a “recibir libremente información veraz” (art. 20.1.d) o, genéricamente, el “derecho a la educación” (art. 27), estos tres pilares que constituyen la misión de la biblioteca pública (cultura, información y educación permanente) no han logrado convertirse jurídicamente en un  derecho que revierta en la universalización o democratización del acceso de los españoles a servicios de biblioteca pública.
            Si analizamos las grandes o medianas ciudades españolas, las estadísticas nos hablan de carencias de bibliotecas en muchos de sus barrios, de colecciones obsoletas e insuficientes. En general, con excepciones que confirman la regla,  estas ciudades no han implantado redes urbanas de bibliotecas públicas en consonancia con el desarrollo que los servicios sanitarios, educativos, comerciales, deportivos, etc. han tenido en esos mismos municipios. Podemos afirmar que el mosaico español es en cuanto a bibliotecas públicas un fiel reflejo de la desigualdad de los ciudadanos para acceder a servicios bibliotecarios.
            Pero esta desigualdad se agrava en los municipios más pequeños. La Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local, única legislación de carácter nacional que establece como servicio básico y obligatorio la biblioteca pública en los municipios, sólo obliga a los mayores de 5.000 habitantes, y en este caso tampoco define qué tipo de servicios deben prestarse en los municipios en razón a su población. Por esta razón, la puesta en marcha de servicios bibliotecarios ha tenido y tiene mucho que ver con la voluntad política de los dirigentes públicos. Es decir, la voluntariedad y luego el reconocimiento de que las bibliotecas públicas son socialmente necesarias y políticamente rentables han servido de estímulo para crear o potenciar servicios bibliotecarios. Lógicamente, esa voluntariedad ha chocado aún más con los condicionantes presupuestarios en los municipios más pequeños. Los más recientes datos hechos públicos por el Ministerio de Cultura y las Comunidades Autónomas, correspondientes al año 2002, son verdaderamente escalofriantes: aproximadamente 3.200 municipios españoles carecen de cualquier tipo de acceso a servicios de biblioteca pública. Es cierto que ese altísimo porcentaje de los municipios españoles que no tienen biblioteca o no reciben servicios de biblioteca móvil se corresponde globalmente con un 4% de la población, pero los españoles no pueden sufrir discriminación alguna en razón de su residencia. Además, aunque estadísticamente se considere que una ciudad determinada tenga cubierto el servicio porque exista una biblioteca para 50.000, 70.000 o incluso más habitantes, no podemos aceptar esta hipocresía estadística. ¿Se imaginan ustedes una ciudad de esa población con un único Instituto de Bachillerato o con un único Centro de Salud? Pues en bibliotecas es bastante corriente.
            A falta de una Ley de Coordinación Bibliotecaria estatal, que sirva de Ley-marco para el conjunto del país, las legislaciones autonómicas, distintas y distantes en forma, tiempo y características de los servicios de biblioteca pública, no han resuelto en la mayoría de los casos la pregunta crucial de quién tiene la obligación de crear y sostener una biblioteca pública. En muchas regiones el listón para crear bibliotecas públicas se situó en los 5.000 habitantes que marcó la Ley de Bases de Régimen Local. Otras optaron por los 3.000 habitantes que tradicionalmente recomendaba la UNESCO. Hay regiones que han sido más democratizadoras de este derecho y situaron en 2.000 e incluso en 1.000 habitantes la frontera para que el municipio contase con biblioteca pública. Estas legislaciones, junto al desarrollo de planes bibliotecarios más progresistas o a programas regionales que han venido apoyando financiera y técnicamente el desarrollo de bibliotecas públicas municipales,  han colaborado en articular un mosaico bibliotecario verdaderamente desigual de unas regiones a otras y entre unos municipios y otros. 
            Algunos de los indicadores del año 2002 son verdaderamente expresivos: en cuanto a colecciones, con una media de 1,18 libros u otros soportes por habitante, frente a la ratio de  2,2 que tiene Castilla-La Mancha y que constituye el mejor dato español, están Andalucía o Murcia, con sólo 0,7 por habitante, Madrid con 0,8, la Comunidad Valenciana con 1,0 o Cataluña con 1,19.  El gasto en adquisición de colecciones es también significativo: con una media lamentable de 0,70 euros/habitante, Castilla-La Mancha figura a la cabeza con 1,57 frente a 0,34 de Andalucía, 0,37 de Aragón o 0,.49 de Murcia.  Respecto al gasto total en bibliotecas por habitante, con una media de 7,67 euros/habitante, figuran a la cabeza Cataluña y Castilla-La Mancha, respectivamente con 11,08 y 10,68 euros, frente a los 3,58 de Andalucía.  Este desigual gasto, que sitúa a regiones tradicionalmente pobres como Castilla-La Mancha a la cabeza en muchos de los indicadores, refleja las políticas estables y de decidido apoyo a las bibliotecas municipales, frente a Comunidades en las que los municipios no han gozado de similares apoyos de su correspondiente Administración Autonómica.  El mayor gasto en bibliotecas se corresponde con unas bibliotecas más dinámicas y con mejores servicios. Así, por ejemplo, si analizamos las actividades culturales de las bibliotecas, con una media del 68% de bibliotecas que organizan actividades, están  en los puestos más altos Cataluña (91%),  Canarias (88,5) y Castilla-La Mancha (85%), frente a Navarra (46%) y Andalucía y Valencia (ambas con el 58%).
            Desde hace más de una década vengo reclamando que, mediante el consenso de las Comunidades Autónomas y el Ministerio de Cultura,  las Cortes Generales puedan aprobar una Ley que determine las características básicas del servicio de biblioteca pública en España y legisle en cada caso qué administración está obligada a desarrollar los distintos servicios bibliotecarios. Un paso necesario sería la celebración de una Conferencia Sectorial de Cultura dedicada a analizar y buscar soluciones para que las bibliotecas públicas dejen de ser una de las clásicas asignaturas pendientes de las políticas culturales de las distintas Administraciones Públicas españolas.
            Aunque incluso hay profesionales que proclaman que el Ministerio nada tiene que hacer en esta tarea, nuestra Constitución dejó muy clara la resolución de estas desigualdades: “El Estado tiene competencia exclusiva sobre…la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos…” (art. 149.1.1ª) Y por si aún hay alguien que tenga dudas, recordamos otro texto constitucional:  “El Estado podrá dictar leyes que establezcan los principios necesarios para armonizar las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, aun en el caso de materias atribuidas a la competencia de éstas, cuando así lo exija el interés general.  Corresponde a las Cortes Generales, por mayoría absoluta de cada Cámara, la apreciación de esta necesidad” (art. 150.3).
            Consiguientemente, la Ministra de Cultura, tan parca hasta el momento en compromisos que puedan dar idea de que el Ministerio va a tener entre sus prioridades una política bibliotecaria acorde con las necesidades de los ciudadanos del siglo XXI, no puede seguir mirando a otro lado. Si busca la “excelencia cultural”, las bibliotecas públicas deben situarse en el corazón de toda política cultural. De no ser así, fracasarán. Y, si no, al tiempo.


* La Tribuna de Toledo (26 y 27 de septiembre de 2004), pág. 3. Este artículo se publicó también, los mismos días,  en las otras seis ediciones de este medio de comunicación en Castilla-La Mancha (La Tribuna de Albacete, La Tribuna de Ciudad Real, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara,  La Tribuna de Puertollano y La Tribuna de Talavera).

viernes, 23 de abril de 2004

Declaración Institucional sobre la Lectura Pública



Declaración Institucional sobre la Lectura Pública*

            Como Portavoz del Ejecutivo tengo, también, que darles cuenta de que en este  primer Consejo de Ministros ordinario, y por iniciativa del Sr. Presidente del Gobierno, se ha aprobado la siguiente Declaración Institucional:

            “En una fecha tan singular, en la que celebramos el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, el Gobierno desea proclamar su confianza en el libro, la lectura, la información y, especialmente, en los centros que en nuestro tiempo están llamados realmente a democratizar el acceso de todos los ciudadanos a estos medios:  las bibliotecas públicas.
            Vamos caminando hacia el año 2005, en el que en todo el mundo se conmemorará el IV Centenario de la primera edición de la obra literaria  más inmortal: Don Quijote de la Mancha. Y hoy el Consejo de Ministros quiere impregnarse del idealismo del caballero manchego y anunciar las primeras medidas que el Gobierno va a poner en marcha para garantizar el acceso libre y gratuito de todos los españoles y españolas a la Sociedad de la Información y del Conocimiento a través del mejor cauce que existe para todos los sectores de la población: la biblioteca pública.
            Estamos asistiendo en los últimos días a una verdadera movilización puesta en marcha por bibliotecarios a favor de que las bibliotecas públicas queden exentas por la Unión Europea del pago del canon por el préstamo de libros. A lo largo y ancho de todo el país se están desarrollando actos de información, recogidas de firmas,…Centenares de  autores han expresado su apoyo a la biblioteca pública, manifestando su deseo de renunciar a sus derechos cuando se trate del préstamo de sus libros en bibliotecas públicas. El Gobierno no puede ser insensible a estas justas reivindicaciones y ha dado instrucciones a la Ministra de Cultura para que con rapidez se plantee a las Instituciones Comunitarias esta excepción al pago previsto en la Directiva comunitaria.
            Pero el Gobierno entiende que esta cuestión no es ni mucho menos el problema más grave que afecta a las bibliotecas públicas españolas. Desde hace décadas se vienen alzando voces, especialmente representativas del sector profesional de las bibliotecas, a favor de que exista una política de Estado en materia de lectura pública. Es cierto que las competencias, junto a las de coordinación en materia cultural que conserva la Administración General del Estado, son compartidas por las Administraciones Autonómicas y Locales. Pero la confianza en la educación, la información y la cultura como factores de desarrollo personal y social, así como los derechos constitucionales para garantizar estos valores, llevan al Gobierno de España  a anunciar importantes medidas, que como Portavoz me complazco en comunicar a todos ustedes:

            1ª) La Titular del Ministerio de Cultura convocará a los consejeros autonómicos a una Conferencia Sectorial para debatir la situación de la Biblioteca Pública en España y estudiar de forma conjunta las iniciativas a desarrollar, desde el talante de consenso y cooperación con las Comunidades Autónomas que el Presidente anunció en su discurso de investidura.
            Creo que no es preciso reseñar la importancia de esta Conferencia, primera que se celebrará en el ámbito de la cultura en nuestra historia democrática.

            2ª) Con independencia de los acuerdos que puedan tomarse en dicha Conferencia, el Gobierno desea impulsar desde hoy mismo un Plan Nacional de Fomento de la lectura y las Bibliotecas Públicas. Las bases de este Plan, que será consensuado con las  Comunidades Autónomas, serán presentadas por el Gobierno al Congreso de los Diputados antes de que finalice el presente año.

            3ª) Como garantía de que la anterior iniciativa se gestiona con la urgencia y rigor necesarios, se ha acordado el nombramiento de un Delegado del  Gobierno para el Plan de Fomento de la Lectura y de las Bibliotecas Públicas, adscrito a la Presidencia del Gobierno. Este nombramiento se materializará en el próximo Consejo de Ministros. Por supuesto que sus trabajos estarán coordinados con los realizados por el Ministerio de  Cultura a través de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas.

            4ª) El Gobierno va a proponer al Director General de la UNESCO que el año  2005 sea declarado AÑO DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA”. Y ello porque entendemos que el mejor homenaje que podemos hacer a la obra de Cervantes es proclamar los valores de la biblioteca pública como centros neurálgicos de encuentro y en los que las personas tengan a sus disposición todos los registros de la palabra y de la información.

            5ª) Finalmente, el Gobierno confía que los trabajos desarrollados en el Plan de Fomento permitan articular un verdadero Pacto por la Lectura Pública y las Bibliotecas, en el que, partiendo del reconocimiento de la autonomía municipal y de las regiones y nacionalidades españolas, pueda hacerse realidad el acceso igualitario y sin discriminaciones de todos los ciudadanos a este servicio público esencial que es la biblioteca pública. En este Pacto el Gobierno quiere contar, lógicamente, con la voz de los autores, de los editores, de los bibliotecarios  y de distintos sectores y agentes socioculturales.

            Todas estas iniciativas están en el espíritu del Manifiesto de la UNESCO sobre la Biblioteca Pública de 1994, que señala: “Para lograr la cooordinación y cooperación bibliotecaria a nivel nacional, la legislación y los planes estratégicos han de definir y promover, también, una red nacional de bibliotecas, basada en normas de servicio convenidas”.
En este sentido, con estos acuerdos el Gobierno de España desea asumir su papel en la consecuención de una política de Estado en materia de promoción del libro y, en general, de servicios de lectura pública; una política bibliotecaria que sea el resultado de coordinar y sumar las políticas ya en marcha o que puedan desarrollarse  en este rico mosaico pluricultural que es la  España de las Autonomías.

            Esta Declaración va a ser comunicada hoy mismo a todos los Presidentes autonómicos.

            Antes de que formulen ustedes las preguntas que deseen a la Sra. Ministra de Cultura, quiero hacerles entrega de una pequeña joya bibliográfica: se trata de una edición del libro del poeta León Felipe Versos y Oraciones de caminante (1920) que por iniciativa del Sr. Ministro de Defensa se ha impreso para conmemorar esta importante reunión del Consejo de Ministros que ha coincidido con la celebración del Día Mundial del Libro. Se ha elegido precisamente un libro poético siguiendo la invitación que para la edición del Día del Libro del presente año ha hecho el Gobierno de Castilla-La Mancha bajo el lema: “Descubre un mundo lleno de poesía”.
            Muchas gracias.





* Era el 23 de abril de 2004, Fiesta del Libro y del Derecho de Autor. En el Palacio de la Moncloa se reunía en su primera sesión ordinaria el Consejo de Ministros,  presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. En esa mañana, a través de la lista Públicas, distribuí un correo electrónico con el siguiente texto:
                “Según fuentes generalmente bien informadas, el Consejo de Ministros de hoy, primero de los celebrados con carácter ordinario por el Gobierno de España, presidido por Zapatero, ha aprobado una serie de medidas relacionadas con el canon del préstamo de libros y la política nacional de bibliotecas.
Con la reserva lógica, se adjunta el texto al que he tenido acceso y que en rueda de prensa hará público la Portavoz del Gobierno.
Se trata de medidas realmente muy importantes y que muchos llevamos esperando décadas.
Seguiré informando...
Por supuesto, ¡FELIZ DIA DEL LIBRO Y DE SAN JORDI!  para todos y todas.
Un cordial saludo.  Juan Sánchez Sánchez, Jefe del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha”
                El correo adjuntaba la Declaración Institucional sobre la lectura pública, que yo había redactado en mi casa durante la madrugada del 23.
A las 13:33 remití a Públicas un nuevo correo con el siguiente texto:
Al parecer, finalmente el Consejo de Ministros no ha aprobado la Declaración Institucional sobre Lectura Pública que se había "filtrado" esta mañana...Espero disculpeis esta pequeña licencia literaria. El Día del Libro, además de leer, hay que escribir. Porque la pasión por leer tiene que llevar a la pasión por escribir y ...por soñar.
Esta ficción literaria está en línea con la que presentamos al I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas que se celebró en Valencia en octubre del 2002, en la comunicación "La Biblioteca Pública ¿un derecho de todos?". Está disponible en el Portal Travesía. http://www.mcu.es/lab/bibliote/travesia_actas/pdf/sumario.pdf . Es decir, necesitamos seguir soñando y escribiendo.  Y tal vez los políticos, especialmente el nuevo equipo de Zapatero, decidan poner en la cresta de la ola a las bibliotecas públicas en España.
Soñar, como el préstamo de libros en las bibliotecas, es gratuito.  Y ¿quién puede poner límites a nuestros sueños?
Con afecto, y reiterando mis mejores deseos para este Día del Libro,
Un cordial saludo. Juan Sánchez Sánchez, Jefe del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas”
                Públicas distribuyó este nuevo correo un poco más tarde de lo habitual (15:22 horas) por lo que muchos profesionales no vieron  esta “explicación”. El primer correo corrió como la espuma y las reacciones fueron muchas. Lo impresionante es que se dió crédito a la Declaración y se pensó que yo realmente estaba anticipándome a la rueda de prensa de la Portavoz del Gobierno.
                Recibí numerosos mensajes. Trascribo unas palabras de Roser Lozano, directora de la Biblioteca Pública del Estado en Tarragona: “Encantador el texto... me ha emocionado de veras, creo que en este país estamos volviendo a renacer, a volver a tener ilusión...gracias por tu envio del texto, es la mejor forma que podria haber tenido para celebrar el Sant Jordi…”
                También algunos profesionales se molestaron al descubir que todo era una ficción….

martes, 1 de julio de 2003

Los autores de un libro: El Plan de Bibliotecas Siglo XXI, una obra colectiva



Los autores de un libro:
El Plan de Bibliotecas Siglo XXI, una obra colectiva*


            Recientemente mi antiguo profesor y hoy amigo Ramón Gonzálvez, canónigo bibliotecario y archivero de la Catedral de Toledo, ha pronunciado en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo la conferencia de apertura del curso de esta Institución cultural, sobre la llamada Biblia de San Luis, una de las joyas que se conservan en la biblioteca capitular toledana. A propósito de esta obra, Gonzálvez recordó la teoría del Rey Alfonso X el Sabio sobre la autoría de los grandes proyectos culturales: un palacio no lo construye sólo el arquitecto que dirige las obras sino quien pensó, quien soñó, quien alentó la construcción de ese edificio; igual ocurrió con la maravillosa Biblia de San Luis: quienes con su mecenazgo posibilitaron que esa idea cobrase vida comparten el éxito, la gloria de su obra, con los tipógrafos, iluminadores, encuadernadores y otros profesionales del libro que participaron en esa regia empresa.
            Recuerdo ahora esta tesis para agradecer a tantos compañeros y compañeras de toda España, e incluso de otros países, la acogida que están dispensando al Plan de Desarrollo Bibliotecario (2003-2006) Bibliotecas Públicas Siglo XXI. Estamos también ante una obra colectiva, que se publicó en las postrimerías de la Legislatura pasada con un lema que pretende difundir en nuestra región la importancia de la biblioteca pública en nuestra sociedad: Descubre el mundo en la biblioteca. Nos llegan muchas peticiones de información, claves sobre determinados programas o proyectos, palabras de esperanza,...Pero la pregunta probablemente más compleja me la han hecho en San Sebastián, en las I Jornadas Bibliotecarias  del País Vasco, donde participé en una de las mesas redondas invitado para exponer la experiencia de nuestra Comunidad Autónoma en materia de formación de profesionales y del programa de ayudas para la Contratación de Bibliotecarios municipales. “¿Pero cómo ha nacido este Plan? ¿De arriba a abajo, o de abajo a arriba?”
            Inmediatamente me vinieron a la cabeza las palabras de Gonzálvez, y recordé brevemente esta teoría del Rey Sabio. A continuación dije algo así: este libro, este Plan, es realmente un hermoso proyecto colectivo. Fue alentado por el Consejero y la Viceconsejera de Educación y Cultura, José Valverde y Elisa Romero respetivamente, y recibió el apoyo expreso del Presidente del Gobierno de Castilla-La Mancha, José Bono, convirtiendo esta iniciativa de la Consejería en un verdadero Plan del Gobierno Regional. En la nueva Legislatura, con la refundación de la Consejería de Cultura, el Plan ha sido retomado y relanzado por quienes tienen la responsabilidad política de las políticas bibliotecarias: Araceli Muñoz, Consejera, y José Martínez Guijarro, Director General de Promoción Cultural y Artesanía.  Ésta es la grandeza de las obras que se planifican para un tiempo más largo: que a unos les toca sembrar, a otros cuidar esas semillas para que fructifiquen y tal vez a otros cosechar....
            Sí, quienes dirigen políticamente nuestra Consejería, y quienes dirigieron la anterior, tienen y tuvieron la tarea imprescindible de llevar a buen puerto la nave, de guiar el camino, de luchar para conseguir los recursos que se precisan para este noble empeño de universalizar en toda la región el derecho de los castellano-manchegos de acceder a servicios bibliotecarios de calidad y acordes con la Sociedad de la Información y del Conocimiento que alumbra este naciente Siglo XXI.
            Pero no están solos en tan difícil reto: hace tiempo comprendí que toda obra emprendida por una Administración Pública precisa del trabajo conjunto de políticos y de técnicos, y aún más: es preciso mirar juntos y en la misma dirección. Y todavía más: como en la bella historia de El Principito, es necesario domesticarse, comprenderse mutuamente. De esa conjunción de esfuerzos y de ilusiones; de ese crisol de ideas y experiencias, los proyectos saldrán fortalecidos y podrán ser desarrollados con mayor firmeza para que realmente lleguen a los ciudadanos, a la sociedad a la que la Administración Pública se debe.
            En este sentido no importa de quién fuera la idea, si del Príncipe o del tipógrafo, si del político o del técnico. Si el Plan de Bibliotecas Públicas Siglo XXI llega a buen puerto, seguramente el mérito será de toda la sociedad regional. Es cierto que este Plan ha sido meditado, reflexionado con profundidad en el Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas. Pero no es menos cierto que aquí hemos dispuesto de todo el apoyo político a esta iniciativa y de las experiencias y el conocimiento de muchísimos profesionales. Entonces, junto a los ya citados, el Plan es también la obra de Javier; Docampo, Oscar Arroyo y Lola Membrillo, del Servicio Regional; y es también hijo de Joaquín Selgas, Alicia Arellano y otros nombres de la Biblioteca de Castilla-La Mancha; y ha bebido de propuestas de Modesto Triviño, Angel García Méndez y otros compañeros y compañeras que desde las Secciones Provinciales trabajan cada día para que los servicios de biblioteca pública se desarrollen adecuadamente en sus municipios; y ha contado con opiniones y sugerencias  de Begoña Marlasca, Juan Manuel de la Cruz, Emma Alonso y otros profesionales de nuestras Bibliotecas Públicas del Estado. Y ha nacido también este Plan para corregir los desequilibrios y los problemas que cotidianamente nos han transmitido tantos y tantas bibliotecarios y bibliotecarias municipales que vienen aportando su esperanzado trabajo al servicio de sus conciudadanos.
            Sí, en verdad el Plan de Bibliotecas Públicas Siglo XXI es obra de la madurez de una Comunidad Autónoma. La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha ha liderado la transformación paulatina de nuestra Red de Bibliotecas Públicas, pero las Administraciones Locales, singularmente los ayuntamientos, están respondiendo a este reto, y participando del objetivo que nos marcamos hace años de corresponsabilidad y cofinanciación, podemos calificar de cada vez más modélico el interés que están demostrando los municipios en los servicios de biblioteca pública.
            El Plan, en suma, es un hermoso sueño colectivo en el que muchas personas han participado y, lo que es más importante, están cada día prestos a ganar a más adeptos  a esta  utopía que es la biblioteca pública como derecho para todos y para todas.



* Anaquel, Boletín de Libros, Archivos y Bibliotecas de Castilla‑La Mancha. Nº 23 (julio-septiembre 2003), p. 42.

martes, 29 de octubre de 2002

La profesionalización como base de los servicios de calidad: el modelo de Castilla-La Mancha


“La profesionalización como base de los servicios de calidad: el modelo de Castilla-La Mancha”. En colaboración con Joaquín Selgas Gutiérrez y Oscar Arroyo Ortega. Comunicación presentada en el I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas. En: Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas (1º. 2002. Valencia). La biblioteca pública: portal de la sociedad de la información / I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, Valencia, 29, 30 y 31 de octubre de 2002.- Madrid: Ministerio de Cultura, Subdirección General de Información y Publicación, 2002.- P. 343-349 

Enlace: La profesionalización como base de los servicios de calidad: el modelo de Castilla-La Mancha

Resumen: La existencia de un bibliotecario profesional es considerada como uno de los valores más importantes para el buen funcionamiento de las bibliotecas. En Castilla-La Mancha, partiendo de una situación generalizada de voluntarismo y precariedad laboral, se describen y contrastan las actuaciones de la Consejería de Educación y Cultura para fomentar la contratación de bibliotecarios profesionales por las entidades locales de la región. Se detallan los resultados obtenidos, que acercan los perfiles de los bibliotecarios municipales a la normativa regional vigente.



Las bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: en marcha hacia la Sociedad de la Información


“Las bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: en marcha hacia la Sociedad de la Información”. En colaboración con Joaquín Selgas Gutiérrez y Oscar Arroyo Ortega. Comunicación presentada en el I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas.  En: Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas (1º. 2002. Valencia). La biblioteca pública: portal de la sociedad de la información / I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, Valencia, 29, 30 y 31 de octubre de 2002.- Madrid: Ministerio de Cultura, Subdirección General de Información y Publicación, 2002.- P. 135-143

Enlace:  Las bibliotecas públicas en Castilla-La Mancha: en marcha hacia la Sociedad de la Información

Resumen: Se plantea el análisis de la trayectoria y resultados obtenidos a través de los proyectos que, impulsados desde la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Comunidades, han favorecido la introducción de las bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha en la Sociedad de la Información. Tras repasar la situación de partida de las bibliotecas públicas en cuanto a aplicación y uso de las tecnologías de la información, se describen las líneas de actuación impulsadas desde la Consejería de Educación y Cultura. Los resultados de esta política se analizan a la luz de los datos estadísticos que muestran una rápida difusión de los servicios relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación en estos centros.

La Biblioteca Pública en España ¿Un derecho de todos?


“La Biblioteca Pública en España ¿Un derecho de todos?”. En colaboración con Joaquín Selgas Gutiérrez y Oscar Arroyo Ortega. Comunicación presentada en el I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas. En: Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas (1º. 2002. Valencia). La biblioteca pública: portal de la sociedad de la información / I Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, Valencia, 29, 30 y 31 de octubre de 2002.- Madrid: Ministerio de Cultura, Subdirección General de Información y Publicación, 2002.- P. 272-280 


Resumen: Tras un ejercicio literario de política-ficción, se plantea el problema de las desigualdades que todavía existen en España en cuanto al acceso de todos los ciudadanos a los servicios de biblioteca pública. Se analizan las claves de esas desigualdades, en los ámbitos de la regulación normativa, tanto a nivel estatal como autonómico, las políticas activas, la responsabilidad en la prestación de estos servicios y la forma en que se ponen los medios para su prestación, y la percepción social de la biblioteca pública. Finalmente, se esbozan algunas vías de solución o progreso.

 



martes, 1 de enero de 2002

Adios y bienvenida



Adios y bienvenida*



            Se ha producido el relevo en la dirección de la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Carmen Sañudo ha dejado  nuestro más importante centro bibliográfico para marchar a un nuevo destino profesional, y llega Joaquín Selgas, procedente del Servicio Regional del Libro, Archivos y Bibliotecas.
            A nivel personal, el cambio me produce un doble  desgarro. Carmen en estos cerca de cuatro años que ha ejercido su labor, se ha ganado la estima no sólo profesional sino también personal. Ella llegó cuando se estaba culminando la reforma de aquellos espacios del Alcázar destinados a Biblioteca y participó plenamente en la preparación del modelo de biblioteca que queríamos poner en marcha. Y desde su apertura, Carmen ha realizado su labor con un esfuerzo y generosidad dignos del agradecimiento de nuestra Región, integrando a la Biblioteca en la sociedad y haciendo de este centro un  espacio verdaderamente vivo y neurálgico. Hemos tenido que trabajar juntos en las políticas de la Consejería de Educación y Cultura en materia de acceso a la información y a la lectura pública, y ha sido una experiencia muy gratificante de trabajo en equipo; cada uno desde sus responsabilidades, pero sabiendo que estábamos en la misma barca y al servicio de un mismo objetivo.
Respecto a Joaquín, él ha sido un sólido pilar en el Servicio para desarrollar muchos proyectos y programas. Primero su labor como Jefe de Sección de Coordinación Bibliotecaria y, con un paréntesis en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria, más tarde ha realizado su labor como Asesor de Libro y Bibliotecas.  También trabajar codo con codo con él, resultó fácil, y se fue ilusionando con la tarea que habíamos emprendido en Castilla-La Mancha desde el Servicio hace una década. Trabajar con ilusión, con alegría, con esperanza, con esfuerzo para cambiar la realidad que no nos gustaba ha sido la característica de estos años. Y ahora todo este período, todo este equipaje de experiencias, fructificarán en el buen hacer de Joaquín dirigiendo la biblioteca cabecera de la Red de Lectura Pública de Castilla-La Mancha.
            En ambos casos sentimos ese sentimiento agridulce: alegría por el compañero/a, amigo/a, que emprende libremente una nueva etapa en su vida profesional, y tristeza por la separación que se produce, menor en el caso del nuevo Director de la Biblioteca de Castilla-La Mancha porque tendremos que seguir colaborando y, muchas veces, trabajando juntos.
            En estos años la Biblioteca Regional se ha consolidado. Los indicadores de socios, usuarios, préstamos, recursos informativos y personales, actividades culturales, etc. sitúan a nuestra más emblemática biblioteca entre los centros punteros de nuestro país. Son muchos los bibliotecarios, los políticos, los periodistas y otros muchos profesionales que, procedentes de otras Comunidades Autónomas y de muchos países, han venido a Toledo para conocer esta Biblioteca. Es verdad que la labor realizada es labor de equipo, pero, sin duda, Carmen Sañudo ha puesto un sello de calidad a todo su trabajo director e ilusionante y los frutos están en los indicadores estadísticos, en la presencia pública de la Biblioteca en la sociedad local y regional y en la propia autoestima del joven equipo de profesionales que desde el principio ha participado en el proyecto.
            No era fácil situar la Biblioteca Regional en el Alcázar fue una apuesta política que no estuvo exenta de dificultades. Desde mediados de los años ochenta, el Gobierno Regional trabajó en este proyecto, con muchas alternativas. Hubo momentos incluso en los que los acuerdos firmados con el Ministerio de Defensa significaban la separación de las colecciones y servicios de la Biblioteca de Toledo. Y luego, el apoyo de los intelectuales fue determinante para que el Ministerio cediese mayores espacios, aunque estuviesen en la planta alta, y ello permitió afrontar un modelo de biblioteca integral: en la Biblioteca de Castilla-La Mancha conviven dos realidades: la Biblioteca Pública del Estado y la Biblioteca Regional. Este modelo de centro, que integra la vertiente de pública  con la de regional,  está demostrando en el contexto nacional que es muy acertado, no sólo por el mejor aprovechamiento de los recursos públicos sino, y especialmente, por las ventajas que para todo tipo de usuarios tiene una concentración de servicios y colecciones como las que se dan en la Biblioteca de Castilla-La Mancha.
            Creo que basta con recorrer los espacios de la Biblioteca para conocer el éxito de este proyecto cultural: a cualquier hora la biblioteca aparece llena de vida, de personas. Sólo pensar en esos más de 50.000 socios de la Biblioteca, aproximadamente el 70% de la población toledana, da feliz idea de la alta valoración y elevado uso que se está haciendo de este importante servicio público.
            Una vez consolidado el centro, la Biblioteca viene trabajando en impulsar su papel como biblioteca cabecera del Sistema, de la Red de Lectura Pública de Castilla-La Mancha. En colaboración con el Servicio, viene desarrollando la elaboración del Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico, del Catálogo Colectivo de Fondo Local  y, más recientemente, del embrión de Catálogo Colectivo de la Red de Lectura Pública. Sus proyectos de formación de usuarios vienen a jugar un papel en este tipo de tareas del conjunto de bibliotecas de la Región. Y la celebración de cursos, conferencias y del Foro del Libro, Archivos y Bibliotecas está suponiendo un foco permanente de debate, intercambio de ideas, lugar de encuentros de los profesionales, etc. También en materia de préstamo interbibliotecario y  préstamo colectivo está realizando una gran labor, que se quiere potenciar. Pero, con todo, el papel más importante que ha ejercido la Biblioteca ha sido mostrar a la sociedad regional cómo debe ser una biblioteca en el siglo XXI, en la sociedad de la información. Desde su inauguración, todos los servicios que presta, los recursos tecnológicos que contiene, los medios personales y económicos que la Consejería de Educación y Cultura ha puesto en este proyecto, han supuesto un auténtico revulsivo en el panorama bibliotecario de nuestra Región. He hablado en otras ocasiones del efecto espejo de la Biblioteca Regional. Y este efecto, aunque sea difícil de medir,  esto y convencido de que está siendo muy beneficioso para el conjunto de bibliotecas de la Región y, aún más: para el conjunto de la sociedad castellano-manchega.
            En este proyecto ha trabajado Carmen Sañudo, que siempre tendrá las puertas de esta Región abiertas y que además se queda en nuestro corazón, y empieza ahora a poner toda su profesionalidad Joaquín Selgas, que ha crecido profesionalmente en buena medida en el Servicio Regional y que ahora se prepara a afrontar una nueva etapa de la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Son dos personas que, cuando dentro de unos años se escriba la historia de la lectura pública de nuestra Comunidad, aparecerán sin duda como protagonistas. Gracias a los dos.



* Anaquel, nº 17 (enero-mayo 2002), pág. 37

jueves, 1 de marzo de 2001

Bibliotecas y sociedad de la información: Teoría de los cuatro mundos



Bibliotecas y sociedad de la información:

 Teoría de los cuatro mundos*


            Hace ya dos décadas que Julia Méndez Aparicio, que dirigió durante tantos años la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, publicó su libro La Biblioteca Pública, ¿índice del subdesarrollo español? Sin duda, desde entonces  mucho se ha avanzado en el terreno de las bibliotecas en nuestro país y en nuestra región. Sin embargo, subsisten problemas verdaderamente históricos, estructurales, que impiden que el derecho constitucional que todo ciudadano tiene a la educación, a la cultura, a la información –y este trípode está en toda biblioteca que cuente con recursos para cumplir adecuadamente su misión- sea verdaderamente una realidad.
            Contamos en España con magníficas bibliotecas, dotadas de amplias colecciones, actualizadas y diversificadas en cuanto al tipo de soporte. Bibliotecas que junto a la tradicional colección de libros y publicaciones periódicas, ofrece a sus lectores CD-ROM, DVD-ROM, Videos y DVD-Vídeo, Compact Disc,  acceso a Internet. Bibliotecas que además son centro de formación permanente para los ciudadanos, que organizan de forma estable actividades culturales y de animación a la lectura, que tienen programas de formación de usuarios y se relacionan con la comunidad educativa, con asociaciones culturales y sociales. Son bibliotecas con presupuestos importantes, con personal técnico y auxiliar numeroso, con amplios horarios de servicio al público... En nuestra región, un ejemplo claro de este tipo de bibliotecas es la Biblioteca de Castilla-La Mancha. Podríamos decir, simplificando, que este tipo de bibliotecas, aunque no estén exentas de problemas y de necesidad de mayores recursos, constituyen hoy el primer mundo en cuanto a bibliotecas, perfectamente preparadas para servir a los ciudadanos del siglo XXI, de la sociedad de la información.
            Existen luego numerosas bibliotecas que han mejorado sus servicios, que amplían sus colecciones, que van diversificando sus fondos mediante la incorporación progresiva de soportes multimedia y paulatinamente incorporan nuevos servicios basados en tecnologías de la información. Están haciendo un esfuerzo para mejorar la situación de sus plantillas, incrementar el horario de apertura, consolidar un programa de actividades, conseguir de sus responsables un incremento de sus presupuestos, reformar sus espacios para que se adapten a las nuevas necesidades...Nunca es fácil trazar divisorias, por lo que muchas de estas bibliotecas rozan a menudo el primer mundo; pero por algunas carencias podrían incluirse en un segundo grupo, un segundo mundo. Son la mayoría de las Bibliotecas Públicas del Estado, un número cada vez más creciente de  bibliotecas municipales de ciudades y pueblos, a veces las propias redes  municipales de algunas grandes o medianas ciudades. También podemos incluir en este mundo muchas bibliotecas de pequeños municipios, incluso inferiores a 5.000 habitantes, que a base de tesón y esfuerzo han conseguido levantar un servicio bibliotecario verdaderamente digno, sobre todo si se compara con la población de la localidad... Son servicios bibliotecarios cada vez más consolidados y que reciben el apoyo incondicional de sus usuarios, que ven cómo se moderniza paulatinamente su biblioteca y está enraizada en su comunidad.
            Espero que nadie se ofenda si empleo el término de tercer mundo para referirme a tantas bibliotecas que mantienen unos presupuestos escasos, un reducido horario de servicio, locales inadecuados y unas colecciones obsoletas y sin apenas incremento anual, en las que además no se han incorporado los nuevos soportes de información. Son bibliotecas en las que normalmente sólo los niños son sus usuarios y apenas se programan actividades de animación. También estarían aquí las ciudades carentes de una red municipal de bibliotecas suficiente, y que en muchos casos disponen de una sola biblioteca para toda la población. También podría estar aquí un servicio de biblioteca móvil que no tenga una frecuencia adecuada. No es un problema de población del municipio sino de interés político y comunitario por este servicio público. Apenas me atrevo a dar más características, pues podrían ser injustos los juicios. ¿Cómo no valorar a un pequeño municipio que ha puesto en marcha una pequeña Sala de Lectura Pública, contratando a un bibliotecario a media jornada? ¿Cómo no elogiar a un ayuntamiento de 700 habitantes que tiene biblioteca pública municipal e incluso ofrece acceso a Internet a sus usuarios? No me atrevería a decir que están en el tercer mundo: desde luego, sí están en un tipo de servicio bibliotecario que frecuentemente se aleja de las necesidades presentes que tienen los ciudadanos.  Pero es verdad que esos municipios están prestando un servicio público sin que tengan actualmente obligación legal de hacerlo. Así, aun reconociendo las dificultades para generalizar y conformar un grupo, esos servicios bibliotecarios, pequeños o inadecuados,  podrían conformar este tercer mundo en el panorama bibliotecario español.
            Pero, a pesar de las sombras, los ciudadanos que disponen de algún servicio de acceso público a la lectura y a la información, pueden considerarse privilegiados. Pues existe un porcentaje todavía importante de la población española que carece totalmente de acceso a bibliotecas, bien sean fijas o móviles. Esto es inimaginable en servicios públicos como la educación, la sanidad,..., pero las bibliotecas siguen siendo asignatura pendiente no sólo por sus deficiencias sino por su inexistencia en tantos casos. Son el cuarto mundo, los sin techo, los que por vivir en pequeñas localidades o en barrios de ciudades parece que carecen de derechos en este terreno. Según el  Anuario Estadístico de las Bibliotecas Públicas Españolas de 1999, publicado recientemente por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con datos de las Comunidades Autónomas, estimamos en más de 3.000 los municipios españoles que carecen de biblioteca pública y que tampoco están atendidos por otros servicios bibliotecarios alternativos.
            Ahora se nos llena a todos la boca con términos como sociedad de la información, Internet, CD-ROM,...y a veces nos lamentamos de los bajos índices de lectura existentes en nuestro país. Es el servicio de biblioteca pública el llamado a democratizar totalmente las ventajas de esa sociedad de la información. Pero mientras que haya ciudadanos sin derechos, personas que no tienen la posibilidad de leer, de conectarse gratuitamente a Internet, de consultar bases de datos, de experimentar la emoción y el placer del libro y la lectura, no deberíamos lanzar las campanas al vuelo sin rubor. ¿Cuál es la solución? Si me lo permiten, parafraseando La historia interminable, esa es otra historia, y la contaremos en otra ocasión. Cuestión sólo de espacio...



*  Anaquel, nº 13 (marzo-abril 2001), pág. 17

sábado, 1 de mayo de 1999

Hacia la coordinación de las políticas de lectura en España



Hacia la coordinación de las políticas de lectura en España*


            Desde hace años vengo manteniendo que es preciso que se potencie un desarrollo armónico e igualitario de los servicios bibliotecarios en todas las regiones de nuestro país. La dispar situación en cuanto a desarrollo legislativo, interés político, número y calidad de las bibliotecas y población atendida es patente, y resulta urgente que el problema de la lectura pública en España se afronte de forma coordinada por el conjunto de Administraciones Públicas.
            Por reuniones con otros profesionales de la práctica totalidad de comunidades autónomas, por debates en congresos o reuniones técnicas y por la propia lectura de literatura profesional, creo que conozco bien la realidad bibliotecaria española. En Castilla‑La Mancha hemos dado en los últimos años importantes pasos en la consolidación e incremento de la red de lectura pública; y la aprobación, dentro del Plan Estratégico de Cultura de Castilla‑La Mancha,  del Plan Director del Libro, Archivos y Bibliotecas  supone una garantía indudable de progresiva modernización de los servicios bibliotecarios así como un acercamiento al objetivo básico de democratizar el acceso a los servicios de lectura e información al conjunto de la población regional.
            Pero en las reuniones con bibliotecarios municipales siempre surge la cuestión de las competencias de las administraciones locales, a veces derivada del diverso plateamiento entre la legislación municipal y la autonómica. Si a esto unimos la falta de una legislación marco sobre las bibliotecas públicas en este país, entenderemos por qué los ciudadanos españoles somos tratados de forma distinta en función de nuestra localidad o región de residencia. El derecho a la lectura, a la información, a la cultura hemos de considerarlo entre los derechos constitucionales y, por ello, ningún ciudadano puede verse marginado para acceder a este servicio público en razón de que viva en una pequeña localidad o en una gran urbe. Serán servicios distintos, pero como en el caso de la educación, la salud, etc. todos los ciudadanos tenemos que tener este acceso a los servicios de lectura pública e información.
            En 1993, en mi artículo “Bibliotecas Públicas y partidos políticos. Las políticas bibliotecarias en los programas electorales (1977‑1993)” propuse la celebración de una Conferencia sectorial de Cultura (reunión del Ministro de Cultura con los Consejeros de Cultura de la totalidad de comunidades autónomas) dedicada a estudiar la situación de la lectura pública en España y sentar las bases de una Ley de Coordinación Bibliotecaria.  Más tarde, en 1995, en la ponencia de apertura del I Simposio de Biblioteconomía y Documentación de Canarias, dentro de un decálogo de propuestas para las bibliotecas españolas, volví a insistir en esta cuestión solicitando esa conferencia sectorial.
            En noviembre de 1996 el Ministerio de Educación y Cultura comenzó a dar los pasos para la celebración anual de las Jornadas de Cooperación Bibliotecaria,  en las que además de representantes del Ministerio y de la Biblioteca Nacional, asistimos los Jefes de Servicios de bibliotecas de las Comunidades Autónomas y los directores de las Bibliotecas regionales.
            Quizá he sido reiterativo en expresar esa necesidad, por ello creo que hay que felicitarse por el nuevo paso que se ha dado recientemente, en el seno de las III Jorndadas de Cooperación, celebradas en mayo en Murcia: dentro de las conclusiones se ha aprobado una, con el acuerdo de todos los profesionales allí presentes, que “constata la necesidad de que se celebre una Conferencia Sectorial de Cultura centrada en cuestiones esenciales para el desarrollo bibliotecario español...”
            En definitiva, de celebrarse esa Conferencia, se habrá dado un paso importantísimo: si en los últimos tres años se ha conseguido un nivel aceptable de cooordinación técnica entre las regiones, ahora pueden ponerse los cimientos para la coordinación política, que es absolutamente esencial, imprescindible. Ello unido al interés creciente por las políticas bibliotecarias del Consejo de Europa, que está ultimando una recomendación sobre legislación bibliotecaria que pueda inspirar leyes nacionales de bibliotecas,  legislaciones de carácter regional y local, hace que abriguemos esperanzas de que a corto plazo podamos contar cons instrumentos legales que permitan superar este cierto mosaico de desigualdades. Y esto siempre dentro del importante avance que se ha producido en este este ámbito en nuestro país en los últimos años.


*  Anaquel, nº 4 (mayo-junio 1999), pág. 12.