domingo, 2 de diciembre de 2012

Entrevista en ABC: "Leer nos hace libres y críticos"

TOLEDO

«Leer nos hace libres y críticos»

Día 02/12/2012 - 22.02h

Entrevista a Juan Sánchez, nuevo director de la Biblioteca de Castilla-La Mancha


LUNA REVENGA
Juan Sánchez Sánchez, delante de la Biblioteca Regional 
Rodeado toda su vida de libros, Juan Sánchez Sánchez (Toledo, 1952) es el nuevo director de la Biblioteca de Castilla-La Mancha.
—¿Se considera un ratón de biblioteca?
—Yo he sido un usuario de bibliotecas. Desde muy joven utilicé la biblioteca pública de Toledo en El Miradero, luego tuve la satisfacción de trabajar en ella, de hacer el proyecto de la Biblioteca Regional en el Alcázar y de haber diseñado algunas de las políticas bibliotecarias puestas en marcha en esta región durante muchos años en colaboración con mucha gente, con el gobierno regional, con los bibliotecarios,... No sé si eso es un ratón de biblioteca. Yo soy un enamorado de las bibliotecas.
—Con el PSOE en la Junta de Comunidades usted ocupó cargos importantes y ahora con el PP llega a la dirección de la Biblioteca Regional. Hay que tener amigos hasta en el infierno, ¿verdad?
—Yo soy un profesional y, además, un enamorado de la administración pública. Nunca he militado en ningún partido político, nunca, y he colaborado con distintos partidos políticos en momentos que me han pedido opiniones, sugerencias,... Efectivamente, durante muchos años fui director del gabinete de José María Barreda como consejero de Educación y Cultura, de Relaciones Institucionales, de vicepresidente... Fue una etapa muy bonita, muy creativa. Pero a veces he sido muy crítico con lo que no comparto, por ejemplo, del Partido Socialista. Yo siempre me he preciado de trabajar en equipo y de decir siempre a mis superiores, a los responsables políticos, lo que pensaba. Esa creo que es la lealtad, decir lo que se piensa. Si la propuesta me viene ahora por parte de un gobierno del PP, yo me debo a los ciudadanos e intentaré contribuir a la sociedad, sin que esto suponga una identificación política, como antes tampoco supuso.
—Va a tener que echarle imaginación para superar los recortes en el presupuesto de la Biblioteca Regional. ¿Tiene algún as bajo la manga?
—Voy a tener sobre todo que trabajar. La Biblioteca Regional tiene unas grandes fortalezas. Una de ellas es la propia colección, una de las mejores colecciones bibliotecarias del país, de fondo antiguo y de fondo moderno. Otra de las grandes fortalezas son los profesionales que tiene. A pesar de los recortes y de que algunos puestos se han suprimido, es una plantilla de lujo, compuesta por unos profesionales que lo que quieren es trabajar y lo que necesitan es estar motivados. ¿Voy a necesitar recursos? Sí, estamos en una época de escasez de recursos, pero las bibliotecas nunca han tenido demasiados recursos. Lo digo por experiencia. No digo que no hagan falta recursos para las bibliotecas, digo que a veces con menos recursos que en otras regiones se ha hecho mucho en Castilla-La Mancha. Tenemos una red de bibliotecas que ha sido envidia y modelo para otras regiones. No tengo ningún as bajo la manga, soy consciente de las dificultades que tengo. He aceptado el cargo porque creo que puedo contribuir en tiempos de crisis, con un buen equipo, a que esta biblioteca siga siendo un referente y un gran servicio público para la región.
—Defensor empedernido de la biblioteca pública, ¿ha pensado alguna vez en su privatización?
—No, no, no. No creo que se dé ese escenario. La biblioteca pública es donde se democratiza el acceso de todos los ciudadanos a la información, a la cultura, a la educación permanente. Otra cosa es que haya servicios, como hace desde muchos años, que sean realizados por empresas privadas en lugar de empleados públicos o personal laboral, como la limpieza o la vigilancia. Pero esto no elimina el perfil de un servicio público.
—¿Qué opina de los recortes en Educación?
—Todos los recortes son dolorosos porque afectan a las personas al final. No soy economista, pero lo que sí he visto como empleado público es que en las cuentas de las admistraciones públicas los ingresos están por debajo de los gastos. Entonces al final, por mucha prioridad que se dé, realmente no hay recursos. Los recortes son dolorosos para todos, pero creo que los gobiernos y las administraciones públicas intentan hacer lo imposible para que el deterioro no sea muy grande. Esto nos va a llevar también a establecer prioridades. Cuando oigo el gasto que hay en Sanidad o en Educación, me acuerdo de que el gasto medio en bibliotecas por habitante en España es de 10 euros al año. Con los recortes hay que tener mucho cuidado, porque nos podemos cargar, sobre todo en bibliotecas pequeñas, los servicios que se han puesto en marcha con muchísimo esfuerzo. Los recortes nunca deben impedir el funcionamiento de los servicios públicos. Estamos pasando por un bache, no se pueden comprar todos los libros que se quieren ni hacer todas las actividades, y esto nos va a obligar a contar mucho con la sociedad civil y movimientos culturales porque todo no se puede pagar.
—Hablando de dinero, sin paga extraordinaria de Navidad como funcionario, imagino que no regalará muchos libros en el día de los Reyes Magos.
—Tengo cuatro hijos y el otro día les decía que este año la carta a los Reyes Magos tendrá que ser mucho más austera. Espero que la gente gaste el dinero de una forma menos compulsiva y en aquello que realmente le pueda hacer más bien. Espero que los libros sigan estando presente en las casas, aunque a mis hijos siempre les digo que vayan a la biblioteca para hacer trabajos porque allí cuentan con un gran material.
—¿Qué obras le gustaría tener en la biblioteca regional?
—Hay un sector al que me gustaría llegar especialmente, los jóvenes a partir de los 14 años, una edad crítica en la que muchas veces se deja de leer. Entonces, en la biblioteca debemos tener aquella literatura que a los jóvenes enganche. Los bibliotecarios somos mediadores de la información, no tenemos que obligar a nadie a leer nada determinado, pero sí podemos ayudar a la gente a que pase poco a poco de una lectura de evasión a una literatura más de formación, de compresión, de pensar, porque leer nos hace libres, nos convierte en ciudadanos críticos y así defender aquellas cosas en las que creemos. Por eso, una de mis prioridades será que haya clubes de lectura de jóvenes.

jueves, 3 de mayo de 2012

En defensa de la biblioteca pública

Descripción física: 237 p.; 23 cm
ISBN: 978-84-939775-2-8



      La primera parte (“Las bibliotecas en el corazón”) incluye artículos periodísticos publicados en el período 2004-2008, unos en clave regional y otros planteando la problemática bibliotecaria a nivel nacional.
         La literatura al servicio de las bibliotecas se recoge en la segunda parte del libro, con cuatro relatos breves, tres ficciones institucionales, dos poemas y cuatro intervenciones de Mateo Gómez, un bibliotecario de ficción creado por el autor para expresar públicamente sus ideas y, mezclando realidad e imaginación, expresar los sueños por los que venía luchando desde hacía décadas en el ámbito de las bibliotecas públicas.
         Finalmente, en la tercera parte se incluyen nuevas investigaciones y proyectos, destacando la ponencia colectiva del Servicio Regional de Bibliotecas “Bibliotecas de Castilla-La Mancha: Diez propuestas de futuro” y un análisis sobre “Las Políticas bibliotecarias en España: de la transición al segundo pacto local”.

     Juan Sánchez Sánchez expresa nuevamente en esta obra su pasión por las bibliotecas públicas, una pasión que sobrepasó los límites geográficos regionales, y que ha dedicado buena parte de su trayectoria profesional y vital al objetivo de propagar la idea de que la biblioteca pública es un derecho de todos los españoles.

INFORMACIÓN de Almud Ediciones de Castilla-La Mancha:




miércoles, 1 de septiembre de 2010

La mordaza y el miedo



La mordaza y el miedo*

La llamada del director general no le había sorprendido. La esperaba. Esa mañana, El Independiente, uno de los más prestigiosos periódicos de tirada nacional, publicaba el artículo de opinión sobre la situación de las bibliotecas públicas españolas que había escrito Ramón. Pasó al despacho del director y se encontró de frente con su mirada, fulminándole.
            - ¿Sabes por qué te llamo, no?
            - ¡Claro! -contestó Ramón, intentando una respuesta tópica-; tenemos muchos temas para despachar…
            Pero el director no quiso eludir en ningún momento la cuestión por la que había dicho a su secretaria que llamara a Ramón con urgencia.
            - ¡Sabes perfectamente por qué te llamo, no pretendas disimular! ¡Se trata de tu artículo!…
            El director general estaba visiblemente nervioso, además de enojado. Casi balbuceando, prosiguió:
            - Tu artículo, además de lleno de inexactitudes y valoraciones negativas, nos pone en una situación delicada con los responsables ministeriales. Que un alto funcionario de esta Consejería escriba un artículo de opinión tan crítico, y además difundido en el medio de mayor repercusión a nivel nacional, supone un duro golpe para el Gobierno Regional.
            No era la primera vez que Ramón, apasionado defensor de las bibliotecas públicas, escribía artículos de opinión. También en jornadas técnicas y en congresos había expresado con vehemencia y datos científicos sus criterios respecto a la falta de una política de Estado en materia de lectura pública en España y había realizado ambiciosas propuestas para que los políticos asumieran de una vez sus responsabilidades y competencias. Pero en los foros técnicos no hay periodistas y las repercusiones de un artículo en un periódico de la provincia o de carácter regional son muy limitadas. Ahora era distinto…
Ramón se había ganado el aprecio de los profesionales, que veían en él al verdadero artífice de la red regional de bibliotecas y a un defensor de los bibliotecarios, especialmente de los que trabajaban en los centros más pequeños. Se habían puesto en marcha muchos programas y, a pesar del escaso apoyo político  y los limitados presupuestos, los indicadores estadísticos comenzaban a transformarse y, en algunos casos, incluso se ponían a la cabeza del país.
Y es verdad que Ramón se había marcado como una prioridad de su vida profesional conseguir la democratización de un servicio público, la biblioteca, que consideraba verdaderamente esencial y neurálgico para colaborar en la madurez de los ciudadanos y construir una sociedad más responsable, participativa y crítica.
- Tres consejeros han pedido tu cabeza –prosiguió el director general-, así que tenemos que decidir qué hacemos contigo.
Pero Ramón no se amilanó. Era un luchador nato y no era la primera vez, y seguramente no sería la última, que la sombra del cese se cernía sobre él. De forma aparentemente tranquila, que la procesión de la intranquilidad iba por dentro, contestó con firmeza:
- Pues córtala… Pero ya imaginarás que tendré que decir por qué lo hacéis. Hablaré de la censura que me imponéis y de las razones por las que me cesáis.
El silencio se adueñó de la estancia. El Director se había quedado cortado; tal vez no contaba con la firmeza de Ramón; acostumbrado a ser sumiso, probablemente se habría planteado que Ramón se disculparía e, incluso, prometería no volver a las andadas con artículos de este tipo. Su cese podría tener repercusiones en los medios y entre los profesionales, y con unas elecciones tan próximas había que ser extremadamente prudente…
La conversación se había agotado. Cada uno interiorizaba sus ideas, tal vez pensando cómo se desarrollarían los acontecimientos. Por fin, el Director, decidió romper ese cortante silencio:
- Bien, puedes marcharte. Ya te comunicaré lo que proceda, según las instrucciones que reciba…

*******
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!.
La imagen de esa tremenda máquina apisonadora que se cernía sobre él, le hizo gritar. Ramón, entonces, despertó y se percató de que se trataba sólo de una pesadilla. Tal vez era la influencia de la conversación de aquella mañana con su Director. De nuevo volvían los fantasmas de la censura o, lo que es peor, la autocensura como método de sobrevivir, a pesar de estar en un Estado democrático. No era miedo, que ya estaba acostumbrado a lidiar con toros de estas características, sino sobre todo rabia e impotencia. Tener las ideas claras y no poder expresarlas. Saber que defendía los derechos de los ciudadanos y que, sin embargo, tenía que silenciar sus quejas y someterse a los gerifaltes del Poder…
Tras la ducha, desayunó y se dispuso a marchar a su despacho. No se le iba de la cabeza. Según caminaba, observaba los carteles de los líderes que aspiraban a gobernar después de las próximas elecciones. Ramón se sentía huérfano. Era un hombre sin partido. Hacía años que había abjurado públicamente de los progresistas, que le habían desilusionado notablemente, y no acababa de encontrar otro partido que fuese más con sus ideas y principales conceptos de la vida. Iba pensando la posibilidad de acudir al Defensor del Pueblo para reivindicar su derecho a opinar libremente, aunque fuese un empleado público…Pero se mostraba cansado, harto de clamar en el desierto, de luchar a favor de una utopía. Era un náufrago y en esta mañana se veía a la deriva…
Ya en el despacho, recibió varias llamadas de conocidos que le expresaron su admiración por su artículo, por haber hablado con tanta valentía. Ramón se mostró agradecido y aparentó firmeza, pero por dentro esta vez estaba roto. Fue a llamar al director del área de opinión de El Independiente pero no se atrevió.
- ¡No debo ser imprudente! Seguro que esta gente está controlándome el teléfono. ¡Lo haré desde casa, cuando finalice mi jornada laboral!
Cuando fue a redactar un mensaje de correo electrónico, el sistema se quedó como bloqueado y Ramón no dudo que también estaban  espiando sus movimientos virtuales. Era angustioso… Otras veces había mantenido el tipo, pero en esta ocasión no podía dejar de pensar en la conversación, en las palabras del Director General.
- Seguro que están tramitando mi cese. Son capaces de hacerlo sin decírmelo siquiera. Se inventarán cualquier mentira y harán una nota de prensa diciendo que por las razones expuestas han decidido cesarme en mi puesto de trabajo. ¡Si es que tienen todo el poder!
A media mañana tenía que marchar a una reunión en el Centro Cívico Municipal. Salió del despacho y ya en la calle se pegó un susto de muerte cuando vio que un vehículo le pasaba rozando a toda velocidad. Ramón, que siempre expresaba la teoría del piensa bien aunque no aciertes en lugar de la preferida del público piensa mal y acertarás, dudó en esta ocasión.
- ¿Ha sido casualidad o es que esta gentuza es capaz de todo?
El propio Ramón no quiso dar crédito a esa disparatada idea. Y pensó entonces:
- El problema es que me han metido el miedo en el cuerpo y empiezo a tener ideas persecutorias. ¡Me están tocando el coco!
En la reunión estuvo totalmente silencioso, absorto en sus pensamientos, lejano. Empezaba a estar preso del recuerdo de las palabras del Director General. ¿Cuántas veces se había sentido amenazado y amordazado? Infinitas. Pero había seguido caminando, con firmeza, fiel a sus principios…
-  Entonces ¿ahora qué me pasa, qué me está ocurriendo?  -se preguntaba Ramón ajeno a la reunión que estaba desarrollándose en la sala-.  Estoy como obsesionado, no puedo dejar de pensar en las hipótesis que pueden abrirse si esta gente materializa sus amenazas… He vivido apasionadamente mi trabajo y ahora comienzo a percibir mi desgaste, que me está pasando factura… Quisiera adaptarme, esperar órdenes, aceptar que la responsabilidad política la tienen otros…pero no puedo. Tal vez no sé. Han sido muchos años de soñar, de poner en marcha proyectos, de hacer un trabajo en coalición con tantos compañeros. Pero ahora me siento solo.
Al terminar la reunión, se encaminó nuevamente a su despacho. En su mesa se amontonaban nuevos proyectos y algunos de los que estaban desarrollándose. Pero la estancia estaba muda y el ánimo de Ramón persistía bajo mínimos. De improviso, una llamada telefónica le sacó de sus pensamientos.
- Hola, Ramón. ¿Qué te ha ocurrido? He sabido que has tenido problemas con el último artículo.
Ramón se sorprendió mucho de la llamada del director de la edición regional de El Independiente. ¿Cómo había conocido los hechos, si él no lo había comentado con nadie?
- Ramón, quiero que sepas que, si estás de acuerdo, mañana tanto la edición nacional como la totalidad de las ediciones regionales incluirán en portada la noticia de las amenazas que has recibido por utilizar tu libertad de expresión.
Ramón se quedó sorprendido y abrumado. Esto sería ya la guerra total…
- Os lo agradezco mucho, de verdad, pero creo que de momento es mejor esperar acontecimientos. No tengo vocación de mártir, y si aparecen las noticias sin duda el enfrentamiento será absoluto. Aunque me encuentro bastante tocado me gustaría que pasase esta tormenta y poder proseguir trabajando por las bibliotecas. ¡No me imagino en otro ámbito profesional en estos momentos!...
- Como quieras, Ramón; ya sabes que estamos a tu disposición. Desde luego nuestro periódico no va  a consentir que se vulneren derechos fundamentales y que te amenacen o te obliguen a autocensurarte. Haremos de tu situación un caso ejemplarizante a favor de la libertad de opinión.
- Gracias, de verdad –dijo emocionado Ramón-, para mí es suficiente saber que no soy un pobre náufrago envuelto en la soledad y la indiferencia.

Tras la llamada, estaba de nuevo con las pilas cargadas, dispuesto a proseguir su particular travesía del desierto…
- ¡Casi me olvido! Tenemos ahora la reunión técnica de la implantación del catálogo colectivo de la Red… Con paso resuelto y la cabeza levantada, salió  de su despacho, dispuesto a seguir con su tarea cotidiana. Era como una misión que sentía desde lo más profundo de su ser. Y recordó aquel viejo refrán:
- ¡Ladran! Luego cabalgamos. A caminar, a caminar….
Pero aquella noche, de nuevo, se despertó sobresaltado con un grito:
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!.
Y, otra vez, tembló viendo cómo una gran apisonadora se le venía encima.





* Escrito en septiembre de 2010.

jueves, 10 de julio de 2008

Política de centros culturales en Toledo

Política de centros culturales en Toledo

Toledo dispone de importantes instalaciones culturales, gestionadas tanto por administraciones públicas como por entidades e instituciones muy diversas: La Biblioteca Regional, museos, salas de exposiciones y conciertos… De titularidad municipal, el Teatro de Rojas, el Archivo Municipal o San Marcos, con ámbitos muy específicos, aportan por sí mismos una importante y permanente actividad cultural o informativa.

Sin embargo, la realidad de los centros culturales municipales en Toledo tiene varias lecturas. El Ayuntamiento podría decir que ofrece una oferta variada para atender a los ciudadanos de todos los barrios. Desde una visión más crítica se puede afirmar que los centros culturales han ido llegando por aluvión, a medida que el Consistorio disponía de subvenciones para construirlos, dotarlos e, incluso, ponerlos en funcionamiento; pero realmente no existe el concepto de Red de centros culturales municipales. Una red requiere unos objetivos muy precisos, una filosofía de funcionamiento y una concepción de sociedad del ocio y la cultura. La simple enumeración de los centros disponibles refleja la debilidad de estos servicios públicos y el caos existente.

Uno de los activos de esta red, las bibliotecas públicas municipales, son un testimonio elocuente de la falta de iniciativas del Ayuntamiento: las bibliotecas de Santa María de Benquerencia, Buenavista, Santa Bárbara y Azucaica no han experimentado avances sustanciales en los últimos años. Siguen abiertas sólo de lunes a viernes en horario de tarde, y en verano por las mañanas. No ofrecen servicios en red y, salvo la del Polígono, que se amplió hace unos años, no han tenido nuevos espacios y puestos de lectura. Sus plantillas profesionales son raquíticas.

Los Centros Cívicos son otro tipo de instalaciones En algún caso, como Buenavista, comparte edificio con la biblioteca, pero funcionan separadamente. Existen 7 centros: Santa María de Benquerencia, Casco histórico, Palomarejos, Buenavista, Santa Bárbara, Azucaica y Valparaíso, el más reciente. Disponen de salas para reuniones o exposiciones; organizan talleres, conferencias, teatro… En ellos se reúnen en ocasiones asociaciones y otros colectivos y en algunos está ubicada también la Junta Municipal del Distrito. En el polígono existe además una Casa de Cultura. 

Otra tipología son los Clubes de la Tercera Edad, existentes en el Polígono y en San Antón.

En definitiva, se multiplican los centros sociales, culturales y de ocio, pero luego no pueden prestar servicios adecuados. Los horarios son reducidos, las inversiones son escasas y no se dispone de ningún plan estratégico sobre el conjunto de centros. Poco podemos esperar en esta legislatura: ya vimos en el artículo anterior la falta de propuestas en el ámbito de la cultura en el reciente debate; leer el programa electoral con el que concurrió el PSOE a las municipales no nos permite ser más optimistas. Las promesas se centraban en un nuevo tipo de centros, al viento de la moda: "Todos los barrios de la ciudad contarán con un Centro de Internet de acceso gratuito". Y, dentro de la sociedad del conocimiento, incluyeron la siguiente medida: "Impulsaremos la Red wi-fi municipal en parques, kioscos urbanos, bibliotecas, centros sociales, etc.".

Como existen centros para la tercera edad o para la mujer, debieron pensar que los jóvenes estaban olvidados. Por ello, el programa electoral socialista para el municipio comprometía la puesta en marcha de un "Centro de la Juventud, como referente de actividad, ocio y participación de los jóvenes".

En los barrios, además de los citados Centros de Internet, sólo en Santa Bárbara se planteaba ampliar el horario, medios, recursos y personal de la biblioteca. En este mismo barrio se asume el compromiso de mejorar el Centro Cívico y de construir un centro de ocio para jóvenes. Finalmente, una de las propuestas estrella era rehabilitar como Centro Social y Cultural el antiguo Gimnasio de la Escuela Central de Educación Física.

En definitiva, el Ayuntamiento persiste en su dinámica de construir centros culturales y de ocio, con una orientación sectorial, pero carece de una política planificada y coherente de estos espacios públicos para la sociedad local. Se construyen sin ninguna filosofía unos centros cerrados demasiadas horas y luego no se impulsan tal vez por carecer de recursos adecuados para su funcionamiento. Pero esta diversidad de centros no sólo es costosa para las arcas municipales: es poco efectiva.

¿Alguien ha pensado, por ejemplo, que esta red sea una alternativa al botellón y se conviertan en un atractivo permanente para unos jóvenes a los que el ayuntamiento sólo ofrece semanas de la juventud y actividades musicales o de ocio de forma esporádica? Se acaban de anunciar a bombo y platillo actividades culturales para el verano, insistiéndose en unas políticas culturales temporales en lugar de estables.

El Ayuntamiento debería clarificar qué tipo de servicios desea ofrecer a sus ciudadanos en el conjunto de la ciudad y en los distintos barrios. Hacer las cosas bien no sólo no es más caro: los centros tendrían una mayor rentabilidad social y una influencia mucho más decisiva en las personas. Prometo ofrecer una propuesta al respecto.

sábado, 5 de julio de 2008

¿Política cultural en Toledo?




¿Política cultural en Toledo?


            Me parece muy positivo que se haya celebrado un primer debate sobre el estado del municipio toledano, e igualmente es un logro democrático que el centenar de propuestas aprobadas haya gozado de consenso y se hayan tenido en cuenta las ideas e iniciativas de los tres grupos políticos presentes en el ayuntamiento de Toledo.
            Pero dicho lo anterior, no puedo sumarme sin más al coro que ensalza estas propuestas, que pueden tener muchas lecturas. Personalmente me centraré en un ámbito: la cultura. ¿Tiene política cultural el ayuntamiento de Toledo? Desde luego si repasamos una a una las medidas aprobadas tenemos que mostrar una profundísima preocupación: la cultura es, de nuevo, la gran olvidada de los políticos municipales, del conjunto de los partidos. Vemos que se mezclan iniciativas de muy distinto calado, pero los compromisos culturales brillan por su ausencia. Sólo leo dos medidas culturales, y ambas demuestran la poca ambición cultural del Consistorio: la número 43, propuesta por el PSOE, habla de difundir al comienzo de cada año las actividades culturales, y la 63, del PP, se refiere al “préstamo de libros a domicilio”, tal vez desconociendo que ese préstamo es un servicio ya realizado por las bibliotecas públicas existentes en la ciudad. Podrían relacionarse, en parte, la 93, relativa al estudio del “modelo de gestión del Palacio de Congresos”, y la 100, sobre utilización de nuevas tecnologías. Pero podríamos ser optimistas respecto a la integración de estas cuatro proposiciones si percibiésemos que el Ayuntamiento de la capital regional tiene un modelo de gestión cultural, una política cultural. Pero, lamentablemente, estas medidas forman parte de una lista como propuestas aisladas,  y no aparecen vertebradas en ninguna política cultural coherente y planificada.
            El alcalde, Emiliano García-Page, habla a menudo de estar pendiente de las cosas pequeñas, de lo cotidiano. Pero eso, que puede ser un valor en todos los ámbitos, necesita concreciones y planes estratégicos que permitan tener una visión del presente y del futuro. Aun a riesgo de ser injusto, porque sé que buena voluntad no falta, me permito hacer algunas observaciones que sólo pretenden aportar propuestas como ciudadano. Para ello presentaré tres artículos: este primero de carácter introductorio, un segundo analizando la situación de los centros culturales y el tercero que formulará una propuesta de modelo cultural.
            Si tenemos en cuenta el Programa electoral con el que concurrió el PSOE  a las elecciones municipales que dieron paso a esta legislatura, no hay duda de que en el apartado de cultura la medida estrella era la celebración del IV Centenario del Greco. La medida 78 expresaba radicalmente esta previsión: “Como opción de horizonte de trabajo giraremos en torno a un gran acontecimiento cultural de alcance internacional: EL GRECO, IV CENTENARIO, que se celebrará en el año 2014, para lo cual instaremos a los Gobiernos de Castilla-La Mancha y, también al de España, la constitución de la Sociedad para la celebración de los Actos conmemorativos del IV Centenario”. Construir  el Centro Regional de Expresión Artística y de la Música, establecer vínculos culturales con las ciudades y pueblos ribereños del Tajo, materializar el Museo de Escultura al Aire Libre, recuperar la festividad de San Ildefonso culminando con la “Noche de la Cultura de los Premios Ciudad de Toledo e impulsar las fiestas locales, es la rápida enumeración de todas las medidas prometidas por los socialistas para nuestra ciudad,  junto a propuestas para los distintos barrios. Es verdad que en el apartado de Turismo, el compromiso de terminar el Palacio de Congresos y de dotarle de un importante contenido cultural, de congresos, turístico y social, podría suponer otro eje en la cultura del municipio.
            ¿Conforman estos compromisos la política cultural del ayuntamiento de Toledo? ¿Son coherentes estas grandes propuestas con la filosofía del alcalde de hacer una política pegada a los ciudadanos? Me temo que no. No estoy en contra de las grandes conmemoraciones culturales, y más si sirven para proyectar la imagen de nuestra ciudad o nuestra región en España y en el mundo. Pero las políticas culturales no pueden basarse sólo en grandes exposiciones, en conciertos singulares, en espléndidas publicaciones, en vistosos y propagandísticos concursos, etc. Una política cultural ha de dar respuesta a la vida cotidiana de los ciudadanos, contribuir a su formación permanente y constituir una opción de ocio constructivo. Destinar la mayor parte de los recursos públicos a desarrollar una política cultural de escaparate es un error y una muestra de que una institución o Administración carece en realidad de una política cultural democrática al servicio de toda la comunidad.

martes, 1 de julio de 2008

Y la Biblioteca cerró sus puertas…



Y la Biblioteca cerró sus puertas…*

I.
            Cuando esa tarde los usuarios de la biblioteca llegaron a renovar el préstamo de sus libros, se encontraron con una desagradable sorpresa. Un cartel fijado con chinchetas en la puerta del centro anunciaba: “Desde hoy la biblioteca permanecerá cerrada por fin de contrato de la bibliotecaria”.

            José Luis, Paco, Olvido, Borja, Inma y Roberto no acababan de creerse la noticia. Aún recordaban el día en el que la biblioteca abrió sus puertas, con la presencia del Director General de Bibliotecas y con aquel discurso del alcalde en el que decía que por fin se había conseguido que la cultura se implantase definitivamente en Roquedal de la Sierra. La verdad es que los cerca de quinientos habitantes de la localidad habían acogido gozosamente la apertura del nuevo servicio municipal, y en apenas un año de actividad el 70% de la población eran socios activos de la biblioteca, prácticamente la totalidad de los vecinos con posibilidad de leer.  La bibliotecaria, Rebeca Fernández, no sólo había conseguido que los vecinos se hicieran poco a poco habituales de la biblioteca: también se había convertido en su amiga y confidente. Los mayores encontraron en el nuevo centro su lugar de encuentros, y en el taller de prensa comentaban las noticias del día. Igualmente era ya realidad el club de lectoras, al que acudían amas de casa que habían encontrado una tarea apasionante y además gratuita que, junto a la actividad lectora, estaba siendo escuela de amistad y convivencia…Y los escolares, tantas veces aturdidos por las lecturas obligatorias, comenzaban a descubrir el gozo y la pasión de leer.

            Pero ahora muchos de los sueños se derrumbaban. El grupo de amigos decidió ir a ver a la joven bibliotecaria, a quien encontraron preparando su equipaje:

            - ¡Hola Rebeca! Nos acabamos de enterar…

            - ¡Hola, chicos! ¡No creáis que iba a despedirme a la francesa! Pensaba veros y echar una última parladita con vosotros, mis queridos amigos…

            - ¡Qué palo!, ¿no, Rebeca?

            - Bueno, lo cierto es que estoy acostumbrada. Es la tercera vez que me pasa. Los ayuntamientos se han dado cuenta de la importancia del servicio público de biblioteca, pero realmente tienen un problema de financiación importante. Y como la legislación no acaba de obligarles a prestar este servicio, pues los ayuntamientos en el momento que se les acaba la subvención…¡echan el cierre! ¡Fijaos qué pena y qué derroche! Aquí queda un centro cerrado, que ha habido que construir, y unas colecciones que quedarán obsoletas muy pronto…Y, lo peor, ¡unos ciudadanos, vosotros mismos, que se quedan sin servicio bibliotecario!

            - ¡Y tú sin trabajo!

            - Sí, es un problema social, pero no distinto al de tantas personas que tienen un trabajo precario, en malas condiciones, o que están en el paro…Los bibliotecarios somos todavía como los maestros de hace décadas. Hemos avanzado, pero muchos dependen del capricho o de la buena intención del político de turno, o de que haya alguien que realmente descubra la fuerza transformadora de la biblioteca…Y entonces, si esto ocurre, no volverá a haber problema: la biblioteca se consolida, elimina las dificultades, permanece abierta,  progresa y se convierte en un servicio esencial e imprescindible para la comunidad. ¿Me entendéis?

            - ¡Claro, Rebeca! Pero, si ahora se cierra es que algo ha fallado ¿no es eso?

            - ¡No, no, mis amigos! Ahora se ha producido la crisis, la prueba de fuego. Que la biblioteca se abra o se cierre permanentemente depende de muchos factores: de cómo haya hecho yo mi trabajo en el municipio, de la importancia que para vuestras vidas tenga ahora este centro, de las alianzas con la sociedad que haya generado la biblioteca…No sé, ¡pensadlo, hablad con la gente, tomad el pulso a la comunidad, y si creéis que merece la pena no os dejéis privar del alimento que encontráis en la biblioteca! Yo en este año he intentado abriros una ventana, mostraros un paisaje bellísimo y que necesitamos como el aire que respiramos cada día. ¡Luchad si queréis conservad este servicio en Roquedal! ¡Está en vuestras manos!

            Las palabras de Rebeca, pronunciadas así, con esa fuerza y convicción que ella siempre ponía en su trabajo, dejaron a los jóvenes pensativos. Se despidieron, porque Rebeca tenía que coger el autobús que hace el trayecto  hasta la capital provincial. Allí, según les dijo, se presentaría a una oposición para Secundaria.

            - Chicos, mi vida es la biblioteca, y me gustaría trabajar siempre en servicios bibliotecarios, pero la situación laboral está provocando una verdadera sangría. Vivimos en la Sociedad de la Información y del Conocimiento, pero nuestro papel no acaba de descubrirse. Y ¡qué os voy a  decir de las bibliotecas escolares…la mayoría sin bibliotecarios!... ¡Así que a la docencia!

            La reflexión en alta voz de Rebeca ahora les había impregnado de tristeza. Ellos no podían imaginar que personas con la capacidad de influir positivamente en las personas como un bibliotecario tuviesen tal grado de precariedad laboral.

            En la plaza del pueblo se encontraron a otros chicos y chicas, que también se habían visto sorprendidos con el inesperado cierre de la biblioteca. Eran ya una decena de lectores, de usuarios de la biblioteca pública a los que se iba a privar de un servicio que se les había introducido en su vida. Habían descubierto el teatro, la poesía, la búsqueda de información para trabajos en grupo,…La biblioteca se había convertido en un verdadero lugar de encuentros en la pequeña localidad serrana. Y ahora….

            - ¡No podemos permitir este atropello! –gritó Inma-. Nos están quitando algo nuestro, y todo lo basan en el delito de que nuestro pueblo sea pequeño. Al parecer la biblioteca sólo es obligatoria en los pueblos mayores de 5.000 habitantes. ¿Os imagináis qué injusticia?

            - Pero ¿qué podemos hacer nosotros para evitar que la biblioteca se cierre a cal y canto? –se preguntó Roberto.

            - ¡Tengo una idea! –dijo con alegría Borja-. Mi padre dice que ha leído que en una ciudad cesaron al director de la biblioteca, y constituyeron un comité de defensa de la biblioteca. Consiguieron unir a mucha gente, recogieron firmas, fueron a las emisoras de radio y televisión…Claro que aquí no tenemos nada de eso, y estamos casi aislados del mundo…

            - ¡Pero tenemos nuestra voz y nos asiste la razón! –se expresó de forma categórica Olvido, que era una gran lectora y además escribía poesías.

            - ¡Pues venga, vamos a trazar un plan. No podemos perder ni un minuto! –animó José Luis, que siempre era muy estratega.

            - ¡De acuerdo, de acuerdo! ¡Manos a la obra! –dijeron todos a coro.

II.

            Al día siguiente, una cadena humana recorría algunas de las calles de Roquedal de la Sierra. Eran apenas un grupo de jóvenes, pero en una tarde habían visitado casa por casa a todos los vecinos de la pequeña localidad haciéndoles partícipes de la triste noticia del cese de la bibliotecaria. De igual modo, habían animado a todos a rebelarse contra la decisión del alcalde, que a la menor dificultad  cerraba un centro que estaba siendo neurálgico para el desarrollo social, educativo y cultural del municipio. Por ello, no resultaba extraño que toda la población estuviese dispuesta a sumarse a la causa.

            Resultaba impresionante. Una parte de la cadena recorría la plaza del pueblo, en la que estaba la sede del consistorio municipal. En torno a la fuente central, unas cien personas unían sus manos y constituían la forma de un libro abierto. Desde el balcón del ayuntamiento se percibía nítidamente el objeto construido por esos vecinos. Un libro unía a cada dos habitantes, agarrado significativamente por las manos entrelazadas. Uno de los miembros de la cadena humana llevaba un cartel-pancarta que decía:


“QUEREMOS UNA BIBLIOTECA ABIERTA.
TODOS LOS VECINOS DE ROQUEDAL VAMOS A LUCHAR
HASTA CONSEGUIRLO”



            Otra parte de la cadena llegaba desde la plaza hasta la biblioteca, y otro ramal transcurría por las dos calles que había que recorrer desde la misma plaza hasta llegar al monumento a la Constitución que se había levantado hacía varios años por iniciativa de un famoso escultor local. La forma era idéntica: personas que unían sus manos y entre ellas un libro de los que la gente tenía en sus casas en concepto de préstamo domiciliario de la biblioteca. Frente al monumento constitucional y a la sede de la biblioteca, un niño en cada caso portaba otro improvisado cartel-pancarta de cartulina, reforzada con unos junquillos, y ambos  contenían idéntico texto:




“TENEMOS DERECHO A SERVICIOS BIBLIOTECARIOS
SOMOS CIUDADANOS DE ESPAÑA”



            En el Ayuntamiento, el alcalde había reunido con carácter de urgencia a la Corporación municipal. Todos estaban sorprendidos de la protesta vecinal, pero el alcalde mostraba su enfado:

            - ¡Hay falta de lealtad en la oposición! La decisión de cerrar la biblioteca se tomó con el acuerdo de los dos grupos políticos, por una razón meramente presupuestaria y considerando que es un servicio que no nos corresponde prestar. ¡Y ahora  habéis organizado esta rebelión!

            - ¡No te confundas! –protestó el portavoz de la oposición-. Nosotros no hemos levantado a nadie, sino que han sido un grupo de chicos y chicas los que han animado a la rebelión a todos los vecinos. Sin duda, la bibliotecaria ha conseguido el fin último de una biblioteca: formar personas, hacer ciudadanos libres y críticos. Y ahora nos encontramos con que tenemos una verdadera sociedad civil en Roquedal…

            Pero mientras las autoridades municipales debatían acaloradamente, al pueblo estaban llegando poco a poco distintos medios de comunicación, para sorpresa de todos… ¿Qué estaba ocurriendo?

            - Por favor, buscamos a Olvido, la chica que ha mandado los correos electrónicos a la prensa…-indagaba un periodista de la televisión regional que, junto a otros medios, acababan de llegar a Roquedal de la Sierra.

            Nadie daba crédito a los acontecimientos que vivía el tranquilo y lejano pueblo. Incluso una joven bibliotecaria, ya en su domicilio, escuchaba con inaudita sorpresa los informativos regionales:

            - Sin duda es la noticia de la jornada. Todo un pueblo se ha echado a la calle pidiendo que la biblioteca pública abra de nuevo sus puertas. En Roquedal de la  Sierra, donde el Ayuntamiento acababa de despedir a la bibliotecaria, los vecinos han formado una cadena humana pidiendo la reapertura de la biblioteca. Y han sido unos jóvenes, ese sector de la población al que frecuentemente se acusa de pasotismo y falta de implicación ciudadana, los que han levantado al pueblo. Escuchemos a Olvido Bustamante, la portavoz del Comité de Defensa de la Biblioteca:

            - Hemos iniciado esta rebelión por la biblioteca pública  porque los habitantes de los pueblos pequeños también tenemos derecho a leer y a estar informados. Y la biblioteca garantiza un acceso democrático a estos derechos constitucionales. Pero no culpamos sólo al Ayuntamiento: tiene culpa el Gobierno regional, que en estos años no ha cumplido su promesa de una nueva legislación bibliotecaria. Y tiene culpa el Gobierno de nuestro país, que en la ley recientemente aprobada  no ha sido sensible con la problemática de los municipios más pequeños y no ha garantizado este derecho al conjunto de ciudadanos españoles…Si ahora no se rectifica, las urnas se llenarán de votos por la biblioteca en las próximas elecciones…

III.

            Apenas unas horas más tarde el alcalde, desde el balcón del Ayuntamiento, hacía un importante anuncio:

            - No tenemos dinero, pero tenemos dignidad y sabemos escuchar a nuestro pueblo. Mañana mismo la biblioteca volverá a abrir sus puertas. Hemos comprendido algo muy importante: que la biblioteca está en el corazón del pueblo y de la gente. Nos habéis dado una gran lección: tenemos que gobernar en coalición con la sociedad. Tenemos que escuchar vuestra voz y haceros  partícipes de los problemas del municipio. Sois los mejores aliados de la biblioteca y del propio Ayuntamiento, pues con vuestra rebeldía nos habéis ayudado a recapacitar y a rectificar, que dicen que es de sabios…¡Enhorabuena! Con vuestra decidida defensa de la biblioteca habéis hecho un gran servicio a Roquedal de la Sierra… ¡GRACIAS!



* Escrito en julio de 2008.