domingo, 25 de julio de 1993

Amores



Amores*

            Hay amores que  matan, dice el refranero. Pero hay otros amores estupendos, que dan vida, son  cauce para la solidaridad y construyen páginas espléndidas de la historia cotidiana. A veces, el amor se percibe sin relación directa con las personas, porque visto con ojos miopes parece que se otorga a cosas: son esos amores por el arte, los libros, los pequeños objetos domésticos en los que late la experiencia y el recuerdo de tantos seres queridos...En el fondo, ahí está la persona. Dice El Principito que “el amor es invisible a los ojos”, y es cierto. Hay demasiados amores invisibles, y que sin embargo están ahí, existen. Estos amores son los que cada día ayudan a mantener viva la esperanza, aunque sean amores incomprendidos y silenciados. En este ámbito sitúo yo el amor de Javier Malagón y de su esposa Helena hacia la Biblioteca Pública de Toledo. Ellos, con Julia Méndez, conforman un modélico y continuado amor hacia este centro de lectura.
            Javier Malagón, historiador, jurista, bibliófilo, profesor, consultor y diplomático,  donó durante sus treinta últimos años de vida fondos bibliográficos que hoy conforman una valiosa colección de la Biblioteca. Libros jurídicos, de temática americana y la producción de los españoles exiliados son algunos de los más de diez mil volúmenes legados. Tan importante se juzgó su apasionado amor hacia este centro de información, cultura y educación que el Gobierno Regional le concedió en 1988 la Medalla de Castilla‑La Mancha en su categoría de oro. Hoy, que sus cenizas reposan en el sereno cementerio de Nambroca por expreso deseo de este toledano insigne y universal, la llama de su amor permanece viva; no sólo por la sombra proyectada por la riqueza infinita de su colección bibliográfica: también por el testigo recogido por su esposa Helena. Desde América, ella continúa velando por la salud de una biblioteca demasiado olvidada por los responsables públicos desde hace más de una década. Y como obras son amores, ahora ha ofrecido recursos económicos para adquirir el equipamiento informático que permita tratar con tecnología adecuada la colección Malagón y, consiguientemente, la reconversión de los catálogos manuales de la Biblioteca.
            En tiempos de crisis, en los que a la tradicional marginación que a la política bibliotecaria tiene sumida el Ministerio de Cultura se unen los recortes presupuestarios, esta iniciativa  supone un verdadero espejo que invita a mirarse no sólo a las autoridades sino a los distintos colectivos sociales y políticos con alguna responsabilidad en la educación integral de la persona. Quien invierte en bibliotecas públicas está invirtiendo en el grado de madurez de una sociedad, de un país. Por ello, este ofrecimiento es verdaderamente ejemplar.


* Ya  (25-7-1993), pág. XII

viernes, 23 de abril de 1993

Una asignatura pendiente: la lectura pública



Una asignatura pendiente: la lectura pública*

El libro hace al ciudadano: ciudadanos libres, críticos, tolerantes, constructores de la convivencia y el respeto. Y sin embargo, conocida esta relación hace muchos siglos, todavía en las políticas culturales de las Administraciones Públicas la promoción del libro y de la lectura no aparecen como eje prioritario. He escuchado a veces que, siendo importante la recuperación del patrimonio histórico-artístico, es más urgente la formación de la persona. «La gente es el reino», afirmó el arbitrista toledano Sancho de Moncada: la vitalidad y carácter de un país, de un tierra, dependerá de la formación de su gente.
El libro informa, educa y desarrolla la imaginación. Ante un libro, todo un mundo de sensaciones, de ideas y de iniciativas surge en la persona que centra sus ojos en las páginas de una obra de creación literaria, de ensayo,..
Pero, a pesar de los avances conseguidos, el libro sigue siendo aún objeto de deseo para muchos: tal vez los altos precios, motivados por las cortas tiradas de las ediciones, influya en el hecho de que, por ejemplo, en Castilla- La Mancha sólo un 22% de personas compraran algún libro en 1990; o que sólo un 11% de los españoles mayores de 18 años acudieran ese mismo año a una biblioteca pública.
También se ha dicho: «Un hombre sin información es un hombre sin opinión». La biblioteca pública es para la Unesco el centro básico de información, cultura, educación y ocio para todos los ciudadanos. Completar, por tanto, la red de bibliotecas y poner en marcha servicios que permitan en cualquier localidad el acceso al libro de todas las personas y sectores sociales, especialmente de los más marginados, son necesidades primarias de nuestro país.
Democratizar el libro y la lectura, y desarrollar y vertebrar adecuadamente los sistemas bibliotecarios, siguen siendo asignatura pendiente de las políticas culturales, incluso considerando la mejora de los indicadores estadísticos y el esfuerzo inversor realizado en los últimos años. Ahora, ante unas elecciones generales, los partidos políticos deberían afrontar con seriedad y con planteamientos de futuro un problema histórico en España: la lectura pública.


* La Voz del Tajo (23-4-1993) pág. 10

miércoles, 1 de abril de 1992

El niño que acumulaba libros



El niño que acumulaba libros*

            Érase una vez un pueblo castellano en el que vivían un millar de personas. Tenía el pueblo  su alcalde y su escuela, el cura y el médico; y había también dos carnicerías, un estanco, una sastrería, un taller de carpintería, una tienda de tejidos y otra de comestibles, cuatro tabernas, un cartero, muchos agricultores y... una droguería.

            Dos centenares de niños habitaban en aquella localidad que estaba próxima a los inicios de las tierras manchegas. Doscientos niños de sonrisa abierta y de ojos vivarachos; niños con manos adaptadas a trepar rápidamente por los árboles en busca de hojas de morera para sus gusanos de seda o de un nido de pajarillos. Eran niños habituados a cazar lagartijas, a pegarle al balón en la era, a dar tres golpes en el llamador de una casa y salir corriendo y...también...algo acostumbrados a leer.

            Pero un día una gran fila de niños de todas las edades se dirigió al Ayuntamiento, alicaídos, silenciosos y con los ojos tristones.

            La Autoridad, pensativa y sorprendida, salió a su paso:

            ‑ ¿Qué ocurre, niños? ¿Qué hacéis aquí, haciendo fila y a estas horas?

            ‑ ¡Tiene que buscar soluciones, señor Alcalde! ‑dijeron a coro los niños.

            La Autoridad, realmente sorprendida, no entendía nada de nada. Y volvió a preguntar:

            ‑ Pero, niños, ¿qué es lo que tengo que solucionar? Vamos haciendo todas las mejoras que podemos en el pueblo. ¡Hasta columpios os he puesto en la plaza del reloj! ¿No habrá algún problema en la escuela? ¡Pero si tenéis un maestro que no os lo merecéis! ¡Venga, decidme!, ¿qué pasa?.

            ‑ ¡No hay libros, señor alcalde! ‑dijeron, de nuevo a coro, las dos decenas de niños que llegaron en fila y que ahora hacían corro en torno de la Autoridad.

            ‑ ¡Ni tebeos! ‑exclamó Gustavo, el hijo de Martín el carnicero.

            ‑ ¡Tampoco hay cuentos! ‑se lamentó una niña de pelo rubio trenzado.

            ‑ ¡¡¡Tiene que hacer algo!!! ‑gritaron todos al alcalde.

            ‑ ¡Vamos, vamos, tranquilos, dejad de hablar todos a la vez. Así no hay quien se aclare! Pasad a mi despacho una comisión de cuatro de vosotros.

            Felipe, el alcalde, se sentó en su sillón de raso rojo descolorido y se dispuso a escuchar atentamente a Benito, Fidel, Guille y Timo ‑los más líderes del grupo.

            ‑ Don Felipe ‑empezó Guille‑, la cosa es muy seria: hace casi un mes que no llegan tebeos ni libros al pueblo.

            ‑ Gervasio, el droguero, dice que el cartero no trae los pedidos, que será que correos anda mal ‑dijo Fidel.

            ‑ Pero sea lo que sea, usted tie que hacer algo, don Felipe, que para algo es usted el alcalde. Si en nuestro pueblo no tenemos biblioteca y el droguero ya no trae libros, ¿qué vamos a hacer? ¡Lo único que tenemos es la enciclopedia de ir a la escuela, pero queremos cuentos! ‑argumentó Benito.

            ‑ Por todo ello ‑dijo en todo solemne Timo‑, y en nombre de todos los niños, y de las niñas ‑que no ha entrao ninguna porque les daba cosa‑ le pedimos que averigüe lo que ocurre y busque usted una solución a este problema, a esta carencia.

            La Autoridad, tras tranquilizar de nuevo a los niños y prometerles que tomaría cartas en el asunto, se despidió de ellos con una sonrisa franca y se dirigió a casa de Gervasio, el droguero.

            Cuando Don Felipe llegó al establecimiento, estaba despachando Julián, el segundo hijo del droguero:

            ‑ Bu...uue...eenos días, señor alcalde ‑saludó nervioso el niño.

            Julián no daba pie con bola. Fue a despachar cuarto de detergente y vertió un montón en la báscula. Cada vez se le veía más intranquilo, mirando de un lado para otro y fijando sus ojos periódicamente en los del alcalde. Cuando había terminado de despachar, la Autoridad, sospechando no sabía bien qué, preguntó sin vacilación al hijo del droguero:

            ‑ Julián, ¿tú sabes por qué no os mandan los pedidos de libros y tebeos?

            ‑ No,...señor ‑respondió Julián, un tanto dubitativo‑. Hace más de una semana que no recibimos pedidos...

            ‑ ¿Sólo una semana? ‑exclamó el alcalde‑. Los niños me han asegurado que hace cerca de un mes que tenéis las estanterías vacías de cuentos y libros...¿qué sabes tú?...

             El niño, terriblemente nervioso, contestó:

            ‑ Bueno, alguno ha venido, pero... se han vendido todos...

            Iba a hacerle nuevas preguntas, más directas, ante el visible nerviosismo que mostraba el niño, cuando de improviso salió de la trastienda Gustavo, el droguero:

            ‑ ¡Juliánnnn! ¿Qué es ese lío que hay en el pueblo con los libros? ¿Cómo dicen que no mandan libros, si no hacemos más que recibir y vender todo?

            El niño salió corriendo, pero se encontró con la mano de su padre en su oreja derecha.

            ‑ ¡Alto ahí! ¡Explícame qué está pasando!...

            La confesión  del asustado niño  hizo que Don Felipe, el alcalde, y Gervasio, el droguero estallaran en una sonrisa: Resultó que Julián guardaba en su habitación todos los cuentos, libros y tebeos que recibían de los distribuidores. Los iba leyendo uno tras uno, ávido de lectura, y luego iba sacándolos a los estantes para su venta a los demás niños del pueblo. Así lo venía haciendo desde hacía un par de años, con el beneplácito de sus padres, que observaban gustosos la afición a la lectura de su hijo y su inteligente sistema de leer gratuitamente.

            Pero lo que no entendía Gervasio era porqué en esta ocasión su hijo había acumulado  tanto material. En efecto, verdaderas pilas de tebeos y de cuentos y los pocos libros que habían llegado, salpicaban el suelo y llenaban el armario de la cámara de  la vivienda.

            ‑ Padre ‑se excusó el niño‑, es que había decidido crear una biblioteca. Si seguimos vendiéndolos, los tebeos y los libros seguirán dispersándose por las casas y luego será difícil convencer a todos para que los donen. Así que pensé que era mejor que cuando tuviésemos un fondo decentillo se lo entregásemos al señor alcalde y así podría abrir una biblioteca.

            ‑ Me tomas el pelo o eres así de ingenuo...Pero, hijo, nosotros somos pobres, no hubiésemos podido resistir mucho así, pagando pedidos y no teniendo ingresos de estas partidas...

            Pero cuentan que sí, que era cierto el plan de Julián, que conociendo al muchacho era imposible que hubiese mentido. Así que cuando se supo  la historia del desabastecimiento  de libros que había sufrido la localidad, los demás niños propusieron a la Autoridad que Julián, el hijo del droguero, fuese nombrado hijo predilecto o algo parecido.

            No sabemos si esto se hizo. Pero sí llegó a nosotros el final de la historia: Cuando Gervasio, el droguero, sacó todos los guerreros del antifaz, robertos alcázar, etc. acumulados durante cerca de un mes a las estanterías para ponerlos a la venta ocurrió un hecho insólito: Una larga fila de más de un centenar de niños esperaba en la calle para comprar, nuevamente, los libros, cuentos y tebeos que vendían en la droguería, la única tienda del pueblo donde se podía comprar de todo excepto comestibles...

            Los 1.757  ejemplares fueron vistos y no vistos. Todo estaba vendido, ante la  mirada un tanto desolada de Julián, el niño del droguero. La sorpresa  vendría después, cuando el centenar de niños se dirigió rápidamente al Ayuntamiento: De nuevo el señor alcalde salió, sorprendido, a la puerta. Pero se tranquilizó al ver el feliz semblante, las caras radiantes de alegría de todos los niños. Cuando el último de ellos le entregó los tebeos o cuentos que un momento antes había adquirido, el alcalde comenzó a llorar...de alegría.

            ‑ ¡Vaya si merece la pena ser alcalde...! ‑decía don Felipe emocionado y secándose las lágrimas‑... ¡Claro que merece la pena ser alcalde! ‑repetía el buen hombre...

            Y cuando, dos años más tarde, el alcalde inauguró la Biblioteca Municipal, cuyos primeros 1.757 volúmenes fueron los donados aquel día por los niños del pueblo, Don Felipe decía en su discurso:

            ‑ Mirad, convecinos, cada vez que surge un problema en el pueblo, me acuerdo de estos acontecimientos de los libros y me digo: sólo por esto ya merece la pena haber sido alcalde de este pueblo...

            Y sus vecinos, plenos de emoción al ver el nuevo servicio con el que contaba el pueblo, preferían gritar para así ahogar las lagrimillas que deseaban salir a escena:

            ‑ ¡Que viva nuestro alcalde!

- ¡Qué viva!!!!!!!!! ‑contestaron a coro, con voz alta y sincera.    





*
Escrito en abril de 1992, fue leído por el autor en el Maratón de Cuentos de Guadalajara de ese año.
Fue publicado inicialmente en La Voz del Tajo, Suplemento Día del Libro (24-4-1993), p. XIII. También fue recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España (2006), págs. 25-27.
                       

viernes, 23 de septiembre de 1983

La Biblioteca de Toledo pide vivir



La Biblioteca de Toledo pide vivir*

               Uno de los grandes defectos de este país ha sido la falta de planificación, construir con escasa visión de futuro. Así ocurrió también en Toledo con la Biblioteca Pública del Estado: ubicada en un nueva edificio en 1966, los técnicos de archivos y bibliotecas coincidieron en que esas brillantes instalaciones que integraban la que entonces se denominó Casa de la Cultura quedarían pequeñas en varios años y así lo comunicaron a los responsables del Ministerio de Educación y Ciencia. Evidentemente, se les hizo caso omiso, argumentando que era excesivo el celo profesional que mostraban. El tiempo daría la razón a los técnicos provincianos y, a los cuatro años de inaugurada, la Directora de la Biblioteca Pública se vio obligada a iniciar gestiones para ampliar sus instalaciones, pues su eficacia había quedado limitada por la carencia  de espacio; como el problema era progresivo, en 1973 tuvo que suspender las actividades culturales organizadas por la Biblioteca y el salón de actos comenzó a llenarse de libros que ya no podían acoger los depósitos. De centro vivo cultural, la biblioteca pasó a convertirse en un gran almacén de libros...
               Aquellos intentos primitivos de ampliación no fructificarían hasta finales de 1979, con la compra por parte del Ministerio de Cultura del antiguo convento de Santa Fe, contiguo a la Biblioteca. Ello supuso una esperanza para los toledanos que echábamos en falta un centro bibliográfico moderno, dinámico y funcional, que fuese el núcleo de la actividad informativo-cultural de la ciudad imperial. Pero aquel viejo defecto de este país, de parchear en lugar de dar soluciones a largo plazo, volvió a surgir y en 1981 la Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas anunciaba que Santa Fe se dividiría entre la Biblioteca y el contiguo museo de Santa Cruz. La salomónica división –que no solucionaría los problemas de espacio de ninguna de las dos entidades afectadas- provocó una fuerte polémica contra esa arbitraria decisión. El Ayuntamiento, la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, el sindicato CC.OO., la Asociación de Amigos de la Universidad, intelectuales  toledanos y la prensa provincial se opusieron a la división y pidieron que el histórico convento de Santa Fe, donde naciera el rey Sabio, Alfonso X, se destinara exclusivamente a Biblioteca Pública. El actual partido en el poder se opuso igualmente a la solución Tusell, y por mediación del senador Manuel Díaz-Marta interpeló al Gobierno centrista, asumiendo con claridad y firmeza la postura de los que defendíamos que Santa Fe debería convertirse en la gran biblioteca que necesitábamos y en el centro cultural por el que la ciudad suspira.
Una riqueza bibliográfica y documental desaprovechada 
        El cierre total en marzo de 1983 de la biblioteca toledana agudizaría al límite el problema, formándose un Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública que difundió un manifiesto en defensa del centro bibliográfico, solicitando la inmediata reapertura, la paralización del proyecto de reparto de Santa Fe y la formación de una comisión que estudiase la situación bibliotecaria, museística y archivística en Toledo y negociase una solución real y válida a largo plazo con el Ministerio de Cultura. Historiadores, artistas, escritores, profesores, periodistas y otros numerosos profesionales, caracterizados progresistas de la ciudad, se solidarizaron con el Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca incorporándose así a la lucha para salvar la biblioteca toledana. Lo inaudito e indignante era, además de la catastrófica situación bibliotecaria y archivística de la ciudad (cerrados los archivos Municipal y Diocesano, igual que la Biblioteca, y reducida la jornada del Archivo Histórico Provincial a sólo las mañanas), que el PSOE asumiera sin mayor problema un proyecto elaborado por el equipo de UCD, olvidando incluso que cuando era oposición había luchado contra ese maldito proyecto de división redactado por la Dirección General del Iltmo. Tusell, hombre que desde luego no pasará a  la historia como benefactor de las bibliotecas. El único cambio respecto a la actuación de los centristas ha sido la apertura al diálogo del equipo de Jaime Salinas, con una de arena: no están dispuestos a modificar tan sabia decisión, aún a costa de demostrar su falta de coherencia política.
               Para aquellos que pudieran pensar que el caso de una biblioteca provinciana no es para ocupar tanta página de periódico ni para levantar tan grande polémica, les aclararé que la Biblioteca de Toledo es uno de los más importantes centros bibliográficos europeos. Además de su fondo moderno, contiene la internacionalmente conocida Colección Borbón-Lorenzana (unos 100.000 libros impresos procedentes de las colecciones de los antiguos arzobispos toledanos, algunos de ellos grandes bibliófilos; junto a 411 incunables y más de 1.000 manuscritos de los siglos XI al XIX). A ese interés hay que sumar el legado Malagón Barceló, compuesto por unos 20.000 volúmenes que recogen la producción de los exiliados españoles en Iberoamérica, aún no puesto a disposición del público por las dificultades de espacio de la Bibliotecas, y que será de consulta imprescindible para los interesados en la historia y literatura contemporánea española. El valor de la biblioteca es reconocido por numerosos investigadores de todo el mundo que la visitan o la solicitan servicios como fotocopias, microfilm, etc. 
No a lucha Biblioteca-Museo 
            Los simplistas quieren reducir el problema a una lucha entre los partidarios de la Biblioteca y los amigos del Museo de Santa Cruz. Ambos centros están evidentemente, infrautilizados e imposibilitados de crecer por las dificultades de espacio. Las dos entidades tienen prestigio y ricos fondos. Por ello habrá que buscar una solución que lo sea de verdad y para muchos años. Hace dos años los que clamamos contra la partición de Santa Fe fuimos tachados como rojos, mientras que las voces que defendieron la división lo fueron de derechosos o centristas. En un  asunto que la izquierda asumió casi unánimemente, la postura del PSOE merece al menos un punto de reflexión y la posibilidad de corregir su error con valentía. Si la división se lleva a efecto, Toledo hipotecará su futuro cultural: ni una ni otra institución verá solucionados sus problemas. El Museo, es verdad, tiene  lícito derecho, igual que la biblioteca, a vivir. Pero hay otras fórmulas: Toledo que es una ciudad-museo, salpicada ricamente de museos que muestran las distintas épocas históricas del Arte en Toledo, puede perfectamente asumir el desdoblamiento del actual museo de Santa Cruz, uno dedicado a las Bellas Artes y otro a mostrar la riqueza arqueológica de la provincia toledana. En una ciudad que ve cómo su casco histórico se despuebla y sus edificios monumentales quedan vacíos y amenazados de ruina, no es difícil encontrar sede: el monasterio de San Pedro Mártir, en una ruta museística envidiable, sería ideal para ubicar el nuevo museo arqueológico toledano y diseñarlo modélicamente, con arreglo a las condiciones pedagógicas que la museología actual proclama.
               Santa Fe, situado en el corazón de la ciudad, junto a Zocodover, espera su restauración y desea ser pronto el lugar de encuentro de los toledanos. El actual proyecto de partirlo en dos pedazos obligará dentro de unos años a buscar un nuevo emplazamiento para una de las dos instituciones que se lo disputan. ¿Por qué no empezar a ser serios? ¿Por qué no construir para el mañana? Los toledanos, que estamos cansados de soportar las decisiones arbitrarias del centralismo (el trasvase Tajo-Segura, el fantasma del campo de tiro de Cabañeros, en plenos Montes de Toledo...), espera que en esta ocasión se obre racionalmente y se cuide una ciudad en muchos puntos olvidada y degradada. La rica historia de estas tierras nunca podrá bordarse adecuadamente por los investigadores si seguimos dando sólo soluciones a corto plazo; la libertad de creación y de información, el cambio cultural que tantos deseamos será difícil hacerlo realidad en Toledo con el actual proyecto de dividir Santa Fe. Aún se está a tiempo de rectificar. Si la biblioteca pública es, según la UNESCO, “una fuerza viva al servicio de la enseñanza, la cultura y la información”, la de Toledo puede vivir: instalaciones capaces para acoger el fondo legado por los siglos y los libros que nacerán cada día, y que se garantice el espacio necesario para ejecutar una actividad cultural propia y acorde con el prestigio universal de esta ciudad.



* Escrito el 23-9-1983 para El País. Inédito. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España,  págs. 247-249.

sábado, 30 de julio de 1983

Compás de espera para la Biblioteca Pública de Toledo



Compás de espera para la Biblioteca Pública de Toledo*


              Indudablemente es positivo  el gesto de la Dirección General del Libro, y Bibliotecas de llamar a un comité de defensores de la Biblioteca Pública toledana. Pero absolutizar el  valor de esa acogida sería engañoso.
               Frente a la inaccesibilidad del Iltmo. Tusell hace varios años, Jaime Salinas ha reconocido explícitamente la importancia de que un grupo de ciudadanos levante una campaña de proporciones al parecer inusitadas y clame pidiendo soluciones para una Biblioteca. Y como en este país “el que no llora, no mama”, mostraba el Director General su deseo de que hubiese otros muchos como los locos miembros de este Comité en la confianza de que bastante mayor sería la atención que desde el Gobierno se prestaría al sector bibliotecario.
               El encuentro entre el Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca de Toledo y los representantes ministeriales no sirvió para conseguir la apertura de la Biblioteca pero sí para determinar algunas responsabilidades y aclarar ciertas posturas ante el problema de la ampliación de nuestro máximo centro bibliográfico.
               Porque, con ese común denominador de la preocupación por nuestra biblioteca, esos dos eran los aspectos concretos para los que exigíamos aclaración: el cierre de la biblioteca y el proyecto de ampliación de ésta, en base a la división del convento de Santa Fe.

Tras las promesas de apertura, la biblioteca permanece cerrada

               De la cordial y sincera entrevista de casi tres horas de duración, este Comité pudo constatar la absoluta responsabilidad/culpabilidad de la Dirección General en el cierre de nuestra biblioteca. Y esto es un hecho gravísimo: sin buscar soluciones alternativas, Madrid dejó a los ciudadanos toledanos sin servicio bibliotecario con una ligereza pasmosa. Que el traslado de los 36.000 volúmenes de la Colección Borbón-Lorenzana había que hacerlo –dada la precaria situación del edificio de la calle Cervantes- nadie lo pone en duda; pero que ello se hiciese a costa de la privación de la lectura y la información, hace que pongamos serios reparos a la sensibilidad cultural de los encargados ministeriales de velar por el libro y las bibliotecas.
               En el encuentro se reconoció que la solución podía haber sido situar la totalidad de los volúmenes en la capilla del convento de Santa Fe. Incluso el Ministerio había dado previamente orden a la directora del Museo de Santa Cruz de quitar de esa dependencia unas vitrinas utilizadas en una exposición de cerámica. Al final, faltó autoridad y se prefirió dejar a los toledanos sin acceso al libro antes que enfrentarse al Museo (?)
               Hubo otra cuestión pintoresca: la directora de la Biblioteca tenía solicitados desde hacía meses los créditos necesarios para acondicionar unas salas de Santa Fe para biblioteca infantil (en previsión de que en la actual sala infantil se colocarían parte de los volúmenes de la Colección Borbón-Lorenzana traladados). La Subdirectora General de Bibliotecas, Alicia Girón, profirió quejas contra la Administración, que “es tan lenta y había impedido la realización de esas obras”. Lo curioso es que había olvidado que ella era también Administración y, por tanto, corresponsable de esa lentitud y esa falta de instalaciones bibliotecarias para los niños.
               Sin atreverse a dar fecha, el Ministerio siguió diciendo que la biblioteca se abrirá en quince días “más o menos”. Ya son cuatro meses los que lleva cerrada y resaltamos que, cuando se abra, los niños, que son lo que más necesitan la biblioteca para adquirir hábitos lectores y a los que más perjudica el cierre por la ruptura del ritmo lector, seguirán sin esperanza de poder reanudar las consultas o el préstamo de libros en la biblioteca toledana.
               Este Comité, exceptuando sus numerosas declaraciones en emisoras de radio, ha preferido guardar silencio en la prensa durante un tiempo prudencial. Veinte días después de la entrevista, la Biblioteca permanece cerrada a cal y canto y nos vemos obligados a entonar nuestra protesta.
La futura ampliación de las instalaciones bibliotecarias
               Sobre el proyecto de división de Santa Fe para ampliar Biblioteca y Museo, se ha escrito mucho. Quizá demasiado. Numerosos artículos en prensa, polémicas y actitudes dictatoriales de antiguas autoridades ministeriales han conformado la historia reciente de una biblioteca que nació incapacitada para su crecimiento natural. No faltó tampoco la oposición de la izquierda, materializada en un momento en un comunicado de CC.OO en contra de la división del convento y una interpelación del senador socialista al Gobierno en idéntico sentido. A distintos niveles, el contencioso Biblioteca-Museo fue politizado al máximo, y siempre se dijo que el rojerío apoyaba a la biblioteca y la derecha (UCD, Opus,... ) al Museo. Evidentemente, se trata de una clasificación simplista, pero que tiene su parte de razón. El hecho, además, de que el concejal del P.C.E., Luis Alfredo Béjar defendiera en el Ayuntamiento que la totalidad del convento se destinase a ampliación de los servicios de la Biblioteca –apoyando así la moción de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas- fue otro ingrediente más de la creciente politización del tema.
               Esta ha sido una de las cuestiones que recordamos al Director General del Libro y Biblioteca en la entrevista del 2 de julio. ¿Por qué el PSOE, hoy en el poder, se desdice de su postura anterior y asume sin la más mínima autocrítica el proyecto Tusell?
               Desde hace unos días obran en nuestro poder los planos de Santa Fe, con el anteproyecto sobre la distribución de los servicios destinados a Biblioteca y Museo. No es momento ahora de presentar las graves deficiencias que observamos en el mismo de cara a que sea válido a corto, medio o largo plazo. En su día lo haremos, tras su estudio exhaustivo. Pero sí queremos afirmar rotundamente que con las instalaciones que se proyectan, Toledo volverá a hipotecar seriamente el futuro bibliotecario e informativo. Sin duda que todo lo que se construye viene a significar alguna mejora y una aportación; pero cuando se observan con certeza las deficiencias estructurales que el nuevo  centro tendrá y las limitaciones para su crecimiento, no podemos por menos que echarnos a temblar.
               Nos preocupa también el empecinamiento de que la división en intocable. “Bellas Artes exige la parte museable” –nos dijeron- . Incluso llegó a afirmarse que sólo la capilla de Belén y el ábside eran monumento histórico nacional; no así el resto del edificio (en el que hay que destacar un magnifico artesonado pintado del siglo XV y unas yeserías del siglo XVI). Luego llegó la contradicción -el Ministerio  querría adquirir todo el edificio para biblioteca, pero los problemas económicos...- Y entonces recordamos que ya el Ministerio estuvo dispuesto en la época de Tusell (ante la oposición al proyecto de división de Santa Fe que se dio en 1981) a acondicionar el monasterio de San Pedro Mártir para biblioteca, financiando el costo de esa adaptación. Ya entonces alguno de nosotros dijo que si bien era una solución aberrante para la biblioteca era una medida óptima para el museo, que se podía desdoblar en dos vertientes y trasladar a San Pedro Mártir la parte arqueológica.
               Creemos que no está existiendo clarividencia. Estamos ante la oportunidad histórica de dotar a Toledo de unas instalaciones informativo-culturales decisivas, y sin embargo da la sensación de que vuelve a no planificarse cara al futuro; la falta de ilusión por conseguir un edificio válido al menos para los próximos veinte años indican una cierta tacañería de principios al pensar que los problemas con que cuentan las bibliotecas hoy no se va a solucionar en gran parte con un gobierno socialista en el poder, que debe poner en el libro y la cultura las máximas esperanzas de transformación de nuestra sociedad. Pero esta pobreza planificadora no afecta sólo a la biblioteca: también el museo de Santa Cruz padecerá el lastre de la falta de visión. El Museo, que lo es fundamentalmente de Bellas Artes, a la larga no va tampoco con este pedazo de tarta del edificio de Santa Fe a solucionar sus necesidades de espacio. Y cuando una autoridad tan eminente como el profesor Máximo Martín Aguado recuerda que Toledo perdió la posibilidad de tener un gran museo arqueológico, es nuestra obligación decir que Santa Cruz seguirá siendo un mediocre museo arqueológico, sin posibilidad de adaptarlo –en sus actuales y futuras instalaciones de Santa fe- para convertirlo en un museo moderno, con las condiciones pedagógico-didácticas que la museología actual reclama para estos centros educativos. Cuando San Pedro Mártir atraviesa una preocupante situación de deterioro, debemos recordar otra moción de la Academia toledana en la que esta institución solicitó la instalación allí del nuevo Museo Arqueológico toledano, con espacio suficiente y válido a largo plazo para concebir un museo modélico.

La responsabilidad es del  Ministerio de Cultura

               Desde las sucesivas direcciones generales de bibliotecas –la de UCD de Tusell y la del PSOE de Salinas- se ha pretendido hacer creer a la opinión pública que si carecemos de biblioteca o si el proyecto de ampliación de ésta permanece paralizado es por culpa de los protestones de turno. Ante esa postura tan poco realista y escasamente ética, volvemos a manifestar que este Comité está compuesto por ciudadanos que no tienen ninguna capacidad decisoria, ni siquiera de gestión. En un gesto que ya hemos valorado suficientemente, fuimos llamados a Madrid para infomarnos y ser convencidos de lo que Toledo iba a ganar con este proyecto, incluso –según se dijo allí- a costa de dejar a otras provincias sin consignación presupuestaria para nuevas inversiones. Con la mayor seriedad del mundo, y ante la posibilidad de que todas las provincias españolas vean en Toledo la culpable de sus desdichas bibliotecarias, afirmamos que es preferible sacrificar a nuestra tierra en una cosa más que no enemistarnos con el resto del país, máxime cuando esas cuantiosas inversiones se van a hacer  sin la certeza de que constituyan una solución para la privilegiada Toledo. Por tanto, la responsabilidad de si se amplían o no la biblioteca y el museo; y de si se tarda más o menos en la realización de esas obras, será exclusivamente del Ministerio de Cultura. Y, evidentemente, el cómo se haga (bien o mal, con perspectiva de futuro o como una solución muerta antes de nacer) será igualmente responsabilidad de las autoridades ministeriales. Así lo dijimos claramente en Madrid y hoy volvemos a recordarlo. Nosotros, en todo caso, seremos espectadores de cuanto suceda y ciudadanos con derecho a opinar y a denunciar si fuera preciso unas soluciones que en nada cambiarán el presente culturalmente mortecino de esta ciudad.
               Uno de los máximos retos del P.S.O.E. es el del libro y las bibliotecas. Si existe suficiente convicción política de que la lectura es importante en este país, se invertirá en ese terreno. Si no es así, seguiremos hablando de las dificultades económicas, que a veces ya suenan a eterna excusa. Ley de Bibliotecas, creación de bibliotecas en las localidades mayores de 3.000 habitantes, bibliotecas modélicas en las capitales de provincia, con arreglo a las normas de la I.F.L.A.; e impulso de la actividad editorial a través de crecientes adquisiciones de libros con destino a las bibliotecas públicas, son algunas de las promesas del equipo del señor Salinas. Deseamos que todo el Gabinete asuma este proyecto y no pierdan la ocasión de sentar un mal precedente en Toledo. Porque si es verdad que ahora hay escaso presupuesto para adquirir libros, cuando el cambio sea realidad la nueva biblioteca de Toledo (la que se cree en Santa Fe) quizá ya tenga que ir pensando en otra ampliación para poder acoger los miles de volúmenes que tendrán la posibilidad de ingresar en nuestro centro bibliográfico y convertirse así en privilegiados compañeros de los 100.000 volúmenes que legaran los cardenales Borbón y Lorenzana, los 20.000 del fondo Malagón Barceló, los 10.000 de temática toledana y los adquiridos a lo largo de su historia por la biblioteca pública de esta ciudad.
               Hacemos un llamamiento a la meditación y abrimos un compás de espera.


* La Voz del Tajo (30-7-1983), pag. 2. Redacté este artículo, que apareció publicado y firmado por el Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs. 243-247.

martes, 21 de junio de 1983

Biblioteca Pública de Toledo



Biblioteca Pública de Toledo*


Las bibliotecas continúan sin ser atendidas debidamente. Falta de personal técnico y auxiliar, escasos presupuestos, edificios en muchos casos insuficientes e inadecuados, son algunos de los problemas que afectan a las existentes. Luego están esa inmensa mayoría, legión de bibliotecarios. Y como trasfondo la promesa del actual Director General de Libro y Bibliotecas, Jaime Salinas, de crear bibliotecas en los municipios mayores de 3.000 habitantes, siguiendo los módulos que en este campo marca la UNESCO. Y deseamos cargarnos de esperanza.
Pero lo peregrino, lo triste, lo inaudito es el cierre de una biblioteca tan importante como la de Toledo. Todo el mundo lo reconoce: sus 100.000 volúmenes de fondo antiguo (procedentes de la colecciones legadas por los arzobispos toledanos), casi otros tantos libros del siglo XX; el fondo Malagón Barceló, que recoge la mayor parte de la producción de los exiliados durante sus años en Méjico y otros países iberoamericanos más importantes de todo el país. Por ello, cuando no estamos sobrados de bibliotecas, resulta paradójico que se cierre una.
La Biblioteca Pública del Estado en Toledo lleva desde hace años una vida azarosa: asfixiada, tuvo que cerrar su salón de actos en 1973 y convertirla en nuevo depósito para poder seguir incorporando nuevos volúmenes; adquirido en 1979 por el Ministerio de Cultura el edificio colindante de Santa Fe para ampliar sus instalaciones, dos años después el entonces Director General, Javier Tusell proyectó la división de este último inmueble entre el museo de Santa Cruz, la biblioteca y el archivo histórico porvincial, división que ocasionó una fuerte polémica en la ciudad y que  no solucionaba los problemas de espacio de ninguna de esas instituciones. Ahora, para acoger 30.000 volúmenes de la Colección Borbón-Lorenzana que se encontraban en la antigua y ruinosa sede de la biblioteca provincial, cierra sus puertas, con expreso consentimiento de la Dirección General de Libro y Bibliotecas y cuando había soluciones diversas (como el traslado de esos volúmenes al contiguo convento de Santa Fe). La sala de lectura, como ayer el salón de actos que daba vida a la Casa de Cultura  (de la que sólo queda hoy la pomposa denominación), se utiliza ahora para depósito, dicen que provisionalmente. Pero miedo, pavor, nos dan las soluciones provisionales que se adoptan en este país.
En Toledo un centenear de amantes de la cultura (historiadores, artistas, poetas, novelistas, representantes de instituciones ciudadanos y organizaciones vecinales) han firmado un manifiesto apoyando a la biblioteca pública toledana, unidos por el carácter progresista y la ilusión porque el cambio sea real en esta ciudad. Pero todo ello no puede eximirnos de seguir ejerciendo la crítica cuando sea necesaria.
La apertura de la biblioteca toledana es un primer paso que exigimos; el siguiente será su dinamización ( con aumento de personal técnico y auxiliar) y popularización: su acercamiento a todos los toledanos. Y respecto al contencioso que enfrenta a museo, archivo y bilbioteca para repartirse la “tarta” de un edificio sobre el que efectuar su legítima expansión, nuestra postura es clara: la formación de una comisión que formule la mejor solución para la ciudad. Repetir los procedimientos dictatoriales de antiguos directores generales que decretan desde Madrid y cambiaban de opinión cada vez que se publicaba un artículo en la prensa, sería lamentable.
La biblioteca es, según la UNESCO, una “fuerza viva al servicio de la enseñanza, la cultura y la información”y “un instrumento indispensable para fomentar la paz y la comprensión”. Si el interés por la cultura y por las bibliotecas es real, hoy pedimos una prueba de, al menos, buena voluntad: que la biblioteca de Toledo abra sus puertas al público, y que lo haga con rapidez y dignidad.


* Carta al Director. Diario 16 (21-6-1983), p. 4. Redacté y fui primer firmante de esta carta. Texto recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs. 241-243.

domingo, 15 de mayo de 1983

Manifiesto en defensa de la Biblioteca Pública de Toledo



Manifiesto en defensa de la Biblioteca Pública de Toledo*


La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) proclamó en su Manifiesto de 1912 la confianza que esa máxima Institución ponía en la Biblioteca "como fuerza viva al servicio de la enseñanza, la cultura y la informaci6n, y como instrumento indispensable para fomentar la paz y la comprensi6n internacional".
Los abajo firmantes, to1edanos, hombres y mujeres preocupados por la cultura viva de esta ciudad, amantes de la Historia, el Arte, la Literatura y otras manifestaciones representativas de la actividad cultural, dan a la luz pública el siguiente comunicado:
Primero.-  Lamentamos profundamente el cierre desde hace dos meses de la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, cierre que impide el acceso de los ciudadanos a esta primordial institución. Con esta medida se agravan notablemente la ya deteriorada situación de nuestro máximo centro bibliográfico y las difíciles condiciones que para el trabajo intelectual ofrece esta ciudad.
Segundo.- Acordamos recordar la importancia que el Manifiesto de la UNESCO concede a las bibliotecas en la vida de una comunidad:
“La biblioteca pública es una muestra de la fe de la democracia en la educación de todos como un proceso continuo a lo largo de la vida, así como en la aptitud de todo el mundo para conocer las conquistas de la Humanidad en el campo del saber y de la cultura...
Es el principal  medio de dar a todo el mundo libre acceso a la suma de los conocimientos y de las ideas del hombre, y a las creaciones de su imaginación.
Su misión consiste en renovar el espíritu del hombre suministrándole libros para su distracción y recreo, ayudar al estudiante y dar a conocer la última información técnica, científica y socio1ógica...
...Para lograr plenamente sus objetivos,  ...ha de ser de fácil acceso y sus puertas han de estar abiertas para que la utilicen libremente y en igualdad de condiciones todos los miembros de la comunidad, sin distinción de razas, color,  nacionalidad, edad, sexo, religión, lengua, situaci6n social y nivel de instrucción...”
Tercero.-  Consecuentes con el anterior espíritu, solicitamos de los poderes públicos:
a)      La inmediata reapertura de la Biblioteca Pública do Toledo.
b)      La paralización del actual proyecto de división del edificio de Santa Fe entre biblioteca, museo y archivo.
c)      La formación de una comisión (integrada por las distintas partes afectadas y por representantes del Ministerio de Cultura, Ayuntamiento, Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, y ciudadanos interesados por la problemática cultural y, más concretamente, por la situación bibliotecaria, museística y archivística en Toledo) para que, con verdadera actitud democrática, busque las soluciones que más interesen a la ciudad de Toledo, en orden al más adecuado desarrollo y utilización de estos servicios por parte de todos los toledanos.
d)     Una vez solucionado el contencioso de la divisi6n de Santa Fe (con adjudicación, si fuera preciso, de otros edificios para asegurar la ampliación de alguna de las instituciones implicadas), recabar del Ministerio de Cultura las medidas que aseguren la dinamización y popularización de estos centros de cultura, con incremento de personal técnico y auxiliar y de las partidas presupuestarias necesarias para desarrollar la importantísima misión que biblioteca, museo y archivo están llamados a realizar sobre la sociedad toledana. 

Cuarto.- Una representación de los firmantes de este comunicado quedará constituido en Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca  Pública, para efectuar un continuo seguimiento del problema, hacer llegar el presente comunicado a cuantas autoridades fuera necesario e iniciar una amplia campaña en los medios de comunicación provinciales y nacionales para conseguir la definitiva recuperación de nuestra Biblioteca y transformarla en lugar de encuentro para todos los toledanos.


* Manifiesto de 15-5-1983. La Voz del Tajo (28-5-1983), p. 7. Redacté este Manifiesto, que creaba el Comité Permanente de Apoyo a la Biblioteca Pública, y encabecé, junto con mi hermano Isidro, la firma y difusión en los medios periodísticos de este Manifiesto. Recogido en el libro Combates por la biblioteca pública en España, págs.