domingo, 26 de abril de 2015

Toledano, ¡ven a vivir al casco histórico!

Toledano, ¡ven a vivir al casco histórico!

En la presentación del libro “Toledo, luz y color”, el alcalde de la ciudad, Emiliano García Page, habló con entusiasmo de que nuestro casco histórico está vivo, repleto de gente, revitalizado. Y mencionó la teoría de que es tal la belleza, y además iluminado, de nuestro casco, que ya de por sí se vende solo. La gente, los turistas, quieren venir a Toledo porque es el casco mejor iluminado y porque su sola contemplación ya es un aliciente turístico para el viajero. En suma, que como diría el refrán, “el buen paño en el arca se vende”. Llegó a decir, incluso, que no era preciso organizar grandes eventos culturales para atraer turistas. Y, por supuesto, en ese panorama idílico, dijo también que los toledanos acuden al casco como lugar de ocio de forma habitual.
Reconozco las dificultades para actuar en los cascos históricos. Pero esa actitud, entendible desde una óptica partidista y de gobernante, no ayuda a resolver los problemas, pues, como dice otro refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Ahora, en plena recta hacia unas elecciones municipales espero y deseo que los distintos candidatos se tomen Toledo en serio, en todos sus aspectos, y sean claros en sus propuestas. De antemano, expreso mi amor por Toledo, donde nací y vivo. Y desde hace cinco años resido además en el corazón de la ciudad, en pleno casco histórico. Es decir, vivo en el casco, recorro el casco, amo el riquísimo patrimonio de nuestro casco histórico, me alegro por la proliferación turística que vive nuestro casco…Pero también conozco las sombras de nuestro casco: el comercio que abandona y deja paso sólo a establecimientos pensando en el turismo, centenares de casas en un estado de abandono lamentable, el problema del modelo de recogida de basuras sin resolver y, sobre todo, la falta de vecinos en el casco.
Si en Toledo vivieron 60.000 habitantes, e incluso según otras fuentes, algunos miles más, el declive continuado del viejo casco histórico le ha llevado a los 10.000 habitantes; y se da la paradoja de que a mayor aumento de la población de la ciudad continúa el descenso de residentes en el casco. Paralelamente a la residencia en los nuevos barrios y en los que después surgirían (Vistahermosa y tantos núcleos residenciales en la zona de la carretera de Ávila, como Valparaiso y La Legua; en la Olivilla y zona de Cigarrales…) muchos toledanos optaron por vivir en las localidades más próximas a Toledo, que ofrecieron viviendas con unos precios infinitamente más accesibles que en la capital.
La despoblación del casco histórico es uno de los mayores dramas de nuestra ciudad. Si en 1940 vivía en el casco el 90% de la población, actualmente de los 83.788 habitantes que recoge el padrón municipal de 1-1-2013, sólo 10.786 residen en el casco histórico (dentro del recinto amurallado), es decir el 12,8% del total de la población. Aunque en los primeros años del siglo XXI parecía que la población del casco no sólo se estabilizaba sino que incluso se incrementó, los últimos años vuelven a ser de descenso.
¿Qué hacer? Es la pregunta del millón. Lo importante es que los toledanos y no toledanos seamos conscientes del problema. Es estupendo traer FARCAMA al casco, programar grandes exposiciones, cualquier actividad que otorgue vida al casco…Pero hay una cuestión indudable: un casco histórico vivo necesita residentes, familias que vivan y sueñen en el Casco. Ventajas fiscales, ayudas en cuantías no casi simbólicas como ahora se otorgan; facilidades para las actuaciones de rehabilitación y, sobre todo, convicción: animemos a los toledanos a vivir en el casco, con ventajas y con una campaña de comunicación que ayude a los toledanos a enamorarse del casco y querer vivir entre sus calles. Hay ayuntamientos españoles con importantes cascos históricos que incluso estuvieron denegando licencias para edificar en barrios nuevos. No es fácil, pero lo esencial es querer resolver el problema: si queremos y estamos convencidos de que nuestro casco no debe convertirse en un parque temático encontraremos fórmulas, con la ayuda de los expertos. Tal vez, alguno de los candidatos a presidir el ayuntamiento podría entre sus propuestas incluir un eslogan parecido a éste: “Toledano: ¡Ven a vivir al casco histórico!”. Pero, claro, si lo hace debe estar dispuesto a poner en marcha algunas medidas que conviertan en realidad ese reto, casi utopía. Pero sin esperanza el casco terminará siendo sólo atractivo para los turistas. Yo al menos no me resigno a ello.

jueves, 16 de abril de 2015

Bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha: para seguir avanzando

Bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha:
para seguir avanzando


He reiterado muchas veces que las bibliotecas públicas deben estar en la agenda política. Y en artículos anteriores expuse la necesidad de que, ante las próximas elecciones autonómicas y municipales, los partidos políticos anuncien sus propuestas e incorporen a los programas electorales las iniciativas que prometen llevar a cabo. Estamos en compás de espera, pues generalmente sólo se han hecho públicos los Programas-marco para estas convocatorias. De lo visto hasta ahora, podemos calificar de escasas y de poco calado las menciones que los partidos hacen respecto a bibliotecas, y sin referencias a la biblioteca pública como motor de desarrollo, centro neurálgico para la sociedad local, puerta democrática de acceso a la información, etc. Invito a consultar esos programas pero anticipo que el resultado del encuentro será, nuevamente, la decepción. Y sin embargo hay muchísimo por hacer. Si me lo permiten enunciaré algunas de las prioridades.
Quien gobierne a nivel regional deberá materializar el proceso de firma de convenios de financiación de las bibliotecas públicas municipales integradas en la Red de bibliotecas públicas de Castilla-La Mancha, que está previsto en la Ley 3/2011, de la Lectura y de las bibliotecas de CLM, y que hasta ahora no ha sido abordado. Ese es un gran objetivo y los partidos deberían pronunciarse y comprometerse pues de esa acción depende el futuro de buena parte de las bibliotecas de nuestra Comunidad Autónoma.
Por su parte, las capitales y otras grandes poblaciones han de empeñarse en ofrecer a sus habitantes una red municipal de bibliotecas moderna y con servicios adecuados a su localidad. Por enésima vez menciono que la ciudad de Guadalajara no tiene ni una sola biblioteca pública municipal; y que la capital de la Región, Toledo, tiene cuatro bibliotecas municipales con reducidos horarios, recursos humanos escasos y con bastante parálisis desde hace décadas. No citaré la situación de cada una de las grandes ciudades, muy desigual y en algunos casos sorprendente por su precariedad, hasta el punto de que incluso diversos centros no pueden integrarse en el Catálogo Colectivo de la Red de Bibliotecas Públicas de CLM.
Habrá que intentar subsanar el escandaloso descenso en los presupuestos para adquisiciones de fondos bibliotecarios, ya bien visible en las estadísticas del conjunto del país y de la región. Pero además es necesario un impulso del Servicio E-Biblio Castilla-La Mancha, de préstamo de libros digitales a través de bibliotecas públicas mediante la incorporación periódica de nuevos títulos. Las bibliotecas, si se quedan al margen del préstamo de libros electrónicos o éste tiene una oferta muy reducida de títulos, perderán lectores y usuarios, como ya se está experimentando por el poco presupuesto que se destina a la compra de novedades.
Otro aspecto esencial es el desarrollo de programas de culturales y de animación a la lectura. A pesar de la creatividad e imaginación de los profesionales bibliotecarios, se precisan presupuestos para que la biblioteca desarrolle un programa cultural atractivo y permanente que atraiga a los ciudadanos de todas las edades y sectores sociales a utilizar los servicios de la biblioteca pública.
Como he mencionado otras veces, en tiempos de crisis los políticos tienen que analizar las prioridades que precisan los ciudadanos. Y en esa tarea sin duda los servicios bibliotecarios son absolutamente necesarios, frente a otras políticas culturales basadas en grandes eventos, ciertamente más de escaparate.
En positivo: animo a tantos candidatos a las alcaldías y concejalías de educación y cultura a seguir promoviendo servicios bibliotecarios en sus localidades, a apoyar a las bibliotecas para que constituyan centros básicos de cultura, convivencia, desarrollo e inclusión social. Les animo a que apuesten por contar con bibliotecarios profesionales que son el corazón de la biblioteca y una garantía del éxito de este servicio público. Espero de su inteligencia que, cuando tengan que optar presupuestariamente, nunca olviden o dejen de lado a la biblioteca pública, garantía en las comunidades locales en la prestación de muchísimos servicios.
Con la presencia de internet y en pleno siglo XXI, las bibliotecas públicas siguen siendo imprescindibles. También algunos políticos son imprescindibles para el presente y el futuro de las bibliotecas. Aunque, lamentablemente, habrá otros que por su olvido o desdén hacia las bibliotecas no merezcan pasar a la historia de cada municipio sino a ser relegados al olvido.



miércoles, 15 de abril de 2015

Entrevista en Infobibliotecas. Promesas electorales. Entrevista sobre elecciones.

¿Qué balance haces de las políticas municipales y autonómicas ejecutadas en los últimos cuatro años respecto a las bibliotecas?

Sinceramente no conozco en detalle las políticas bibliotecarias seguidas por ayuntamientos y comunidades autónomas en todo el país. Hay, lógicamente, de todo, pues como he dicho muchas veces en España en el campo de las bibliotecas públicas hay  un verdadero marco de desigualdades. La situación depende de la legislación existente en cada región o del interés institucional y político de cada gobernante. Al contrario que en otros servicios públicos (centros docentes, sanitarios…) que existen unos parámetros y obligaciones de carácter estatal, las bibliotecas públicas siguen siendo demasiadas veces una opción muy voluntarista. Las diferencias entre regiones y localidades son enormes, y ahí están los datos para corroborar el mayor o menor interés político en los servicios bibliotecarios. Lógicamente, como interesado por las políticas bibliotecarias,  sigo los datos estadísticos del conjunto del país, y desde luego son significativos de los recortes y del parón que se está produciendo en los servicios de bibliotecas públicas en nuestro país.
Las estadísticas de bibliotecas públicas españolas que coordina y publica el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte son bien explícitas de estas diferencias de políticas. Aunque los últimos datos corresponden al 2012 y faltan los de Cataluña, que lamentablemente lleva varios años sin aportar información estadística al sistema, creo son elocuentes. Por ejemplo, en documentos por habitantes lideran las colecciones Navarra (3,2) y Castilla-La Mancha (3,0) frente a regiones como Canarias (1,06),  Madrid (1,15), Andalucía (1,18), Cantabria (1,32), Valencia (1,40). La media nacional es de 1,67.
Si cogemos otro indicador significativo, como el del gasto corriente por habitante, con un gasto medio de 7,99, que es ridículo frente a cualquier otro servicio público, las diferencias son también abrumadoras. Están a la cabeza el País Vasco, con 17,29 € y Castilla-La Manchas, con 13,25.  En el polo opuesto están Baleares (3,78 €), Canarias (4,57 €), Valencia (5,18 €), Andalucía (5,64 €). Invito a ver otros indicadores para no alargar aquí la serie.

Sí he seguido, lógicamente, y conozco bien las políticas desarrolladas en Castilla-La Mancha. El Gobierno regional siempre actuó de “punta de lanza” en las políticas, promoviendo programas de apoyo a las bibliotecas municipales (ayudas para personal, adquisición de colecciones, actividades culturales, e incluso para inversiones) y todo ese entramado de colaboración económica se ha paralizado. Muchos ayuntamientos han rebajado sus aportaciones hasta el mínimo e incluso en las cinco bibliotecas públicas del Estado, gestionadas por la Junta, se han producido descensos escandalosos. Afortunadamente los ciudadanos respaldan a las bibliotecas y por ello las bibliotecas municipales se están manteniendo contra viento y marea. 

¿Qué modelo de biblioteca pública os gustaría ver reflejado en los programas electorales de las fuerzas políticas que se presentan a las próximas elecciones municipales y autonómicas?

Lo que es el servicio de biblioteca pública está bien expresado en la legislación, en documentos de IFLA, en el Manifiesto de la UNESCO, etc. Lo que ocurre es que dependiendo del tipo de población puede enfocarse de distinta manera.  En la mayoría de los municipios la Biblioteca Pública debe constituir el centro sociocultural e informativo más importante para la comunidad. No sólo es la puerta democrática de acceso a la información, la cultura, la educación permanente y el ocio positivo. Es que debe asumir el papel de lugar de encuentro, de debate público, de convivencia, de acogida de sectores sociales de todo tipo. La biblioteca pública prescinde de barreras ideológicas, sociales, religiosas, lingüísticas, de edad, de nivel social…y acoge a todos los ciudadanos.  Esto no es una teoría: cualquier persona debe sentirse en una biblioteca como en su propio y hogar y, lógicamente, los políticos responsables de la institución de la que depende la biblioteca no pueden seguir criterios partidistas para gestionar el centro. La biblioteca es un centro de libertad y un faro de esperanza, y en época de crisis como la actual es la institución que garantiza el acceso de todos los ciudadanos al conocimiento. En las grandes ciudades es lógico que existan otros centros culturales, pero aún en esos casos la Biblioteca debe ser un amplio espacio de oferta de servicios: exposiciones, conciertos de pequeño formato, ciclos de conferencias, presentaciones de libros, cuentacuentos, cine, teatro, clubes de lectura, reunión de colectivos…

Esto puede parecer una teoría, pero es la realidad en una biblioteca como la que yo dirijo, la Biblioteca de Castilla-La Mancha, y en  tantísimas bibliotecas de nuestro país.. Pero, lamentablemente, hay gentes que no creen en este modelo de biblioteca, que incluso piensan que en la era de internet las bibliotecas y los bibliotecarios ya no hacen tanta falta (que tenemos a google  ¡vamos!).  Pero no es así. Necesitamos bibliotecas en nuestra vida. Una biblioteca –y perdóneseme la definición un poco “comercial”- es una gran superficie cultural, informativa y educativa y cada día debe ofrecer “ofertas” a los ciudadanos que les animen a ir a la biblioteca. Las bibliotecas no pueden caer en la rutina y de forma permanente deben estar presentes en la vida de las personas y de la sociedad.

¿Qué prioridades deben tener las políticas municipales respecto a las bibliotecas en los próximos cuatro años?

Los ayuntamientos en el período democrático han realizado sin duda un gran esfuerzo financiero. Pero a veces sin cabeza. Quiero decir que es necesario articular las políticas culturales en torno a las bibliotecas públicas y dejarse de crear tantos centros culturales (salas de exposiciones, centros cívicos,…) luego difíciles de mantener. Esto sobre todo es fundamental en localidades de hasta aproximadamente 25.000 habitantes y, desde luego, imprescindible en localidades menores de 10.000 habitantes. En ciudades como Toledo hay centros culturales sin una planificación y oferta continuada, a veces monumentos faraónicos ahora paralizados, mientras que   las bibliotecas municipales están igual que hace décadas, con horario escaso y sin apenas personas sin presupuesto.
Luego hay ayuntamientos que no cumplen siquiera la obligación de tener una biblioteca pública en su municipio. Vengo denunciando desde hace décadas que un ayuntamiento de capital de provincia como Guadalajara que no tiene ni una biblioteca pública y la ciudad sólo dispone de la Pública del Estado.
Otra cuestión es el número de bibliotecas en los municipios mayores de 5.000 habitantes. En otros servicios (educación, sanidad…) se han construido centros de acuerdo a las necesidades de la población. En bibliotecas no siempre ha sido así y muchas veces entendemos que porque una ciudad tenga una biblioteca ya tenemos atendida la población. La cuestión de las verdaderas redes de bibliotecas en localidades de más de 25.000 habitantes en una asignatura pendiente en muchas localidades españolas. Y no estoy poniendo el acento en lo negativo: claro que se ha hecho mucho en bibliotecas durante los últimos treinta años, pero es insuficiente. Leer, la información, la educación permanente…todos los servicios que se prestan desde una biblioteca pública constituyen un derecho de todos los ciudadanos, independiente de en qué localidad o en qué región vivan. Y no debe discriminarse a nadie por vivir en un municipio pequeño. En Castilla-La Mancha hemos sido muy progresistas y nuestra legislación “obliga” a tener biblioteca en municipios mayores de 1.000 habitantes, frente a lo establecido en todo el país. Pero no es fácil.

¿Qué medidas concretas pueden impulsarse desde municipios y CCAA para que las bibliotecas se conviertan en epicentro de la vida cultural de sus comunidades?

Ahora precisamente necesitamos que las bibliotecas sean el centro neurálgico de los ciudadanos, que lance propuestas de regeneración y de cultura para la sociedad a la que sirve, que disponga de colecciones actualizadas, que sea el lugar de expresión y de vida cultural de todos los colectivos. La biblioteca debe trabajar en coalición y complicidad con la sociedad y tener una presencia pública permanente a través de sus programas y de los medios de comunicación. Pero esto no es cosa de “magia”.  Las bibliotecas precisan bibliotecarios profesionales y con unos horarios que garanticen un servicio adecuado a los ciudadanos.  No puede haber bibliotecas que abren unas horas o unos días. Igual ocurre con las adquisiciones: necesitan un presupuesto que garantice la actualización de la colección y, consiguientemente, el interés de los usuarios por acudir a la biblioteca a utilizar sus servicios. Igual ocurre con las nuevas ofertas de libros electrónicos: han de buscarse fórmulas a nivel nacional para ampliar el catálogo, sin que ello suponga una concentración del gasto del presupuesto en esos nuevos servicios.

En época de crisis y de recortes, hay que exigir a los responsables políticos que no tomen la decisión fácil de prescindir de biblioteca o del bibliotecario o disminuir sus presupuestos de forma tal que hagan inviable o poco atractivo el servicio de biblioteca pública. Cuando hay disminución de presupuestos públicos, los responsables tienen que hacer una profunda reflexión sobre las prioridades políticas y sociales que han de seguirse en cuanto a la elección de las prioridades de actuación. Por ejemplo, no pueden gastarse en actuaciones culturales de “escaparate· (grandes conciertos y exposiciones, conmemoraciones…) cantidades enormes mientras que a las bibliotecas se destinan presupuestos ridículos. A veces dejar de hacer varios  kilómetros de autovía garantiza el funcionamiento de una red regional de bibliotecas con dignidad. Los presupuestos estoy de acuerdo que no pueden ser inmovilistas pero tiene que haber un equilibro y un traspaso de partidas a unos servicios como las bibliotecas públicas por los que pasan cada día millones de personas.

En definitiva, los bibliotecarios hemos de hacer un esfuerzo pedagógico sobre las bondades de la biblioteca pública, cada uno en su marco de actuación. Y conseguir la complicidad de los usuarios: si tenemos el apoyo de la sociedad ningún político se atreverá a cerrar una biblioteca pública o a disminuir de forma radical sus presupuestos.

Por todo esto es importante una presencia pública y una exigencia seria, sobre todo desde las asociaciones profesionales, para que los partidos políticos incluyan en sus programas propuestas para las bibliotecas. Yo al menos lo haré para mi región.

¿Es necesario introducir cambios legislativos a nivel autonómico en relación a las bibliotecas públicas? En caso afirmativo, ¿en qué aspectos?

Durante décadas clamé por una ley nacional de bibliotecas, exactamente de coordinación bibliotecaria. Prediqué muchas veces en el desierto, plantee esa necesidad en todos los foros profesionales e institucionales a los que asistí, escribí artículos de opinión en prensa nacional y regional…Pero cuando finalmente se aprobó la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas, resulta que es un monumento a la estupidez y la escenografía. Es una Ley que no sirve para corregir ninguno de los problemas de las bibliotecas de nuestro país, a pesar que en  la tramitación se introdujeron enmiendas presentadas por asociaciones e incluso por otros partidos. Pero finalmente el PSOE en la última sesión de aprobación en el Congreso deshizo el camino andado y anuló las modificaciones que incluso ellos mismos habían presentado. Digo esto porque lo primero que habría que hacer es una modificación más ambiciosa de esa Ley. Ya sé que algunos hablan de que las comunidades autónomas tenemos competencias en política de bibliotecas, pero ello también ocurre en la sanidad o en la educación y sin embargo tiene que haber una ley-marco que establezca quién debe prestar el servicio de biblioteca pública y cómo debe ser ese servicio en función de la población a atender.
Eso es lo primero que hay que hacer. En este sentido sería necesario paralelamente demandar a la Unión Europea una directiva que obligue a los Estados miembros a prestar el servicio de biblioteca pública en unas condiciones que se garantice ese derecho de los ciudadanos de la Unión.

A partir de esas dos iniciativas legales, habrá que abordar la reforma de algunas de las leyes autonómicas, especialmente de aquellas que no han desarrollado suficientemente su legislación y normativa. A veces la ley no es suficiente pero es un paso necesario. Y luego hay que continuar luchando: por ejemplo, en Castilla-La Mancha contamos con una Ley que yo creo que es excelente –dentro de las posibilidades-, una ley que yo llamo de “segunda generación” que se promulgó en 2011. Se aprobó en la anterior legislatura y en la actual está costando mucho trabajo su desarrollo. Hay un aspecto crucial: la firma de convenios entre la Administración Autonómica y las Administraciones Locales para garantizar el servicio de biblioteca pública de forma estable. De momento, a pesar de que la Junta  ha dejado de destinar recursos a subvencionar programas de las bibliotecas municipales, se está manteniendo la Red, aunque se hayan producido algunos cierres. Pero es fundamental garantizar la financiación que garantice que el servicio de biblioteca pública no va a depender de vaivenes políticos o personales. Tenemos un gran castillo, una gran red de 500 bibliotecas, que podría desmoronarse como un “castillo de naipes” si no se garantiza esa estabilidad. Que hubiese un compromiso de las Administraciones Públicas para la nueva Legislatura ya sería mucho, aunque nos parezca poco relevante…

¿Cuáles son los grandes errores que se cometen habitualmente en las políticas municipales y autonómicas respecto de las bibliotecas y que convendría evitar?

 En bastantes comunidades autónomas y en numerosas ciudades españolas hay grandes carencias en sus políticas bibliotecarias.  La primera cuestión, de orden conceptual, ya la he expresado: no se da a la biblioteca pública la importancia y consideración que tiene para los ciudadanos o que debe tener. En la sociedad de la información las bibliotecas tienen un papel esencial, crucial, y precisan de recursos. Creo que este primer error es común a ayuntamientos y comunidades autónomas. El segundo error, en los municipios, es no considerar a la biblioteca como un centro vertebrador y generador de la política cultural e informativa del municipio. Un tercer error es la atomización de espacios culturales (salas de exposiciones, centros de juventud, centros de mayores centros cívicos y culturales, centros de internet…), que luego no pueden prestar un servicio adecuado, con horarios insuficientes, muchas veces cerrados, personal escaso o falto de preparación técnica…  Por ello tenemos un mosaico muy grande de situaciones: ciudades medianas o grandes con unas redes de bibliotecas muy potentes, que muchas veces son el servicio mejor valorado por los ciudadanos, frente a ciudades de similar población con un número ridículo de bibliotecas, sin planes estratégicos, que no programan actividades culturales, con presupuestos escuálidos y poco personal….


lunes, 2 de marzo de 2015

Decálogo para el mecenazgo en bibliotecas públicas

Decálogo para el mecenazgo  en  bibliotecas públicas

En el VII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, celebrado en Badajoz en noviembre de 2014, presenté mi comunicación “Cofinanciación y mecenazgo en la Biblioteca de Castilla-La Mancha”, que había sido seleccionada para su presentación pública en las sesiones del Congreso por el Comité Científico.  Aunque este texto estará publicado en las Actas de dicho encuentro, comparto con los lectores de ANAQUEL el decálogo de recomendaciones para los profesionales de bibliotecas públicas. Aunque la comunicación se refiera a la Biblioteca de Castilla-La Mancha, entendemos que la experiencia que estamos desarrollando en la BCLM, con las diferencias lógicas que tal vez marcan el propio edificio de nuestra sede y las circunstancias socioculturales, demográficas y de otro orden, puede ser desarrollada en la mayoría de bibliotecas públicas. No es momento ahora de escribir un tratado sobre el mecenazgo y la cofinanciación en las bibliotecas, pero sí podemos enunciar un decálogo de propuestas, a modo de recomendaciones básicas:
            1º) Que el Plan Estratégico de la biblioteca incluya entre sus objetivos la búsqueda de recursos externos, especialmente para el programa de actividades culturales.
            2º) Diseñar un plan integral de comunicación que potencie la presencia pública de la Biblioteca en la sociedad en la que se inserta y a la que sirve.
            3º) Total coordinación con los responsables institucionales de la Administración titular de la Biblioteca. Informes, reuniones, propuestas de convenios y acuerdos, información sobre convocatorias de eventos o actividades cotidianas de la biblioteca… Es fundamental esta relación para garantizar la implicación política en el proyecto de la biblioteca.
            4º) Elaboración de proyectos para presentarlos a fundaciones, empresas y otras entidades, a fin de conseguir su participación y financiación.
            5º) Elaborar un plan integral de participación de la sociedad civil en la programación de la biblioteca: centros docentes, editores, colectivos y entidades culturales, asociaciones vecinales, clubes deportivos, museos…
            6º) Apoyo a la formación y desarrollo de una Asociación de Amigos de la Biblioteca.
            7º) Coordinación con responsables sectoriales de las distintas Administraciones Públicas (Autonómica, Provincial y Municipal) para conseguir su participación en proyectos de la biblioteca y difundir más adecuadamente las iniciativas que se pongan en marcha (proyectos solidarios, para jóvenes, para la Tercera Edad…). Aunque de distinta titularidad, parece esencial el contacto y coordinación con otras bibliotecas públicas de la localidad (en el caso de la BCLM con las municipales),  con las escolares e incluso con bibliotecas especializadas y universitarias.
            8º) Tener las “antenas” bien atentas a posibles vías de colaboración que surjan de convocatorias públicas (de la Unión Europea;  del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, y de otros organismos). Presentar proyectos directamente o a través del departamento institucionalmente responsable es esencial para conseguir recursos y para mostrar la seguridad de la biblioteca en la vía de la cofinanciación y trabajo conjunto con otras entidades.
            9º) Contacto permanente con los creadores de todos los ámbitos: escritores, músicos, historiadores, filósofos, geógrafos… Invitarles a dar conferencias, a participar en debates públicos, en mesas redondas… situará a la biblioteca como espacio de reflexión y debate, como núcleo básico de convivencia, como lugar de propuestas ciudadanas, como centro de integración social, cultural y educativa.
            10º) Ser autocríticos. No conformarse con tener la biblioteca llena de ciudadanos, repleta de actividades, presente en los medios de comunicación… Hay muchos ciudadanos que no han descubierto todavía el valor de la biblioteca pública y nuestro interés tiene que estar dirigido a ellos. “Pescar en pecera”, es decir, trabajar con los usuarios habituales es fácil; pero hay que ir más allá: “Pescar en mar adentro”, buscar a nuevos usuarios entre los sectores que tradicionalmente no han descubierto los servicios que prestamos. Hay miles de ciudadanos que esperan que les echemos las redes…O tal vez no, pero nuestra responsabilidad es intentar atraerles a la biblioteca.
           

Todavía no están publicadas todas las intervenciones del VII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas. Pero en el siguiente enlace está el video que recoge mi intervención en el Congreso:  https://www.youtube.com/watch?v=f9z3MoTjk2A

lunes, 16 de febrero de 2015

Tiempo de elecciones, tiempo de bibliotecas

Tiempo de elecciones, tiempo de bibliotecas


Este año hay elecciones autonómicas y municipales. Creo que todo el mundo lo sabe. Partidos gobernantes, en oposición o emergentes afilan sus estrategias para conseguir arrancar el voto a convencidos o a aquellos que no saben a quién votar, desengaños, aquejados por la crisis o asqueados por la corrupción imperante en nuestro país. Sin embargo, siempre he animado a votar, eligiendo  a aquel partido que se acerque más o que desentone menos con los personales criterios de vida e ideas. No votar significa desentenderse del ejercicio democrático y nos deja al margen de la evolución del país. Todo no acaba con el voto, pues la democracia es un ejercicio y una pasión diaria, pero desde luego el sistema democrático comienza cuando depositamos nuestro voto en una urna.
En mi caso, hay cuatro  aspectos que me interesarán especialmente: la defensa de la vida, el apoyo a los sectores sociales más vulnerables y necesitados, el incentivo de los mecanismos de participación para conseguir una sociedad activa y las políticas de bibliotecas públicas. Ya sé que hay muchos más aspectos importantes: la educación, los servicios sociales, el fomento de infraestructuras……Pero mi termómetro personal lo basaré en esos cuatro ámbitos.
En elecciones pasadas el programa está dejando de ser la referencia, unas veces por su inexistencia o por ser demasiado genérico; y en otras ocasiones por sus sonoros incumplimientos. El programa de todo partido político no es sólo imprescindible sino que los ciudadanos debemos exigirlo para saber en qué políticos depositamos nuestra confianza. La política no puede estar basada sólo en acciones de comunicación, en viscerales ataques al adversario o en el carisma personal de un candidato. La política responde a satisfacer un modo de vida, de convivencia y de resolución de los problemas cotidianos de las personas, siempre en clave de servicio y nunca  de poder. Tal vez algún lector a estas alturas de mi artículo me considerará ingenuo y habrá dejado de leer. Pero necesito creer en la política como un ejercicio noble, un arte en el servicio a la sociedad y además siempre en clave de esperanza. Estar en política hoy constituye una oportunidad para participar de forma constructiva en el modelo de sociedad que deseamos para nosotros y para nuestros hijos.
En el ámbito de las bibliotecas públicas, los problemas históricos para este servicio público, no regulado convenientemente por la legislación nacional, se han agrandado en los últimos años por los recortes presupuestarios que han caído sobre muchos sectores. Siempre he defendido que, con independencia de lo que dice la Ley de Bases de Régimen Local, que sólo obliga a tener biblioteca a los ayuntamientos de localidades con población superior a 5.000 habitantes, la biblioteca pública debe ser un servicio básico y neurálgico para las comunidades locales y es un derecho de todos los ciudadanos. No sólo significan la puerta democrática para el acceso a la sociedad de la información sino que además son el centro de convivencia, ocio, educación permanente y actividad cultural más importante de cada ciudad.

Aunque dejo para otra ocasión mis propuestas concretas y el análisis de la situación actual de nuestra Comunidad Autónoma en este ámbito, sí quiero ahora hacer un llamamiento a todos los partidos políticos a que no olviden a las bibliotecas en sus propuestas electorales. Apenas trece euros por ciudadano es el gasto corriente que las distintas administraciones públicas dedican en nuestra región a los servicios bibliotecarios. Es sin duda una cantidad exigua, muy alejada del gasto educativo, en servicios sociales o en carreteras, por ejemplo; pero los lectores se sorprenderán que el gasto medio por habitante sea de ocho euros en el conjunto de España y que sólo nos superan regiones como Cataluña o el País Vasco. En definitiva, a nivel regional y en cada ayuntamiento, los partidos tienen este año una oportunidad de apostar por servicios públicos de calidad y que además atraen de forma voluntaria a millones de personas. Consolidar  puestos de trabajo  dignos, disponer de un presupuesto para renovar las colecciones o para realizar un programa permanente de actividades culturales, adecuar las instalaciones en muchos casos obsoletas y abrir bibliotecas municipales en ciudades que, como Guadalajara, no cumplen la ley y nunca han abierto una biblioteca. Sabemos de las dificultades presupuestarias, pero ahora precisamente es cuando el político tiene que establecer prioridades y dedicar los dineros públicos a los servicios más necesarios para los ciudadanos. Y, desde luego, las bibliotecas públicas no pueden ser olvidadas. Deben estar en la agenda y el programa de cualquier partido político.

viernes, 16 de enero de 2015

Contra las bibliotecas públicas


Contra las bibliotecas públicas


            Felipe II pronunció en 1588 la célebre frase  “No he enviado  mis naves a  luchar contra los elementos”. Y un sentimiento similar siento yo cuando escucho, perplejo, frases e ideas infravalorando las bibliotecas públicas. En realidad, simplificando, podría afirmar que hay personas que parecen estar en contra de las bibliotecas y ahora, en época de crisis y de menores recursos, justifican sus medidas atacando a estos  servicios públicos a los que la legislación española les viene negando su mayoría de edad y su importancia estratégica.
 En general, como he dicho, hasta la saciedad, los políticos españoles no han destacado precisamente por su apoyo o defensa de las bibliotecas. Muchos escritores, con excepciones como Muñoz Molina y otros, tampoco dieron demasiada importancia a las bibliotecas, a pesar de ser la puerta democrática al conocimiento, la cultura y la educación permanente. Incluso hay especialistas que se aventuran a afirmar que las bibliotecas en la era de internet no se precisan o necesitan menos recursos económicos y humanos. Sobre el desinterés de los políticos he insistido que aquellos que no valoren, protejan y apoyen las bibliotecas públicas serán expulsados de la vida pública por los ciudadanos en próximas elecciones.
En cuanto a aquellos gestores que se atreven a afirmar que en la era digital hacen falta menos bibliotecarios y menos recursos económicos y técnicos, en sus declaraciones e informes ya llevan la penitencia: la ignorancia y la osadía de hablar de centros que no conocen, que no valoran y que no aman les descalifica en su actividad. Seguro que no se atreverían a afirmar que en los hospitales, centros de salud o en las escuelas y otros centros educativos, ya no hacen falta médicos, enfermeras o profesores, porque todo el conocimiento está en internet. Pero esos servicios públicos siempre han sido considerados esenciales, básicos para la sociedad, para los ciudadanos. Pero ¿y las bibliotecas públicas? Según ellos son centros no esenciales, no necesarios, de “segunda división” dirían; y, consiguientemente, pueden funcionar sin personal, sin recursos y sin apoyo.
Claro que algún día los ciudadanos promoverán una rebelión a favor de las bibliotecas públicas y entonces todos esos mediocres gestores comenzarán a conocer el valor de las bibliotecas, de los profesionales que constituyen su corazón y de los millones de ciudadanos que cada día visitan y utilizan sus instalaciones. Publiqué hace apenas un año una novela que titulé Rebelión por la Biblioteca donde están las claves de la rebelión ciudadana para luchar a favor de las bibliotecas.
Las bibliotecas públicas no son sólo lugares de estudio, depósitos de libros y audiovisuales, de conservación del conocimiento y las ideas, templos del saber…, según se escucha. En nuestra época, las bibliotecas son esenciales para el desarrollo de la cultura democrática y constituyen lugares de encuentro, debate y convivencia, centros de propuestas para la comunidad local, lugares donde se respira libertad y donde se forman ciudadanos libres y críticos. Por ello las Administraciones Públicas tienen que invertir en bibliotecas, porque en ellas se crece como personas, se construyen ciudadanos que tienen como base la lectura y la información. Lo he dicho otras veces: “Los ciudadanos necesitan bibliotecas en sus vidas”. Por ello, los presupuestos de las distintas Administraciones Públicas tienen que considerar a las bibliotecas una prioridad política. No puede gastarse dinero en cultura de escaparate y que los presupuestos para las bibliotecas públicas sean tan escasos y sigan decreciendo en todo el país.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Entrevista en El Digital de Castilla-La Mancha: ""No hay mayor corrupción que situar a inejptos en puestos de responsabilidad".

JUAN SÁNCHEZ, DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA DE C-LM

"No hay mayor corrupción que situar a ineptos en puestos de responsabilidad"

Texto: Alberto MORLANES / Fotos: Héctor MARTÍN

10/12/2014


Juan Sánchez (Toledo, 1952) acaba de cumplir dos años como director de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, a la que mantiene con mejor salud que nunca pese a disponer de menos recursos que nunca. Hace tres décadas este licenciado en Geografía e Historia ya apostaba por convertir el Alcázar de Toledo en una gran centro cultural, idea que finalmente pudo desarrollar gracias a la complicidad de José María Barreda, entonces consejero de Educación y Ciencia, del que fue jefe de gabinete durante ocho años. Pese a ser un fiel colaborador del socialista que acabaría siendo presidente de la Comunidad Autónoma, el Gobierno de María Dolores de Cospedal confió en él para dirigir la casa de los libros castellano-manchega. El consejero Marcial Marín le dijo que, pese a su pasado, era la persona idónea para desempeñar el puesto. Sin duda, el entrevistado de este miércoles en EL DIGITAL siempre ha sido un defensor a ultranza de las bibliotecas públicas y es quien mejor conoce las de la región, después de haber trabajado en la Biblioteca Pública del Estado en Toledo, haber coordinado el servicio de Bibliobuses o haber sido jefe del Servicio Regional de Bibliotecas durante quince años. Juan Sánchez es un tipo creyente pero muy libre, culto sin ser pedante, directivo sin corbata y persona habladora de las que también saben escuchar.





Este lugar, además de una biblioteca, es una metáfora: los libros por encima de las armas. ¿A qué loco se le ocurre semejante provocación?

Éramos muchos los que creíamos que el Alcázar debía convertirse en un gran centro cultural. La idea vino por muchos sitios. A José Bono parece ser que le rondaba algo por la cabeza, Ricardo Sánchez Candelas incluso tenía un proyecto de adecuación para convertirlo en museo del municipio y otra gente pensaba que debía ser sede de la universidad regional. Cuando me hicieron jefe de gabinete de Barreda le dije que había que solucionar el problema de la Biblioteca Pública del Estado, que necesitaba espacio. Yo estaba pensando en el convento de Santa Fe pero él me dijo: "Oye, ¿y el Alcázar?

¿Cómo fue ese proceso de conversión?

"Barreda y yo visitamos de incógnito el Alcázar para conocer el edificio por dentro"
En torno a 1984 o 1985 (se acerca a una estantería y coge el documento -escrito a máquina-) redactamos un proyecto para convertir al Alcázar en biblioteca regional, archivo, casa de la cultura... Recuerdo que Barreda y yo hicimos una visita al Museo del Asedio, incluso un poco de incógnito, para tratar de conocer el edificio por dentro. Compramos nuestras entradas, observamos y salimos convencidos de que era el lugar ideal para albergar la Biblioteca. Cuando el ministro de Defensa, Narcís Serra, vino a anunciar que se aceptaba el proyecto se formó bastante lío y se paralizó todo un poco. Hubo que firmar otra vez un montón de convenios. ¡Hasta 1998 no se pudo abrir la Biblioteca!

Parece ser que a los altos cargos del Ejército no les hizo gracia la idea. ¿Cómo es a día de hoy la convivencia con los militares?

Ahora la convivencia es magnífica, como no podría ser de otra manera. La relación local, en general, siempre ha sido cordial. Pero, en su día, el Ministerio de Defensa recibió muchas presiones de diferentes sectores. Aquello se superó y ahora el Alcázar vive su edad de oro. Para nosotros, lo más importante no era la conquista del Alcázar sino que la Biblioteca de Castilla-La Mancha pudiese prestar grandes servicios. Al final se consiguió y ahora convive con el Museo del Ejército. Entre los dos recibimos 600.000 usuarios todos los años.

En España, desde hace varias décadas, existe un cliché que dice que la cultura es de izquierdas...

La cultura es la gran cenicienta de las políticas públicas. Nadie ha apostado por la cultura en la época en la que había muchos recursos porque nunca ha estado entre las prioridades de los partidos políticos en España. Los partidos de izquierda no han sido mejores que los de derecha. En los años 90 analicé los programas electorales de todos los partidos, a nivel nacional y autonómico, en materia de bibliotecas. ¡Era un erial! ¡Un desastre! En Castilla-La Mancha, con pocos recursos, hemos estado a la altura. En este país se invierte una media de 7 euros al año por habitante en bibliotecas. ¡Eso es una miseria! En Castilla-La Mancha nos gastamos 14 y, aunque la ley dice que tiene que haber bibliotecas públicas en todos los pueblos de más de 5.000 habitantes, aquí hay bibliotecas en todos lo que tienen más de 1.000, porque también tienen derecho. Estamos, junto a Cataluña, en vanguardia.

Los peor pensados creen que los políticos no invierten en cultura para poder manipularnos más fácilmente...

No creo demasiado en las teorías de conspiración, pero no siempre se está apostando por la formación de ciudadanos libres y críticos. En España falta cultura de encuentro y de debate. Me encantaría que un parlamentario votase a favor de la propuesta del partido contrario si considera que es buena para la gente. ¿Por qué tenemos miedo a decir que la verdad la encontramos entre todos? Los ciudadanos debemos clamar por una regeneración de la vida pública, y lo digo yo que no estoy en absoluto de acuerdo con los planteamientos de Podemos.

¿Qué propone?

¡Estamos demoliendo el sistema! Hace falta una renovación política, pero con altura de miras. Es urgentísimo que lleguemos a un consenso nacional para que todos apoyemos la regeneración pública desde los partidos políticos. No estoy por la crítica demoledora sino por el encuentro y el debate constructivo buscando el bien común. No hay mayor corrupción que situar a personas ineptas en puestos de responsabilidad. En política deben estar los mejores. La política no puede ser una profesión; no pueden estar siempre los mismos.

¿La Biblioteca tiene ideología?

Me enorgullezco de que la Biblioteca de Castilla-La Mancha sea un núcleo de libertad y una casa de valores.  Las bibliotecas tienen que salvar barreras y acoger a personas de todas las ideologías. Tienen que ser la casa de todos. En este mundo estamos condenados a entendernos y las bibliotecas son el mejor escenario para ello porque son la puerta más democrática de acceso a la información, a la cultura y a la educación. Además, en este momento de crisis política es importante purificar la vida pública. Los partidos y los gobiernos deben estar al servicio de los ciudadanos y no de sus intereses particulares. Nadie tiene la verdad absoluta, que se encuentra entre todos con diálogo y con respeto.

A usted le ofrece el puesto de director de la Biblioteca de Castilla-La Mancha el Gobierno de Cospedal después de haber trabajado mano a mano con José María Barreda. ¿Cómo es posible?

"Llamé a Marcial Marín para decirle que había sido director de gabinete con Barreda"
Nunca he militado en ningún partido político porque de todos ellos hay cosas que no comparto y porque no quiero estar asediado por el imperio de la norma. Es verdad que he colaborado en puestos de responsabilidad con gobiernos del PSOE, pero siempre he mostrado una postura real de independencia. Siempre he trabajado con la mayor honestidad, con lealtad y pensando en que estaba haciendo un servicio a los ciudadanos. Fui director de gabinete de Educación y Cultura con José María Barreda, también en Relaciones Institucionales y en Vicepresidencia. Cuando acepté dirigir la Biblioteca de Castilla-La Mancha yo mismo llamé al consejero de Educación y Cultura, Marcial Marín. Le dije: "Consejero, no sé si sabes que he sido director de gabinete con José María Barreda". Me dijo que lo sabía pero que yo era la persona idónea para dirigir la Biblioteca. Ahora, dos años después, no puedo tener queja. No tengo más que agradecimiento para el Gobierno que me ha nombrado.

Antes decía que en política deben estar los mejores. ¿Quién ha sido el mejor consejero de Cultura de Castilla-La Mancha?

(Se lo piensa y ríe) No, no. No sabría decirte. Ha habido de todo, mucho movimiento. Algunos buenos consejeros y otros malos consejeros. Me sorprende que en algunos momentos, en Castilla-La Mancha, han durado muy poco los consejeros de Cultura y, sobre todo, las consejeras. Por algo será. Cuando una persona está en un puesto y no lo hace bien, lo lógico es que no siga. Lo que les he pedido a todos es que mimen a las bibliotecas.


"El alcalde de Toledo no ha venido a la Biblioteca desde que soy director"



¿Los políticos pisan la Biblioteca de Castilla-La Mancha?


¡Los políticos tienen que venir a las bibliotecas! Aquí viene el consejero de Educación muchas veces, ha venido la presidenta Cospedal, hemos tenido a tres expresidentes de Castilla-La Mancha... El alcalde de Toledo no ha venido desde que soy director, aunque está invitado. Han venido sus concejales pero me gustaría que Emiliano García-Page viniese a la Biblioteca de Castilla-La Mancha.

¿Al pueblo le preocupa la salud cultural de la sociedad?


Ahora todo el mundo tiene claro que un centro de salud o un colegio es un servicio público básico, pero no todo el mundo considera que la biblioteca también es un servicio público esencial. El problema es que las bibliotecas no han estado lo suficiente en la agenda de los políticos españoles y no se han consolidado como derecho. Tenemos que hacer bibliotecas fuertes, que los políticos vean que se utilizan masivamente y, por tanto, son rentables socialmente. A mí la cultura de escaparate no me gusta. Es mucho más fructífero invertir 10.000 euros en un programa de la Biblioteca de Castilla-La Mancha que en un gran concierto.

¿Está pensando en el Año Greco?

Sí, por ejemplo. Este tipo de eventos es muy bueno para las ciudades porque viene mucho turismo, pero no comparto que se gaste muchísimo en una cultura de escaparate, con grandes conciertos y exposiciones, y muy poco en bibliotecas. No digo que no tengamos que hacer un gran concierto, pero mi visión de la cultura es mucho más participativa, de servicio a la comunidad.. Lo que pido a las instituciones es que no hay esa desproporción entre los grandes eventos culturales y el trabajo de base con los ciudadanos que se hace en las bibliotecas o en los museos. ¡En las bibliotecas de los barrios de Toledo no se ha hecho una mejora en diez años!



Está Biblioteca, con 16 años recién cumplidos, ¿tiene algún complejo adolescente?

Hemos cumplido 16 años como Biblioteca de Castilla-La Mancha en el Alcázar. Pero, en realidad, esta Biblioteca nace en el siglo XVIII y es una de las más importantes del país. Tenemos 430.000 documentos entre libros, audiovisuales, etc. ¿Qué nos falta? La Biblioteca se nos está quedando pequeña para guardar fondos. Estamos intentando que se reabra un proyecto para construir un gran depósito bibliográfico en Santa María de Benquerencia, algo que quedó paralizado hace algunos años por la situación económica. En el Miradero tenemos un depósito bibliográfico, que iba a ser provisional, pero necesitamos otro.

¿Cuáles sus principales fortalezas?

Tenemos dos sectores que son nuestro público preferido: las personas con dificultades y los jóvenes. Todavía hay mucha brecha digital, mucha gente sin ordenador y sin ADSL. Esa gente tiene derecho a acceder a la información a través de recursos públicos. Para eso están las bibliotecas. Además, estamos intentando atraer a los jóvenes. Hemos conseguido que se creen cuatro círculos de lectura de jóvenes, que no había ninguno. Pero es que hay otros cuatro de niños, otros cuatro de personas con discapacidad cognitiva y veinte más de adultos.

¿Cuántos toledanos tienen carné de la Biblioteca de Castilla-la Mancha?


Tenemos en torno a 200.000 préstamos al año y más de 41.000 usuarios con carnet. Eso es el 50 por ciento de Toledo. ¡Es una bestialidad! En Castilla-La Mancha más del 30 por ciento de los ciudadanos es socio de alguna biblioteca. ¡Eso es muchísimo! Al colegio vamos porque es obligatorio y al hospital porque no tenemos más remedio, pero a las bibliotecas se viene libremente. ¡Esa es la grandeza!

¿Qué presupuesto tiene la Biblioteca de Castilla-La Mancha?

Tenemos una plantilla muy consolidada, de más de 60 personas. El presupuesto más importante de la Biblioteca es el de personal y el de instalaciones, que ronda los dos millones de euros. Eso lo pagan anualmente todos los ciudadanos a través del Gobierno regional. Luego, en cuanto a presupuesto para adquisiciones bibliográficas hemos sufrido una bajada muy grande. Esta Biblioteca llegó a tener 240.000 euros anuales para comprar libros y este año, por ejemplo, hemos tenido solo 30.000 euros. Pero estamos haciendo de la necesidad virtud y, como durante la época de vacas gordas fuimos almacenando en los graneros, ahora estamos sacando muchas colecciones adquiridas otros años para que los usuarios las disfruten. Para actividades culturales tenemos un presupuesto de 10.000 euros, cuando antes estaba en torno a 50.000 euros. Sin embargo, ahora estamos haciendo más actividades que nunca en la Biblioteca. Solo el año pasado fueron cerca de 800. ¿Cómo lo hacemos? Trabajando en complicidad con la sociedad civil, llamando a autores y creadores para que presenten sus libros, no pagando a conferenciantes y buscando mecenazgos.

Ahora está muy de moda hablar de colaboración público-privada. ¿Le parece un modelo adecuado para financiar las bibliotecas?

En época de crisis la Biblioteca no puede pararse, no puede dormirse. Tenemos que buscar la complicidad de la sociedad y de otras instituciones. El año pasado, de esta manera, conseguimos 30.000 euros extra para actividades culturales. Por ejemplo, firmamos un convenio con Caja Rural Castilla-La Mancha, que financió el programa "Pasión por leer"; otro con la Fundación La Caixa, que financia el programa "Biblioteca Solidaria"; Soliss ha patrocinado algunas iniciativas nuestras...

¿Quién decide qué libros se compran para la Biblioteca?

Ahora que tenemos un presupuesto tan pequeño es muy difícil decidir. Si en España se editan 100.000 títulos al año, al final solo podemos adquirir unos 5.000. Cada departamento nos hace sus propuestas especializadas y también atendemos las peticiones de los ciudadanos, que tienen la opción de proponernos la compra de un determinado libro. Nosotros valoramos si ese libro tiene interés para la comunidad y, normalmente, decimos que sí porque sus propuestas suelen ser muy interesantes. Luego están los clubes de lectura, que son nuestros clientes VIP. A un club de lectura no le podemos decir que no porque vienen todas las semanas a la biblioteca. Las editoriales se portan muy bien, nos hacen precios especiales y nos hacen regalos. ¡Da gusto! Las bibliotecas somos las grandes aliadas de los editores, su gran escaparate. ¡En vez de pagar por los libros nos tendrían que pagar ellos por la publicidad que les hacemos!

¿Qué lee el director de la Biblioteca de Castilla-La Mancha?

"A veces me da vergüenza estar en la presentación de algún libro que ni siquiera he visto"
Mucha gente me dice que tengo un trabajo muy bonito, rodeado de libros. ¡Pero ahora tengo muy poco tiempo para leer! A veces me da vergüenza estar en la presentación de algún libro que ni siquiera he visto. ¡Y lo digo públicamente! Pero es que aquí tengo que gestionar. Cuando no se averían los ascensores falla la climatización. ¿Qué leo? Leo mucha presa digital porque es muy importante estar informado, leo mucha literatura relacionada con bibliotecas, leo poesía... Ahora tengo como libro de cabecera "El don de la batalla", de María Luisa Mora. Es fantástico. Me gusta mucho la literatura relacionada con Toledo. No me gustan los best seller.

¿Lee en libro electrónico o todavía se resiste?

De momento leo en papel. Me sigue gustando mucho. Aunque el patrimonio digital vaya siendo cada vez mayor no va a acabar el libro en papel. Va a haber una convivencia. En las bibliotecas de Castilla-La Mancha ya se prestan libros electrónicos.

¿No teme que el libro electrónico convierta a las bibliotecas en un simple archivo sin vida?

Yo estoy tranquilo. Las bibliotecas no solo no van a desaparecer sino que se van a reforzar. Hay gente que piensa barbaridades como que las bibliotecas y los bibliotecarios ya no hacen falta porque ya está Internet. Otra gente ha escrito cosas como que las bibliotecas van a desaparecer. ¡Eso es mentira! Las bibliotecas son lugares de encuentro, de convivencia, de debate, de conservación del patrimonio. Eso no lo puede suplir Internet.